Una chiflada clasificación chiflada

Julio 28th, 2010

UNA ACLARACIÓN NECESARIA:

La siguiente clasificación me la encontré en una librería de viejo mientras callejeaba por la ciudad de Gijón. El hallazgo -por llamarlo de alguna forma- se trata de un panfleto editado a fotocopias y sin firmar. Lo que más me llamó la atención del texto es la preocupación que su autor o autores se tomaron al diagnosticar la fauna que tradicionalmente recorre los rastros de las ciudades y pueblos de este país que se nos muere. En la última página de este opúsculo sin fecha se advierte de una segunda parte en la que su autor (o autores) clasifica a los vendedores de los puestos ubicados en estos espacios. No logré dar con él pero el amable librero asturiano que me atendió se comprometió a envíarmelo si por la gracia de los dioses caía en sus manos.  

La primera página del texto reproduce los siguientes versos de Cavafis:

La ciudad es una jaula.
No hay otro lugar, siempre el mismo
puerto terreno, y no hay barco
que te arranque a ti mismo. ¡Ah! ¿No comprendes
que al arruinar tu vida entera
en este sitio, la has malogrado
en cualquier parte de este mundo?

A continuación se pasa a la chiflada clasificación.

Los buitres.- O todos aquellos buscadores de rarezas (entiéndase libros, discos de vinilo, películas en vhs, tornillos, etc, etc) que dan vueltas y vueltas desde primeras horas de la mañana por cualquier rastro esperando que un nuevo vendedor asiente sus reales y despliegue con descuido -y preferiblemente en montones- el material que pretende poner a la venta.

El que marca territorio.- Se trata de aquel habitual a los rastros que se hace espacio en un puesto de discos, libros, cintas de vhs sin importarle un pimiento desplazar al cliente que tiene delante. Si el primer cliente, con caballerosidad, le indica que espere su turno porque él llegó primero le soltará con acento victimario algo así como “¡no ocupe mi espacio vital!” Normalmente se sale con la suya.

El suertudo.- Este espécimen no suele ir al rastro todos los domingos. Es más, deja que pase un tiempo prudencial y cuando cree que los elementos se han conjurado para darle buena suerte decide entonces darse una vuelta a la hora que sea porque intuye que encontrará algo insólito. O ese libro, disco o cinta pasado de rosca que tanta falta cree que le hace. Pese a que se toma con paciencia sus desplazamientos, tras haber investigado a esta especie hemos llegado a la conclusión que el mejor momento que siente es cuando se hace con aquello que tanto ansia. También al preguntarle el precio al vendedor sin que éste aprecie que daría por ello lo que le pidiera. 

El regateador.- Esta especie, desgraciadamente en extinción, era hasta hace unos años la más habitual en estos espacios. Se trata de gente que regatea por cualquier cosa. Si el vendedor propone cinco sestercios, él responderá que dos hasta llegar a un precio que convenza a las dos partes. Es una pena que esta técnica, todavía en alza en los bazares morunos, ya no se estile en nuestros occidentalizados rastros.

El ocasional.- No suele ser un habitual de los rastros. De hecho odia los rastros. Algunos porque les parecen sitios para pobres. Otros porque no soportan adquirir cosas usadas y unos terceros porque no suelen levantarse antes de las dos de la tarde los domingos. No suelen comprar por lo explicado anteriormente y no paran de criticar al colega que los ha convencido para pasar allí la mañana. Son fácilmente detectables por la cara, en la que se refleja mucha mala leche.

El pesado.- Tampoco es buen comprador pero presume con sus amigos de lo que ha conseguido a precio de ganga mientras le recrimina al otro que carezca de sus instintos de predador. Dice que conoce los mejores puestos de cualquier rastro pero que esa información nunca la revelará aunque sufriera tortura china. No son mala gente. El problema es que son unos pesados.

El voyeur.- Mucho cuidado con estos. Son de los que te observan y estudian en un puesto. De esos que ven cómo manoseas un ejemplar y dudas en comprarlo. Si lo dejas en su sitio, llegará el muy listo y se lo meterá en el bolsillo sólo por el placer de verte sufrir. Es más que probable que tire después lo que ha comprado en una papelera. Por eso es bueno seguirlos a cierta distancia. Generalmente sales ganando, porque te haces con la mercancía y sin pagar un sestercio.

