‘Como la espuma’, una película Roberto Pérez Toledo

Junio 22nd, 2017

Como la espuma, un largometraje de Roberto Pérez Toledo, se exhibe este viernes, 23, sábado, 24 y domingo 25 de junio en TEA Tenerife Espacio de las Artes, en Santa Cruz de Tenerife a las 18 y 21 horas.

El filme está protagonizado por Sara Sálamo, Nacho San José, Pepe Ocio, Sergio Torrico, María Cotiello, Miguel Diosdado y Daniel Muriel, y cuenta la historia de una orgía improvisada en una mansión y los encuentros y desencuentros que se producen entre los protagonistas, quienes vivirán una experiencia sexual y emocional que les cambiará la vida.

Saludos, cansado, desde este lado del ordenador.

‘El circo del Dr. Lao’, una ¿novela? de Charles G. Finney

Junio 21st, 2017

“- No son trucos, señora. Trucos son cosas que engañan a la gente. En última instancia, los trucos son mentiras. Pero éstas son flores reales, y el vino era vino auténtico, y aquello fue un cerdo real. Yo hago magia, no trucos. Yo creo; yo transformo; yo coloreo; yo transustancio; yo desintegro; yo recompongo, pero nunca hago trucos.”

(El circo del Dr. Lao, Charle G. Finney. Traducción: Manuela Díez. Editorial Bruguera, colección Nova Fantasía, 1977)

Hay novelas y novelas. Y en este amplísimo muestrario, hay novelas francamente inclasificables por extrañas, insólitas y guerrilleras. El circo del Dr. Lao, de Charles G. Finney es una de ellas.

¿Razones?

Razones muchas. En primer lugar porque se trata, precisamente, de un circo pero de un circo que presenta, entre sus atracciones, sátiros, quimeras, unicornios, esfinges, medusas y un oso que no es oso sino un ruso o un ruso que no es ruso sino un oso. Si leen esta novela sabrán el por qué,

En apenas un centenar de páginas Charles G. Finney cuenta las asombradas reacciones de los espectadores ante lo que ven al tiempo que sirve al autor para burlarse cariñosamente de la sociedad norteamericana de su tiempo. En la novela, la de los años treinta, en plena recesión económica y tan necesitada de espectáculos que, como el que el doctor Lao trae al pequeño pueblo de Abalone, Arizona, hagan olvidar a sus habitantes de la fatigosa realidad.

Escrita con mucha guasa, lo que se agradece porque la sonrisa no desaparece mientras la lees aunque nunca llegue al grado de la carcajada, que tampoco está ni se la espera porque el tono de la obra es el de la sorpresa pero sin caer en los extremos, El circo del Dr. Lao está abierto a todo tipo de interpretaciones aunque recomendaríamos si se atreven con ella a que dejaran ese tipo de disgregaciones en otra parte porque si bien el libro va más allá del divertimento festivo tampoco quiere ser un artefacto intelectual de kilates, o solo apto para esos lectores que dicen ser de caza mayor, esto último se lo escuché a un tipo hace ya muchos años pero con especímenes así se tropieza uno en la vida.

La publicación de la novela (la edición que está en mi poder apenas llega a las doscientas páginas) incluye además un amplio capítulo que denominado El catálogo (Una explicación de lo obvio que ha de ser leía para ser apreciada), explica quiénes son los personajes masculinos, femeninos, infantiles y animales que se incluyen en la obra. Así como facilita para mayor ¿entendimiento? (chiflada erudición del escritor que se ríe de sí mismo y del universo burlesco que ingenia) una relación que refuerza este fascinante viaje más que a lo extraño, a lo asombroso, y repaso en el que se permite, además, plantearse preguntas en las que aborda los numerosos puntos oscuros que disemina a lo largo del texto como “Si el circo no llegó a Abalone por tren ni por carretera, ¿qué medio utilizó?”

El autor, Charles G. Finney, notablemente influenciado por escritores de la raza y el conocimiento de Mark Twain o Ambrose Bierce, el Bierce de El diccionario del diablo, no moraliza sino que expone. Y su exposición disfruta de un sobresaliente sentido del humor que hace hinchar las páginas de la novela como si el viento soplara las velas de un bergantín. La pregunta es si Jorge Luis Borges conoció esta pequeña pero gigantesca novela porque es inevitable recordar al escritor argentino cuando uno se adentra en el circo que dirige este doctor Lao que, como ya explica el mismo Finney, es un chino. Y con eso basta. Si no le basta, queda advertido, este no es su libro.

