¿Dónde está el brazo?

Julio 25th, 2014

El fantasma de Horacio Nelson recorre la plaza de España de Santa Cruz de Tenerife mientras busca su brazo. Tiene vagos recuerdo que por ahí debe de estar, aunque solo le viene a la memoria la luz de los fogonazos y humo. El humo de la pólvora y los gritos de marinos y soldados, así como de civiles que portan armas y chillan.

¿Pero qué chillan?

Chacho, chacho, chacho.

El fantasma de Horacio Nelson está rodeado de autoridades civiles y militares españolas que bajo un sol de justicia inauguran unos  bloques de piedra en los que se explica dónde se situaban los antiguos castillos y el lugar en el que, presuntamente, la metralla le arrancó uno de los brazos, aunque el marino victorioso y muerto en Trafalgar no recuerda que fuera ahí donde lo perdió.

En su cabeza de hombre de mar que marea solo aparecen destellos de luces, el sonoro silbo de las balas y el chacho, chacho, chacho que le gritan los hombres que combate cuando le arrancaron el brazo.

Extraño paseo el que hace Nelson una mañana de julio de 2014. Tan extraño que es arrastrado por un grupo de turistas británicos hasta una g-g-guagua de dos pisos para recorrer las calles de la ciudad. Igual tiene suerte y encuentra el brazo, piensa cuando una vieja seca-seca y que por su acento debe ser de Plymouth, le anima a que saque fotos.

Tiembla cuando escucha el chacho, chacho, chacho… que como un mantra ahora se repite mientras se encoje de hombros ante una ciudad de costa que, paradójicamente, huye mirar de frente al mar y que estos días celebra su primera y parece que única victoria.

¿Dónde está su brazo derecho?

Tanto chacho, chacho, chacho le machaca la sudorosa cabeza.

Se limpia el sudor con un pañuelo y la misma señora de Plymouth le ofrece una botella de agua mineral sin gas mientras la g-g-guagua atraviesa una capital de provincias con sus ramblas y calles que apenas cuentan con aceras por las que puedan caminar dos personas sin que se tropiecen.

La máquina se detiene delante de un museo y una guía atractiva informa al grupo de turistas británicos de quiénes eran los guanches, ¿los chachos?, mostrándole algunas momias que no tienen mucho que ver con las del antiguo Egipto aunque son interesantes. Se detiene para  observar la de un feto. Y discretamente, se separa del grupo para continuar la búsuqeda de su brazo. Pero no hay suerte.

Abrumado por el calor, Nelson se separa de los demás mientras un pintor callejero le cuenta en inglés que maldita la hora en que no dejaron entrar a los ingleses y si quiere que le haga un retrato, pero Nelson se escabulle porque por tener, ya no tiene ni brazo ni ná.

Deambula por las calles de una ciudad aplastada por la canícula y a las puertas de un edificio que alguien dice es el Cabildo se tropieza –pero esto lo sueña– con gente que protesta por la política cultural de TEA.

Pero Nelson cuando oye TEA entiende TEA, y le apetecería tomar uno y a ser posible con un chorrito de ron. No, no hay manera de hacerse entender entre esa gente que aúlla aunque el mar está cerca.

Nelson observa la franja azul y hacia allí dirige los temblorosos pasos. Los goterones de sudor que empapan su cara caen al suelo y nota que le pica la nuca mientras lo distrae el olor mareante de un muelle donde ya no cruje la madera de los barcos.

Un marinero educado invita a que suba a la cubierta de un crucero y Nelson cree entonces oír el canto de una gaviota. Pero se trata de una falsa alarma, es un graznido lo que en verdad oye. Un chacho, chacho, chacho que lo disuelve en la nada.

Esa misma nada donde probablemente se encuentre su dichoso brazo.

Saludos, God Save the Queen!, desde este lado del ordenador.

Fogonazos en la oscuridad

Julio 24th, 2014

* Tras la publicación de La Laguna de los olvidados, Sándalo y rapsodia y Silence, de Benjamín Barret, Juan Jesús Pérez y Alba Sanina Pérez, respectivamente, Neys Books decanta su próxima apuesta editorial por escritores como Emma Cohen (Magia amorosa para desesperados y desesperadas); José Luis Muñoz (Cazadores en la nieve) y Manuel Ruiz Castillo (No hay pasta para tanto gorila). Neys Books editará además en noviembre el guión original de La campana del infierno, de Santiago Moncada, un filme maldito del cine español ya que durante su rodaje falleció el director,  Claudio Guerín. La editorial espera presentar el guión de La campana del infierno en la Semana Gótica que se celebra en Madrid en noviembre.

