Otro olvidado: Luis Gálvez Monreal

Febrero 26th, 2020

Premio Benito Pérez Armas en 1955 por La ciudad tiene otra cara, Luis Gálvez Monreal (Madrid, 1911-Puerto de la Cruz, Venezuela, 1987) es un escritor no demasiado recordado en Canarias, tierra en la que vivió y trabajó y a la que dedicó algunas de sus novelas, la ya citada y 2 Mundos y un volcán.

Ambas se desarrollan en las islas, concretamente en la de Tenerife.

Descubrí a este escritor por casualidad en una de esas visitas por el Rastro de la capital tinerfeña que casi se han convertido en rutina en las mañanas dominicales. Encontré el libro escondido con otros en un montón desordenado y su portada me llamó la atención así como el hecho de que hubiera sido escrito a finales de los años 50 del pasado siglo XX. Después de ojearlo y descubrir que la historia se desarrollaba aquí, en la isla en la que nací y en la que vivo me animé a hacerme con el ejemplar como quien se hace con una gema que brilla con luz propia donde antes solo existían tinieblas.

Las perspectivas no me defraudaron. Encontré en 2 Mundos y un volcán a un escritor de fuste, con estilo literario adscrito al realismo. La novela respira además un pesimismo existencial muy pegado a su época y cuenta con una galería de personajes a través de los cuales el escritor escudriña su alma.

2 Mundos y un volcán
cuenta la llegada de un peninsular a un caserío de Guía de Isora, un pequeño pueblecito del sur de Tenerife en el que pasan muchas cosas .

El protagonista, de nombre Fernando, irá poco a poco descubriendo las pulsiones que realmente habitan en esta pequeña y cerrada comunidad mientras conoce a sus autoridades: al cacique, al alcalde, al médico, a sus madres, esposas e hijas así como a otra gente de de campo de la localidad.

En su deambular por este villorrio creerá también encontrar el amor y conocerá de cerca la brujería y las creencias en el más allá que tienen algunos de sus vecinos a medida que va conociendo más y mejor un mundo que no tiene nada que ver con el que dejó en Madrid.

Novela de contrastes, 2 Mundos y un volcán describe con pulso narrativo las grandezas y miserias de la comunidad que recibe a Fernando como las violentas y contradictorias sensaciones que padece el personaje.

La novela está dividida en dos partes: Sur y Norte, mitades en las que el escritor refleja la sorpresa que sacude a su protagonista a un lado y al otro de la isla.

Para adentrarse en el universo de ambos “mundos”, Gálvez Monreal recurre a la tercera persona en Sur, donde se preocupa también por diseminar en el relato descripciones del agreste paisaje por el que se mueve el personaje. La voz cambia en Norte, la segunda parte, ya que la historia la cuenta el protagonista desde dentro. Vemos lo que sucede a través de sus ojos y conocemos cuáles son sus preocupaciones. En esta sección de la novela destaca también el peso de una ciudad que será determinante en la vida y en la obra de Fernando como del propio escritor: el Puerto de la Cruz.

Norte y sur. Sur y norte significa para el protagonista dos universos paralelos, dos mundos opuestos pero que sin embargo se complementan en la isla.

“El Sur, pedregoso y sediento, agrietado y reseco, con sus picachos desnudos y roídos. Tuve miedo de caerme hacia allá.
Ahora puedo pensar en aquellas gentes sobrias e hidalgas que tanto bien me hicieron (…). Y, por el otro lado, el Norte, verde y jugoso… (…) Son dos mundos distintos, y cada uno tiene su vida, su cuerpo y su alma”.

A la espera de que se reedite –una novela de estas características lo pide a gritos– recuperar a Gálvez Monreal significa en unos tiempos en los que se reivindica escritores menores por no decir mediocres en Canarias, respaldar el talento de un narrador del que apenas se conoce salvo en círculos muy minoritarios.

En la novela los personajes canarios hablan canario y los que no lo son dialogan con sus propios acentos, como Fernando. Esta capacidad de oído por parte de Gálvez Monreal es otras de las características del libro, más si tenemos en cuenta que fue escrito en los años 50.

