Pestañas fucsias, una novela de Antonio Daniel García Orellana

Mayo 28th, 2020

Premio Benito Pérez Armas en su trigésimo cuarta edición (2018), Pestañas fucsias, del escritor y dramaturgo Antonio Daniel García Orellana, se publicó un año después sin demasiadas alharacas ni la debida promoción que se esperaba por ser la novela ganadora del certamen.

Es probable en todo caso que debido al cansancio que arrastra la entidad convocante, antes caja ahora fundación, y a una larga serie de novelas premiadas muy desiguales en los últimos años, expliquen el escaso recorrido de un libro que sin ser notable no disgusta leerse en los tiempos que corren. Uno imagina incluso que esta circunstancia podría servir para respaldar su promoción si la situación provocada por la Covid-19 se normaliza tal y como todos esperamos.

El planteamiento de Pestañas fucsias es interesante ya que se desarrolla mayoritariamente en una página web, Domine, en la que su creador, que se esconde bajo una máscara de papel de plata y el nick de Aracne, muestra en directo las acciones que comete contra una adolescente a la que supuestamente ha secuestrado. Paralelamente, mantiene un diálogo con los usuarios de la web, quienes asesoran al supuesto secuestrador sobre el trato que debe recibir la supuesta secuestrada.

El nick de uno de ellos es, precisamente, el que da titulo a la novela, novela que se construye fundamentalmente a través de las conversaciones que mantiene con Aracne y Aracne con otros usuarios de la página.

Al margen de la web, y un espacio de televisión de contenidos amarillistas que también tiene su protagonismo, estos elementos sirven a Antonio Daniel García Orellana para criticar la sociedad del espectáculo en la que vivimos (¿vivíamos?) así como los medios de comunicación, cada vez más al servicio de la desinformación sugiere el autor de la novela, quien aprovecha el texto para arremeter contra unos individuos que cada vez están más atontados. Personas, con independencia de su sexo, que han claudicado sus experiencias vitales al sustituirlas por la de estar sentados ante el ordenador y mirar.

Mirar.

En este aspecto, la novela resulta atractiva como vehículo que reflexiona sobre la mirada y mirar sin ser mirado. Observar lo que hacen los otros a distancia bajo la protección de un nick que garantiza, en principio, su anonimato. Lástima que el escritor no profundice en el supuesto placer que implica para el mirón su condición de, precisamente, mirón.

No obstante, Pestañas fucsias funciona como rompecabezas por lo que a medida que se avanza en la lectura parece que existe cierta unidad y una visión global de lo que acontece cuando concluye la novela.

Una novela que tiene cosas que decir y que entretiene lo suficiente para no dejar su lectura a la mitad a pesar de que cuenta con elementos que más que dar impulso, lo que hacen es frenar un relato de confinamiento que no termina de resultar lo contundente que uno esperaba.

La novela se equivoca también y a nuestro juicio en su número de páginas. Más cuando se aprecia que muchas de ellas están ahí de relleno y no para dar contenido a lo que cuenta. Se tiene la sensación en este sentido que si se hubiera aligerado muchas de ellas, el acabado final de la obra hubiera resultado más ágil, atractivo e interesante.

Entre los aciertos de Pestañas fucsias destaca su espíritu crítico, tan necesario en unos tiempos que son tan malos para la crítica; también las ganas de pasar factura a una sociedad idiotizada que se siente segura de permanecer encerrada en sus casas cuando nadie podía imaginar el confinamiento que vivimos ahora y el hecho, significativo, de que desde nuestras casas y desde nuestros ordenadores, podemos acceder a un universo virtual en el que se puede encontrar de todo un poco. En el caso de la página web, Domine, la relación tabú que mantiene un adulto con una adolescente. Ya avisa el nombre de la web por donde irán los tiros, dominación, sadomasoquismo… página que visitan tanto curiosos como los que buscan pornografía, sobre todo si ésta transgrede las normas.

La novela propone otras preguntas, porque es una novela de preguntas aunque no dé soluciones ya que las respuestas siguen abiertas pero plantea cómo recurrir al anonimato para sacar a relucir lo peor que llevamos dentro, en este caso, con personas que sugieren al supuesto secuestrador que actúe de determinada manera con la supuesta secuestrada.