* Ediciones Aguere/Idea anuncia, por otra parte, y tras el lanzamiento de la novela Ucanca, de Gustavo Reneses en G21 Narrativa Canaria Actual, dos nuevos títulos dentro de esta colección como En la niebla (Juan Royo) y Ella es La Laguna (Maca Martión). En Narrativas esperan salida Divisas de las hojas, de María Teresa de Vega, Unidades libres, cuentos de Cristo Hernández y Relatos de qué sé yo, de Juan Henríquez.

* La antología Todos somos sospechosos (Pan de letras) incluye entres los trece autores seleccionados relatos de los canarios Javier Hernández Velázquez y Alexis Ravelo, quienes comparten páginas con historias firmadas por Nieves Abarca, Paco Gómez Escribano, Nacho Cabana, Rosa Ribas, Toni Hill, Claudio Cerdán, Xavier Borrell (coordinador de esta antología), Luis Gutiérrez Maluenda, Lluc Oliveras, José Antonio Castro Cebrián y Empar Fernández.

* Por otra parte, y entre las novedades que presentan este verano algunas editoriales de la islas se encuentra Insulario menor, de Alfonso Domingo Quintero, editado por Baile del Sol en su colección Sitio de fuego.

* Pero no se vayan que aún hay más. La revista El Cultural, que se vende junto con el periódico El Mundo, dedica un elogioso comentario a la novela Isla Nada (Tropo), de Víctor Álamo de la Rosa. La crítica está firmada por Care Santos, quien destaca de esta obra que “es un homenaje al “paisaje hondo” de su autor, una novela escrita con amor hacia lo propio, con el gusto de rendirle homenaje a lo amado”. El mismo número de la misma revista (18-26 de julio) se hace eco también del volumen Ciudades de cine (Cátedra), que está coordinador por Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés, profesor de la Universidad de La Laguna.

Saludos, a sur del Edén, desde este lado del ordenador.

Bret Harte, un escritor de cuentos del oeste

Julio 22nd, 2014

Cuando un hombre tiene una racha de buena suerte del todo inesperada,  no se cansa. La suerte se rinde antes.  La suerte –continuó el jugador pensativamente– es una cosa de lo más curiosa. Lo único que sabes seguro sobre ella es que cambiará. Lo que te sirve es saber cuándo va a cambiar.”

(Los proscritos de Poker Flat, Bret Harte. Traducción: Cruz Rodríguez)

La literatura norteamericana ha producido excelentes cuentistas. Un género, el de los cuentos, aparentemente menor para lectores y críticos que no ven más allá del número de páginas pero sin embargo clave para medir la talla de un escritor. Descubrir si deja huella profunda en la arena o en la nieve que se posa en la memora.

Bret Harte no es un autor reconocido hoy ni tampoco lo fue en su tiempo pero posee una obra, sobre todo sus relatos, que ha ido creciendo con el paso de los años.

Llegué a Harte por recomendación, entre otras muchas lecturas, de Jorge Luis Borges, quien no se cansó de reivindicar el espíritu de frontera y el humanismo del escritor norteamericano. Así que atrévanse y lean a Harte. Circulan en español traducciones más que correctas que recopilan los cuentos que escribió ambientados en el lejano oeste, relatos que han contribuido a cimentar esa aureola épica que más tarde se preocuparía en reflejar el cine y que tanto debe a delicados y vigorosos narradores como Harte.

Hombre del este, Harte se trasladó al oeste, a una California enferma por la fiebre del oro.

Días duros y crueles, el escritor los describió aportándoles color y calor a través de una galería de personajes inolvidables. Le debemos a Harte además que animara a escribir a un tipo que firmaba como Mark Twain

Algunos de los mejores relatos del oeste escritos por Harte están reunidos en el volumen Cuentos del oeste o Bocetos californianos. Volumen que recoge un conjunto de historias que como La suerte de Roaring Camp, Los proscritos de Poker Flat o La Ilíada de Sandy Bar son piezas redondas, que saben transmitir emociones y dejar un sabor amargo en la boca por medidamente sentimentales.

Harte se preocupaba de su personajes y a través de ellos narraba con estilo directo historias en las que sus protagonistas resultan vencidos por las fuerzas de la naturaleza.

