Los buscadores de agua, una novela de Juan Farias

Agosto 13th, 2018

Novela publicada en 1965 y finalista del Nadal, Los buscadores de agua de Juan Farias recuerda mucho a ese clásico de literatura canaria del siglo XX que es Guad, de Alfonso García Ramos, porque ambos relatos tratan de la extracción del agua en las galerías que horadan el corazón de las montañas de Tenerife y La Palma. También porque sus protagonistas vienen de fuera, peninsulares que desembarcan en un territorio insular profundamente empobrecido y hasta hostil con el que viene de fuera. No obstante y al margen de estas cercanías, resulta inevitable pensar cuánto influyó en Alfonso García Ramos la lectura de esta novela de Juan Farias. Al menos temáticamente porque ambos libros son radicalmente diferentes en planteamientos e ideas. Los buscadores de agua está escrita por alguien que vino de fuera, y se preocupa más por dar consistencia a su personaje principal que en retratar la Canarias de aquellos año, lo que sí hace García Ramos en Guad.

Pese a ello, Los buscadores de agua está impregnada de los aires grises de su época, unos años sesenta en el que falta de casi todo en un archipiélago hasta el que se desplaza un gallego sencillo y trabajador que termina en La Palma para trabajar primero en una galería de agua y más tarde dinamitando un terreno de lava para plantar vides, lo que desencadena la segunda tragedia de una novela con hondo calado trágico y ciertos apuntes naturalistas.

Juan Farias fue un escritor que alcanzó merecida fama en España por especializarse en literatura infantil, género al que dio algunas de sus más grandes novelas pero eso no le resta importancia a las historias que escribió para un lector adulto en las que se revela como un autor de contundente pesimismo. En Los buscadores de agua el retrato que hace de la capital tinerfeña y de varias localidades de La Palma es demoledor aunque centra su mirada en un pequeño universo en el que se mueven además del protagonista una serie de secundarios como son sus compañeros de explotación de la mina, la dueña de la pensión en la que reside y el hombre que ha contratado sus servicios. La muerte de uno de sus compañeros hará que la Guardia Civil sospeche de él como posible autor de su asesinato, aunque su compañero falleciera por enfermedad en el bosque, bosque cuyas alimañas ha devorado prácticamente su cadáver cuando él da noticia de su muerte.

Se trata Los buscadores de agua de una novela dura, sin concesiones, que no deja demasiado bien a su protagonista quien, acosado por el miedo, termina por abandonar un archipiélago que no lo ha tratado demasiado bien. Su regreso a la península en un barco en el que viaja en tercera clase acompañado, entre otros del pasaje, por una prostituta que tiene la esperanza de rehacer su vida en tierra extraña y donde nadie conozca su pasado, deja abiertas varias ventanas y plantea otras tantas dudas. Por un lado, la sociedad de las islas, la isla, que se refleja como un pueblo grande, infierno chico. Un lugar en el que es costumbre señalar a casi todo el mundo. Por otro, la pobreza y el paisaje agreste de una geografía que nació de la lava.

Escrita en primera persona, el lector conoce los pensamientos, el desaliento y el desarraigo que sufre. El hombre que deja su tierra natal, un pueblo de Galicia, para venir al sur se puede entender así como un viaje iniciático que marcará su vida. El oficio de volar las entrañas de la tierra para encontrar agua y más tarde la de explosionar una ladera volcánica pone en permanente estado de alerta a un personaje que ahoga sus terror ante la muerte con vasos de vino y peleas esporádicas con sus hermanos de fatigas, todos ellos aquejados del mismo mal, de esa extraña enfermedad que da vivir en una tierra de–así lo escribe Juan Farias– locos.

No creo que la lectura de una novela de este calibre deje indiferente a nadie por lo que sería más que recomendable recuperarla con el fin de que algunos entendieran la fatigosa tarea que lleva el hecho insular. Por otro lado, resulta harto curioso que dos de las más grandes novelas del último tercio del siglo XX estén centradas, como se dijo, en la extracción del agua en laberínticas galerías que recorren el corazón de las montañas canarias y en el retrato desolador de un archipiélago sediento, muy pobre en recursos y en esperanza.

Y con miedo, un miedo silencioso por vivir bajo la sombra de los volcanes que duermen hasta que la naturaleza los despierte de tan cómodo letargo.

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Volverás a Pasadena, un libro de Antonio Lorenzo Gómez Charlín

Agosto 7th, 2018

Los libros forman parte del universo literario de Antonio Lorenzo Gómez Charlín, escritor de origen gallego afincado en Tenerife que no deja de escribir y de buscar títulos atractivos a sus obras, algunas de las cuales, como Volverás a Pasadena, ponen de manifiesto las constantes de un autor que ha hecho de este oficio, la creación literaria, una pasión y una forma de entender la vida.

