Boileau-Narcejac, la extraña pareja

Septiembre 21st, 2017

Boileau-Narcejac fue el pseudónimo que utilizaron dos famosos escritores franceses de obras de suspense e intriga Pierre Ayraud (Thomas Narcejac) y Pierre Boileau muchas de las cuales se llevaron al cine como Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955); Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960) y Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958).

El contrato (traducción Jorgina Balager, Versal, 1989) es una de las novelas que escribieron pero también una de las más tiernas en el oscuro universos de estos dos escritores porque narra una historia de amor. La de un asesino profesional, un especialista en matar, con un perro al que involuntariamente hiere en uno de sus trabajos.

No acaba bien, como no acaban bien la mayoría de sus novelas El contrato, pero esto lo conoce el lector iniciado en sus libros, que funcionan como perfectas máquinas de relojería.

El contrato tiene la virtud de leerse en muy poco tiempo y como el resto de las novelas de la pareja apenas llega al centenar de páginas, todas ellas imprescindibles. Otra de las características que define el estilo de Boileau-Narcejac, y eso siendo conscientes del lector al que iban dirigidas, es que más que la trama, lo que les interesan es el retrato de personajes, buscavidas que son colocados en situaciones límite y a los que rodea una galería de secundarios igual o más turbios que el protagonista.

En El contrato se encuentran bastantes de las constantes de este escritor (que eran dos) como la creación de atmósfera, retratos de psicópatas y actos criminales retorcidos. En esta novela, conocemos al protagonista solo por una inicial, G, y conocemos de su pasado que nació en un circo y sufrió malos tratos. Fue allí, bajo la carpa, donde aprendió a manejar las armas. Un instrumento letal que ha utilizado siempre como herramienta de trabajo.

G. trabaja ahora a las órdenes de Monsieur Louis, quien le asigna los objetivo vía telefónica, aunque la relación se tuerce cuando por salvar a un perro pastor, Rómulo, tiene que huir y esconderse en un pequeño pueblo de la Francia profunda.

La acción de El contrato comienza desde las primeras páginas en las que el asesino a sueldo suifre con otros desconocidos un atentado terrorista. Continúa con G. planificando su próximo trabajo, el asesinato de un político, y la huida que emprende con cierta documentación y el perro.

La segunda mitad de la novela se desarrolla en la casa donde se esconde para contar la relación que termina por unir al perro con su nuevo dueño, quien descubre sentimientos que desconocía como el afecto y la necesidad de protager a otro y no solo a uno mismo.

La dedicatoria del libro ya anuncia tan peculiar como hermoso homenaje a todos los perros del mundo:

“A la memoria de Mabrouk, el perro que tenía corazón de hombre”

Boileau y Narcejac, qué extraña y feliz pareja.

(*) En la imagen Narcejac and Boileau.

Saludos, imprescindible, desde este lado del ordenador.

El Escobillón cumple diez años

Septiembre 20th, 2017

No se lo cree pero la vida es así… Han pasado como si nada diez años. Diez años con momentos muy felices y otros demasiado tristes.

Diez años en los que está bitácora virtual que se llama El Escobillón no ha cambiado de cara ni de insistencia pese a que quien está detrás del computador sí que ha envejecido, pero no se lo digan que últimamente está como sensible.

Son casi tres mil las entradas que desde entonces se han escrito, la mayoría de ellas comentarios y reflexiones de lo visto y leído, y chifladuras con las que pasar el rato.

Un híbrido, este El Escobillón, que su responsable –un tipo cada día más calvo y mira que disfrutó en su adolescencia de melena a lo Mortadelo sin Filemón– procura mantener con periodicidad mientras cada día que pasa tiene la sensación de que el tiempo se le va demasiado deprisa y corriendo.

El Escobillón celebra hoy su décimo aniversario. Nosotros lo celebramos con cerveza alemana y bocatas de chorizo de perro… mientras releemos el imprescindible ensayo Más allá del oeste de Ángel Fernández Santos y acudimos, como hemos acudido tantas veces en el pasado, a Brian Aldiss con su antiutópioca Enemigos del sistema, un clásico ya de la literatura que anticipó nuestro futuro como especie.

