Habitar en las cuevas del barranco de Santos

Septiembre 22nd, 2020

Antes de que se desencadenase la tormenta de la Covid-19 llegó a mis manos y de forma casual un libro, Dos mundos y un volcán, que me demostró la dimensión de lo que literariamente puede dar este archipiélago cuando lo que se quiere es radiografiar su espíritu y al mismo tiempo desentrañar su territorio.

El problema es que sobre el autor de ésta y otra joyita olvidada por el tiempo, La ciudad tiene otra cara, Luis Gálvez Monreal, continúa siendo un perfecto desconocido y un escritor del que apenas se conoce nada. O casi nada es lo que hay sobre él si se trastea en Internet, lo que dificulta la labor de intentar al menos acercarse a la vida de un escritor que fue una rara avis en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses ya que se trata de un cronista certero de su cochambrosa realidad.

Mucho más cerca en este sentido de las clases populares que la de una alta sociedad que vive en otro mundo y que está sobrealiementada, la literatura de Gálvez Monreal se decanta por retratar a los parias de la tierra, los indigentes, los que no pueden llevarse nada a la boca.

En este sentido, y si uno quiere aproximarse a la Canarias de los años 50 y tener una visión más o menos objetiva de cómo eran y de cómo éramos en aquellos tiempos es inevitable recurrir a los libros de este escritor porque es uno de los pocos, por no decir el único, literato realista que habitó la isla en aquellos tiempos. Se sabe, no obstante, que Luis Gálvez Monreal no era de Tenerife sino nacido en Tobarra, un pequeño pueblo de Albacete, aunque vino a Tenerife en los años 30 y que aquí se quedó hasta los 60. Ejerció, leo en algún lado, como maestro y colaboró activamente en la prensa local de la época. Dejó escrita, que se sepa, dos novelas: La ciudad tiene otra cara y Dos mundos y un volcán. En la primera ofrece un retrato dickensiano de la vida de una pareja de hermanos que son hijos de la calle. Niños que viven como buenamente pueden en una de las cuevas que horadan el barranco de Santos de la capital tinerfeña. En la segunda, ofrece una visión del sur y del norte de Tenerife de los años 50 a través de un viajero que recuerda a uno de los protagonistas de Guad, novela de Alfonso García Ramos que bebe también de las fuentes de la estupenda Los buscadores de agua de Juan Farias.

Por La ciudad tiene otra cara obtuvo Luis Gálvez Monreal el premio Benito Pérez Armas 1955. Se trata de una novela que merece ser reeditada porque además de desvelar la otra cada de la capital tinerfeña, describe con notable pulso narrativo la vida subterránea que se movía entre sus calles y plazas. La historia se centra en una pareja de hermanos que viven como pueden en una cueva del barranco de Santos, y lo que conocen de la ciudad es ese mismo barranco, desde el que contemplan desde abajo el ajetreo de la capital; los alrededores del mercado donde roban para comer, y la calle de Miraflores, en aquel entonces repleta de mujeres que se dedicaban al oficio más viejo del mundo.

Al cuidado de una vieja desdentada que en su tiempo fue una mujer de vida alegre, seña Antonica, los hermanos que no tienen ningún lazo sanguíneo con la anciana se buscan la vida en una ciudad inhóspita que vive (como en su otra novela) en dos mundos paralelos y opuestos. Hay mucha crítica social cuando el escritor refleja un modo u otro de existencia, y señala críticamente con el dedo para sacar los colores a la apática burguesía chicharrera, en parte culpable del fatal destino que aguarda a sus dos protagonistas: la mendicidad, el robo y la prostitución.

El escritor muestra además cómo funcionaban las cosas bajo este nivel, el de las alcantarillas, al margen de la prostitución, aparece una organización que se dedica al mercado negro y describe a un caballero respetable que convierte a niñas abandonadas en sus amantes por un pedazo de pan… Realidades que, como se ve, si son muy duras ahora cómo lo serían en su tiempo.

