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	<title>El escobillon &#187; Cine de barrio</title>
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	<description>El blog de la cultura por Eduardo García Rojas</description>
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		<title>¡Basta de que te amarguen la vida!</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 20:05:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>

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¿Dónde me llevas, Julie Andrews?
Tengo películas que no me canso de ver cuando se acercan y también cuando ya estamos en esas fechas marcadas al rojo en los calendarios del que dicen es Mundo Libre. El visionado de esas cintas, que como escribo se han convertido para mi en objeto de culto, me sirve para recuperar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/sound1.jpg" title="sound1.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/sound1.jpg" alt="sound1.jpg" /></a></p>
<p><strong>¿Dónde me llevas, Julie Andrews?</strong></p>
<p>Tengo películas que no me canso de ver cuando se acercan y también cuando ya estamos en esas fechas marcadas al rojo en los calendarios del que dicen es Mundo Libre. El visionado de esas cintas, que como escribo se han convertido para mi en objeto de culto, me sirve para recuperar historias que por alguna razón me hicieron feliz o simplemente me emocionaron.</p>
<p>A su manera entiendo que esta costumbre &#8211;no sé si mala o buena&#8211; me sirve como de válvula de escape y es una forma como otra cualquiera de combatir el aburrimiento apostando por las que sé que me van a gustar siempre. Gusto, como verán, relativamente conservador. El caso es que pese a que me las sé de memoria y saberme escenas y diálogos casi completos, consiguen siempre que me sorprendan.</p>
<p>En esta pequeña lista de películas que yo llamo <em>de comodín</em> y que sólo veo en fiestas, se encuentra el clásico <em>King Kong</em> y <em>Freaks</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Merian_C._Cooper">Merian C. Cooper </a>y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ernest_B._Schoedsack">Ernest B. Schoedsack</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tod_Browning">Tod Browning</a>, respectivamante. Títulos que ocupan los primeros puestos en mi particular lista de la 10 mejores películas de la Historia del Cine. También recupero filmes como <em>Lawrence de Arabia</em> y <em>El puente sobre el río Kwai,</em> ambas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/David_Lean">David Lean.</a> Largos largometrajes que me dejaron atontado cuando aún era un infante que creía en mundos mágicos y de colores. Últimamente, porque desde hace unos diez años han pasado a formar parte de este peculiar registro, la trilogía de los dólares de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sergio_Leone">Sergio Leone</a>, así como sus operísticas <em>Érase una vez en América</em> y <em>Érase una vez en el oeste</em> (o <em>Hasta que llegó su hora</em> para no iniciados). Y cuando estoy triste de verdad porque no hay manera humana que me sume a la algarabía impostada de los Carnavales: <em>Con faldas y a lo loco,</em> <em>El apartamento</em> y, cómo no, <em>Sopa de ganso</em> o <em>Una noche en la ópera</em>, de los <strong>hermanos Marx</strong>. Le estoy muy agradecido a los cabrones de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Billy_Wilder">Billy Wilder,</a> Chico, Harpo y Groucho por hacerme olvidar las frustraciones del universo mundo provinciano en el que me muevo como tiburón sin mandíbula.</p>
<p><strong>¡Azúcaaaaaaar!</strong></p>
<p>Otra de esas películas que me taladra el corazón y que suelo repescar cuando se aproximan fechas navideñas es <em>Sonrisas y lágrimas</em>, un musical familiar no apto para diabéticos dirigido por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Wise">Robert Wise</a>.</p>
<p>Les cuento todo esto porque la noche de ayer, viernes, me la pasé en casa revisando una vez más <em>Sonrisas y lágrimas,</em> un filme que, la verdad, me pone los pelos de punta. ¡A mí!, <em>precisamente</em> ¡a mí! Lo que me hace preguntar ¿por qué? No he encontrado respuesta todavía, luego sigue siendo un misterio que probablemente nunca resolveré.</p>
<p>Confieso ante notario que ayer, mientras veía la película con una nube de lágrimas enturbiando mis ojos, me hacía ésta y otras preguntas mientras intentaba racionalizar por qué disfruto tanto con esta película.</p>
<p><strong>Más calorías, necesito más calorías&#8230;</strong></p>
<p>Y no acierto a comprender, diablos, el porqué. <em>Sonrisas y lágrimas</em> es un musical, un género que pese a tolerar tampoco es santo de mi devoción. Aparecen siete niños bastante cursis, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julie_Andrews">Julie Andrews</a> hace como de <em>Mary Poppins</em> pero con fulgor uterino; el capitán Trapp (interpretado por mi admirado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Christopher_Plummer">Cristopher Plummer</a>) es un maltratador de infantes que se rehabilita gracias a la música mientras que los dos únicos personajes interesantes del filme: la glamorosa baronesa que protagoniza <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eleanor_Parker">Eleanor Parker</a> &#8211;probablemente una de las actrices más emotivamente sexuales de la Historia del Cine&#8211; y el canalla pero simpático tío Max son dos golfos encantadores que dan galantemente un paso atrás cuando se dan cuenta que su ingenio no puede contra ese muro de aplastante e idiota felicidad que encarna tan extraña familia.</p>
<p>No sé si lo saben, pero la famita Trapp existió realmente. Hay una película alemana de los años 50 que ya reproducía sus aventuras. Mucho tiempo antes de que esa excelente pareja de compositores que fueron <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Rodgers">Rodgers</a> and <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Hammerstein_II">Hammerstein</a> escribieran las deliciosas canciones del musical que más tarde podríamos escuchar en todo el mundo gracias a la película. La versión española circuló con las canciones dobladas, circunstancia que siempre me ha hecho preguntar ¿quién fue el ingenioso que escribió la letra española de aquellas estupendas melodías?</p>
<p><strong>¡Otro bienmesabe!, haga usted el favor.</strong></p>
<p>En este mundo de dualismos tengo un amigo que detesta con toda la cordialidad del mundo <em>Sonrisas y lágrimas</em> pero que adora <em>Mary Poppins.</em> A mí por el contrario <em>Mary Poppins</em> me parece bonita pero sin la perfección de un <em>bienmesabe</em> que tiene <em>Sonrisas y lágrimas</em>. Y viendo la película nuevamente, mientras me hacía las dichosas interrogaciones, ya les digo, volvió una vez más a desarmarme.</p>
<p>Esta mañana, hablando con una buena amiga, le expliqué que quizá mi rendida fascinación a <em>Sonrisas y lágrimas</em> se deba a que la película habla además de la familia, la música, ser tontorronamente feliz y el amor como ariete para romper cualquier tipo de intolerancia (en el filme encarnada por los nazis, aquellos que agitaron la bandera con la araña negra), la de ser aceptado. O formar parte de un grupo. Ser reconocido y apreciado por otros. La película está repleta de canciones que animan a esta suerte de unión basada férreamente en la familia sin necesidad de que pertenezcas al mismo clan.</p>
<p><strong>La deliciosa y reivindicable tripa de la felicidad.</strong></p>
<p>No sé si esta es la clave que ando buscando. Sospecho que no, pero su visionado me sirve a modo de catarsis en estos tiempos siniestros que vivimos.</p>
<p>Lo único que tengo claro es que a mí este potente musical me sigue pareciendo una película idónea para calmar al león resentido que llevamos dentro. Alguno me podrá contestar que en todo caso te vuelve más <em>gilipollas</em> y si bien pudiera estar de acuerdo, saben qué les contesto, qué me importa un bledo.</p>
<p>Es más, pensándolo bien me encanta <em>Sonrisas y lágrimas.</em></p>
<p>A paseo pues con lo de buscar razones con las que justificar mis emociones. Si están ahí es para que se queden.</p>
<p>Saludos, reivindicando el azúcar, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>As time goes bye</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 21:55:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
- “¿Sabes?, si vas a guiar a la gente, tienes que tener adónde ir.”
