M. A. West sale del armario

Septiembre 1st, 2014

Hace tiempo comentamos en este mismo su blog la novela El viento y la sangre, de M. A. West, un escritor norteamericano que en los años treinta hinchaba su paga de profesor universitario como escritor de novelas policíacas baratas que, descubro ahora sorprendido, nunca existió.

Es decir, que M. A. West fue un invento, un fantasma que tras su esquiva biografía y novela escondía agazapado a Alexis Ravelo, quien hasta ese momento había guardado celosamente el secreto mientras en revistas especializadas y blogs como éste mismo celebrábamos el descubrimiento y rescate del señor West y exigíamos más traducciones de las historias que, presuntamente, había dedicado al bronco torpedo Rudy Bambridge, mano derecha de un hampón de Chicago que se dedica a resolver casos empleando, al margen de la ley, las armas de su oficio.

Tras el desconcierto de conocer la verdadera identidad de West, hay que reconocer el  experimento narrativo de Ravelo. Un experimento ante el que hay que quitarse la boina porque El viento y la sangre sabe a pulp con todas sus letras.

P de popular

U de urdidor

L de laberinto

y  P de provocador.

Un relato deudor del mejor James Hadley Chase. Una serie B del género que tras destaparse ahora como farsa, no estafa, obligó a que llamara esta mañana a Ravelo para expresarle cariñosamente y a lo canario lo que ha supuesto conocer la verdad: cabrón, jediondo (con j sonora), que no das ni para dos cachetones…

¡Laja!

La inquietud de descubrir la verdad, que M. A. West al salir del armario es Alexis Ravelo, es aveirguar ahora si continuarán las historias protagonizadas por Bambridge.

Creo que Ravelo se lo debe a West.

Con esta novela que firma con pseudónimo y las que publica con su verdadero nombre –¿se llamará de verdad Alexis Ravelo?– el autor de La estrategia del pequinés confirma un hecho: conoce y maneja muy bien las claves de la edad dorada de la novela negra, que lo mismo adapta y le pone acento canario como lo disfraza de pulp clásico del género.

Y esto solo lo hace un escritor.

Así que con la de libros que tengo que leer, ahora llega Alexis y revela el secreto… Y temo que no hayan más historias de Bambridge. Quiero más, aunque ya no sea como la primera vez, cuando comencé a devorar aquellas páginas preguntándome cómo diablos se le había escapado ese nombre, M. A. West, a Javier Coma en su ya referente Diccionario de la novela negra norteamericana (Anagrama).

Puto genio…

Saludos, es lo que hay, desde este lado del ordenador.

La Isla de Robayna… punto final

Agosto 31st, 2014

El reloj marca las doce de la mañana del sábado 30 de agosto. Y sigo sin moverme del sitio que ocupo, como si me costara esfuerzo entrar en la librería La Isla de la calle Robayna. Deber ser porque es el último día que abre sus puertas, unas puertas que ahora ponen el cartel de cerrado tras 43 años en que permanecieron abiertas.

Me entretengo en la calle hablando con amigos y conocidos, una excusa para prolongar la espera. Son demasiadas las emociones y los recuerdos que almaceno de este sitio. Un refugio que desaparece.

La Isla pese a todo, y como no se cansa de repetir la familia Celis, continúa abierta en la calle de Imeldo Serís, en pleno corazón de un viejo Santa Cruz hoy más que nunca descuidado. Mientras tanto, asisto impotente a la disolución en mi imaginario de una de las señas de identidad de esta capital de provincias.

Una librería más que se va entre otras tantas que, por una u otra razón, colgaron hace tiempo el cartel de cerrado.

Goya, Rodin, Sonora, Jarama, Internacional, El escribidor, Tenerife…

Frente a la fachada de La Isla de la calle de Robayna me tropiezo con algunos conocidos. Charla de dos minutos mientras prolongo la espera.

Aunque entrar, haya que entrar.

Entra y sale gente. Incluso el alcalde de la capital, José Manuel Bermúdez, se deja ver por ahí. Una pena que no estuviera presente para reflejar con palabras el momento. Me cuentan que Bermúdez aprovechó para sacarse fotos con los vecinos. Muchas de ellas están colgadas en esas redes que dicen son sociales.

