Fallece la poeta y escritora Olga Rivero Jordán

Abril 15th, 2021

La larga vida de Olga Rivero Jordán (San Cristóbal de La Laguna, 24 de noviembre de 1928-14 de abril de 2021) estuvo marcada en sus inicios por la tragedia de la Guerra Civil. Su padre, Luis Rivero, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de La Laguna,fue preso gubernativo al inicio del golpe militar producido a mediados de julio de 1936, huella que se grabó al rojo vivo en su memoria. Quizá eso explique que desde muy joven sintiera una poderosa atracción por la lectura que, según las fuentes, quedó bien alimentada gracias a las obras que contenía la biblioteca del Instituto de Canarias y que organizara año más tarde tertulias en la que se hablaba de lo divino y lo humano en el Ateneo de La Laguna.

Las crónicas subrayan de una u otra manera que la educación intelectual de Olga Rivero Jordán fue fundamentalmente autodidacta, lo que también explica que su primer libro lo publicara muy tarde, ya con cincuenta años con el título de Los zapatos del mundo, aunque previamente mantuvo una actividad como articulista en periódicos de la provincia, entre ellos Diario de Avisos.

Más narradora que poeta, su obra que forma parte de varias antologías (Escritoras canarias del siglo XX y Antología de 100 escritoras canarias) se caracterizó por una escritura que en palabras del poeta Antonio Arroyo Silva “es único e irreemplazable, producto de un mestizaje expresivo y una memoria poética que recorre desde el primer balbuceo hasta la mayor profundización en el espíritu humano. Su verso seguro va más allá de los límites académicos de escuelas, generaciones, movimientos y prosodias”.

El Gobierno de Canarias la homenajeó en octubre del 2020 en la tercera edición del Día de las Escritoras, un reconocimiento que probablemente le llegó tarde pero que intentó poner en valor la trayectoria de una mujer que antes de identificarse con generaciones sostuvo siempre que era “poeta” porque “creo en la poesía”, así lo recoge la investigadora Bárbara Rodríguez Martín cuando escribe sobre ella en el libro colectivo Escritoras canarias del siglo XX: de la invisibilidad al reconocimiento, capítulo en el que destaca de Olga Rivero Jordán “su gusto por el verso libre, el experimentalismo tipográfico, el cultivo del poema en prosa” y el eco surrealista en muchas de sus composiciones.

A modo de despedida, reproducimos los versos de su poema Sola:

Sola
con el tejido
de mi carne
compongo mariposas
alas que llegan
al final
del universo
.

Claudia Cardinale, la chica de al lado

Abril 15th, 2021

Claude Joséphine Rose Cardinale (La Goleta, puerto de Túnez, 15 de abril de 1938), mejor conocida como Claudia Cardinale, es junto a Sophia Loren y Gina Lollobrigida una de las tres grandes estrellas del cine italiano. Su carrera, como las de sus compañeras, tuvo el añadido además de ser internacional, lo que exportó la grandeza de Italia (un país que comenzaba a transitar en democracia tras un poco más de veinte años de fascismo) con la cabeza bien alta gracias, entre otras cosas, a su cine.

No es que fuera una actriz de variados registros pero su belleza magnética, esa sonrisa que desarma y su mirada de ojos castaños obligaba a centrar la atención en una mujer que trabajó a las órdenes de grandes del cine italiano como de fuera de sus fronteras porque seducía tanto dentro como fuera de la pantalla.

Cuenta, y lo creo, que nunca se dejó secuestrar por la fama y la popularidad alcanzada. Y los que la conocieron y conocen coinciden también en apuntar que la base de su éxito se encuentra, más allá de una delicada y tierna belleza, en su extremada sencillez. Fue y sigue siendo una mujer sencilla. Parece de hecho que se ríe de la fama que alcanzó porque sabe, como ese tal Heráclito, que todo fluye y nada permanece.