Todos tenemos películas que por una razón u otra supieron sacudirnos. Películas que desde ese entonces te acompañan y que te mostraron sin ironías los fantasmas que se agarran a tu espíritu. Esos espectros empeñados en quedarse contigo hasta el final de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/rumble-fish.jpg" title="rumble-fish.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/rumble-fish.jpg" alt="rumble-fish.jpg" /></a></strong></p>
<p><strong>- “¿Sabes?, si vas a guiar a la gente, tienes que tener adónde ir.”</strong></p>
<p>Todos tenemos películas que por una razón u otra supieron sacudirnos. Películas que desde ese entonces te acompañan y que te mostraron sin ironías los fantasmas que se agarran a tu espíritu. Esos espectros empeñados en quedarse contigo hasta el final de tu existencia. La edad te va liberando de algunos de ellos, es verdad, pero también se te cuelan otros nuevos. Vampiros que te piden permiso con una sonrisa en los labios antes de que los dejes entrar. Y una vez instalados, los miedos más retorcidos se ramifican hasta atontarte un poquito más de lo que estás.</p>
<p>Afortunadamente, les digo, hay películas, conversaciones, libros, pinturas, músicas, tebeos, que por arte de magia te enseñan a combatirlos, a defenderte de sus garras invisibles. No sé a ustedes, pero cuando me refugio en la cómoda y placentera soledad que me he construido si hay algo que le exijo a un cuadro, a una fotografía, a una película, a un libro, a un tebeo o a una canción es que me libere de esos fantasmas caprichosos. O lo que es lo mismo, que contribuya a que sea mejor persona o al menos que sirva para enseñarme a soportarme.</p>
<p><strong>- “Hasta las sociedades más primitivas sienten un respeto innato por los locos.”</strong></p>
<p>Hay una larga lista de películas que me ayudaron a seguir caminando con la mente algo despejada y un corazón si cabe un poco más grande. Entre esas películas se encuentra un título de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Ford_Coppola">Francis Ford Coppola </a>que apenas ha sido reivindicado por los seguidores del maestro. Director de dos obras imprescindibles de la historia del cine como son <em>Apocalypse Now!</em> y la trilogía de <em>El Padrino,</em> Coppola cuenta también con una de esas películas que guardo en mi rincón secreto y que suelo ver cuando intuyo que los espectros de los que hablaba comienzan a conspirar, contaminando mi cabeza con ideas raras.</p>
<p>Esa película es <em>Rumble Fish</em>, títulada delirantemente en nuestro país que es España como <em>El chico de la moto</em>.</p>
<p>Supongo que tuve la suerte de que me pegara tan fuerte porque tenía la edad apropiada. A veces tener la edad apropiada te hace descubrir cosas maravillosas. <em>El guardián entre el centeno</em>, <em>Batman año</em> <em>1</em> o <em>Rumble Fish</em>.</p>
<p><strong>- “Cielos ¿cuánto tiempo me queda?, me quedan 35 veranos, piénsalo: 35 veranos.”</strong></p>
<p>La vi en Madrid en uno de esos cines gigantescos que tenía Madrid antes de que las multisalas se empeñaran en trocearlos. El cine estaba ubicado próximo a la Gran Vía y adornaba su fachada uno de aquellos cartelones dibujados con el cartel de la película. Fui con un grupo de amigos y como me sucede a veces, creo que yo quería ver otra cinta antes que la de Coppola. Miraba con recelo aquella nueva apuesta juvenil del cineasta porque no guardaba buen recuerdo de su <em>Rebeldes</em>, también basada en una novela de la interesante escritora <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Susan_E._Hinton">Susan E. Hinton</a>. Supongo que al final me convencieron a que entrara con ellos porque no me apetecía meterme solo en otro cine. Así que siempre les estaré agradecido a esa gente que se empeñara en que la viera con ellos porque <em>Rumble Fish</em> fue para aquel estudiante de provincias una revelación.</p>
<p>Los ojos abiertos. Devorando la pantalla. Entregado a una historia tan sencilla que por eso se hace compleja y con la extraña sensación de que Coppola estaba contando mi historia a través de otros. Identificándome con un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mickey_Rourke">Mickey Rourke </a>en estado de gracia que ya no quiere ser líder de nada. Asqueado de su pasado y presente, de ser un mito hecho carne para su hermano, interpretado por un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Matt_Dillon">Matt Dillon </a>también en estado de gracia. Me enamoré, como es natural, de la caprichosa novia de <em>Rusty James</em>, una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Diane_Lane">Diana Lane </a>que corroboró una vez más que los caballeros las prefieren rubias aunque se casen con las morenas, y me conmoví con aquel padre borracho con cara de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dennis_Hopper">Dennis Hopper</a>; el camarero filósofo con jeta de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Waits">Tom Waits </a>(cuyo personaje Benny dice: <strong>“El tiempo es una cosa muy curiosa. Un elemento muy curioso. Cuando eres joven, eres un niño, tienes tiempo para todo. Luego pasas un par de años de aquí para allá y no es importante. Pero cuanto más viejo eres, más te preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda?”</strong>) o ese policía canalla con pinta de <a href="http://www.williamsmith.org/">William Smith </a>(el odiado <em>Falconetti </em>de la serie <em>Hombre rico, hombre pobre</em>).</p>
<p>Y el paso del tiempo, loco y veloz, que Coppola plasma con relojes. Relojes que no paran de andar. Y un blanco y negro poderoso que es como debe de ver la vida el daltónico <em>Chico de la moto</em> aunque haya color cuando aparecen los famosos peces de Siam, esos que viven atacándose entre ellos toda su existencia. Incluso a su propio reflejo cuando ya no queda ningún semejante en la pecera.</p>
<p><strong>- “Una percepción aguda puede volverte loco.”</strong></p>
<p>He visto <em>Rumble Fish</em> lo que se dice un montón de veces después. Embriagado por esa banda sonora escrita por el batería de The Police, <a href="http://www.stewartcopeland.net/">Stewart Copeland,</a> y descubro siempre cosas nuevas pese a que me la sepa casi de memoria. Claro que eso pasa siempre con las películas, los tebeos, los cuadros, las canciones, las fotografías que te han marcado al rojo vivo.</p>
<p><strong>- &#8220;Tu hermano no pertenece a este mundo. Nació en la orilla equivocada.&#8221;</strong></p>
<p>La vuelves a ver y sientes que los fantasmas que se agarran desesperadamente a tu cabeza desaparecen como enloquecidos, casi heridos de muerte. Te sientes así mucho mejor cuando llega el <em>The End,</em> y te quedas noqueado viendo los títulos de créditos finales preguntándote una vez más qué grande es el cine.</p>
<p>Qué grandes, demonios, es el cine.</p>
<p>NOTA: Todos los diálogos corresponden, obviamente, a <em>Rumble Fish</em>.</p>
<p>Saludos, mientras el tiempo pasa, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Hazme reír y cántame una canción</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 19:45:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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Resulta curioso como cambia uno con la edad. Cuando era pequeño no me gustaban los macarrones ni el gazpacho, platos que años más tarde se convertirían en indispensables en mi irregular dieta alimenticia. Detestaba, además, el olor de los cigarrillos hasta que un día y en un bar (¿dónde si no?) un amigo me enseñó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/gene1.jpg" title="gene1.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/gene1.jpg" alt="gene1.jpg" /></a></p>
