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	<title>El escobillon &#187; Cine de barrio</title>
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	<description>El blog de la cultura por Eduardo García Rojas</description>
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		<title>Cine de verano</title>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 23:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Recuerdo a Manolo paseando por el patio de colegio mientras recoge firmas para que Televisión Española exhiba El planeta de los simios. También Godzilla, porque a él las que le gustan son las de monstruos antediluvianos a los que despiertan de su letargo por culpa de una bomba nuclear detonada en el océano.
Y recuerdo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2013/05/shhhh.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-10810" title="shhhh" src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2013/05/shhhh-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Recuerdo a Manolo paseando por el patio de colegio mientras recoge firmas para que Televisión Española exhiba <em>El planeta de los simios</em>. También <em>Godzilla, </em>porque a él las que le gustan son las de monstruos antediluvianos a los que despiertan de su letargo por culpa de una bomba nuclear detonada en el océano.</p>
<p>Y recuerdo a Paquito, que trabaja como repartidor en un supermercado, mientras nos pone películas en <em>súper 8mm</em> en las que más que doblar, se inventa los diálogos que dice en inglés sus admirados <em><a href="http://www.abbottandcostello.net/" target="_self">Abbot and Costello </a></em>y<em> </em>que proyecta en una sábana que hace de pantalla en el salón de la casa de su madre.</p>
<p>Y recuerdo a Diego, un tipo bajito de pelo rizado que llama a las mujeres <em>andovas</em>, que compra toda clase de revistas de cine y que es una enciclopedia viviente porque se sabe todo de actores, actrices, cineastas y la madre que los parió cuando recita con memoria fotográfica su filmografía al completo dejándonos a los que lo escuchamos con la boca literalmente abierta.</p>
<p>Recuerdos que hoy recupero repentinamente mientras leo la fascinante novela <em>Graceland</em>, del escritor <a href="http://www.chrisabani.com/" target="_self">Chris Abani</a>, en la que narra la vida de un adolescente, <em>Elvis</em>, que se busca la vida en Lagos (Nigeria), y que para evadirse de la brutal realidad que lo rodea se refugia en libros y en cine.</p>
<p>Un cine que cuando lo describe me hace evocar un tiempo no sé si perdido pero que aún almaceno en el disco duro de mi memoria.</p>
<p>Un tiempo, explico, en el que estoy fabricando los primeros prejuicios para mi perjuicio.</p>
<p>Es decir, que hasta ese entonces conservo una mirada inocente y ansiosa que más tarde me enseñará a distinguir lo que gusta de lo que disgusta.</p>
<p>Recuerdo así estar en el cine de verano de la hoy ruinosa Plaza de Toros de mi ciudad, donde contemplo, ya es habitual, que se queme la película en pantalla, lo que obliga a que se interrumpa la velada para, una vez lo arregle el proyeccionista, se reponga sin que nos importe al público que se hayan perdido cinco o más minutos del filme porque la gracia de esas sesiones de verano radica no ya en la película sino en el ambiente que se (des)organiza en el coso taurino en el que, afirmo, veo un murciélago volar por los cielos mientras <em>Drácula negro</em>, con unas <em>patillazas </em>de escándalo igual de grandes que sus colmillos, hace de las suyas…</p>
<p>Recuerdos &#8211;saben&#8211; de un tiempo en los que ir a cine resulta además de barato y divertido, algo así como una aventura.</p>
<p>Una aventura cuyo avituallamiento consiste en bolsas de pipas <em>Churruca</em> y una botella de <em>Casera</em>.</p>
<p>Y una aventura en la que la película puede comenzar por el final y terminar por el principio porque al proyeccionista, ¡<em>Linternaaa</em>!, se ha equivocado de rollo.</p>
<p>Ahí las risas, ahí los comentarios a gritos de un entusiasta con talento de entre el público; ahí el famoso <em>Linternaaa</em> que intenta poner orden en un caos que solo es aparente porque forma parte de una misma unidad: cine de verano en la Plaza de Toros.</p>