La lectura de la novela obliga además a plantearse cómo permitió el régimen franquista su publicación y encima que obtuviera un premio literario.

Fascinado por el paisaje y sus gentes, Luis Gálvez Monreal es un escritor al que le interesa reflejar la realidad de aquellos años de hambre. Y lo consigue por partida doble porque sus historias no han perdido intensidad pese al paso del tiempo. En todo caso han ganado en cuanto a reflejo de una época y de unas gentes, pobres, indigentes, habitantes de cavernas que tuvieron vedado nada más nacer el futuro.

Toda esta enorme tragedia tiene lugar en las calles y plazas de una pequeña capital de provincias enferma de provincianismo. Ciudad en la que se mueve la pareja protagonista, personajes que deambulan a la deriva en un Santa Cruz de Tenerife que palpita cuando cae la noche. La hora en la que abren los garitos en los que se da de beber y comer a la parroquia, una parroquia variopinta en la que se funden mujeres de mala vida con marineros con ganas de sexo.

En estos ambientes donde permanece el humo de los cigarrillos y la peste a fritanga que sale de la cocina, se mueve una niña que señá Antonica quiere “vender” a un hombre con posibles y una fauna urbana que come y bebe para olvidar su miserable existencia. Al fondo y como escenario, una ciudad, Santa Cruz de Tenerife que encontró en Luis Gálvez Monreal uno de sus mejores narradores porque es la capital de la isla la otra gran protagonista de esta tragedia humana que termina como empezó, un cuadro de una época que espera reproducirse cuando el mazazo de la pobreza vuelva de nuevo a golpear nuestro confuso e incierto destino.

Saludos, recuperarlo ya, desde este lado del ordenador

13 años

Septiembre 21st, 2020

La Garbo vive

Septiembre 18th, 2020

No es que fuera extremadamente bella, de una hermosura que estremeciera la sangre que circula por las venas pero sí que tenía algo, un algo que no definiría como sexual sino divino. La conocimos de hecho como la Divina y divina quedó para siempre en la Historia del Cine que no está plagada como algunos creen de seres del otro mundo y sí de muchas y muchos que no son de este mundo.

Greta Lovisa Gustafsson, conocida como Greta Garbo (Estocolmo, Suecia, 18 de septiembre de 1905-Nueva York, 15 de abril de 1990) es otra cosa. Un punto y aparte, un algo indefinible, una mujer que sin ser especialmente rutilante conquistó tanto a hombres como mujeres en pantalla (grande siempre, por favor) porque era divina, ya se dijo, y seducía a la cámara con sus poderes que no son de este planeta.

Comenzó en el cine sonoro, se marchó a Hollywood del brazo de un cineasta, Mauritz Stiller, que creía que la tenía bajo cuerda y allí se liberó de su pesada influencia para provocar un terremoto en la ciudad de las estrellas.

Siempre seria, con esa mirada casi rasgada que otea el horizonte, la Garbo, porque así también se la conoció, se hizo un espacio en aquel mundo de lujo falso y amistades que no valían ni dos centavos para convertirse en la diosa que todavía hoy nos saluda desde sus películas (porque son sus películas) y carteles que cuelgan en las habitaciones de sus seguidores. Todos gentes que la adoran, que rezan en la oscuridad la salvación de su alma invocando su nombre.

¡La Garbo ríe! Exclamó la publicidad tras el estreno de una de sus mejores películas y de una de las mejores comedias de la Historia del Cine. Ninotchka (Ernest Lubitsch, 1939) que dirige con su mágico toque un berlinés que nos enseñó que la risa puede ser elegante… sobre todo cuando sugiere un encuentro, una habitación que se cierra, un casco de acero del amante que se pone sin darse cuenta el esposo hasta reparar que no encaja en su cabeza… La comedia es además un feroz ataque a la Rusia bolchevique y La Garbo, y casi todo el mundo (salvo unos pocos comunistas sin sentido del humor) se ríe con esa rusa que encandila a quien la conoce en un París recreado en estudio que debe ser el París de verdad porque es el de los sueños.