Pregunto si el alcalde adquirió algún libro.

Pero nadie sabe responderme.

Mientras tanto, ojeo los volúmenes que se exponen en una mesa situada en la calle, frente a la señorial Casa Elder,  y entre los títulos descubro La gran evasión, la novela que inspiró esa película que suelo ver todas las navidades…

Un conocido me anima a que recuerde cuántos libros robé, no apropié, de la Librería La Isla de la calle Robayna y lamento contestar que ninguno. Pongo entonces pose del abuelito Cebolleta y le cuento que cuando la librería  se llamaba Rexachs lo habitual era que un tipo o una tipa rondara detrás de ti como un moscardón para que no te llevaras ningún libro, digámoslo así, por descuido.

También, continuo, que si ya era irritante que sospecharan de ti, no resultaba agradable sentir cómo dos ojos te taladraban por la espalda mientras perdías el tiempo mirando, precisamente, libros.

Pero estas historias, igual de tontas que esas gotas que se pierden en la lluvia, no las entiende el que hace la pregunta. Y terminas por disculparlo porque resulta complicado explicarle la frustración de no poder adquirir los cuentos de Edgar Allan Poe, traducción de Julio Cortázar y publicados en Alianza Editorial, porque por aquel entonces eras menor de edad…

Nunca más, nunca más, exclamabas cuando salías de Rexachs aunque dos o tres días después, inevitablemente, terminabas por regresar para despistar al personal con La cruzada de los niños, de Marcel Schwob.

La Isla entonces no era La Isla sino Rexachs, nombre que a mi me sonaba a jugador del Fútbol Club Barcelona más que a librería.

Después fue La Isla, donde por cortesía te entregaban un marcador con el libro. Debo de tener la colección completa entre los volúmenes que se distribuyen en mi biblioteca.

El sábado resultó un día extraño. Extraño por el cierre de La Isla de la calle de Robayna y extraño porque me encuentro con un amigo de los viejos al que no veía desde hacía tiempo.

Tiempo, siempre el tiempo.

El encuentro sirve, no obstante, para que me anime a entrar en La Isla que ya no será La Isla de la calle de Robayna.

¿Cuál será el destino que tendrá el local a partir de ahora?

Una voz dice que la MAC piensa ampliar el salón de actos y otra que quizá termine como sala de exposición o de oficinas de la Mutua…

Ya dentro de la  librería se encienden las alarmas cuando observo las estanterías, casi todas ellas vacías, y la escalera que conducía a la sección de bolsillo, ahora con una cinta para que nadie suba por los escalones.

Recorro un escenario prácticamente desnudo en el que parece que ya no quedan ni los fantasmas que reconocía.

Cuando salgo a la calle me despido de los conocidos y doy una vuelta con el amigo viejo hablando de las mismas cosas que la última vez. Como si el tiempo, un escalofrío, se hubiera detenido.

Paseamos por una ciudad abandonada. Lo que hace que me pregunte dónde se encuentra ese patio de naranjos rodeado de bares en el que los viejos juegan al dominó. Lo escribre un periodista de The Guardian sospecho que jarto de vino..

Brilla el sol y hace calor…

Detenemos el deambular en El Puntero de toda la vida.

El Puntero de toda la vida es una casa de comidas que no ha variado su carta desde que tengo uso de razón. Prácticamente sigue siendo el de siempre solo que ahora hay dos filipinos en la cocina que no paran de guisar pulpos, freír chocos y sacar platos de tollos.

El viejo amigo y yo charlamos aunque la verdad es que pienso en otra cosa.

Una tontería.

¿Cuál fue el último libro que me llevé de la librería La Isla de la calle de Robayna?

¿Y el primero?

(*) El Escobillón agradece la generosa colaboración de Luis Adern al ceder las imágenes que ilustran este post.

Saludos, la gran evasión, desde este lado del ordenador.

