Víctor Ramírez, candidato al Premio Internacional de Literatura Carlos Fuentes 2018

Julio 18th, 2018

El escritor Víctor Ramírez ha sido postulado oficialmente al Premio Internacional Carlos Fuentes 2018, galardónque convoca cada dos años la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y la Universidad nacional mexicana. En ediciones anteriores resultaron ganadores Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez de Nicaragua o el mexicano Eduardo Lizalde. El premio consiste en doscientos cincuenta mil dólares y una escultura del artista Vicente Rojo.

Por primera vez un autor canario es considerado como candidato por una universidad mexicana, la postulación del autor de libros como Nos dejaron el muerto ha sido formulada desde el Instituto de Bellas Artes de la Universidad Juárez del Estado de Durango en el norte de México, por representar la obra literaria de Víctor Ramírez” un exponente singular de la narrativa en español desde la condición de la insularidad bajo un anclaje tricontinental entre África, Europa y América!.

La obra literaria de Víctor Ramírez se encuentra reconocida como una de las voces de la Generación del 70, siendo destacable la aparición de varias tesis en Italia y Senegal sobre su novela Nos dejaron el muerto, de la cual se realizó la película La caja en 2007, dirigida por Juan Carlos Falcón.

Víctor Ramírez, nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1944 y es miembro de la Academia Canaria de la Lengua.

Saludos, ya sabe, desde este lado del ordenador

Retratos ‘algo’ macabros sobre la condición humana

Julio 17th, 2018

Juan R. Tramunt es un escritor que se preocupa por dar carácter a sus personajes y crear atmósferas aunque no cuida tanto el sentido de la historia, lo que a larga puede descompensar las expectativas que como lector despierta la colección de relatos que reúne en Nunca más la noche (Baile del sol, 2018) seis narraciones (Betsabé, La habitación abuhardillada, La fiesta, Zapador, Aurora y Relato inconcluso) en las que indaga en las fuerzas de la naturaleza humana con resultados regulares.

En casi todas las historias cobra vida cierto vampirismo existencial. Las relaciones entre sus protagonistas son resultado de inquietantes aunque familiares juegos de poder y la acción se desarrolle en escenarios cotidianos pero diferentes donde los personajes que intervienen apenas tienen que ver unos con otros en los seis relatos que contiene un libro que incluye más que un cuento una novela corta, Betsabé, que no termina por definir demasiado bien sus intenciones y que deja en el aire mucho de los planteamientos que propone.

No sucede así con La habitación abuhardillada que, en nuestra modesta opinión, es uno de los mejores cuentos del libro no solo por sus intenciones metaliterarias ni su inquietante homenaje más que a Poe, al universo lovecraftiano por el escenario en el que se desarrolla, sino por los personajes que en él intervienen, una pareja y un extraño dibujante de historietas que además de escribir y dibujar sus tebeos, colorines, chistes, cómics, cuenta con una prodigiosa biblioteca en la que se encuentran clásicos y modernos del noveno arte.

Este relato describe muy bien la atmósfera opresiva que se respira en esa vivienda en la que recala la joven pareja en un viaje relámpago a Madrid y logra que lo imposible se haga posible a medida que se avanza en su lectura.

El tercer relato que contiene el libro se titula La fiesta y en él se mantiene ese pulso entre lo real e irreal que caracteriza a todos estos cuentos y la novela corta que incluye el libro aunque no termina de convencer, quizá sea porque pese a sugerir más que decir no se aprecia que detrás de la sugestión, de ese velo que camufla todo con forma de palabras, se transmita algo que demandaba más sustancia. Está bien escrito, como todos los relatos de esta compilación, pero le falta carne para dar solidez al conjunto final.

El vampirismo, un vampirismo metafórico que aparece y se extiende en un ambiente cotidiano y familiar, vuelve a ser protagonista en Zapador, en el que se narra una historia de dominio con aires inquietantes. Un piso de estudiantes y sus moradores son los protagonistas de un relato que sin embargo no termina de encontrar su lugar aunque está escrito con notable pulso narrativo. Por desgracia, las posibilidades que prometía terminan por disolverse probablemente por el equilibrio, no siempre conseguido, que Juan R. Tramunt intenta mantener entre lo real e irreal.