La novela cuenta con una versión cinematográfica que dirigió George Pal en 1964. No hemos podido verla, salvo algunos fragmentos en la red, pero parece que quiso mantener el espíritu de sano disparate que caracteriza al original literario. Escrita por Charles Beaumont, la cinta resultó un fracaso en taquilla pero debe de dar igual porque nos gusta la novela y nos gusta Pal, y no porque este último fuese un genio pero sí un tipo que insistió e insistió en el fantástico, género en el que volcó su talento como animador y al que dio películas más que apreciables como La máquina del tiempo (1960)

Deberían de hacernos caso si se encuentran así como de pronto, como quién no quiere la cosa, con El circo del Dr.Lao. Si es así, ¡rápido!, llévenselo a casa y disfruten con esta extraordinaria galería de personajes humanos y no humanos que se encuentran y se desencuentran entre sus páginas. Páginas en las que puede pasar cualquier cosa, y cuando se escribe cualquier cosa es que se trata de cualquier cosa como resucitar un cadáver y que éste abandone seguidamente la escena porque tiene cosas importantes que hacer…

Que sepamos, la novela cuenta al menos con dos ediciones en España. La primera en Bruguera en su fantástica (no iba a ser menos) e irrepetible colección Nova Fantasía con traducción de Manuela Díez y la segunda, mucho más reciente, en Almuzara. Esta última con traducción y prólogo de Mario Jurado e ilustraciones de Boris Artzybassheff. Si lee en inglés, no hace falta dar más información ya que la novela continúa reeditándose desde que apareció en 1935.

Saludos, el que avisa no es traidor, desde este lado del ordenador.

Norte contra Sur

Junio 20th, 2017

No tuvo el éxito de las aventuras de Richard Sharpe, así que de las crónicas de Starbuck se han publicado en España solo dos de las cuatro novelas que hasta ahora ha dedicado al personaje el escritor británico Bernard Cornwell, un autor que ha hecho dinero en la literatura histórica y de aventuras, género que lo ha consagrado por otra parte como uno de sus escritores más populares.

Las novelas de Cornwell están protagonizadas por soldados y guerreros, con independencia de la época en las que las desarrolle, y están escritas con un sobrado orgullo británico que irrita a los que no son hijos de ese país. Los ateos, es más, si creyeran en Dios, se atreverían a decir que es inglés, que no británico aunque las cosas hayan cambiado mucho con el devenir implacable del tiempo y de aquel imperio que se forjó con sangre y fuego ya no quede nada.

Para los que no lo saben, la serie más conocida del escritor es la que protagoniza el fusilero Richard Sharpe durante la campaña peninsular que lord Wellington realizó en España hasta expulsar a los franceses de suelo español, y en todas estas y otras novelas  prima la aventura y la descripción de escaramuzas y grandes batallas, no el retrato vigoroso de personajes. Los personajes en las novelas de Cornwell son lo de menos, y más que hombres y mujeres con sustancia, son más bien lo contrario, figurines que coloca en situaciones extremas y soldados que aman su oficio, que es el de la guerra.

Advertidos quedan. Bernard Cornwell se mueve muy bien en las operaciones militares, en cómo narra las batallitas. Y batallitas y batallas hay muchas en las dos primeras entregas de la serie Starbuck: Rebelde y Copperhead, en la que describe cómo un ciudadano del norte, de Boston, concretamente, termina combatiendo del lado rebelde al estallar la Guerra de Secesión (1861-1865).

Una vez puesto en situación al personaje, el escritor lo rodea de secundarios que están cortados por el mismo patrón que la tropa que rodeaba a Richard Sharpe. Y como éste, no se preocupa en contarnos sus contradicciones internas (la de un hombre del norte que lucha con los del sur sin creer en su causa) sino en la lealtad que forja con los que combaten a su lado.

