“Santa Cruz de Tenerife fue la capital corsaria de la Macaronesia la primera mitad del siglo XVIII”

Recopilar todas la documentación existente sobre uno de los personajes más fascinantes de la Historia de Canarias como es la de Amaro Rodríguez Felipe (1678-1747) marca la directriz de la serie Amaro Pargo. Documentos de una vida, diez volumen de los que hasta ahora han aparecido los dos dos primeros (Héroe y forajido y El heredero) y en los que se desvelan aspectos inéditos del personaje así como del archipiélago en la primera mitad del siglo XVIII, y donde queda demostrado con los textos consultados y transcritos que Santa Cruz de Tenerife, por aquel entonces puerto de la ciudad de La Laguna, fue el más importante centro corsario de la Macaronesia.

Los autores de la edición y estudio este ambicioso trabajo de búsqueda y transcripción son el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel de Paz Sánchez (Santa Cruz de La Palma, 1953) y el técnico especialista del Fondo de Canarias de la Biblioteca General y de Humanidades de la Universidad de La Laguna, Daniel García Pulido, quienes han contado además con un equipo de colaboradores para la transcripción y revisión del material.

- Ya llevan varios años investigando las fuentes documentales sobre Amaro Pargo, ¿qué novedades aportan los dos primeros libros de lo que, parece, será una serie de diez?

“El primero de los volúmenes se centra principalmente en el ámbito de sus propiedades inmuebles en Tenerife. Entre otros documentos incluimos la transcripción íntegra del Libro de bienes que se custodia en el Archivo Municipal de La Laguna, donde consta la identificación, localización y características de buena parte de sus tierras y casas. Ahondamos de manera especial en las escrituras de compraventa de la comarca de Machado, en El Rosario, que certifican la posesión por parte de Amaro Pargo de la conocida como Casa del Pirata, aspecto este negado hasta la fecha. En el segundo de los volúmenes nuestro objetivo es reivindicar las figuras de Amaro José González de Mesa y de su mujer, Ana Josefa Rodríguez Felipe, sobrinos ambos de Amaro Pargo y quienes heredaron lo más granado de su fortuna. Entre las piezas documentales más relevantes en este tomo figura la transcripción del inventario de bienes y el testamento “secreto” de esta pareja, que desmitifica algunos aspectos de la leyenda de nuestro corsario como la posesión del heredamiento de la Punta del Hidalgo. Estas tierras fueron adquiridas, en realidad, por Amaro José González de Mesa en 1756, nueve años después del fallecimiento de Amaro Pargo”.

- Amaro Rodríguez Felipe, ¿por qué Pargo?

“Desde siempre las familias y clanes se han distinguido con un apelativo o mote que las distingue, generación tras generación, en el seno de la sociedad. El origen del sobrenombre “Pargo” se documenta, al menos, desde principios del siglo XVII en la persona de Bernabé González Pargo, bisabuelo materno de nuestro corsario Amaro Rodríguez Felipe. La casualidad de que el apelativo haga alusión a un pez ha inducido a mil y una cábalas infundadas. Ahora estamos trabajando en certificar, hasta donde nos sea posible, el comienzo de la utilización del sobrenombre “Pargo” en la familia, con indicios que nos llevan hasta la isla de La Palma en pleno siglo XVI”.

- Entre otras fantasías que desmontan se incluye el apodo de Cabeza de Perro. ¿De dónde salió esta leyenda? ¿Existió realmente un Cabeza de Perro aunque no fuera el corsario?

“No existió en la realidad, pero sí en la ficción literaria. Es una invención de Aurelio Pérez Zamora, concretamente en su novela Sor Milagros o secretos de Cuba, publicada en Santa Cruz de Tenerife en 1897. En 2009, en La Piratería en Canarias de Manuel de Paz, el capítulo relativo a este personaje llevó el título de “Cabeza de Perro, el pirata que nunca existió”. Aquí se destaca claramente lo que acabamos de decir. Posteriormente, en la obra colectiva Enigmas y tesoros en Canarias. El misterio de Cabeza de Perro, se ratificó este asunto con nuevos datos, y, paralelamente, se planteó la hipótesis de que pudo haber existido, entre finales del siglo XVI y principios del XVII, un Cabeza de Perro en las Canarias orientales (Lanzarote y Fuerteventura), tal vez un “renegado” que había sido capturado por corsarios o piratas del Norte de África, de acuerdo con ciertas tradiciones legendarias, pero tampoco existen evidencias sobre este asunto. Lo que sí creemos es que la figura de Cabeza de Perro pudo estar inspirada, en la propia novela de Pérez Zamora, por determinados aspectos, más o menos legendarios, de esta otra gran figura histórica, es decir, por Amaro Pargo”.