Y eso es todo, de momento.

Gracias a los de siempre y a los nuevos por estar ahí.

Saludos, mañana será otro día, desde este lado del ordenador.

Víctor Ramírez: “Lo mío con la literatura fue puro azar”

Septiembre 19th, 2017

La editorial Mercurio ha publicado recientemente dos libros de Víctor Ramírez (Las Palmas de Gran Canaria, 1944). Con el título de Contracorriente. Reflexiones a vuela pluma [1], el escritor recoge una serie de artículos y reflexiones que publicó en 2003 en la revista AKN, y reedita la novela La machanguita, que publicó hace siete años.

Junto a estos dos libros, el escritor anuncia en esta entrevista que pronto aparecerá la novela Guirres sin alas, de la que circula una pequeña edición, entre otras obras.

Víctor Ramírez comenta en esta entrevista que llegó a la literatura por azar aunque desde ese momento, a finales de los años setenta, no ha dejado de producir una literatura muy personal entre la que destacan novelas como Nos dejaron al muerto, que cuenta con una estimable adaptación cinematográfica que con el título de La caja fue dirigida por Juan Carlos Falcón; Arena rubia y Largo oscuro origen. Sus cuentos han sido recopilados en volúmenes como El arranque y La piedra del camino, entre otros, y es autor de obras de teatro, artículos periodísticos y canciones.



-Usted no para de escribir.

“Me pregunto cuando miró hacia atrás de donde sacaba el tiempo y la energía porque nadie me ayudó. También de donde sacaba los contenidos de los libros aunque lo que más me sorprende es la tenacidad que tenía para seguir adelante, para continuar escribiendo. Yo digo que he vivido de la literatura y de la música, tengo 150 canciones mejicanas escritas, pero que no he estado sometido a la música y a la literatura porque las amo y he sido correspondido por ellas, que es lo más importante.”

- Pero son tanto sus libros entre novelas, artículos, teatro, cuentos… ¿Qué pretende transmitir con todos ellos?

“Los libros se emancipan para pertenecer al lector y en mi caso, propiamente como escritor, lo que se quería era señalar y no denunciar porque ¿denunciar ante quién?, ¿ante un pueblo al que llamo condenado desde la cuna a la ignorancia, a la alienación, a aprender solo lo que nos hace daño, lo que no nos beneficia ni nos ilusiona? Hoy se va a las aulas para ser un ignorante.”

- ¿Pero por qué dice eso?

“Porque no se enseña nada de Canarias y lo poco que existe está deformado totalmente.”

-Algo habrán cambiado las cosas, ¿no cree?

“No, en absoluto. En todo caso han cambiado pero para peor. ¿Sabe lo triste que que es ver como mis nietos van al colegio a perjudicarse? Y lo digo yo, que fui un maestro que impartió todas las asignaturas y a todas las edades, por eso digo que lo de ahora es peor… Ese miedo que tenemos, ese miedo a morir, a que vienen los moros es pura alienación. ¿Quién manda ahora? ¿Los alemanes? Siempre es igual, no hay capacidad para la responsabilidad.”

- Miedo tenemos todos, seamos o no canarios.

“Ese mal está extendido pero yo tengo que hablar de esa humanidad a la que pertenezco, que es Canarias.”

- ¿Y España?

“Yo soy canario y no odio a España porque ¡cómo voy a odiar a un pueblo que tiene una Historia tan machacada! Yo lo que hago es pronunciarme con decoro y compasión.”

- ¿Recuerda cuándo sintió la llamada de la literatura?