No se trata así de visiones sórdidas sobre el ser humano pero sí de explotar muchas de las contradicciones que arrastra en sus relaciones con los demás. Otros de los grandes temas del libro son, en este sentido, las obsesiones que desencadenan estropicios sentimentales y la confianza y desconfianza no ya en el otro sino en sí mismo.

El quinto cuento de Nunca más la noche, Aurora, es la descripción de un amor con tintes vampíricos que termina en tragedia. O no, eso depende de la manera en cómo se interprete una historia cuya protagonista es una magrebí que trabaja en una casa de europeos que está perdidamente enamorada de su marido, el jardinero de la casa, y hombre de respeto en su comunidad porque conoce la palabra y cuenta historias.

Lo interesante de este relato son dos mundos que conviven pero están alejados porque ninguno, magrebíes y europeos, tiene demasiado interés en conocerse. Se dan por satisfechos mientras cada uno de ellos respete los límites que marcan el territorio en el que viven en común.

Relato inconcluso es el último cuento, el que cierra un libro que no termina de ser redondo. Se trata así de un juego literario que tiene cierto interés pero que carece de hondura. La sensación que deja en el ánimo lector es que podría haberse prescindido perfectamente de este cuento que finaliza un volumen que no deja de tener el interés que caracteriza la producción literaria de uno de los escritores más interesantes que actualmente escriben y publican en las islas.

Un autor, Juan R. Tramunt que si por algo se define es por ser, precisamente, un autor que imprime de constantes su obra. Una obra que se apropia de géneros que adapta a su manera de entender la literatura. Lo hizo con el thriller en La piel de la lefaa y con la ciencia ficción en la notable Anturios en el salón.

Lo intenta, aunque con resultados irregulares con la de corte psicológico en estos seis relatos que reúne en Nunca más la noche, un título que a su manera anticipa al lector el material que se va a encontrar una vez abra las páginas del libro.

Saludos, abre los ojos, desde este lado del ordenador

Eugenio Carmona: “Picasso fue un intelectual que se disfrazó de salvaje”

Julio 16th, 2018

El catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga Eugenio Carmona Mato impartió hace unas semanas la conferencia La invención de la realidad en el arte en TEA Tenerife Espacio de las Artes, charla que formó parte de las actividades paralelas a la exposición Enigmas exactos: Carlos Chevilly y la naturaleza muerta moderna, una muestra comisariada por Isidro Hernández que es la mayor dedicada hasta la fecha a Carlos Chevilly de los Ríos (Santa Cruz de Tenerife 1918-1978).

- ¿Conocía la obra de Carlos Chevilly?

“No la conocía aunque gracias a esta exposición tengo ahora una idea de que se trató de un artista con intenciones muy concretas y elaboradas. Es probable que alguna obra aislada lleve a conclusiones erróneas sobre su pintura pero en conjunto su obra se caracteriza, a mi juicio, por contar con la herencia de determinadas tradiciones del arte moderno español que pese a que perdió algunas de sus referencias por la Guerra Civil, continuó explotando otras. En este sentido, Carlos Chevilly es algo así como el punto y final del realismo mágico y la nueva objetividad que configuró la modernidad española”.

- ¿Qué destacaría de su trabajo?

“Lo que me atrae es que para Carlos Chevilly más allá de la técnica, la pintura es un medio y no un fin. Para Chevilly como para Salvador Dalí y René Magritte la técnica es técnica de corrección figurativa al servicio de un mundo que tiene claro la pintura metafísica, el realismo mágico y la nueva objetividad lo que implica el desbordamiento del individuo como sujeto y su comprensión metafísica hasta las cualidades de los objetos en su proceso de personificación; como si los objetos pudieran alcanzar la subjetividad ya que en estas obras nos relacionamos con ellos como si fueran sujetos y no objetos y es este proceso de desplazamiento, de descontextualización, lo que hace fascinante la obra de Carlos Chevilly”.