No son los libros de Gómez Charlín obras fáciles por lo que se le puede criticar a sus escritor que apenas cuenten historias y sí reflexiones, ráfagas de lector omnímodo que deja retazos autobiográficos en su tránsito literario que, en este nuevo libro, se centran sobre todo en el fallecimiento de una figura determinante en su vida: el padre, personaje que ocupa algunos de los momentos más atractivos de una obra que no descansa porque está escrito con pulsión y semeja a la interpretación improvisada de un músico de jazz, solo que en este caso el intérprete emplea las palabras como si de notas musicales se tratara.

Volverás a Pasadena
condensa así piezas que podrían considerarse diarios, diarios en los que describe la agonía y muerte del padre, y un puñado de relatos (como el que da título al libro y El misterio de Pynchon, Recuerdos de un callejón sin salida, Prisionero y El sur) donde su afición por la lectura, los libros y los escritores devora prácticamente las historias que asoman la cabeza de estos textos en los que se detecta una desarmante inocencia y en otros caso una madurez que transforma en cemento el territorio que pisan sus diarios y relatos.

Relatos y diarios todos ellos escritos con un entusiasmo y una sinceridad que tiene nombre y apellido: Antonio Lorenzo Gómez Charlín, quien desnuda sus sentimientos en un libro que se atreve a proponer experimentos metaliterarios con resultados curiosos.

No hay demasiadas descripciones en Volverás a Pasadena pero sí se plantean situaciones que son narrados con ecos que imitan en ocasiones a muchas de las voces de los autores de cabecera del escritor. En este sentido, Gómez Charlín sabe mantener el equilibrio aunque en otros termina siendo devorado por su obsesiva tendencia a citar a sus escritores favoritos. Citarlos o entresacando frases de algunos de esos libros que se llevaría a una isla desierta.

Volverás a Pasadena ofrece porciones de su experiencia como lector y pequeños retratos de su vida. La ausencia del padre monopoliza no obstante un libro escrito con la pasión del hombre de jazz que improvisa una melodía sobre el escenario o en el estudio de grabación. En el caso de Antonio Lorenzo Gómez Charlín, textos donde unas veces muestra un espíritu contradictorio y muy agradecido con los libros y con los escritores y escritoras que los hicieron posible y en otros puñados de ficciones en la que se mezcla una realidad que, sin embargo, no termina por ser decisiva en estas historias.

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“Santa Cruz de Tenerife fue la capital corsaria de la Macaronesia la primera mitad del siglo XVIII”

Agosto 6th, 2018

Recopilar todas la documentación existente sobre uno de los personajes más fascinantes de la Historia de Canarias como es la de Amaro Rodríguez Felipe (1678-1747) marca la directriz de la serie Amaro Pargo. Documentos de una vida, diez volumen de los que hasta ahora han aparecido los dos dos primeros (Héroe y forajido y El heredero) y en los que se desvelan aspectos inéditos del personaje así como del archipiélago en la primera mitad del siglo XVIII, y donde queda demostrado con los textos consultados y transcritos que Santa Cruz de Tenerife, por aquel entonces puerto de la ciudad de La Laguna, fue el más importante centro corsario de la Macaronesia.

Los autores de la edición y estudio este ambicioso trabajo de búsqueda y transcripción son el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel de Paz Sánchez (Santa Cruz de La Palma, 1953) y el técnico especialista del Fondo de Canarias de la Biblioteca General y de Humanidades de la Universidad de La Laguna, Daniel García Pulido, quienes han contado además con un equipo de colaboradores para la transcripción y revisión del material.

- Ya llevan varios años investigando las fuentes documentales sobre Amaro Pargo, ¿qué novedades aportan los dos primeros libros de lo que, parece, será una serie de diez?

“El primero de los volúmenes se centra principalmente en el ámbito de sus propiedades inmuebles en Tenerife. Entre otros documentos incluimos la transcripción íntegra del Libro de bienes que se custodia en el Archivo Municipal de La Laguna, donde consta la identificación, localización y características de buena parte de sus tierras y casas. Ahondamos de manera especial en las escrituras de compraventa de la comarca de Machado, en El Rosario, que certifican la posesión por parte de Amaro Pargo de la conocida como Casa del Pirata, aspecto este negado hasta la fecha. En el segundo de los volúmenes nuestro objetivo es reivindicar las figuras de Amaro José González de Mesa y de su mujer, Ana Josefa Rodríguez Felipe, sobrinos ambos de Amaro Pargo y quienes heredaron lo más granado de su fortuna. Entre las piezas documentales más relevantes en este tomo figura la transcripción del inventario de bienes y el testamento “secreto” de esta pareja, que desmitifica algunos aspectos de la leyenda de nuestro corsario como la posesión del heredamiento de la Punta del Hidalgo. Estas tierras fueron adquiridas, en realidad, por Amaro José González de Mesa en 1756, nueve años después del fallecimiento de Amaro Pargo”.

