99 variaciaciones en torno a la barra, relatos de Virginia González Dorta

Agosto 12th, 2022

No todos los cuentos más que cortos, cortísimos, o mircorrelatos como los denominan ahora, son notables pero solo por algunos merece la pena sumergirse en la lectura de 99 variaciones en torno a la barra, de Virginia González Dorta, un libro que publica Aguere/Idea y que plantea situaciones diversas, todas ellas con un mismo comienzo: “Se acerca a la barra”, que marca con un estilo cercano y sin complicaciones el todo del casi un centenar de relatos que contiene este libro que se nota que está escrito con pasión pero también mucha cabeza.

Esa sed que castiga no solo el alma sino también el cuerpo de la víctima. Y víctimas, algunas conscientes, la mayoría no, son los protagonistas de este libro que se lee casi como si uno devorara con hambre cada una de las historias pequeñas y pequeñitas que contiene la obra y que revelan el talento de la autora para moverse en espacios cerrados, bares que apenas describe pero que cada lector imagina en su cabeza.

También la parroquia que los habita, gentes que son más que los bares donde se encierran los protagonistas de este curioso experimento literario que muestra además de personajes al borde del arroyo, situaciones donde la desesperación casi termina como una broma pesada ya que, pese a que estas instantáneas, diapositivas como las conocíamos hace años, concentran lo que se cuenta y revela a una escritora que tiene la habilidad que en cada uno de estos retratos existenciales y tremendamente emocionales, en apenas unas líneas describa por dentro y por fuera lo que sienten sus personajes y, al mismo tiempo, el escenario en el que se encuentran. Bares, garitos para solitarios, ecosistemas donde sus protagonistas viven momentos que trascienden la anécdota y en los que salen a relucir emociones encontradas, llamadas que solo esperan una respuesta ciega, muy parecida a la que cantaban las sirenas para hacer naufragar a Odiseo y a sus marineros.

Esta característica hace que los relatos de 99 variaciones en torno a la barra resulten experiencias lectoras más que satisfactorias. Historias compactas, que empiezan y terminan donde debían empezar y terminar. Se intuye que las narraciones no necesitaban más y tampoco menos. Que hizo bien al dejarlo tal y como aparecen en el libro porque el libro todo, todo el libro, es lo que anuncia en su título: variaciones sobre un mismo tema. Interpretaciones en un mismo marco que a veces resultan dramáticas y otras extremadamente irónicas. La mirada no es única e indivisible, sino que la autora juega con muchas perspectivas y situaciones con las que va componiendo este interesante universo de almas perdidas, se podrían decir.

Todas las pequeñas historias que contiene la obra cuentan historias diferentes aunque, personalmente, encuentro que hay una especie de unidad en todas ellas. Y no solo porque los cuentos se desarrollen en un mismo espacio, los bares, sino por la clientela que los habita.

Gentes con sus idas y venidas. Con sus problemas, al borde de un ataque no sé de nervios pero sí de necesidad por descansar del mundanal ruido que hay más allá de las puertas del establecimiento en el que se encuentran. Esa vida que los que están dentro del bar no quieren –o sí, según se interprete– recuperar sino olvidar, precisamente, sentados ante la barra de un bar.

Saludos, algo de brisa, desde este lado del ordenador

Se hace camino al andar

Agosto 10th, 2022

El Puerto de la Cruz lleva desde hace ya bastante años una intensa actividad cultural que se multiplicó con el nombramiento del socialista Marco González como alcalde de la primera ciudad turística de Canarias. A ello, es importante sumar la implicación de la sociedad civil portuense a través de la Plataforma Ciudadana en la mayoría de las iniciativas culturales que se desarrollan en el municipio, iniciativas que tras el parón que sufrimos todos por el confinamiento, reinició cuando se pudo detener al virus que nos cambió la vida.

