¿Y si Nelson…?

Julio 25th, 2016

Aquí estoy un año más en la plaza de La Victoria -antes de La Pila-. La misma plaza que recuerda en la capital tinerfeña la memoria del hidalgo de los mares, sir Horacio Nelson con una estatua y la frase grabada en bronce: “mañana mi cabeza será coronada de laureles o cipreses.”

Y siento un ligero escalofrío que también recorre al público que asiste a la representación de una batalla que se libró hace ahora 219 años…

Esos días de finales de julio de 1797 en el que una escuadra al mando del contralmirante Horacio Nelson tomó en un audaz golpe de mano Santa Cruz de Tenerife y más tarde la isla entera en nombre de la Gran Bretaña.

Y victoria en la que recordamos que, desde ese entonces, sus habitantes somos hijos de la Unión Jack, aunque lo del Brexit dicen que nos ha dejado un poco tocados, como a nuestros hermanos llanitos, los que  viven en esa cápsula de orden y té a las cinco que es Gibraltar, y territorio que ha dado tantos humoristas por cómo manejan la lengua del Shakespeare.

El caso es que  hoy celebramos la derrota de los españoles que poco, por no decir nada, tienen que celebrar cuando los británicos desembarcaron y comenzaron a avanzar entre una desordenada lluvia de fuego como una delgada pero indestructible línea roja.

Allí perdió el brazo Nelson. Mi abuelo me contaba que mientras animaba sable en mano a sus soldados.

A por la victoria,

Y victoria fue lo que consiguió tras varios días de combate por las estrechas calles de Santa Cruz (hoy Nelson City).

En nuestro club se cuenta que quien estaba al mando de los españoles, un tal Gutiérrez, Gutiéres para nosotros que no pronunciamos esa R que ronronea como un gato, se pasó casi todo aquel momento encerrado en una habitación mientras desahogaba sus entrañas… No quiso salir, dice siempre el inglés que llevamos dentro, porque tenía asuntos más importantes que resolver…

Los textos de Historia relatan que la victoria a Nelson le resultó cara. Además de militares y milicianos, por allí andaban unos franceses mosqueados porque le habíamos robado un barco ante sus mismísimas revolucionarias y sanguinarias narices.

Así me enseñaron desde pequeñito. La narración de unos hechos que hoy se recuerdan con un homenaje a los caídos y que contará, próximamente, con un museo Nelson en el que expondrá su historial militar y una reproducción de las  cartas de amor que escribió a Lady Hamilton, señora que para mi bola de billar siempre será Vivian Leigh. Vivian Leigh y su marido, Laurence Olivier, pasaron largas temporadas en la isla, así como Elizabeth Taylor y Richard Burton, quienes incluso llegaron a comprar un chalecito.

Los actos organizados este año consisten en una ofrenda floral, discursos, exposiciones, el enésimo pase de El león de los mares (Alexander Korda, 1938), un largometraje en el que se recrea la toma de Santa Cruz de Tenerife (hoy Nelson City), y que protagonizan Trevor Howard como Nelson y Celia Jonson como una espía británica; la escenificación del combate en la plaza de la Victoria y la detonación de las baterías de la reproducción del HMS Theseus que está anclado en el puerto. Por la tarde, yincana y ya entrada la noche, concierto de rock.

Y pienso en una luminosa mañana de 25 de julio del 2016 qué hubiera sido de nuestra isla si fracasan.

Un latigazo sacude mi espalda mientras me esfuerzo en imaginar un supuesto que, afortunadamente, nunca pasó ni pasará.

No obstante, tengo visiones, imágenes de una realidad alternativa que pudo ser posible…

Imaginad Nelson City (antes Santa Cruz de Tenerife) como una sociedad sin rumbo, satisfecha en su desconcertante provincianismo.

Imaginad una ciudad con bonitos paseos pero desordenada, que no mira al mar y con monumentos grises. Entre ellos, el de un ángel con un guerrero encima y colosos de bronce que custodian una torre frente a un edificio que hace de cabildo. Y un estanque circular en el que nativos y turistas, muchos de ellos británicos, mojan sus pies.