El viejuno.- Pese a su denominación este pedazo de animal puede tener cualquier edad. Sólo compra lo que sea viejuno. Independientemente del valor que tenga. Si es viejuno vale la pena. Huelen, además, a viejunos.

El necromitero.- Este individuo, en contra del viejuno, no busca cosas viejunas sino raras. Preferiblemente libros olvidados por el tiempo, textos extraños (como El legado del temple) con lo que puedan invocar a los mil demonios del Averno. No les hacen ascos tampoco a velas pasadas, túnicas usadas, discos con cantos gregorianos y cintas de vhs de Kenneth Anger con Anton LaVey como protagonista. No vean cómo se ponen si descubren un texto desconocido de La Bestia, Aleister Crowley. Una recomendación: no hay que tenerles miedo. ¡Allá lejos! 

El madrugador.- Son todos aquellos que pasean por el rastro desde que este abre sus puertas. Miran, remiran, investigan. Como los dioses ayudan a quien madruga, son los que generalmente se llevan las mejores piezas.

El trasnochador.- O el que continúa la fiesta de la noche anterior visitando el rastro. A esta especie no le interesa el rastro, seamos sinceros, sino tomar la penúltima en los muchos bares que abren a su alrededor.

Los amantes.- Parejas que deben de haber pasado una noche divertida en casa y que se levanta para prolongar los efectos paseando por el rastro. Parecen que caminan por entre nubes y se ríen de todo sin haberse fumado un cigarrito de la risa. La tradición marca, además, encontrárselos desayunando churros.

El pesado.- Es ese señor o señora que se te pone al lado y no deja de recomendarte que compres esto o lo otro. Que le hagas caso. Lo mejor es obviarlos, hacer como si no existieran. Sí se les presta atención lo más probable es que regreses a casa con una bolsa cargada de cosas que, inevitablemente, terminarán en el cubo de la basura.

El coleccionista.- Explora los rastros para completar aquellas colecciones que por una u otra razón no pudo completar en su infancia o adolescencia. Es un bicho raro, va a tiro hecho. Normalmente se va sin nada a casa. Ahora bien, cuando descubre lo que busca parece que suena dentro de su cabeza la música de Superman.

El virgen.- Todos aquellos que se inician por primera vez en la extraña magia de un rastro. Se les detecta porque lo miran todo como alucinados y por su desarmante timidez. No se atreven a preguntar precios. Pasean y miran y el veterano, que recuerda cómo fue su primera vez, se solidariza con ellos y piensa: ¡bienvenidos a este caos consumista!

El veterano.- Los hay de todas clases pero nos quedamos con el que sencillamente disfruta con estos espacios. El de su ciudad y el de otras ciudades que ha tenido la buena suerte de conocer. Para nosotros es una especie de marinero que navega en tierra.  Hacen legión.

Los legionarios.- Pues todos esos veteranos que como si de una hermandad masónica se tratara se ayudan entre sí para orientarse y que encuentres aquello que ibas buscando. Son muchos más de los que se creen. Y se reconocen entre sí a través de palabras, toques y signos, lo que obliga a estar iniciado. En definitiva, ellos son los que dan vida a los rastros. Se tratan de hombres y mujeres de buenas costumbres. 

Aquí termina esta clasificación chiflada. A la espera de recibir la segunda parte…

… Saludos desde este lado del ordenador.

Frío, frío, frío…

Julio 27th, 2010

Tenía interés por ver el último trabajo de Jaime Falero, cineasta al que sigo por algunos de sus cortos, casi todos ellos alejados de la corriente intimista que caracteriza a los cineastas canarios recientes aunque bien es verdad que aquejado de una tarantinitis aguda que puede tener efectos perjudiciales para su salud.

El último trabajo al que hago referencia responde al nombre de Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas, y se trata de un documental realizado en Tenerife II con diez de sus internos. Se exhibió esta misma tarde en TEA.

Ahora viene la primera pregunta: ¿Cuál fue tu reacción?