Respecto a su autor, Luis Gálvez Monreal, no ha sido fácil encontrar información sobre él, aunque he encontrado datos muy interesantes en El blog de Pedro Medina Sanabria y Efemérides de Tenerife. El escritor se estableció tras un largo peregrinaje por la isla en el Puerto de la Cruz, ciudad a la que le dedicó libros y algunas canciones que forman parte de la banda sonora de la ciudad turística. También que tras el golpe de Estado de julio de 1936 lo acusaron de “rojo” por reunirse con miembros de Gaceta de Arte aunque salió absuelto y pudo recomponer su vida mientras en Canarias y más tarde la península sus ciudades y campos se anegaban de asesinados tanto de un lado como del otro.

No hay el resentimiento del perdedor en 2 Mundos y un volcán sino, en todo caso, una penetrante mirada sobre la sociedad de aquellos años.

A través de Fernando, el escritor va sumergiendo al lector en la primera parte, Sur, en un entorno cerrado, en el que comienza a respirar ese aire que se respira en algunos pueblos chicos, el de un infierno grande.

Este retrato, que en otros escritores hubiera marcado el tono de la novela se bifurca en varias direcciones en las que indaga en las complejidades de una comunidad atada a sus tradiciones y a una moral hipócrita.

En la segunda sección, Norte, la novela al estar narrada en primera persona adquiere otro enfoque aunque en ningún momento hace desaparecer ese aire pesimista que permea en todo el libro. Como en Sur, el paisaje juega aquí un papel fundamental.

El personaje visita la capital tinerfeña en esta mitad y su descripción resulta colorista e interesante si se compara con la que ofrece la misma ciudad a estas alturas del siglo XXI. Antaño, me dicen algunas voces, todo resultaba más envolvente y hermoso.

“Santa Cruz nos recibe envuelta en luces de sol que transpone montañas. Es la hora de la salida de talleres y oficinas, y las calles tienen esa animación especial que les da la gente que se sabe libre hasta el otro día. Veo muchachas muy elegantes, e incluso en el arreglo de las obreritas de humildes vestidos… Hay un cierto aire de buen gusto que las hace atrayentes y agradables”.

Saludos, quedan muchas cosas por redescubrir, desde este lado del ordenador

Dos canarios, en el punto de mira de César González-Ruano

Febrero 25th, 2020

César González-Ruano (Madrid, 1903 – 1965) es una especie de rara avis en la España que le tocó vivir. Más escritor que periodista, periodista de columna, columnista, publicó en vida un libro de memorias un tanto desmemoriadas en el que ofrece retratos interesantes de personas a las que conoció y, otros, de personajes a las que dice que conoció.

En conjunto, estas supuestas memorias ofrecen un variado repertorio de protagonistas masculinos y femeninos con los que el escritor cocina un caldo a fuego lento que condimenta con observaciones afiladas e irónicas. Casi como si su pluma fuera el filo de una navaja.
En Mi medio siglo se confiesa a medias (Editorial Noguer, 1951) pone el ojo, entre otros personajes, en dos canarios ilustres. Uno escritor y el otro artista. Los dos vivieron fuera, uno en Madrid y el otro en París.

Los canarios que observa César González-Ruano son Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) y Óscar Domínguez (San Cristóbal de La Laguna, 3 de enero de 1906 – París, 31 de diciembre de 1957).

A Benito Pérez Galdós ya lo había retratado el escritor y columnista en Siluetas de escritores contemporáneos. Del autor de Miau, escribe González-Ruano: “Galdós, con todos sus enormes valores que nadie le discute, debió de ser hombre poco escrupuloso con la sinceridad ni en la vida ni en la obra. Esto yo creo que con una mágica intuición lo notábamos los jóvenes. Don Pío Baroja –por cuya casa recientemente he ido con frecuencia– me contó hace poco (en 1950, desde luego) que él había comprobado que en varios pueblos que don Benito describe profusamente en sus Episodios, no había estado nunca. Pasando de una cosa a otra, con ese pintorequismo cazurro y estupendo que tiene la conversación de Baroja, me dijo después:

- Mire usted, Galdós tenía cosas de esas que no están bien… porque hablar con pelos y señales de un pueblo sin haber ido, pues no parece a mí que está bien, y lo de aquella muchacha de Santander, vamos, eso ni medio bien.

- ¿Qué es lo de la muchacha de Santander, don Pío?

- Pues que anduvo así como en amores con una señorita, y fue luego y la dejó plantada. La muchacha me enseñó a mí varias cartas de Galdós, y el muy tuno la decía cosas que ¡ya, ya! … Y luego va y la deja plantada. Eso no está bien… A Galdós no le interesaba más que Madrid”.

