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	<title>Comentarios en: Historias de la &#8216;zona prohibida&#8217;</title>
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	<description>El blog de la cultura por Eduardo García Rojas</description>
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		<title>Por: admin</title>
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		<dc:creator>admin</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Oct 2022 20:19:43 +0000</pubDate>
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		<description>Muchas gracias por tu texto, vale un Potosí</description>
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		<title>Por: jesús</title>
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		<dc:creator>jesús</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Oct 2022 14:56:28 +0000</pubDate>
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		<description>Excelente relato. Me despertó la nostalgia. De niño, cuando estudiaba en el Tinerfeño Balear, íba con un compañero de clase cuya madre trabajaba en un bar con puerta de saloon, y la calle a mis ojos de entonces era alegre, bullanguera, llena de movimiento vital. Recuerdo a F que me hacía gestos burlones obscenos pero a mí la que me gustaba era una francesa (se llamaba Barbara) y reuní quinientas pesetas para conocerla más a fondo. Recuerdo a Barrera Corpas cortejando a la sombra de un árbol y la maestría de los trileros que escondían la bolita en una uña y así no había quien acertara a encontrarla debajo de la chapa, y los marineros y algunas peleas. Más tarde, ya en el instituto, hice un trabajo sociológico basado en el trabajo de las señoras de esa calle. Leston (creo que lo llamaban así), un intelectual bohemio, me ayudó a entrevistar a varias mujeres. No recuerdo que hubiera en ellas ninguna amargura, probablemente no quisieron hacerme partícipes de sus oscuridades. Y recuerdo con especial cariño a Venanceo (algunos escriben Benanceo) que me dictaba sus sonetos y coplas que yo copiaba en un cuaderno del colegio, lamentablemente hoy desaparecido. Uno se titulaba Soneto a los pelos del coño de la hija de Franco. Estábamos en pleno franquismo, ya sin los horrores de la posguerra, y allí recibían visitas médicas con cierta frecuencia. En fin, nostalgia, vete, no me fastidies.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Excelente relato. Me despertó la nostalgia. De niño, cuando estudiaba en el Tinerfeño Balear, íba con un compañero de clase cuya madre trabajaba en un bar con puerta de saloon, y la calle a mis ojos de entonces era alegre, bullanguera, llena de movimiento vital. Recuerdo a F que me hacía gestos burlones obscenos pero a mí la que me gustaba era una francesa (se llamaba Barbara) y reuní quinientas pesetas para conocerla más a fondo. Recuerdo a Barrera Corpas cortejando a la sombra de un árbol y la maestría de los trileros que escondían la bolita en una uña y así no había quien acertara a encontrarla debajo de la chapa, y los marineros y algunas peleas. Más tarde, ya en el instituto, hice un trabajo sociológico basado en el trabajo de las señoras de esa calle. Leston (creo que lo llamaban así), un intelectual bohemio, me ayudó a entrevistar a varias mujeres. No recuerdo que hubiera en ellas ninguna amargura, probablemente no quisieron hacerme partícipes de sus oscuridades. Y recuerdo con especial cariño a Venanceo (algunos escriben Benanceo) que me dictaba sus sonetos y coplas que yo copiaba en un cuaderno del colegio, lamentablemente hoy desaparecido. Uno se titulaba Soneto a los pelos del coño de la hija de Franco. Estábamos en pleno franquismo, ya sin los horrores de la posguerra, y allí recibían visitas médicas con cierta frecuencia. En fin, nostalgia, vete, no me fastidies.</p>
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