Y ahora viene la respuesta: No es lo que esperaba. Es más, me parece un reportaje frío, distante, sin línea narrativa continua… No emociona, por mucho que el cineasta se empeñe. Cuenta, eso sí, con escenas potentes, de esas que convierten en verdad el dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Me quedo con una: balones de fútbol colgando en el alambre de espino.

El problema de Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas es que intenta abarcar demasiadas cosas en una hora escasa de duración. De hecho, da la sensación de que el documental es un resumen de lo que podría haber sido.

No supo meter a este atribulado espectador en el sufrimiento de su decena de protagonistas aunque sí me planteó una cuestión que no investiga el documental: si vivir en islas ya condena a un forzado aislamiento ¿cómo será vivir en una cárcel instalada en esa misma isla?

Al margen de la ley no contagia la sensación de soledad, ni explora en el quién, el cómo ni en los por qué de sus diez protagonistas. Será porque en su reflejo del día a día no transmite esa sensación de soledad de la que tanto se quejan  los presos.

Soledad. Es una verdad y lo dicen. Y lo repiten. Pero como espectador no te araña su vacío, ni su arrepentimiento por lo que hicieron.

Una pena. Porque los diez, hombres y mujeres, que aceptaron dar la cara para contarnos sus historias esconden historias. Historias que aprecias porque están talladas en sus rostros. En todos ellos la mirada es de una asombrada tristeza. Una mirada de perplejidad profunda que como espectador exijo que me mastiquen. No me vale sus conversaciones, cómo pasan el tiempo haciendo ejercicio o en talleres… Pido ese algo que Falero no sabe transmitir.

No ves la soledad.

La condena de no estar entre los tuyos.

No la sientes.

Me sabe a muy poco Al margen de la ley. Diez presos. Diez vidas.

No veo a esos diez presos. Tampoco veo esas diez vidas.

No siento que es vivir cómo ellos.

Al finalizar la proyección, Falero aprovecha para presentar la promo de una serie de televisión en la que actualmente trabaja. Se titula Tenerife South. Un thriller.

Y en esas imágenes encuentro al Falero que reconozco: bestia, inconoclasta, salvaje.

También al viciado por la tarantinitis.

Saludos, asilado y aislado, desde este lado del ordenador.

Otro consejo de monosabios… y van… y van… y van…

Julio 26th, 2010

A mi esto de los comités de sabios me recuerda a los tres monos místicos o de la sabiduría. Ya saben, ese que no ve, ese que no oye y ese que no habla. El primero oculta sus ojos con las manos, el segundo se las lleva a sus orejas y el tercer se tapa la boca con ellas.

Esta idea, la de los famosos tres monos se me ha venido a la cabeza al leer la información que anuncia que Canarias contará con un Consejo Canario del Sector Audiovisual. Y que el mismo velará “por la calidad de los contenidos y la ética en el sector”, entre otras historias.

No se sabe todavía quien ocupará plaza en este comité de chimpancés, digo sabios, pero se indica que cinco de sus miembros saldrán del Parlamento de Canarias y los otros dos serán elegidos por el Gobierno. Lo que hace que me tema lo peor. Digo lo peor porque soy de los que cada día lo tiene más claro: sospecha con amargura de todo lo que salga de la Cámara regional. También de lo que emane del Ejecutivo autonómico. Y es que a los hechos me remito.

Ahora bien, en la nota se destaca bien clarito que todos ellos, los que integren el futuro comité de sabios o monos, según guste o disguste, “serán sometidos a un férreo régimen de incompatibilidades entre las que destacan la imposibilidad de tener interés en medios de comunicación de cualquier tipo, empresas de publicidad o de producción de contenidos”.

A ver si es verdad…

Los del comité tendrán “capacidad para imponer sanciones y ejercer acciones judiciales” y sus competencias abarcaránn desde la radiodifusión sonora hasta la televisión y cualquier otro sistema de transmisión de contenidos audiovisuales. Se prevé que el invento se ponga en funcionamiento — aún está pendiente por aquello de que entre en vigor la Ley para su aprobación definitiva– dentro de unos seis meses. Periodo tras el cual los acólitos del doctor Zaius podrán señalar con el dedo índice hacia arriba o hacia abajo según el caso lo que según sus personales criterios piensen que se sale del tiesto.