Desgraciadamente, el retrato de personajes que diseña la novela no resulta demasiado complejo, ese es el problema de jugar con personajes desconocidos, de los que solo conocemos su nick, pero no deja de tener interés cómo Aracne, el creador de la web, juega con los sentimientos más perversos de su audiencia explotando el gancho de la joven que mantiene secuestrada. O no, eso lo averiguará quien se sumerja en las páginas de una novela que radiografía algunos de los más bajos instintos que nos caracteriza como especie. Uno de ellos el retorcido placer que provoca recomendar al responsable de la página lo que debería hacer con la víctima.

Entre los elementos negativos, los que dificultan la lectura de la novela en demasiadas ocasiones, destaca además de su número de páginas el estilo que ha escogido el autor. Y no para situar al lector en este diálogo continuo que suscita la web, sino por la tentación en la que incurre García Orellana al narrar la gravedad de lo que critica con frases rimbombantes que, más que aportar información, se quedan en inútiles fragmentos que poco o nada ofrecen al conjunto del relato.

Un relato por otra parte abierto, en donde intenta definir a algunos de sus personajes a través de los apodos con los que se identifican como, por ejemplo, el de los dos protagonistas: Aracne y Pestañas fucsias.

Con todo, no se trata Pestañas fucsias de una de las peores novela ganadoras del Premio Benito Pérez Armas pero tampoco eleva el nivel de un certamen que, hoy por hoy, continúa siendo el más prestigioso de Canarias solo por su dotación económica y no, desgraciadamente, por la calidad argumental y literaria de la mayoría de las obras ganadoras.

Saludos, abajo las caenas, desde este lado del ordenador

La fiesta española, una novela de Henri-Françoise Rey

Mayo 27th, 2020

Escritor, filósofo y músico de jazz, parece ser que tocaba el piano y que no lo hacía nada mal, Henri-François Rey es un caso bastante atípico de lo que se considera ser un narrador de izquierdas. Atípico porque llevó su credo tanto al campo de la acción como al literario ya que luchó contra los nazis en la Francia ocupada mientras ejercía un periodismo militante que le complicó la vida.

La fiesta española es probablemente una de sus novelas más conocidas en España por varias razones. Una de ellas es porque tal y como indica el título se desarrolla en España, en concreto durante la Guerra Civil aunque el conflicto queda en segundo plano porque al escritor le interesa más la historia de amor entre un ruso nacionalizado belga que se enrola en las Brigadas Internacionales con una joven periodista norteamericana en las tierras de un país que se desangra en los campos de batalla.

Pese al compromiso político que definió al escritor a lo largo de su vida, no deja de sorprender la contención ideológica que marca la obra donde no quedan demasiado bien ni las Brigadas Internacionales ni los comunistas y mucho menos los anarquistas, a quienes Henri-François Rey describe como salvajes y por salvajes, cobardes que ejercen la “justicia revolucionaria” siempre en retaguardia.
No es sin embargo la Guerra de España ni las ideas que anegaron con sangre su geografía los protagonistas de esta, se reitera, más que bélica, una historia de amor. Una historia de amor que cuaja en el fragor de la violencia desatada pero que serena el cuerpo y el espíritu del brigadista y la reportera hasta el punto que el primero será capaz de desertar para vivir el amor con el que ha encontrado la paz. Para conseguirlo, deberá de cruzar los Pirineos para llegar a Francia.

Lo insólito, lo que convierte a Henri-François Rey en un escritor a tener en cuenta es por su notable capacidad literaria para narrar con convicción los sentimientos que unen a los dos protagonistas del libro, un amor que pese a la distancia social que los separa, los une en el peor escenario posible como es el de una guerra. Y más el de una guerra civil como fue la de España.

Viviendo en los tiempos actuales, empañados por el miedo que ha desatado la crisis de la Covid-19, recomendaría la lectura de La fiesta española a los que desde las tribunas políticas más que hacer política se dedican a insultar a sus adversarios con toda clase de calificativos miserables. Casi como si creyeran de veras que tienen autoridad moral para denigrar al contrincante no con argumentos sino con salidas de tono.