Si uno se detiene delante de un mapa del archipiélago no me arrugo al decir que si alguna ciudad o pueblo de estas islas mereciera el título de capital cultural de Canarias señalaría sin dudarlo al Puerto de la Cruz. La ciudad cuenta con festivales de profundo calado como, entre otros, el de teatro en la calle,Mueca, Phe y también Periplo, dedicado a las literaturas de aventuras y viajes, pero es que al margen de estas joyas de la corona, y ya relativamente veteranos no solo en el Puerto de la Cruz sino en el resto del archipiélago, este mismo mes de agosto se han desarrollado una serie de encuentros que obligan a observar con la atención que se merece un municipio que está demostrando cómo debe de hacerse las cosas en cultura.

Las comparaciones son odiosas pero si uno compara lo que se hace en esta pequeña pero bellísima ciudad del norte de Tenerife con lo que se hace en materias culturales en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y La Laguna, antaño ciudad universitaria con todo lo que implica esta palabra: universitaria, el panorama resulta desolador. Y en cuanto a actividades y desarrollo de políticas culturales no es que no supere, es que ni siquiera ninguna de las tres le llega a los tobillos en la apuesta que el alcalde portuense junto a su equipo ha hecho por la cultura.

Una apuesta que no solo va dirigida a apoyar y promocionar grandes festivales y conciertos (que también) sino a implementar políticas culturales y a contar con herramientas que consoliden lo que ya es una realidad. En este aspecto, recomendaría al Gobierno regional, los cabildos insulares y al resto de los municipios de Canarias que estudiaran con detenimiento lo que ha hecho posible el Puerto de la Cruz, un municipio que, gracias a sus técnicos de Cultura y al respaldo del primer edil va siempre dos pasos por delante.

Este mismo martes, 9 de agosto, se presentó un libro que recoge las estrategias para el desarrollo de la cultura en la ciudad. El trabajo lleva el título de Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz, y sus destinatarios son los profesionales de la cultura pero también la ciudadanía.

El documento se puso en marcha en 2019 y tras reflexiones diversas pero sobre todo mucho trabajo, llega ahora a todos los interesados gracias al apoyo que han prestado instituciones como el Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC) del Gobierno de Canarias, el Área de Innovación, IT y TCB de Turismo de Tenerife y la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales de la Universidad de La Laguna-Federación Canaria de Municipios.
 
Los detalles de esta publicación lo dio a conocer el alcalde del Puerto de la Cruz, Marco González, el que estuvo acompañado por el director general de Cultura del Gobierno de Canarias, Rubén Pérez Castellano; y el director de la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales Universidad de La Laguna–Federación Canaria de Municipios, José Antonio Ramos Arteaga.

El libro recoge “un nuevo modelo de políticas culturales”, se destaca en una nota informativa, “más flexible, resiliente y sostenible. Se trata de una continuación del trabajo que se viene realizando en la ciudad en los últimos años en un proceso que ha contado con la participación de agentes, instituciones y entidades del ámbito público y privado”. Son palabras del alcalde portuense, Marco González, quien celebró la participación del Área de Innovación de Turismo de Tenerife, “con la que contaremos en breve para presentar un proyecto específico incluido dentro de este Ecosistema Cultural y Creativo que se llama Josity, todo un laboratorio del desarrollo que las políticas culturales tienen en Puerto de la Cruz en relación con el visitante”.
 
El resultado de este trabajo participado y colaborativo ha sido el marco teórico para el desarrollo estratégico de la cultura en la ciudad que el Ayuntamiento adapta a las propuestas que marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Nueva Bauhaus Europea.

El objetivo de las Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz es aportar valor a toda la sociedad desde la cultura,” posicionar a Puerto de la Cruz como catalizador de los procesos de creación e innovación social, así como facilitar nuevas fórmulas para el intercambio de ideas y conocimientos, su desarrollo y transformación en proyectos que generen beneficios a la ciudadanía desde un punto de vista social. Los profesionales encontrarán recursos sobre los que construir sus proyectos y la ciudadanía podrán usarlo como un instrumento que les ayude a tener una visión completa del panorama al que mira la cultura en Puerto de la Cruz”.
 
Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz se centra en tres aspectos: Trasfondo; Visión y fines; y Líneas de trabajo y acciones y es una las acciones que se desarrollarán en el marco del Ecosistema Cultural y Creativo con el objetivo de mostrar distintos aspectos de la realidad cultural en el municipio.

Este documento concibe a la ciudad “como un ecosistema cultural y creativo donde se producen relaciones de valor y le aportan identidad como un territorio diferenciado. Así, Puerto de la Cruz ha apostado por la creación de entornos físicos y virtuales donde conectar a personas y organizaciones, un proceso colectivo que ha requerido de una activación a través de cinco ejes de trabajo: las nuevas narrativas, el diseño e innovación social, el desarrollo audiovisual, las infraestructuras y los festivales y programación cultural estable”.

En la nota de prensa se recuerda que el Puerto de la Cruz tras la crisis de la Covid-19 demostró al público que la cultura en sana y que durante el confinamiento reforzó y apoyó al sector creativo, “convirtiéndose en un referente en el ámbito insular, regional y nacional en el fomento de la cultura”.
 
Coincide con esta publicación,la actualización de la página web del Área de Cultura del Ayuntamiento portuense, en la que se recoge y ofrece la información “tanto de las diferentes actividades y proyectos que integran la cultura en Puerto de la Cruz, como aquellos orientados al desarrollo más eficiente de una cultura sostenible e igualitaria”.

Dicho todo esto, y si antaño Tenerife tiene seguro de sol, a partir de ahora habrá que reconocer y al mismo tiempo cantar que el Puerto de la Cruz es… pues sí, la capital cultural de Canarias.

FOTO: En la imagen y de izquierda a derecha el director de la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales de la Universidad de La Laguna-Federación Canaria de Municipios y el director general de Cultural del Gobierno de Canarias, Rubén Pérez Castellano.

Saludos, mirard al Puerto de la Cruz, desde este lado del ordenador
 
 
 

Dando caña

Agosto 9th, 2022

* La banda de trance psicodélico, trip hop y música industrial Juno Reactor, que ha colaborado en las bandas sonoras de películas como Matrix Reloaded, Matrix Revolutions, Once Upon a Time in Mexico o Mortal Kombat y de numerosos videojuegos, participará este año en los dos conciertos sinfónicos del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITÉ), dedicados al cyberpunk, bajo la batuta del compositor y director de orquesta Diego Navarro, director del festival.

Los programas contarán con una parte común y otra exclusiva para cada repertorio: una centrada en el anime, en la que sonarán composiciones para Akira o Alita: Angel de combate; y otra más cercana al cine, Robocop o Tron. En sendos recitales también participarán los compositores invitados Brad Fiedel (Terminator) y Vince DiCola (Transformers).

Las localidades, disponibles a 30 y 40 euros, pueden adquirirse en la página web de Auditorio de Tenerife, en taquilla o por teléfono (902 317 327). FIMUCITÉ ofrece un abono para aquellas personas que quieran disfrutar de los dos conciertos, con un descuento de 10 euros.

* La editorial digital BGR, de Alicante, anuncia la publicación dentro de la colección Poesía en línea de un libro que recoge una selección de la poesía de la poeta Dulce Díaz Marrero. La obra lleva el título de El ser de Dulce.

BGR es una editorial que preside la poetisa colombiana nacionalizada española Beatriz Giovanna Ramírez mientras que Antonio Arroyo Silva es el responsable de la colección Poesía en línea.

Saludos, y colorín, colorado…, desde este lado del ordenador

Adiós mundo cruel

Agosto 8th, 2022

“Pienso que las notas de suicidio están escritos en esta lengua que menciona Améry y por esa razón su lectura comparada es muy pertinente para avanzar en las contradicciones irresolubles del suicidio, para dejar constancia de cómo estos hombres y mujeres llegaron a ese momento, a ese instante previo a la muerte en la que escribieron sus últimas palabras”.

(Notas de suicidio, Marc Caellas)

No me atrevería a decir (aunque otros sí que lo hagan) que existe un género o subgénero literario que tira a lo excéntrico con forma de ensayo. Un género que estudia y propone reflexiones sobre temas que no son del agrado de la mayoría.