La violencia es un tema característico en los relatos californianos de Harte. Eran tiempos duros y crueles, pero esa violencia es original en unos hombres y mujeres que se han curtido luchando ferozmente contra las adversidades. Un grupo de invidivuos ambiguos moralmente, pero ejemplares en muchos de sus actos.

En esa obra redonda que es Los proscritos de Poker Flat, un experto jugador de cartas, “una joven familiarmente conocida como la Duquesa, otra que se había ganado el título de Madre Shipton y tío Billy, presunto ladrón de minas y borracho confirmado“, a los que se une una pareja de quinceañeros tontamente enamorados, aprenden a conocerse en una cabaña perdida en el bosque.

Mientras la nieve va cubriendo todo a su alrederdor, el grupo sobrevive compartiendo sus escasas provisiones y a permanecer unido alrededor de la hoguera mientras el más joven les cuenta de memoria los hechos de Ardides, por Aquiles, entre otros fragmentos de La Ilíada.

Lo que hace épico este relato, y lo que hace épico otros relatos de Harte, es que pese a que el fin es inevitable, en vez de provocar divisiones une a los individuos.

La aventura consiste en narrar ese proceso mientras la muerte los acecha. Y en cómo se hacen mejores personas.

Lo que importa, viene a decir Harte, son los hombres.

Y que todos los hombres tienen derecho a ser personas.

Otro gran cuentista norteamericano, O’Henry, bebió de las aguas del río que cultivó Harte. Un personaje igual de contradictorio que los de sus relatos, historias que observa siempre con prudente ironía.

Bret Harte terminó siendo nombrado cónsul en varias ciudades europeas y pasó los últimos años de su vida en Gran Bretaña, donde pasaba el rato disfrutando de la amistad de uno de los más grandes escritores del siglo XIX, Charles Dickens.

El escritor norteamericano falleció a principio del siglo XX. Más o menos al mismo tiempo que expiraba el oeste californiano que conoció.

Alguien escribió que en Harte late “el espíritu conquistador y aventurero de los pioneros y el temperamento inquieto y severo de los puritanos con un sentimiento de ambigüedad inherente“.

Yo iría más lejos, en los cuentos californianos de Bret Harte toda victoria recela una derrota.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Avenida de los Gigantes, una novela de Marc Dugain

Julio 21st, 2014

“- Eres un buen chaval, Al. No recuerdo que nunca me hayas montado una escena. Eres muy inteligente, incluso mi padre lo dice, eres bastante guapo y puedes ser tranquilizador cuando te tomas la molestia. Y ofrecer tranquilidad a una mujer es importante. Al, sobre todo para una mujer como yo que teme que su sombra se aburra menos que ella. Pero no tienes ningún deseo. ¿Por qué? ¿Cómo voy a saberlo? Cada vez que te hablo de deseo con mi cuerpo me hablas  de matrimonio con tus labios y te crispas como una estatua de cera. No soy tan intelectualmente sosa como parezco, Al.

- ¿Se lo has dicho a tu padre?

- ¿Qué?

- Todo esto.

- Ya te he dicho que no. Tengo la sensación de que es más importante para ti que yo. Sin él, te olvidarías de verme.

Pasamos una hora en silencio. Hay chicas en la que es fácil tomar el mutismo  por inteligencia y lamentarlo después. Wendy no era de ésas. Leía revistas de chicas de su edad, apacible, como si no se hubiera dicho nada esencial. La radio emitía música inglesa. Acabé marchándome.”

(Avenida de los Gigantes, Marc Dugain. Traductor: Joan Rimbau. Colección: Panorama de narrativas. Editorial Anagrama)

Hay libros que nada más abrirlos resulta imposible cerrarlos. Algo así pasa con Avenida de los Gigantes, de Marc Dugain, una novela turbadora y desconcertante, pero también insólitamente serena al abordar la mente de un asesino serial que está inspirado en un monstruo real. Cuenta la historia de Al Kenner,  un ogro de más de dos metros y con un coeficiente intelectual similar al de Albert Einstein.

No estamos, sin embargo, ante la clásica historia protagonizada por un asesino serial que se las sabe todas, una especie de atractivo Supermán del mal como Hannibal Lecter, sino ante un relato que bucea con insólita precisión en el cerebro de un hombre para el que no existe ni el bien ni el mal.

Un tipo carente de afectos y bastante miedoso que se ha acostumbrado a mimetizarse con su alrededor y a pasar desapercibido entre los demás pese a sus más de dos metros de altura.