- Una de las aportaciones de estos dos volúmenes es que, además de dar información novedosa sobre el personaje a través de los documentos, plantean un contexto histórico nuevo. ¿Cómo era la Canarias y, en concreto, la isla de Tenerife en aquellos años?

“Buena pregunta. Este es, en nuestra modesta opinión, uno de los aspectos más interesantes de este proyecto cultural, el hallazgo de abundantes evidencias documentales de una potente actividad corsaria protagonizada por naturales, vecinos y avecindados o radicados (de larga duración) en Tenerife, mucho más que en el resto del Archipiélago. Lo planteamos, en efecto, en algunas páginas de estas dos primeras entregas, pero donde realizamos una amplia aportación de más de medio centenar de documentos relacionados con estas actividades corsarias y un estudio específico sobre el tema es en el volumen tercero, que se publicará próximamente… esperamos que antes de fin de año”.

- Tenerife, ¿tierra de piratas y corsarios?

“Sobre todo, tierra de corsarios, de “piratas” legales. En 1718, Santa Cruz de Tenerife no solo se convierte en puerto único para comerciar con América en relación con los del resto de la propia isla, dentro del régimen de permisión concedido por la Corona, sino que recibe y centraliza todo el comercio procedente de América, pues es el puerto único de retorno de todos los navíos que salían de Canarias, es decir, de los puertos privilegiados de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de La Palma. Ya se sabe que el régimen comercial con América tenía carácter de monopolio, con lo que la importancia comercial de Tenerife para toda Canarias, en relación con las Indias, pasa a ser fundamental”.

- Entonces ¿se puede decir que Santa Cruz de Tenerife fue uno de los puertos claves de corsarios de la Macaronesia?

“Sin duda. La Laguna y su puerto, Santa Cruz de Tenerife, constituyen la capital corsaria de la Macaronesia, cuando menos durante la primera mitad del siglo XVIII, época en la que España se vio envuelta en diferentes conflictos internacionales a ambas orillas del Atlántico y las Canarias tuvieron la oportunidad de poner de relieve el enorme interés estratégico del territorio insular, su conexión histórica con el espacio americano, especialmente con el Caribe, su experiencia en relación con las actividades corsarias y, asimismo, con la defensa frente a los ataques del exterior, tal como han destacado autores como Antonio Rumeu de Armas, Alberto Anaya o Germán Santana. Pero, ahora, lo que planteamos nosotros, lo que estamos viendo, es que las Canarias y, sobre todo Tenerife, generaron sus propios corsarios, mucho más relevantes de lo que se pensaba. Figuras como el propio Amaro Pargo o como su hermano José Rodríguez Felipe, un auténtico héroe olvidado, son buena prueba de ello. Y, por supuesto, otros muchos como Bernardo de Espinosa, Tomás Vila, Bartolomé Sánchez Carta, Pascual de Sosa, etc., de todos estos tinerfeños sabemos que, en algún momento de sus vidas, tuvieron patentes y fianzas de corso y desarrollaron una intensa actividad corsaria, tanto en Canarias como en la zona de Madeira y, por supuesto, en sus navegaciones al Caribe. Son personajes extraordinarios que, injustamente, han sido olvidados hasta ahora por la historiografía. También algunas mujeres financiaron y apoyaron a sus maridos en este tipo de empresas o por cuenta propia. Es una historia nueva, distinta, llena de sorpresas”.

- ¿Dónde actúo Amaro Pargo en sus ataques corsarios?

“A través de la documentación consultada hemos podido certificar hasta el momento que Amaro Rodríguez Felipe tuvo dos zonas primordiales de actuación: el entorno propio del Caribe septentrional, en el triángulo constituido entre la costa venezolana, México y Cuba; y el ámbito de la vertiente atlántica de la Península, especialmente en el litoral entre Cádiz y las estribaciones sureñas de Portugal. Asimismo hemos podido documentar presas capturadas tanto por él como por su hermano José en el tránsito entre ambas zonas, en plena travesía atlántica”.