Es verdad que estos libros tienen mucho de provocador pero también nacen para normalizar actitudes frente a fenómenos que no resultan muy agradables.

Hace mucho tiempo atrás, apenas unos cuantos días después de que los dinosaurios dejaran de dominar la tierra, leí un libro de tapas grises publicado por Tusquets Editores en la colección Cuadernos Ínfimos con el nombre de Nuestras hermanas las ratas en la que su autor, Michel Dansel, proponía y con argumentos de peso una defensa encendida de estos animalitos con los que convivimos y con los que apenas nos cruzamos sea de día o de noche. El libro, que fue elogiado entre otros por el cineasta Luis BuñueL, me hizo cambiar mi forma de ver a estos simpáticos e inteligentes animales que disfrutan de mucha popularidad en cuentos infantiles y películas de dibujos animados. De hecho, la primera gran estrella del cine de dibujos animados fue un ratón, Mickey, Mickey Mouse, y más adelante Speedy Gonzales entre otros roedores de animación que han pasado a formar parte del género.

Estas series de televisión y películas sin embargo no han hecho demasiado esfuerzo para que nuestra forma de percibir a las ratas y a los ratones sea distinta. O más positiva sino todo lo contrario. Ratas y ratones siguen siendo vistos por la mayoría como detestables alimañas. Bichos indeseables a los que solo se tolera (y el que tolera, desprecia) porque no se dejan ver. Viven bajo tierra, en las alcantarillas.

Recordé la grata lectura que me produjo Nuestras hermanas las ratas leyendo Notas de suicidio (Ediciones La uña rota, colección Libros robados, 2022), un libro de Marc Caellas en el que hace un recorrido escueto, apenas supera el centenar de páginas, sobre la última voluntad de los que deciden, por razones en la que no vamos a entrar ahora, decir adiós a este mundo cruel.

Hace unos años germinó en mi centro de operaciones la idea de escribir un libro que recogiera las últimas palabras de los que están a un paso de morir. Casi todo el mundo conoce lo que dicen que dijo Goethe antes de marchar al otro mundo, por si existiera otro mundo, “Más luz, más luz”. O la desarmante y dramáticamente terribles palabras que pronunció Charlotte Bronte en su lecho de muerte: “No voy a morir, ¿verdad?”. William Burroughs escribió un atípico guión de cine que tituló, precisamente, Las últimas palabras de Dutch Schultz. El Holandés fue un gángster que traficó con licores durante la Ley Seca que se impuso en los Estados Unidos de Norteamérica en la década de los años veinte y que fue ametrallado hasta la muerte en un bar…

Con esto lo que pretendo decir es que antes de despedirnos de este valle de lágrimas cualquiera, por norma general, desea poner su punto y final con una frase que sea definitiva de todo lo que fue un proyecto de vida que ahora se disuelve; un epitafio que resuma lo que fue y lo que espera sea el tránsito de lo que vendrá. Si viene algo…

Lo interesante del libro de Marc Caellas además de la recopilación de varias notas de suicidas famosos es la reflexión que propone sobre el suicidio que sigue siendo una manera de despedirnos del mundanal ruido que todavía provoca recelo por emplear una palabra no demasiado redundante. El escritor y autor teatral se atreve a tomar el pulso del suicida antes de que adopte su trágica decisión y a través de un inteligente análisis de las últimas notas que escribieron asegurar que ninguna de estas líneas escritas bajo tanta tensión “deben tomarse en balde”.

En este aspecto, Notas de suicidio es un libro que pese a tocar un tema digamos que tan poco agradable logra, al menos fue nuestro caso, que miremos esa realidad con otra mirada. Con otros ojos.