Las reflexiones que el escritor brinda sobre aquella España en guerra no han perdido con el paso de los años la actualidad con las que fueron escritas entonces. Los diálogos sirven para subrayar la desgracia de un pueblo demasiado confuso en su extraordinaria complejidad y en donde el individuo está por encima –siempre– de lo colectivo.

“- Y, sin embargo, no es difícil organizarse, ¡caray!”
- En España, sí- dijo Georgenko.
- Son unos engreídos.
- Engreídos, pero chalados. Tengo la impresión de que aquí cada uno persigue su sueño, el suyo, no el del vecino… Y los sueños no concuerdan nunca.
- Pero ¿y la revolución?
-Marx lo había previsto todo, excepto la existencia de los españoles- dijo Georgenko.
Se levantó a su vez, y apoyó una mano en el hombro de Nancini.
- Por si puede tranquilizarte, te diré que en las líneas enemigas debe de ocurrir lo mismo, porque nuestros adversarios también son españoles.

- Sí, pero ellos avanzan”.

Tras salir de Madrid, casi rodeado por las fuerzas rebeldes y dirigirse en el automóvil de un periodista que ayuda a la pareja y con la que mantiene una extraña conversación a medida que se aproximan a Barcelona, La fiesta española retrata con estilo cortante y muy alejado del aliento épico, la realidad de aquella guerra vista a través de los ojos de un hombre capaz de sacrificarlo todo por amor. El amor verdadero, el que deja huella y que encarna la joven periodista norteamericana que también tira a la hoguera su futuro profesional para seguir al hombre que ama. Los dos pertenecen a una misma unidad que hasta entonces permanecía a la deriva.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Simpatía por el diablo

Mayo 26th, 2020

Justo delante de donde resido se encuentra en los bajos de un edificio el templo de una iglesia evangélica a la que había olvidado por completo durante estos más de dos meses de confinamiento. Ahora y en plena desescalada a la nada me había olvidado por completo de ellos porque el silencio que se respiraba en la capital tinerfeña aquellos días de encierro daba miedo, casi fue como si de repente me hubiera convertido en el protagonista involuntario de una película de ciencia ficción.

En fase 1 o 2 que ya he perdido la cuenta, la ciudad ha vuelto a llenarse de gente y hay más tráfico. Ahora tengo que mirar a un lado y al otro de la vía antes de cruza por si viene una guagua o un automóvil. La idea es que por un descuido la máquina no vaya a conseguir lo que por ahora no ha conseguido el puto virus: que me quede más tocado de lo que estoy solo por pensar que estamos como hace unos meses, cuando podías pasar a un lado y al otro de la calle sin apenas mirar a un lado y al otro. También con aquelal vaga esperanza de que no apareciera por la gracia del aire enfermo un policía aburrido que te diera el alto para exigirte explicaciones de tu deambular por la capital fantasma. El encuentro, si se producía, solía terminar con la amenaza de una multa.

En aquellos días aciagos tuve más de un desafortunado encuentro con agentes de la ley que no tenían mejor cosa que hacer que la de poner sanciones a un ciudadano inocente que, como es mi caso, jamás rompió un plato pero en fin… esa es otra historia.

El caso es que el domingo pasado, que fue uno de esos días en el que nos vamos a adaptando a la “nueva normalidad”, sobre las cuatro de la tarde los evangelistas se reunieron en la iglesia (un local que antes funcionaba como tienda de aparatos de sonido) para celebrar la “nueva normalidad” con cantos y sermones que se podían escuchar dentro de la habitación donde estaba.

Soy de los que suele leer en la cama así que pese a estar agradecido a los feligreses por su preocupación de salvar las almas, la buena voluntad se fragmentó al sentir que invandían sin que los invitara mi intimidad precisamente por su empeño de salvar almas que igual no querían que nadie las salvaran.

La cosa se estaba poniendo caliente porque casi parecía que los evangelistas habían decicido salvarnos a todos los de la calle. Por la cara, subieron el volumen de los altavoces así que las proclamas y canciones rebotaban en las paredes de los edificios quien sabe si arrastradas por un puñado de ángeles. O no.