Al margen de las grandes películas que rodó con Visconti, Fellini y alguno más de ese enorme cine que fue el italiano de los años 40 y 50, a mi personalmente me sedujo Claudia Cardinale en una película pequeña, casi una road movie que se desarrolla por el país con forma de bota titulada La chica de la maleta. Su presencia inunda la pantalla y el personaje que interpreta (háganme el favor y no se la pierdan) logra incluso hacer llorar al corazón más curtido, ese que se cree endurecido bajo el sol. Luego sí, vino El gatopardo, donde brilla tanto o más que Burt Lancaster y Alain Delon (y en la que todo cambia para que no cambie nada) y mucho más tarde el papel de la indómita mujer de Jesús Raza en Los profesionales, que es una obra redonda, maestra, que nadie debería de perderse si es de los que ama y al mismo tiempo aprende con el cine.

Repitió con el western en Hasta que llegó su hora, que es una ópera barroca repleta de tiros, primerísimos primeros planos y paisajes polvorientos en los que Henry Fonda no hace, por una vez, de Henry Fonda y en los que la Cardinale está a su misma altura. No digamos ya de Jason Robards y Charles Bronson.

Coincidió con David Niven en La pantera rosa y el flechazo fue instantáneo. Y no, no es que el caballero británico cayera rendido a sus pies (que también) sino que fue el inicio –como dirían en Casablanca– de una gran amistad que duró hasta la muerte del actor.

Cuenta la actriz con esa sonrisa que desarma que en una ocasión Niven declaró a los periodistas que no dejaban de darle la lata durante el rodaje de la mítica comedia de Blake Edwards que “Claudia, después de los espaguetis, es el mejor invento de los italianos”. Yo me atrevería (ahora que nadie nos lee) a corregir al actor, Claudia es, antes que los espaguetis, el mejor invento de los italianos.

Y se escribe con el corazón.

Y también, aunque menos, la cabeza.

En la galería de imágenes, la actriz en Rufufú (Mario Monicelli, 1958); Rocco y sus hermanos (Luchino Visconti, 1960); La chica de la maleta (Valerio Zurlini, 1961); El gatopardo (Luchino Visconti, 1963); Los profesionales (Richard Brooks, 1966); Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1969); Fitzcarraldo (Werner Herzog, 1982) y El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012).

Saludos, ¡qué grande era el cine!, desde este lado del ordenador

Luis Palmero: “Me interesa más esconder que dejar ver”

Abril 13th, 2021

Condensar cuarenta años de trabajo no es una tarea fácil pero eso es lo que intenta mostrar Escalas (1980-2020), exposición sobre la obra de Luis Palmero (Tenerife, 1957) que se exhibe en TEA Tenerife Espacio de las Artes hasta el 9 de mayo. La muestra lo ha resuelto al proponer un diálogo con las diferentes etapas que marcan la obra de un artista que no deja indiferente a nadie. La retrospectiva consta de unas sesenta creaciones que permiten observar la evolución de Luis Palmero, y que refleja la madurez de un artista que a la edad de ocho años sintió la llamada del arte .

- Escalas resume cuarenta años de trayectoria artística.

“Sí, de hecho tanto Nilo Palenzuela, el comisario, como yo mismo tuvimos de entrada muy claro que la exposición tenía que reflejar toda la trayectoria y así se ha hecho aunque siempre está el problema del espacio lo que obliga a seleccionar obra para que quede bien, lo que se hizo. Sí, creo que en Escalas ha quedado representada toda mi obra”.

- Sin embargo, algunas voces dicen que la exposición está truncada.

“No, pienso que no está truncada si bien todo es mejorable y se puede hacer mejor y en este caso se ha hecho lo mejor posible para que estuvieran representadas todas la series. Es evidente que al ser una retrospectiva teníamos que reflejarse todas las variantes que he realizado en estos cuarenta años y todas están ahí. No obstante, insisto en que todo es mejorable y que todo se puede criticar pero reitero que todas mis series están representadas en Escalas”.