Eva, una novela de James Hadley Chase

Agosto 29th, 2014

“La mirada de confianza desapareció: dejó caer las manos al lado de su cuerpo. Me alegré de no haberme enfrentado a ella en su propio terreno. Mientras me comportara de manera distinta a los demás hombres que la visitaban, estaba seguro de llamar su atención y de mantenerla intrigada.

- Me gustaría que habláramos de ti cuando tengas tiempo para hacerlo -dije, sonriendo- Tal vez pueda serte de alguna utilidad. Para tu complejo de inferioridad. -Al pasar frente a la cómoda deslicé dos billetes de diez dólares entre los animalitos de cristal. Uno de ellos, la reproducción del Bambi de Disney, se cayó de lado.”

(Eva, James Hadley Chase, RBA. Traducción: Estela Cantos)

Creo que a James Hadley Chase nunca le perdonaron el éxito que tuvo con sus novelas. También por intruso. Un intruso por navegar en las agitadas aguas de la literatura negra, porque en Chase la literatura es más negra que policial, tras la publicación de El secuestro de miss Blandish, un relato caliente y en permanente ebullición sobre una familia de pistoleros durante los años de la depresión en un país llamado Estados Unidos.

El caso es que Chase, de nombre real René Babrazon Raymond, escribió esta novela sin haber pisado ese país. Recurrió a un diccionario de jerga y mapas y guías de viajes para contar un relato que posicionó a su autor en el género. Incluso cuando se descubrió que estaba inspirada en Santuario, de William Faulkner, un Santuario para lectores con las manos sucias.

Tras pasar por varios empleos, James Hadley Chase apostó todo a uno para vivir de sus libros, libros que se caracterizan por su extremada violencia –tanta, que cuentan que a George Orwell le inspiró una escena de 1984–  como su alto y obsesivo contenido sexual. Pero un sexo retorcido y loco, que no descuida las escandalosas descripciones pero sin caer en una cruda pornografía.

James Hadley Chase se pasó casi toda su vida escribiendo este y otro tipo de novelas, y vivió como un marajá gracias al éxito que cosecharon muchos de sus títulos. Cuando la inspiración le resultaba esquiva, recurría a otros autores y los versionaba a su estilo. La apuesta le hizo bastante gracia a su amigo Graham Greene cuando Chase publicó Un loto para Miss Quon, una versión para lectores con manos sucias de Un americano impasible. Sin embargo, a su más directo competidor, James M. Cain, que fue su involuntario padre putativo, los saqueos continuados de Chase terminaron por sacarlo de las casillas.

Y no le faltaba razón al autor de Un cartero siempre llama dos veces porque su influencia es notable en las historias de James Hadley Chase, que están protagonizadas también por mujeres fatales, aunque muchas de ellas no resulten tan calculadoras como las de Cain.

Ha tenido suerte Hadley Chase en España. Sus novelas se han editado y editan porque parece que la sombra del tiempo poco le araña. Y nada más comenzarlas prometen lo que todo lector que se precie espera de una novela negra, más que policíaca.

Esta y otras razones son las que me invitan a que si bien pasan los años que te empujan al cambio, de vez en cuando vuelva a este escritor. Un escritor en el que descubro asombrosas cosas nuevas, e incluso perdono la premura con la que redactó muchos de sus libros.

Eva pertenece a una de las épocas de mayor producción de Chase, influenciado aún por el estilo y el universo de Cain. Tiene además la novela la virtud de presentar a un personaje, Clive Thurston, que cae antipático desde el principio. Por mucho que éste cuente la historia en primera persona.

Thurston no es un buscavida sino un tipo que se aprovecha de la vida. Hace pasar por suya una obra de teatro que ha escrito un amigo fallecido y Hollywood lo reclama para que escriba guiones y gane dinero.

Guapo y especie de estrella local en la Meca del cine, Thurston publica un par de novelas que no alcanzan el éxito de su primera obra y se dedica a la gran vida. Conoce a un buena chica, Carol, vive en una casa con mayordomo y tiene un puñado de amigos en las altas esferas…

Y rueda y rueda hasta que se encuentra con Eva. Una mujer que conoce y detesta a los hombres. Trabaja de chica de compañía de altos vuelos, y no entiende de amor sino de dinero. No obstante, el flechazo que siente Thurston es tal que provocará su, no estoy tan seguro, inconsciente hundimiento.