- Amaro Rodríguez Felipe, ¿por qué Pargo?

“Desde siempre las familias y clanes se han distinguido con un apelativo o mote que las distingue, generación tras generación, en el seno de la sociedad. El origen del sobrenombre “Pargo” se documenta, al menos, desde principios del siglo XVII en la persona de Bernabé González Pargo, bisabuelo materno de nuestro corsario Amaro Rodríguez Felipe. La casualidad de que el apelativo haga alusión a un pez ha inducido a mil y una cábalas infundadas. Ahora estamos trabajando en certificar, hasta donde nos sea posible, el comienzo de la utilización del sobrenombre “Pargo” en la familia, con indicios que nos llevan hasta la isla de La Palma en pleno siglo XVI”.

- Entre otras fantasías que desmontan se incluye el apodo de Cabeza de Perro. ¿De dónde salió esta leyenda? ¿Existió realmente un Cabeza de Perro aunque no fuera el corsario?

“No existió en la realidad, pero sí en la ficción literaria. Es una invención de Aurelio Pérez Zamora, concretamente en su novela Sor Milagros o secretos de Cuba, publicada en Santa Cruz de Tenerife en 1897. En 2009, en La Piratería en Canarias de Manuel de Paz, el capítulo relativo a este personaje llevó el título de “Cabeza de Perro, el pirata que nunca existió”. Aquí se destaca claramente lo que acabamos de decir. Posteriormente, en la obra colectiva Enigmas y tesoros en Canarias. El misterio de Cabeza de Perro, se ratificó este asunto con nuevos datos, y, paralelamente, se planteó la hipótesis de que pudo haber existido, entre finales del siglo XVI y principios del XVII, un Cabeza de Perro en las Canarias orientales (Lanzarote y Fuerteventura), tal vez un “renegado” que había sido capturado por corsarios o piratas del Norte de África, de acuerdo con ciertas tradiciones legendarias, pero tampoco existen evidencias sobre este asunto. Lo que sí creemos es que la figura de Cabeza de Perro pudo estar inspirada, en la propia novela de Pérez Zamora, por determinados aspectos, más o menos legendarios, de esta otra gran figura histórica, es decir, por Amaro Pargo”.

- Una de las aportaciones de estos dos volúmenes es que, además de dar información novedosa sobre el personaje a través de los documentos, plantean un contexto histórico nuevo. ¿Cómo era la Canarias y, en concreto, la isla de Tenerife en aquellos años?

“Buena pregunta. Este es, en nuestra modesta opinión, uno de los aspectos más interesantes de este proyecto cultural, el hallazgo de abundantes evidencias documentales de una potente actividad corsaria protagonizada por naturales, vecinos y avecindados o radicados (de larga duración) en Tenerife, mucho más que en el resto del Archipiélago. Lo planteamos, en efecto, en algunas páginas de estas dos primeras entregas, pero donde realizamos una amplia aportación de más de medio centenar de documentos relacionados con estas actividades corsarias y un estudio específico sobre el tema es en el volumen tercero, que se publicará próximamente… esperamos que antes de fin de año”.

- Tenerife, ¿tierra de piratas y corsarios?

“Sobre todo, tierra de corsarios, de “piratas” legales. En 1718, Santa Cruz de Tenerife no solo se convierte en puerto único para comerciar con América en relación con los del resto de la propia isla, dentro del régimen de permisión concedido por la Corona, sino que recibe y centraliza todo el comercio procedente de América, pues es el puerto único de retorno de todos los navíos que salían de Canarias, es decir, de los puertos privilegiados de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de La Palma. Ya se sabe que el régimen comercial con América tenía carácter de monopolio, con lo que la importancia comercial de Tenerife para toda Canarias, en relación con las Indias, pasa a ser fundamental”.

- Entonces ¿se puede decir que Santa Cruz de Tenerife fue uno de los puertos claves de corsarios de la Macaronesia?