<p>Cine de verano que me enseña, como nadie jamás podrá enseñarme, a ver cine cuando la película se queda sin sonido dando paso a los silbidos del respetable para que el que hace de <em>Linterna</em><em><em>/acomodador</em> </em>avise al proyeccionista de : <em>&#8220;rebenque</em>, súbeme el puñetero volumen.”</p>
<p><em>- Linternaaa</em>, mano, que no se oye…</p>
<p><em>- Linternaaa</em>…</p>
<p>Recuerdos de unos años en los que apenas tengo algo en el bolsillo, y cuando tengo algo en el bolsillo lo invierto en esos largos y cálidos veranos comprando <em>La Casera</em> y pipas <em>Churruca</em> para ver películas en casa de Paquito, que dobla y se inventa los diálogos que dicen <em>Abbot y Costello</em>, así como en ese cine de verano en la Plaza de Toros.</p>
<p>Sesiones a las que ya dediqué un <em>post</em> pero que hoy, reitero, vuelven a mi memoria mientras leo <em>Graceland</em>, de Abani, una novela que edita Baile del Sol Ediciones y a la que le dedicaré unas líneas cuando la termine…</p>
<p>… Aunque me cueste terminarla por lo que este libro me está mostrando, enseñando y sobre todo &#8211;creo que ésa es su mayor virtud&#8211; reconciliando con un pasado con el que hasta el día de ayer no deseaba identificarme.</p>
<p>Y pienso en todo eso mientras paseo por una capital en la cae un sol de justicia.</p>
<p>En la primera vez.</p>
<p>En las primeras experiencias lúdicas con el cine.</p>
<p>Es decir, en Paquito que exhibe películas en su proyector de súper 8mm; en Manolo que irrumpe un día en casa de Paquito con una versión de media hora del <em>Frankenstein</em> de <strong>James Whale </strong>doblada al alemán y como Paquito le asegura que “no hay problema, sé hablar alemán” aunque no tenga pajolera idea; así como de ese cine de verano en la Plaza de Toros que me foguea para mis posteriores incursiones en el <em>Delta</em>, el<em> Somosierra</em> o el <em>Fraga </em>porque allí reponen los estrenos que pasan en las elegantes salas del centro donde el portero no me deja entrar por menor de edad.</p>
<p>¿Echo de menos todo aquello?</p>
<p>La verdad es que no lo sé.</p>
<p>Pero sí que digiero aquel tiempo con una resignada y quiero pensar que irónica nostalgia.</p>
<p>El lastre que arrastro de ese pasado es que son ya demasiado los amigos que se quedaron por el camino por una u otra razón.</p>
<p>También que el paisaje de la ciudad en la que vivo olvida y abandona a su suerte un espacio como la Plaza de Toros porque actualmente no hay dinero.</p>
<p>Yo mismo incluso me he transformado en otra persona que a veces es incapaz de reconocerse cuando se contempla en fotografías en la que tenía apenas quince o dieciséis años…</p>
<p>Busco en todo caso mi particular <em>Graceland</em>, aunque me golpee desesperadamente la cabeza contra el muro como lo hace <strong>Francisco Rabal</strong> en <em>La fuerza del silencio</em> &#8211;una película que vi en un cine de Santa Cruz de La Palma mientras un ratón paseaba como <em>Pedro por su casa</em> por el pasillo que dividía la fila de butacas&#8211; para despertar de este letargo que me atrapa y que ahora entiendo es solo un reflejo para que abra los ojos como si fuera un hibernado <em>Godzilla</em>.</p>
<p>Saludos, con el sabor de las pipas <em>Churruca</em> en la boca, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>La Muerte Deseada: Ven y enloquece&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Nov 2012 23:48:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Charles Bronson]]></category>
		<category><![CDATA[Death Wish]]></category>
		<category><![CDATA[El justiciero de la ciudad]]></category>
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		<category><![CDATA[Nueva York]]></category>

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La primera vez que la vi solo me quedé con los tiros y con el gigantesco Charles Bronson &#8211;que es uno de esos actores que siempre hizo de sí mismo porque no sabía hacerlo de otra forma&#8211; titulada en España como El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974).