Thurston está empeñado en que Eva lo quiera como hombre, pero la mujer va a lo suyo y enloquece al protagonista, que no deja de arrastrarse por el suelo buscando lo que de sobra sabe imposible.

Escrita para lectores con manos sucias, la Eva de Chase no es un personaje calculador ni deshonesto pero sí una mujer fatal para algunos hombres que han pagado por pasar una noche con ella en una novela en la que solo y casi al final, se produce una muerte. Una muerte que no tiene las consecuencias que muchos imaginan.

Eva sorprende en cada nuevo capítulo así como sorprende en su misógina interpretación de Adán y Eva.

Thurston, demasiado egoísta y cobarde, es expulsado del paraíso por Eva. Algo así como su árbol de la ciencia.

Saludos, mordemos la manzana, desde este lado del ordenador.

Batería de breves desde este lado del ordenador

Agosto 27th, 2014

* Un grupo de profesores de la Universidad de La Laguna y la de las Palmas de Gran Canarias trabaja en un libro sobre piratas y piratería en Canarias, volumen que se presentará oficialmente a finales de otoño y que estará editado por el mismo sello que hace cuatro años publicó La cueva de las mil momias, trabajo que contó con prólogo del escritor Alberto Vázquez Figueroa, e incluía un trabajo científico firmado por el catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna, Antonio Tejera; el investigador Daniel García y el licenciado en Geografía e Historia y Ciencias de la Educación Juan Francisco Delgado, así como una novela del escritor David Galloway.

* ATTK Editores publica la novela El Tanatorio, de José Luis Correa. El libro, que se puede adquirir en formato electrónico a un precio de 3.88 euros a través de la plataforma Amazon, se acerca a la muerte a través del humor y la ironía, una historia donde su protagonista, el sexto hijo de una familia, se ve atrapado en una tela de araña disparatada. El temor a la soledad, la angustia a perder a los seres queridos, la necesidad de amor lo llevan a aferrarse a la muerte como una tabla de salvación. Esta es la tercera novela que publica la editorial que dirige Guadalupe Martín Santana tras El destino de las palabras, de Santiago Gil y El interior del párpado, de Rafael-José Díaz. Como en los libros anteriores, la portada del nuevo libro de José Luis Correa es una obra del pintor Augusto Vives.

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge el jueves, 28 de agosto, a partir de las 20 horas, el estreno del videoclip Dernier Soupir, del grupo francés 6LEXIC, que ha sido realizado por el tinerfeño Fran Casanova y que se grabó íntegramente en Tenerife. La sesión comenzará con otros trabajos del realizador como Sara (video clip del grupo madrileño Delco); Campo de batalla (cortometraje); Sauvage (video clip);  Ayúdame a recordar (cortometraje) y el estreno de Dernier soupir, el segundo trabajo de Casanova con la discográfica francesa Angel Sweet Records. Cabe recordar que la semana pasada TEA acogió la presentación del documental La mirada del maestro. Domesticando el ego, realizado por Ángel Suárez.

*La Filmoteca Canaria, con la colaboración del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, ha programado para los meses de septiembre y octubre un ciclo de cine dedicado a la carrera espacial. No se especifican títulos, aunque en la introducción se habla de trabajos relacionados con el satélite lunar como los de Georges Méliès, Fritz Lang, Stanley Kubrick, Andrei Tarkovsky, Ron Howard, John Carpenter y John Sturges, entre otros.

* El catedrático universitario Luis García, el arquitecto y crítico de cine Jorge Gorostiza y la periodista y documentalista Beatriz Rodríguez integran el jurado que evaluará este año las películas candidatas al mejor documental canario en la IX edición de MiradasDoc, dotado con 2.000 euros.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

Cierra La Isla de la calle de Robayna

Agosto 26th, 2014

El próximo sábado, 30 de agosto, la Librería La Isla de la calle de Robayna en Santa Cruz de Tenerife cerrará sus puertas “por causas ajenas a nuestra empresa”, se anuncia en una nota.