- ¿La exposición contó con el apoyo de TEA?

“Nosotros desde el principio trabajamos sin contar con uno de los espacios de la sala B ya que en el mismo se desarrollan perfomances, espectáculos de danza… Y se ha acondicionado la sala para eso. Sí sugerí en su momento si había alguna posibilidad de ocupar ese espacio pero me dijeron que no porque había una programación y la sala se había acondicionado para esas actividades así que era un problema y cuando dicen no, ya está, no hay problema. Se trabaja en otra dirección. ¿Que si hubiese tenido más espacio la exposición se hubiera ampliado?, por supuesto pero no voy a estar por encima del director de un centro de arte. Y si la dirección lo entiende así, ya está”.

- ¿Cómo fue trabajar con Nilo Palenzuela, el comisario de la exposición?

“El trabajo siempre fue conjunto. Nos plantearon en un principio algunas propuestas de montaje pero no estuvimos de acuerdo con ellas porque desde el principio Nilo Palenzuela y yo sabíamos el tipo de exposición que queríamos hacer y cómo. Además, tenemos una amistad de hace cuarenta años y al estar el artista vivo, como es mi caso, resultaba absurdo que el comisario se encargara de todo. Mantuvimos un diálogo fluido, continuo, y hubo siempre consenso, lo que se aprecia tanto en la exposición como en el catálogo que hemos realizado conjuntamente”.

- ¿Qué tipo de exposición se les planteó con anterioridad?

“Una selección de obras limitada, por lo que entendimos que ahí no estaba representada toda mi trayectoria sino que era solo obra seleccionada y que quedaría muy aislada del espacio. No daba una visión retrospectiva por lo que desechamos ese proyecto y nos pusimos a trabajar en nuestra exposición, una exposición que propone un juego con las obras y que intentamos organizar para que tuviera más o menos una coherencia que no resultara lineal ni tuviera un sentido historicista y sí buscar el diálogo entre ellas, enfrentar la de los años 80 con las del 2020”.

- ¿Qué tipo de diálogo?

“Por poner un ejemplo, hay una obra de los 80 que es roja, monocromo, que está enfrentada a una azul del 2020. Hay cierto juego. La serie de las barquitas está conjuntada con la de Lanzarote, donde hay cierto movimiento. Con esta serie comenzó a gestionarse un pequeño quiebro en la forma que siempre he mantenido y, al mismo tiempo, un intento de dialogar y de crear un discurso”.

- Tengo entendido que uno de los elementos que trabajó con el comisario de la exposición fue el musical.

“He tenido de siempre una afición por la música. Muchas de las obras que se crearon nacen a partir de audiciones de jazz y durante una época muchos de los títulos de mis obras fueron canciones. Siempre hubo un fondo musical en mi obra que en algunas ocasiones se observa claramente por los ritmos y en otras permanece escondido”.

- Escalas muestra también cierto diálogo con artistas que le han influenciado.

“La exposición recoge esas referencias aunque no tiene por qué estar de forma evidente para que la gente lo sepa. Está Oramas y Malévich, entre otros. En los textos se habla de ellos”.

- Leo en la prensa un artículo que se queja que no se hiciera referencia a la revista Syntaxis en la exposición.

“La revista Syntaxis se reseña en el catálogo en un apartado amplio. Lo hace Luis Pérez Oramas y la primera cita del texto es de Andrés Sánchez Robayna, su director, en la primera cita del texto”.

- Pero no aparece en la exposición.

“Es evidente que la revista no aparece ni tampoco la documentación de portadas de libros y revistas porque tanto el comisario como yo consideramos que el nuevo libro de la Biblioteca de Artistas Canarios (BAC) sí que refleja esa documentación gráfica ampliamente, así que al coincidir la publicación del libro con la exposición y para no repetir en el tiempo lo mismo decidimos dar un giro y colocar en una pequeña vitrina de la sala el tema del boceto, que también es interesante en la labor de un artista. Son decisiones que se tomaron por lo que la polémica está fuera de mí. Syntaxis aparece en el catálogo y se le pasó toda la información a los autores de los textos”.