<p>Resulta curioso como cambia uno con la edad. Cuando era pequeño no me gustaban los macarrones ni el gazpacho, platos que años más tarde se convertirían en indispensables en mi irregular dieta alimenticia. Detestaba, además, el olor de los cigarrillos hasta que un día y en un bar (¿dónde si no?) un amigo me enseñó lo fácil que era caer en las redes del vicio tragando, sencillamente, el humo. Me encantaban entonces las películas de la Toho sobre <em>Godzilla</em> y demás familia de monstruos japoneses hasta que un día, llevando ya pantalones largos y mientras veía una de ellas, me pregunté ¿cómo diablos te podía haber gustado eso? Afortunadamente con el paso de los años recobré mi ingenuo ojo infantil, por lo que he vuelto a disfrutar con las andanzas de aquel monstruo verde aplastando película sí película película no a la ciudad de Tokio.</p>
<p>Con los musicales siempre he mantenido una curiosa relación de amor y odio que no se me quita de la cabeza. No recuerdo, sin embargo, que me aburriera viendo las películas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Astaire">Fred Astaire </a>(en mayo pasado se cumplió el 110 aniversario de su nacimiento) y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ginger_Rogers">Ginger Rogers</a>, y más tarde obras redondas del género como <em>Cantando bajo la lluvia</em> o <em>Un americano en París</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stanley_Donen">Stanley Donen</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gene_Kelly">Gene Kelly</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vincente_Minnelli">Vincente Minelli</a>, respectivamente, títulos que ocupan lugar en mi extraña &#8211;por kafkiana&#8211; <em>deuvedeteca.</em> Confieso que eso nunca me pasó con <em>Siete novias para siete hermanos</em>, película que por mucho que insistí en aquellas no tan inolvidables sesiones de cine a las 4, logró lo que parecía imposible, que me quedara dormido. Así que no sé muy bien cómo termina. Hay fragmentos de su celuloide que parpadean en mi memoria, pero por mucho que me esfuerzo no acabo por centrarlo y eso que, probablemente, la tuve que ver más de una vez.</p>
<p>Ahora que al género musical le pasa como al del oeste porque no termina de cuajar en esta <em>postmoderneces</em> que vivimos pese a que se haya colado sin tanta discreción en el corazón de los más jóvenes a través de <em>marcianadas</em> como <em>High School</em> y de tanto en tanto en las de dibujos animados de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walt_Disney">Walt Disney</a>, debo de confesar que uno de los momentos más cargantes como espectador cinematográfico se producía cuando en aquellas tragedias animadas disfrazadas de ingenuo relato infantil por el demoníaco tío Walt los protagonistas se ponían&#8230; a cantar. Lo mismo me ocurría cuando en las comedias de los hermanos Marx, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Harpo_Marx">Harpo </a>o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chico_Marx">Chico </a>descubrían un arpa o un piano y le daban a las cuerdas o a las teclas. Y eso pese a que siendo un niño el mejor que me caía de los tres era Harpo, o el <em>mudito </em>como le llamábamos. Tuvo que pasar un tiempo para que me riera de las salvajes salidas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Groucho_Marx">Groucho,</a> y más pero mucho más tiempo del inclasificable apoyo humorístico que le prestaba su hermano <em>Chico-lini</em>.</p>
<p>Siendo todavía un zagal, y en una de mis primeras salidas al cine solo que es algo así como el recuerdo de tu primer amor, me metí en el Cinema Victoria a ver <em>El mago de Oz</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Victor_Fleming">Victor Fleming </a>y con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Judy_Garland">Judy Garland </a>haciendo de la pequeña Dorothy (¿les suena lo de golpea tus talones juntos y repite las palabras: “Se está mejor en casa que en ningún sitio”?).</p>
<p>Allí estaba en aquel cine que parecía un garaje (de hecho terminó convirtiéndose en eso: un garaje) cuando se apagan las luces. Y entonces siento como la rabia reprimida sube por el estómago hasta mi boca cuando descubro que la película es… es… es ¡¡¡¡en blanco y negro!!!! Y ver una película en aquellos días donde la tele sólo te ofrecía blanco y negro sonaba a estafa cuando te metías en un cine porque ahí sí que se exhibía en poderosos y cinematográficos colores. Claro que más tarde me di cuenta de lo contrario, el día en que la tele sólo era en colores relegando el blanco y negro “al cine antiguo”.</p>
<p>Pero en fin, que se me pongan en situación. Ahí está el crío que ha salido por primera vez solo al cine, expulsando humo por la cabeza mientras resignado devora la clásica historia de la pobre Dorothy y su perrito Totó a los que arrastra un tornado hasta el mundo de Oz y ¡oh, sorpresa! aquel universo recreado en estudio es a todo COLOR.</p>
<p>A partir de ese día <em>El mago de Oz</em> es en uno de mis títulos de cabecera. Y eso que se trataba de un&#8230; musical. Pero tenía de todo un poco: un hombre de paja, un león y otro de hojalata; una bruja más fea que el Picio y el inquietante OZ que resulta que es… No, no voy a revelarles el secreto si no han visto la película. Eso sí,  que conste que desde entonces <em>Over the raimbow</em> se ha convertido en uno de mis himnos particulares. Canción que no me canso de tararear. Pase lo que pase. Me aplasten o no me aplasten. Sé mientras la tarareo que en algún lugar encontraré el camino de las baldosas amarillas&#8230;</p>
<p>Les contaba todo esto porque en esta rara relación que mantengo con los musicales norteamericanos, cuando antaño me aterraba que tras una conversación el chico y la chica protagonista se pusieran a cantar como si nada, con el paso del tiempo ese efecto es el que últimamente me cautiva más en estas películas.</p>
<p>Me imagino así paseando por las calles de la polvorienta Santa Cruz y subiéndome a los bancos de la rambla, viajando en el tranvía o recorriendo la avenida de Anaga o atravesando el Mercado cantando como un descocido. Y que la gente se pone a cantar conmigo.</p>
<p>No negarán que tiene algo de fantástico y si lo piensan casi de ciencia ficción. Lo escribo por lo de una presunta invasión extraterrestre que lanza un rayo sobre nuestro planeta para que dejemos por unos instantes de pensar en nosotros mismos entregándonos al mágico y placentero disfrute de cantar. Aunque sea mal.</p>
<p>La realidad, obviamente, no permite estas grandezas. Aunque para estimular la producción en algunas empresas están obligando últimamente a sus trabajadores a bailar mientras el público pasea por sus instalaciones. Pero no es lo mismo. No parece verdad porque es un baile impuesto. Otra manera que tienen los empresarios de humillar a sus obreros: “haced el ganso por cuatro euros porque si no: a la puta calle”. Todo lo contrario de un musical donde el chico es capaz de cantar bajo la lluvia porque está tontamente enamorado.</p>
<p>En fin, en estas idioteces es en las que piensa uno para no echarse a llorar todos los días.</p>
<p>Saludos, a lo supercalifrístico espialidoso, desde este lado del ordenador.      </p>