Me imagino que como a muchos, cuento con una serie de amigos que se fueron al otro barrio voluntariamente. En todos los casos fue la desesperación y estar sumidos en una depresión de caballo lo que les llevó a tomar esta fatal decisión. Uno de ellos tuvo incluso la sangre fría de atiborrarse de pastillas para quedarse dormido con los cables del equipo de música rodeándole el cuello. Mi amigo, una persona especial y muy querida, no dejó una nota de suicidio pero si que escribió unas palabras en el espejo del cuarto de baño en la que se leía: “Te quiero, mamá. Te quiero, papá”. Sus padres fueron, precisamente, los que encontraron el cadáver y no creo que se hayan recuperado desde entonces de la muerte de su hijo pese a que su última voluntad fuera la de expresarles su cariño.

La lectura del libro de Marc Caellas es tremendamente amena y genera preguntas. Estructurado en capítulos muy cortos, en todos ellos intenta estudiar escuetamente esas notas que se encuentran junto al suicida “para consolar a los padres”; las que están dedicadas al “marido/esposa”, “el suicido en pareja”, que es una variante curiosa porque acompaña por decirlo de alguna manera un acto tan solitario; la nota de suicidio “escueta”, “inmadura, “avergonzad” y un largo, largo etcétera de lo que podríamos pensar que escrito así se trata de casi un género o subgénero literario.

Por el libro desfila además una serie de gente famosa que recurrió a adelantar el final de su vida a través del suicidio. Algunos de los que aparecen en la obra de Marc Caellas son el escritor norteamericano Robert E. Howard, el creador de Conan, el bárbaro, que se voló la tapa de los sesos cuando conoció la muerte de su madre: “Todo voló, todo acabó / Por tanto levantadme sobre la pira / El festín ha terminado / Y la lámpara ha expirado” o la actriz Jean Seberg, que dejó escrito a su hijo “Diego, mi hijo querido, perdóname / No podía vivir más. / Compréndeme. / Sé que puedes hacerlo y sabes que te quiero. / Sé fuerte. / Tu mamá que te quiere”.

Se puede entender como paradójica y sí, se admite también como contradictoria, la nota que escribió Yukio Mishima antes de su final: “La vida humana es breve, pero yo quisiera vivir siempre”. O la que garabateó en letras mayúsculas Syd Vicious: “HICIMOS UN PACTO DE MUERTE, YO TENGO QUE CUMPLIR MI PARTE DEL TRATO. POR FAVOR, ENTERRADME AL LADO DE MI NENA. ENTERRADME CON MI CHAQUETA DE CUERO, VAQUEROS Y BOTAS DE MOTERO. ADIÓS”.

Hay más notas escritas por escritores, músicos, artistas que decidieron marcharse de este mundo cruel escribiendo unas pocas líneas en las que más que justificar su huida, aspiran con unas pocas frases no a explicar su decisión sino a poner el punto y final a una existencia amarga o, en algunos de los casos, adelantarse a la propia muerte.

No sé quien dijo que el suicidio es un acto de libertad suprema y que por su alcance muy pocos se deciden a tomar quizá porque estamos aferrados a una existencia que se acaba cada día que pasa, pero la esperanza es lo último que se pierde aunque en este caso todos los suicidas la han perdido.

El caso es que tras leer este libro mi idea sobre asunto tan delicado y polémico ha cambiado. Tanto, que ahora entiendo que la mayoría de los que se van al otro mundo busquen procedimientos para coger el pasaporte definitivo de la manera más fácil y menos indolora.

El autor del libro asegura que así se muere –rápido y sin dolor– quien quiere morirse voluntariamente en un centro especial localizado en Suiza. Basta con pagar 10.000 euros para que el suicida que no busca el sufrimiento antes de la muerte diga adiós definitivamente. No especifica el libro si se le permite estar rodeado de los suyos.

Durante la lectura de este libro singular, extraño y con un poder de agitación que más desarrollado sería capaz de hacer mover montañas recordé una excelente novela de Gore Vidal titulada Mesías y en la que propone cómo un iluminado termina por convencer a la humanidad que lo mejor que puede hacer es suicidarse. Pronto, esta nueva religión cosechará millones de adeptos hasta dejar el planeta prácticamente sin seres humanos. Y no les cuento más con el ánimo de que alguno de ustedes se atreva a leer una novela que como otras de su autor toca el corazón y la cabeza.

