Novelas sobre la Guerra (in)Civil en Canarias

Julio 18th, 2019

NOTA: Este artículo actualiza el que titulamos en su día (6-VIII-2016) Novela y memoria sobre la Guerra (in)Civil en Canarias, ya que desde ese entonces se han publicado otras novelas y antologías de cuentos relacionados con este asunto. En este aspecto y salvo las aportaciones que hacemos, el texto se mantiene prácticamente igual al original.

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil en la que se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Estas líneas solo pretenden orientar al lector sobre algunos títulos que considero, a mi juicio, recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar “nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto”, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis, sino como guía de una serie de volúmenes que merecen ser recuperados por todos aquellos que estén interesados en conocer cómo desde los territorios de la imaginación y también del testimonio se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil a este lado del Atlántico.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contada a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.

El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde abrazó en su juventud los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el socialismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra el encarcelamiento del autor en la improvisada cárcel que antaño había sido empaquetadora de plátanos y que se encontraba en aquel entonces a las afueras de la capital tinerfeña.

Novela testimonio y de ambiente carcelario, Rial escribe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca” ya que los presos republicanos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte. En esta improvisada cárcel, el poeta Domingo López Torres escribiría el poemario Lo imprevisto, que fue sacado clandestinamente días antes de que hicieran desaparecer al poeta.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán, Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y en los que el protagonista cumple con la ordenanzas militares mientras contempla como día sí, día no, muchos de los cautivos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a mi juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias. Quizá porque se trata de la historia de un hombre que sin ideologías solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fratricida escritos en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribir en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada en 2015 por Turpin Editores, recopila una serie de atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín en su interesante blog Noticias de Agüimes, Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos nombres), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más’, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido otras novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo y Los días de Mercurio. La iniquinidad II y Los milagros prohibidos de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores. El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en Al sueño polar de golondrinas, una novela que discurre en dos tiempos, los años 30 y los actuales cuando llega un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Tenerife y en cuyas oscuras bodegas viajan 152 inmigrantes subsaharianos.

En el otro extremo de la balanza se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su investigador, el marino retirado Eladio Monroy para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquinidad II, en la que su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de uno del bando vencedor. Ravelo insistiría en la Guerra Civil en Los milagros prohibidos, novela en la que narra la que se conoció como Semana Roja en La Palma, única isla que permaneció leal a la II República esos das hasta la entrada de las tropas rebeldes y la huida de los “rojos”, los enemigos del nuevo régimen, al monte y a la costa. Javier Hernández Velázquez retoma el pasado cainita que supuso el conflicto en El fondo de los charcos e insiste en el mismo, aunque en sus páginas finales, en Baraka.

La Guerra Civil y la represión en Canarias mueve, por otro lado, la acción de La lista, de Juan Bosco, quien no se arruga en señalar con el dedo quienes fueron los asesinos y sus víctimas en La Orotava durante aquellos años. Juan Ignacio Royo Iranzo propone algo parecido, aunque en Santa Cruz de Tenerife en su interesante El fulgor del barranco. La capital tinerfeña en aquel tórrido verano de 1936 también es la protagonista de La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de estado cuando tiene solo diez años y novela que cuenta con una primera parte, Y tú serás el río; La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, que ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil mientras que el periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de Solsticio de verano, una novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer con el paso del tiempo. 

A caballo entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se desarrolla en las postrimerías de la Guerra Civil Inmerso en la duda, de Agustín Quevedo Martín; Francisco Estupiñán aborda también aquel conflicto y la posición de la España franquista durante la II Guerra Mundial en El águila de San Juan mientras Eugenio Suárez Galván narra en Balada de la guerra hermosa la historia de dos canarios enrolados como soldados del ejército nacional en los campos de batalla que destrozan las tierras de la España peninsular.

