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	<title>El escobillon &#187; Reflexiones</title>
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	<description>El blog de la cultura por Eduardo García Rojas</description>
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		<title>Pero&#8230; Pero ¿esto qué es?</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2023 10:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Reproduzco a continuación una nota que me encontré ayer en un libro que adquirí en el Rastro de la capital tinerfeña. El Rastro no es el de antes, que creció y se expandió por la zona como una enfermedad invasora, pero dentro de sus limitaciones uno se puede encontrar con pequeñas sorpresas. Hace un par de domingos, por ejemplo, me topé en uno de los puestos con la novela Capitán Cautela, de Kenneth Roberts, que es un escritor que no les dirá nada si no son aficionados a la literatura de aventuras, pero que sí lo son recordarán automáticamente esa obra maestra que es El paso al noroeste. Capitán Cautela sin llegar a esa redondez, casi. Pero no hablamos de Roberts (otro día, quizá) sino de esa nota en papel amarillento que me encuentro dentro de Secuestrado, la novela de Robert Louis Stevenson que ya tengo y que ya leí, solo que en la edición de Bruguera y con prólogo y traducción de Marcelo Cohen. </p>
<p>Dicen así estas líneas, crípticas por oscuras pero a la vez tan extrañamente atractivas, que es lo que me anima a reproducirla a continuación:</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2023/01/secues.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2023/01/secues-211x300.jpg" alt="" title="secues" width="211" height="300" class="aligncenter size-medium wp-image-28166" /></a></p>
<p>“Me dijo que leer es un verbo muy bonito en español. Decía que cuando lo pronunciaba se imaginaba que estaba mordiendo un fruto lleno de agua y que el agua resbalaba por su garganta cuando repetía una y otra vez leer la palabra frente al espejo o mientras viajaba en guagua.</p>
<p>Le preocupaba que últimamente lo que se dice leer no le resultara tan grato como antaño. Quizá se deba, se dijo, a que ahora la mitad de las veces leía por cuestiones laborales, obligado por las circunstancias y él nunca fue un tipo al que le gustara que le ordenasen hacer las cosas. Un rebelde, un ácrata pero de los de verdad que son todos aquellos que viven una especie de revolución individual y permanente. </p>
<p>De revolucionario no tiene nada quién sabe. No va a decirlo, más que nada por cansancio. Parece que la gente tiene tiempo para estar enganchados a cualquier cosa. La cuestión es que estén enganchados a algo. Lo llaman por teléfono, consulta el número y en la pantalla aparece Desconocido. Tiembla por dentro y tiembla por fuera. No lo coge, por supuesto.</p>
<p>Hablaba de leer. Leer es un verbo bonito y que suena además muy bien en español.”</p>
<p>Y punto pelota. En el papel amarillento no viene ninguna indicación que me ayude a averiguar quién escribió esas líneas tan raras por no decir, diciendo, estrafalarias. Eso sí, la doblo cuidadosamente y la dejo en el interior de las páginas del libro. Libro que dejo en el estante donde están las obras de Stevenson que he leído, ese verbo otra vez, a lo largo de una vida que como decía Nexus 6 es como una lágrima en la lluvia. </p>
<p>Saludos, eso es todo por hoy, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>Después de la tormenta</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2023 10:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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Qué escándalo, que maremoto o tsunami que se dice ahora, qué pavor, que terrible desgracia para la muy noble e invicta Santa Cruz de Tenerife&#8230; Si uno lo piensa con seriedad, digamos que la ya famosa carta que los del museo Rodin enviaron al Ayuntamiento de la capital tinerfeña para comunicarle que lo sentimos mucho, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2023/01/libertad.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2023/01/libertad-300x240.jpg" alt="" title="libertad" width="300" height="240" class="aligncenter size-medium wp-image-28152" /></a></p>
<p>Qué escándalo, que maremoto o tsunami que se dice ahora, qué pavor, que terrible desgracia para la muy noble e invicta Santa Cruz de Tenerife&#8230; Si uno lo piensa con seriedad, digamos que la ya famosa carta que los del museo Rodin enviaron al Ayuntamiento de la capital tinerfeña para comunicarle que lo sentimos mucho, pero mejor olvidamos está historia de amor que nació viciada, le ha venido como anillo al dedo al <em>alcarde</em> de la ciudad, <strong>José Manuel Bermúdez</strong>, bastante desgastado por una polémica que se montó él y su equipo en torno a un proyectado museo cuyo informe no se correspondía con la realidad. </p>
<p>Por otro lado pone de manifiesto que el sector de la cultura cuando así lo quiere tiene músculo, y que por una vez &#8211;ya lo hemos dicho&#8211; unido puede mover incluso montañas. Y una montaña de despropósitos ha sido todo este asunto desde un principio. ¿El culpable? El <em>señó alcarde</em> y su equipo, así que poco favor le prestan sus corifeos, lamentable por cierto el artículo que publicaba hace unos pocos días uno de sus camorristas más conocidos, quien no hace tanto, y en esos mismos papeles, venía a decir que no había que preocuparse por la escalada de críticas argumentadas de artistas y culturos al proyectado museo frustrado porque estos chicos (artistas y culturos) son como niños, y como niños hay que dejarlos berrear que ya se cansarán y cerrarán la boca. Desgraciadamente para el sujeto, por llamarlo de alguna manera, su cálculo erró lo que es comprensible por aquello de la edad.</p>
<p>Me he dedicado estos días a visitar redes sociales varias para ojear que dicen unos y otros sobre este asunto. A ver qué opinaban los que estaban a favor y los que estaban en contra de que los franceses tomaran la decisión de cerrar el kiosco en la capital tinerfeña, y todo huele mal. </p>
<p>Los que lamentan la decisión de que Rodin no se quede, le echan la culpa a los canariones (un clásico ya en nuestra tierra: ¡¡¡Gran Canaria es culpable!!!) o a conjuras judeo masónicas. El <em>alcarde</em> de hecho afirmaba hace unos pocos días que toda esta campaña tenía tufo electoralista (son en mayo de este mismo año) pero con la discreta retirada de los populares del terrero, la verdad es que lo dejaron literalmente solo con un asunto que no supo ni él ni su equipo gestionar desde el minuto uno.</p>
<p>Por ello, y si hay que lamentar algo de todo este desaguisado, ha sido la falta de sensatez en torno a una iniciativa que pedía a gritos por lo menos un informe en condiciones y que no vendiera humo como se pretendió vender. Recomendaría, en este sentido, a que se hiciera público ese informe que ha sido el origen de toda esta protesta civilizada porque es falso que desde el lado de los que criticaron este proyecto se haya faltado (como ahora sí faltan los que <em>apoyaban</em> el museo Rodin) a nadie. De hecho, una vez se calmen los ánimos, es momento de buscar ese diálogo que no existió desde que se anunció lo del museo. Lo del museo Rodin.</p>
<p>Es tiempo ahora también de que se nos informe a los chicharreros de cuánto nos ha costado todo este asunto que al final terminó siendo nada. De momento, y para que estén mejor informados, les invito a que consulten las de noticias que ha suscitado el caso, incluso el interés que a nivel nacional despertó en medios a los que se las resbala Canarias. Solo así se harán más o menos una idea de por donde han ido los tiros y por donde van las políticas mediáticas de un archipiélago, el nuestro, que hoy más que nunca amanece abandonado de la mano de los dioses. También se harán una idea del nivel de nuestros representantes públicos y de quienes le sirven de intermediarios, algunos periodistas que, siendo del gremio, me han dado vergüenza ajena.</p>