El resto del texto que dedica a Pérez Galdós continúa su labor desmitificadora pese a reconocer los “enormes valores” que reúne la obra el escritor canario. No obstante, finaliza su perfil narrando una anécdota que, supuestamente, le transmitió el también escritor y periodista Eugenio Montes, quien le cuenta, otra vez supuestamente, que “recién llegado a Madrid y teniendo muchos deseos de conocer a Galdós, iba un día con un amigo por la calle del Prado hacia el Ateneo, cuando le vieron venir muy despacio hacia ellos. Decidió Eugenio acercarse, y ya tenía en la mano en el sombrero y estaba a tres metros de él cuando salió de un portal una mujer de pueblo, guapa y castiza, que se puso en jarras delante de Galdós y dijo a gritos:

- ¡Ahí va la gloria nacional! ¡Menudo tío charrán es ese! ¡Me c… yo en la gloria nacional!”

El otro canario que conoció César González-Ruano fue Óscar Domínguez, con quien mantuvo una relación que parece de película y que alimenta el mito de golfos que tuvieron tanto el escritor madrileño como el artista canario en vida y después de muertos.

Tres años más viejo que el pintor, sí que pertenecían al mismo mundo.

En cuanto al artista escribe: “Domínguez, el canario, se encuentra a la misma latitud del surrealismo que del cubismo, lo cual, realmente, es peligroso, pero posible. En las telas de Domínguez hay dibujo y buen dibujo, y problema, pero le falta el color. Pinta con colores muertos. ¡Dios mío, el español más vital de París!”

De la mano del pintor, González-Ruano conoce a algunos surrealistas como Salvador Dalí y Paul Eluard y describe como tipo humano a Domínguez como “impresionante: enorme, con una cara que tiene el doble de proporciones que cualquier otra cara, gesticulante, agotados de alcoholes y de mujeres, incansable y sólo por tradición canaria, un poquito aplatanado, de forma y acento”.

Escribe con cariño distante su relación con el artista y cuenta alguna que otra anécdota más. En este aspecto, narra una muy divertida y jugosa con un coronel alemán en el París ocupado por los nazis que hacen de sus apreciaciones –probablemente más pegada a la ficción que a la realidad– un retrato humorístico pero nunca caricaturesco de Óscar Domínguez. Con Galdós es otra historia. En definitiva, dos perfiles de un escritor que tuvo algo de diletante pero que fue también un trabajador de la prosa, un contador de su tiempo.

Saludos, la vida es ansí, desde este lado del ordenador

Samir Delgado obtiene el Prix International de Littérature Antonio Machado 2020

Febrero 24th, 2020

La edición anual del Premio Internacional de Literatura Antonio Machado que se convoca en la ciudad francesa de Collioure para homenajear a la figura del poeta Antonio Machado, ha sido otorgado este año a la obra poética La carta de Cambridge del autor canario Samir Delgado, residente en México.

La Fundación Antonio Machado ha dado a conocer el veredicto del jurado en el marco de las actividades de conmemoración del legado poético del poeta sevillano que se desarrollan cada febrero desde la creación del galardón literario en 1979. El premio consta de una cuantía económica y el reconocimiento del texto premiado que por segunda vez recae en un autor canario. En 2014 la autora Selena Millares resultó ganadora por la novela El faro y la noche. Las bases del certamen internacional contemplan la recepción de obras literarias de distintos géneros y en los idiomas francés, español y catalán.

Saludos, ¡felicidades!, desde este lado del ordenador

El viejo tío Sam

Febrero 21st, 2020

La primera película que vi de Sam Peckinpah (Fresno, California, 21 de febrero de 1925 – Inglewood, California, 28 de diciembre de 1984) fue en el cine Numancia, cine que ya no existe en la capital tinerfeña. Salí trasquilado, como saldría años más tarde después de ver Apocalypse now!, aunque esta última es de Francis Ford Coppola, un cineasta que se encuentra en las antípodas de Peckinpah.

He vuelto a ver ya no sé cuántas veces Grupo salvaje y sigo viéndola como la primera vez. Lo mismo me pasa con otras películas del mismo director y supuso tanto impacto que se me quedaron grabados los cine donde me emocioné con todas ellas.

La cruz de Hierro
la descubrí en el Rex. Una película que se desarrolla en el frente ruso durante la II Guerra Mundial desde el punto de vista alemán, plagado de hombres –como en los western– que son camaradas e hijos de puta.