Antes, Greta Garbo había protagonizado Mata Hari, Grand Hotel, Ana Karenina (¿la mejor Karenina?, creo que Tolstói afirmaría con la cabeza mientras se mece su desordenada barba) y una película por la que siento una extraña fascinación: La reina Cristina de Suecia.

Rueda en 1941 La mujer de la dos caras, que parece un título revelador, a las órdenes de George Cukor y de repente, sin avisar, se retira del cine y del mundo y desaparece.

¿Dónde demonios está la Garbo?

La actriz que ya no es actriz y que vuelve a ser mujer se esconde, no quiere que los que la aman vean cómo envejece. Para la Divina no pasan los años. La Divina será eternamente joven gracias al cine.

El mundo no la olvida sin embargo. Y se publican imágenes de la mujer que fue actriz paseando por la calle con gafas oscuras. Los odiosos de siempre la señalan con el dedo y cuestionan su sexualidad en unos tiempos donde se cuestionaban tus gustos de cama y se publica toda clase de basuras, de noticias falsas… Su retiro silencioso genera incluso novelas y películas que se inspiran en ella como Fedora...

Son muchas las anécdotas ciertas y falsas que se han escrito sobre ella. Groucho Marx narra una en sus memorias marxistas, pero la Garbo en aquel entonces era la Garbo con todas sus letras. Otra, un viaje en taxi con Burt Reynolds que no la reconoce hasta que el actor se despide de ella. Claro que entonces la Garbo ya se había convertido en una leyenda de un cine en blanco y negro que ya no volverá, había desaparecido. Volvía a ser la señora Gustafsson hasta su fallecimiento.

Fallecimiento que no acepta su legión de seguidores porque la Divina no puede morir. Vive eterna en sus películas, que son sus películas.

La Garbo ríe, claro que sí, pero sobre todas las cosas La Garbo vive.

Saludos, eternamente a sus pies, desde este lado del ordenador

Carlota Cobo Hernández, gerente del Organismo Autónomo de Cultura

Septiembre 17th, 2020

Es probable que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife anuncie estos días el nombramiento de Carlota Cobo Hernández como gerente del Organismo Autónomo de Cultura (OAC), aunque el gabinete de prensa del Ayuntamiento de la capital tinerfeñan no ha podido confirmarnos aún su nomación.

Se sabe, no obstante, que la Junta Gobierno se reunió este lunes para debatir la designación del director gerente ya que tiene de plazo hasta el 22 de septiembre para resolverlo.

Tras quedar descartado en el proceso Xerach Gutiérrez, a quien desde hace unos meses se señalaba como el favorito para ocupar la plaza, sonó en los mentideros de la capital tinerfeña que la Corporación apostaría por una mujer. Si se confirma el nombramiento de Carlota Cobo Hernández, el Ayuntamiento se decanta por una profesional con un perfil muy bajo en gestión cultural.

Carlota Cobo Hernández es licenciada en Derecho por la Universidad de Granada y en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Tiene un un máster en Dirección y Gestión de Empresas Cooperativas y de Crédito por la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila, también conocida como Universidad Católica de Ávila, y fue gerente de la Asociación Española Contra El Cáncer (AECC).

Saludos, a la espera de ampliación, desde este lado del ordenador

Cuarteto de arritmias, visiones desde dentro

Septiembre 16th, 2020

No es habitual encontrarse con un libro como Cuarteto de arritmias (BaraBara, 2020). Y no es habitual porque uno no sabe dónde ni en qué marco ubicarlo. Es una obra colectiva, eso sí que está claro, en la que colaboran cuatro periodistas y escritores que vuelcan en este volumen desde prosa a poesía. Cuenta también con notables imágenes de los propios autores y se aproxima, sin serlo, a una especie de antología quiero entender que de sueños. O de liberaciones.

