El síndrome de Ulises

Octubre 14th, 2019

Canarias ha sido objeto de innumerables relatos de viajes que ofrecían su visión, a veces peculiar, de las islas. Existe, de hecho, una atractiva bibliografía sobre el archipiélago que encuentra en el siglo XIX y XX algunas de sus mejores notas, sobre todo las que firmaron viajeros británicos y algún francés, tendencia que ha ido cambiando con los años, encontrándonos ahora con escritores nacidos en las islas que escriben sobre sus experiencias en otros países o proponen una mirada sobre su territorio con espíritu de viajero, de asombro ante lo visto y por ver, literatura que se adentra tanto en el periplo físico de saltar de isla en isla cómo en la transformación interior del protagonista, que quizá sea el viaje más interesante de todos.

Eduardo Montelongo se planteaba esta pregunta en Cuaderno afortunado, un viaje por las siete islas Canarias un poco al modo de Jack Kerouac por las carreteras de los Estados Unidos de Norteamérica… Un itinerario donde el viajero es el protagonista porque se hace preguntas universales mientras conoce gente y deambula por ciudades y pueblos al amanecer y cuando llega el crepúsculo.

José L. González-Ruano
plantea en El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias (Azulia, 2018) un argumento parecido al de Cuaderno afortunado de Eduardo Montelongo solo que en donde este último buscaba una identidad común, para González-Ruano se trata de un viaje interior donde las islas y el mar que las rodea adquieren el poder de las metáforas.

El escritor sufre el síndrome de Ulises, así que plantea la obra como una búsqueda de Ítaca por las siete islas Canarias para encontrarse a sí mismo. La aventura, porque este viaje es una aventura, está escrita con palabras que cobran en ocasiones un destacable lirismo y sumerge al lector en un trayecto atractivo, que huye de la postal turística y que quiere ser, además de literario, divulgador de un territorio que desconocen sus habitantes.

Esta es las sensación que se tiene cuando se lee el libro y el atractivo que tiene por cuanto muestra otros aspectoos de las islas, ese lado natural y en estado salvaje que todavía conserva en muchos de sus rincones.

Escritor que siente confesa debilidad por las islas, por todas las islas, es autor también de Donde anidan los albatros, en el que proponía otro itinerario por islas, solo que por esas islas que están repartidas por el mundo, esas peñas en medio del mar donde anidan los albatros.

Ahora en El archipiélago nómada hace lo mismo pero mostrando una tierra real, volcánica que cruje cuando se camina sobre ella. También de desembarcos en una tierra escarpada que casi fue un naufragio, un naufragio espiritual para el escritor.

En todo este trayecto, en la soledad de la Isla de Lobos o de cualquier otro reducto salvaje de Canarias, el viajero que es González-Ruano lee, lee sobre todo poesía mientras cae la noche.

Crónica de viaje interior más que exterior, del que describe geografías que están dentro, El archipiélago nómada es un “viaje geopoético” por las islas Canarias originales que lleva al escritor desde La Alegranza al Faro de Orchilla, encontrándose por el camino con gente sencilla y un paisaje cambiante y por eso mismo tan fascinante.

Para contar todo esto, José L. González-Ruano reúne unas pocas herramientas, las suficientes para contagiar al lector de sus sensaciones y de cómo alcanza a ver ese archipiélago original que lo transforma como hombre y viajero. Una mirada feliz pero teñida también de melancolía sobre una isla(s) salvaje(s) que se resisten a desaparecer aunque apenas tengamos memorias de ellas.

Saludos, en busca de Ítaca, desde este lado del ordenador

Los hunos y los hotros

Octubre 12th, 2019

Si algo hay que admitir de Mientras dure la guerra es que ha puesto otra vez en el candelero a don Miguel de Unamuno pero no a sus obras.

En los colegios de mi tiempo te obligaban a leerlo, lo que provocaba un natural rechazo en toda la clase. Unos porque les aburría leer y a otros porque leían pero no, precisamente, a don Miguel de Unamuno.