- Usted es especialistas en vanguardias artísticas, ¿cómo valora el trabajo de los surrealistas tinerfeños y el escaso eco que todavía tienen a nivel nacional?

“Pues que su papel fue decisivo. La existencia de Óscar Domínguez como referente es notable porque se trata de un artista con capacidad magnética que en los años 40 nos hace ver que la vanguardia española estaba viva y que su ciclo histórico no desapareció con la Guerra Civil. Domínguez, además, es un pintor que cuenta con valores estéticos y plásticos con los que representa su propio mundo. Un mundo aparentemente racional”.

- Sin embargo el artista tinerfeño no está suficientemente reconocido, pasa lo mismo con los demás miembros que se aglutinaron en Gaceta de Arte…

“Se trata de un problema educacional pero no soy quien para solucionarlo. La generación del 27, por ejemplo, aparece en los libros de textos y en los planes de estudio como si se hubiera desarrollado en toda España sin caer en la cuenta que los poetas que la configuran viven en un universo castellano andaluz y no catalán, vasco o canario, aunque se cruzaran correspondencia. En las regiones de España se viven situaciones diversas por lo que hay escritores y poetas que deberían ser estudiados a la par de la Generación del 27. En cuanto al arte, Óscar Domínguez es un caso porque hace Santa Cruz de Tenerife-París sin pasar por Madrid, por eso digo que hay que saber enfocar con la idea de configurar una narrativa más acorde con la realidad del momento y del lugar y relacionarlos unos con otros para formar una red”.

- Usted es especialista en la vida y obra de Pablo Picasso, ¿cómo llegó a él?

“Nací en la misma plaza donde vino al mundo, la de la Mercé en Málaga pero no fue hasta los años setenta, cuando la cultura pop ya había dado un giro y aparecía la postmodernidad cuando encontré a Picasso, un artista que estaba poco considerado entonces en el sur de España aunque ahora es todo lo contrario gracias al esfuerzo de Cultura y al cambio de estructuras que se promovieron en diversos lugares de todo el Estado cuyo esfuerzo fue enorme y no debemos olvidar aunque ahora se esté perdiendo la perspectiva de lo que se hizo. Yo llegué a Picasso por mi afición a la poesía. Un día, siendo muy joven, encontré en uno de los facsímiles de la revista Litoral dibujos de Juan Gris y de Pablo Picasso en el número especial dedicado a Góngora que fue tan importante y gracias a esas páginas reflexioné sobre los pintores que colaboraban en la revista y el arte español de los años veinte”.

- ¿Quién es Picasso?

“Picasso es un artista demoledor, saturniano y profundamente difícil. Él mismo provocó una narrativa sobre su obra basada en las relaciones con sus amantes que no se corresponde con la realidad de su trabajo aunque sí que forma otra parte de su obra. Al desmontar al personaje, descubrí quién era Picasso”.

- ¿Y qué descubre?

“Pues que es un tipo que en 1936 se implica con la II República aunque en 1917 deja de seguir la Revolución rusa al vivir en París con una exiliada zarista. La fascinación que ejerce el personaje es que tuvo una continua capacidad de rehacerse y de contradecirse por lo que te encuentras a cada paso con un artista que renace y que es distinto aunque mantiene su carácter de intelectual porque Picasso fue un intelectual que se disfrazó de salvaje. Era hijo de un catedrático y su madre pertenecía a una de las familias de la burguesía dominante de Málaga. No procede del mundo artesanal y conoce a los pintores malagueños del XIX, que le regalan cosas y se hospeda en la casa de Santiago Rusiñol al llegar a Barcelona y en París se relaciona con artistas y escritores. Picasso es un gran intelectual que odia serlo, quiere oponer el vitalismo absoluto a la vida intelectual y esa lucha de valores es la que lleva a que se plantee qué es el deseo y la muerte, un deseo que siempre está en relación con lo que es ético o no, y ahí está Picasso, en esa lucha entre abolir o no las normas sociales”.