<p>No es la primera vez que gracias a las redes sociales se pone coto a un acción que no contaba con el consenso de la mayoría, pero sí que se trata de la primera vez en que un sector tan dividido y acostumbrado a que cada uno tire por su lado, se uniera para manifestar su indignación. Incluso desde las propias administraciones autonómicas, comenzando por el Cabildo de Tenerife, donde algún que otro cargo público manifestó en un escrito que circuló en ámbito privado su crítica no a Rodin sino al museo Rodin. </p>
<p>Lo insólito, aunque no debería de extrañarme de todo este asunto, es que tras la retirada francesa, medios y opinadores que hasta la fecha no habían escrito ni una puñetera línea sobre el caso, asomaran la cabeza para mostrar una indignación sospechosa. Sobre todo cuando acusaban a los que desde hace meses venían denunciado este desaguisado porque así no, así no se hacen las cosas. </p>
<p>Pero dentro de todo este estropicio, de toda esta penosa campaña de contra información que emprendió el Ayuntamiento a través de sus corifeos, los franceses se retiran con una carta que a mi, la verdad, me hace pensar que le ha venido muy bien al <em>alcarde</em>. Y a su equipo. Es como si el destino le hubiera dado la oportunidad de darle la vuelta a una tortilla cuyos huevos desde el principio ya estaban podridos y cuyo hedor recordaba al que sale de la refinería cuando limpia sus tanques.</p>
<p>De momento, y es una esperanza en el poquito tiempo que nos queda hasta mayo, espero que todo esto haya servido de algo a las políticas culturales que deberían de emanar del Ayuntamiento y que la situación generada contribuya a dar un golpe de timón y las encarrile en una capital de provincias que perdió este mismo año su tradicional Feria del Libro por una cosa que daba vergüenza ajena, y continúe, eso sí, muy tarde, con la proyectada rehabilitación de su patrimonio urbanístico, hasta el día de ayer igual de abandonado que las famosas esculturas en la calle. </p>
<p>Por eso, unos y otros, los que estaban en contra y así lo manifestaron, y los que estaban a favor, que se manifiestan ahora a través del insulto porque sobrar, no les sobraban argumentos precisamente, sean conscientes que todos, absolutamente todos, perdimos esta batalla pero no la guerra. La frase, por cierto, es de otro francés, para mi igual de ilustre que Rodin, el general <strong>Charles de Gaulle</strong>. </p>
<p>Saludos, <em>Allons enfant de la patrie</em>, desde este lado del ordenador </p>
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		<title>Una noche en la ciudad que muere en soledad</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2022 10:31:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Noche del 22 de diciembre de 2022, ¿lugar? Santa Cruz de Tenerife. Hora, digamos que las 21.
El motivo de la cita es cenar con unos amigos porque nos aproximamos a fechas navideñas, lo clásico. En cuanto a la cena, discreta, no me atrevería a tirar voladores, pero el caso exige que además de tragar y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Noche del 22 de diciembre de 2022, ¿lugar? Santa Cruz de Tenerife. Hora, digamos que las 21.</p>
<p>El motivo de la cita es cenar con unos amigos porque nos aproximamos a fechas navideñas, lo clásico. En cuanto a la cena, discreta, no me atrevería a tirar voladores, pero el caso exige que además de tragar y beber, un par de Águilas en una tierra donde comienza a costar encontrar la clásica Dorada, le damos mucho a la lengua. Chismorrear un poco y hablar si se precisa de lo divino y de los humano.</p>
<p>Terminamos la cháchara sobre las 22,30 y antes de retirarnos a nuestras respectivas tiendas de campaña decidimos por unanimidad tomar la última copa por la terrazas de la plaza de Weyler, que se encuentra en pleno centro de la <em>capitá,</em> y que tanto elogió <strong>José Luis Sanpedro</strong> en <em>La senda del drago</em> que no es, precisamente, uno de sus mejores libros.</p>
<p>Horror, y todavía no son las 23 horas, o los locales ya están cerrados o a punto de cerrar.</p>
<p>Al final el terceto se disuelve. Uno coge el tranvía y los otros dirigen sus pasos a sus respectivas tiendas de campaña. La noche vuelve a cernirse sobre esta <em>capitá</em> de provincias que muere en soledad. Faltan dos días para la Nochebuena y mañana Navidad. La plaza de Weyler, eso sí, con luces de colores que se encienden y se apagan porque estamos en fiestas. Muy <em>kitch</em> toda esta decoración luminosa que, francamente, no alegra una ciudad que se retira tan temprano a sus cuarteles de invierno.</p>
<p>Mientras subo por la rambla de Pulido pienso, a veces hago este ejercicio, que estoy en la ciudad que, por la sospechosa insistencia de su <em>alcarde</em>, albergará el proyectado museo Rodin.</p>
<p>Es lo que hay. </p>
<p>Por cierto, sobre las 12 entro en mi tienda de campaña. No me he tropezado con nadie mientras subía y subía&#8230; bueno, al paso me salieron algunas cucarachas pero en esta <em>capitá</em> forman parte ya de la decoración. De hecho, parece que gritan mientras corretean de un lado al otro ¡viva el museo Rodin, viva!</p>
<p>Como si de un mantra se tratara me taladra la cabeza mientras intento conciliar el sueño. O la pesadilla que a estas altura lo mismo me da.</p>
<p>Saludos, sucedió más o menos como se cuenta, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>El kastillo</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jun 2022 10:19:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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Aunque nos reservamos otros whatsapp en la nevera para que se conserven frescos con la caló que ya tenemos encima, reproducimos en este su blog un  nuevo texto de esos anónimos que circulan de teléfono móvil en teléfono móvil por la gracia del texto y la comparación &#8211;fácil podrá pensar alguno&#8211; con una obra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/06/castillo.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/06/castillo.jpg" alt="" title="castillo" width="240" height="210" class="aligncenter size-full wp-image-27166" /></a></p>
<p>Aunque nos reservamos otros <em>whatsapp</em> en la nevera para que se conserven frescos con la <em>caló</em> que ya tenemos encima, reproducimos en este su blog un  nuevo texto de esos anónimos que circulan de teléfono móvil en teléfono móvil por la gracia del texto y la comparación &#8211;fácil podrá pensar alguno&#8211; con una obra de Frank kafka que no es, casi, <em>La metamorfosis</em>. </p>
<p>El texto está escrito para iniciados en los acontecimientos recientes en materia de políticas culturales que emanan del Cabildo Insular de Tenerife. Ese<em> kastillo</em> (con k que ponemos nosotros) al que hace referencia el título de estas líneas. </p>
<p>&#8220;De la misma forma que en la obra homónima el Castillo de Kafka. Su protagonista, conocido solamente como K., lucha para poder acceder a las misteriosas autoridades de un castillo que gobierna una isla al cual K. ha llegado a trabajar como agrimensor, como último recurso, como segundo plato de una comida indigesta.</p>
<p>Esas misteriosas fuerzas, Arriaga y Martín, luchan por conseguir el poder del castillo, tras un falso pacto entre antagonistas. El segundo coloca al K., dado el fallido intento con su primer esbirro L., habitante del castillo, con un problema psicológico, quizás bipolar, donde no llega al año en el cargo. Fruto de su inoperancia y soberbia. Ya le pasó en otra aventura más musical, pero nadie aprendió la lección. Ni siquiera este pobre agrimensor. Aunque se entiende que eso no importa, si se trata de repetir los mismos errores.</p>