¡Tiembla Televisión Canaria!

¡Temblad televisiones locales!

Cuentan que el consejo de monosabios estará dedicado a informar sobre las propuestas de adjudicación y sobre las operaciones de venta o alquiler de las licencias. También la de realizar inspecciones e imponer sanciones. Además, “se encargará de fomentar la autorregulación y los códigos deontológicos” así como garantizar el cumplimiento de las obligaciones de servicio público radio y televisiones públicas y ser mediador en los conflictos entre operadores. En cuanto a su capacidad de imponer sanciones, este comité tiene la facultad de dictar instrucciones vinculantes (con multa de 100.000 euros a 500.000 euros, las graves de 100.000 euros a 50.000 euros, y las leves hasta 50.000 euros) y aprobar recomendaciones y ejercer acciones judiciales. Leo la información y la releo. Me rompo la cabeza pensando quién podría formar parte de este comité sin que se me aparezca ningún nombre en la cabeza, y espero, con resignación espartana, a su puesta en funcionamiento. Si el invento –e imagino que nace con tan noble intención—es para evitar opacidades, es bienvenido.

Claro que, mucho me temo, seguiremos informando.

Saludos, cual Taylor cuando se tropezó con la Estatua de la Libertad en aquella playa de aquel lejano planeta que no era tan lejano, desde este lado del ordenador.

Sumergiéndome ‘Dentro de la noche’

Julio 24th, 2010

La gente con talento no presume que lo tiene. Va por la vida como uno más, asumiendo su destreza como algo natural, imaginando que esa veta que explota la tienen también quienes le rodean. El dibujante y guionista de cómics Eduardo (así, a secas, sólo un nombre) es una de estas personas. Un tipo de desarmante sencillez y humildad. Y un genio que no va de loco por la vida.

Aunque la cosa todavía está en fase de cuarentena, es más que probable que Dolmen Editorial en su línea Siurell (que sólo publica a autores españoles) presente un tebeo del dibujante y guionista tinerfeño que bajo el título Dentro de la noche, recoge once historietas de seis páginas cada una muy abracadabrantes, de esas que te dejan congelado sin que apenas te hayas percatado de cómo el húmedo viruje iba paralizando tu cuerpo.

Sobre este proyecto que edita Dolmen (una curiosa alianza astur-mallorquina que está despuntando no sólo en la geografía de los colorines sino también en la edición de libros de temática histórica y fantástica) da cumplida información el blog desdemimundo de Jorge Iván Argiz, quien confiesa que considera este trabajo como “uno de los más ilusionados me tienen por su excelente guión, lo sólido del concepto y por su estupenda resolución final”.

He tenido la oportunidad de leer algunas de estas historias de Dentro de la noche, y sólo puede decir de ellas que son inquietantes, que producen malestar y esa necesidad imperiosa de echar un vistazo por la espalda no vaya a ser que…

A mi modesto entender, Eduardo ha conseguido además actualizar las claves de la que fue y es la mejor serie de televisión de todos los tiempos: En los límites de la realidad, al proponer historias donde realidad y fantasía se fusionan de manera maestra, y siempre narradas a través de dos protagonistas, lo que ofrece una doble perspectiva sobre los sucesos que expone y plantea así inquietantes lecturas y relecturas: ¿quién tiene razón? ¿qué es verdad y que deja de serlo en cada una de estas extrañas aventuras?

Eduardo no sabe ubicar estas historias, así que me atrevo a sugerir que su cóctel explosivo es una suerte de mestizaje entre el viejo Franz Kafka y Rod Serling, el creador de la ya citada y admirada serie En los límites de la realidad. Con esto quiero decir que sumergirte en sus páginas da lo que se suele decir muy mal rollo. 

Y todo ello sin fuegos artificiales ni tontas trascendencias. Y sí recurriendo a una misma estructura narrativa que apoya un dibujo sencillo pero tremendamente efectivo.