- Comentan que su uso del color “despierta una cierta sensación de felicidad”.

“Esa felicidad que puede haber en la obra no es intencionada sino que es algo que nace en el interior. El hecho de que la obra lo refleje no quiere decir que uno esté todo el día saltando y feliz ni nada de eso. Tengo problemas familiares y de otro tipo y a veces el color refleja una cierta tensión emocional. En Oramas se refleja claramente que la exaltación de la luz y el color posiblemente tenga un fondo dramático porque era consciente que le quedaba poco tiempo de vida y era un niño prácticamente”.

- Pero la obra de Luis Palmero no es oscura.

“Ese lado trágico no me interesa en el arte, me interesan más los artistas que celebran que los que manifiestan dolor. Esa vía no me interesa”.

- ¿Y por qué Escalas?

“Lo propuso el comisario pero también es un título al que siempre he recurrido a lo largo de los años. Hace tiempo realicé una exposición en la galería de Elvira González que se llamaba Escalas y titulé obras y series así. Según el comisario, Escalas es un título muy abierto, hace referencia a muchas cosas. A la música, escaleras. Creo que es un título interesante”.

- No es frecuente la presencia humana en su pintura.

“No es intencionado sino que nace. La figura humana la he introducido pocas veces. En la serie de los retratos, o de las cabezas como la llama la gente, aparece una leve referencia al cuerpo, también en algún autorretrato que me he hecho pero son formas lejanas, casi como sombras. Considero que no es necesario para hablar del ser humano ya que, a lo mejor, con esa ausencia dices más que estando ahí. Me interesa más lo que no se ve, esconder que dejar ver”.

- ¿Para cuándo el catálogo de la exposición?

“El catálogo se publicará en quince o veinte días. Se trata de un catálogo muy trabajado en el que se incluyen tres textos desde mi punto de vista fantásticos. Uno lo firma Anna Maria Guasch, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, que propone una aproximación a mi obra muy interesante; otro es de Luis Pérez Oramas, en el que reflexiona sobre el trasvase Canarias-Caribe y relaciona mis obras con la de algunos pintores brasileños y el tercero es de Nilo Palenzuela, quien plantea una indagación muy íntima entre la evolución de mi obra y las vivencias que hemos tenido con los años”.

- ¿Y que constantes observa en su obra durante estos cuarenta años?
“Tengo claro que en mi obra siempre tiene que haber una serie de elementos como el color, la simplicidad de las formas y evitar el barroquismo y el exceso por todos los medios. A partir de ahí me voy dejando llevar. Hago una serie y soy consciente que esa serie es resultado de un estado emocional por lo que asumo que no la puedo repetir y cuando veo que está finalizándose, la cierro. La siguiente serie tiene residuos de la anterior y de ahí surgen otras. Están escalonadas aunque si las miras aparentemente no tienen relación unas con otras pero sí que hay conexiones”.

- ¿Qué conexiones?

“El color, las formas simples. Una cierta geometría. La cuestión de ritmos, de conseguir con las sombras un timbre, un sonido. Esas son un poco mis constantes y sobre ellas creo variaciones. Otra constante es el sentido de la pobreza, pobreza de materiales, de presentar las cosas. Lo plano pero que no es plano ya que tiene algo de materia”.

- ¿El artista nace o se hace?

“No se nace artista sino que se va haciendo. El artista tiene que tener mucha paciencia para irse haciendo. Cuando estudiaba 2º de Bellas Artes realicé una exposición y los profesores cayeron sobre mi y esa crítica creo que puedo hacerla ahora a la gente nueva aunque entienda que es la edad lo que hace que no tengan paciencia, es lo normal, pero el artista se hace con los años. Madura, crece para adquirir consistencia”.