<p>Oscura y a ratos surrealista, como la obra de Kafka, este castillo trata sobre la alienación, la burocracia, y la frustración de unos y otros, aparentemente interminable, de los intentos de unos péleles de oponerse a un sistema que no es el suyo, un sistema que no entienden e intentan acomodar a sus amigos y pleitesías. Que les queda grande, que los supera con el agravante de que el anterior agrimensor a K., L., es íntimo amigo suyo y le impone una forma de entender el asunto cultural, sesgado, elitista y sobretodo, el de una persona que usa la venganza, fruto de sus frustraciones como motivo y razón para sobrevivir, y donde siempre necesita de una némesis o enemigo imaginario para poder levantarse de la cama, como motivo.</p>
<p>Esa edificación, encierra la historia del agrimensor K. en su intento imposible de acceder a un castillo cuyos propietarios le han contratado para realizar un trabajo del que ni siquiera sabe su naturaleza. No lo sabe, y es manejado por los intereses bastardos de su predecesor y del resto de los interesados en esta bastarda aventura. A ambos agrimensores les mueve el dinero y el poder. Les importa muy poco cambiar la situación, sólo sus bolsillos y el de sus amigos.</p>
<p>Resulta curioso, que el trato que reciben los campesinos más próximos sea exquisito, mientras que al resto los obliguen a competir mediante un invento llamado subvenciones de concurrencia competitiva. Una doble moral camuflada con sus intentos de mostrarse como individuos éticos. Dando lecciones a diestro y siniestro bajo el signo de la falsedad. Nombrando unos jueces de su cuerda para aparentar una falsa justicia en el reparto de dádivas.</p>
<p>Si tras estas licencias literarias, no son capaces de comprender la historia lo diremos más claro. Se trata de Alejandro Krawietz Rodríguez y su mano negra Leopoldo Santos Elorrieta, que de santo, no tiene nada.</p>
<p>Pobre cultura insular, pobres gentes de la cultura. Este castillo es una ruina. Y no, la pandemia no tiene la culpa. La tienen ellos, que son más letales y para los cuales no hay vacuna que valga&#8221;.</p>
<p>Saludos, saludos y saludos, desde este lado del ordenador</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Nada</title>
		<link>http://www.elescobillon.com/2022/03/nada/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 11:12:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[
Me quedo mirando fijamente la fotografía. La estudio, dedicándole todo el tiempo del mundo porque no deja de asombrarme la imagen. Se trata de un entierro, imagino que de alguien con nombre en aquel tiempo&#8230;
Lo curioso de la instantánea es que ahí está la casa familiar en la que viví hace mucho tiempo, demasiados ya, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/03/general-mola-nº51.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/03/general-mola-nº51-225x300.jpg" alt="" title="general mola nº5" width="225" height="300" class="aligncenter size-medium wp-image-26776" /></a></p>
<p>Me quedo mirando fijamente la fotografía. La estudio, dedicándole todo el tiempo del mundo porque no deja de asombrarme la imagen. Se trata de un entierro, imagino que de alguien con nombre en aquel tiempo&#8230;</p>
<p>Lo curioso de la instantánea es que ahí está la casa familiar en la que viví hace mucho tiempo, demasiados ya, y que los que aparecen en esa ventana del primer piso deben de ser, entre otros, mi madre, que coge entre sus brazos a un bebé que debe ser uno de mis dos hermanos mayores&#8230; </p>
<p>No sé de que año es la foto, ni me interesa, lo que me deja pensativo un rato largo es que cuando se sacó yo no existía. No había venido al mundo. Que en ese momento era nada. Una nada perfecta. Como borrado del mapa que forma el pasado. </p>
<p>Amplio la imagen con la esperanza de ver si reconozco a mi madre y a las otras personas que están asomadas a esa ventana que daba a la consulta de mi padre pero no obtengo recompensa porque, a medida que hago más grande la fotografía, los rostros, las cosas, se desdibujan, se hacen borrosas como fantasmas.</p>
<p>Estoy, digamos, como en un estado de shock, y algo me dice muy adentro que cuando deje este mundo volveré a ser nada. Nada absoluta. Reflexiono entonces que quizá mejor, que quizá sea mejor que no haya ni cielo ni paraíso como se empeñó en meterme en la cabeza el cura que me dio Religión, una asignatura que aprendí a detestar no porque no la entendiera sino por aquel sacerdote que nos animaba a a ir a misa, a su misa, porque se cantaba y él tocaba la guitarra. </p>
<p><em>Santo, santo es el Señor. Dios del universo&#8230;</em></p>
<p><em>Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo&#8230; Danos la paz.</em></p>
<p>No fui nunca a la misa que daba aquel cafre con sotana. Aquel mismo cura que me condenó un día al infierno porque le planteaba preguntas que no sabía responder.</p>
<p>- Padre, ¿podría explicarme porque Jesús dice en los Evangelios que vino a impone la espada y no la&#8230;”</p>
<p>En fin. Quizá eso explique mi temprana afición por la literatura fantástica y de terror. Imaginarme otro mundo lleno de dolor y sufrimiento para irme acostumbrando en vida a la otra vida&#8230; Hasta que me di cuenta, leyendo <em>Juliano, el apóstata</em>, de Gore Vidal, que después de esto lo que hay es NADA.<br />
Mejor así, ¿verdad?</p>
<p>Miro la fotografía y alucino con mi no existencia. Con la idea de que mi familia no supiera entonces que iba a nacer varios años después. No hay escalofríos sino una inmensa tranquilidad. Me da paz comprender que ya entonces todos, absolutamente todos somos polvo, y que en polvo nos convertiremos. </p>
<p>Los dedos de mis manos están cubiertos de cenizas de mis muertos y pronto las mías cubrirán las de los que vienen detrás. </p>
<p>Y me veo, ya adolescente algo solitario, en aquel confesionario de la iglesia del Pilar con aquel cura preguntándome “¿usted se toca?”, y yo tan terriblemente inocente preguntándome a qué demonios se refería aquel tipo. Vaya rato malo pasé. </p>
<p>Tras los <em>padrenuestros</em> y <em>avemarías</em> que me dijo que rezara para salvar mi alma decidí, allí de rodillas y con las manos pegadas, que no volvería a confesarme jamás. </p>
<p>La fotografía, la ventana del piso de ladrillo rojo donde viví con mi familia&#8230; entonces la avenida del general Mola y ahora de las islas Canarias. En esta pequeña capital de provincias que es y sigue siendo Santa Cruz de Tenerife. Frente del mismo teatro Baudet, aquel cine donde vi tanto cine. Muchas películas para mayores de 18 años. Y aquel cine en el que mangué tantos carteles que debo de tener en algún lado. Escondidos, quizás. O ya no me acuerdo con tanta mudanza donde los puse.</p>
<p>Veo la imagen y se me vienen a la cabeza muchas ideas, una de ellas es que ese Santa Cruz de Tenerife que recoge la fotografía no llegué a conocerlo aunque el que recuerdo de mi tierna infancia no tiene nada que ver con el actual. Y no solo porque casi todos los cines ya no existan, ni sus librerías&#8230; ni que la calles ya no estén bautizadas con nombres franquistas. </p>
<p>En mi imaginación aquel Santa Cruz es como el que me muestra la imagen, una capital de provincias en blanco y negro. Aunque más que blanco y negro, de grises.</p>
<p>Y recuerdo, aunque el recuerdo es en color, a ese otro cura recién salido del seminario que un día nos mostró (¿un <em>streaptrease</em>?) que no llevaba una camisa blanca detrás de su camisa negra sino un alzacuellos, aquel pedacito blanco era una cinta que rodeaba su cuello. Lástima que no se estrangulara con él&#8230; eso lo digo ahora que recapitulo con cierto rencor toda aquella miseria humana.</p>