Las lecturas iban por otro lado. Unos pertenecían al círculo Lovecraft y otros al de Herman Hesse. Los más iniciados se atrevían con Nietzche cuando la ola de literatura marxista comenzó a diluirse como un azucarillo en un vaso de café con leche y los que estaban iniciados en en el 98 resultaban ser seguidores de don Pío Baroja y don Ramón del Valle Inclán que de don Miguel de Unamuno y Azorín, lo que hizo que el venerable profesor de la Universidad de Salamanca no marcara lo que se dice a los míos.

No obstante, sí que recuerdo cómo me perturbaron cuando las leí por obligación (el que no se las lea, suspende) San Manuel Bueno, mártir y Niebla, aquella nivola en la que el protagonista llega a entrevistarse con el autor, autor que no es otro que don Miguel de Unamuno.

Al margen del debate político que suscita ya que el filme se desarrolla los primeros días de la Guerra Civil española, el filme retrata los últimos días del escritor y su histórico discurso en el que vino a denunciar a hunos y hotros, a lo nacionales entre los que se encontraba y los republicanos, a los que detestaba sin ningún asomo de cordialidad.

La película reconstruye bastante bien aquellos históricos momentos, y resume en alguna escena dos claves del bando rebelde como fue la de combatir bajo la bandera roja y gualda y convertir en himno La marcha real, canción cuya letra en la película solo saben unos pocos soldados mientras el resto la tararea con un lalala.

El resultado es obvio, más que emocionar produce una sonrisa. Eso es lo que pasa por no contar con un himno en condiciones y que todo español que se precie o no, que esa es otra historia, en vez de cantarlo lo tararee en cualquier encuentro deportivo mientras da saltitos como un idiota.

Mientras dura la guerra presenta a otros personajes históricos como el general Franco y otro generales rebeldes, aunque el contrario de Unamuno en la película es el general Millán Astray en, con quien el pensador mantendrá un enfrentamiento verbal en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. De ahí saldrá la famosa frase: vencerán pero no convencerán, el grito de viva la muerte y el ejemplo de dignidad intelectual que asume un hombre viejo que al parecer lo que pedía era orden dentro de la II República.

El papel de Eduard Fernández es el más agradecido en esta cinta, ya que el general Millán Astray si por algo se caracteriza es por su histrionismo. Dicen que fue así en la vida real el fundador de la legión, aunque más allá de su grosería, me cuentan que sabía idiomas y que era una persona leída. A mi me da bastante miedo, el Millán que interpreta Fernández pero mucho más el de la vida real, el bronco militar que le puso una pistola en la cabeza al falangista Ernesto Jiménez Caballero al grito –otra vez– de ¡viva la muerte!

No lo hace mal tampoco quien se enfrenta a un personaje tan misterioso, frío y calculador como Francisco Franco, Santi Prego, aunque respecto a Karra Elejalde, que se pone en la piel de don Miguel de Unamuno, los kilos de maquillaje no me hicieron olvidar el trabajo que hizo sobre el mismo personaje el actor José Luis Gómez en La isla del viento (Manuel Menchón, 2016), una coproducción hispano-argentina en la que se cuenta los días que pasó don Miguel de Unamuno en su exilio de Fuerteventura.

No tan tendencioso y partidista como algunos han querido ver, Mientras dure la guerra es una película que pese a sus numerosos defectos merece ser vista no solo para pensar que no todo está perdido si hay personajes con el mismo raciocinio y coraje intelectual que don Miguel de Unamuno, sino cómo retrato de un tiempo tan aciago para España.

Se necesitan más películas sobre aquellos años en los que nos volvimos cainitas, pero espero que sean más objetivas que el filme de Alejandro Amenábar, a quien parece que coge de vuelta de todo estos hechos.

Pero es un trabajo de titanes, más en un país como España donde los fantasmas de la Guerra siguen vivos por nietos y tataranietos que se niegan a entender la Historia con distancia. La Guerra de España, la Guerra Civil de todos los españoles y de medio mundo que vino a combatir por esta tierra con generosidad y valentía, sigue siendo un asunto incómodo, un tema del que mejor no hablar si uno se expresa con meridiana objetividad porque no cree ni en buenos y en malos, sino en personas.