Starbuck como Sharpe no se hace preguntas, y solo espera la batalla para mostrar su lado más salvaje y depredador, un instinto belicoso que se caracteriza además por una notable capacidad para la organización y la estrategia militar.

Quién espere encontrar en estas dos novelas de Starbuck una crítica al esclavismo que defendían los rebeldes que se olvide porque si bien aparecen esclavos y antiguos esclavos que han sido liberados, forman parte del paisaje, como los árboles y las montañas.

El interés de estas novelas es observar cómo Bernard Conrwell mezcla historia con ficción y cómo combina una con otra. Por un lado, describiendo cómo debían de sentirse los ciudadanos de Richmond, capital de los estados confederados,  los primeros meses de la guerra ante la amenaza de invasión del gran ejército del norte, así como la creación de un primitivo servicio de inteligencia que fue clave para que los rebeldes continuaran la guerra cuatro años más, y eso con muchísimos menos hombres y recursos materiales.

No son Rebelde ni Copperhead obras maestras. La primera de hecho no termina por ubicar a un personaje que, como a Richard Sharpe, le pasan muchas cosas. Demasiadas antes de llegar a lo que de verdad le importa al escritor: la descripción de las batallas. Los movimientos tácticos y el combate cuerpo a cuerpo.

Lo que menos importa, decíamos, son los personajes y el buen curso del relato. Aunque pergeña algo más o menos con estas intenciones para justificar el generoso número de páginas de cada uno de sus libros. Un guiño para los seguidores de Sharpe en Copperhead, la aparición de un oficial del ejército francés que asiste como observador a esa guerra que enfrenta a hombre del sur con los del norte, y que resulta ser hijo de… sí, el mismo Richard Sharpe, aunque nunca se dice su nombre. Lo dicho, un guiño a los aficionados a las novelas que se han escrito hasta la fecha sobre más que un personaje, un semidios de la guerra.

Saludos, tiros y más tiros, desde este lado del ordenador.

Hugh Thomas historiador y… novelista

Junio 19th, 2017

En las notas necrológicas escritas sobre Hugh Thomas, historiador británico que falleció el pasado 7 de mayo, se destaca su vocación hispanista pero se olvida sus tanteos en las novela donde cuenta, pese a su pequeña producción, con títulos de interés como los que dedicó al emperador Moctezuma y a la conquista de La Habana por Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XVIII.

En estos dos relatos, Hugh Thomas se preocupa como narrador de las formas y el fondo pero menos en el diseño de personajes aunque en La Habana (Ediciones Grijalbo, 1984, con traducción de María Antonia Menini) hace un notable esfuerzo por conseguirlo en un escenario tan atractivo por poco conocido como fue  que la capital de Cuba, entonces española, permaneciera a lo largo de un año en manos británicas y período que repasa también aunque en clave histórica Juan Bosch en su imprescindible De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial.

Como escritor de ficción, las incursiones de Hugh Thomas justifican que fuera más conocido como historiador que como narrador pero no habría que desmerece su trabajo en este campo si, como en sus libros de Historia, se extrae el pensamiento, que transforma en discurso conservador y que definió su sistema de ideas a lo largo de su vida y del que dejó rastros, a veces de manera muy forzada, en la mayoría de sus obras comenzando por sus voluminosos estudios La Guerra Civil Española e Historia Contemporánea de Cuba, que quizá sean los más conocidos del autor.

La Habana recrea primero el sitio y más tarde la conquista de la plaza en 1762 y se trata de la primera novela histórica del historiador que se animó a escribir tras una conversación que sostuvo con el sociólogo catalán Salvador Giner y en la que “ambos convinimos en que a menudo el ambiente de una época histórica puede comprenderse mejor por mediación de la novela; mejor que mediante la reconstrucción hecha por los historiadores. Walter Scott fue quien primero se percató de esta verdad, que después de él reflejaron muchas imitaciones en muchos países (Manzoni en Italia; Dumas en Francia; quizá también, en cierta medida, Pérez Galdós en España).”

El mismo Hugh Thomas advertía al lector en el prólogo a la edición española de La Habana que las páginas del libro destilaban “demasiado orgullo nacional británico” aunque procuró mostrar “el talante de los ingleses en una época en que su astro andaba en ascenso y el del Imperio español se encontraba, relativamente hablando (con permiso de Pierre Vilar), en declive”.