Recuerdo que a la chiquillada de aquellos tiempos nos encantó La cruz de hierro. A más de uno nos evocaba la lectura de las novelitas de guerra de Sven Hassel, supuesto combatiente danés enrolado en los pelotones de castigo del ejército alemán… Pero salvo el frente ruso y algún que otro personaje que parecía que imitaba a los de las novelas de Hassel, La cruz de hierro no tiene nada que ver con aquellas hazañas bélicas. Es más, tanto la novela que le dio origen como la película de Peckinpah, se caracterizan por su tono antimilitarista. La novela original se titula Carne paciente y la firma Willi Heinrich y no se parece demasiado al filme…

Tras La cruz de hierro, se estrenó años más tarde Convoy, una versión Peckinpah de Río Bravo, la de Howard Hawks, que se estrenó en el Greco cuando aún existía el cine Greco –como el Rex, carajo–, más tarde reconvertido en multisalas y hoy abandonado, convertido en una ruina.

Otras películas del viejo Sam, mi perro hermano indio, que así decía Gonzalo Suárez que lo llamaba o no lo llamaba, fue en Yaiza Borges, que tras recuperar el viejo cine Tenerife y transformarlo en una especie de sala de arte y ensayo, se dedicó a exhibir películas en sesión original y a reestrenar clásicos como Duelo en la Alta Sierra, un Peckinpah que comenzaba a salir del cascarón; y más tarde y en otras salas que estaban repartidas en Santa Cruz de Tenerife cintas como Perros de paja, La huida y Pat Garret y Billy The Kid.

Pero si hay una película decisiva, de las que marcan huella en el mi memoria como espectador, fue cuando vi con la boca abierta y probablemente con baba, Quiero la cabeza de Alfredo García, que sigue siendo mi favorita en la filmografía de Sam Peckinpah.

El cine fue el Teatro Baudet, que estaba justo enfrente de casa de mis padres. El problema –en aquellos tiempos ir al cine era un problema no tanto por el precio de la entrada sino si te dejaban entrar o no a una de 18 años– era precisamente que no tenía la edad para que me dejaran franquear las puertas del Baudet aunque ese día tuve suerte al dejarme acceder a la sala a cambio de que me escondiera entre las butacas cuando llegara el descanso. En aquellos tiempos la proyección se cortaba a la mitad para que el respetable fuera a mear o a comprar cotufas.

Y así lo hice, cuando llegó el descanso me escondí entre las butacas aunque habían cuatro gatos en aquella sala que a mi entonces me parecía gigantesca.

Se apagaron las luces otra vez y quedé abducido por esa película. Una película sucia y violenta que canta a la amistad más desquiciada. Warren Oates, un sobresaliente secundario, se viste de Sam Peckinpah en un filme que resulta devastador y brutal.

Luego llegó Clave Omega y apenas vi destellos del viejo Sam. Moriría poco después de esa película.

En cuanto a La balada de Cable Hogue y Junior Bonner las descubrí más tarde en la televisión. Son películas a las que le tengo cariño porque muestran el lado más nostálgico y amable de Peckinpah. A Los aristócratas del crimen llegué ya con otras cosas en la cabeza y no me resulta de las más atractivas del director.

Mayor Dundee, que si no me equivoco descubrí también gracias a la televisión, es otra cosa. Y mira que es excesiva más por Charlton Heston que por Peckinpah. No puedo hablar de su primer parto cinematográfico, Compañeros mortales, porque la he visto en copias de malas calidad pero me basta para agradecerle a Peckinpah los buenos ratos que me hizo y me hace pasar cuando reviso alguna que otra de sus películas.

Este comentario escrito más con el corazón que con la cabeza pretende ser un homenaje a un hombre que no se llevó bien con quienes le pagaban sus películas. La historia cuenta que terminó colgado de drogas y alcohol y que si alguna vez se sintió feliz fue en México, que es un país escenario de algunas de sus mejores películas como Grupo salvaje y Quiero la cabeza de Alfredo García.

Señas de identidad en el cine que nos dejó es su amarga reflexión sobre la amistad masculina y su recreación de la violencia, tiroteos, combates que ralentiza a cámara lenta y que se convirtieron en sellos de su autoría, en escenas típicamente Peckinpah por muy imitadas que hayan sido desde entonces.