Fue entonces, cuando el predicador que gritaba con gallos que ponían la piel de gallina Señor, Señor, Señor, cuando se escuchó un alarido. Un alarido que no entendí demasiado bien al principio pero que procedía de una de las ventanas de al lado de casa.

“¡¡¡Viva el demonio!!!”

Pero los evangelistas iban a lo suyo, “¡no nos derrotará el coronavirus!”, “¡no nos vencerás Satanás”", a un volumen ya inaceptable.

Otro vecino, quizá animado por aquella invocación al diablo y observando que ni con esas se callaban, advirtió:

“¡Voy a llamar a la policía!”

Y milagro, porque lo de la policía funcionó. Los evangélicos se apresuraron a cerrar las puertas del templo lo que convirtió lo que antes era insoportable en un murmullo igual de insoportable. Imposible ahora entender lo que decían. Si estaban rezando o cantando.

Me puse a hacer mis cosas con el murmullo de fondo así que pronto me olvidé del asunto.

Sobre las siete llamé a Kala para ir a dar un paseo y cuando salimos a la calle miré en dirección al templo de la iglesia evangélica para ver si estaban de chachara en el portal pero no había nadie. Las puertas de la iglesia estaban además cerradas y con las rejas bajadas.

Con la perra tirando de la correa descubrí de repente que cuando salgo de la casa en muy pocas ocasiones paso por delante del templo ya que casi siempre voy en la dirección contraria aunque todos los caminos llevan a Roma. No lo hago por algo en particular aunque me di cuenta ese domingo de calor, un calor agradable que ya comenzaba a diluirse con la llegada de la noche, que ese grupo de entusiastas evangélicos solo quería salvar almas, con independencia de que uno quisiera o no ser salvado, de lo que ellos llaman la condenación eterna.

Todavía resuena dentro de mi cabeza los chillidos del predicador, un grito tarzanesco, capaz de aplacar a la fiera que llevamos dentro.

“Aleluya, aleluya, aleluya”.

Y esa voz desgañitada que sale por una de las ventana del edificio de al lado:

“¡Viva el diablo!”

Saludos, suenan las piedras rodantes, desde este lado del ordenador

Javier Cacho: “La fórmula para superar el confinamiento es optimismo y paciencia

Mayo 25th, 2020

Javier Cacho (Madrid, 1952) es escritor, científico y físico. También explorador y uno de los pocos españoles que ha pisado la Antártida, continente que ha visitado en siete ocasiones y que desde entonces se ha convertido en una constante en su vida. Por algo los veteranos la conocen como “la amante blanca”.

Autor de varios libros sobre el continente helado (Amundsen-Scott: duelo en la Antártida, Shackleton, el indomable; Nansen. Maestro de la exploración polar y Yo, el Fram) Javier Cacho fue uno de los autores invitados el año pasado en Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz, donde además de presentar su último libro, Héroes de la Antártida. Historia del descubrimiento del continente blanco, derramó una humanidad que atrapó a todos los que tuvieron la suerte de conocerlo.

- Vive en la provincia de Madrid. ¿Cómo está llevando el confinamiento?

“Paso el confinamiento, casi me da vergüenza decirlo, en una casa en el campo que tiene jardín y está a 40 kilómetros de Madrid. No salgo para nada salvo para ir al supermercado cada diez días así que el tiempo lo ocupo en el jardín que había descuidado bastante y al que ahora le dedico el tiempo que no le dediqué antes. Me tomo esta práctica como una actividad Zen así que en ese aspecto no hecho en falta estar confinado aunque siento tristeza, una especie de neblina, por las cifras de contagios y muertos que no terminan de doblegarse a causa de la enfermedad. Los números continúan siendo alucinantes, se ceban además en un sector de la población muy desprotegido, lo que genera incertidumbre y preguntas como ¿qué pasará con la economía y el medio de vida que habíamos creado? Los augurios anuncian que todo va a cambiar, a cambiar mucho y de golpe”.

- Pero tiene su jardín.