<p>Ese mismo cura recién salido del seminario nos castigó varias semanas después porque la mayoría de la clase no se había estudiado las oraciones del <em>Catecismo.</em> En mi caso, solo me sabía de memoria el Padre nuestro y el Dios te salve María, el resto ni idea. </p>
<p>Reza el Credo&#8230;</p>
<p><em>Creo en Dios todopoderoso</em>&#8230;- dije y me quedé en silencio. El resto de la clase mirándome con ojos de pescado muerto.</p>
<p>- Pues el <em>Por mi culpa</em>.- insistió aquel sacerdote recién salido del seminario.</p>
<p>- Por mi culpa&#8230;- comencé golpeándome el pecho porque era una oración en la que había que golpearse en el pecho pero no me sabía más que el inicio&#8230;</p>
<p>El cura recién salido del seminario dio un grito y le dijo a otro que rezara el <em>Credo</em>, pero tampoco. Ni el otro ni el otro alumno que estaba más allá.</p>
<p>Se puso colorado, rojo como un tomate y nos castigó a toda la clase a que formáramos una fila en el pasillo del colegio como castigo. </p>
<p>Allí, de pie, pasamos el recreo mientras los que entraban y salían del patio nos preguntaban qué habíamos hecho&#8230;</p>
<p>No sabernos las oraciones del C<em>atecismo,</em> le respondíamos la plebe, los castigados, los herniados a los que no nos entraba en la cabeza sentirnos culpable por aquel desconocimiento.</p>
<p>Cuando se acabó el recreo y pudimos entrar en clase el cura nos dijo que dos días después nos iba a preguntar lo mismo, las oraciones esas. </p>
<p>Y espero que se las sepan todas.- dijo. No sé si me miró cuando soltó la amenaza pero digamos que sí ya que soy yo quien escribe esto. </p>
<p>Sí que recuerdo que el pelota de la clase se comprometió, y así lo dijo en público, a aprenderse el <em>Credo</em> de misa y no el del <em>Catecismo</em> que, descubrí, vaya por Dios, que era algo diferente. Vamos, como el Padre nuestro que aprendí de memoria y el que ahora se canta en misa.</p>
<p>Estos recuerdos de infancia se me despiertan en la cabeza al observar la fotografía en la que se ve la ventana de casa de mis padres y unas personas asomadas a la ventana. Quiero creer que la que lleva un bebé en brazos en mi madre pero no lo sé. O no estoy seguro.</p>
<p>Otro pensamiento cruza mi cebero y es cuando murió Franco, y como el profesor, don Rafael, al que recuerdo con los hombros levantados, una vez pasado el luto por la ausencia de aquel militarote, colgó dos carteles en clase: uno con el último discurso del tipo al que ahora quieren quitarle la monumental estatua que tiene en la capital tinerfeña y el primero que pronunció ya como rey (¿o no lo era entonces todavía?) Juan Carlos I. </p>
<p>Sí que recuerdo que cuando el entierro de Franco, mi padre emocionado y feliz porque hubiera muerto aquel viejo casposo se lamentaba de no tener un vídeo para grabar aquel momento: el cadáver del dictador al que iba a ver un montón de personas.</p>
<p>Unos se santiguaban y se inclinaban en señal de respeto y otros imagino que para comprobar in situ que, efectivamente, el dictador había muerto.</p>
<p>Miro la foto, esa vieja fotografía que encuentro en un sitio de fotogarfías antiguas de mi ciudad en FaceBook, y pienso que pienso porque existo. Si no existiera, ¿verdad Descartes?, no pensaría porque no existiría.</p>
<p>Así que nada, nada es lo que fuimos antes de nacer y nada es lo que volveremos a ser cuando ya no estemos. </p>
<p>Nada. </p>
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		<title>Dejad que los locos se acerquen a mi</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Mar 2022 11:11:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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En una entrevista que mantuve hace tiempo con Kiko Amat, presentaba en Tenerife la novela Antes del huracán, explicó que había nacido en un barrio próximo a un psiquiátrico por lo que se había acostumbrado a convivir con sus pacientes, la mayoría con derecho a salir a la calle. Fue un momento interesante. Le recordé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/03/loco.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/03/loco-300x168.jpg" alt="" title="loco" width="300" height="168" class="aligncenter size-medium wp-image-26751" /></a></p>
<p>En una entrevista que mantuve hace tiempo con Kiko Amat, presentaba en Tenerife la novela <em>Antes del huracán</em>, explicó que había nacido en un barrio próximo a un psiquiátrico por lo que se había acostumbrado a convivir con sus pacientes, la mayoría con derecho a salir a la calle. Fue un momento interesante. Le recordé a Amat que aquí en Santa Cruz pasaba algo similar. La capital tinerfeña cuenta con un hospital psiquiátrico y la población ha asimilado como vecinos a los enfermos a los que el centro les abre la puerta de la calle para que den un paseo, transiten por la ciudad y se mezclen como uno más entre una ciudadanía que cada día está perdiendo un poco más la cabeza.</p>
<p>El hecho de que convivamos locos y cuerdos es un grado en una capital de provincias que se empeñó en mirar a la montaña y no al  mar. Creo que también define al carácter de sus habitantes al convertirse en costumbre contemplar a un tipo soltar gritos por la calle como si le fuera la vida en eso mientras cruza a tu lado como si no existieras. </p>
<p>El hecho de que uno reaccione como si nada (más allá está el que se pone a dar saltos como si de un karateka se tratara mientras el gato negro que lleva atado a una correa lo observa sin apenas despeinarse) delata a los que vivimos aquí de los que no. Estos últimos pegan un brinco y se ponen a la defensiva cuando un loco o uno que se hace el loco pasa a su lado. No están acostumbrados a ver gente gritando sin motivo aparente o durmiendo la siesta en la entrada de un garaje abandonado.</p>
<p>El martes pasado, mismamente, me tropecé en el parque Viera y Clavijo &#8211;que es ese entorno que ahora quieren transformar en el Museo Rodin&#8211; con uno de los indigentes que duerme allí a la intemperie en uno de los bancos que miran al pequeño parque infantil tirado en el suelo mientras unos y otros paseantes pasaban a su lado como si nada. </p>
<p>Vale que estamos curados de excentricidades pero ver aquello me preocupó porque el señor estaba literalmente paralizado en el suelo. Me arrodillé a su lado y le pregunté si le pasaba algo. Si tenía que llamar al hospital pero me dijo con una voz bastante gangosa que no. Le pregunté si deseaba que lo sentara en el banco que le sirve de cama y asintió con la cabeza. Le di la mano e intenté la maniobra de que se pusiera en pie pero no hubo manera. Pesaba demasiado. Por fortuna vinieron en mi ayuda una pareja que deberían de estar estudiando enfermería. La más volcada era la chica, que no dejaba de hacerle preguntas al hombre que entre los tres habíamos sentado ya en su sitio, pero por sus ojos uno apreciaba que no se enteraba demasiado de lo que estaban contando.</p>
<p>No sé como quedó la cosa porque me despedí de aquellos samaritanos rumbo a casa. La chica me recordó que no dejara de lavarme las manos cuando llegara a mi destino.</p>
<p>No vi en mi deambular ramblero, con la perra dando saltos detrás, al indigente con las piernas repletas de llagas ni a la señora pelirroja que viste de manera extravagante y que siempre que me ve me despide con “un adiós, señor” no sé si con ganas de que se entere todo el barrio. El caso es que uno les coge cariño y que los echa de menos cuando no me los tropiezo en los largos paseos que doy por esta ciudad en la que cuerdos y locos se confunden. </p>
<p>Si no, ya me dirán qué parece esa chica o ese chico que va hablando solo por la calle, gesticulando con las manos&#8230; hasta que descubres que mantiene una conversación con el manos libres. </p>