Aborda la novela un asunto poco o nada tratado en España, como fue que los británicos arrebataran durante un año La Habana en un Mar Caribe en el que se prolongaban las disputas y guerras que desangraban a media Europa en el siglo XVIII, y en la novela se mezclan personajes ficticios con reales, imitando lo que con anterioridad hicieron escritores  como Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales y cuya primera serie no se cansaba de elogiar Hugh Thomas, un historiador que cuando se transformaba en escritor no supo sin embargo quitarse el yugo académico aunque en La Habana prueba, y a veces con notable fortuna, dejarse llevar por el signo de la novela de aventuras.

Y aventurero es el itinerario del protagonista de este relato, Lucksmoor, quien escribe sus recuerdos, recuerdo que noveliza Hugh Thomas.

El historiador regresaría a la literatura de ficción con Yo, Moctezuma, emperador de los aztecas, que es una novela relativamente tardía y que coincide en el tiempo con la última línea investigadora que emprendió el historiador y que se ocupó del auge y caída del Imperio español. Un período en el que prestó especial atención a los monarcas Carlos I y Felipe II como conductores de aquella formidable empresa.

Y empresa, no tan formidable en sus dimensiones pero probablemente sí similar en espíritu de sacrificio, fue la que emprendieron los británicos cuando combatieron por La Habana en un territorio, El Caribe, muy revuelto en aquel tiempo y en el que los hombres, con independencia de la bandera a la que sirvieran, solo esperaban sacar tajada. Y así lo escribe el protagonista de la novela años después en Inglaterra; “casi todos nosotros nos beneficiamos económicamente de nuestra expedición a La Habana.”

Merece la pena rescatar de las estanterías La Habana de Hugh Thomas, y tras limpiar de polvo su cubierta, reflexionar que como escritor de novelas no lo hizo tan mal el historiador e hispanista británico.

Saludos, hermanos y hermanas, desde este lado del ordenador

José Luis Correa presenta en Agapea la novela ‘El detective nostálgico’

Junio 16th, 2017

El detective nostálgico es el título de una nueva novela protagonizada por Ricardo Blanco, detective privado que se mueve como pez por el agua por las calles de la capital grancanaria resolviendo casos e impartiendo justicia. Este libro será presentado esta tarde, a las 19 horas, por su autor José Luis Correa (Las Palmas de Gran Canarias, 1962) en la librería, en la avenida de Tres de Mayo, 71.

El detective nostálgico es la novena entrega de una serie que Correa inició en 2002 con Quince días de noviembre y que a partir de entonces ha continuado con novelas como Muerte en abril, Muerte de un violinista, Un rastro de sirena, Nuestra señora de la luna, Blue Christmas, El verano que murió Chavela Vargas y Mientras seamos jóvenes.

El detective nostálgico está editado por Alba y la historia cuando Ricardo Blanco es atacado y herido por un desconocido en la entrada de su casa, y la necesidad que siente por averiguar quién ha sido el agresor.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Nuevo ‘micro’ espacio de arte y cultura en Santa Cruz de Tenerife

Junio 15th, 2017

El jueves pasado, 8 de junio, abrió en la calle de Puerto Escondido nº2 de Santa Cruz de Tenerife el micro espacio de arte y cultura Bon Vivant. Los que animan esta idea aseguran en un comunicado que el proyecto quiere albergar un lugar de exhibición promocional sin ánimo de lucro.

Bon Vivant es de dimensiones pequeñas y está abierto a todas las formas de expresión artística en un espacio reducido pero en el que se aprovechará sus dimensiones.

El nuevo espacio acoge actualmente y hasta el 7 de julio una exposición de Leonardo Izquierdo y Eilyn Amores. Eilyn Amores es una artista de origen cubano que reside en Tenerife. Vinculada al grabado y el dibujo, se ha especializado en artes aplicadas al libro y la restauración de papel.

Leonardo Izquierdo es tinerfeño y ha tanteado varias formas de expresión plástica. En esta exposición muestra una serie de piezas escultóricas que titula: Improvisación en acero y hierro.

Saludos, nos veremos por ahí, desde este lado del ordenador.