Por otro lado, Agustín Carlos Barruz se preocupa en reflejar la represión y sus secuelas en Memoria de una isla sin memoria, que trascurre en Sacura, anagrama de Arucas, Gran Canaria mientras que la escritora Elia Barceló desarrolla la primera parte de El color del silencio en julio de 1936 en Canarias y Alberto Vázquez Figueroa retrata la feroz represión de los rebeldes en las islas en su novela Bajamar.

También son de destacar El faro y la noche, de Selena Millares, en la que se cuenta el hallazgo las memorias de un oscuro poeta y profesor represaliado tras la guerra civil española

Otros títulos que pueden sumarse a esta relación son Episodios de la Guerra Civil y otros relatos, de Francisco Rodríguez Medina, autor también de El paseo de la muerte; Pedro Padilla Quintana y su En el azul y muy tangencialmente Jonathan Allen en la iniciática El conocimiento.

Novelas sobre los primeros años de la postguerra son Los amores perdidos, de Miguel de León y Guad, de Alfonso García-Ramos, sin olvidar La isla y los demonios, de Carmen Laforet y que transcurre en la capital grancanaria en los años 40.

En cuanto a recuerdos, destacaría Añoranzas prisioneras, del anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé; Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste; Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Aceved; Tránsito, de Elba García, memorias sobre el escultor y empresario Bernardino García; Sin rencor. Memorias de un republicano, de Mauro Martín Peña; Semilla de memoria, de Francisco González Tejera; Cecilio Segura, alcalde y maestro replesaliado en la Guerra Civil, de Francisco Suárez Moreno y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península.

También de un palmero es Con los parias de la tierra, memorias de quien fuera fundador de las Juventudes Comunistas de La Palma y destacado dirigente político durante la II República, Florisel Mendoza.

(1) El Perseguidor (Diario de Avisos), número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

FOTOS

1) Francisco Franco desfila junto al alcalde republicano José Carlos Schwartz y el gobernador civil Manuel Vázquez Moro

2) Almuerzo de los militares golpistas en La Esperanza (Tenerife), dìas antes del golpe de Estado

3) Presos republicanos hacinados en el Lazareto de Gando

Saludos, sí, tal dìa como hoy…, desde este lado del ordenador

¿Nombre? Pedro Perdomo Azopardo

Julio 17th, 2019

Eliseo Izquierdo lo recuerda en Periodistas Canarios, y poco o nada es la información que he podido recabar de un puñado de compañeros que ni siquiera, comentaron algunos, conocían ni de nombre a este periodista y escritor que merece ocupar otro espacio no solo en el maltrecho universo de la prensa canaria sino en el literario que se cocina a este lado siempre agitado del Atlántico.

¿Nombre? Pedro Perdomo Azopardo, de quien he leído hasta la fecha dos libros que rompen la regla de lo que se escribe en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses, y en el que su autor propone una mirada muy personal –de ahí que apenas sus obras hayan sufrido el arañazo del tiempo– a la literatura de viajes.

Estas narraciones, hoy muy difíciles de encontrar salvo si se buscan en librerías de ocasión o rastros donde los libros se queman al sol, llevan por título Mussolini. Análisis de un dictador y La vida golfa de Don Quijote y Sancho.

En el primero de los volúmenes, Pedro Perdomo Azopardo escribe un periplo en el que mezcla lo histórico con el paisaje tras las huellas del dictador italiano.

El punto de partida, que para unos puede parecer estrafalario, se convierte pronto en un turístico viaje por Italia para visitar los lugares en los que Benito Mussolini marcó los pasos de su destino y muestra, de paso, como la sombra del primer camisa negra sigue estando presente de una u otra forma en el país de la bota.

El itinerario se refuerza con una serie de reflexiones sobre la fascinación que ejerce el poder y rastrea la huella mussoliniana por Italia, un país en constante transformación a finales de los ochenta, años en los que Perdomo Azopardo realizó el viaje, organizó sus notas y terminó escribiendo esta rareza, este insólito recorrido por los espacios en los que se forjó como político el Duce.