La vida de Al Kenner, viene a decir Dugain, es la vida de un hombre que ilumina su oscuridad preguntándose si está o no loco. Un monstruo con una preocupada e insistente moralidad en la que no hay sitio para lo bueno ni lo malo. Un técnico depredador que abusa de los débiles para combatir su demoníaca desidia antes de ponerle él mismo, ¿quién si no?, punto y final cuando se convence que ya está harto.

Marc Dugain tiene la habilidad de narrar el relato desde su desconcertante punto de vista, dando voz al asesino en su patético deambular existencial. Tumbos por el sendero de la vida mientras va dejando detrás un reguero de cadáveres. Ejecuciones que, juiciosamente, Dugain sugiere y no describe.

Casi como si fueran puntos suspensivos en la memoria de su protagonista, un tipo, Al Kenner, nacido en una familia quebrada y cuyos odios y rencores libera haciendo el mal entre los más inocentes. De fondo, y como una cantinela mecánica de hilo musical, su madre. Probablemente igual de manipuladora y depredadora que su hijo.

Mientras leo Avenida de Gigantes recuerdo, es inevitable, El asesino de la carretera, de James Ellroy, solo que la voz que emplea Ellroy es furiosa, catatónica y provocativa. En la novela de Dugain, serena. Y esa desarmante serenidad convierte Avenida de los Gigantes en un relato todavía más estremecedor. De esos que hacen mirar a un lado y al otro, y que te recuerda que, antes de que te vayas a acostar, cierres muy bien la puerta de la casa.

El asesino en serie de Marc Dugain, Al Kenner, resulta creíble. Cuenta cómo nace su instinto depredador –que en la novela eclosiona en la localidad de Santa Cruz, Californoa, durante los primeros años de la década prodigiosa, los sesenta, los años del haz el amor y no la guerra mientras todo el mundo sabía situar en el mapa Vietnam– y que siga lector su gradual camino hacia ninguna parte porque para Al Kenner no hay un sendero de baldosas amarillas.

Se puede leer Avenida de los Gigantes como una novela negra y de carretera, pero también como una novela a la que no hace falta ubicarla en un género por la regular hondura psicológica con la que Dugain arma a su protagonista. Un maníaco que a ratos es consciente de su locura, aunque esos destellos de lucidez no le quiten el sueño.

Al Kenner vive porque tiene que vivir, es un aburrido, y hace lo que hace por aburrimiento. Detesta muchas cosas pero sobre todo se detesta a sí mismo aunque al final de la historia ese quejica aburrido que no se cansa de hablar consigo mismo encuentre su lugar en el mundo. Un lugar en el mundo que no es otro que un espacio donde están empeñados en explorar su cerebro.

Avenida de los Gigantes es una novela que no se preocupa en preguntarse los por qué sino en contar el qué.

Marc Dugain evita juzgar moralmente a su protagonista, para eso escribe la novela desde dentro del monstruo, así que no propone ninguna negociación con el lector para que continúe adentrándose en la mente de un depredador que, pese a ser un aburrido, hace lo que hace. Impulsos asesinos que resuelve literalmente y no fragmenta en su imaginario particular.

Un hombre que solo se pone en acción cuando hace el mal. Un mal que sabe que es mal, aunque para él bien y mal sean solo estados de la conciencia que tienen los demás.

No sé si Avenida de los Gigantes es la gran novela que un escritor francés intenta escribir sobre el crimen en la cuna de la moderna democracia occidental, los Estados Unidos de Norteamérica, pero por intentos que no sean. Exploraba con otras claves, a veces coincidentes, el carácter de otro depredador en su biografía novelada sobre John Edgar Hoover (La maldición de Edgar), pero mejora en su retrato de Al Kenner –muy inspirado en el asesino serial Ed Kemper– al no desbordarle los acontecimientos personales y políticos que rodearon al fundador del FBI.

Ambos personajes, Hoover y Kenner, tienen sin embargo más de una cosa en común, como su enfermiza habilidad para el camuflaje

La novela de Marc Dugain se lee de un tirón, y son más de trescientas páginas de un largo monólogo interior que interrumpe en ocasiones por la tercera persona para devolver al lector a que sea, precisamente, un lector distanciado. Que contemple desde fuera a quien ahora conoce por dentro.

La lección solo provoca desasosiego y no sabes donde poner las manos. El retrato que Dugain hace de Kenner hipnotiza, descoloca, te obliga a que entiendas que ese monstruo de más de dos metros y un coeficiente similar al de Einstein es un hombre.