No hay, en este aspecto, un todo sino un muestrario de creaciones literarias (reflexiones, notas, prosa y poesía) independientes. Y la mayor riqueza que ofrece este libro es, precisamente, su variedad de contenidos, estilos, formas de escritura.

Un dejarse arrastrar por la intuición artística para alejarse del corsé realista que implica el oficio de informar. La idea del volumen, entiendo, fue la de proponer a los participantes a que se sumergieran en la especulación, la fantasía, la creación en el sentido más puro de la palabra. Una petición, más que una orden, con la que se pretendió inducir a los colaboradores a un descanso de sus tareas profesionales para que exploraran los territorios que solo están en su imaginación.

Cuarteto de arritmias se convierte así en un libro catalizador, es una especie de ejercicio para espantar los demonios. También de confesiones que brincan entre la prosa poética y la narrativa tradicional. Una obra, ya se dijo, difícil de catalogar pero ahí se encuentra su originalidad.

En el volumen participan Román Delgado (coordinador); Indra Kishinchand López; Fer D. Padilla y Cristina Quirantes Sánchez quienes ofrecen con sus textos experiencias creativas variadas y muy personales. Da la impresión, cuando se está leyendo el libro que la mayoría fueron escritos por sus autores para sí mismos, de ahí un cierto hermetismo y un dejarse arrastrar por la belleza de las palabras que en ocasiones funciona y en otras no aunque apenas afecte a una obra marcadamente diferente. Una diferencia que se debe a las voces que participan en este proyecto.

Es un trabajo que revela además complicidad entre los miembros que integra el cuarteto, autores que para Claudio Colina Pontes son “viajeros” que emprenden juntos una empresa que tiene mucho de aventurera, de no saber cómo terminará tan complejo itinerario literario.

Ruido de cacharro es el título de la primera sección del libro. Lo firma Román Delgado, quien propone sensaciones sobre lo que observa y que describe con melancolía. Puenteando a la muerte da paso a sí a otro ruido de cacharro, Estado de ánimo (o la ida) en el que el tren es sustituido por un avión. El relato mantiene el mismo spleen pero no es tan oscuro como el primero.

¡Tiempazo! (y la vuelta),
que es el tercer relato de esta sección, resulta relativamente humorístico y difumina sin borrar la melancolía que rodea al personaje. La colaboración de Román Delgado mantiene el tono a lo largo de los siguientes episodios que propone (Otoño, Ley de vida, La pila de libros, Dos payasos, Como una vulgar cerilla y Mi verdadero Robinson Crusoe). Relatos a medio camino entre la confesión y la crítica. Una mirada desde la distancia de las calamidades periodísticas.

Inda Kishinchand López firma Cuestión de grises, un puñado de textos (Ausencia en Berlín, Carne de poema, Tardes de mayo, San Lorenzo, 7, Placebo, Maldita valiente, Evidencia cero, Río seco, Infiernos, Futuro ausente) que basculan entre lo poético y lo real. Dan en conjunto una visión que quiere ausentarse del mundo y que mira con mucho recelo y sospecha un incierto futuro.

Fer D. Padilla es el autor de Cartas desde Absurdistán. Dividido en varios segmentos, cada uno de ellos con su título específico: Eritropsia, Bruja (mucho cuidado con las brujas de Wicklow), el más extenso, y un cuento en el sentido estricto de la palabra y escrito con sonoridad cómica, se suma también la poesía con Es,En lo alto de su cama, Barcos en el aire, La casa del ácido, Cinco sentidos, Lo pinto, Setenta y seis con sesenta y Banda sonora de una vida.

Cuarteto de arritmias termina con Lo prometido es duda, de Cristina Quirantes, retrato de sensaciones que desarrolla en Feria, 85 decibelios de paz, Palabras cruzadas, David y las parcas, Ambrosía sabor café y Destino que cierran un volumen atípico y atractivo ya que ofrece cuatro miradas diferentes que, con mejor y en otros casos no tanta fortuna, indagan sin vendas en los ojos sobre sí mismos y lo que los rodea casi como si fuera en color sepia.