“Aprovecho para estar en él. Me siento muy a gusto tocando la vida de las plantas. Necesitaba palpar la vida y mancharme las manos de tierra. Ha sido una necesidad aunque he decidido volver a escribir. Tengo un libro pendiente, un libro curioso de cocina”.

- ¿Sobre la cocina en la Antártida?

“Sí, es sobre la cocina relacionada con la Antártida. Estoy escribiendo una introducción histórica de cómo ha evolucionado la cocina en las expediciones al continente blanco que espero que cuaje en los próximos meses. No me había atrevido a escribir hasta ahora, no estaba muy concentrado aunque hace unos días me encontraba delante del ordenador dispuesto a comenzar este libro. Antes quería sentir otro tipo de vida, contribuir a crear algo de belleza en estos tiempos donde todo parece tan sombrío y con la jardinería trabajas para el futuro, siembras y tres o cuatro meses después observas las flores”.

- Usted es un experto en la Antártida y ha estudiado la vida de los exploradores. ¿Cómo superaban estos hombres el confinamiento a tan bajas temperaturas?

“Es complicado, no hay una varita mágica aunque la mejor forma de superarlo es tener cosas que hacer, no puedes quedarte sin hacer nada porque la cabeza empieza a volar. Tienes que mantener una rutina, una actividad continuada y recordar que cuando le preguntaron a Ernest Henry Shackleton qué cualidades les exigía a los miembros de su equipo antes de partir a la Antártida lo primero que pedía es que fueran personas optimistas, y él lo era bastante, y en segundo lugar que tuvieran paciencia. Después entraba en otros aspectos como el físico, el amor a la patria…”

- ¿Amor a la patria?

“Eran expediciones como muy patrióticas pero siempre me llamó la atención que Shackleton exigiera a su equipo optimismo y paciencia porque hay que estar seguro para enfrentarse a las dificultades. En su caso, ante circunstancias naturales que estaban previstas ya que llegaban a la Antártida en el verano austral e instalaban la base. La noche polar en invierno dura hasta cuatro meses a los que hay que sumar otros dos de penumbra a temperaturas terriblemente bajas, con vientos muy fuertes. Y tienes que permanecer un día y otro y otro recluido y eso solo se soporta si tienes esas dos cualidades: optimismo y paciencia aunque se trata de una reclusión programada en el caso de las expediciones porque sabes que el invierno pasará. En nuestro caso y tal y como están las cosas en la actualidad, no sabes cuando va a acabar todo esto. Por eso es necesario mantener el optimismo pese a que parezca que después de todo esto no nos espera nada positivo. La vida es así pero es posible que las cosas no resulten tan trágicas como predicen algunos gurús. Por eso, si tiene lugar un cambio habrá que asumirlo y mejor sin mucho sufrimiento. Cuando era jefe de la base en la Antártida solía decirle a los compañeros que no estábamos en Gran Hermano, que nuestra razón de estar allí era la ciencia. Les decía también que no éramos presos por lo que no necesitábamos tachar en el calendario los días que llevábamos. Ahora, con el confinamiento, tenemos que pensar que día a día le estamos ganando la batalla a la propagación del virus. Pero hay que tener paciencia, dosis infinitas de paciencia”.

- ¿Cuántas veces ha estado en La Antártida?

“He estado siete veces. La última en febrero de este año. Salí de España dirección a la Antártida el 6 de enero y regresé el 24 de febrero. Hacía catorce años que no iba a la Antártida y esos días los pasé en la base búlgara donde a través de Internet seguía las noticias para mantener un poco el aislamiento mental pero me preocupaba cómo la Covid-19 se se estaba desarrollando en China. Me tenía muy preocupado observar cómo se propagaba a otros países pero no podía imaginar lo que estamos viviendo ahora. Por los pelos regresé a España porque Argentina y Chile cortaron los vuelos con España el día 10 o 12 de marzo”.

- ¿Se encuentran personal en las bases que hay en la Antártida?