“Sin duda. La Laguna y su puerto, Santa Cruz de Tenerife, constituyen la capital corsaria de la Macaronesia, cuando menos durante la primera mitad del siglo XVIII, época en la que España se vio envuelta en diferentes conflictos internacionales a ambas orillas del Atlántico y las Canarias tuvieron la oportunidad de poner de relieve el enorme interés estratégico del territorio insular, su conexión histórica con el espacio americano, especialmente con el Caribe, su experiencia en relación con las actividades corsarias y, asimismo, con la defensa frente a los ataques del exterior, tal como han destacado autores como Antonio Rumeu de Armas, Alberto Anaya o Germán Santana. Pero, ahora, lo que planteamos nosotros, lo que estamos viendo, es que las Canarias y, sobre todo Tenerife, generaron sus propios corsarios, mucho más relevantes de lo que se pensaba. Figuras como el propio Amaro Pargo o como su hermano José Rodríguez Felipe, un auténtico héroe olvidado, son buena prueba de ello. Y, por supuesto, otros muchos como Bernardo de Espinosa, Tomás Vila, Bartolomé Sánchez Carta, Pascual de Sosa, etc., de todos estos tinerfeños sabemos que, en algún momento de sus vidas, tuvieron patentes y fianzas de corso y desarrollaron una intensa actividad corsaria, tanto en Canarias como en la zona de Madeira y, por supuesto, en sus navegaciones al Caribe. Son personajes extraordinarios que, injustamente, han sido olvidados hasta ahora por la historiografía. También algunas mujeres financiaron y apoyaron a sus maridos en este tipo de empresas o por cuenta propia. Es una historia nueva, distinta, llena de sorpresas”.

- ¿Dónde actúo Amaro Pargo en sus ataques corsarios?

“A través de la documentación consultada hemos podido certificar hasta el momento que Amaro Rodríguez Felipe tuvo dos zonas primordiales de actuación: el entorno propio del Caribe septentrional, en el triángulo constituido entre la costa venezolana, México y Cuba; y el ámbito de la vertiente atlántica de la Península, especialmente en el litoral entre Cádiz y las estribaciones sureñas de Portugal. Asimismo hemos podido documentar presas capturadas tanto por él como por su hermano José en el tránsito entre ambas zonas, en plena travesía atlántica”.

- Al parecer, cosechó una enorme fortuna, riqueza que ustedes documentan cómo invirtió.

“Amaro Pargo fue, sin duda alguna, uno de los personajes más ricos de su tiempo en Canarias, acaso superado tan solo por dos o tres individuos de la nobleza insular como los marqueses de Adeje o de Villanueva del Prado, o los señores de Fuerteventura. Tal vez también por los Rodríguez Carta, pero esto habrá que estudiarlo más adelante. Una de las peculiares características de su riqueza, y que le distinguía en cierta forma en su momento, fue la excepcional disponibilidad o liquidez monetaria de la que hacía gala, certificando sus pagos de forma inmediata con la presentación de cofres o arcas repletos de monedas de plata con las cantidades necesarias para cada transacción. Tras su etapa corsaria, con el alto nivel económico alcanzado, supo invertir acertadamente gran parte de esa riqueza no solo en centenares de bienes raíces (ya fueran tierras, viñedos, casas o solares) sino igualmente en tributos y legados que garantizaban la pervivencia y acrecentamiento de sus bienes en el futuro, todos ellos en beneficio de sus parientes, en particular de sus sobrinos”.

- ¿Tuvo entonces descendencia?

“Efectivamente, Amaro Pargo tuvo descendencia aunque se mantuvo soltero durante toda su vida. Rumeu de Armas, en la década de los 50 del pasado siglo, ya daba a conocer la identidad de Manuel de la Trinidad, un hijo natural de nuestro corsario en La Habana, y a ese vástago hemos podido añadir en el transcurso de nuestras investigaciones la existencia inédita de otro, Juan Rodríguez Felipe, apodado Juanico Pargo. Este segundo hijo, habido con una mujer casada lagunera (cuyo esposo se encontraba ausente en tierras americanas), estuvo muy presente en la vida de Amaro e incluso hemos podido documentar que tuvo a su vez descendencia tanto en Venezuela como en Tenerife”.

- ¿Y cuál fue su relación con Sor María de Jesús, la Siervita? ¿Qué hay de cierto en lo que se ha escrito sobre ellos?