En este sentido, Alejandro Amenábar forma parte del conjunto, de esa amplia mayoría informada que se ha hecho una idea de lo que tuvo que ser aquello aunque él, como los demás, pertenezca a uno de esos hunos y hotros de los que habló el autor de La tía Tula.

Saludos, haz el amor y no la guerra, desde este lado del ordenador

Los crímenes de Agustín Espinosa, según Alexis Ravelo

Octubre 10th, 2019

Cualquier día de la semana es bueno para acercarse al Puerto de la Cruz pero este viernes, 11 de octubre, cuenta además con la presencia de un ciudadano que no tiene pelos ni en la cabeza ni en la lengua llamado Alexis Ravelo.

Algunos lo conocerán por sus novelas negras y criminales aunque no solo de escribir estas historias vive el buen hombre.

Este viernes, decíamos, Alexis Ravelo inaugura a partir de las 19.30 horas el curso del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias 2019-2020 con una lección en la que hablará de Los crímenes de Agustín Espinosa, escritor nacido un 23 de marzo de 1897 en el Puerto de la Cruz, y referente del grupo surrealista de Tenerife, ese mismo que se aglutinó en torno a la revista Gaceta de arte.

Alexis Ravelo es un apasionado de Crimen, la novela de Agustín Espinosa, y leo que ultima una nueva edición de la misma en la colección Libros del tiempo, de la editorial Siruela. Espero con impaciencia su aparición no ya solo para releer uno de los textos más subversivos escritos en estas siete, u ocho que ya no lo sé muy bien, islas, sino por las impresiones que sobre ella nos ofrecerá Alexis Ravelo, un tipo que además de meterte al lector en el bolsillo resulta ser mejor persona.

El IEHC incluye en este acto de homenaje a los hermanos Espinosa con la intervención del pianista portuense Ismael Perera, quien interpretará obras de José Espinosa tras haber rescatado las partituras originales.

Saludos, abre los ojos, desde este lado del ordenador

Hotel Graybar, cuentos desde la prisión de Curtis Dawkins

Octubre 9th, 2019

La república de las letras cuanta con bastantes escritores delincuentes que se pasaron a la literatura como vía de escape, también a modo de terapia para exorcizar sus demonios.

Delincuentes y escritores fueron Edward Bunker, Jean Genet, Chester Himes y Jack Black, entre otros. Escritores que se hicieron un hueco en la sociedad cuando comenzaron a publicar sus novelas, todas ellas inspiradas en su pasado como ladrones y en algunos casos incluso como asesinos.

A esta lista se suma ahora Curtis Dawkins, quien cumple cadena perpetua por haber matado a un hombre en una cárcel norteamericana tras una vida desordenada en la que mezcló el alcohol con las drogas.

Su primer libro, recibido con parabienes por las crítica norteamericana, lleva el título de Hotel Graybar (Seix Barral, traducción: Inga Pellisa, 2019) que hace referencia al término al que recurren algunos hombres avergonzados de admitir ante amigos y familiares su paso por la cárcel, y reúne varias historias, catorce en total, que transcurren en ambientes carcelarios o fuera de ellos.

Una advertencia, defraudará al lector que acuda al libro buscando morbo, un escenario cerrado en el que se mueven hombres salvajes solos ante el peligro.

Llama poderosamente la atención el tono pausado de estas narraciones, algunas de ellas insólitas por el lirismo que respiran. Estos cuentos, muchos de ellos bastante cortos, reflejan escenas cotidianas entre rejas y apenas muestra la violencia desatada a la que nos ha acostumbrado el cine de temática carcelaria ya que el autor se preocupa por enseñar en estos cuentos el hastío que devora a sus protagonistas, sumergidos en una monotonía bastante peculiar. Se tratan de hombres que cumplen condena, un período de tiempo entre rejas en el que intentan vivir y dejar vivir. Se molestan en no molestar al compañero de al lado y procuran hacer su estancia lo más cómoda posible pese a la privación de libertad.

