¡Viva el colorín!

Agosto 28th, 2015

En la categoría de las bellas artes no sé si el cómic ocupa el puesto noveno pero con historietas así… esas que saben conmover y despertar tu lado más triste y también reflexivo solo podemos decir: ¡vivan los colorines!, ¡vivan los chistes!, ¡vivan los tebeos! 

El arte de volar (Edicions de Ponent, 2009). Obra escrita por Antonio Altarriba e ilustrada por Kim, la historia relata la vida del padre del guionista desde sus años mozos en el campo aragonés, pasando por su juventud durante la Guerra Civil y el exilio en Francia, hasta su otoño en la primero España franquista y más tarde democrática. Novela gráfica que sabe a clásico, por una vez lo de novela como lo de gráfica encaja como un guante para definir la altura de un colorín bien macerado que a mí, personalmente, aún emociona. Y cuesta mucho trabajo, créanme, emocionarme y que me distraigan las lágrimas que comienzan a brotar de los ojos. En este relato se habla, y muy bien, de una existencia cualquiera. Y de la amistad, el amor, el matrimonio y los hijos. Su protagonista, libertario de  los de antes, nos enseña a lo largo de toda su vida lo que hay que tener para volar.

Reyes Disfrazados (Norma Editorial, 2007).- El cómic muestra cómo sobrevive un niño de doce años en los duros años de la Depresión en unos empobrecidos Estados Unidos de Norteamérica. Obra dura e intensa, pero igual de vitalista que El arte de volar, Reyes Disfrazados recoge la tradición que los emperadores de los caminos, los vagabundos, han impreso en la cultura de ese gigantesco, complejo y tan contradictorio país. Escribe esta obra circular James Vance e ilustra Dan Burr, dibujante fogueado en la subcultura de alcantarilla, el underground que le dicen. No me vale con recomendarlo, de hecho su lectura resulta obligatoria para hacerse una idea del profundo drama humano que generó la crisis del 29 y cuya onda expansiva se extendió hasta el inicio de la II Guerra Mundial. Su lectura hace pensar y reflexionar sobre nuestro tiempo presente.

Saludos, ¡viva el colorín!, desde este lado del ordenador.

Notas sobre ese cine que tanto nos (dis)gusta

Agosto 27th, 2015

* El próximo mes se rodarás en algunas localizaciones de la capital tinerfeña escenas de la quinta entrega de la saga Bourne, que vuelve a contar con Matt Damon como protagonista y, entre otros, Tomy Lee Jones. Desde el Ayuntamiento no se han casado de repetir la lluvia de dinero que caerá sobre las calles de la ciudad, una ciudad que ha atravesado un agosto con bastante resignación.

* Tenerife acogerá también en septiembre el rodaje de Vientos de Cuaresma, una película del director Félix Viscarret que está inspirado en la novela del mismo título de Leonardo Padura. Protagoniza la cinta Jorge Perugorría y Juana Acosta. Vientos de Cuaresma comenzó a filmarse en mayo en Cuba y ahora se traslada a Tenerife donde se terminará de convertir en largometraje y en una miniserie de televisión; el doble formato con el que trabaja las productoras involucradas en este proyecto, la española Tornasol Films, la alemana Nadcon, una firma de Constantin Film AG y Peter Naderman.

* Este viernes se estrena el largometraje animado Atrapa la bandera, una nueva película de Enrique Gato, director de Tadeo Jones. Diego Navarro, director de Fimucité, es el autor de la música. El filme está producido por Telecinco Cinema / Telefónica Studios / Los Rockets AIE.

* Juan Carlos Falcón ha iniciado la postproducción de People You May Know, una tragicomedia que ha rodado en Los Ángeles en catorce días. El largometraje ha sido producido por LA Panda Productions (EE UU) y Ponyfilms (España). Falcón, director de La caja (2006), ha contado en esta ocasión con los actores Sean Maher, Andrea Grano y Mark Cirillo, así como Nacho San José, Curt Hansen y Trey McCurley.