“Sor María de Jesús, la Siervita de Dios, fue como una “segunda madre” para nuestro corsario (de hecho, tenía once años más que la propia Beatriz Tejera Machado, progenitora de Amaro Pargo). En ella buscó siempre ese referente de ayuda espiritual y religiosa tan necesario para un individuo de la fe y religiosidad de Amaro, más aún en una época de tanto riesgo en la navegación marítima (ella anunció, según la leyenda áurea, el naufragio en el que pereció su hermano José). Esa relación se reforzó de forma fehaciente al residir en el mismo convento tres de las hermanas de nuestro corsario, y, en diferentes momentos, numerosas sobrinas y parientas. Puede decirse que más del setenta por ciento de las monjas del monasterio de Santa Catalina de Sena eran familia directa (hermanas, sobrinas, primas), de nuestro personaje. Amaro Pargo estaba obsesionado con este tema. Se trajo a sus primas de Maracaibo, a donde habían emigrado con sus padres, y les costeó el viaje que le costó una pequeña fortuna para que se hicieran monjas en este monasterio. Ellas aceptaron venir y tomaron sus hábitos. Además, compró varias celdas conventuales para sus familiares y, asimismo, adquirió la celda donde vivió y murió la Siervita, que pidió que se mantuviera en el patrimonio familiar como un gesto de veneración hacia la que tantos consejos filiales le había dado en vida. Fue, en efecto, una hermosa relación entre una madre espiritual y un hijo profundamente devoto. Esto no se puede entender fuera de un determinado contexto histórico. Pero, así fue”.

- Ustedes dicen que el hermano de Amaro Pargo, José Rodríguez Felipe, se merece un monumento, ¿por qué?

“Mandaba el “Santísima Trinidad y San Marcos”, el que se fabricó en Icod (no el que se hizo en Vizcaya), barco que era más conocido por “El Clavel” y, asimismo, por “El Pintado”, y, cumpliendo órdenes del capitán general de Cuba, informó al capitán general de Canarias y, éste, a su vez, a Cádiz y a Madrid (en el contexto de una estrategia atlántica perfectamente organizada), de la delicada situación que corría Cuba y, en realidad, otros enclaves españoles del Caribe, en el marco de la Guerra Anglo-Española de 1727-1729. Puso en riesgo su vida, se defendió de ataques ingleses y cruzó el Atlántico como un cohete. Derivar fuerzas del entorno de Gibraltar hacía América hubiese podido significar, por ejemplo, la pérdida de otros enclaves en la Península o graves derrotas para los intereses globales de España. Si esto se confirma, que creemos que sí, José Rodríguez Felipe, muerto tempranamente en un naufragio a finales de 1728 o principios de 1729, puede ser considerado un auténtico héroe olvidado. Así eran los canarios de la época, gentes sencillas capaces de llevar a cabo gestas extraordinarias y heroicas. De todo esto nos ocupamos ampliamente en el próximo tomo de la colección y en otros que vendrán, si Dios quiere”.

- ¿Y cuál es el plan de las próximas entregas?

“El tercer volumen de la colección, bajo el título de Reyes del mar, va a presentar, entre otros materiales sobre nuestro corsario principal, más de medio centenar de evidencias documentales que certifican la entidad corsaria del Archipiélago en la primera mitad del siglo XVIII, especialmente de Tenerife y de su puerto de Santa Cruz, como ya dijimos. Se trata así de situar el contexto en el que crece y se forma Amaro Pargo, un escenario muy distinto de aquel planteado por los estudiosos hasta la fecha que definía a las Islas como un territorio pasivo y a la defensiva frente a la amenaza exterior. El legado documental que se expondrá, que se verá incrementado en próximos volúmenes, evidencia que Canarias fue una región generadora de actividades corsarias destacadas en aguas internacionales y a ambas orillas del Océano”.

Piratas, corsarios y bucaneros

La diferencia entre los términos corsario y pirata es sencilla, aunque el límite que hay entre ambas es tan frágil y fácil de cruzar que no extraña la confusión a que conducen siempre ambas palabras, reflexionan Manuel de Paz y Daniel García Pulido. El corsario es un individuo que dispone de patente o licencia real para asaltar embarcaciones de naciones enemigas a la Corona a la que pertenece, debiendo cumplir ciertos requisitos legales como adelantar una fianza para dichas actuaciones, estar siempre bien identificado y con la bandera de su nación visible y abonar a Su Majestad la quinta parte del importe total generado por las presas capturadas. Por su parte, el pirata es aquel que trasciende cualquiera de las indicaciones apuntadas anteriormente, asaltando ya sea embarcaciones amigas y/o neutrales o bien capturando navíos de otras naciones en tiempos de paz, sin atender a otro aspecto que no fuese su propio beneficio. Un corsario deviene en pirata si no actúa de acuerdo al reglamento de corso y en ese punto “es donde encontramos a Amaro Pargo con acciones como cambiar su bandera para engañar a su presa”. Por último, la palabra bucanero es sinónima de pirata pero solo se usa para identificar a los que actuaban en la zona del Caribe.