- ¿Es muy distinto el Luis Palmero de hoy al de ayer?

“No, no son tan distintos en el sentido del entusiasmo por pintar aunque los años pesan. Voy cerrando series para, de alguna manera, aligerarme de peso. No es que empiece de cero pero intento quitarme el mayor peso posible para poder desarrollarme sin ataduras a la obra”.

- ¿Eran más arriesgados los artistas de su generación a los de ahora?

“El artista tenía antes, posiblemente, menos presión pero ahora me da la impresión que intenta meterse desde que sale en el ámbito del mercado. Desde mi punto de vista hay un exceso de querer institucionalizar la obra cuando creo que el artista debe pasar por el mundo de las galerías. Históricamente, han sido las galerías las que han defendido la obra de los artistas y los que han bregado para que su obra esté bien representada”

LIBRO BAC

Tras la exposición y la publicación en “quince o veinte días del catálogo”, Luis Palmero es el protagonista de un nuevo libro –concretamente el 66– de la colección negra de la Biblioteca de Artistas Canarios (BAC) que escribe Fernando Castro Flórez. El artista canario recuerda que conoció a Castro Flórez “cuando íbamos a ARCO” pero se dio la casualidad que en un documental que estaban realizado sobre él en la galería de Manuel Ojeda apareció el filósofo y crítico de arte y se le planteó que dijera unas palabras sobre la obra de Luis Palmero. “Y habló unos veinte minutos y me preguntaba que de dónde sacaba tanta información de mi trabajo y fue ahí donde decidimos que Fernando escribiera el libro de la BAC a lo que se prestó encantado. Le envié material durante el confinamiento y desarrolló un texto muy exhaustivo, repleto de referencias críticas a mi obra de diferentes autores como Andrés Sánchez Robayna, Juan Manuel Bonet, Lázaro Santana, Nilo Palenzuela y Ángel Sánchez, entre otros. Hizo un trabajo muy riguroso”, concluye

FOTO: La crítica se ha “portado bien conmigo”, dice Luis Palmero. Cuando lee alguna reseña entiende que unos lo dicen de una manera y otros de otra. “Soy bastante tolerante en ese sentido” aunque recuerda una exposición en Madrid en la que un crítico muy relevante por aquel entonces le dio un “rastrillazo de mucho cuidado”. Palabras que aceptó y de las que sacó sus conclusiones tras hablar con la galerista, que fue quien le dijo que el hecho de que hubiera escrito sobre la exposición era porque: “le interesaba mi obra”. FIRMA FOTO: PABLO PALMERO

Cuéntame un cuento

Abril 12th, 2021

Resulta bastante raro, y más en estos tiempos, que aparezca (en este caso reaparezca) una editorial con el fin de cubrir los vacíos que se detectan en el mapa de las editoriales canarias. Esas pequeñas empresas que siguen adelante a pesar de la crisis económica y pandémica publicando, con mayor o menor rigor, libros con acento de las islas. O no, que también.

Algún día tendrá que hacerse un estudio (y focalizo ese estudio en las dos universidades canarias si despiertan del marasmo en el que se encuentran desde la noche de los tiempos) sobre las editoriales que brotaron y aún brotan en estos territorios fragmentados. Si algo las caracteriza es su entusiasmo y arrojo donde prácticamente luchan solos contra los elementos. Elementos que tienen la forma de molinos de viento contra los cuales combaten los editores como si fueran Quijotes del Atlántico. La figura de Sancho Panza se relega a un segundo plano y podría servir como el socio realista que se encuentra en toda iniciativa que se precie. Esa persona que advierte que no es buen negocio dar a conocer lo que se escribe en las islas porque el escenario no es muy propicio.