* El largometraje de ciencia ficción Evolution, de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic, una coproducción entre España, Francia y Bélgica, rodada en Canarias con la colaboración de la productora Volcano Films, se estrena en la próxima edición  –la 63– del Festival Internacional de San Sebastián, que se celebra del 18 al 23 de septiembre.

* El cortometraje Sin Dios ni Santa María, de Samuel M. Delgado y Helena Girón realizado a partir de las grabaciones de los años sesenta del antropólogo Luis Diego Cuscoy y rodado en la isla de Lanzarote ha sido seleccionado en el Toronto International Film Festival, dentro de la sección Wavelengths, y en el New York Film Festival.

* Trashumantes, de Guillermo Carnero, ha sido seleccionado para competir en Alcances, Festival de Cine Documental de Cádiz. La obra es un collage de imágenes captadas en VHS por el nonagenario Manuel de Cos. Con ellas se reconstruye su pasado y se documenta la lucha de los perseguidos políticos que llegaron a España.

* El largometraje musical Playing Lecuona de Pavel Giroud y JuanMa Villar Betancor se estrena oficialmente en el Festival Internacional de Cine de Montreal. El filme es un homenaje al compositor y músico Ernesto Lecuona y está protagonizado por los pianistas Chucho Valdés, Michel Camilo y Gonzalo Rubalcaba. Cuenta, además, con la participación de artistas invitados como Ana Belén, Omara Portuondo, Raimundo Amador o Los Muñequitos de Matanzas. El filme se ha rodado en La Habana, Guanabacoa y Matanzas (Cuba), Miami y Nueva York (Estados Unidos), Sevilla y Málaga (Andalucía), así como en La Laguna y Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias).

* La Primera Guerra Mundial y el Cine es el título del ciclo que organiza la Filmoteca Canaria en septiembre y octubre, películas que se exhibirán en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. Las exhibiciones tendrán lugar en el Teatro Guiniguada y el Círculo de Bellas Artes a partir de las 20.30 horas y en ella se podrán ver los trabajos: El desarrollo de la guerra, Los efectos de la guerra, La vida cotidiana y Cine español en EFG1914 (1ª parte y 2ª parte).

Saludos, otras voces, otros ámbitos, desde este lado del ordenador.

Ecos, una novela de Tomás Felipe

Agosto 26th, 2015

El gran alcornoque y sus alrededores presentaban una apariencia en verdad fantasmagórica. La luz de la luna proyectaba sobre la hojarasca las sombras de las ramas del árbol, haciéndolas aparecer como los dedos retorcidos de una gigantesca mano. Lejos de sentir algún tipo de aprensión, la verdad es que me hizo mucha gracia todo ese cuadro… Si no se asoman ahora, no lo harán nunca, me dije sonriendo. Y no bien me hube acomodado, como de costumbre, apoyando la espalda contra el árbol, cuando, de repente, la sonrisa se me congeló en los labios. Delante de mí, escondido apenas entre las ramas bajas de la arboleda, podía distinguir una especie de bulto… no, eran dos bultos, como dos sombras que se movieran flotando en el aire y antes de que pudiera pensar en nada, los tenía ante mí… Eran ellos. El barbudo y el otro que viera en la foto… Se paraban, como a un par de metros de donde me encontraba, muy tiesos, mirando hacia el frente, sin dar la impresión de que me vieran. A la luz blanquecina asemejaban dos estatuas de mármol, sin expresión, sin vida.”

(Ecos, Tomás Felipe. Colección G21.Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea, 2015)

La literatura fantástica pero adaptada con convicción y mucho oficio a la realidad canaria conforma el universo narrativo de Tomás Felipe. Si la ciencia ficción dominaba el escenario de Extraños en su mundo (Ediciones Aguere, 2012) y la recomendable Pasa la tormenta (Baile del Sol, 2013) en la que proponía una atractiva distopía futurista que se desarrollaba en Gran Canaria, en Ecos tantea los senderos de la novela de fantasmas con resultados igual de sorprendentes que en sus anteriores obras, proponiendo una historia de aparecidos que a ratos genera cierta turbación y al mismo tiempo una interesante reflexión sobre la vida.