A la sombra de su éxito, más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2012/11/death-wish.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-9364" title="death-wish" src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2012/11/death-wish-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a></p>
<p>La primera vez que la vi solo me quedé con los tiros y con el gigantesco <a href="http://www.charlesbronson.info/" target="_self">Charles Bronson</a> &#8211;que es uno de esos actores que siempre hizo de sí mismo porque no sabía hacerlo de otra forma&#8211; titulada en España como <em>El justiciero de la ciudad</em> (<em>Death Wish</em>, <a href="http://www.michael-winner.com/" target="_self">Michael Winner</a>, 1974).</p>
<p>A la sombra de su éxito, más si tenemos en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto, se rodaron más entregas con Bronson siempre como hierático protagonista, aunque ninguna de ellas superara a la original.</p>
<p>Un título pues que puede considerarse como seminal en esa especie de subgénero del cine de acción como es el del justicieros. O el de un hombre &#8211;o una mujer&#8211; de aparente naturaleza pacífica que pierde los nervios cuando le arrebatan la razón de su vida.</p>
<p>Vuelta a ver el otro día, y por una afortunada casualidad mientras me encontraba zapeando canales, redescubro en <em>El justiciero de la ciudad</em> un filme de una fascinante tosquedad, pero también ambiguas y nihilistas lecturas que difumina la etiqueta de<em> fascistoide</em> con la que lo lapidó un sector de la crítica y de un público atontado desde el día de su estreno.</p>
<p>Partiendo de la base que <em>El justiciero de la ciudad </em>es cine de barrio del de verdad, revisionarla en estos tiempos que corren le ha conferido una siniestra actualidad y un aire de tragedia que la convierten a mis ojos en una pieza que, pese a su ruda violencia, merece reivindicarse como la gran pequeña película es.</p>
<p>La historia, imagino, ya la saben.</p>
<p>Tras sufrir una brutal agresión su mujer y su hija, Paul Kersey, un ciudadano liberal y objetor de conciencia &#8211;renunció servir a su país en la guerra de Corea&#8211; decide vengarse acosando y eliminando a todos los delincuentes de Nueva York que actúan por la noche…</p>
<p><em>El justiciero</em>, como lo bautiza la prensa sensacionalista, comienza a generar admiradores mientras los índices de delincuencia en l<em>a ciudad que nunca duerme</em> descienden escandalosamente mientras la policía se pregunta quién coño es ese individuo que le está quitando su papel de vigilantes&#8230;</p>
<p>A lo que responde Kersey/Bronson: “<em>Si la policía no nos defiende ¿por qué no defendernos nosotros mismos?</em>”</p>
<p>Contada así las cosas, <em>El justiciero de la ciudad</em> puede entenderse como  una película de objetivo signo ultraderechista pero no se queden solo en la superficie…</p>
<p>Porque esta película se merece un nuevo vistazo en este siglo XXI empeñado en hacernos más pobres y resignadamente cretinos.</p>
<p>Descubran, o redescubran además, el trabajo de quien fue el puto amo: Charles Bronson.  Un actor que si bien no se caracterizó por su variedad de registros fue capaz de hacer un género.</p>
<p>O subgénero.</p>
<p>Pero de género va la cosa.</p>
<p>Observad a Paul Kersey.</p>
<p>Un tipo que, probablemente, podrías ser tú.</p>
<p>Ha dejado<em> su</em> disfraz de Jekyll para transformarte en s<em>u</em> Mr. Hyde.</p>
<p>Un psicópata.</p>
<p>Un psicópata desencadenado.  </p>
<p>En el <em>Justiciero de la noche</em> las ejecuciones que realiza Kersey/Bronson son claras provocaciones de un ciudadano normal y corriente &#8211;ahora trastornado&#8211; que se mete en la boca del lobo para limpiar de &#8220;mugre” la gran ciudad.</p>
<p>Asesina a los delincuentes, a la mayoría por la espalda, con una frialdad y un placer cobarde que desarma.</p>
<p>Y a medida que va regando de cadáveres la gran ciudad, Kersey/Bronson disfruta, digo, un poquito más de su trabajo.</p>
<p>Cambia la decoración de su casa, pinta las paredes con colores vivos. Acto que le recrimina su hijo.</p>
<p>Bronson responde: &#8220;¿Y qué quieres que haga?&#8221; antes de preguntarle cómo desea el hígado que van a cenar…</p>
<p>“Medio crudo”, dice Bronson antes de esperar la respuesta mientras se mete en la cocina.</p>
<p>A medida que avanza la película Bronson se vuelve más loco, aunque le parezca más cuerdo a sus compañeros de trabajo.</p>
<p>Almorzando con ellos en un restaurante que tiene la televisión encendida y en la que pasan las noticias en la que se informa de las últimas ejecuciones de <em>El justiciero</em>, uno comenta que la ciudad parece más tranquila desde que patrulla las calles esa especie de <em>Batman</em> de clase media.</p>
<p>Kersey/Bronson le invita entonces a que lo compruebe paseando esa noche por la avenida Columbus, que debe ser la peor de la ciudad.</p>
<p>El otro sonríe nervioso y responde algo así que ni loco…</p>
<p>Filme de una ruda esquizofrenia, y rodado con un frío distanciamiento que hace imposible que uno se identifique con ese hombre corriente que se ha pasado al otro lado, <em>El justiciero de la ciudad</em> es una película que advierte que nadie debe está por encima de la ley.</p>