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		<title>Todo fluye, nada permanece</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 19:54:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
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Quiero que lo vean. Ahí está ese adolescente que se ha quemado la cabeza leyendas cuentos y novelas de terror. Hace un tiempo descubrió a Lovecraft, y tiene sueños en los que reproduce sus extrañas e inquietantes arquitecturas de mundos remotos. Suele despertarse cuando en estos sueños se aproxima a una de esas edificaciones irregulares y escucha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/exorcista.jpg" title="exorcista.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/exorcista.jpg" alt="exorcista.jpg" /></a></p>
<p>Quiero que lo vean. Ahí está ese adolescente que se ha quemado la cabeza leyendas cuentos y novelas de terror. Hace un tiempo descubrió a <a href="http://www.hplovecraft.es/">Lovecraft</a>, y tiene sueños en los que reproduce sus extrañas e inquietantes arquitecturas de mundos remotos. Suele despertarse cuando en estos sueños se aproxima a una de esas edificaciones irregulares y escucha el grito atronador y aterrador de una voz imposible. Quizá sea el de una de las deidades primordiales que creó el reservado escritor de Providence, Rhode Island.</p>
<p>Esos sueños, que no pesadillas, le hace pensar que quizá fue eso precisamente lo que ha hecho que las historias del señor Howard Phililps tengan tan mala suerte en el cine. Salvo cuando se le mira con estudiado sentido del humor.</p>
<p>Estamos a finales de los 70. Una buena época para el cine que llegaba a las salas de esta provincia. Y digo lo de cine que llegaba a las salas de esta provincia porque, como pasa también ahora, el 99 por ciento que se estrenaba y estrena era y es norteamericano y no de arte y ensayo (la verdad es que siempre me pareció bastante cursi eso de arte y ensayo, deben ser manías). De todas formas, qué cine diabólico, qué cine mayúsculo… <em>Taxi Driver</em>, <em>Apocalypse now!</em> y mucho me temo que también <em>El exorcista</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_Friedkin">William Friedkin</a>, un cineasta cuya filmografía está repleta de títulos que han sabido tocarme.  Les invito a ver o a que vuelvan a ver <em>French Conection</em>, <em>A la caza</em> (su mejor película, probablemente); <em>Los chicos del barrio</em> e incluso su excesiva <em>Vivir y morir en Los Ángeles</em>. No les recomiendo lo que ha hecho después. En este saco de pequeñas y atractivas obras imperfectas meto también <em>El exorcista</em>, basada en la novela del mismo título de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_Peter_Blatty">William Peter Blatty</a>.</p>
<p>Como no tiene la edad, ese chiquillo que aprendió a no tener pesadillas gracias a Lovecraft consigue ver <em>El exorcista</em> en uno de aquellos cines de barrio que pululaban por esta ciudad de muertos andantes que fue y sigue siendo Santa Cruz de Tenerife. Así que se lanza él solito a la piscina entrando en el mítico cine Delta, ubicado en el barrio de La Salud.</p>
<p>Se apagan las luces y la luz del proyector perfora la pantalla.</p>
<p>Cuando termina la película sale del Delta lo que se dice literalmente <em>a-co-jo-na-do.</em> Y eso que ha visto una copia penosa, con rayas y cortada por la inevitable censura de aquellos años. Pero aún con esas no deja de mirar para atrás, con la piel de gallina. Al abrir la puerta de su casa y encender la luz ¡mala suerte! porque deben de haberse fundido los plomos, así que tiene que subir a oscuras, en tinieblas, las escaleras. Y a medida que avanza peldaño a peldaño le parece ver en las sombras el rostro mutilado de Regan, y oye voces cavernosas.</p>
<p>Duerme.</p>
<p>Pero no tiene pesadillas.</p>
<p>Pasa el tiempo, cambian los amigos y cambian algunas aficiones. Un día, hablando con un colega sobre <em>El exorcista</em> llegan a la misma conclusión de que parte de su éxito se debe a que por una vez el mal en el cine tiene nombre pero no apellidos. Es el diablo a secas. Todo aquello que encarna lo peor de nosotros mismos.</p>
<p>Años 90, en la cartelera se anuncia que llega por fin a la gran pantalla <em>El exorcista</em> según el montaje del director, esa moda que hubo y habrá por añadir secuencias descartadas y pretender (sin conseguirlo la mayor parte de las veces) mejorar el material original. Queda con el amigo y esa misma tarde asisten al estreno.</p>
<p>Mucho jovencito, flota en el aire un ambiente de tibio nerviosismo. “No saben la que les espera” piensa aquel que leía a <em>Ech Pi El</em>.</p>
<p>Se apagan las luces. Suena la famosa melodía nerviosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mike_Oldfield">Mike Oldfield </a>y comienza la película.</p>
<p>“Oh, oh, oh” se dice el chico, “aquí hay algo que no funciona…” La<em> pibada</em> se descojona de la risa. Más de un gracioso imita la voz con serios problemas de ronquera  de la niña poseída. Cuando Regan vomita aquella pasta verde las carcajadas resuenan por toda la sala.</p>
<p>Le da un codazo al amigo. ¿Pero qué pasa, no les da miedo? No, no les da miedo. Y al final termina uniéndose a la procesión de carcajadas que invade la sala. Es como si su cerebro hubiera drenado aquella oscura experiencia de adolescente.</p>
<p>Desde entonces, no ha vuelto a ver <em>El exorcista</em> aunque confiesa que hace unos días tuvo la tentación de volver a revisarla en la soledad de su casa. No lo hizo. Pero ¿saben por qué? Sintió miedo precisamente de descojonarse con la niña poseída. Y eso le hizo pensar (porque últimamente reflexiona en cosas tan idiotas como ésta) si al final va ser verdad aquello de que la existencia del diablo radica en que nadie cree en su existencia.<br />
   <br />
Saludos, pensando si va a tener razón <em>La semilla del diablo</em>, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Las aventuras de &#8216;Flesh Gordon&#8217; en el planeta Porno, no confundir con Mongo</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2009 16:59:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estoy frente al espejo, dibujándome la sombra de un bigote con el lápiz de cejas de mi madre. La memoria me dice que debo de estar a finales de los 70. Observo como ha quedado esa farsa pintada debajo de la nariz, y creo que puede dar el pego. Salgo corriendo del baño, y sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy frente al espejo, dibujándome la sombra de un bigote con el lápiz de cejas de mi madre. La memoria me dice que debo de estar a finales de los 70. Observo como ha quedado esa farsa pintada debajo de la nariz, y creo que puede dar el pego. Salgo corriendo del baño, y sin despedirme de la familia corro al Cinema Victoria, donde de puntillas adquiero una localidad. Hay poca gente, debe de ser un día de entre semana, así que me acerco con el corazón palpitante a la entrada, donde el portero, cuando me ve, suelta una sonora carcajada. Ni falta le hace pedirme el carnet de identidad para comprobar si tengo los 18 años de rigor. Me señala la taquilla para que me devuelvan el dinero que he pagado. Frustrado, y mientras regreso a casa, me quito la ridícula sombra del bigote con el pañuelo, humedecido de saliva.</p>
<p>¿De qué película se trataba, de entre las muchas a las que no me dejaron entrar cuando todavía era oficialmente un menor de edad? Pues de<em> La batalla de Árgel,</em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gillo_Pontecorvo">Guillo Pontecorvo</a>.</p>