Saludos, días extraños, desde este lado del ordenador

Sabina Urraca: “Escribo por no explotar”

Septiembre 15th, 2020

Sabina Urraca (San Sebastián, 1984) comenta que más que vasca se siente canaria, su madre es originaria de La Laguna, y más que canaria tinerfeña ya que fue en esta isla donde pasó una buena parte de su vida antes de marcharse a Madrid para estudiar la carrera de ciencias audiovisuales y sumergirse en el periodismo que se hace en la capital de España. Allí practicó un género –el gonzo– que puso de moda en los años setenta el periodistas norteamericano Hunter S. Thompson.

¿Qué es el periodismo gonzo? El periodismo de inmersión consiste en narrar unos hechos desde dentro y en primera persona. Sumergirse en una historia durante un determinado tiempo y contar la experiencia de lo vivido.

Como escritora, Sabina Urraca es autora de una novela: Las niñas prodigio (2017) e imparte talleres de literatura creativa, uno de ellos y la semana pasada en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Recientemente y como editora hizo posible la publicación de uno de los éxitos literarios más sonados de este extraño y marciano 2020 cuando trabajó con Andrea Abreu en la novela Panza de burro (Barrett) al recoger el guante que le lanzó la editorial sevillana. En esta iniciativa, Editor/a por un libro, han participado con anterioridad Patricio Pron (editor) con Martín Rejtman y Sara Mesa (editora) con Santiago Ambao.

- Imparte un taller de creación literaria en Tenerife. ¿El escritor nace o se hace?

“Creo y lo compruebo porque mi trabajo habitual es ser profesora de talleres de escritura creativa, que la tónica –me atrevo a decirlo como generalidad– es que todos tenemos historias que contar pero no todos tienen el impulso de hacerlo. Y si lo tienen carecen de las herramientas necesarias para conseguirlo. Lo que hago en los talleres no es enseñar a escribir sino avivar las brasas de las historias que están por contar, pulsar ciertas teclas y proponer un juego literario como: vamos a intentar crear una historia a partir de una imagen, como es el caso del taller en TEA, o escribe todo seguido frases de tu abuela. A través de estos experimentos las personas encuentran su manera de narrar, su voz, y lo que quieren contar. Hay mucha gente que no es consciente de que tiene cosas que contar y que las pequeñas cosas pueden hacerse grandes con la literatura”.

- ¿Antes de la publicación de Las niñas prodigio había formado parte de algún taller literario?

“Hace diez años o algo así tuve el honor de recibir un taller en la Casa Encendida de Madrid impartido por Félix Romero y nos hicimos muy amigos. Fue el primero que me animó a escribir una novela pero no pudo llegar, lamentablemente, a leer mi libro aunque hay un personaje basado en él. Había asistido a talleres con anterioridad pero no me sirvieron demasiado por lo que recordaré el de Félix que duró solo de una semana ya que fue el que me empujó a dedicarme a escribir definitivamente. Bastó que me dijera ‘venga, hazlo’ . Escribir con la vida era el título de su taller y el tipo de talleres que desarrollo ahora están inspirados en el de Romero porque usa la autobiografía, la biografía de otros, de personas cercanas a nosotros para crear literatura. Una ficción mezclada con biografía”.

- ¿Una ficción mezclada de biografía?

“Es inevitable la mezcla de elementos, de cosas que hemos vivido y otras que nos han contado y que parecen valiosas y que tú combinas cuando vas creando. Escribo por no explotar y no creo que ningún escritor sea necesario porque son pocos los libros que hacen falta realmente. En mi caso, quise contar una historia y encontré un momento de mi vida en el que pude dedicarme a escribir y eso hice”.

- ¿Escribe para expulsar a los demonios?

“Hay una parte de eso, sin duda”.

- ¿Y cómo animaría a los lectores para que lean su novela Las niñas prodigio?