El libro comienza su andadura en la Piazzale Loreto, Milán, plaza en la que acabaría colgado Mussolini, su amante, Clareta Petacci, y otros jerarcas fascistas en abril de 1945. Entonces, escribe Azopardo, no había plaza sino una estación de servicios. Hoy, en un pequeño jardín, se recuerda que en ese mismo lugar, meses antes los fascistas habían ajusticiado a un grupo de patriotas partisanos.

Pedro Perdomo Azopardo visita también el lugar en el que estuvo cautivo Mussolini antes de su ejecución, ya cadáver sería trasladado a Milán donde sería objeto del escarnio público.

El libro está estructurado en diferentes apartados, algunos, sobre todo los primeros, se escoran más hacia lo histórico mientras que los de la mitad y finales reflexionan sobre la permanencia del fascismo no solo en la sociedad italiana y muestra con notables descripciones, fotografías convertidas en palabras, distintos paisajes que marcaron la vida y la obra del Duce.

Sin embargo, y a título personal, destacaría de este libro escrito sin apasionamiento y vocación de no zozobrar en el maniqueísmo, buenos y malos hay en todas partes, la frustrada entrevista que el periodista y escritor grancanario pretende mantener con donna Raquelle, la viuda de Benito Mussolini, en su Villa Carpena. En este segmento, el hombre ya no juzga la Historia sino que aspira a estar frente a frente con ella. El empeño, sin embargo, no llegará a buen puerto por la edad de la mujer, le dice la pequeña corte que rodea a la que fue la primera dama del régimen fascista. Respuesta que asume con resignación y casi diría con alivio el periodista ahora convertido en escritor. Es la primera gran derrota de su largo y entretenidísimo periplo por una Italia en cuyas catacumbas se sigue rindiendo culto al dictador.

Pedro Perdomo Azopardo comenzó su carrera profesional en el Diario de Las Palmas, donde trabajó hasta 1977. Es autor además de los dos libros citados, de Italia roja y negra, lo que pone de manifiesto el interés que sentía por este país al que intentó comprender con las armas que emplea el periodista.

El humor, un humor en ocasiones cruel como la vida misma, inunda las páginas de la novela viajera La vida golfa de Don Quijote y Sancho, en la que actualiza a la universalmente conocida pareja cervantina en una obra donde el caballero de la triste figura no combate, curiosamente, contra molinos de viento sino una sociedad que pierde como quien no quiere la cosa muchos valores heredados del pasado.

No tiene el atractivo histórico de Mussolini. Análisis de un dictador, pero muchas de sus páginas conservan una frescura que no hace demasiado titánica su lectura.

La novela se desarrolla en Madrid en los años setenta y si bien su protagonista se llama don José, o don Pepe, se le conoce en el barrio como el Quijotes, así, con ese. Es el dueño de una tienda de comestibles en los alrededores de la plaza de toros de Las Ventas, y lo ayuda en los quehaeceres un empleado de raza gitana que se llama Sancho. Aparecen, además, otros personajes de la inmortal novela de Cervantes como Sinforosa (Dulcinea), una vecina de Vallecas y Rocinante, una motocicleta que compró en un cementerio de automóviles de Carabanchel.

El libro traduce con cierta originalidad muchos de los momentos más conocidos y celebrados del Quijote original a los tiempos en los que se desarrolla esta nueva versión, aunque afortunadamente Pedro Perdomo Azopardo no insiste mucho en el asunto porque sabe, es consciente, que resulta imposible imitar la genialidad del maestro. Con todo, y una vez que se olvida de parodiar la obra que nació aparentemente como una parodia y sátira de los libros de caballería, La vida golfa de Don Quijote y Sancho se deja leer con una sonrisa. Es decir, que se trata de un libro escrito con muchas ganas de cachondeo y con ánimo, muy tímido es verdad, de desacralizar al clásico cervantino. No hay voluntad, en todo caso, de hacer mal alguno sino de utilizar una obra de referencia de nuestra literatura para contar con cierta mirada ácida la realidad de su tiempo. Un tiempo, se recuerda, que son los años setenta del pasado siglo.