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En la imagen de FRAN PALLERO y de izquierda a derecha se encuentran Manuel de Paz Sánchez, Cristina Ginovés Obón y Daniel García Pulido. Cristina Ginovés es una de las colaboradoras principales de este proyecto, sobre todo en la transcripción y revisión del material, sobre Amaro Pargo, del que de momento se han publicado los dos primeros libros de lo que se espera sea una colección de diez volúmenes. De momento, ya están embarcados en el próximo tomo, que superará las 600 páginas. En cuento a la documentación consultada y transcrita en los dos primeros textos de la colección, ésta proviene de fuentes tanto peninsulares (Archivo de Indias –Sevilla–; Archivo General Militar –Segovia–) como insulares (Museo de Historia de Tenerife, Archivo Histórico Provincial, Archivo Municipal de La Laguna y Archivo Histórico Diocesano de Tenerife.

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Amaro Pargo.

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Portda del segundo tomo de la colección.

Saludos,viento en popa y a toda vela, desde este lado del ordenador

El poeta Rafael José Díaz, invitado a Chile por la Fundación Pablo Neruda

Agosto 2nd, 2018

El poeta canario Rafael-José Díaz ha sido invitado por la Fundación Pablo Neruda, una de las instituciones más prestigiosas de Chile, durante el mes de agosto. El día 9 participará en una lectura poética en la sede de la Fundación en Santiago de Chile, La Chascona; y el día 10 intyervendrá en un recital-coloquio individual en la sede de la Fundación en Valparaíso, La Sebastiana. Ambas casas-museo, junto a la de Isla Negra, forman el conjunto de residencias que fueron propiedad de Pablo Neruda en Chile y que desde 1986 constituyen la Fundación Pablo Neruda, instituida en su testamento por la viuda del poeta, Matilde Urrutia.

Además de difundir y preservar el legado poético, artístico y humanista del Pablo Neruda, el trabajo de la Fundación pone el énfasis en apoyar la creación artística y literaria, en especial de las nuevas generaciones, facilitando sus casas museos para actividades culturales de todo tipo, entregando premios y ofreciendo talleres. En este sentido, destacan los encuentros con poetas de lengua española, a los que ahora se suma el Rafael-José Díaz quien impartirá además una conferencia el 7 de agosto en el Instituto de Literatura de la Universidad de Los Andes y que lleva por título Identikit. Un mapa de la poesía española actual (con autorretrato al fondo) y en la que trazará un panorama general sobre la poesía de las promociones más recientes, incluyendo muestras de poetas de distintas orientaciones, lenguas y procedencias geográficas, incluida Canarias.

Rafael-José Díaz nació en Tenerife en 1971. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna. Fue lector de español en la Universidad de Jena y en la Universidad de Leipzig (1995-2000). Dirigió entre 1993 y 1994 la revista Paradiso. Como poeta ha publicado los siguientes títulos: El canto en el umbral (1997), Llamada en la primera nieve (2000), Los párpados cautivos (2003), Moradas del insomne (2005), Antes del eclipse (2007), Detrás de tu nombre (2009) y Un sudario (2015).

En 2007 apareció Le Crépitement, un volumen que recoge una selección de sus poemas traducidos al francés. También ha publicado entregas de su diario, entre las que caben destacar La nieve, los sepulcros (2005) y la muy reciente Dos o tres labios (2018). Ha publicado traducciones de los siguientes autores: Arthur Schopenhauer, Hermann Broch, Philippe Jaccottet, Gustave Roud, Pierre Klossowski, Fabio Pusterla, Ramón Xirau y William Cliff. Como ensayista, ha publicado Rutas y rituales, una selección de sus ensayos. Y, como narrador, la novela, El interior del párpado, dos libros de relatos, Algunas de mis tumbas y El letargo, y dos de prosas misceláneas: Insolaciones, nubes y Las transmisiones (Veinticuatro lugares y una carta). Actualmente es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Teobaldo Power de Santa Cruz de Tenerife.

Saludos, buen viaje, desde este lado del ordenador

Acción Cultural Española se suma al Festival Hispanoamericano de Escritores

Agosto 1st, 2018

Acción Cultural Española (AC/E) apoya el Festival Hispanoamericano de Escritores mediante el PICE en su modalidad de Visitantes, el Programa de AC/E para la Internacionalización de la Cultura Española, que impulsa y facilita, por un lado, la presencia de programadores internacionales en España para que vean de primera mano nuestras producciones y a nuestros creadores, y por otro, que el sector cultural español pueda salir con sus trabajos al exterior. Gracias a estas ayudas, el Festival Hispanoamericano de Escritores, podrá contar con la presencia en la isla de La Palma de algunos de sus participantes más especiales. Este es el caso de los escritores mexicanos Alberto Ruy Sánchez y Gonzalo Celorio, del editor francés Jean-Marie Desbois, del librero y editor suizo Rodrigo Díaz, y de los escritores venezolanos José Balza y Antonio López Ortega.