“Lo mío con la literatura fue puro azar, no la busqué sino que la encontré y supe aprovechar la ocasión. Cada cual arrastra su sombra eran unos folios que escribí recién casado y con mi hijo sentado entre las rodillas frente a la máquina de escribir que no llegué a romper. Un día, era a principio de los setenta, me encontré en Agaete con Juan Jesús Armas Marcelo y me dijo que iba a montar una editorial y le comenté que tenía unas cosas escritas y pasado el tiempo fui a visitarlo a su casa con unas cuantas páginas con la idea de no volver a escribir porque todo esto coincidió con que había aprobado las oposiciones. La historia es que en otro encuentro con Armas Marcelo está discutiendo con Eugenio Padorno, con quien tenía la editorial, porque Eugenio no terminaba de creerse las alabanzas que le dedicaba a Cada cual arrastra su sombra y El arranque. No se le metía en la cabeza que una persona a la que le gustaba el fútbol pudiera escribir medianamente bien.”

- ¿Y?

“Pues que Armas Marcelo me dijo que lo preparara para publicarlo y lo hice, uní dos historia, las amplié y se lo entregué y una vez publicado el libro los comentarios fueron muy buenos desde el principio pero la sorpresa más grande fue conocer que Isaac de Vega, no sé cómo le llegó un ejemplar, escribió un artículo en el que decía que Cada cual arrastra su sombra era una novela de bomba retardada.”

- Antes decía que no quería escribir más.

“Eso fue a principio de los años setenta. No quería escribir pero me ofrecieron que colaborase en la antología Aislada órbita, y escribí muy deprisa un cuento pero no deseaba escribir más. Me pasó lo mismo con la segunda tanda de cuentos, que los escribí obligado.”

- Parece que no querían que dejase de escribir.

“Después de dejar un trabajo de los dos que tenía tuve la mala suerte que fue buena al final de no trabajar por las mañanas, por lo que me entretenía escribiendo aunque no estaba muy a gusto hasta que se me apareció la imagen de un muerto y escribí Nos dejaron el muerto, que en principio iba a ser una historia corta. El caso es que continué escribiendo cuentos hasta que El Diario de Las Palmas me ofreció llevar unas páginas literarias en las que publicaba novelas y artículos. ¡Qué hubiera sido de mi vida sin El Diario de Las Palmas!

- ¿Le gusta hablar de sus libros?

“No, no me gusta porque es que ni me acuerdo de ellos muchas veces.”

¿Y de cómo se manifiesta a través de ellos?

“Yo me manifiesto públicamente a través de la literatura de cuatro maneras. La primera es didáctica, ya que cuento con libros de Lengua y Literatura de tercero y cuarto de la ESO en los que procuro y consigo un lenguaje que hace atractiva la lectura porque memorizar, se memorizan textos pero ningún libro que conozco ayuda a amar la lectura. Y aún hablando de la teoría en estos libros de texto utilizo la estrategia del Catecismo, una pregunta concreta y una respuesta concreta por lo que en vez de introducir un contenido de cincuenta renglones, propongo preguntas y respuestas para que se vayan recordando y se relacionen. Cuidaba el lenguaje didáctico para hacerlo asequible y atractivo con el fin de que el alumno aprendiese lo que tenía que aprender en cada asignatura. Luego está el lenguaje imaginativo, donde me dejó llevar por lo que se me ocurre, lo que sea aunque parezca mentira y también está el lenguaje reflexivo, que es el que utilizo en los artículos y el lenguaje musical. Con esto intento adecuar el texto que construyo a lo didáctico, imaginario, reflexivo y comprometido, y al musical.”

¿Y en cuál se siente más cómodo?

“En todos aunque en el reflexivo a veces me tengo que autocensurar.”

- ¿Por qué?

“Porque una simple palabra puede fastidiar el artículo. Una vez escribí uno sobre una persona muy rica y con un poder tremendo a quien llamé anoréxico, anoréxico a nivel moral y me llamaron del periódico en el que entonces colaboraba para que sustituyera esa palabra por otra, y les dije que pusieran aléxico, que es peor.”

- ¿Echa de menos no escribir en los periódicos?

“No, ya estoy viejo. Hoy, como siento yo la realidad, no hubiese escrito el 80 por ciento de lo que he escrito porque el desánimo que tengo es tremendo. En aquel tiempo parecía que se podía respirar un poquito de posibilidades y dignidad pero ya no, en ninguna parte.”