“Las niñas prodigio va de todo los contrario a niños y niñas prodigio y sí de niñas y niños normales. Esos niños y niñas que todos fuimos y que quizá querían ser como los niños que veían con fascinación en la televisión, aquellos que viajaban, los que eran tratados como héroes pero si te acercas en realidad a la infancia y le quitas esa pátina de color pastel, los niños son también crueles y perversos. Tienen una gran parte oscura y eso es un poco lo que va mostrando la novela. Una novela que cuenta la historia de una escritora que se retira a una casa aislada en el campo para intentar escribir lo que ha sido su vida y hace flash back y recuerda episodios de su pasado”.

- Como periodista ha cultivado el género gonzo, ¿que tiene de atractivo para usted el periodismo de inmersión?

“El periodismo que se me presentaba no me interesaba mucho pero hablo cuando era adolescente. Más tarde comencé a estudiar ciencias audiovisuales, escribí guiones y en un momento dado descubrí el reportaje donde el periodista contaba la historia en primera persona y se sumergía en determinadas situaciones y me di cuenta que eso era lo que llevaba haciendo toda la vida: ir a buscar cosas, sumergirme en ellas y contarlas a la gente y pensé que lo que hacía por ahí era válido también para el periodismo y comencé a colaborar en revista y periódicos al darme cuenta que la visión más clásica del periodismo igual no se adaptaba a mi pero mis textos sí que resultaban valiosos para el periodismo y los lectores. El periodismo no es tan diferente a la literatura”.

- ¿Cómo fue trabajar con la editorial Barrett para publicar Panza de burro, de Andrea Abreu?

“La editorial Barrett, que es de Sevilla, propuso una iniciativa en la que un escritor debe de editar un libro que no sea suyo sino de un autor o autora que escoja. La idea ya la hizo Sara Mesa y Patricio Pron y ahora yo. Andrea era alumna mía en el taller literario de Fuentetaja y había escrito algunos textos que jugaban ya con lo que juega en la novela. La realidad canaria a través de dos niñas de un barrio de los altos de Icod. Mi madre es de La Laguna y mi padre vasco y yo vivo en Madrid pero soy canaria aunque tenga acento godo y siempre me pareció que Canarias contaba con un imaginario, un mundo mágico y un habla increíble que debía ser dado a conocer por la literatura. Me daba la sensación estando en Madrid que la gente de la península tiene unos clichés con respecto Canarias muy enquistados y que consisten básicamente en las papas arrugadas, la playa y el muyayo cuando quieren imitar como hablamos y eso es indignante, no puedes evitar enfadarte porque Canarias es mucho más que eso, cuenta con un mundo mágico, un habla mezcla de España e Hispanoamérica y, literariamente, todo eso es una joya y no se está aprovechado por eso cuando Barrett me propuso ser Editora por un libro me decidí por Andrea. Fue una tarea complicada porque el libro no estaba escrito sino que fue escribiéndose a partir de entonces. Y lo leía y le daba ciertas indicaciones. Lo fui editando sobre la marcha a medida que ella lo creaba y, personalmente, fue fascinante observar cómo brotaba la fuerza poética y literaria de Andrea”.

- Noto en la literatura que se escribe no solo en las islas sino también en el resto de España más escritoras que escritores que apuestan por el riesgo. Son más ellas que ellos lo que hacen que la literatura se agite.

“Hay una cosa muy curiosa. En general y todo lo que digo es generalizando, si te asomabas al patio de un colegio cuando eras pequeña los chicos jugaban al fútbol y las niñas hablábamos en un rincón. Las niñas llevamos siglos contándonos historias unas a otras. No hemos hecho otra cosa que hablar entre nosotras y en la preadolescencia y en la misma adolescencia de hablar de lo íntimo, de cosas que vivíamos. Incluso, nos inventábamos las historias, mentíamos y todo eso son herramientas de escritora de ficción y no ficción. Así como siento que muchos escritores hombres se alejan de sí mismos e intentan emular a los escritores que ellos admiran, tirando más para la ficción –generalizando siempre–; en mi generación los escritores que son mujeres es como si nos hubiéramos dado cuenta de repente del poder de algo que ya sabíamos hacer: hablar y contar historias solo que ahora las trasladamos al papel. Se tratan de textos que necesariamente no hablan de ti mismo pero que usan la fuerza autobiográfica para fabricar historias. Y me alegra mucho ver todo esto porque observo a los escritores de mi generación sacando el jugo a eso que hemos tenido siempre”.