Sí, sé que la visión es dantesca. Pero por fortuna solo un producto de mi imaginación. 

Alzo la mirada y contemplo la bandera que ondea en el mástil.

La de las tres cruces:  la de san Jorge, san Andrés y san Patricio.

God Save the Queen!

(*) La imagen que ilustra es Nelson herido durante el ataque, óleo de Richard Westall.

Saludos, Nelson ataca de nuevo, desde este lado del ordenador.

Tomen nota

Julio 20th, 2016

* El último Premio de Novela Benito Pérez Armas recayó en Vs, de Sergio Barreto, libro que publica ahora Salto de página y que será presentado en otoño de este año. Vs. cuenta la historia de cuatro amigos que tras varios años sin verse, se reencuentran con motivo de la muerte de su antiguo patrón, en el desierto de Cicatuac, un paraje hostil y asolado por la miseria y la corrupción.

* Libros del Asteroide publicará el 12 de septiembre la nueva novela de Julio Fajardo Herrero, una novela “sobre la precariedad y sus efectos sobre la intimidad de las personas” y que lleva por título Asamblea Ordinaria. Fajardo vive en Barcelona y trabaja también como editor y traductor. Es autor de la novela Los principios activos (2008).

Saludos, calor, desde este lado del ordenador.

El Ministerio de Cultura respalda tres producciones canarias

Julio 19th, 2016

A pesar de no contar todavía con ayudas a la producción audiovisual por parte  del Gobierno de Canarias, varios proyectos de largometraje de producción canaria consiguen las fundamentales ayudas del Ministerio de Educación,  Cultura y Deportes. 

El Ministerio de Cultura, a través del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), ha concedido las ayudas a la producción de largometrajes que este año ha recaído, entre otros proyectos, en tres que fueron presentados por productoras canarias.

Los trabajos son el largometraje documental La Ciudad Oculta, dirigido por Víctor Moreno y con producción de El Viaje Films, que fue el proyecto que obtuvo mejor puntuación de los presentados, incluidos ficción, documental y animación.

Blanco en Blanco, una producido también de El Viaje Films y que tiene como co guionista a Samuel M. Delgado y el documental En Busca del Oscar, de Octavio Guerra para Calibrando Producciones. 

Finalmente, la Asociación Microclima. Cineastas de Canarias se queja en una nota de prensa que, pese a todo, las islas no hayan recuperado las ayudas que en su día concedió el Gobierno de Canarias aunque recuerda en el escrito que aún se está a la espera de que se reactiven, lo que significaría 1.165.000 euros para este año, una cantidad “prometida al sector” por el Ejecutivo regional, “así como otras anunciadas por el Cabildo de Tenerife y el Cabildo de Gran Canaria.

Saludos, en algún lugar del planeta, desde este lado del ordenador.

Trece novelas sobre la Guerra Civil (y la posguerra) en Canarias

Julio 18th, 2016

INTRODUCCIÓN

España se fragmentó en mitades tal día como hoy, pero hace ochenta años. Y si bien es verdad que ha llovido mucho desde ese entonces, aquella guerra en la que hermanos contra hermanos se partieron la cara hasta la muerte continúa sonando como un eco fantasmal entre los nietos y bisnietos de quienes se vanagloriaron de ganar y perder una guerra.

Visto con perspectiva y tras esa cortina de años que todo lo mitifica, en ocasiones con apetito enfermizo, todos salieron perdiendo por culpa de aquella guerra. Una guerra civil que sirvió de ensayo para lo que años más tarde sumiría a Europa en un baño de sangre de cuyos efectos, con forma de traumas y espectros, aún no ha sanado.

Hace unos años dedicamos a la Guerra Civil española un artículo en el que repasábamos por encima algunas de las novelas que se preocuparon por darnos su versión de aquellos hechos con forma literaria en Canarias.

El intento de ahora es escoger algunas historias para que el lector, o el curioso que lo mismo da, las conozca para que se haga una idea no de lo que fue la Guerra Civil en las islas, sino en cómo esa misma Guerra Civil afectó a los que vivían en ellas.  Así que con independencia de su calidad literaria, los títulos que se han reunido coinciden en denunciar lo que somos capaces de hacer cuando nos convertimos en bestias.