En cada una de estas historias se percibe el gran escritor que está detrás, un tipo que describe con sencillez situaciones muy complejas en las que da prioridad a lo que piensan y sienten sus personajes. Los cuentos que reúne en este volumen ponen de manifiesto que su literatura, que huye de barroquismos, está escrita con aplastante sinceridad, esa verdad que se nota tanto en falta en la literatura actual, cuyos productos la mayor parte de la veces son objetos prefabricados, sin vida y diseñados para vender.

Quizá sea por esto último por lo que sorprende un libro como éste. El universo en el que se mueven sus protagonistas es un universo que conoce a la perfección el escritor, por lo que su realismo es creíble aunque en algunas ocasiones los relatos se dejen arrastrar por un halo poético que propone otra mirada sobre la realidad que presenta en este puñado de historias.

No todos los cuentos que se incluyen en el libro tratan el tema carcelario, la vida de hombres encerrados en prisión, sino que también abarcan situaciones de la vida exterior, la que se desarrolla fuera de los muros de una prisión, escenarios en los que el autor construye su mundo literario basado algunas veces en hechos reales.

Estas historias de fuera no descarrilan la calidad de las otras, las que narran la aburrida vida cotidiana entre rejas, pero adquieren precisamente por su carácter de rareza en una obra de estas características otra dimensión ya que funcionan como ventanas a través de las cuales el autor asoma la cabeza a lo que era vivir en la calle, en libertad. Otro tipo de aburrimiento cotidiano solo que sin rejas.
No sé si se trata de la aparición de un nuevo gran escritor norteamericano, pero Curtis Dawkins consigue con este puñado de relatos el latido de un escritor de la vieja escuela literaria estadounidense. Esa en la que hombres y mujeres se dedicaron a contar su historia y no a fabular las historias de otros. Esa que contiene el indiscutible y personal sello de la verdad, esa literatura necesaria en tiempos tan extraños como los que se viven en la actualidad.

De momento, Hotel Graybar ha sido recibido con alborozo por la crítica norteamericana deseosa de descubrir nuevos talentos, y mucho más cuando estos salen de entre la mugre, el barro y la escoria.

No se trata de un libro crudamente violento, ni siquiera se posiciona del lado de los presos aunque sean ellos los protagonistas de la mayoría de unos relatos que a veces ponen los pelos de punta por el subtexto que yace más allá de lo que narra.

La pérdida de la libertad se hace notar así en la mayoría de los cuentos que contiene un libro que está destinado a ser leído sin prejuicios en la cabeza y sí la firme convicción de entender y asumir que los otros, los hombres y mujeres que cumplen condena, son también seres humanos. Por sus faltas están encerrados en un ecosistema que tiene sus reglas.

Pese a todo, estos hombres y mujeres intentan no perder un gramo de su independencia y humanidad durante el encierro, aunque la cárcel impone nuevos tipos de relación en los que está vedado hablar demasiado de uno mismo.

La procesión se lleva por dentro mientras se buscan rutas alternativas para olvidar las rutinas del encierro, la privación de la libertad.
Una palabra, libertad, que a tenor de los relatos que se reúnen en este libro tiene un espeso pero agradable sabor a miel.

Saludos, maratonianos, desde este lado del ordenador

Rayco Pulido prepara un cómic sobre José de Viera y Clavijo

Octubre 8th, 2019

El dibujante y guionista Rayco Pulido prepara una novela gráfica sobre José de Viera y Clavijo. Se trata de un trabajo de encargo que entregará a medios del 2020.

Rayco Pulido impartió un taller en la pasada edición del Festival Índice en el que explicó las claves de su proceso creativo, cómo se debe escribir un guión y los procedimientos que suele emplear cuando se enfrenta a una obra.

Premio Nacional de Cómic en 2017 por Lamia, Rayco Pulido es autor de otras novelas gráficas como Nela, una adaptación de la novela Marianela de Benito Pérez Galdós y Sordo, con guión de David Muñoz y cómic en el que se basó la película del mismo título dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas.