<p>Forman parte del paisaje de esta capital chiquitita pero con pretensiones de gran ciudad. De cateto con título universitario que los hay y a montones. Noto en falta, sin embargo, a uno de mis locos. Un tipo que iba con muletas, más o menos aseado y que cuando me veía además de pedirme dinero me llamaba “señor juez” porque debía de recordarle a uno, imagino. Me enteré el otro día que ya no estaba entre nosotros, que se mató accidentalmente cuando se cayó en las escaleras de su casa y el cráneo se le partió en uno de los peldaños.</p>
<p>Ruego a los dioses que no sufriera, que no agonizara mientras esperaba a que algún vecino entrara o saliera a la calle y lo descubriera allí tirado, en medio de un charco de sangre.</p>
<p>Me dio una tristeza infinita porque pese a que no conociera su nombre formaba parte del paisaje de una capital de provincias cada día un poco más sucia, desordenada&#8230; descuidada. </p>
<p>Seguiré escribiendo sobre todos ellos, los locos y los que se creen cuerdos porque si no exploto lo poco que me queda ya de memoria reventaría. Por dentro y por fuera. Me resulta curioso como nadie, o casi nadie, se ha hecho eco de todos ellos en su literatura o su cine claro que, tanto la literatura como el cine viven al margen de la realidad grisácea en la que nos movemos. Transitamos&#8230; Nos cubrimos con una piel que endurece nuestro corazón ante las miserias humanas que desfilan todos los días ante nuestros ojos y hacemos como si no existieran. Como si formaran parte de otro mundo, de otro lugar&#8230; Es una manera de evitar la verdad, que ellos, los que llamamos locos, son nosotros y que nosotros somos ellos.</p>
<p>Llegó a la plaza de la Paz y escucho el alarido del tipo de cabello y barbas blancas como la de un profeta. Ese chillido que suelta no sabe a lamento sino a vómito. Se trata de un ahggg más próximo a la arcada que al grito que uno suelta para liberarse.</p>
<p>Yo creo que lo que quiere decir es que “de ellos es el reino de los cielos” pero quién demonios lo sabe&#8230;</p>
<p>Saludos, aghhhh, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>¡¡¡Arriba Expaña!!!</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Feb 2022 10:27:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Minumento a Franco]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Cruz de Tenerife]]></category>

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Lo mantenía en secreto desde hace unos años pero tras leer el anuncio de que la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Canarias ordena al Ayuntamiento de la capital tinerfeña &#8220;la retirada inmediata&#8221; de los monumentos a Franco y a su santa cruzada de la capital tinerfeña, me atrevo a revelarlo no sin antes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/02/FRANCO.jpeg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/02/FRANCO-300x180.jpg" alt="" title="FRANCO" width="300" height="180" class="aligncenter size-medium wp-image-26659" /></a></p>
<p>Lo mantenía en secreto desde hace unos años pero tras leer el <a href="https://diariodeavisos.elespanol.com/2022/02/los-monumentos-a-franco-y-los-caidos-de-retirada-inmediata/">anuncio</a> de que la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Canarias ordena al Ayuntamiento de la capital tinerfeña &#8220;la retirada inmediata&#8221; de los monumentos a Franco y a su santa cruzada de la capital tinerfeña, me atrevo a revelarlo no sin antes encomendarme a los dioses porque el susto, desde aquel aciago día, me acompaña.</p>
<p>Por motivos de trabajo viajé hace un tiempo a la capital grancanaria, alojándome en la habitación del hotel Madrid en la que descansó el más tarde caudillo de las Españas. En aquellos días, el hotel no había cambiado mucho el aspecto original que tuvo que tener cuando allí recaló el general, luego el suelo, que era de madera, crujía bajo mis pies lo que daba la sensación que podía venirse abajo de un momento a otro. No digo el escándalo que los crujidos de la madera gritaron cuando por la noche me levanté para a ir al baño. En una de éstas, por insólito que parezca, me encontré al mismísimo Francisco Franco sentado en la taza del váter haciendo su necesidades fantasmales.</p>
<p>- Pero si usted es Franco.- exclamé al borde del infarto.</p>
<p>- Y españoles todos.- respondió el espectro haciendo muecas por el esfuerzo.</p>
<p>Los astutos ojos del que fuera generalísimo de los ejércitos rebeldes hizo un arco por todo el cuarto de baño hasta encontrarse con un periódico local doblado en una banqueta. Me pidió que se lo alcanzara pero informé al militar español más famoso del siglo XX que había suficiente papel higiénico para limpiarse los restos de mierda espectral que pudiera tener allí detrás, en el ojo del huracán, en la boca de la alcantarilla humana.</p>
<p>Compuso una sonrisita, y con su característica voz atiplada me comunicó que no lo quería para eso sino para leerlo y ponerse al día.</p>
<p>&#8220;Hace tanto tiempo que no sé nada de este país. Y lo poco de lo que me he enterado es tan, tan terrible que a veces pienso que no se os puede dejar solos, mamonazos- se cabreó mirando al techo.</p>
<p>El caso es que le alcancé el periódico local y el caso es que se detuvo un rato largo repasando las noticias de la portada. Por fin dio un manotazo a la primera plana y me dijo: ¿Pero todavía están con esto?</p>
<p>Me mostró la portada del periódico local donde se anunciaba que el Gobierno de Canarias, a través de su Dirección General de Patrimonio, anunciaba la “retirada inmediata” de los monumentos dedicados a su persona y a lo que representaba su persona en la capital tinerfeña ya que, como cree el viceconsejero de Cultura del Gobierno regional, <a href="https://diariodeavisos.elespanol.com/2022/02/marquez-decir-que-vamos-a-tirar-el-mercado-es-tratar-a-la-gente-de-idiotas/">Juan Márquez Fandiño</a>: &#8220;Empezamos por Santa Cruz porque hay un trabajo muy importante que no se ha hecho hasta ahora, es una ciudad en la que más vestigios encontramos”.</p>
<p>Me encogí de hombros como respuesta. </p>
<p>Franco sacudió la cabeza, así que me atreví a decir:</p>
<p>- Lo curioso es que la orden de retirar esos monumentos llega tarde, como tarde se cambió el nombre de las calles en esta ciudad. Resulta igual de curioso que el Gobierno se acuerde ahora de ordenar que se quite todo recuerdo al pasado franquista de esta Santa Cruz sin informar a la Comisión Técnica de Memoria Histórica del Gobierno de Canarias que, según su presidenta, se enteró de la noticia de &#8220;la retirada inmediata&#8221; por los periódicos locales. Por otro lado, los argumentos del viceconsejero parecen querer resucitar el pleito insular al pretender justificar con este ordeno y mando &#8211;a Franco se le iluminaron los ojos&#8211; comenzar con la capital de la isla que está enfrente y no primero en las dos capitales canarias y después en el resto de las ciudades y pueblos que conforman estas islas tan abandonadas de la mano de&#8230;</p>
<p>- … los dioses.- finalizó Franco poniéndose en pie y limpiándose su culo fantasma con las hojas desprendidas del periódico local. “Alma de cántaro -pensé- si tenía papel higiénico suficiente”. Pero no dije nada aunque pareció que me leía los pensamientos porque hizo una mueca, me miró directamente a los ojos y susurró: “La costumbre. En el ejército y más en el frente ya se sabe, papel que llega a tus manos papel que termina limpiándote el <em>año</em>. </p>
<p>Soltó una carcajadita por el verso improvisado.</p>
<p>- Y ahora, ¿qué?,. Le pregunté.</p>
<p>Franco hizo como que abría el grifo del lavabo al mismo tiempo que tiraba de la cisterna. Se escribe hizo porque sus dedos eran fantasmas, transparentes. </p>