NOVELAS PARA UNA GUERRA

El barranco, Nivaria Tejera.- Narrada a través de la mirada de una niña que observa cómo un hombre bueno, su padre, es detenido tras declararse la Guerra Civil, la escritora, fallecida a inicios de 2016, describe la violencia que rompe su aún inocente universo en mil pedazos. La historia, autobiográfica, transcurre en la ciudad de La Laguna. 

La prisión de Fyffes, José Antonio Rial.- Las valientes pero tristes memorias de un preso condenado, como tantos otros, por sus ideas en el improvisado penal que se habilitó en una empaquetadora de plátanos a las afueras, entonces, de la capital tinerfeña.

Luchar por algo digno. El barco borracho, Pedro Víctor Debrigode.- Mientras sirve en las milicias universitarias, el protagonista de la novela, el mismo Debrigode, sirve como soldado en uno de los barcos prisión anclados en el muelle de la capital tinerfeña. El escritor continuaría en otro volumen sus recuerdos de la Guerra Civil pero ya en territorio peninsular en Luchar por algo digno. El espía inocente.

El fulgor del barranco, de Juan Ignacio Royo Iranzo.- Frenético y también irónico retrato de aquel julio de 1936 en Tenerife y que protagoniza un tipo desubicado con unos hechos que ni le van ni le vienen. Entre otros protagonistas de la novela aparece el mismo Francisco Franco.

La isla y los demonios, de Carmen Laforet.- No es una novela de la Guera Civil pero sí su consecuencia: la posguerra.  Transcurre en Las Palmas de Gran Canaria y si bien ha quedado relegado en la escasa pero emotiva producción literaria de su autora, se trata de un libro intimista en el que pesa un sombrío existencialismo y una historia de amor.

Sima Jinámar,  de José Luis Morales.- Es una lástima que no se la reivindique como la novela que es. Será porque en ella salen a la luz muchos de los fantasmas de aquellos años de tinieblas y el recuerdo de una matanza que aún mancha la memoria de no solo la isla donde transcurrieron los hechos, Gran Canaria, sino de todo el archipiélago.

La infinita guerra, de Luis León Barreto.- Transcurre en Tamarán, territorio que se confude con la isla que son todas. Inexplicablemente no es uno de los títulos más comentados de su autor, aún tratándose de una novela que transmite congoja, miedo, recelo de tus semejantes.

Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis.- La historia de una niña que asiste impotente al castigo que someten a su familia los que tomaron la isla, las islas, en apenas unas pocas horas tras declararse la rebelión militar. Dura crónica de la derrota, la novela no se queda solo en el retrato social de los que perdieron la Guerra sino también en cómo le afecta a esa niña esa misma derrota.  

Los amores perdidos, de Miguel de León.- Una emotiva historia de amor que transcurre en El Terrero, un pueblo que podría estar localizado en cualquiera de las islas Canarias en aquellos años donde nada fue fácil: la posguerra.

Memorias de una isla sin memoria, de Agustín Carlos Barruz.- La represión y las secuelas que deja  son  protagonistas de una historia que transcurre durante la Guerra Civil en Sacura, aunque se nos recuerda que se trata de un anagrama de Arucas, en Gran Canaria.

La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis.- A través de los recuerdos y las memorias escritas de un nacional y de un republicano, respectivamente, se traslada al lector al frente de Extremadura y a la feroz represión que se emprendió aquellos años en una capital de provincias expañola: Santa Cruz de Tenerife.

La lista, de Juan Bosco.- El retrato de un joven fraile que toma conciencia y, por ello, es ajusticiado por los nacionales. También contiene una notable descripción de la sociedad de La Orotava de aquellos años y describe con crudeza una matanza que aún mancha la memoria de no solo la isla donde transcurren los hechos sino de todo el archipiélago.