La edición que tengo está firmada por el autor a un amigo. La data, leo o mejor traduzco, en 1977. El libro cuenta con la biografía más extensa a la que he tenido acceso hasta la fecha de su autor. Por ella me entero que Todo el bronco sabor de la existencia fue una novela inédita que resultó finalista al premio Menorca, que se llevó finalmente Carmen Laforet por La mujer nueva y en el que participaron también escritores cuya carrera ya estaba consolidada como Tomás Salvador, Mercedes Ballesteros y Francisco Alemán Sáinz.

Con todo, y como se dijo al principio, la obra literaria de Pedro Perdomo Azopardo continúa olvidada. Y eso que apenas escribió tres o cuatro libros a lo largo de una vida en la que estuvo condenado a la máquina de escribir para contar historias de su tiempo bajo la forma de noticias.

Un amigo, periodista también, me dijo en cierta ocasión que tenía alguna referencia del personaje que ocupa estas líneas pero apenas tenía nada que ver con las que me ofreció otro que, incluso, llegó a decirme que había hablado personalmente con él. Al final no hice caso a ninguna de las versiones por lo que Pedro Perdomo Azopardo ha quedado diluido en mi fantasía, fantasía en la que solo toma cuerpo como autor de un original libro de viajes, Mussolini. Análisis de un dictador, y de una novela viajera en la que humor y sátira se dan la mano con oficio.

Saludos, ay mi cabeza, desde este lado del ordenador

Manuel Hernández: “Miguel Cabral fue el mayor enemigo de la Junta Suprema de Canarias”

Julio 15th, 2019

El escenario es el siguiente, Canarias, primera mitad del sigo XIX. El franciscano Miguel Cabral de Noroña se convierte “en el mayor enemigo de la Junta Suprema de Canarias” que se constituye tras conocerse la invasión de la península ibérica por las tropas de Napoleón Bonaparte. Este y otros hechos realizados por Cabral, un personaje que parece sacado de una producción de Hollywood, centra la atención del catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández González, quien evoca su figura en un libro y recopila muchos de sus textos en otro que obliga a observar la Historia de Canarias con otros ojos.

- ¿Cómo llega a Miguel Cabral de Noroña?, ¿qué destacaría de este personaje?

“Llega al Puerto de la Cruz en 1789 huyendo de una persecución por unos versos satíricos contra un carmelita portugués. Se establece como franciscano en el convento de esa localidad. Formado en Coimbra, de una vasta erudición, constituye el prototipo del clérigo liberal, abierto a las nuevas ideas, que rechaza los límites estrechos de la disciplina de su orden y quiere convertirse en un clérigo secular, sin esas trabas y sujeción, con rentas que le permitan vivir y con una vocación a emplear la pluma en los problemas diarios de una sociedad en ebullición como es la que le tocó vivir, entre la ilustración y el liberalismo. Esa habilidad, sus textos satíricos, lo convertían en un peligro público para el orden instituido como pudo comprobar el marqués de Villanueva del Prado y la Junta Suprema de Canarias y el embajador español en los Estados Unidos”.

– ¿Cuál es su vinculación con Canarias?

“Vino como fraile y como tal estuvo en los conventos franciscanos del Puerto de la Cruz y San Diego del monte de La Laguna. Ante la persecución de la orden decidió convertirse en clérigo secular. Primero como capellán de los regimientos de Nápoles y Ultonia, para lo que contó con un permiso papal y más tarde, definitivamente, con una capellanía otorgada por la aristócrata Catalina Prieto del Hoyo con autorización de su marido que fue aprobada por el Nuncio y por el obispo Verdugo, aunque este hecho fue escandalosamente ocultado por sus contradictores, que alegaban que seguía siendo fraile para expulsarlo de la isla. Regresó a ella con el regimiento de Ultonia y decidió quedarse cuando este se marchó de Tenerife. En 1805, delante del Capitán General, su protector, ofició un sermón en el día de San Cristóbal contra las conquistas de Canarias y América y contra la actitud de algunos isleños en la invasión de Nelson, que fue denunciado al Santo Oficio y para el que pagó Alonso de Nava 800 pesos para que no se editase. Este hecho motivó un debate entre los partidarios y los detractores de la Inquisición sobre la legitimidad de la conquista. Aliado con liberales como Domingo Saviñón, los sectores más conservadores laguneros promovieron su expulsión de Tenerife que no pudo ordenarse por la invasión napoleónica. Ante la creación de la Junta Suprema de Canarias se convirtió en su mayor enemigo con la redacción de un manifiesto, lo que le condujo finalmente a ser preso y trasladado a Cádiz en 1809”·