Por el tono del escrito, el cierre parece definitivo para el que fue el establecimiento más emblemático de La Isla, una librería la de Robayna que llevaba abierta en esta calle hace ahora 43 años, primero con el nombre de Rexachs.

A la tutela de José María Celis en sus inicios y más tarde de su hijo Juan Celis y en la actualidad de sus nietas, La Isla cuenta hoy con otros dos establecimientos en la calle de Imeldo Serís.

A modo de despedida, desconcertante para los que nos acostumbramos a buscar refugio en la de la calle de Robayna, el sábado 30 de agosto la librería pese a todo continuará con su actividad antes de colgar el cartel de cerrado aplicando un descuento del 10 por ciento, también en las de Imeldo Serís.

La nota dice: “Nos hubiera gustado celebrarlo con la magnitud que se merece pero hemos optado por algo sencillo que premie sobre todo la fidelidad de nuestros clientes, y que sea lo menos sentimental posible para la familia de La Isla.”

Estaré en La Isla de Robayna el próximo sábado, aunque sea con la cara larga.

Así son los funerales, y el cierre de La Isla es como un funeral porque son demasiadas las emociones y muchas las anécdotas que compartí en este espacio.

Y libros, libros y más libros.

Siempre libros.

(*) La imagen está tomada de la página web Zona Comercial Tranvía.

Saludos, continuará…, desde este lado del ordenador.

Sir Richard Attenborough

Agosto 25th, 2014

En la larga y extensa lista de excelentes actores británicos Richard Attenborough logró brillar con luz propia, dando lustre con su presencia como secundario en películas que recuerdas, entre otras cosas, porque ahí estaba Attenborough, actor y cineasta a quien le sorprende la muerte a punto de celebrar su 91 aniversario, el 29 de agosto.

No fue Attenborough un tipo con un físico atractivo, precisamente, aunque supo vestir, como todos los actores británicos de su generación, el uniforme en películas como Comandos de la muerte (Guy Green, 1959); La gran evasión (John Sturges, 1963); Cañones en Batasi (John Guillermin, 1964) y La batalla de Inglaterra (Guy Hamilton, 1969). También transmutarse en un asesino en serie en El estrangulador de Rillington Palace (Richard Fleischer, 1971), entre otras películas que, lentamente, fueron alimentando una fama que sin ser estruendosa, sí que lo hizo reconocible y apreciado entre el público.

Su saber estar y adaptarse a los ciclos al mismo tiempo que contaba con el reconocimiento y respaldo de una profesión que, como todas las profesiones, solo te reconoce cuando yaces a dos metros bajo tierra, la filmografía como actor de Attenborough está repleta de cintas de referencia como El vuelo del Fénix (Robert Aldrich, 1965) y el Yang-sé en llamas (Rober Wise, 1966) . Ya iniciado el siglo XXI, fue uno más del reparto no digital de las dos primeras entregas de Parque Jurásico, dirigidas por Steven Spielberg, en la que modificaba el esquema del científico loco por el de una especie de Papa Noel iluminado…

La crítica, que casi siempre se mira el ombligo, no fue tan benevolente con su carrera como director. Probablemente porque como cineasta prefirió moverse entre las grandes producciones de carácter histórico y biográfico (El joven Winston, Un puente lejano, Gandhi, Grita libertad, Chaplin), desdeñando otras obras como Magic y sobre todo la más redonda, acabada de ellas: Tierras de penumbra, entre otras cintas que alguno podrá olvidar como A Chorus Line, En el amor y en la guerra y Búho gris.

Con todo, la ausencia de Richard Attenborough se recibe a modo de mazazo. Cosas de lo imprevisto. Es inevitable así que a lo largo de la redacción de este post de urgencia circule en torno a mi cabeza una frase demoledora que no se cansa de repetir el C.S. Lewis que interpreta Anthony Hopkins en Tierras de penumbra:

“El dolor de ahora forma parte de la felicidad de entonces”.

Saludos, fundimos a negro, desde este lado del ordenador.