<p>Salimos del cuarto de baño y nos asomamos al balcón, faltaban un par de horas para que amaneciera.</p>
<p>“En fin”, suspiró resignado. </p>
<p>- Y si proponemos que el monumento que despertó la discordia se rehabilite pero de otra forma&#8230; &#8211; me acaricié la barbilla porque es lo que hago cuando le doy al magín.</p>
<p>- A mi, la verdad, y viniendo de donde vengo como que me da igual.- dijo Franco sentándose en la cama mientras rebuscaba en los bolsillo de la guerrera lo que, finalmente, vi que se trataba de una fotografía.</p>
<p>- Pero ¿no cree que dándole color al monumento, al ángel que lo transporta y a quien los representa que va encima, se podría adaptar a estos tiempos y de paso dejar contentos a los que piden que desaparezca como los que defienden que permanezca?</p>
<p>- A mi, la verdad, es que me importa un bledo.- se limpió los labios con una servilleta.- Y a usted, ¿se le ocurre algo a usted?</p>
<p>- Pues déjeme pensarlo un momento&#8230; ¿qué le parece&#8230;?- pero sacudí la cabeza dando por imposible lo que se visualizó dentro de mi cocorota. De pronto, a Franco se le iluminaron los ojos. Comenzó a dar vueltas por la habitación levantando y bajando los brazos mientras canturreaba: España una, grande y libreeee&#8230; Como el viento y&#8230;</p>
<p>No terminó la canción, con los primeros rayos del sol que entraban por la ventana el espectro del caudillo, del jefe de todos los ejércitos rebeldes, desapareció mientras que a mi, asomado al balcón de aquella histórica habitación del hotel Madrid, además de dolerme Canarias (ay) me asaltaban insistentemente los versos que Machado, Antonio, dijo que pertenecían a su Juan de Mairena: </p>
<p>Pensando que no veía / porque Dios no le miraba / dijo Abel cuando moría / se acabó lo que se daba. </p>
<p>Saludos, ¡¡¡arriba Expaña!!!, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>Los arrepentidos</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Feb 2022 10:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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En aquellos días era joven pero no sé si más feliz&#8230; No creo que la felicidad pueda medirse, como no creo que se mida tampoco la tristeza. En aquellos tiempos, de todas formas, sí que era más joven. Y pensaba que me comería Madrid porque, divino sean los santos, estaba enamorado. O pensaba que estaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/02/opera.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2022/02/opera-300x225.jpg" alt="" title="opera" width="300" height="225" class="aligncenter size-medium wp-image-26649" /></a></p>
<p>En aquellos días era joven pero no sé si más feliz&#8230; No creo que la felicidad pueda medirse, como no creo que se mida tampoco la tristeza. En aquellos tiempos, de todas formas, sí que era más joven. Y pensaba que me comería Madrid porque, divino sean los santos, estaba enamorado. O pensaba que estaba enamorado de una compañera de clase con la que iba a todos los lados: cine, paseos, visitas a librerías. Recuerdo ver con ella <em>Bagdad Café</em> que era por aquel entonces una película que todo el mundo tenía que haber visto y que cuando salimos a la calle (¿la pasaban en los Alphaville o era en los Renoir?) nos enteramos de lo que nos enteramos pero nos dio igual porque éramos los dos contra el mundo y no el mundo contra los dos.</p>
<p>Conocí a una de sus hermanas en una cafetería de Ópera, un bar que contaba con varias meses y sillas distribuidas en la calle porque ya estábamos entrando en verano. Sentado los tres, se fue uniendo al grupo otros compañeros de la hermana, hombres y mujeres que nos doblaban la edad y bastante parecidos. Pero no un parecido físico sino sentimental. Si algo me llamó la antención de aquel grupo de ¿amigos? era la profunda pena que llevaban dentro y fuera. Recuerdo, no sé por qué, que en el cine que estaba en la plaza de Ópera permanecía en cartel <em>Blade Runner</em>, el montaje del director. Es un apunte insignificante que no tiene nada que ver con lo que les cuento pero la imagen de Harrison Ford con el arma en la mano y Sean Young al fondo con un cigarrillo y Ruther Hauer mirando a la izquierda con esa mirada de loco que tan bien sabía poner permanecen muy frescas en mi memoria de desmemoriado profesional.</p>
<p>Caía la tarde de verano en Madrid. Es decir, que probablemente serían las 21 horas o más y todavía era de día. Mejor, un atardecer lechoso, pero con luces y las primeras sombras que anunciaban la llegada tardía de la noche.</p>
<p>Entre cañas y vasos de café con leche desparramados por la mesa, me atreví a preguntarle a uno que tenía sentado a mi lado cómo era eso de estar en los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), porque aquellas cinco personas  habían pertenecido a la banda terrorista, lo que incluía a la hermana que había secuestrado mi corazón y mi cabaeza. Los cinco habían formado parte del grupo pero arrepentidos intentaban rehacer sus vidas como podían. </p>
<p>Nadie contestó a mi pregunta, lo que me incitó a seguir planteando otras preguntas y más preguntas a medida que oscurecía. Rematé la batería de cuestiones con ¿llegaron a matar a alguiien?</p>
<p>Era un chaval que no tenía medida. Un periodista en ciernes que se creía con derecho a plantear preguntas, y cuanto más impertinentes mejor&#8230; No hubo respuesta sino un silencio que se podía cortar con el filo de un cuchillo. Poco a poco se fueron levantando de la mesa los arrepentidos. La chica y el chico, ella y yo, nos quedamos sentados en la terraza. Recuerdo que cogí un resfriado, así que me soné la nariz y ahogué un estornudo llevándome el pañuelo a la boca. </p>
<p>Al poco rato se acercó el tipo triste que estaba sentado a mi lado. Nos miró, a ellla y a mi, y dijo: &#8220;Está todo pagado&#8221;, y dando media vuelta nos dejó solos y algo desconcertados a la chica y el chico que para romper el vacío que se había producido entre los dos exclamó: pero qué machangos.</p>
<p>Ella se rió, su risa sabía mecer mi corazón entre sus manos.</p>
<p>- ¿Qué es eso de machango?</p>
<p>¿Un monigote?, pensé. </p>
<p>Pero no dije nada, nos levantamos de la mesa y cogidos del brazo atravesamos aquella plaza, salimos a los jardines y nos enfrentamos al Palacio Real.</p>
<p>Ya era noche en Madrid.</p>
<p>Saludos, ¿y esto?, desde este lado del ordenad</p>
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		<title>Los espectros de mi ciudad</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2021 09:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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Escucho los gritos de un vagabundo que se mueve por la ciudad como un fantasma. Los gritos llegan lejanos y no son como los de Tarzán sino los de un hombre que desahoga su soledad rodeado de semejantes que hacen que no existe. Es un grito que me pone la piel de gallina y me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2021/09/indigente.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2021/09/indigente-300x199.jpg" alt="" title="FP POBREZA01.jpg" width="300" height="199" class="aligncenter size-medium wp-image-26026" /></a></p>
<p>Escucho los gritos de un vagabundo que se mueve por la ciudad como un fantasma. Los gritos llegan lejanos y no son como los de Tarzán sino los de un hombre que desahoga su soledad rodeado de semejantes que hacen que no existe. Es un grito que me pone la piel de gallina y me entristece el día. El otro día lo vi en medio de una calle mientras los coches pasaban a su alrededor sin que nadie le dijera nada. Esa vez no daba gritos sino que levantaban sus brazos y parecía, se me ocurrió, como el viejo Moisés, solo que el indigente intentaba dividir la caravana de automòviles como el viejo Moisés las aguas del Mar Rojo. Pero sin éxito.</p>