Para Pulido es necesario leer mucho y ver mucho cine y series de televisión para manejar trucos que enseñen a darle la vuelta a una historia. No le atrae, dice, el mercado norteamericano para el que trabaja su hermano Javier porque no maneja la historia ni los derechos de autor de la obra y admite que su vocación le vino desde pequeño al crecer en el negocio de sus padres, la librería papelería Colores, en Telde, Gran Canaria.

Esto hizo que no fuera de los que gastaban la paga del fin de semana en cómics porque “tenía de todo en la librería: El Víbora, Creepy, Astérix, Spirou… Este aprendizaje le sirvió para que a la hora de leer una historia se fijase en la manera en cómo se ha contado.

En este aspecto, cree más en el dibujo funcional. “Es idóneo para que la narración visual sea fluida”. Es partidario de un dibujo agradable y con buen acabado para que la historia fluya. “No hace falta una gran cantidad de diálogos. En los cómics lo más importante es la parte dibujada. Quiero que mis cómics presten atención a lo visual”, explica.

Lector de papel antes que de pantalla, le gusta cuidar el proyecto en el que trabaja. Considera además que la pantalla en España “no es negocio. El papel gana de momento la batalla a lo digital”.

Sobre la versión cinematográfica de Sordo, Rayco Pulido dice que cine y cómics son lenguajes diferentes. “La versión cinematográfica ha cogido el punto de partida pero nuestro personaje es distinto. El filme tiene un punto épico que no tiene nada que ver con el del cómic”, destaca el dibujante canario que utiliza tonos del expresionismo alemán para contar esta historia que transcurre en plena postguerra española.

Rayco Pulido es uno de los pocos canarios en contar con un Premio Nacional en cualquiera de sus disciplinas, y si bien admite que el factor suerte fue importante en la decisión para que le dieran el premio, el premio le ha dado un empujón a la obra ganadora, Lamia, pese a que las autoridades públicas no tengan idea de que existen los cómics. Pese a todo, ahora “te llaman para un encargo”.

Más dado al blanco y negro que al color, entre las novelas gráficas del autor se encuentra Nela y Lamia. Adaptar a Galdós fue un proyecto creativo que le surgió en la cabeza cuando en una de sus clases se dio cuenta que los alumnos leían Marianela, novela que “había leído también por obligación veinte años antes pero de la que no me acordaba de nada. La volví a leer y aluciné, se me ocurrían soluciones visuales cuando pasaba las páginas del libro porque Galdós es un escritor que emplea un lenguaje muy visual. Eso me llevó a presentar otro proyecto para adaptar Doctor Centeno, Tormento y La de Bringas, pero no me hicieron caso”, lamenta Rayco Pulido, sobre todo si se tiene en cuenta que en 2019 y el 2020 se celebra un año galdosiano que está pasando con más pena que gloria.

En cuanto a Lamia, que fue la novela gráfica que consagró al guionista y dibujante al obtener el Premio Nacional del Cómic, explica que la idea comenzó a rondarle cuando estaba metido en Nela, ya que quería hacer otra cosa con un nuevo personaje femenino. “Un personaje radicalmente diferente al de Nela”, dice.

Durante esos días, Rayco Pulido se encontraba en Inglaterra buscándose la vida mientras desempeñaba distintos trabajos “que no hacen los ingleses”. No fue una buena época, recuerda, aunque escapaba de esa gris realidad imaginado a un personaje femenino que se fue armando a medida que pasaban los días y que tomó forma de novela negra aunque, precisa, “más que de novela negra es un híbrido. Su estructura –añade– es muy rara pero funciona”.

Rayco Pulido simultanea su trabajo con los cómics impartiendo clases, encargos de ilustración y diseño gráfico.

En los raros momentos de descanso lee libros y colorines o tebeos, o chistes o como quieran llamar a los cómics, y ve series de televisión donde revela que es un clásico ya que es más de Mad Men que de Juego de tronos. Ahora trabaja en la vida del José de Viera y Clavijo, el pensador canario.

Saludos, colorín colorado…, desde este lado del ordenador

El desfile de los malditos, una novela de Antonio Lozano

Octubre 7th, 2019

Antonio Lozano fue uno de los primeros escritores que se dieron cuenta de las posibilidades que reunía el archipiélago canario para adaptarlo a los territorios de la literatura negra y criminal.