Es una noticia, una muy buena noticia por ello, la reaparición de un editorial en el ecosistema editorial canario. El sello que permanecía en silencio desde 2010, año en el que publicó un solo título, Riqui-Raca 1.0, una antología de cuentos centrados en el derbi futbolístico regional: C.D. Tenerife-U.D. Las Palmas, regresó a la escena hace apenas unas pocas semanas con seis primeros libros (poesía, novela y relato) de los que vamos a comentar los dos primeros: Las terribles historias y El hombre que perdía las palabras de Cecilia Domínguez Luis y José Luis Correa, respectivamente. Se tratan de dos recopilatorios de cuentos y el sello del que estamos hablando, Nectarina Editorial, es un proyecto en el que está al frente un profesional que conoce y sabe de libros: Ayoze Suárez.

Antes de iniciar el repaso a estas dos novedades me gustaría resaltar que uno de los objetivos de Nectarina Editorial es el de recuperar textos que no han vuelto a reeditarse desde que aparecieron por primera vez. En la primera tanda de seis libros y además de los cuentos de Domínguez Luis y Correa, figura la novela El corazón de los pájaros, de Elsa López, que fue una de las diez obras seleccionadas al Premio Planeta en 2001; los libros de poemas Los bufones de Dios y Marabulla, de Pedro Flores y Silvia Rodríguez y Teneyda y otros relatos, de Alfonso García Ramos, un clásico de la literatura canaria y universal si me apura con la novela Guad y que en estos pequeños y poco conocidos cuentos augura el gran escritor y periodista que fue.

Trece cuentos son los que se reúnen en El hombre que perdía las palabras, relatos escritos por José Luis Correa la última década del siglo pasado y en los que se vislumbran los mimbres del escritor que es en la actualidad. Los cuentos respiran además las constantes que definen el universo literario del escritor grancanario y aparecen todavía sin cincelar muchos de los elementos que configuran su posterior narrativa. Una narrativa que con el paso de los años ha terminado por adquirir sello de autoría.

Los cuentos están trufados de palabras canarias, se aprecia cierta querencia por el policíaco, al que Correa ha aportado uno de los detectives privados más longevos del género en España y situar en el mapa literario una ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, que sirve de telón de fondo de muchas de las historias que desgrana a lo largo de un volumen más próximo a Julio Cortázar que a uno de los maestros del género negro, Raymond Chandler.

Las terribles historias de Cecilia Domínguez Luis está dividido en dos partes que llevan los títulos de Las terribles historias y Escribir comienza por una traición. Destacaría la capacidad de síntesis de la mayoría de los relatos y el miedo soterrado que respiran. Encuentro en los cuentos a una escritora sin ataduras y que olfatea todo tipo de historias, muchas de ellas inspiradas por lecturas muy sabias que confieren interés a un libro que me hace pensar que Domínguez Luis debería de tantear con más frecuencia el relato corto. Tras su lectura, he encontrado gratamente a una escritora que desconocía. Me sorprenden lo diferente que son la mayoría de estos cuentos, también la capacidad de condensar momentos que trascienden en la mayoría de los casos la anécdota.

Analizados en conjunto, los libros de Cecilia Domínguez como los de José Luis Correa cumplen la máxima cortaziana de que el cuento tiene que ser ante todo breve y que, a diferencia de la novela, deben de resultar contundentes.

Nectarina Editorial anuncia que algunos de los autores que protagonizarán sus próximos seis libros serán Juan Cruz, Tina Suárez y Ernesto Delgado Baudet, entre otros.

Saludos, mañana será otro día, desde este lado del ordenador

Fallece el poeta y ensayosta Justo Jorge Padrón

Abril 11th, 2021

Ha fallecido en Madrid víctima de la Covid-19 el poeta, traductor y ensayista Justo Jorge Padrón (Las Palmas de Gran Canaria, 1943). Así lo anunciaba ayer, domingo, su esposa Kleopatra Filipova en redes sociales:

“Se acabó. Se me fue el amor de mi vida, mi único marido, mi compañero de viaje. Después de 35 años, 24 horas al día juntos, el maldito Covid nos separó para siempre en el Hospital de la Paz de Madrid. Se nos truncó el futuro, se nos quedaron muchos proyectos sin acabar. Pero te prometo, mi amor, que lucharé siempre por defender tus sueños, por expandir tu gran poesía que hizo felices a tantos lectores en el mundo entero”.