Y que te preguntas qué hacer con todos esos hombres y mujeres.

Esos hombres y mujeres que son un lobo para el hombre.

Según Marc Dugain,  Al Kenner tiene la respuesta.

Y a ti no te gusta.

Saludos, preferiría no hacerlo, desde este lado del ordenador.

Damos la nota con Rezzori, Periplo y MiradasDoc

Julio 18th, 2014

* Gregor von Rezzori es un escritor de cabecera para una inmensa minoría de lectores que, por una u otra razón, descubrieron sus libros. Desde hace unos años el traductor y también escritor José Aníbal Campos lidera un cruzada personal que pretende poner en su sitio la literatura de Rezzori en español. Así que merece el esfuerzo iniciarse en esta sociedad mixta, de damas y caballeros. La revista Crítica de la Universidad de Puebla, Méjico, publica bajo la coordinación de Campos un número especial, un monográfico dedicado al autor de, entre otras novelas, Edipo en Stalingrado. La publicación coincide además con el centenario del nacimiento del escritor, un tipo con un desconcertante sentido del humor, y en la que colaboran entre otras firmas la del cineasta alemán Volker Schlöndorff, Claudio Magris, Emanuelle Carrère, Jorge Herralde, Mario Domínguez Parra, Bruno Mesa y Ana Lina. Y no, no nos olvidamos el enlace para explorar las luces y sombras que dibujan el perfil de este escritor. Un referente, ya se ha dicho, para una inmensa minoría de lectores.

* Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz, celebra su segunda edición del 15 al 21 de septiembre. Periplo es el único festival dedicado a la literatura de viajes y a las otras artes que han creado un lenguaje particular en torno al viaje y la aventura. Es una manera de rendir homenaje “al pasado cultural y de destino de viajes que son señas de identidad de Puerto de la Cruz”, destaca la concejala de Cultura del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, Verónica Rodríguez. En esta segunda edición, el festival mantiene las secciones creadas en 2013, entre las que se encuentran Nada que declarar. Mujer viajando sola y Conversaciones en La Ranilla, en las que los autores mantienen un encuentro con un interlocutor especial. Además, entre estas secciones se encuentran Tan lejos, tan cerca y Derribando murallas. Itinerarios vitales.

* La novena edición del Festival Internacional de Cine Documental de Guía de Isora (Tenerife), MiradasDoc, se celebra del 1 al 8 de noviembre. Esta edición incluye en su agenda un programa en tres líneas: el festival, el área de mercado y el área formativa. La inscripción se gestiona a través de la página web del festival, en la dirección  www.miradasdoc.com (pestaña Market/Inscripción). Pueden presentar proyectos al pitching productoras de Asia, África y América Latina, así como productoras de otros países cuyo proyecto vaya a ser realizado en los llamados países del Sur o aborden temática sobre relaciones Norte-Sur. Para los documentales producidos desde Canarias, MiradasDoc Market mantiene la temática libre.

Saludos, pegado al paraíso, desde este lado del ordenador.

‘Un paso al frente’, una novela sobre las fuerzas armadas de Luis Gonzalo Segura de Oro Pulido

Julio 17th, 2014

“‘¿Falta grave? ¿Por no avisar al coronel con antelación de que íbamos a realizar un registro? ¿Cómo voy a avisar a alguien  a quien investigo con antelación  sobre un registro que le voy a hacer? Es una locura y una negligencia. Encima me dicen que me pueden encerrar en un centro displinario de uno a tres meses y expulsarme de la judicatura. No puedo entenderlo’, se lamentaba Álex que se debatía entre la sorpresa, la indignación y la rabia.

Al final, las palabras del coronel  habían sido proféticas: ‘Eres un mierda de teniente y te puedo empapelar“.

(Un paso al frente, Luis Gonzalo Segura de Oro Pulido, Tropo Editores)

El teniente del Ejército Luis Gonzalo Segura de Oro Pulido presentó en mayo, y también en junio, su novela Un paso al frente en Santa Cruz de Tenerife. El libro ya va por su cuarta edición y desde que apareció en las librerías ha generado un intenso debate en la sociedad civil y un terremoto en la institución militar española.