- Durante un tiempo se dijo que Picasso más que pintor español fue un pintor francés.

“No tiene razón de ser porque Picasso a lo largo de su obra se rodea de los mitos culturales españoles. Además, detestaba el buen gusto, el spleen y el culto intelectual galo. Su origen es andaluz, un andaluz profundo aunque como tantos malagueños no se plantea de donde es porque es muchas cosas. Durante un tiempo se identifica plenamente con la cultura catalana y con ese bagaje catalán y andaluz llega a París donde vive en un ambiente artístico internacional en el que proyecta la imagen de una persona primitiva cuando en realidad no lo es. Coge de la cultura francesa lo que le interesa y modela una personalidad que se aprecia muy bien en sus escritos, ya que en la escritura automática aflora lo que el individuo tiene en su acervo personal, en el caso de Picasso una suma de culturas que él elabora. Es importante reseñar cómo descontextualiza la pintura occidental a través del arte primitivo y que se trata de un artista que nace con el museo en la cabeza”.

- ¿El museo en la cabeza?

“Los artistas hasta Picasso no trabajaban con el museo en la cabeza pero él sí. El museo como estructura mental y como institución en la que exponer su trabajo. Eso explica que haya tantos Picasso en los museos”.

PICASSO NO NOS NECESITA

El catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, Eugenio Carmona, recomienda enfrentarse a la obra de Pablo Ruiz Picasso sin prejuicios y una mirada inocente que le permita la sorpresa ante ante el pálpito vital que se respira en muchos de sus cuadros. No se muestra partidario así de intentar convencer al público, sino que sea el espectador quien descubra la belleza de la obra del pintor malagueño.

“Picasso no nos necesita”, dice Carmona. Cada día aparece una noticia publicada en cualquier periódico del mundo relacionada con él. Y al mes, aparece un artículo científico en revistas especializadas que ilustra la actualidad de un artista que no dejó de producir a lo largo de su vida. Su producción es ingente, tanto, que Jorge Luis Borges llegó a decir que era imposible que su biblioteca contara con más libros sobre Picasso porque se editaban demasiados. “La obra de Pablo Picasso permanece y permanecerá siempre. porque continúa siendo el artista más cotizado y del que más se escribe, también es el que genera más noticias. Su última gran obra fue hacer de sí mismo y su vejez una obra de arte, la de un hombre que pese a su edad baila, ríe y ama. Su obra conmueve porque representa la vida y el deseo”.

Saludos, picassianos, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Expulsad a los mercaderes de la Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife!!!

Julio 13th, 2018

Nos encontramos a la salida de TEA Tenerife Espacio de las Artes con una amiga que suele visitar dos o tres veces a la semana la Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife para sacar algún libro o película. La Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife está integrada en TEA, un espacio que es la joya de la corona, con permiso del Auditorio, de esta entrañable y pequeñita capital de provincias.

Le preguntamos a nuestra amiga la razón de su enfado y explica que le prohiben entrar en la Biblioteca porque “solo admite a los que están acreditados en el mercado curtural Mapas”, así que las mesas que ocupan habitualmente los estudiantes se utilizan ahora para hacer negocios, contrataciones que de eso va la historia, en unas instalaciones que deben de estar dedicadas al préstamo de libros y dedicadas al estudio y la lectura.

Bajamos para comprobar si es cierto lo que nos dice la amiga porque no terminamos de creernos (y si nos lees, discúlpanos) que la Biblioteca se emplee para estos menesteres aunque, sorpresa, dos chicas que actúan de cancerberos nos preguntan si estamos acreditados.

¿Acreditados, mi niña, para entrar en una Biblioteca pública?

Nos responden que eso no importa, que tal día como hoy, cautiva y desarmada la Cultura, la Biblioteca permanecerá cerrada para el público. Lo que resulta paradójico porque, hasta que alguien nos demuestre lo contrario, la Biblioteca Municipal Central es, precisamente, pública.