El protagonista de esta historia, Juan Luján, es un aspirante a escritor que un día recibe en herencia a través de un amigo de su padre una finca ubicada en los alrededores de La Laguna. La finca cuenta con un viejo caserón y está rodeada de campo y unos extraños fantasmas que solo puede ver él y con los que aprende a comunicarse. Poco a poco, y mientras avanza el relato, Luján se acomoda al terreno, su microcosmos particular, a cambio de que busque un heredero que esté, como él, a la altura de esa tierra digamos mágica.

Estructurada en cuatro partes, Ecos es una novela que entra con generosa paciencia, y se trata de un texto en el que se revelan algunas de las constantes que marcan a un autor que conoce y por lo tanto maneja muy bien lo extraño, lo fantástico, esa literatura que explora en lo imposible con imaginación.

Narrada en primera persona, Ecos cuenta otras historias además de las estrictamente espectrales, pero todas ellas giran en torno a esa finca y a esos aparecidos que de alguna manera hacen familia con su protagonista y que justifiquen el proceso de invisibilidad, de fusión con el paisaje, de la geografía que pisa Luján. Un hombre que comienza a aislarse voluntariamente porque ha encontrado su espacio, su terreno en este y posible otro mundo.

De paso, y siempre a través de la mirada del protagonista, nos adentramos en el calvario que emprende primero Juan Luján al comprobar que nadie más que él contempla a los aparecidos y luego su frustración al compropbar que tanto la psicología y algo menos una médium con la que alcanza un final explosivo, le proporciona explicaciones satisfactorias que lo convenzan sobre lo que le está pasando.

De esta manera, lo que empieza como una convencional historia de fantasmas va transformándose en una aventura casi de signo existencial, eso sí, narrada siempre con un agradecido sentido de la ironía.

Tomás Felipe construye la que podría considerarse la primera novela escrita y ambientada en Canarias con fantasmas muy reales y muy nuestros. Mientras, juega y amolda los espacios a los que nos ha acostumbrado esta literatura –caserón abandonado, la noche– para darle la vuelta.

En este sentido, más que el caserón, la presencia sobrenatural es el terreno que ocupa la finca. Un terreno que se protege a sí mismo y que protege a Luján de agresiones externas.

Se producen así varias muertes, y se inicia una investigación policial que emprende un agente con un desarrollado sentido para sospechar de los demás.

Ecos, que cuenta con unas doscientas páginas, se lee bastante bien. No irritará, además, a los iniciados en el género y sorprenderá a los que se acercan a él con algo de recelo.

Tomás Felipe tiene a su favor que cuenta con el secreto de contar historias. Y cuando se tiene ese don, sus novelas afortunadamente fantásticas pero creíbles, se leenlo que se dice de un tirón.

Atención pues a este escritor. Un pionero en encajar sin chirriantes influencias un género, como es el fantástico, en el universo rutinario y aplatanado de la literatura que se puede cocinar en Canarias.

Pasan los días

Agosto 25th, 2015

Llego con retraso, mi vida es una gigantesca cadena de retrasos, a esa serie que responde al nombre de Breaking Bad. Y soy víctima, como tantos otros, de la adicción aunque ya en su tramo final me molesta acercarme, precisamente, a su final. Un final que parece inevitable por como le llueven los problemas a sus protagonistas. En lista de espera, House of Cards, la versión norteamericana, aunque necesito primero un respiro porque uno no debe de vivir solo de series. Me esperan varias películas, largometrajes de los de siempre y revisar, entre otras, La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock. Con Hitchcock de todas formas hace tiempo que perdí cualquier asomo de duda…

Estamos en agosto, que entra también en su recta final. Un mes extraño, en el que además de calor hubo lluvias. Nubes negras. Recupero, mientras tanto, los cuentos de Guy de Maupassant y leo novelas que escriben por esta tierra en la que habito, en la que ando, en la que duermo y en la que me despierto todas las mañanas con la sensación de que es un milagro abrir los ojos.