Pero despidámonos ya, que es hora de irnos aunque de momento no sea al otro barrio, con un pequeño fragmento de Notas de suicidio, un libro de Marc Caellas:

“El suicidio es un a perfomance de la que su artista desaparece, dejando a los que siguen vivos la tarea de limpiar las ruinas, resolver los conflictos, gestionar los trámites. El cuerpo, el entierro y la culpa caen sobre los demás, que se ven forzados a cerrar la representación tras la salida de escena repentina del causante de todo el show”.

Escrito así solo cabe pensar que como muy bien cantó La Lupe la vida es, decididamente, puro teatro.

Telón.

Saludos, a los que fuimos educados en la violencia y en la muerte, desde este lado del ordenador

Un tipo llamado John Huston

Agosto 5th, 2022

No termina de cuajar entre algunos especialistas y críticos el cine de John Huston (Nevada, Misuri, 5 de agosto de 1906 – Middletown, Rhode Island, 28 de agosto de 1987) lo que, sinceramente, no entiendo porque pese a que sí, admitamos que cuenta con películas que se escoran peligrosamente a lo malo por aburrido, también cuenta con cintas que a un servidor le abrieron hace mucho tiempo los ojos.

Entre esas películas que a mi me parece que se rodaron solo para mis ojos (otra vez los ojos) cito de memoria El tesoro de la Sierra Madre, Cayo Largo, La reina de África, Los que no perdonan, Vidas rebeldes y El hombre que pudo reinar. Y sí, claro que hay otras muchas más películas en la filmografía de este cineasta y actor que centró gran parte de su obra en contarnos historias de y sobre perdedores que somos la mayoría de los mortales, y que ya con bastantes años encima fue capaz de reflejar esa digamos obsesión por los que lo han perdido todo pero sin embargo siguen adelante en un filme pequeño, de factura que hoy denominaríamos como independiente, que se titula Fat City, una historias de boxeadores del arroyo, de tíos que además de medir las fuerzas en el cuadrilátero se refugian en la barra de un bar para diluir las penas de una nueva derrota.

Como todo el mundo sabe, John Huston fue hijo de su padre, un extraordinario actor, Walter Huston, y guionista antes que director.

Como casi todo el mundo conoce, la primera película del cineasta fue El halcón maltés, basada en la novela del mismo título de Dashiell Hammett, una obra, la literaria y la cinematográfica, que puso patas arriba el cine policíaco y que presentó no sé ahora si por primera vez pero sí bajo la presencia de Humphrey Bogart, al detective privado tal y como lo conocemos. O conocimos. Un tipo bronco, duro como una roca pero con un punto sentimental que casi siempre hace que se enamore de la chica equivocada.

En español contamos por fortuna con excelentes traducciones de algunos de los libros que fue escribiendo a lo largo de su para nada aburrida existencia, como una autobiografía que se lee en un plis plas no porque cuente demasiadas cosas interesantes, que el viejo se las guarda, sino por la manera en que está escrita. Se encuentra además un sobresaliente reportaje sobre La roja insignia del valor que firma la periodista Lillian Ross que recomiendo no solo a los que han visto esta película que sin ser de lo mejor de Huston, respira mucha autenticidad y tiene mensaje. Uno de ellos es la inutilidad de todas las guerras, más si son civiles, las que enfrenta en el campo de batalla a hermanos contra hermanos, que de esas cosas sabemos mucho en este país de perdedores que es España. Basada en la estupenda novela de Stephen Crane (aviso a navegantes, los que gusten de este escritor están tardando en hacerse con la voluminosa biografía que escribió Paul Auster con el título de La llama inmortal), la película, la historia de un soldado yanqui que huye del combate está interpretada (y aquí está una de sus grandes ironías) por Audie Murphy, uno de los soldados distinguidos con mayor número de condecoraciones del ejército norteamericano…

Bebedor, fumador de cigarros puros, amigo de sus amigos y uno de esos tipos que no dejaban de sorprenderse por las contradicciones de ese mono sin pelo que es el ser humano, John Huston cuenta por fortuna con una filmografía abultada ya que continuó dirigiendo hasta que el cuerpo le dijo basta por aquello de la vejez.