La situaciòn es patética pero resulta tan TEA Tenerife Espacio de las Artes que la prohibición se asume como otra más (y van) equivocada política curtural más que cultural del espacio. Nos preguntamos, es inevitable, si el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de la capital tinerfeña no contaban con otras áeras para acoger lo que no es otra cosa que un mercado.

Sugerimos para evitar este tipo de cacicadas el Recinto Ferial o el Auditorio, entre otros espacios de dimensiones considerables para acoger las sesiones de negocios de Mapa. La idea es que dejen de joder a los usuarios de la Biblioteca.

No obstante y pese a este canto a lo ¡viva el mal!, ¡viva el capital! de la dirigencia curtural de la isla y de la capitá tinerfeña, en la entrada de TEA nos informan que la Biblioteca permanecerá cerrada al público hasta las cuatro de la tarde y no todo el día como nos transmitieron los ángeles custodios. A partir de esa hora, se supone que la Biblioteca recuperará su actividad original.

Hasta entonces, la Biblioteca Municipal Central continuará siendo una casa de comercio…

Saludos, Tenerife tiene seguro de sol, desde este lado del ordenador.

Azul de prusia, una novela de Philip Kerr

Julio 12th, 2018

Para los que somos seguidores de la serie protagonizada por Bernie Gunther la noticia de la aparición de una nueva novela del personaje es una fiesta. Una fiesta amarga este año, ya que en marzo pasado falleció en Londres su creador, el escritor Philip Kerr, aunque antes de morir dejó dos novelas de Gunther terminadas, una de ellas, Azul de Prusia, se presentó en español en junio pero no se sabe todavía la publicación de la siguiente aunque es tal el éxito del que disfrutan las novelas de Gunther en España que se espera que se produzca a finales de 2018 o inicios del 2019.

Philip Kerr dejó antes de fallecer trece novelas sobre su peculiar investigador. Un hombre, Bernie Gunther acostumbrado a nadar a contracorriente y a trabajar para los malos. Los malos son los nazis ya que el personaje es alemán y vive e investiga antes, durante y después de la II Guerra Mundial, periodo el de la postguerra en el que tiene que huir tanto de los aliados como de sus propios compatriotas porque puso su talento deductivo al servicio de Reinhard Heydrich, el temido jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA) –organismo que agrupaba a la Gestapo, a la KriPo, y al SD– y más tarde Reichsprotektor del Protectorado de Bohemia y Moravia, la actual República Checa hasta el atentado que puso fin a su vida en junio de 1942.

Azul de prusia (RBA, 2018), como otras novelas de la serie, transcurre en dos tiempos: 1939 y 1956. De hecho, son unos acontecimientos que transcurren en 1956 lo que hace viajar al pasado al intrépido e irónico protagonistas de la novela, y año en que su jefe, Heydrich lo envía a la segunda residencia de Adolf Hitler, el Berghof y para ponerse a las órdenes de Martin Bormann con el fin de resolver un caso de asesinato antes de que el mismísimo Fhürer llegue para celebrar esta residencia su cumpleaños.

Gran parte de la novela se desarrolla así en el Berghof, situado en los Alpes bávaros, y en los alrededores de Berchtesgaden, la idílica ciudad que se encuentra muy próxima a Austria y que durante los años de gobierno del nacionalsocialista se convirtió en un centro de poder que hizo palidecer a Berlín, ciudad en la que nació Bernie Gunther y que detestaba tanto Hitler como muchos de sus seguidores, la mayoría de ellos naturales de provincias.

A medida que avanza la novela su capacidad adictiva se multiplica no ya solo por llegar a conocer quién es el asesino de un nazi al que no quiere casi nadie sino también por el ambiente en el que tiene lugar la acción, montañas nevadas y mansiones de invierno, y el retrato que hace de algunos de los jerarcas nazis que aparecen en la novela, comenzando por Martin Bormann, a quien describe como un hombre profundamente corrupto moral y físicamente hablando.