“Estamos entrando en el otoño austral y son bases de verano que se abandonan en marzo. Esta vez con unos días de antelación para prevenir lo que podía suceder. Las bases se quedan aisladas en invierno pero la gente que entró en esas bases fue antes de que el coronavirus se expandiera en sus respectivos países. La única base que se mantuvo abierta es la China y tuve compañeros que me dijeron a primeros de febrero que allí se les tomaba la temperatura y que iban con mascarillas aunque no se dio ningún caso. Las bases que han quedado cerradas fue por la climatología y todo su personal está sano porque además de contar con un médico sus medidas sanitarias son muy estrictas”.

- ¿Que tiene la Antártida que no tenga el Ártico?

“Físicamente son espacios diferentes. La Antártida es un continente con una capa inmensa de hielo de tres kilómetros de espesor. El Ártico es un mar prácticamente cerrado que tiene pocas islas aunque sí población autóctona, los inuit, no así la Antártida. El Ártico es un mar congelado y el paisaje es completamente diferente. La temperatura y los vientos resultan más duros en la Antártida. Plásticamente son escenarios distintos. Me gusta más la Antártida y eso que he estado en Groelandia pero la Antártida es la primera división. Son mis sentimientos, el paisaje me atrae mucho, sobre todo ese espejismo de silencio profundo que se produce y te entra por dentro. Es como una tristeza que te penetra y que te da mucha paz y tranquilidad. Es un mundo fascinante. Me gustan las regiones polares”.

- ¿Por qué?

“No sé de donde me viene porque mi familia es castellana, de Soria, donde hace frío pero evidentemente no es el frío de la Antártida. Me quedé prendado de la Antártida desde la primera vez, en 1986, cuando fui con la primera expedición científica que organizó España. Fueron seis meses. El último viaje, el que inicie en enero y finalizó en febrero de este año, fue como reencontrarme y despedirme también de la Antártida porque vamos acumulando años. Tuve la sensación de que posiblemente no volvería a pisarla así que fue como una despedida dulce de la amante blanca, que es como la conocemos nosotros. No hay manera de olvidarla, así que me despedí de mi amante blanca aunque si tengo que volver no pasa nada”.

- Estudió estando allí el agujero de la capa de ozono pero ya no se habla tanto de él, ¿por qué?

“Que no se hable del agujero de la capa de ozono es una gran victoria medioambiental. Meses atrás reflexionamos sobre cómo estamos destruyendo el planeta pero no se habla de cómo controlar a las industrias ni los hábitos de vida. Nos hemos olvidado que el agujero de ozono fue la gran tragedia medioambiental, el gran peligro medioambiental hace unas décadas. Sin embargo se tomaron medidas, los científicos detectaron cuál era la razón del problema y convencieron a los políticos para que asumieran las medidas económicas necesarias con el fin de evitar la emisión de esos compuestos. Fueron medidas muy duras porque recomendaban el cambio de algunos compuestos que destruían la capa de ozono por otros y se logró además que algunas industrias cedieran a los países del Tercer Mundo las patentes de esos compuestos para que no resultara gravoso el cambio de tecnología y se consiguió. Se han cumplido los planes y en el 2000 se observó que el agujero comenzaba a relajarse aunque con pequeños repuntes pero se está reduciendo el agujero de la capa de ozono, se está recuperando pese a que se cuente poco lo que logramos, que fue evitar un gran peligro medioambiental. Así que creo que podemos enfrentarnos otra vez a los graves peligros medioambientales que tenemos planteados y que exigen de nuestro desafío. Dios quiera que sea lo antes posible”.

- Entre otros libros ha dedicado uno a los héroes de la Antártida, a Shackleton, al duelo entre Scott y Amundsen; al Fram, el buque más famoso en la historia de las exploraciones polares… ¿Tiene algún explorador por el que siente especial simpatía?

“Nansen, no tengo duda. Nansen fue una persona generosa y muy optimista. Sus exploraciones estuvieron siempre marcadas por la ciencia. Fue Premio Nobel de la Paz por la labor que desarrolló durante la I Guerra Mundial con los refugiados que había causado aquel conflicto en unos tiempos muy difíciles, de mucha hambre y en donde puso al hombre por encima de los intereses políticos. Al final de su vida entendió que la vida no tiene sentido si no es un servicio a los demás. Y se aplicó esa conducta. Viajaba en segunda clase cuando era comisario de las Naciones Unidas porque estaba convencido de que así salvaba la vida de unas treinta familias. Estaba sensibilizado con el cuidado del medio ambiente por lo que no le importaba asumir esas pequeñas incomodidades si así lograba paliar lo que los hombres estamos haciéndole al planeta”.