- ¿Y las redes sociales?

“Hubo un momento en el que estaba un tanto atascada porque hacía un trabajo que no me gustaba y con la aparición de Facebook comencé a publicar textos cotidianos con los que me divertía mucho por el contacto directo con la gente y que hubiera otra gente que hacía lo mismo que yo en esta red social y si bien es verdad que las redes sociales despistan mucho en mi primer libro incluí algunos textos que había publicado previamente en Facebook”.

- ¿Volvería al periodismo gonzo?

“Hay un problema grandes con la creación compulsiva de contenidos. Yo entregaba dos artículos de periodismo de inmersión a la semana y para escribirlos tienes que vivir y sumergirte en lo que vas a contar y llega un momento en el que tienes la sensación de que no estás siendo legal con los lectores pero no descarto volver siempre que tenga tiempo para escribir algo concreto y se traten de encargos serios y bien remunerados.

LA PRIMERA VEZ

A Sabina Urraca no le gusta adelantar lo que está escribiendo en estos momentos porque lo cambia a todas horas. Nos dice que en otras entrevistas ha orientado por donde irán los tiros de su nuevo libro pero que no se atreve a revelarlo ahora porque desde la última vez, la historia que masca ha dado no una sino más de dos vueltas.
Respecto a la pregunta de si recuerda cuál fue su primer libro o cómic que leyó y le dejó huella, apunta que fueron “muchísimos” aunque si se viera en la tesitura de escoger alguno diría Boy (relatos de la infancia) del escritor británico Roald Dahl, autor entre otros libros juveniles y adultos de Los gremlins y Mi tío Oswald. “Para mi fue muy importante leer Boy porque cuando lo hice sentí que esa etapa de la vida podía ser contada en un libro”. Otra narradora que ha sido fundamental en sus primeras lecturas es la austríaca Christine Nöstlinger aunque más que con los cuentos “me quedo con imágenes”, señala la escritora y periodista.

LECTURAS

En el “batiburrillo” de escritoras y escritores de cabecera, lo de batiburrillo lo dice Sabina Urraca con ironía, se encuentra de todo un poco lo que hace deducir que las lecturas que ha mantenido la escritora como la de la extensa mayoría es diversa y no solo literaria. Con esto último se quiere decir que además de libros, Sabina Urraca consume y recibe influencias desde hace mucho tiempo de cómics, tebeos, colorines, chistes, novelas gráficas porque la historieta “ha sido muy importante” en su trayectoria como lectora. En cuanto a escritoras y escritores coetáneos a los que sigue la pista, Sabina Urraca destaca a Elisa Victoria y Andrea Abreu. También a Jorge de Cascante y la historietista norteamericana Alison Bechdel, autora de Fun Home y ¿Eres mi madre?, entre otras novelas gráficas.

AUTORES CANARIOS

Sabina Urraca lee al escritor grancanario Víctor Ramírez, entre otros escritores de las islas. Le llama mucho la atención cómo Ramírez explota la oralidad en sus novelas y cuentos y reconoce que esta capacidad “me sirve de mucho”.
Otro libro canario que menciona, y éste último lo leyó mientras ejercía labores de editora con Panza de burro, es una novela clave sobre la Guerra Civil en Canarias, Sima Jinámar, del escritor y periodista José Luis Morales. Un libro que juega con el lenguaje canario rural. “Me parece una obra muy interesante y necesaria”, explica, “y me pregunto si en los colegios de las islas se informa que existen estos y otros libros en Canarias”.

FOTO: Kela Coto

Saludos, cocina, desde este lado del ordenador