Antes habían tanteado el género con bastante fortuna en las islas escritores como Carlos Álvarez y Jaime Mir, quien proponía en El caso del cliente de Nouakchott el que se puede considerar como el primer detective privado de la novela negra en Canarias. Un tal Jeque que se mueve y refleja cómo era Tenerife en los años ochenta.

Las historias de José García Gago consolidaron no solo lo negro y criminal en las islas sino que marcaron las pautas del detective privado con acento canario de otros escritores.

La primera novela de la serie, Preludio para una muerte, es clave para entender la evolución del personaje y la influencia que emanó en otros escritores. Es probable que Antonio Lozano fuera consciente de la que iba a liar como buen conocedor de una literatura que hoy se reivindica social, un instrumento en el que escribir “verdades como puños” sobre esas realidades que no suelen aparecer en los medios de comunicación.

Tras sembrar la semilla, de la que brotaron escritores que recogieron su antorcha, Antonio Lozano no volvió a publicar otra novela protagonizada por Gago hasta cinco años después con La sombra del minotauro, título que significó para los que lo conocían el reencuentro con un buen amigo. La espera habría merecido la pena ya que se trata de un libro escrito con ironía, que hace gala de una sátira que arremete contra la burguesía canaria. En la novela, García Gago debe sumergirse en los bajos fondos para resolver un caso aunque lo que de verdad importa, más allá del suspense, es el retrato que hace de los personajes que en ella aparecen.

Tras dejarnos hambrientos y con ganas de más García Gago, Antonio Lozano publicó en esos años otras novelas como El caso Sankara, Las cenizas de Bagdad y Un largo sueño en Tánger, mientras rumiaba otros proyectos como una nueva entrega protagonizada por José García Gago, que se presenta ahora con el título de El desfile de los malditos, un libro que reúne lo mejor del escritor, enteramente volcado en un personaje al que aprecia y que tiene mucho de él mismo.

El primer capítulo de El desfile de los malditos resulta demoledor. Nos presenta a la víctima, un hombre que lo ha perdido todo mientras mendiga por las calles de Madrid. El tono se vuelve luminoso a partir del segundo capítulo y que se desarrolla en Las Palmas de Gran Canaria donde presenta a un José García Gago pletórico y enamorado que recibe el encargo de encontrar al sin techo que conocimos en las primeras páginas del libro. Esta investigación llevará a García Gago a la capital de España y a Barcelona. El caso se complica cuando se escora al tráfico de órganos humanos.

En su investigación el detective descubrirá un universo sórdido que convive entre nosotros. Se intercala para el lector varios relatos que suceden en países pobres del planeta donde se mata a niños, mujeres y hombres para extirparles sus órganos y venderlos al mejor postor en los países ricos.

Contra este monstruo se enfrenta García Gago y durante el camino se rodeará de gente con corazón y sin él mientras se enfrenta como un mosquito a un elefante. Vale la pena el esfuerzo aunque sea un solo pinchazo, reflexiona el detective privado que defiende y cree en la justicia.

El desfile de lo malditos cierra la trilogía de nuestro ya para siempre detective –Antonio Lozano falleció en febrero de este año– pero termina con honores un ciclo literario que ya pertenece a la literatura negra y criminal escrita en español.

En la novela, el escritor hace guiños a escritores canarios y hermanos en el género como Alexis Ravelo –José García Gago lee en sus raros ratos de ocio La estrategia del pequinés– y propone un recorrido gastronómico por algunos de los restaurantes de Barcelona que recomendó su admirado Manuel Vázquez Montalbán.

Montalbán y Carvalho son los padres literarios de José García Gago y de la hornada siguiente de detectives privados e investigadores por libre de la novela negra canaria.

El desfile de los malditos es un libro que se ajusta con comodidad a los cánones tradicionales del género, un género que reinterpreta con festivo y desprejuiciado acento canario.

Saludos, con algo de nostalgia, desde este lado del ordenador