- Algunos de sus trabajos como historiador se ocupan de la ilustración y el liberalismo, ¿qué destacaría de estos períodos en Canarias?

“Son períodos de gran interés los comprendidos entre el reinado de Carlos III y la caída del liberalismo en el Trienio constitucional en 1823. Las Islas viven una etapa de grave crisis a lo largo del siglo XVIII, otra de expansión gracias al comercio de neutrales, entre 1796 y 1814, y de hundimiento total hasta 1830, en que la economía se reactiva con la cochinilla. Es un período de intensa migración a América y de formación de unas élites ilustradas que tratan de reformar la sociedad sin provocar la ruptura de las estructuras sociales, lo que era un intento baldío. Pero en esa época pululan por las islas aristócratas, clérigos y burgueses que asumen desde sus respectivas posiciones las ideologías ilustrada y liberal. Un movimiento que supera el ámbito insular para tener gran repercusión en la Península y América. Es por ello muy interesante en una etapa en que se pone en discusión la sociedad del Antiguo Régimen coincidiendo con la invasión napoleónica y la emancipación hispanoamericana”.

- Miguel Cabral es fraile, y llega a el Puerto de la Cruz donde le hacen la vida imposible.

“Montó una academia de ciencias que renueva la enseñanza aunque su Orden le planteó obstáculos. Defendió el papel fundamental de la mujer y promovió su formación. Ante el hostigamiento de los franciscanos decidió convertirse en clérigo secular y planear su venganza desde Madrid para lo que envía una supuesta orden regia al provincial de su orden, el palmero Bartolomé Rodríguez, por la que se le nombra obispo de Madagascar con ordenación en Marruecos, con sus apoyos incluidos, lo que llevó de la euforia al hundimiento de la Orden cuando se supo que no eran dominios del Rey Católico, lo que originó que este fraile sufriera un ataque al corazón que derivó en su fallecimiento”.

-Después marcha a Madrid donde se hace capellán del regimiento de Nápoles y más tarde de otro. Creo que regresa a Tenerife, si es así, ¿qué hace en la isla durante ese tiempo?

“Ejerce como capellán militar en Santa Cruz y gestiona las propiedades de Catalina Prieto del Hoyo que estaba separada de su marido. Despierta los celos de éste y de su hijo, que promueven incluso un proceso inquisitorial acusándolo de bestialismo. Escribe versos, acude a tertulias, maniobra en la política local con gran escándalo de las capas dirigentes, como acontece con su sermón del día del patrono de La Laguna ya reseñado. Al parecer consigue, pese a su mala prensa la capellanía”.

- ¿Cómo?

“Gracias a sus estrechas relaciones con Catalina Prieto, con la que convive en sus haciendas de Garachico y Los Silos y en su mansión lagunera. Ella le proporciona las tierras para su congrua, cuya proposición fue aceptada por su esposo, ya que era obligatoria su firma. Él, por su parte, gestiona ante el Nuncio y ante el obispo la secularización, que le fue concedida”.

- Publica su retrato y en otro volumen una selección de sus textos, ¿cuáles destacaría y por qué?