- ¿Se ha sentido acosado entonces?

“No, no, al contrario, he tenido mucha suerte aunque despidieron al director de un periódico por uno de mis artículos y de ahí salió El paraíso podrido.”

- ¿Hay alguna novela canaria que le haya marcado?

“Ninguna. En mi discurso de ingreso a la Academia Canaria dije que en Canarias a lo máximo que ha llegado el escritor honesto es a servirse de la verdad y a dejar un testimonio veraz de situaciones y personajes señalando los síntomas pero nunca al agente patógeno, que se llama poder español. Y ese ultra colonialismo no ha dejado ninguna seña distintiva digna en la que poder ampararnos. Ni un idioma ni una especie de religión, algo distinto, pero no hay nada. Un cónsul británico escribió a mediados del siglo XIX su visión de Canarias destacando, entre otras cosas, la miseria absoluta de unas islas en la que abundaba gente que no quería trabajar sino mendigar. Que quería mendigar o vivir de la caridad, también huir del
archipiélago. El cónsul no se explicaba esta situación salvo que ese pueblo, el canario, había perdido la esperanza.”

- ¿Y escritores?

“ He recurrido a testigos fidedignos como Alonso Quesada, quien llegó a escribir que se sentía persona cuando se mezclaba en el puerto con los pasajeros que bajaban de los barcos. Yo he aprendido también de la honradez de los testimonios de autores como Isaac de Vega y Rafael Arozarena por lo que cuando me encontré que podía utilizar públicamente la palabra, la puse al servicio de lo que creo.”

Saludos, you see tomorrow, desde este lado del ordenador.

Don Julio Camba escribe unas palabras sobre Santa Cruz de Tenerife

Septiembre 18th, 2017

Julio Camba (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1884 – Madrid, 1962) es uno de los mejores articulistas españoles aunque por eso de la desmemoria hoy es un perfecto desconocido lo que exige una urgente recuperación.

Afortunadamente, aún se pueden encontrar muchos de sus libros, la mayoría editados por la ya mítica colección Austral de Espasa Calpe y en la que Julio Camba volcó su talento en una serie de artículos cortos que destacan por su ingenio, capacidad de observación y sentido del humor.

Entre otras obras, Julio Camba es autor de los interesantes y divertidos libros de viaje Londres y Alemania, impresiones de un español, que publicó en 1916; La rana viajera (1920); el excelente libro gastronómico La casa de Lúculo o el arte de comer (1920) y reflexiones sobre economía, aunque esceritas para todos los públicos, en Aventuras de una peseta (1923) y Millones al horno (1958), entre otros.

El escritor y periodista dio un interesante aviso de su estancia en Santa Cruz de Tenerife en uno de sus artículos, un breve texto en el que ofrece sus impresiones sobre lo que observaba desde la cubierta del barco.

“Era Santa Cruz de Tenerife. Serían a la sazón las nueve de la mañana y hasta media tardé no llegamos a puerto. Sin embargo, aquello nos llenó de alegría y nos proporcionó un agradable entretenimiento. Arrimados a la toldilla
del buque, íbamos observando cómo se concretaba poco a poco la vaguedad de la primera visión, cómo la nube se iba convirtiendo en tierra, cómo el color azul iba tomándose amarillento y salpicándose de motas blancas. El pico de Tenerife, coronado de nieve, se perdía en el cielo. En cuanto al puerto de Santa Cruz, me pareció uno de esos prodigios que hacen los confiteros en las tartas familiares y onomásticas.”

Julio Camba explica que permanecieron en el puerto pero sin salir del barco “unas cuantas horas” y describe “la infinidad de pequeñas barquillas” que rodean a la nave con vendedores que ofrecían a los tripulantes “paquetes de tabaco,
cerillas, refrescos, higos, plátanos y naranjas.”

Próximo el amanecer, el escritor se despide de la ciudad y de la isla con cierta tristeza y describe como poco a poco “los colores fueron desvaneciéndose en una misma nota vaga y azul, y, por último, la noche los recogió en su oscuro seno, como recoge a las nubes del crepúsculo.”