TITULO
La naturaleza despierta
TEXTO
Se ha hablado mucho estos meses de confinamiento de cómo la naturaleza ha ido recuperado su espacio. Vuelven a nadar los delfines y las ballenas cerca de las costas Canarias. Los canales de Venecia se limpian y regresan los peces… “Es su capacidad de regeneración. Es la vida, salir adelante pese a la adversidad”, señala el científico y escritor español Javier Cacho, quien añade que ahora tiene la sensación de ver más estrellas. De que brillan más que antes. Probablemente se deba a que la boina de polución sobre el cielo de Madrid se ha reducido por efecto de la crisis de la Covid-19.

“Esto debería servirnos para aprender que lo importante es la familia. Los amigos”, opina.

Saludos, hace calor y no frío, afortunadamente, desde este lado del ordenador

Samir Delgado opta al VI Premio Internacional de Poesía Victor Valera por el libro Los poemas perdidos de Luis Cernuda

Mayo 24th, 2020

Los poemas perdido de Luis Cernuda, el primer libro de Samir Delgado en México es el candidato de la editorial Literatelia para optar al VI Premio Internacional de Poesía Victor Valera que convoca el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuel.

Con este libro, Samir Delgado rinde tributo al autor sevillano de la Generación del 27, así como a poetas de todas las latitudes que tuvieron una experiencia vital en sus travesías al corazón de México

“Medio siglo después bajo un mismo cielo, estos poemas perdidos —que nunca pudieron ser escritos debido a la repentina muerte del poeta— ven la luz desde otro tiempo y espacio, desde otras voces y exilios que siguen brindando una mirada cautiva a la magia de México, en la irredimible soledad del ser humano y desde la esperanza de un mañana mejor sobre la faz de la tierra”, señala una nota informativa.

La Fundación CajaCanarias anuncia el plazo de presentación de sus Premios 2020

Mayo 22nd, 2020

La Fundación CajaCanarias ha anunciado el período para la presentación de plicas y obras a concurso de sus Premios 2020 que así se establezca en las correspondientes bases de participación. De este modo, a partir del próximo 1 de junio y hasta el día 15 del citado mes, fecha de finalización del plazo de presentación general, se podrá hacer entrega de la documentación y creaciones que no puedan ser remitidas por medios telemáticos o digitales y que corresponde a las plicas de aquellas personas que opten a los galardones de novela, poesía y relato corto, así como las obras participantes en los certámenes de fotografía y cortometraje.

El horario de recepción de material se establece, de lunes a viernes, de 09:00 a 14:00 horas durante el período citado, en la sede central de la Fundación CajaCanarias (Plaza del Patriotismo, 1-2ª Planta. Santa Cruz de Tenerife) y toda la información y bases de los diferentes Premios 2020 se encuentra disponible en www.cajacanarias.com.

En el caso de los premios “Benito Pérez Armas” (Novela), “Pedro García Cabrera” (Poesía) e “Isaac de Vega” (Relato Corto), el sobre cerrado que ha de contener la documentación establecida en las bases de participación, puede ser entregada físicamente en la sede de la Fundación CajaCanarias o remitirse por correo certificado, mientras que las obras que se presenten a concurso en los certámenes “Manolo Millares” (Fotografía) y “Manolo Villalba” (Cortometraje) podrán ser entregadas por el autor, por la persona que lo represente o a través de transportista, en el primer caso, o por el director del cortometraje, la productora o persona que lo represente, en lo que respecta al galardón cinematográfico.

Como norma general, podrán optar a los diferentes Premios CajaCanarias 2020 todas aquellas personas mayores de edad, naturales o residentes en Canarias (con excepción en el apartado de música joven, abierto a menores con autorización por parte del correspondiente tutor legal, a partir de 15 años), salvo quienes hubiesen resultado ganadores del galardón al que optan, en ediciones anteriores.

Saludos, ya lo saben, desde este lado del ordenador