Justo Jorge Padrón estudió Derecho y Filosofía y Letras en al Universidad de Barcelona y regresó a finales de los años 60 a su ciudad natal para ejercer la abogacía aunque la llamada de las letras venció, finalmente, lo que se vaticinaba como una prometedora carrera en los tribunales.

Incluido en la antología Nueva poesía española al cuidado del escritor y poeta José Agustín Goytisolo, Justo Jorge Padrón fue incluido en una gira organizada por el ministerio de Asuntos Exteriores y el Instituto de Cultura Hispánica por doce países iberoamericanos durante la primera década de los años setenta.

Recibió a lo largo de su trayectoria literaria numerosos premios (Boscán, el Fastenrath de la Real Academia Española, entre otros muchos), siendo reconocido en 1997 con el Premio Canarias de Literatura. Tuvo el honor de recoger en 1977 en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura concedido al poeta Vicente Aleixandre, quien, por motivos de salud, no pudo asistir a la ceremonia. En los años noventa se postuló su candidatura para un sillón en la Real Academia Española, pero sin éxito.

En su intensa y sentida producción poética Justo Jorge Padrón deja títulos como Oasis de un cosmos, Los círculos del infierno, Escrito en el agua, El arte del poema, Fulgor de Macedonia y Poema a Kleo, publicado en 2020 y dedicados a quien fue su compañera sentimental hasta el fin de sus días. También fue un destacado ensayista, que se refleja en libros como Panorama de la narrativa islandesa contemporánea, La poesía nórdica de postguerra y Esta alegría te pertenece, entre otros títulos. Fue traductor además de importantes escritores escandinavos, literatura que contribuyó a aproximar al lector español.

En una ocasión y como respuesta a la manida pregunta de qué es la poesía, Justo Jorge Padrón dijo estar convencido que “es la memoria de la luz, un resplandor que canta e ilumina los instantes que hemos vivido y con los que todavía vamos a soñar. Es una emoción que recorre la rosa de los vientos del poema, y surge cuando en la palabra se desborda el misterioso asombro de la vida”.

La conexión canaria de Omar Sharif y Max von Sydow

Abril 10th, 2021

Por sus nombres originales no los conocerán pero sí por los que adoptaron como artísticos, que son los que han trascendido y por lo que los identifica cualquier aficionado al cine que se precie.

Si escribo Michel Demitri Chalhoub (Alejandría, Reino de Egipto; 10 de abril de 1932-El Cairo, Egipto; 10 de julio de 2015) más de uno dirá ¿ein?, pero si escribo Omar Sharif, probablemente exclamará un ahhh de reconocimiento no solo porque Omar Sharif fuera el primer actor de origen egipcio en alcanzar la fama en todo el planeta sino porque su carrera, fundamentalmente, se desarrolló en occidente, donde llegó a trabajar con algunos de los más grandes cineastas de su tiempo. Sharif, además, pertenece a esa estirpe de actores que quedaba muy bien en papeles étnicos. Vamos, que lo mismo hacía de príncipe árabe como de médico y poeta ruso, o forajido de incierto origen mexicano, entre otros papeles.

Lo que quizá desconozcan algunos es que también se puso en la piel del capitán Nemo, el legendario marino rebelde creado por Julio Verne, que sin llegar a la altura del James Mason de 20.000 leguas de viaje submarino o el Robert Ryan de La ciudad de oro del capitán Nemo, mantuvo el tipo en una miniserie reconvertida en largometraje que dirigió un español, Juan Antonio Bardem y un francés, Henri Colpi que se rodó prácticamente en Lanzarote.