<p>Otro día, o quizá fue antes, ya no me acuerdo. Me llama uno de esos amigos a los que después por los avatares de la vida dejas de tener noticia, para anunciarme por teléfono que han estrenado en el Cinema Victoria (ay, mi Cinema Victoria, que deliciosamente desgraciado me hacías por aquellos años) <a href="http://www.imdb.com/title/tt0068595/">Flesh Gordon</a>. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Flash_Gordon">Flash Gordon </a>querrás decir, le corrijo. “No, no, en el periódico pone <em>Flesh Gordon</em>”.</p>
<p>Y me pregunta si quiero ir con los amigos del barrio. E inocente le digo que sí. No sabía entonces que era otra película no apta para menores de 18 años.</p>
<p>Quedamos a la puerta del cine, que como recordarán los más veteranos estaba situado debajo del Teatro Baudet y al lado de esa fábrica abandonada de tabaco que ahora quieren transformar en Museo del Carnaval. Y me sorprendo, porque allí están casi todos los amigos del barrio. Un ejército. Nos dirigimos a la taquilla y me pongo nervioso porque pienso que no me van a dejar entrar. Tengo pinta de chaval, aunque hace tiempo que ya no llevo pantalones cortos. Aquellos pantalones cortos de color marrón que tanto marcaron mi infancia.</p>
<p>“No te preocupes”, me dice el amigo. “Que los más jóvenes nos metemos entre los más viejos”. Así que como una jauría de perros entusiasmados, todos moviendo la cola, nos dirigimos a la entrada, casi arrollando al amenazante portero que sólo puede cortar las entradas y dejarnos pasar.</p>
<p>Ahhh qué felicidad. Acabo de burlar al sistema.</p>
<p>Somos tantos, que todavía recuerdo que ocupamos una fila de butacas entera del viejo Cinema Victoria.</p>
<p>“Voy a ver <em>Flash Gordon</em>”, mi viejo héroe de los cómics Burulán, aquellos a todo color que mi tío me regaló antes de tirarlos a la basura y que todavía conservo como oro en paño en la biblioteca de casa.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/08/flesh.jpg" title="flesh.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/08/flesh.jpg" alt="flesh.jpg" /></a></p>
<p>Y empieza la película.</p>
<p>Y oh frustración, aquello no es <em>Flash Gordon</em>. Sino <em>Flesh Gordon</em>. Un <em>blandiporno </em>de los 70 que para mis alucinados ojos adolescentes me descubre repentinamente un mundo mágico y de colores. Obviamente, la frustración inicial se reblandece hasta desaparecer.</p>
<p>Años más tarde conseguí la película en una vieja copia de VHS, y con el nerviosismo de rememorar uno de los momentos digamos más luminosos de mi vida como espectador cinematográfico, no me pareció tan espectacular el filme. De hecho, fue una de tantas películas que una vez revisitada con ojos adultos contribuyó a que mirara de reojo todas aquellas cintas que me hicieron feliz mi niñez y adolescencia.</p>
<p>No obstante, <em>Flesh Gordon</em> es una simpática y subterránea parodia del viejo <em>Flash Gordon</em>, realizada con un insólito respeto hacia ese icono de los tebeos de ciencia ficción. Contaba con efectos especiales, cierto diseño, y una historia deliciosamente tonta. El planeta Mongo es ahora el planeta Porno, que en su trayectoria amenazante al viejo planeta Tierra envía unos rayos con los que pretende acabar con nuestra civilización desatando entre todos nosotros una ola de sexo desenfrenado. <em>Flesh</em> recala con la que será su novia (Dale Arden fagocitada en esta versión en Dale Ardor) y el viejo doctor Jerkoff (Zarkov en los tebeos) en la superfie de Porno para poner fin al ataque de los rayos ninfamaníacos. Y allí se tropiezan con el príncipe Balin, una loca vestida como Robin de los Bosques, que en los cómics era el muy masculino príncipe Barín; y la reina Frigia que deja de ser Frigia cuando cae en los brazos de Flesh, en su lucha contra el diabólico Wang el Pervertido (Ming en los colorines), que no es otra cosa que un cachondo mental con pinta de oriental.</p>
<p>La película se ha convertido en uno de esos títulos de culto que alimentamos los chavales que la vimos en circunstancias tan especiales y aventureras. De hecho, fue tal su éxito que se rodó una <a href="http://www.imdb.com/title/tt0097365/">segunda parte </a>que nunca vi, salvo fragmentos aislados en <em>You Tube</em>.</p>
<p>¿Que por qué me acuerdo de aquella experiencia? Sencillo, como ya dejé escrito en otra parte y ocasión, ir al cine entonces era toda una experiencia para un chaval con la cabeza puesta en otras cosas, y más en aquellos años que mi memoria recuerda ahora con alarmante color sepia.</p>
<p>En fin, eso era todo.</p>
<p>Saludos mascando fragmentos de nostalgia desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Eso sí era trabajar en favor del mundo libre&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 18:46:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si hay un subgénero que me deja cautivo y desarmado hasta nuevo aviso es el de todas aquellas películas que brotaron como setas a la sombra del éxito de las películas de James Bond. Sin contar las innumerables y también descacharrantes versiones hispano italianas (con agentes enmascarados del tipo Superargo o Goldface, con Espartaco Santoni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay un subgénero que me deja cautivo y desarmado hasta nuevo aviso es el de todas aquellas películas que brotaron como setas a la sombra del éxito de las películas de <a href="http://www.archivo007.com/">James Bond</a>. Sin contar las innumerables y también descacharrantes versiones hispano italianas (con agentes enmascarados del tipo <a href="http://gabinetedroctopo.blogspot.com/2007/07/el-top-de-la-caspa-superargo-contra.html">Superargo</a> o <a href="http://www.cinefania.com/movie.php/52407/">Goldface</a>, con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espartaco_Santoni">Espartaco Santoni </a>interpretando al héroe de estar por casa) si hay novelas y filmes que colecciono con hilarante espíritu <em>camp</em> son las producciones británicas y norteamericanas que realizaron también su versión de <em>Bond </em>sólo que con un acento descaradamente cómico y, si me apuran, ridículamente machista.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/flint.jpg" title="flint.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/flint.jpg" alt="flint.jpg" /></a></p>
<p>Este comentario vienen a colación, no obstante, acerca de la nueva edición de las películas protagonizadas por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Coburn">James Coburn</a> como<a href="http://www.archivo007.com/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=286&amp;Itemid=361"> Flint</a> (<em>Flint, agente secreto</em> y <em>F de Flint</em>), así como del visionado reciente que he disfrutado de <em>El cerebro de un billón de dólares</em> de la serie <a href="http://curiosoperocine.blogspot.com/2008/07/harry-palmer-la-cara-b-de-007.html">Harry Palmer</a> protagonizada con refinado espíritu burlón por el casi siempre giganteco <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Caine">Michael Caine</a>. No puedo dejar en el olvido la revelación que para este que les escribe significó descubrir las aventuras cinematográficas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Matt_Helm,_agente_muy_especial">Matt Helm,</a> peculiar agente secreto interpretado con un más que deportivo sentido del humor por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dean_Martin">Dean Martin</a>.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/palmer.jpg" title="palmer.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/palmer.jpg" alt="palmer.jpg" /></a></p>