Los que disfrutan con cine que no entienden ni los dioses deberían ver un poco más el trabajo de cineastas como Peckinpah. Si alguna vez tomó valor eso de cine de autor (me produce ronchas el término pero se escribe para que se hagan una idea clara de a donde quiero ir) fue con directores como el tío Sam. Es imposible no reconocer su huella cuando se ve alguna de sus películas. Ese tipo endemoniado tenía estilo. Ese puñetero alcohólico y drogadicto era un autor.

Saludos, spasiva, Sam, desde este lado del ordenador

Cuatro novelas optan al premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal como mejor novela negra de 2019 en la quinta edición de Tenerife Noir

Febrero 20th, 2020

Cuatro novelas aspiran al premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal como mejor novela negra de 2019 en la quinta edición del Festival Atlántico de Género Negro, Tenerife Noir. Se trata de Los señores del humo, de Claudio Cerdán; Sánchez, de Esther García Llovet; Los miércoles salvajes, de Susana Hernández, y El último barco, de Domingo Villar.

En Los miércoles salvajes (Editorial Milenio), Susana Hernández abandona a la policía protagonista de su saga anterior y presenta unos nuevos personajes, una pareja profesional de una agencia de seguridad en una trama de mucha actualidad: el funcionamiento de la industria farmacéutica y el tráfico de medicamentos. En un viaje que va desde la periferia de Barcelona hasta Ghana, las personas que lean esta novela observarán el papel de algunas industrias farmacéuticas en dificultar el acceso a los medicamentos a gran parte de la población mundial.

Con un asunto también de gran actualidad, el mundo de las apuestas, Esther García Llovet desarrolla la acción de Sánchez (Editorial Anagrama) en un Madrid de suburbios con personajes muy acabados, que no tienen nada que perder.

Los señores del humo, de Claudio Cerdán (Ediciones B), bordea el thriller y lo criminal. Sus personajes son “antihéroes”: un investigador sin licencia, un mercenario y un proxeneta que huye de México; la acción se desarrolla en un Madrid muy actual y reconocible, marcado por la corrupción en todos los estratos de la sociedad.

Domingo Villar llevaba diez años sin publicar, por lo que El último barco (Ediciones Siruela) era muy esperado. Es la tercera entrega protagonizada por el inspector Leo Caldas y el agente Rafael Estévez, una pareja muy peculiar que vive escenas cargadas de humor. La acción se desarrolla en torno a la desaparición de la hija de un influyente médico que presiona a la Policía para su localización.

El jurado de esta edición lo componen José Luis Correa, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Charo González Herrera, especialista en el género negro; los profesores de Filología de la Universidad de La Laguna Miguel Ángel Rábade –además, fundador de la librería MisTério, especializada en género criminal, que tuvo su sede en La Laguna– y Javier Rivero –director también del seminario de género negro de la ULL–, y la periodista Verónica Alemán.

El nombre de la novela ganadora se dará a conocer el 21 de marzo en una cena de temática noir que tendrá lugar en el Hotel Escuela Santa Cruz.

Saludos, no hay lupa que valga, desde este lado del ordenador

Dos cortos canarios

Febrero 19th, 2020

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, 19 de febrero y a las 20 horas, la exhibición del cortometraje uNpACKAGING, un corto de ziREjA.

Este nuevo trabajo expone los 520.000 Kilos de basura que se generaron en las calles de Santa Cruz durante la semana del Carnaval del año 2018. El corto “plantea una verdad incómoda a partir del baile de los residuos, desde que se dejan tirados en las aceras durante una fiesta al aire libre, hasta que llegan a la naturaleza por diversos motivos. La entrada para asistir a esta proyección es libre previa retirada de las invitaciones en la taquilla del centro”, destaca una nota informativa.

El cortometraje “canario” volverá a protagonizar el jueves, 20 de febrero, otra jornanda en TEA Tenerife Espacio de las Artes con el estreno de Géminis, un corto de José Agustín Hernández, que se exhibe a partir de las 20 horas.

Escrito por el realizador y María José Luis Domínguez, Géminis cuenta en el reparto artístico con Javier Socorro, Daniel Sanginés y Yurena Perdomo y la colaboración de los también actores Timo Schorken o Jesús Fariña.

Géminis es una producción de J.A. Producciones y cuenta la historia de tres personajes que se unen en un triángulo peligroso. Martin vive atormentado una doble vida mientras busca su verdadera identidad en plena década de los años 80.

Saludos, monstruos y monstruas, desde este lado del ordenador