En este escenario y rodeado de enemigos, Bernie Gunther hace su trabajo de policía. Es un buen agente de la ley en un país, Alemania, gobernado por un partido que tiene, entre otras prioridades, la de declarar la guerra a Polonia.

El lector iniciado en la serie apreciará que Philip Kerr conocía muy bien el universo en el que se desarrollan las novelas de Gunther por lo que el retrato de muchos de los personajes reales que se cruzan en estos relatos y pese a estar vistos a través de la mirada de Bernie, resultan muy cercanos por personales. Kerr no pierde además el sentido del humor que equilibra el tono entre el horror y la diversión de estas novelas, donde –se insiste– lo que interesa más que la trama detectivesca es la fotografía que hace de unos tiempos donde la gente se acostumbró a vivir con el miedo en el cuerpo. A desconfiar también de su vecino e incluso de su familia por lealtad a un hombre, Adolf Hitler, que embaucó y se metió en el bolsillo a los alemanes.

La parte que trascurre en 1956 en Azul de Prusia se limita a contar una huida, la de Bernie Gunther de unos agentes de la Stassi que lo buscan tras negarse a asesinar a una espía de la RDA que se ha refugiado en Francia. No se va a revelar en estas líneas el final de ninguna de estas dos historias paralelas pero sí se puede decir ambas que ambas terminan por confluir. Se aprecia que Philip Kerr se sentía muy cómodo escribiendo historias de y sobre Bernie Gunther.
A la espera de la publicación de la última entrega que escribió sobre el personaje solo cabe ahora releer las anteriores para atenuar, si cabe, la sensación de adicción que implica introducirse en el turbulento y complejo mundo de un policía y más tarde investigador privado a su pesar que puso su talento al servicio de los monstruos.

Saludos, hasta la vista, señor Kerr, desde este lado del ordenador

¡¡¡Chacho, el barrio es nuestro!!!

Julio 11th, 2018

Hace tiempo que no sale del cine con tal subidón de adrenalina, debe ser efecto de la Purga que se le ha metido en el cuerpo a través de los ojos, de la película que hace ya la cuarta entrega de una serie en la que los blancos solían llevar la voz cantante hasta el día de hoy, donde cautivos y desarmados los negros se han hecho con el protagonismo para realizar la que, probablemente, sea la más estrafalaria y radical de todas. Estrafalaria y radical porque propone una delirante guerra entre blancos y negros en un rincón de los Estados Unidos de Norteamérica, State Island que, en la película que dirige el afroamericano Gerard McMurray se convierte en campo de pruebas y también de batalla de este brutal experimento que ya nos contaron a su manera las tres películas anteriores.

La primera purga, la noche de las bestias es un descarado homenaje a las blackexploitation que en los años setenta reivindicaron el poder negro desde las salas de cine. Shaft, Cleopatra Jones, los western ya clásicos que protagonizó el gran Jim Brown, Blácula, entre otros, generaron un atractivo sistema de estrellas entre los que figuraban el ya mencionado Jim Brown, Fred Williamson y Pam Grier, por mencionar solo algunos, y cine que ponía especial atención a la música (mucho soul con algo de blues) y al escenario en el que se desarrollaba la acción: el barrio.

Un barrio amenazado por blancos supremacistas, hijos de la gran puta que no se cortaban un pelo en aniquilar a todo negro que se le cruzara por delante infestando las aguas de la ciudad con un virus que solo afectaba a los de color o exterminándolos de otras maneras porque eran simple y llanamente negros.

Estas películas, que curtieron a toda una generación que, pese al color de su piel, estaba del lado de los negros porque eran los chicos del barrio, se caracterizan por su mensaje plano y violento, así como tremendamente racial donde lo bello es ser negro y lo malo ser blanco. Elementos que se reproducen con bastante algarabía en La primera purga: héroe cachas, novia que le canta las cuarenta al principio para rendirse finalmente a él, macho alfa de la manada mixta que lidera y secundarios entre los que se incluye además del chico adolescente problemático que quiere ganar dinero fácil como camello a una tipa que suelta los chistes necesarios pero sin puñetera gracia para relajar la situación, una situación que progresivamente se va poniendo caliente hasta eclosionar en una orgía de peleas en la que se reparte mucha leña.