<p>Las novelas de estos tres personajes, salvo las de <em>Harry Palmer</em> escritas por el siempre potente <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Len_Deighton">Len Deighton</a>, no le hacen justicia a sus bastardos cinematográficos, que más que cintas de espionaje turístico del tipo <em>Bond</em> preferían decantarse más por la comedia y una irriverencia hacias sus jefes realmente explosiva. Lo más curioso de todas estas películas es que probablemente por su espíritu cafre y pop, resulten tan deliciosamente transgresoras en estos tiempos de facismo dulce que vivimos. Si algo caracteriza a <em>Flint</em>, <em>Helm</em> y <em>Palmer</em> en contra de <em>Bond </em>es que si bien son igual de individualistas y arrogantes, parece que para nada trabajan a gusto al servicio de sus respectivos países. Casi parace que lo hacen porque les permiten mantener el acelerado tren de lujo que llevan así como practicar elaboradas posiciones gimnásticas con todas aquellas mujeres que caen rendidas ante sus encantos. Lo de menos en estas cintas es la historia, ni los malos, demasiado torpes, sino la plasmación en pantalla grande de todas las fantasías del castigado oficinista que llevamos dentro.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/helm.jpg" title="helm.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/helm.jpg" alt="helm.jpg" /></a></p>
<p>Por este mensaje diabólicamente rompedor en estos tiempos tontorronamente correctos que vivimos, me atrevo a escribir que por eso, precisamente, son tan necesarias para calmar las insatisfacciones de los nuevos esclavos que somos casi todos. Pura y delirante fantasía, atrevidas, rompedoras, deliciosamente entretenidas con héroes de cartón que me paracen un millón de veces más interesante que la nueva hornada de papanatas que se rompen los cascos en el actual cine norteamericano (sí, me refiero en especial al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bruce_Willis">Bruce Willis</a> de <em>las junglas de cristal</em>). <em>Flint</em>, <em>Helm</em> y P<em>almer</em> tenían estilo y espíritu<em> cool</em>. Ese puntito chachi canalla que sin hacer sombra a <em>007</em>, no queda mal señalar que bien podría emparejarlos en igualdad de condiciones con la feliz creación de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ian_Fleming">Ian Fleming</a>.</p>
<p>En fin, eso era todo. ¡Buena semana!</p>
<p>Saludos con <em>F </em>de <em>Flint</em>, <em>H</em> de <em>Helm </em>y <em>P </em>de <em>Palmer</em> a este lado del ordenador.</p>
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		<title>Yo aún recuerdo aquellos viejos tiempos&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Feb 2009 17:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine de allá]]></category>
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Esta película no la vi en un cine de barrio sino con mi padre, hace ya unos años, en nuestro añorado cine Víctor. Eran tiempos aquellos en los que todavía paraban en la puerta a un menor de edad si la película estaba catalogada para mayores de 18 años, pero ir con tu padre era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/the_long_riders.jpg" title="the_long_riders.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/the_long_riders.jpg" alt="the_long_riders.jpg" /></a></p>
<p>Esta película no la vi en un cine de barrio sino con mi padre, hace ya unos años, en nuestro añorado cine Víctor. Eran tiempos aquellos en los que todavía paraban en la puerta a un menor de edad si la película estaba catalogada para mayores de 18 años, pero ir con tu padre era una señal de que podías entrar a ver lo que quisieras. Ahora bien, deben de saber todos los nacidos y criados en esta capital de provincia que si había porteros con malas pulgas esperando en la puerta de un cine eso eran los del Víctor, así que cuando mi padre y yo nos disponíamos a entrar, aquel inolvidable <em>madelman </em>uniformado que hacia de cancerbero le dijo que yo no entraba. Que si no tenía 18 años no entraba. Todavía recuerdo el cabrero monumental que le montó a aquel pobre hombre mi santo padre, que no era persona dada a mostrar públicamente sus nervios salvo cuando le tocaban lo que se dice las pelotas. Yo no sé, pero al final entré a ver <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ry_Cooder">Forajidos de leyenda</a></em> y de paso a ver a mi padre como lo que realmente fue toda su vida: una leyenda. Al menos para éste que les escribe, y seguro que para todos mis hermanos. A él le debemos nuestro gusto por los libros y que pronto naciera en nosotros una afición temprana por el cine.</p>
<p>Pero no quería hablarles de pedazos de mi vida, esas secuencias que todavía guardo a todo color en mi memoria, sino de la película de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walter_Hill">Walter Hill,</a> un <em>western</em> tardío que no me canso de recuperar porque soy de esos a los que gusta de tararear el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Dixie_(song)">Dixie,</a> canción que como sabe mucha gente se convirtió en algo así como el himno de los estados secesionistas.</p>
<p>Ya lo he escrito en algún sitio y en este mismo <em>blog</em>. Siento cierta debilidad por la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Secesi%C3%B3n">Guerra de Secesión de los Estados Unidos</a>. Debilidad que comparto con uno de mis hermanos, que es una enciclopedia viviente en el asunto y con el que uno se puede pasar el día escuchándole los avatares de un conflicto que resulta tan lejano para un país como España, que desde siempre ha prestado poco interés por conocer las cicatrices que marcan al mapa de Norteamérica. Es necesario dejar claro, no obstante, que esta especie de fascinación no está marcada por el motivo que más tarde monopolizó el enfrentamiento entre los estados del Norte y los del Sur de esa parte del continente, como fue la esclavitud, sino la lucha entre dos formas de vida. La América rural y hasta cierto punto conservadora, con la capitalista e industrial, esa que encarna el ideal de progreso que es otra de las virtudes que los <em>tripas azules</em> (los yanquis) han sabido venderle al mundo desde entonces.</p>
<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/long-riders.jpg" title="long-riders.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/long-riders.jpg" alt="long-riders.jpg" /></a></p>
<p><em>Forajidos de leyenda</em> tiene un poco de todo esto; y si bien se trata de un largometraje que transcurre años después de finalizada la guerra, sí que plantea el daño que hicieron las heridas que dejó abiertas ese conflicto en el estado Missouri, tierra que vio nacer a <em>forajidos de leyenda</em> como los hermanos James (mitos en un país tan necesitado de mitos aunque se trate de bandoleros y en ocasiones asesinos a sangre fría) y los Younger, entre otros. El filme de Walter Hill, un excelente cineasta y un igual de excelente guionista, retrata la vida de estos dos clanes unidos por la necesidad de los tiempos, y con manierismo <em>peckimpaniano</em>, es un vehículo épico al servicio de unos tiempos que se fueron pero que forjaron a ese país en el gigante que es hoy día.</p>