- Al parecer, cosechó una enorme fortuna, riqueza que ustedes documentan cómo invirtió.

“Amaro Pargo fue, sin duda alguna, uno de los personajes más ricos de su tiempo en Canarias, acaso superado tan solo por dos o tres individuos de la nobleza insular como los marqueses de Adeje o de Villanueva del Prado, o los señores de Fuerteventura. Tal vez también por los Rodríguez Carta, pero esto habrá que estudiarlo más adelante. Una de las peculiares características de su riqueza, y que le distinguía en cierta forma en su momento, fue la excepcional disponibilidad o liquidez monetaria de la que hacía gala, certificando sus pagos de forma inmediata con la presentación de cofres o arcas repletos de monedas de plata con las cantidades necesarias para cada transacción. Tras su etapa corsaria, con el alto nivel económico alcanzado, supo invertir acertadamente gran parte de esa riqueza no solo en centenares de bienes raíces (ya fueran tierras, viñedos, casas o solares) sino igualmente en tributos y legados que garantizaban la pervivencia y acrecentamiento de sus bienes en el futuro, todos ellos en beneficio de sus parientes, en particular de sus sobrinos”.

- ¿Tuvo entonces descendencia?

“Efectivamente, Amaro Pargo tuvo descendencia aunque se mantuvo soltero durante toda su vida. Rumeu de Armas, en la década de los 50 del pasado siglo, ya daba a conocer la identidad de Manuel de la Trinidad, un hijo natural de nuestro corsario en La Habana, y a ese vástago hemos podido añadir en el transcurso de nuestras investigaciones la existencia inédita de otro, Juan Rodríguez Felipe, apodado Juanico Pargo. Este segundo hijo, habido con una mujer casada lagunera (cuyo esposo se encontraba ausente en tierras americanas), estuvo muy presente en la vida de Amaro e incluso hemos podido documentar que tuvo a su vez descendencia tanto en Venezuela como en Tenerife”.

- ¿Y cuál fue su relación con Sor María de Jesús, la Siervita? ¿Qué hay de cierto en lo que se ha escrito sobre ellos?

“Sor María de Jesús, la Siervita de Dios, fue como una “segunda madre” para nuestro corsario (de hecho, tenía once años más que la propia Beatriz Tejera Machado, progenitora de Amaro Pargo). En ella buscó siempre ese referente de ayuda espiritual y religiosa tan necesario para un individuo de la fe y religiosidad de Amaro, más aún en una época de tanto riesgo en la navegación marítima (ella anunció, según la leyenda áurea, el naufragio en el que pereció su hermano José). Esa relación se reforzó de forma fehaciente al residir en el mismo convento tres de las hermanas de nuestro corsario, y, en diferentes momentos, numerosas sobrinas y parientas. Puede decirse que más del setenta por ciento de las monjas del monasterio de Santa Catalina de Sena eran familia directa (hermanas, sobrinas, primas), de nuestro personaje. Amaro Pargo estaba obsesionado con este tema. Se trajo a sus primas de Maracaibo, a donde habían emigrado con sus padres, y les costeó el viaje que le costó una pequeña fortuna para que se hicieran monjas en este monasterio. Ellas aceptaron venir y tomaron sus hábitos. Además, compró varias celdas conventuales para sus familiares y, asimismo, adquirió la celda donde vivió y murió la Siervita, que pidió que se mantuviera en el patrimonio familiar como un gesto de veneración hacia la que tantos consejos filiales le había dado en vida. Fue, en efecto, una hermosa relación entre una madre espiritual y un hijo profundamente devoto. Esto no se puede entender fuera de un determinado contexto histórico. Pero, así fue”.

- Ustedes dicen que el hermano de Amaro Pargo, José Rodríguez Felipe, se merece un monumento, ¿por qué?