Encuentro El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell, en el Rastro y quien me lo vende, una señora entrada en años, me guiña el ojo cuando hacemos el intercambio. Ese gesto implica una complicidad que no tiene nada de seducción sino de señal de reconocimiento. ¿A qué?, lo voy entendiendo a medida que me informo sobre Gould y Mitchell.

Mientras tanto subo y bajo por esta capital de provincias de cuestas imposibles y a veces hasta tomo el tranvía que, últimamente, es asaltado por parejas de revisores que te exigen como parejas de la Gestapo que les muestres el billete. Su presencia rompe la monotonía de los viajes y pone una nota hostil a un paisaje que cada día me resulta menos sosegado y sí más antipático.

Aprovecho y me voy de viaje con Guy Delisle y viajo a la capital de Corea del Norte, a una ciudad inhóspita de China y a esa Jerusalén que visité hace ahora tantos años. Me sorprende la capacidad de observación de este guionista y dibujante, y la facilidad que tiene para introducirte en paisajes a través de sus esquemáticas ilustraciones. Nunca imaginé que…

En fin, pasan los días y como dice un amigo, voy contando hacia atrás aunque me tranquiliza, y no sé la razón, contemplar los dibujos de José Guadalupe Posada. Esos dibujos con calaveras sonrientes, que casi parecen celebrar su vuelta a la vida con la forma de esqueletos…

Saludos, game over, desde este lado del ordenador.

Pedro Juan Gutiérrez presenta en Tenerife su última novela ‘Fabián y el caos’

Agosto 24th, 2015

La librería Agapea en Santa Cruz de Tenerife acogerá el 18 de septiembre y a las 18.30 horas la presentación de la última novela de Pedro Juan Gutiérrez, Fabián y el caos (Anagrama). El acto contará con la intervención del autor, entre otras obras, de Trilogía sucia de La Habana y es probable que coincida con el estreno de El rey de La Habana, una película dirigida por Agustí Villaronga y que está inspirada en la novela del mismo título de Gutiérrez.

Fabián y el caos se desarrolla en la ciudad de Matanzas (Cuba), en las décadas de 1960 y 1970. Fabián es un joven pianista obsesionado con su trabajo. También aparece un Pedro Juan adolescente y joven.

Anagrama aprovechará la publicación de esta novela para relanzar otros títulos del autor como Trilogía sucia de La Habana y El Rey de La Habana, en formato de bolsillo.

Saludos, ¿allí estaremos?, desde este lado del ordenador.

Apóstol, una novela de Manuel Pérez Cedrés

Agosto 23rd, 2015

Mi casa era un hogar oscuro, ordenado y desolador, como una isla pintada en negro en medio de un océano luminoso. Así debía ser. O eso era al menos lo que mis padres, bajo un acuerdo lleno de cláusulas inútiles que solo los adultos son capaces de firmar, me  obligaban a aceptar. Yo era un niño tímido, silencioso, obediente. Era el niño ideal en una sociedad familiar basada en la coherencia, en la justicia y en la disciplina. En realidad, lo único que hacían mis padres era sobrevivir a su propia impostura, a su dictadura de quehaceres y poderes, a su  universo de momentos vacíos.”

(Apóstol. El amor es el principio, Manuel Pérez Cedrés. Nova Casa Editorial, 2015)

Hace dos años, Manuel Pérez Cedrés se dio a conocer en la república de las letras con El samurá desnudo, críptica novela de iniciación que transcurre en un pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica y en la que se respiraba entusiasmo demoledor e ímpetu por bucear en la siempre compleja mente de un adolescente con instintos digamos equivocados. Tras una pausa de silencio, imaginamos que mascullando un nuevo proyecto literario, Pérez Cedrés publica ahora Apóstol. El amor es el principio, título que podría considerarse en las antípodas de su samurái aunque en los dos textos coinciden elementos y un estilo que se apoya en la primera persona para contar lo que acontece alrededor pero sobre en el interior de su personaje protagonista.