<p>El filme de Hill cuenta además con un reparto excepcional, siendo todos los roles familiares interpretados por actores que son hermanos en la vida real como <strong>Stacey </strong>y <strong>James Keach</strong>, que interpretan a unos antipáticos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jesse_James">Frank y Jesse James</a>, respectivamente; y <strong>John</strong>, <strong>Keith </strong>y <strong>David Carradine</strong>, como los miembros de la familia <a href="http://libertyvalance-elviskenpo.blogspot.com/2008/06/jesse-james-de-rebelde-forajido.html">Younger.</a></p>
<p>Es probable que el paso del tiempo le haya restado algo de fuerza a esta película, no obstante, pero para este que les escribe sigue siendo uno de los mejores títulos en la irregular carrera de su director. La banda sonora es otro de los atractivos de la cinta, firmada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ry_Cooder">Ry Cooder,</a> quien arregla canciones de aquellos tiempos que se te quedan clavadas como puñales en tu corazón rebelde.</p>
<p>Cuando salimos del cine mi padre y yo coincidimos, antes de meternos en el Imperial a tomarnos un café con leche y uno de los clásicos bocadillos de pollo, que la película era una maravilla. Y en ese aspecto, les aseguro que mi padre nunca se equivocó.</p>
<p>Hacen mal si no han visto la película. Eso sí, si es usted (él o ella) uno de esos espectadores que detesta el género cinematográfico por excelencia que es el <em>western,</em> esta no es, obviamente, su película.</p>
<p>Saludos algo rebeldes a este lado del ordenador.</p>
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		<title>Déjalo estar, Cristóbal, déjalo estar&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jan 2009 13:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>

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		<description><![CDATA[La verdad es que resulta penoso insistir sobre lo mismo, pero molesta que el coordinador general de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife, nuestro querido amigo Cristóbal de la Rosa, continúe defiendo lo indefendible: el abandono de la gestión del cine Víctor por una cuestión de dinero, de ahorro a los ciudadanos. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La verdad es que resulta penoso insistir sobre lo mismo, pero molesta que el coordinador general de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife, nuestro querido amigo<strong> Cristóbal de la Rosa</strong>, continúe defiendo lo indefendible: el abandono de la gestión del cine Víctor por una cuestión de dinero, de ahorro a los ciudadanos. En mi tierra, que supongo que es la misma que la de Cristóbal, a eso lo llamamos demagogia. Igual que llamamos demagogia que utilice un medio de comunicación para vocear lo indefendible. Medio que ha puesto en boca del arquitecto e historiador de cine <a href="http://www.diariodeavisos.com/diariodeavisos/content/247408/">Jorge Gorostiza</a>, unas reflexiones que son simple y llanamente mentira. Curiosamente, no hemos visto todavía en ese periódico una nota que aclare y rectifique este atentado a la libertad de expresión por lo que tiene de manipulación informativa, aunque la cosa está firmada con pseudónimo que es un recurso, como todo el mundo sabe, que suelen emplear mentirosos y cobardes.</p>
<p>Pero hablaba de Cristóbal y su cansino discurso de soy inocente aunque las evidencias demuestren lo contrario (dejé morir al Víctor porque resultaba caro). Primero porque además del argumento del ahorro no se le ha ocurrido mejor cosa que la de atacar a los que estamos en contra de su lamentable decisión de carecer, precisamente, de argumentos (¿?); al tiempo que no se corta (hoy mismo, en unas desafortunadas declaraciones en Radio Isla) de afirmar que se ha escrito poco en torno a este asunto, lo que demuestra que el amigo de Súper Coco y Epi y Blas lee poco periódico. Al menos poco periódico local, y es que a veces pecamos por ignorantes. Y este ha sido el caso.</p>
<p>Es de justicia reconocer que el bueno de Cristóbal (<em>il divo</em>) no lo está pasando bien, pero también es de justicia que entienda que su decisión fue equivocada. Ahora intenta quitar hierro a su metida de pata abogando porque la empresa privada y pública asuma la gestión de la sala (y al parecer existe una seria posibilidad de que sea así), lo que me hace preguntarle a los asesores de Cristóbal porque diablos no le recomendaron que anunciara esta posibilidad días antes de que informara que el Cabildo abandonaba la gestión del Víctor por aquello de ahorrarle cien mil euros a los contribuyentes… (ayyy si habláramos de los excesos de tan noble institución).</p>
<p>Este ha sido tu problema Cristóbal. No haber sabido responder a la crisis, obviar a los que no tenías que obviar y olvidar tu pasado militante… quién te ha visto y quién te ve. Lo que no tolero desde esta atalaya en la que se ha convertido <em>El escobillón </em>es que pretendas confundirnos, descalifiques opiniones muy bien escritas donde se defienden argumentos de verdad, y que confundas a tirios con troyanos. Es decir, que si bien el Cabildo se ha portado exhibiendo cine independiente, programación que afortunadamente continúa en el TEA, cuando habla de su respaldo a los cortometrajistas canarios tengo que recordarle que el grueso de ese apoyo lo brinda el Gobierno de Canarias. Gobierno que lo tendrá difícil para proyectar nuevos trabajos en corto, porque ya no hay Víctor y no sé si TEA abrirá sus puertas a estas experiencias.</p>
<p>Además, qué pasará cuándo el corto sea largometraje. ¿TEA acogerá también estas proyecciones? Entiendo que a Cristóbal le emocione lo de sacarse la foto con <strong>Joaquim de Almeida </strong>y <strong>Victoria Abril</strong>, pero coincidirás conmigo, amigo mío, que por mucho aire acondicionado y comodidad de la sala, no tendrá nada que ver con la que fue la última de Santa Cruz de Tenerife…</p>
<p>En fin, en mi época estudiantil había una consigna que no ha perdido actualidad. Lee y discute, Cristóbal, porque el saber no tiene lugar, hermano. Huye como de la peste, eso sí, de la demagogia, así que no hagas caso de quien te asesora. Lo hizo mal desde el principio.</p>
<p>Sé humilde y admite tu error.</p>
<p>Lee y discute, amigo mío.</p>
<p>No cuesta nada.</p>
<p>Saludo a este lado del ordenador.</p>
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		<title>&#8216;El último tren a Katanga&#8217;</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Dec 2008 18:56:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cine.linkara.com/pelicula/ultimo_tren_a_katanga">El último tren a Katanga</a> es una de las primeras películas que vi de 18 años cuando no tenía 18 años. Eran otros tiempos, probablemen te igual de tontos que los actuales aunque sí que los recuerdos menos canallas. En fin, a lo que iba, creo que logré colarme en la sala porque le caí simpático al portero del ¿Royal Cinema?, ahora mismo no me acuerdo, pero sí sé que era una de las salas que estaban ubicadas en la calle de La Rosa, en Santa Cruz de Tenerife. Aficionado al cine bélico, esta película dirigida por el excelente director de fotografía <a href="http://">Jack Cardiff </a>(a quien tuve el honor de entrevistar años más tarde durante una visita que realizó a la isla) es una potente película de acción y de guerra bastante cruda para su época. Ambientada en un conflicto ¿marginal?, está ambientada en plena guerra civil en el Congo, país dividido en el que se mueve un grupo de mercenarios que capitanea un rudo <a href="http://">Rod Taylor</a>. Los mercenarios no combaten en ningún bando, sino que buscan unos diamantes con los que pasar el resto de sus vidas sin preocupaciones. El problema es que cuanto más internan en la selva, más se complica la cosa. En su aventura salpicada de sangre se encuentran con una serie de personajes que se unen a la extraña expedición, dando lugar a un grupo bien definido en cuanto a personajes se refiere. Entre los mercenarios a un<em> fordiano</em> doctor borracho (<a href="http://">Kenneth Moore), </a>un nazi sanguinario, un negro (<a href="http://">Jim Brown</a>) que cree que África algún día podría resurgir como continente, y civiles, entre los que desataca la eterea presencia de la bellísima <a href="http://">Yvette Mimieux </a>(la <em>eloi </em>de la que se enamoraba también Rod Taylor en <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film194894.html%20-%2024k%20-">El tiempo en sus manos</a> (<a href="http://">La máquina del tiempo</a>), de <a href="http://www.cinefania.com/persona.php/George+Pal/%20-%2022k">George Pal).