Julio Camba reflejó durante la Guerra Civil en sus crónicas sus simpatías por el bando franquista, artículos que se publican en el ABC de Sevilla. A lo largo de su vida colaboró en diarios como Arriba y La Vanguardia.

En 1949 fijó su residencia en el Hotel Palace de Madrid hasta su muerte, que se produjo el 28 de febrero de 1962.

Saludos, ovación, desde este lado del ordenador.

Jesús Díaz Armas obtiene el Premio de Poesía Pedro García Cabrera

Septiembre 14th, 2017

Umbral de la primera ola, del escritor y filólogo Jesús Díaz Armas, ha obtenido el Premio de Poesía Pedro García Cabrera 2017, que convoca la Fundación CajaCanarias y que está dotado con 3.000 euros más la publicación de la obra.

Jesús Díaz Armas es traductor de poesía, suya es la versión de Vida fiel a la vida, de Mario Luzi, publicada en español por Galaxia Gutenberg en 2009, así como de otros autores italianos como Aldo Palazzesch y Antonio Prete. Jesús Díaz Armas es miembro del Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna y Umbral de la primera ola es su primer poemario.

El jurado del premio Pedro García Cabrera 2017 estuvo formado por la catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Las Palmas, Alicia Llarena; el poeta y escritor Rafael José-Díaz y el director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera.

Saludos, tarde, desde este lado del ordenador.

Orquídeas muy poco negras

Septiembre 13th, 2017

Orquídeas negras es una novela de Juan Bolea que publicó Espasa Calpe en 2010 y que este año ha reeditado Reino de Cordelia y que cayó en mis manos recientemente con el atractivo, me dijeron, de que transcurre en la isla de El Hierro.

La novela, efectivamente, transcurre en la isla de El Hierro, escenario en el que se desarrolla una rocambolesca historia en clave de suspense con una mujer fatal, fatal, que a medida que se lee y se digiere más que interés procura una amarga indignación.

Indignación porque es un relato malo, muy en la línea de Fuego en el cuerpo pero sin el encanto del filme de Lawrence Kasdan e indignación porque parece que está escrita para pibes a los que con obras como ésta no se les acerca, precisamente, a la lectura.

La historia es la de un vulcanólogo que llega a la isla de El Hierro por motivos de trabajo. Allí conoce a un veterano director de cine retirado, a su bellísima mujer y al grupo de extravagantes personajes que lo rodea, lo que incluye un loro.

Con esos personajes y en esa geografía moldeada por las lavas de los volcanes herreños, se describe una tórrida relación más que amorosa sexual, y un crimen cuya solución no sorprenderá a nadie que se haya iniciado en este tipo de literatura. Sobre todo si ha leído a los clásicos, y cuando se escribe clásico se refiere a James M. Cain, que sí sabía urdir tramas muy sexuales en la línea que Alexis Ravelo califica con buen tino de sangre y semen.

Sexo hay en Orquídeas negras, pero poco más en esta imprescindible lectura que cuenta no obstante con el atractivo de desarrollarse en una isla de El Hierro a la que se pinta con una exótica belleza.

Desafortunadamente, la novela se queda solo con el paisaje de la isla, geografía que no integra en el desarrollo de un delirante relato en el que se prescinde del retrato de personajes y mucho menos de radiografiar el carácter de los habitantes de la isla, quienes por distantes parecen más mutantes lovecraftianos.

No hay entusiasmo por parte de Juan Bolea en explorar otras situaciones que no sean las que confluyen en ese previsible asesinato que se cuenta muy al final y a los absurdos finales con los que termina una novela que, previamente, no ha sabido capturar al lector en su tela de araña.

Después de Orquídeas negras es poco probable que vuelva acercarme a una nueva novela de Juan Bolea. Un escritor que cuenta ya con una obra respetable de la que empiezo a dudar tras leer estas pobres y secas Orquídeas negras.

Saludos, el mar, desde este lado del ordenador.