“Todo surge a resultas de la primera historia, que hice en dos días, de forma totalmente libre hace un par de años, por divertirme un rato, sin más. Un tiempo más tarde repetí experiencia con la segunda y me plantee hacer algo con más cuerpo” me cuenta Eduardo. Y este que es su tocayo lo mira y concluye lo que dije al principio: los genios son gente que van por la vida como uno cualquiera. Sólo que ellos ven cosas que nos están vedadas al resto de los mortales. Claro que, afortundamente, están ahí para revelárnoslas.

Ya lo saben, Dentro de la noche próximamente en su kiosco.

Saludos, con recuperada hambre tebeoadicta, desde este lado del ordenador.

Una afortunada corriente de aire fresco: nuevo libro de Nicolás Melini

Julio 23rd, 2010

No sé si es el mejor halago que le puedo brindar a las novelas y relatos del escritor Nicolás Melini (Santa Cruz de La Palma, 1969) pero a mi juicio lo que más me gusta cuando leo sus historias es que no me parecen canarias. Ni siquiera españolas.

Será, pienso, que cuando me adentro en algunos de sus libros siento que estoy leyendo a un escritor que no necesita de patrias para su ubicación. En sus novelas, cuentos y poemas, Melini trasciende fronteras y se convierte en escritor sin banderas.

Me sumergí por primera vez en su mundo (bastante próximo al mío pese a sus notables diferencias) a través de su potentísima novela El futbolista asesino, un relato que sigo considerando afortunadamente inclasificable y que despertó en mí esa llama espontánea que como lector me exige, al terminar una obra que me gusta, aquello de “quiero más”.

Pasado el tiempo, porque esta es prácticamente la palabra que mejor se ajusta al seguimiento que hago con la literatura de Melini, leí La sangre, la luz, el violoncelo, y más tarde su impresionista e impresionante Cuadros de Hopper, que considero, a mi modesto entender, el mejor de sus títulos publicados hasta la fecha y que me supo –aún tengo ese sabor en la boca mientras escribo estas líneas apresuradas– a texto con ecos no ya del genial pintor norteamericano Edward Hopper sino del mismísimo Raymond Carver. Sólo que de un Carver con señas de identidad propias, como si su autor, Melini, hubiera cogido de ese gran narrador de las soledades humanas el marco para describir sus particulares historias de desarraigo y pequeñas traiciones cotidianas en forma de poemas.

Otros de sus títulos son Historias sin cariño de Remedios quiero besarte y Adonde marchaba. También Cuadernos de mis mayores, textos que espero encontrar un día de estos si los dioses que viven dentro de los libros me conceden esa oportunidad.

Viene a cuento esta extensa introducción para anunciar que el escritor acaba de publicar un nuevo libros de cuentos, y que bajo el título de Pulsión de amigos ha sido editado por KRK Ediciones en su colección Tras 3 letras.

El escritor venezolano Juan Carlos Méndez-Guédez ha escrito sobre Pulsión de amigos: “Sólo los grandes escritores son capaces de crear el vacío: un vacío seductor, terrible y hondo que antecede y se expande a partir de cada uno de sus textos. Nicolás Melini excava alrededor de estos doce relatos verdaderos abismos en los que la mirada se extravía la obra de Nicolás Melini: para encontrar en sí misma desconocidos vértices del goce y del dolor.

Los cuentos de Melini extraen de lo real pequeños trozos, segmentos de subterránea intensidad, y los colocan en medio de la blancura de la página como irritantes manchas, como intrigantes imágenes que el lector condensa y completa.

Literatura de primera línea, Nicolás Melini confirma en este libro que es uno de los mejores cuentistas de lengua española de este siglo que comienza. Porque sólo los grandes autores como él son capaces de armar un libro como este: fuego líquido, chispazos, quemantes resplandores, epifanías terrenales conectadas a un paisaje insular ajeno a la mitificación o a la visión adántica, pero próximo a la lucidez vital, al desgaste, al horror y al placer devorador que significa la existencia.”

Así que ya lo saben, y no olviden supermineralizarse.

Saludos, esperando a que caiga en mis manos Pulsión de amigos, desde este lado del ordenador.

Yo también reivindico a los guanches de a pie

Julio 22nd, 2010

UNA REFLEXIÓN, DEBE SER COSA DEL CALOR

El fenómeno no es nuevo. Y supongo que le pasa a la mayoría de los habitantes de estas ínsulas. Y de otras. El hecho es que alejarte de Canarias durante unos días (casi dos semanas en mi caso) hace que el regreso sin ser traumático te deje algo tarumba y también marcado.