</a> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2008/12/katanga.jpg" title="katanga.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2008/12/katanga.jpg" alt="katanga.jpg" /></a> Recuerdo que cuando salí a la calle tras ver la película las imágenes de la cinta golpeaban mi cabeza sin recato alguno. Más tarde la volví a repescar en <em>vhs</em> pero ignoro si ha sido editada en <em>dvd</em>. La última vez que la vi no me decepcionó, aunque con los tontos criterios de la edad le encontré fallos que no descubrí la primera vez. Claro que entonces era otro espectador, mucho más inocente. Cuando le pregunté personalmente a Cardiff qué recuerdo tenía de aquella película recuerdo que se le iluminaron los ojos y que me miró con cierta sorpresa. Es cierto, no obstante, que le conté que se trataba de una de las películas que habían marcado mi adolescencia. &#8220;Es una buena película&#8221;, me respondió. &#8220;<em>Creo </em>que es una buena película&#8221;, añadió segundos más tarde. Pues bien señor, Cardiff, yo no <em>creo</em> que sea una buena película. <em>El último tren a Katanga</em> es, sencillamente, una <em>muy</em> buena película. El filme está basado en una novela del escritor de aventuras <a href="http://">Wilbur Smith</a>, aunque creo que se trata de un título que nunca se ha traducido al español. Algún día le dedicaremos como se merece un <em>post</em> a este escritor, uno de los pocos que cultivó el género de la aventura con mayúsculas a finales del siglo pasado. </p>
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		<title>El mundo está loco, loco, loco en &#8216;Loquilandia&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Nov 2008 10:37:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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Esta película la vi cuando era muy pequeño y fue todo un flash, uno de esos títulos que no sabes bien por qué, pero que se te mete dentro y forma parte del lado agradable del disco duro de la memoria. Así que el otro día cuando descubrí en el kiosco de la plaza Militar en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2008/11/hellzapoppin.jpg" title="hellzapoppin.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2008/11/hellzapoppin.jpg" alt="hellzapoppin.jpg" /></a></p>
<p>Esta película la vi cuando era muy pequeño y fue todo un <em>flash</em>, uno de esos títulos que no sabes bien por qué, pero que se te mete dentro y forma parte del lado agradable del disco duro de la memoria. Así que el otro día cuando descubrí en el kiosco de la plaza Militar en Santa Cruz de Tenerife, ese donde tienen cantidad de dvd colgados como si se tratara de un árbol de Navidad cinematográfico, el filme que a continuación voy a reseñarles, no lo dudé ni en un instante, y rascándome el bolsillo en unos tiempos donde no estoy para racarme el bolsillo, me hice con la película.</p>
<p>Y la experiencia valió la pena. Vaya si valió la pena.</p>
<p>El filme se titula <em><a href="http://">Loquilandia</a></em> (<em>Hellzapoppin</em>, 1941) y lo dirige <strong><a href="http://">H. C. Potter</a></strong>. Está protagonizado por una pareja de actores cómicos de aquellos años, los hoy olvidados <a href="http://"><strong>Ole Olsen</strong> </a>y <strong><a href="http://">Chic Johnson</a></strong> y basta decir que es como una comedia de los <strong>hermanos Marx</strong> pero sólo que más bestia. Es decir, absurda total, sin pies ni cabeza y con irreverentes juegos metalingüísticos que, aún en esto tiempos donde pensamos que lo sabemos todo, continúan descolocando. </p>
<p>La película no es una obra maestra, vale, pero va más allá del universo enloquecido de los Marx en las que fueron sus mejores cintas como son <em>Una noche en la Ópera</em> y <em>Sopa de ganso.</em> Así que mientras que en los filmes de los Marx el absurdo se provoca cuando aparecen ellos en escena (numeritos musicales incluidos), en esta cinta desquiciada, el absurdo forma parte de toda la película. Una película loca donde los personajes serios también caen en la trampa del absurdo para sorpresa del espectador. Uno le perdona por eso incluso los numeritos musicales que riegan el metraje de esta película sin pies ni cabeza, repleta de dialogos para besugos y de situaciones delirantes. La pareja protagonista no se corta, y habla a los espectadores mirando a cámara. Las situaciones de disparatan hasta tres niveles de lectura: vamos, que está la película en sí, está el proyeccionista que exhibe la película en sí y una cursi historia de amor metida con calzador porque así lo exige el guión, le grita el director a la pareja de actores que, insisto, no provocan el caos por donde pasan porque precisamente es el caos el motivo de este delicioso y adelantadísimo largometraje.</p>
<p>La película está escrita por <strong><a href="http://">Nat Perrin</a></strong>, el mismo ¿guionista? de <em>Sopa de ganso</em>, y uno se pregunta cómo se podían hacer esas cosas en aquellos tiempos. Y lo digo porque una película como ésta hoy sería completamente imposible de realizar. Ya se encargarían unos de desecharla porque no hay quien la entienda. Cuando, idiotas, no hay nada que entender sino entregarse al delicioso absurdo de sus situaciones. El filme comienza con el rodaje de <em>Loquilandia </em>con un fantástico número musical en el infierno poblado de demonios de carnaval que todavía me hace reír cuando lo recuerdo; luego continúa con uno de esos diálogos donde abajo es arriba y arriba es abajo entre el director y los cómicos, también del guionista. Aparece una señora gorda gritando por todos lados ¿dónde está Óscar? y un señor con una maceta más perdido que una pera en un cesto de manzanas. La cosa continúa con el director explicando a los actores cómo será la película mostrándosela en una pared del estudio y se corta porque le llama la atención a un espectador de la sala para que vuelva a su casa, que su mamá lo reclama&#8230; Contado así no tiene ni puñetera gracia, pero visto les aseguro que se partirán de la risa.</p>
<p>Yo al menos me partí de la risa.</p>
<p>Así que gracias<em> Loquilandia</em>. Gracias por recuperarme un pedazo de mi niñez a la luz parpadeante del televisor en blanco y negro y también por alegrarme la noche de ayer. No saben ustedes la necesidad que tenía de partirme el estómago a base de carcajadas.</p>
<p>Y ¡¡¡NO AL CIERRE DEL CINE VÍCTOR!!! </p>
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