Es una pena que el cine de verano de la plaza de toros haya muerto porque esta Purga era idónea para haber sido estrenada en aquel coso donde la pantalla se sacudía si había viento mientras la parroquia no dejaba de meterse con el linterna al tiempo que le gritaban a los protagonistas de la cinta. Aquellas inolvidables píldoras de sabiduría con las que se le recomendaba al héroe, en esta película el negrata, que se dejara de palabras y pasara a la acción.

Algo así como

“métele mano ya, chacho”

O

“cuidado con er nota, flaco”.

Lo curioso, no obstante, de esta recuperación del blackexploitation es que el héroe, el Che Guevara negro que arriesga su pellejo por salvar el barrio, es que es un narcotraficante del… precisamente barrio. Un mafia que toma conciencia no sé si social cuando se produce esta primera purga diseñada para acabar con los pobres –los negros, aunque otras minorías raciales aparecen tímidamente representadas en la película como la oriental pero ni asomo de la hispana– con el objetivo de consolidar la autoridad del nuevo gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica que dirigen nuevos padres fundadores cuya representación recuerda a la que inspiró al maestro John Carpenter en esa declaración de principios en favor de los derechos del individuo que es 1999: rescate en Nueva York.

Estas reflexiones y otras más suscita una película tan pequeña como deliciosamente loca y de barrio como es La primera purga, cine de clase B que parece de los años setenta porque bebe de las fuentes de la blackexploitation para mearse en los blancos y de paso reivindicar que el barrio es nuestro.

La película está trufada así de perturbadoras imágenes sacadas de esa pesadilla que forma parte del imaginario afroamericano frente al blanco: policías de piel rosada a punto de darle una paliza a un hombre de color indefenso; hombres del Klan que recorren en motocicleta y armados hasta los dientes el barrio y un tío Tom drogadicto y por eso mismo malvado al que llaman Skeletor… Por último, un ejército de blancos racistas deja de llevar máscaras (la máscara se emplea como recurso para que el espectador no sepa que se tratan de blancos, así de simple y así de contundente se las gastan en esta barriada cinematográfica) cuando el carnaval deja de ser una fiesta y pasa a convertirse en genocidio de los parias de la tierra que son los negros.

El mensaje es claro y directo: autodefensa. Y para hacerlo, se insta a actuar primero frente al agresor, el hombre blanco. Es decir, haz como él y olvida el rollo del gospel y el lamento del blues. Ahora lo que prima es cantar rap con una ametralladora aullando entre las manos.

Esto de transformarse en el otro ha dado origen a varias películas afroamericanas que procuraron que cambiara la percepción del blanco hacia la comunidad negra. Recuerdo, entre otras, la estupenda Watermelon Man, un filme de Melvin van Peebles en el que un blanco se despierta una mañana convertido en un negro y el episodio que dirigió John Landis para la películaTwilight Zone que protagonizó Vic Morrow, quien falleció violentamente durante el rodaje o la perturbadora Atrapado (Desmond Nakano, 1995) en la que se proponía un mundo dominado por los negros y en el que los blancos eran sus servidores y que protagonizaba, entre otros, John Travolta y Harry Belafonte.

La primera purga no tiene los objetivos regeneradoras de ninguna de estas cintas. Está más cerca de los filmes de explotación que en los años setenta apostaron por reflejar un black power que cuarenta años después se ha refinado como pasa en la irregular Déjame salir de Jordan Peele o bien se sale del tiesto dentro de unos límites como en La primera purga donde solo hay buenos (los negros) y malos (los blancos) porque el barrio, es una advertencia, es nuestro.

Saludos, black power, desde este lado del ordenador