Si en El samurá desnudo se trataba de un joven peleado con el mundo en Apóstol es un hombre trabajador, funcionario de Hacienda, que anda igual de perdido solo que éste, al que conocemos como Lucas, busca con meridiano anhelo el amor.

El amor es el eje a través el cual se articula Apóstol, una novela en la que también trasiegan otros temas pero que son secundarios y en la que intervienen mujeres y algunos hombres. Será Lucas quien nos lo presente y también quien nos cuente, aunque de pasada, a modo de ligero vistazo, las diferentes interpretaciones del amor que caracterizan a los actores de reparto de su historia.

El relato está escrito con cierto aliento lírico, lo que redunda más que en la descripción de los hechos, en la búsqueda de su protagonista. Luego lo que importa, pese a los variados episodios que salpican el texto, es la interpretación que Lucas dibuja de todos ellos y que refuerzan, se sospecha que esa es la intención, para que Lucas, un tipo que parece condenado a la soledad, encuentre por fin y de casualidad el amor de su vida. Así son las cosas cuando el caprichoso Cupido apunta y decide disparar sus flechas.

Apóstol es una novela en la que lo que importa es la forma de decirlo más que al diseño de las escenas y en este sentido propone una atractiva aunque irregular lectura en torno a las relaciones entre hombres y mujeres y a indagar, aunque levemente, en una sociedad donde lo que importa es el que dirán.

Paralelamente, se intenta construir la historia de una búsqueda en pos del amor, ese que encadena espiritual y materialmente cuerpos diferentes y mostrar el camino que emprende su protagonista para descubrir a su pareja perfecta.

Y parece que Lucas la encuentra mientras otros los compañeros de su oficina se enfrentan a rechazos y a su miedos, lo que desencadena una serie de catastróficas desgracias invitan a reflexionar sobre la conexión entre parejas.

Lucas, tras varios intentos fallidos, tiene fortuna en su itinerario y su relato se transforma así en una especie de gracia ante la revelación. La fe, por lo tanto, no es la que mueve montañas en esta novela sino el azar con el que Manuel Pérez Cedrés hace que Lucas conozca por fin a su mujer ideal.

La novela se abre con un poema, un prefacio que firma el autor y en el que explica las razones que le llevaron a escribir este texto, no tan enrevesado como El samuráis desnudo, pero si con algunas oscuridades que entiendo forman parte de su estilo y de su universo narrativo. El libro cuenta además con un prólogo que firma la periodista Yolanda Arenas.

Estas piezas introductorias dan paso a un texto que hay que leer y asumir como la imagen del cordero que ilustra la portada del libro. Una metáfora que entiendo bastante acertada para corporeizar una aventura, porque a su manera Apóstol es una aventura, en la que prima el rito de la iniciación.

La novela cuenta con apenas 170 páginas y se lee con curiosidad porque más allá de que pasen o dejen de pasar cosas, tiene algo que anima a seguir adelante con el relato para comprobar si consigue o no lo que su protagonista anhela.

Como explica el mismo Pérez Cedrés en la introducción, esta novela nace tras revisar La llama doble, de Octavio Paz, y una idea sugerida tras su lectura: “Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el tiempo se distiende y deja de ser una medida.” Manuel Pérez Cedrés reinterpreta esta cita en uno de los pasajes de Apóstol, cuando escribe: “Esas cosas que tiene la vida, pensé, el mismo ser que te produce un dolor desgarrador también puede regalarte una felicidad indescriptible”, texto que resume, a nuestro juicio, los recelos que definen a Lucas cuando emprende su peculiar vía crucis en busca del amor.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.