El Festival Hispanoamericano de Escritores está impulsado por la Cátedra Vargas Llosa y el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, y cuenta con el patrocinio del Instituto Cervantes, la Fundación Universidad de Guadalajara, México, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el programa Canarias Crea de movilidad de artistas canarios, los empresarios de la isla de La Palma representados por CITtedote, La Palma Film Comission y el hotel Hacienda de Abajo.

Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948) es escritor y académico. Ha publicado doce libros de ensayo y cuatro novelas. Sus libros han sido traducidos al inglés, el francés, el italiano, el portugués y el griego. Enseña en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM desde 1974. Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Cubana de la Lengua. Ha recibido en México el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura y el Premio Mazatlán de Literatura.

José Balza (Delta del Orinoco, Venezuela, 1939), narrador y ensayista, ha denominado como “ejercicios” a toda su obra. Sus títulos comprenden: Largo, Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar, Percusión, Después Caracas, Un hombre de aceite en la novela. Dentro de sus libros de cuento destacan: La mujer de espaldas, Un Orinoco fantasma, Caligrafías, Uno, Trampas. Y entre sus ensayos: Este mar narrativo, Iniciales, El bolero: canto de cuna y de cama, Observaciones y aforismos, Red de autores hispanoamericanos (2011), Los siglos imaginantes, Play b.

Ha publicado libros sobre el origen de la teoría literaria en América Latina, sobre teoría del cuento y de la novela, sobre cine, música, artes plásticas y televisión. Los mismos aparecen bajo el sello de Fondo de Cultura Económica, UNAM y Bonilla Editores de México, Iberoamericana Vervuert, Seix-Barral, Páginas de Espuma y Paréntesis de España, Oxford Press, Arte poética Press (USA), Gallimard. Sus relatos han sido traducidos a más de diez idiomas.

Jean Marie Desbois es editor, desde 1995, y titular de un Master en edición de la Universidad de Monpellier. Apasionado de la historia y la literatura francesa y extranjera, creó Jean Marie Desbois editions en 2010.

Alberto Ruy Sánchez (México 1951), poeta, narrador, ensayista y editor, ha publicado una veintena de títulos, entre ellos las novelas que forman El Quinteto de Mogador: Nueve veces el asombro; Los nombres del aire; En los labios del agua; Los jardines de Mogador: voces de tierra; La mano del fuego. Entre sus ensayos destacan: Con la Literatura en el cuerpo y Una Introducción a Octavio Paz. Entre sus libros de poesía: Decir es desear y El bosque erotizado. Su obra ha sido traducida a más de una docena de lenguas y ha recibido varios premios internacionales: en San Petersburgo, Francia, Chicago y España, entre otros. Ha sido profesor invitado en universidades de tres continentes. Director de la revista y la editorial Artes de México.

Rodrigo Díaz Pino (nacido en Perú y residente en Suiza desde hace 28 años) es librero, editor y gestor cultural en Ginebra, Suiza, donde regenta la librería de libros en español Albatros desde hace 22 años. En su librería desarrolla una actividad cultural presentando libros de autores españoles e hispanoamericanos, organizando talleres literarios, concursos de microtextos, conciertos, etc. Hace unos años lanzó la editorial Albatros, en la que ha editado cuentos, poesía, teatro y novela de autores españoles e hispanoamericanos, en ocasiones traducidos al francés.

Antonio López Ortega (Punta Cardón, Venezuela). Licenciatura y Maestría en Estudios Hispánicos en la Universidad de la Sorbona de París (1979-1985). Fue director de Publicaciones de Fundarte (1985-1988) y director Literario de Alfadil Ediciones (1989-1993), también ejerció como asesor Comunicacional de Voz y Visión, Grupo Corpa-Ogilvy & Mather (1988-1991). Ha sido Gerente General de la Fundación Bigott (1991-2007) y miembro directivo de varias instituciones culturales. Como narrador ha publicado Cartas de relación (1982), Calendario (1985), Naturalezas menores (1991), Lunar (1996), la novela Ajena (2001), la compilación de narrativa breve Río de sangre (2005), Fractura y otros relatos (2006), Indio desnudo (2008) y La sombra inmóvil (2013). Como ensayista ha publicado: El camino de la alteridad (1995) y Discurso del subsuelo (2002). Como antólogo ha publicado: Las voces secretas (2006) y La vasta brevedad (2010). Es fundador de la editorial de poesía Pequeña Venecia y ha recibido varios reconocimientos internacionales. Es columnista permanente del diario El Nacional.