Cuando estás fuera, en otro sitio y en otro lugar, notas como te vas quitando la armadura con la que afrontas la realidad insular para descubrir a un personaje que eres tú. Sólo que libre de ataduras, presiones, cuchicheos y otros hartazgos que te rodean diariamente. Vuelves a descubrir también con cierta congoja que tu región es un pequeño ombligo situado en el mundo, y agradeces las nuevas perspectivas que van sacudiendo tu cabeza mientras el proceso de metamorfosis sigue avanzando irremediablemente. Puede que hasta te parezca que eres más fuerte. Una ilusión.

Cuando regresas a Canarias y han pasado unos días sabes que todo sigue igual. Que las miserias diarias continúan siendo las mismas. Y aprecias, falsamente sorprendido, que te encierras de nuevo en esa especie de torre de marfil para evitar los ninguneos y desprecios (probablemente involuntarios) de los que te rodean. Notas que vuelves a ser ese otro yo, y que la experiencia vivida en el exterior sólo forma parte ahora de tu leyenda, de tu pequeña historia, de un plácido sueño del que te has despertado.

ABRE LOS OJOS

Los medios de comunicación se han volcado sobre el anunciado regreso al cine de Javier Fernández Caldas. Leo a través de la Internet los numerosos artículos que se han escrito sobre el cineasta tinerfeño y sacudo la cabeza. Caldas sabe venderse lo que se dice muy bien.

Espero con impaciencia el estreno de este nuevo cortometraje de título tan poco sutil, La criada. Veo algunas imágenes y aprecio un buen trabajo de fotografía. Esto me hace recordar que cuando veía una película con mi santo padre, siempre exclamaba (sobre todo si se trataba de un western, género por el que ambos dos sentíamos devoción) algo así como ¡qué foto!. Y yo pienso, con esto del regreso de Caldas –Diario de Avisos publica hoy mismo un reportaje sobre esta La criada–, qué foto la de este director que hace un puñado de años rompió en estos siete peñascos y también allende sus fronteras con los cortometrajes El último latido y Frágil. Después con el inclasificable largometraje La isla del infierno y su radical reivindicación del guanche de a pie y ese extraño experimento que responde al nombre de El aroma del café, para quien les escribe su mejor obra hasta la fecha. Quizá por rara e insospechadamente intelectual.

UN RESISTENTE

El incombustible y afortunadamente casi siempre inclasificable Josep Vilageliú presenta hoy, jueves, en el Ateneo de La Laguna un documental en forma de diario llamado DC ADA. La entrevista, que pueden leer sí pinchan este enlace, me ha resultado francamente interesante. Interesante porque Josep Vilageliú habla de sus constantes, de cómo ideó este nuevo experimento audiovisual y del retrato que se hace como cineasta de frontera: “El cine de ficción que yo he hecho son artefactos muy barrocos, donde mezclo códigos del teatro o de la música, cine de investigación. En cuanto a documentales, siempre he intentado que sean las imágenes las que lo digan todo, con apenas una voz en off para situar”.

JUGANDO A SOLDADITOS

Uno de mis mejores amigos forma parte del batallón de falsos soldados que cada 25 de julio se disfrazan de infantes para recrear el asalto a Santa Cruz de Tenerife del por aquel entonces contraalmirante Horacio Nelson. El cineasta Teodoro Ríos es quien dirige a esta tropa, formada por aficionados a la Historia, y no deja de hacerme gracia.

Ese amigo al que le encanta llevar mosquetón está empeñado en que forme parte de este universo de adultos que quieren hacer una guerra de mentirijillas. Y quizá, si me hubiera cogido más joven, quién sabe. Ahora disfruto verlos desfilar por las calles de la capital tinerfeña quizá porque como dijo Scott Fitzgerald “soy una persona que me emociono al escuchar a las trompetas tocando a plata”, y de esas que todavía saca de sus cajas de Airfix los soldados que participaron en la célebre batalla de Waterloo. 

Saludos, cantando aquello de que calor, que calor, desde este lado del ordenador.