Sí, para los no iniciados me refiero a La isla misteriosa (1973), producida por ORTF (Francia) con la colaboración de la RAI (Italia) y TVE (España), y que sin ser una cosa del otro mundo tiene el encanto de ese cine de todo a cien que la muchachada reivindica.

El propio Bardem aseguraría en unas declaraciones que se metió de lleno en el proyecto porque le apetecía rodar una de aventuras en unos años en los que su compromiso político comenzaba a salir del armario, aunque explica que si bien “contábamos con un tiempo y un dinero determinados que se nos acabaron antes que la película, se pensó entonces en montar lo que había, ver cómo quedaba y hacer las escenas que faltaran meses después. Yo me negué a continuar así y los actores no quisieron seguir sin mí. Como resultado de todo esto surgieron tres versiones: una francesa, otra italiana y otra española”.

El caso es que todo este desbarajuste se aprecia en la serie –una versión abreviada se estrenó en cines– e incluso llegó a afectar a su título, ya que circuló en las Españas como Las aventuras del capitán Nemo y no La isla misteriosa.

Como suele suceder en excentricidades de este tipo, resulta mucho más atractivo lo que se desarrolló alrededor del rodaje, muchas de cuyas anécdotas aún sobreviven, como la casa que Omar Sharif perdió en una apuesta en Lanzarote, partida de la que se ha escrito mucho en la red, busquen si les interesa conocer esta historia; como del rodaje, que si por algo se caracterizó fue por resultar algo accidentado.

No se encontraba el actor en uno de sus mejores momentos y solía comentar en entrevista que después de La isla misteriosa abandonaría el cine. Detrás dejaba grandes papeles, como el Jerife Alí en Lawerence de Arabia o de doctor Zhivago en Doctor Zhivago, ambas películas a las órdenes de David Lean. También hizo de Ernesto Guevara en Che! Y de forajido en un western de tintes fantásticos, El oro de Mckenna, así como de oficial alemán en La noche de los generales, entre otras.

Max Carl Adolf von Sydow (Lund, 10 de abril de 1929-Provenza, 8 de marzo de 2020)​ fue un actor sueco, y más tarde francés tras obtener la nacionalidad, que comenzó a ser conocido en el cine de la mano de Ingmar Bergman, con quien trabajó en algunas de las más reconocidas películas del cineasta como El manantial de la doncella, El séptimo sello y Fresas salvajes.

Alto y espigado, y con una mirada azul celeste que taladraba, Sydow inició como actor una carrera fuera de su país natal interpretando al mismísimo Jesucristo en La historia más grande jamás contada y de ruso u oficial nazi en películas que no pasarán a la Historia aunque a mi me entretuvieron bastante como La carta del Kremlin y Evasión o victoria que dirige, curiosamente, el mismo director, John Huston. A Max von Sydow lo pueden ver también en El exorcista, es uno de los sacerdotes que intenta sacar el demonio del cuerpo de la niña aunque si lo recuerdo con especial cariño es por su interpretación del emperador Ming en Flash Gordon, una película a la que ya va siendo hora que se le haga justicia.

El actor se especializó a medida que iba creciendo en papeles secundarios, a los que imprime de cierta dignidad. Lo pueden ver en Minority Report, Juego de tronos e Intacto, que fue el primer largometraje de Juan Carlos Fresnadillo y película que se rodó prácticamente en Tenerife. Algún día, si me animo, contaré algunas historias del rodaje de Intacto como la de un reloj que… pero ahora mismo me la reservo por hartura. Jartura que diríamos en la tierra en la que nací y habito.

En fin, que tal día como hoy nacieron dos caballeros de más que triste, angustiosa figura. Dos actores, ya ven, que visitaron estas islas por motivos de trabajo para dar constancia de un territorio que en ambos filmes no es Canarias sino tierra quemada por el sol. Geografía retorcida y sin nombre registrada por la cámara de ese invento hoy tan devaluado como es el cine…

Saludos, otro día hablaremos del Gobierno, desde este lado del ordenador