<p>No sé cómo acabó la cosa porque los pasos me llevaban a otro destino en una ciudad que vive con cierta congoja su decadencia. Aunque las terrazas y los restaurantes estén hasta arriba de clientes y los camareros no den abasto entre tanto servicio.</p>
<p>Por una esquina de la calle de Salamanca, si paseas por ahí, claro, encontrarás también a otro vagabundo al que se le ha ido la pinza con las piernas literalmente podridas. Purulentas, repletas de llagas que segregan pus. Un espectáculo nada agradable. A veces se queja el pobre y otra parece si no feliz, resignado a su suerte hacia la nada con una botella de plástico repleta hasta arriba de un líquido ambarino que podría ser vino. O no.</p>
<p>En el parque Viera y Clavijo, que como otros espacios y monumentos de mi ciudad se arruina cada día un poco más, me encuentro casi todos los días con dos vagabundos que duermen en unos bancos de metal que dan a la cancha donde los valientes hacen deporte. Sobre todo levantamiento de pesas. Debajo de una de estas camas improvisadas, observo botellas de agua o de un líquido transparente. Me pregunto dónde se refugiarán cuando llueve. Antes se metían en el viejo edificio que fue colegio de las Asuncionistas y más tarde parque Cultural (qué tiempos), pero ahora el Ayuntamiento ha cerrado ventanas y otros accesos con muros de cemento lo que ha hecho que muchos de los pedigüeños busquen refugio en otros espacios, otros lugares de la capital tinerfeña.</p>
<p>Caminando por la calle del Castillo me encuentro a un señor que pide. La gente pasa a su alrededor como si no existiera, por eso escribo lo de fantasmas, y él, a la espera de que alguien deposite en el platito unas monedas, pasa el tiempo leyendo un libro. Una novela de John Connelly para ser exactos.</p>
<p>Igual es que estoy muy sensible pero solo veo a los locos, a los pobres que no tienen donde caerse muerto, por las calles y plazas de mi ciudad. A los parias de la tierra que decía la canción que terminó siendo eso, solo una canción.</p>
<p>En la ciudad en la que vivo un indigente que va con muletas me llama señor juez y en la Avenida de La Salle otro me llama señor a secas para pedirme unas perras. Un idiota, antes que me pregunte a mi, les da unas cuantas pero le advierte que no se las gaste en vino. El pobre asiente pero sus ojos dicen que si en algo se lo va a gastar va a ser, precisamente, en vino. </p>
<p>Por un callejón apartado una señora con acento cubano me dice si le puedo dar unos céntimos de euro porque no tiene qué comer y su marido está en la cárcel. Me pregunto qué me importa a mi conocer que su marido está entre rejas, sobre todo cuando la veo acompañada de un tipo que se dedica a explotar con el pie bolsas de plástico que están diseminadas por el suelo. </p>
<p>La dejo atrás porque la perra tira de la correa, signo de que tiene ganas de llegar a casa. La señora con acento cubano se convierte pronto en una sombra porque la oscuridad se hace más oscura y las farolas apenas iluminan un círculo de luz sobre la acera y parte de la carretera donde transitan los coches.</p>
<p>Estos son solo algunos de los fantasmas que habitan la ciudad en la que vivo. </p>
<p>En una esquina, unos señores para nada emperifollados se quejan de que hay demasiados pobres y locos en las calles y que a los tarumbas deberían de encerrarlos en el psiquiátrico aunque lo llama manicomio. Otro le responde que es inútil porque se escapan. No los van a tener atadosen la cama. No, responde el que pide que los encierren pero sé que lo piensa, basta con mirarle a los ojos. </p>
<p>Santa Cruz de Tenerife agoniza con una lentitud desesperante. Una agonía que devora lentamente el espíritu de una capital de provincias que no era así. Es como si no pudiera afrontar el futuro, y sus habitantes se hubieran vuelto egoístas por mucho que lo nieguen ellos y la propaganda oficial. </p>
<p>El caso es que cada día veo a más sin techo por las calles y plazas de la ciudad. Alguno de ellos alcohólicos crónicos pero otros manteniendo una sobriedad que los convierte en héroes sin fundamento ante mis ojos. Como el tipo de pide mientras lee un libro.</p>
<p>En un acto de inconsciente cinismo, el Ayuntamiento encarga un mural callejero sobre un trompetista que tocaba en la calle del Castillo para sacarse unas monedas. El hombre falleció hace unos meses y ahora un mural recuerda que una vez puso banda sonora a la calle más comercial de la ciudad. Ya podrían haberle hecho el homenaje en vida pero no, mejor cuando está muerto y enterrado&#8230; el trompetista formaba parte del mobiliario urbano de esta capital de provincias en la que vivo, ando, miro rodeado de fantasmas que no son solo los pobres sino también los que todavía tienen dinero para gastar.</p>
<p>Porque el truco está en tener o no tener dinero. En ser aceptado o no. En seguir siendo un ciudadano con pleno derecho a un paria de la tierra, famélica legión que crece todos los días ante la indiferencia de los demás. </p>
<p>No, no recuerdo que mi ciudad tuviera ese carácter que le encuentro ahora. Ese pútrido egoísmo, de caminar con las vista al frente, sin mirar los extremos. A los fantasmas que, ya digo, cada día son más y más. Tantos, que ya hasta me cuesta reconocerlos cuando me los tropiezo por las calles y se dan cuenta que “yo puedo verlos”. El hecho de que los vea es lo que hace que se acerquen y me pidan un céntimo de euro, como dice uno que vende lotería de los discapacitados. O un euro para un bocadillo que suelta otro un poco más allá y por los alrededores de El Corte Inglés.</p>
<p>Son los fantasmas que recorren las calles y plazas de mi ciudad. Son los espectros de una capital de provincias que prefiere mirar a otro lado. No reconocer en todos ellos su fracaso. </p>
<p>Me cruzo con Andrés, un yonqui recuperado, que me asalta literalmente para pedirme unas monedas mientras interrumpe su petición comentándome que tiene sida y que le quedan cuatro <em>padresnuestros.</em> Nos encontramos cerca del edificio que alberga ese chiste que llaman Parlamento de Canarias y veo como entran políticos enchaquetados mientras Andrés me deja a un lado para solicitar a sus graciosas señorías un euro. O un céntimo de euro&#8230; para un bocadillo, para comer, para buscar un sitio donde dormir esta noche porque el albergue está a reventar.</p>
<p>Los fantasmas de mi ciudad. </p>
<p>Saludos, roto, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>Los fantasmas de Santa Cruz de Tenerife</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2021 09:33:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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<p>Debe tener unos treinta largos. Lleva gafas de sol, aunque estemos en la hora mágica, y me pide unas monedas con voz aguardentosa. Me cuenta que es vasco, que salió hace unas semanas de la cárcel y que está tirado en la calle. Se produce un monólogo incómodo, mientras tanto espero a que salga del supermercado la señorita que me ha dejado de paso a su perro, que tira de la correa con la vista fija en las puertas del súper. Kala, en el otro extremo, sentada, observa al vasco que no deja de hablar. Me fijo en el tipo, lleva un desagradable bulto debajo de la oreja. Me cuenta que se trata de un quiste sebáceo y que espera que se lo quiten un día de estos, “cuándo me toque”, en el hospital. Es bastante desagradable esa pelota, casi del tamaño de una de golf, que tiene bajo el lóbulo de la oreja. Eso me hace recordar pero no, prefiero no recordar aquella experiencia. Ocurrió hace ya unos años&#8230; qué año, por cierto.</p>