Entre sus últimas películas cuenta con obras tan interesantes como El honor de los Prizzi y Dublineses (Los muertos), que adapta el relato del mismo título de James Joyce que a mi, particularmente, me parece un más que digno testamento con el que poner fin a una carrera que cuenta con filmes rodados con cuatro cuartos, como Paseo por el amor y la muerte, y ambiciosas pero frustradas adaptaciones de grandes novelas al cine como Bajo el volcán, de Malcom Lowry, de la que se cuenta una anécdota que, sea o no verdadera, muestra el lado vanidoso de un hombre que así se describe sin sonrojo alguno en sus Memorias.

La anécdota cuenta que Huston tuvo siempre un vaso de whiskie durante el rodaje de la pesadilla alcohólica que vive el protagonista de la película solo que no se trataba de whiskie sino té, té helado. En fin, que nadie es perfecto y mucho menos un guionista y director al que se le puede criticar que rodaba en ocasiones demasiado deprisa, casi como si corriera contra el tiempo.

En la filmografía del cineasta hay películas para todos los gustos y de casi todos los géneros. Uno puede toparse con western, como El juez de la horca, con guión de John Milius, y protagonizada por un Paul Newman que no termino de ver como el juez Roy Bean (antes, mucho antes lo había hecho Walter Brennan rozando la perfección en El forastero, de William Wyler) y una suerte de La reina de África, solo que en otro escenario, titulada Solo Dios lo sabe en la que saltan chispas entre una novicia (Deborah Kerr) y un soldado norteamericano (Robert Mitchum) que llega como náufrago a una isla que está a punto de ser invadida por el ejército japonés. Dirigió además un largometraje del que no estaba muy satisfecho pero que a mi me parece muy interesante como es Éramos desconocidos, rodado en La Habana a finales de los años 40 y con John Garfield y Jennifer Jones como protagonistas.

Como saben muchos, algunos de los hijos de John Huston hicieron carrera en el cine como su hija Anjelica y Danny, y que rodó en los años 50 con un guión en el que colaboró Ray Bradbury (el escritor cuenta aquella experiencia en una deliciosa novela, Sombras verdes, ballena blanca) y que se rodó en parte en Gran Canaria, donde más que Huston y la ballena blanca que da nombre al largometraje, Moby Dick (1956), provocó una revolución en la capital de la isla que un tipo como Gregory Peck andara por ahí. El maestro Emilio González Déniz habla de todo eso en Hotel Madrid, una novela que pide a gritos su reedición.

En fin, que me pasaría el día hablando de y sobre el cine de John Huston, un cineasta al que odié y desprecié con toda mi alma cuando lo vi interpretar al corrupto y bastardo multimillonario en Chinatown y al que amé y sigo amando cuando reviso sus películas, incluso aquellas en las que apenas se aprecia su huella, su mirada profunda para los que están acostumbrados a despeñarse en la vida, esos que llaman los descarriados.

Por éstas y otras razones considero a John Huston “uno de los nuestros”, un tipo que se pregunta en sus Memorias :

“¿Qué harías y qué no harías si volvieras a empezar de nuevo?”

Y responde:

“Pasaría más tiempo con mis hijos.
Ganaría el dinero antes de gastármelo.
Aprendería los placeres del vino en lugar de los de las bebidas fuertes.
No fumaría cuando tuviera pulmonía.
No me casaría por quinta vez”.

En fin, la leyenda de un indomable. Un tipo llamado John Huston.

Saludos, va por ti y lo sabes, desde este lado del ordenador

Un agosto de cine… Canario

Agosto 4th, 2022

Vivimos en un país al que le cuesta reconocer que tiene memoria, así que más que disfrutar, vive mirando al futuro sin darse cuenta que mucho de lo que hace, que las cosas que ha construido con esfuerzo y el paso de los años, se debe en gran parte a que otros, antes que ellos, pusieron la primera piedra para que se consolidaran proyectos que, actualmente en Canarias, y debido a la política a veces acertada y otras no tanto de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno regional, está configurando para hacer realidad un “posible todavía” cine canario.