“El primer libro trata sobre su biografía. El segundo el grueso de su obra, sus sermones, manifiestos, poemas, escritos políticos y su trabajo periodístico. Destacaría sus versos contra la trata esclavista y la conquista, sus artículos liberales radicales y anticolonialistas del Duende político gaditano, que le llevan a huir a Filadelfia ante la amenaza de su detención; sus textos sobre el papel de la mujer, sus reflexiones imparciales sobre la masonería en general y en Cuba en particular y sus folletos sobre la emancipación hispanoamericana y los artículos londinenses que escribió en el Observador español y en los que critica la independencia de América”.

- Dice que escribe varios artículos sobre la masonería, ¿fue masón?, ¿cuál es su visión de los Hijos de la Viuda?

“No está documentado que lo fuera pero sí conoció profundamente la masonería, como demuestran los textos publicados en Filadelfia, en los que la analiza. Fue muy crítico con un periódico cubano que arremetía contra una logia establecida allí y consideraba que sus ideas filantrópicas eran muy positivas, pero en las que debía eliminarse lo que estimaba como parafernalia sin sentido, los rituales. Creía que la sociedad masónica era libre porque podía pertenecer a ellas personas de cualquier religión y no permitía en su seno discusiones sobre religión y política. Consideraba las formalidades masónicas absurdas y anticuadas”.

- También es poeta y director de periódicos.

“Sí, escribió versos satíricos que se divulgaban en la sociedad tinerfeña con gran escándalo público como la Perenqueneida, sobre los amores entre una monja y un sacristán, poemas amorosos y de tema político como sus críticas a la nobleza sobre la invasión napoleónica, la esclavitud o sus cantos de amor a la naturaleza. Editó dos periódicos, El Duende Político en Cádiz y El Observador español de Londres, este último encargado por Fernando VII contra la independencia americana. Intentó publicar en Filadelfia El Cosmopolita Sensible o el Duende en América, pero no encontró financiación”.

- Escribió mucho sobre la mujer.

“Consideraba que la mujer era igual que el hombre y que debía participar en la vida pública y social e insistía en que la educación era la base del avance social para que ellas tuvieran la misma capacidad de acción que los varones, planteamientos muy limitados en aquel entonces”.

- Lo dijo antes y no se me va de la cabeza: Miguel Cabral es fuertemente liberal pero trabaja como espía para Fernando VII.

“Cuando huyó a Filadelfia entró en contacto con los independentistas hispanoamericanos con los que colaboró, como fue el caso del cubano José Álvarez de Toledo, pero tenía que sobrevivir y no encontró en ellos un salario que le garantizase su subsistencia. La imposibilidad de dar a la luz un rotativo le frustró. El represente español Luis de Onis se dio cuenta que era más factible darle un sueldo para atraerle a su causa y contar con él, máxime después de que hizo un discurso sobre la Constitución de Cádiz. Trabajaría con la embajada en redacción de folletos, espionaje, informes de toda índole, pero se le impedía regresar a cualquier dominio español”.

- Mantiene un duro enfrentamiento con el canario Diego Correa

“Desde la época de la Junta Suprema, en la que Correa fue favorable y él detractor. Coincidieron en el Cádiz de las Cortes, en la Filadelfia centro de conspiración de la insurrección hispanoamericana, donde se criticaron mutuamente. Lo mismo en Londres en 1819, en el que publica el Observador mientras Correa colabora en el Español Constitucional. Finalmente en Madrid, en 1820, Cabral trabajaba para la Secretaria de Estado y Diego Correa, lagunero, en un periódico conservador donde espera su nombramiento como intendente de Querétaro”.

- ¿Existe un folleto en la Universidad de Yale sobre este enfrentamiento escrito por Cabral?

“Se trata de una réplica a un artículo de Cabral en el Constitucional. En el texto cuenta su vida y, especialmente, la de Diego Correa desde sus orígenes, muy humildes en La Laguna, y ciudad en la que trabaja con su padre como platero.”

- Su actitud ante la invasión napoleónica de España es cuanto menos anómala. Escribe, tengo entendido, un manifiesto contra la Junta Suprema de Canarias.