<p>El perro que no es mío mueve la cola de entusiasmo porque ve cómo sale la señorita a quien estábamos esperando. Kala, para no ser menos, hace lo mismo. Me despido del vasco que pide limosna. De hecho, le dejo unas monedas. Me da gracias reiteradas mientras subo la avenida de Bélgica. Los hechos, si quieres saberlo, pasaron en el súper que se encuentra bajo el antiguo hotel Bruja, así, si en <em>S</em> final. </p>
<p>Digo adiós a mi acompañante y su perro y Kala y yo bajamos por la avenida de las Islas Canarias, que antaño se llamaba del general Mola. Al llegar a la rambla, ahora de Tenerife y hasta hace poco del general Franco, justo donde se encuentra la plaza de la Paz, veo como un hombre que va cogido del brazo de una señora se desloma. Me acerco a él y le preguntó si se encuentra bien. La señora, con voz aguardentosa en un día donde todo son voces aguardentosas, me pide que lo levante, y eso intento. Compruebo que tanto el caballero como la señora llevan una tajada de cuidado, me llega a la nariz el aroma de ron mezclado con el de sudor, Sudor agrio. El caballero gira la cabeza y dirige sus ojos a los míos aunque no me ve. Pregunta entonces con una inocencia de niño “si soy de aquí. De Santa Cruz de Tenerife”. Le respondo que sí y lo siento en uno de los bancos de la rambla. La mujer con voz aguardentosa masculla no sé qué y los dejo con su borrachera. Compruebo que los dos están más o menos bien y camino a casa veo que se han levantado del sitio y que dando eses dirigen sus pasos al kiosco de La Paz.</p>
<p>Cosas así me vienen sucediendo los últimos días. Lo hablaba el otro día con un amigo. Antes, cuando Santa Cruz de Tenerife era más pequeño de lo que es ahora uno se encontraba con pobres y vagabundos de toda la vida. Allí estaba Nacho el gofio y sus perros. Más allá La Heidi y también la señora de gabardina que no se quitaba nunca y que llevaba unas  gafas de sol que ocultaban sus ojos y una larga cabellera blanca, cómo si hubiera teñido al ver el rostro del diablo. El legionario que tenía un gorrito en la cabeza y las piernas delgaditas, como dos palillos de dientes y el negro desquiciado que deambulaba por las calles de la ciudad&#8230;</p>
<p>Ahora no, ahora los indigentes son el triple y vienen de casi todas partes. Lo sé por su forma de hablar. Me tropiezo casi todos los días, en una ciudad donde es normal tropezarte con los tipos que sueltan del psiquiátrico para que tomen el fresco y que van a lo suyo, con un italiano con los tobillos llenos de llagas. Se le han hinchado las piernas y veo a veces al hombre quejándose en cualquier esquina. No debe de haberse bañado hace unos cuantos meses y creo, pero probablemente sean imaginaciones mías, ver una nube de moscas a su alrededor. Alguien me dijo que antes trabajaba de cocinero en una pizzería y que se volvió majara por las drogas. ¿Qué drogas? Ah, eso no supo decírmelo quien me lo dijo pero se descuidó, reitera, por las drogas.</p>
<p>Un poco más allá me encuentro con otro extranjero indigente. Este es un gigante, pelo echado para atrás y pinta de no saber en que sitio se encuentra. Suele hacer sus necesidades en el baño automático que está a dos pasos del kiosco de la Paz y hasta no hace mucho me lo encontraba dormido en cualquiera de los cajeros electrónicos de la Rambla de Pulido. No es conveniente acercarse a él no porque resulte agresivo, que hasta donde sé no lo es, sino por la peste que emana un cuerpo que no conoce el agua. También por la rambla anda ahora un treintañero, o igual es más joven o viejo, vete a saber, que lleva a cuesta un carrito con un gato negro encima. El gato lleva una correa y parece dócil aunque el tipo a veces se pone a gritar. A nadie en concreto, solo grita. Como grita otro que pasea por el Viera y Clavijo,  ese parque en ruinas que se encuentra en pleno corazón de esta descuidada ciudad. </p>
<p>En el Viera y Clavijo se reúnen indigentes para tomar una cerveza y hablar. El otro día, mientras paseaba a Kala, uno tras pegarle un trago a la <em>Solajero </em> que tenía en la mano, comentó que en tal comedor hacen unas lentejas de puta madre solo que ponen muy poco. El resto de los parroquianos coincidió. Efectivamente ponen muy pocas lentejas. Esas mismas que están de puta madre.</p>
<p>La ciudad en la que nací se está llenando de mendigos, Y muchos de estos pobres no lo eran hasta ayer. Lo notas por sus ojos. Parece la mirada de un loco, o de alguien que se pregunta cómo pudo acabar así, tan bajo, abandonado por todos. La familia, los amigos&#8230; Alguien dirá que acabaron así por las drogas, que es el comodín con el que justificamos lo injustificable, y otros que se dejaron ir. Las ocasiones en las que he podido hablar con alguno de ellos, en el parque Viera y Clavijo, ninguno supo decirme cuándo y cómo terminaron en la calle. La memoria del inicio se les ha borrado del cerebro o bien no quieren recordar el momento en el que todo empezó a ir cuesta abajo.</p>
<p>Luego están los habitantes del barranco de Santos, un barranco que me fascina y que no ha sido demasiado explotado en nuestra literatura salvo, que ahora me acuerde, <em>La ciudad tiene otra cara</em>, <em>Historias del barranco de Santos</em> y <em>Carpanel</em>, de <strong>Luis Gálvez Monreal</strong>, <strong>José Domingo</strong> e <strong>Isaac de Vega</strong>. También aparece está cicatriz de roca que atraviesa la capital tinerfeña en<em> Los ojos del puente</em>, de <strong>Javier Hernández Velázquez</strong> y fue ahí, en una de las cuevas en la que moran los que no tienen nada, donde vivió <strong>Antonio Bermejo,</strong> que apenas dejó obra escrita aunque la leyenda lo acompaña por su involución en una ciudad que no le tendió ninguna mano, y que su novela <em>La lluvia no dice nada </em> desapareciera para siempre no sé sabe exactamente el por qué. La leyenda fantasea que porque en la novela aparecía&#8230; Otros que se quemó antes de tomar forma de libro. El caso es que Bermejo, el fetasiano pobre, terminó durmiendo en una cueva del barranco. Consumido en una soledad que, si uno se asoma al abismo, puede llegar a entender. Tanto, que asume que desde uno de los puentes que lo atraviesan, el Zurita, lo escoja la gente para saltar al vacío y desaparecer. </p>
<p>Una vez me encontré a una murchedumbre asomada a la baranda del Zurita y desde las ventanas de los edificios próximos. Todos miraban el cuerpo descolocado de un suicida. No llegue a mirar. No me interesaba ni me interesa pero puedo imaginar la escena.</p>
<p>En fin, paseo con Kala por una ciudad que se empobrece cada día un poquito más. Entre los indigentes hay varias señoras. Una pelirroja y sin los dos dientes delanteros que siempre me saluda, por cierto, y otra que apenas habla porque va todo el día puesta <em>de no sé qué </em>. Forman parte de la particular fauna humana de una capital de provincias que, como decía aquel, muere todos los días en soledad. </p>
<p>Me dan ganas de llorar pero no puedo. No puedo soltar ni una lágrima mientras los que ganan dinero y hacen que trabajan ocupan su tiempo libre en en señalar con el dedo los defectos del otro sin darse cuenta de lo pobre que son. Tan pobres como los pobres que pasan a su lado. Esos pobres que son como los fantasmas sin nombre de Santa Cruz de Tenerife, los parias de la tierra, toda esa gente de la que no se acuerda casi nadie.</p>
<p>Un grito, el melenudo italiano con las piernas hinchadas por las llagas repletas de pus grita.</p>
<p>Otro grito.</p>
<p>Alguien avisa a la policía.</p>
<p>Es un drogadicto.</p>
<p>¿Drogadicto?, no, solo es un pobre.</p>
<p>(*) La imagen está tomada del blog<a href="https://pretextos2009.blogspot.com/2011/"> Pretexto</a>, del fotoperiodista <strong>Cristobal García</strong>. </p>
<p>Saludos, telón, desde este lado del ordenador</p>
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