Este, supongo, será uno de los temas que se plantearán en este ciclo, Un agosto de cine… Canario, una muestra cinematográfica que rescata cortos y largometrajes que fueron rodados y estrenados en los años 90, aunque también se da cabida a trabajos más recientes en el tiempo, lo que les dará una idea del entusiasmo que aquellos “pioneros” –en parte los responsables que hoy Canarias cuente con una industria pequeña, pero industria al fin y al cabo– realizaron.

De hecho, y creo que en parte gracias a todos ellos, las islas cuentan hoy con una notable cinematografía que merece un estudio permanentemente actualizado.

El ciclo incluye desde cintas de ficción a documentales y cine de animación. Una oportunidad para contemplar la variedad de experiencias cinematográficas y la sobresaliente producción de unos trabajos que, en algunos de los casos, se hicieron posible sin contar con apoyos oficiales.

Al finalizar las sesiones habrá un encuentro con los autores de estos trabajos, experiencias que en su tiempo significaron un importante impacto en la sociedad canaria de aquellos años ya que nos demostró que desde aquí se podía hacer un cine de calidad.

El sueño ya venía de atrás, sobre todo a raíz del estreno del largometraje Guarapo (1987), de Teodoro y Santiago Ríos, que abrió los ojos a muchos de los cineastas que vinieron después y sobre todo a algunos de los miembros que pertenecen a la generación que hicieron posible muchos de los trabajos que se incluyen en Un agosto… de cine canario.

La selección de películas que ha previsto Ricardo Ramos, y que desde hoy y los restantes jueves de agosto se podrán ver a partir de las 21 horas en Café Teatro Rayuela, en Santa Cruz de Tenerife, incluye esta noche los cortometrajes El último latido (1994), La criada (2013) y el vídeo clip In the Pines, de Javier Fernández Caldas; Ruleta (1999) de Roberto Santiago y La raya, (1997) de Andrés M. Koppel.

Para hablar de estos cortos contamos con la presencia del cineasta Javier Fernández Caldas, el técnico de sonido Christian Jonhansen y del director de fotografía Juan Antonio Castaño.

El próximo jueves, 11 de agosto, Un agosto de cine…Canario recordará al cineasta Roberto Pérez Toledo, fallecido a finales de enero de este año, y de quien podremos ver Vuelco (2005) y Seis puntos sobre Emma (2011).

Para hablar de Roberto Pérez Toledo y sobre su cine el ciclo contará con la productora Ana Sánchez Gijón, de la Mirada Producciones y la periodista Raquel Toste.

Ana es una de las “culpables” de que muchas de las películas que se rodaron entonces y que se siguen rodando en la actualidad se sean una realidad. Así que mil gracias, Ana, porque tu mirada ha sido vital para el despegue y la posterior consolidación de un cine vamos a llamarlo canario.

El jueves 18 de agosto se exhibirá el largometraje documental El último arquero (2020) de Dácil Manrique de Lara. Se trata de un atractivo e inteligente retrato del pintor Alberto Manrique y de su esposa, la violinista Yeya Millares.n

La sesión contará con la presencia de su directora, Dácil Manrique de Lara y de Alfonso Ruiz, quienes mantendrán un diálogo con la periodista Raquel Toste.

Estas sesiones finalizarán el jueves 25 con la exhibición del corto La noche de los feos y del largometraje Hiroku. Defensores de Gaia, de Manuel González Mauricio, quien hablará de esta experiencia con el compositor y músico Raúl Capote.

Cuatro jornadas, como ven, muy particulares. Y que traerá muchos recuerdos para los que lo vivimos y mostrará a los que no tuvieran esa suerte una forma de hacer cine que dejó su huella aunque algunos no quieran reconocerlo.

FOTO: En la imagen la actriz Florinda Díaz, protagonista del cortometraje El último latido.

Saludos, vayamos a verlas, desde este lado del ordenador