“Escribió un manifiesto que circuló manuscrito y que Álvarez Rixo recogió y en el que criticaba con vehemencia a la Junta Suprema y sus integrantes, en especial a Alonso de Nava. Relataba el golpe de Estado de O´Donnell y el marqués contra el marqués de Casa Cagigal y denunciaba su intención de convertir a las Islas en un protectorado británico, planteamiento que se demostró cierto, como se interpreta del proyecto elaborado por el marqués del Sauzal y que fue enviado a la Corte inglesa”.

- Prepara ahora un libro sobre los Gálvez.

“En septiembre se publicará mi libro sobre el círculo de los Gálvez, formación, apogeo y decadencia de una élite de poder indiana. Fue mi proyecto de cátedra. En él estudio el intento de José de Gálvez de erigir con su linaje, sus familiares y allegados una élite de poder en Indias que se frustraría por no tener hijos varones y fallecer a los 45 años en la cúspide del poder del Virreinato de Nueva España su sobrino Bernardo. Analizo sus orígenes, la extensión de su proyecto, la mitología en torno a ellos y la frustración del linaje tras la muerte de José con las actuaciones de la viuda de Bernardo y sus hijos, de Antonio de Gálvez y su hija Rosa y de la viuda e hija del marqués de Sonora”.

Saludos, proletarios del mundo…., desde este lado del ordenador

El II Festival Hispanoamericano de Escritores reunirá en septiembre en Los Llanos de Aridane a medio centenar de novelistas y poetas, entre ellos dos premios Nobel de Literatura

Julio 11th, 2019

Todos esperan que lo que se vivió el año pasado en Los Llanos de Aridane vuelva a repetirse en 2019.

Por una vez en estas tierras la literatura y por sana inclusión la cultura se fusionó con la fiesta, lo lúdico y el público y los escritores dejaron de ser dos para ser uno en El Festival Hispanoamericano de Escritores que anuncia que regresa del 10 al 14 de septiembre en una segunda edición que contará, entre otros, con los Premios Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y Jean-Marie Gustave Le Clézio, así como del Premio Cervantes Sergio Ramírez.

El cartel de invitados suma también a los hispanosamericarnos (Nicaragua, Venezuela, Cuba, Perú, Argentina) Gioconda Belli, Marcelo Luján, David Toscana, Rosa Beltrán, Mayra Montero,, Karla Suárez, Alonso Cueto, Martín Caparrós y Rodrigo Blanco, así como a Ryukichi Terao, cl único traductor japonés capaz de traducir tanto del español al japonés como del japonés al español.

Entre los escritores españoles se podrán ver en Los Llanos de Aridane a Nuria Amat, Fernando Aramburu, el director de cine y novelista Manuel Gutiérrez Aragón (miembro de la RAE) y la también académica y novelista Carme Riera y Esther Bendahan

Repiten experiencia los canarios Elsa López, Anelio Rodríguez Concepción, Ricardo Hernández Bravo, Alexis Ravelo, Santiago Gil y José Luis Correa, y se mezclarán con unos y otros al principio con el despiste del novato Alicia Llarena; Yolanda Arencibia, Fátima Martín, ganadora del Premio Torrente Ballester; Domingo Luis Hernández, Jonathan Allen, Emilio González Déniz, Pedro Flores, Antonio Jiménez Paz, Pedro Ángel Martín, Bruno Mesa y Guadalupe Martín Santana.

Y tres artistas cuya obra está presente en el CEMFAC (La Ciudad en el Museo) de Los Llanos de Aridane: Ouka Lele, Javier de Juan y Fernando Bellver y representantes del Instituto de Astrofísica de Canarias, Rafael Rebolo, Casiana Muñoz Tuñón, astrónoma y subdirectora de mismo instituto, Carmen del Puerto y su fundador, Francisco Sánchez, que recibirá un homenaje.