“Mandaba el “Santísima Trinidad y San Marcos”, el que se fabricó en Icod (no el que se hizo en Vizcaya), barco que era más conocido por “El Clavel” y, asimismo, por “El Pintado”, y, cumpliendo órdenes del capitán general de Cuba, informó al capitán general de Canarias y, éste, a su vez, a Cádiz y a Madrid (en el contexto de una estrategia atlántica perfectamente organizada), de la delicada situación que corría Cuba y, en realidad, otros enclaves españoles del Caribe, en el marco de la Guerra Anglo-Española de 1727-1729. Puso en riesgo su vida, se defendió de ataques ingleses y cruzó el Atlántico como un cohete. Derivar fuerzas del entorno de Gibraltar hacía América hubiese podido significar, por ejemplo, la pérdida de otros enclaves en la Península o graves derrotas para los intereses globales de España. Si esto se confirma, que creemos que sí, José Rodríguez Felipe, muerto tempranamente en un naufragio a finales de 1728 o principios de 1729, puede ser considerado un auténtico héroe olvidado. Así eran los canarios de la época, gentes sencillas capaces de llevar a cabo gestas extraordinarias y heroicas. De todo esto nos ocupamos ampliamente en el próximo tomo de la colección y en otros que vendrán, si Dios quiere”.

- ¿Y cuál es el plan de las próximas entregas?

“El tercer volumen de la colección, bajo el título de Reyes del mar, va a presentar, entre otros materiales sobre nuestro corsario principal, más de medio centenar de evidencias documentales que certifican la entidad corsaria del Archipiélago en la primera mitad del siglo XVIII, especialmente de Tenerife y de su puerto de Santa Cruz, como ya dijimos. Se trata así de situar el contexto en el que crece y se forma Amaro Pargo, un escenario muy distinto de aquel planteado por los estudiosos hasta la fecha que definía a las Islas como un territorio pasivo y a la defensiva frente a la amenaza exterior. El legado documental que se expondrá, que se verá incrementado en próximos volúmenes, evidencia que Canarias fue una región generadora de actividades corsarias destacadas en aguas internacionales y a ambas orillas del Océano”.

Piratas, corsarios y bucaneros

La diferencia entre los términos corsario y pirata es sencilla, aunque el límite que hay entre ambas es tan frágil y fácil de cruzar que no extraña la confusión a que conducen siempre ambas palabras, reflexionan Manuel de Paz y Daniel García Pulido. El corsario es un individuo que dispone de patente o licencia real para asaltar embarcaciones de naciones enemigas a la Corona a la que pertenece, debiendo cumplir ciertos requisitos legales como adelantar una fianza para dichas actuaciones, estar siempre bien identificado y con la bandera de su nación visible y abonar a Su Majestad la quinta parte del importe total generado por las presas capturadas. Por su parte, el pirata es aquel que trasciende cualquiera de las indicaciones apuntadas anteriormente, asaltando ya sea embarcaciones amigas y/o neutrales o bien capturando navíos de otras naciones en tiempos de paz, sin atender a otro aspecto que no fuese su propio beneficio. Un corsario deviene en pirata si no actúa de acuerdo al reglamento de corso y en ese punto “es donde encontramos a Amaro Pargo con acciones como cambiar su bandera para engañar a su presa”. Por último, la palabra bucanero es sinónima de pirata pero solo se usa para identificar a los que actuaban en la zona del Caribe.

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En la imagen de FRAN PALLERO y de izquierda a derecha se encuentran Manuel de Paz Sánchez, Cristina Ginovés Obón y Daniel García Pulido. Cristina Ginovés es una de las colaboradoras principales de este proyecto, sobre todo en la transcripción y revisión del material, sobre Amaro Pargo, del que de momento se han publicado los dos primeros libros de lo que se espera sea una colección de diez volúmenes. De momento, ya están embarcados en el próximo tomo, que superará las 600 páginas. En cuento a la documentación consultada y transcrita en los dos primeros textos de la colección, ésta proviene de fuentes tanto peninsulares (Archivo de Indias –Sevilla–; Archivo General Militar –Segovia–) como insulares (Museo de Historia de Tenerife, Archivo Histórico Provincial, Archivo Municipal de La Laguna y Archivo Histórico Diocesano de Tenerife.

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Amaro Pargo.

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Portda del segundo tomo de la colección.

Saludos,viento en popa y a toda vela, desde este lado del ordenador

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