Guad, de Alfonso García-Ramos.- Feroz retrato de Tenerife, una isla, las islas, en los años de la posguerra. Novela poblada de personajes con huella, Guad enseña lo duro que resulta vivir en un territorio que por chico hace el infierno grande. Mineros que extraen agua de las entrañas de la tierra, sacerdotes que pese a todo no han perdido su fe son algunas de las piezas que arman este clásico de la literatura española y canaria.

Saludos, ochenta años que no son nada, desde este lado del ordenador.

Demasiados cadáveres en el armario

Julio 16th, 2016

Marcelo Luján obtiene el premio Dashiell Hammett 2016 por Subsuelo, una novela extraña aunque sí muy negra y criminal, que rompe el molde urbano y ocasionalmente rural en el que transcurre las mayoría de las historias del género…

La novela se desarrolla en un chalet que puede situarse en cualquier parte del mundo, aunque el lector imagine que se trata de algún lugar de la geografía española que sirve de marca, y con marcado protagonismo también, del drama familiar que se desata entre padres e hijos, pero sobre todo entre hermanos, con hormigas al fondo y otros elementos que más que símbolos operan como inquietantes refuerzos de un escenario turbio y desolador, propicio a sacar violentamente los fantasmas que todos escondemos en los armarios  para despertar vergonzosas venganzas larvadas en el tiempo.

Subsuelo, que fue la novela ganadora del Premio Ciudad de Santa Cruz 2016, y capital de provincias que en 2003 le concedió el premio Santa Cruz de Tenerife de Cuentos por la colección que reúne en Flores para Irene, Marcelo Luján es un escritor argentino que con un luminoso lado oscuro se sumerge en Subsuelo en aguas muy pantanosas para   explorar los senderos de la maldad sin plantear demasiadas conjeturas morales.

Y Marcelo Luján se mueve muy bien por estas carreteras secundarias ya que Subsuelo no aspira a retratar el delirio de la sociedad de su tiempo sino en hurgar en las heridas sin cicatrizar de una familia trágica que parece que sonríe todo el tiempo.

Subsuelo es una rareza en la literatura que se escribe en español en la actualidad. Se construye un thriller del que creemos saber todo y al mismo tiempo se describe la brutal descomposición de una familia con demasiados cadáveres en el armario.   

Saludos, aullamos, desde este lado del ordenador.

‘El baile de madame Kalalú’, una novela de Juan Carlos Méndez Guédez

Julio 13th, 2016

La belleza sin alma es impacto y luego nada y en torno a esta idea gira la última, y notablemente irónica, novela de Juan Carlos Méndez Guédez, El baile de madame Kalalú, título que ya anuncia ritmo latino que el autor encarna en Emma, una ladrona de altos vuelos de piedras preciosas y obras de arte, y maestra del disfraz porque cambia de identidad como un sentimental de pañuelos.

El baile de madame Kalalú es también la búsqueda de una historia de amor y del hombre que pudo prender esa llama y, al mismo tiempo, una danza frenética de recuerdos con forma de pequeñas historias con las que se ¿construye? su mundo. Un mundo que puede ser fruto de la invención de una mujer que no puede ser una sino no es mil veces distinta.

Juan Carlos Méndez Guédez se mueve muy bien en estas aguas que navega con un estilo de espartana sencillez, aunque detrás de esas palabras que marca el ritmo del sujeto verbo y predicado se esconden ideas que derivan hacia una ambigüedad que tonifica el relato precisamente por su aparente levedad.

Por eso hay más vida que las excéntricas y divertidas aventuras de su protagonista, quien recrea en primera persona el universo que ha organizado como artista de guante blanco de lo ajeno y en el que se cruza con villanos a los que burla por su vocación de Arsenio Lupin, solo que con faldas y un físico poca agraciado.

Sí, todo lo que nos cuenta puede resultar poco creíble y en ocasiones irritantemente ingenuo, pero como advierte: “El universo no está preparado para que yo revele mi verdad”, una verdad cuyo velo ya nos anuncia la estupenda portada del libro pero sobre todo la estupenda canción que da origen al título y que sirve de banda sonora mientras se lee la novela.

Saludos, búsquenla, desde este lado del ordenador.