Pero no se me vayan que aún hay más porque está previsto que a esta llista se añadan más invitados: Vasco Szinetar, Gonzalo Celorio (presidente de la Academia Mexicana de la Lengua), Francisco Javier Pérez (gerente de ASALE, confederación de las Academias correspondientes de la Lengua), Alberto Ruy Sánchez, Mónica Lavín, Hernán Lara Zavala, José Balza, Juan Carlos Chirinos, José Esteban, José Manuel Fajardo y J.J. Armas Marcelo.

Y toda esta gente, toda esta gente participando en debates y recitales de poesía para fomentar ese regalo que nos da la vida y que es la lectura, y hablando sobre lo divino y lo humano en Los Llanos de Aridane, una tierra en la que cantan y hacen cantar a los gallos.

El II Festival Hispanoamericano de Escritores es una iniciativa de la Cátedra Vargas Llosa el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane y el Cabildo Insular de La Palma, con la colaboración del Instituto Cervantes, la Fundación Universidad de Guadalajara y el programa Canarias Crea Canarias del Gobierno de Canarias.

Saludos, que canten los gallos, desde este lado del ordenador

Un jueves muy especial

Julio 10th, 2019

El templete de la Farola del Mar, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, acogerá este jueves, 11 de julio y a las 20 horas, un acto de homenaje a Alfonso Delgado que coincide con la segunda edición de su novela Queda la broza (Canarias3puntocero, 2019), y que publicó antes de que la muerte se lo llevase a finales de enero de este año. En este tributo participarán la alcaldesa de la capital tinerferña, Patricia Hernández, el presidente de Puertos de Tenerife, Pedro Suárez y el escritor Vicente Molina Foix. Queda la broza se ambientada en un Santa Cruz de Tenerife de principios del siglo XX, “cuando la ciudad aún miraba al mar, y en un trepidante y surrealista París”.

La librería Agapea recibe este jueves al escritor Manuel Jabois, quien presentará a partir de las 19 horas, la novela Malaherba (Anagrama, 2019). Jabois intervendrá acompañado del epriodista y escritor Juan Cruz. Malaherba “es un ceñido relato de infancia. Nada le distrae a Jabois de recuperar las experiencias de unos niños de alrededor de diez años que cursan EGB. El propósito de condensar la historia le lleva a destacar unos pocos personajes en torno a dos familias. Una incluye al auténtico protagonista y narrador, Tambu, y a su hermana Rebe. La otra, que proporciona cobijo a la primera en las varias ocasiones en que ésta pasa por dificultades, reúne también a dos hermanos, Elvis y Claudia”, destaca un artículo publicado en la edición digital de El Culturañ. .

Saludos, prestad atención, desde este lado del ordenador

Una presentación y a los pies de Galdós

Julio 9th, 2019

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este martes, 9 de julio y a las 18 horas, la presentación del nuevo libro de relatos del poeta tinerfeño Francisco León, Reptil con piel de jade (Ediciones Franz, Madrid, 2019).El acto de presentación de este trabajo contará con la presencia de los escritores Bruno Mesa y Daniel Bernal y del propio autor.

El libro reúne cinco relatos “formalistas e introspectivos” y todo ellos, se dicer en una nota informativa, “comparten una mirada perspicaz y un ritmo hipnótico”.

* El sábado pasado, 6 de julio, se presentó en el parque del Buen Retiro en Madrid y junto a la estatua de Benito Pérez Galdós la novela El gran amor de Galdós (Ediciones La Palma, 2019), del escritor y periodista Santiago Gil. Acompañaron a su autor los literatos José Esteban y J.J. Armas Marcelo. Entre los asistentes se encontraban Anelio Rodríguez Concepción, Domingo Villar, Juan Carlos Chirinos, Nicolás Melini (editor de la novela), la periodista Adriana Bertorelli, la montadora de cine Cristina Otero Roth, el secretario de ASALE Francisco Javier Pérez, la directora del Museo Insular de La Palma Isabel Santos, el conservador del Museo del Prado José de la Fuente, la periodista Sonia Sánchez y Soledad Santana, doctora e investigadora en Derecho Constitucional Europeo.

Saludos, mirando al firmamento, desde este lado del ordenador