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La soledad de Alcuneza, una novela de Salvador García de Pruneda

Julio 31st, 2018

Llegué a la mayoría de los libros que han marcado mi devenir como lector por casualidad. Una de estas obras es La soledad de Alcuneza, escrito por el militar y diplomático español Salvador García de Pruneda y novela que transcurre durante la Guerra Civil.

El libro está firmado por uno de los combatientes del lado nacional pero como bien señala Andrés Trapiello en su imprescindible Las armas y las letras, en la novela no se nombra en ningún momento a Franco, Azaña o Pasionaria, ya que lo que importa es describir cómo su protagonista se hace un poco más viejo pero también sabio por causa de la guerra.

Novela que podría ser entendida como bélica, ya que salvo un capítulo, los otros dos se centran en el avance y repliegue de las fuerzas nacionales en frentes como el Ebro, La soledad de Alcuneza evita, afortunadamente, transitar por el emocionado y vetusto canto falangista de Rafael García Serrano para centrarse en un hombre, Alcuneza, que combate por las tierras de España en un cuerpo que libra, precisamente en esta contienda, su último combate como es el de la caballería. Este sentido crepuscular tiñe las páginas de una novela que salvo el encuentro de seis soldados nacionales y republicanos en una trinchera donde cruzan palabras y abren un debate en el que se carasmiden pero sin armas las dos Españas que han preferido dirimir sus diferencias partiéndose la cara, se prescinde del carácter ideológico en favor del retrato de unos oficiales y soldados que, salvo la presencia de extranjeros, arroja algo de luz sobre las maneras de entender un mismo país.

Alcuneza sirve a su España en caballería, así que monta un brioso corcel con el que se lanzan por los campos de batalla. Pertenecer a la aristocracia de un ejército, el nacional, que junto a la legión y los tabores de regulares, forman la punta de lanza, la vanguardia de unas fuerzas que viven la batalla desde la primera linea, en la trinchera y, en el caso de Alcuneza, a lomos de su caballo y sable en mano.

La visión que retrata Salvador García de Pruneda de la guerra es desoladora pero cuenta también con cierta lectura jungerniana de vivir la vida con la certeza de que mañana puedes estar muerto. Aprovecha además el escritor para narrar otras historias dentro de la historia general, en la que reflexiona sobre la decrepitud de Europa, muy interesante en este sentido los largos parlamentos que pronuncia un ruso blanco enrolado en la legión; o la amnesia que padece un soldado republicano que pierde la memoria durante un combate y es acogido por los nacionales. También la narración que relata como un oficial republicano, veterano de la guerra de África, se enfrenta con otro compañero de armas porque se trata de un valiente y a los valientes hay que darles el derecho de vivir o morir con las botas puestas.

No hay propaganda ni aliento ideológico en La solead de Alcuneza sino la vívida fotografía de un soldado que a medida que avanzan los años y las campañas va perdiendo a sus camaradas hasta quedarse solo cuando la guerra ya alborea su final.

El destino de un soldado, concluye el narrador de esta historia, es morir en el frente. Y más en un protagonista, Alcuneza, que por culpa de la guerra se ha quedado sin familia ni amigos.

Un hombre destrozado, incapaz de vivir en paz en tiempos de paz.

En la abundante e interesante literatura escrita sobre la Guerra Civil La soledad de Alcuneza se descubre como uno de sus títulos más extraños y por eso mismo atrayente. Se trata de una novela extensa en páginas y en historias, materiales de los que se sirve el autor para componer un fresco sin estridencias sobre lo que vivió durante aquella guerra inevitable que nunca tuvo que haber sucedido. Un libro por lo tanto no solo recomendable para los aficionados a la Guerra Civil española, o la Guerra de España como se la conocía entonces en el extranjero, sino para los seguidores de una literatura hoy imposible por sincera y políticamente incorrecta ante el retrato que ofrece de los campos de batalla, de los amores fugaces en retaguardia y del trasegar a diario con la muerte…

Una obra que narra la existencia del soldado de a pie, que cuenta su día a día en la trinchera y en los campamentos instalados en la primera línea del frente. Militares y caballeros cuyo arrojo y valentía es reflejo del que combate al otro lado.

Guerreros que con independencia de su color político coinciden en una cosa: son españoles.

Saludos, muy agradecido, desde este lado del ordenador.