En las entrevistas que concedió durante su paso por la isla no se cansó de repetir que tras la publicación de la obra podían caerle dos años de cárcel. Al final, y por noticias que leemos recientemente en varios medios de comunicación, el autor ingresará este viernes, 18 de julio, en un centro disciplinario “acusado de dos faltas graves tras la publicación y promoción de un libro en el que denuncia abusos y casos de corrupción dentro del Ejército. Por el momento, tendrá que pasar dos meses encerrado y perderá su destino dentro de las Fuerzas Armadas.”

El golpe tiene que haber sido demoledor para este militar que cambio el CETME por el teclado de un ordenador para cantarle las cuarenta a tan alta institución, y manifiesta nada más conocer la noticia: “No puedo creerme que estén yendo a castigarme en vez de investigar las cosas que denuncio. Ni un sólo juez militar me ha pedido las pruebas que tengo ni siquiera se ha interesado.”

Más cuando son esas pruebas las que emplea –asegura Luis Gonzalo Segura de Oro Pulido– para armar Un paso al frente, novela en la que critica a través de sus protagonistas escandalosas corruptelas que se dan en el seno militar. Mete el dedo –con razón o sin ello eso es algo que deben de juzgar los lectores– en el enchufe.

Al margen de valorar las acusaciones que hace Luis Gonzalo Segura en su novela, algunas de ellas escandalosas, más si tenemos en cuenta que por primera vez se fotografía lo que, presuntamente, pasa dentro de los cuarteles, Un paso al frente no funciona como novelas como sí funciona la polémica que rodea al libro.

Lo traiciona su disfrazada vocación de denuncia hacia una profesión, como es la militar en España,  que según Segura de Oro Pulido es endogámica. Y por endogámica, en la que resulta casi imposible prosperar si no se cuenta con un pasado de veteranos soldados. Un trabajo, en definitiva, que no  sabe o no quiere, según la tesis del autor, adaptarse, democratizarse con los tiempos.

El problema de Un paso al frente es que se trata de una novela en la que el desafío del autor ha superado a los protagonistas de su historia. Lo manifiesta en sus opiniones, en las que viene a denunciar que un funcionario sin currículum familiar lo tiene muy difícil para ascender galones en esta estructura administrativa. Y eso  empañan un relato que  recupera colorido y ritmo en Afganistán. Capítulos donde Gonzalo de Oro Pulido pinta un eficaz retrato del trabajo que realizan los soldados españoles en territorio hostil.

El autor de la novela no se cansó de explicar durante los meses que estuvo ocupado en la  promoción del libro que su única intención era denunciar una organización que, a su juicio, está senil. No obstante, Un paso al frente como novela y analizada como novela apenas alcanza un aprobado raspado.

Lo que cuenta y cómo lo cuenta es otra cosa.

Sirviéndose de una ficción que aparentemente está basada en hechos reales, Un paso al frente narra la enfermiza corrupción que corroe al modelo militar actual español. De cómo los poderosos, los oficiales de alta graduación, acosan o reprimen con total impunidad y con la connivencia de la justicia militar.

En mayo tuve la oportunidad de conversar con Luis Gonzalo Segura sobre su libro, y la sensación que tuve de aquel encuentro fue la de hablar con un hombre al que los acontecimientos parecían desbordar aunque, en conciencia, parecía que se había liado la manta a la cabeza para dar su paso al frente.

A lo largo de la charla citó a Ramón J. Sender y Arturo Barea como ejemplos precedentes de su paso al frente.

A Sender y Barea le debemos quizá dos de los retratos más crudos, críticos pero no antimilitaristas de la guerra que sostuvo este país con Marruecos: Imán y La forja de un rebelde.

Imán y La forja de un rebelde se han convertido con el paso de los años en clásicos de la novela militar española no solo por lo que denunciaron sino también por cómo están escritas como novelas. Sender y Barea son además dos españoles que han logrado que me sienta tontamente orgulloso de ser español, aunque hoy reivindicar esa cultura parezca cosa de idiotas y el debate prefiera derivarse a la defensa o no de los toros.

Encuentro intenciones de encender la chispa de Imán y La forja de un rebelde en Un paso al frente, aunque en la novela de Luis Gonzalo Segura de Oro Pulido todo está como en un estado embrionario.

Sujeto, paradójicamente, a una disciplina que quebraron Sender y Barea.

Pero ellos publicaron sus novelas en otro periodo de la historia de esta Expaña nuestra. Unos años en los que todavía se podía creer en transformar las cosas.

Despues vino una guerra y cuarenta años de miedo.

Saludos, érase una vez en…, desde este lado del ordenador.