<p>Y mucho menos alguien normal y corriente que ha perdido su razón de existir.</p>
<p>No quiero destripar lo que pasa con este asesino psicópata de clase media venido a menos.</p>
<p>Un asesino psicópata que, por otro lado, es el protagonista absoluto del filme… Un filme que raya la perfección de absurdo esquizofrénico cuando el protagonista justifica al <em>Justiciero</em> reivindicando el espíritu de los pionero que forjaron lo que hoy son los Estados Unidos…</p>
<p>Claro que a <em>puntito</em> de llegar al final, digamos que el peso de la Ley que rige la ciudad le recomienda con buenas palabras que se marche tras descubrir su identidad…</p>
<p>Es decir, que no le quite el trabajo sucio a esa policía en la que él ya no cree.</p>
<p>Policía en la que no cree Kersey/Bronson no porque fuera incapaz de evitar el brutal asesinato de su esposa y que dejara a su hija en estado catatónico, sino porque al fin ha enloquecido. Se ha transformado en un lobo solitario sediento de sangre al que se insiste que siga vistiendo una ridícula piel de cordero&#8230;</p>
<p>Su pasado está hecho trizas.</p>
<p>Y lo que ha renacido de entre esas trizas es un puto loco.</p>
<p>Un puto loco que en uno de los mejores y más despiadados finales de la historia del cine nos dice: “estoy en otra ciudad pero soy <em>el justiciero</em>.”</p>
<p>Me desarma, me acongoja, me deja<em> k.o.</em> esta revisión insólita, y afortunada, de esta pequeña gran obra de los setenta.</p>
<p>Cine sucio.</p>
<p>Cine de barrio.</p>
<p>Cine tabú.</p>
<p>Es decir, cine políticamente incorrecto.   </p>
<p>Saludos, grande, siempre grande Charles Bronson, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Malditos roedores</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jul 2012 21:21:58 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay escritores cuya obra permanece inalterable con el paso del tiempo. Casi como si hubieran hecho un pacto con el mismísimo diablo porque apenas noto en ellas el arañazo del tiempo en su lectura y relecturas y sí nuevas claves e intenciones que no han perdido una gozosa actualidad, lo que hace que las descubra y redescubra con asombrada mirada…</p>
<p>Y no, no son vaguedades para justificar las razones de porqué me siguen atrayendo determinados libros por mucho que estuvieran escritos a finales del siglo XIX y principios del XX. Este es el caso, entre otros, de <a href="http://www.hgwellsusa.50megs.com/" target="_self">H. G. Wells</a>, a quienes algunos consideran el padre de la ciencia ficción, aunque otros reclaman ese mismo derecho a <a href="http://www.jverne.net/" target="_self">Julio Verne.</a></p>
<p>Ya dediqué en cierta ocasión un<em> post</em> a Wells, autor al que llegué por fortuna siendo adolescente y desde entonces continúa acompañándome en el camino y emocionándome cuando me encuentro con algunos de sus libros. Por ello, quiero centrar mi atención en una adaptación cinematográfica dedicada a uno de sus títulos menos conocidos pero para quien les escribe uno de los más inquietantes y puntuales para entender su talento y agradecer el filme que me lo dio a conocer cuando solo había devorado <em>La isla del doctor Moreau</em>, <em>La guerra de los mundos</em> y <em>El hombre invisible</em>.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2012/07/alimento.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8669" title="alimento" src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2012/07/alimento.jpg" alt="" width="498" height="755" /></a></p>
<p>Me refiero a <em>El alimento de los dioses</em>, película de los años setenta dirigida por <a href="http://www.bertigordon.com/" target="_self">Bert I. Gordon</a>, un cineasta fogueado en cintas de bajo presupuesto y con cierta querencia al gigantismo. Las iniciales del director son, de hecho, <em>BIG</em>, que en español se traduce como grande.</p>
<p>Gordon es responsable, entre otras cintas, de <em>El increíble hombre creciente</em> (<em>The Amazing Colossal Man</em>); <em>Earth versus the Spider</em> y <em>The Empire of the Ants</em>, entre otras, aunque la película por la que más lo recuerdo es por <em>El alimento de los dioses</em> (1976), basada en la novela de Wells y material literario que también inspiró una cinta precedente del director, <em>Village of the Giants</em>, estrenada en 1965.</p>
<p>Al cineasta y productor, también co-guionista de muchas de sus películas, no le interesaba demasiado lo actores como a otro grande del cine de serie B estadounidense, <a href="http://www.oscars.org/events-exhibitions/events/2008/palhumphreys.html" target="_self">George Pal,</a> pero sí se preocupaba por la historia y de dotarlas de efectos especiales que resultaran creíbles e impactantes al menos para su época.</p>
<p>Como otras tantas películas, entré a ver <em>El alimento de los dioses</em> en el cine Price de la capital tinerfeña atraído por su cartel, el mismo cartel que ilustra ahora este <em>post </em>sentimental y de espectador autodidacta curtido en cines de reestreno donde solían dejarme entrar pese a la edad y de los que no me cansaré nunca de repetir que en aquel entonces era lo más parecido a una aventura no ya por lo que contemplabas en pantalla sino por la gente que tenías sentada a tu alrededor.</p>
<p>Mi recuerdo de <em>El alimento de los dioses</em> de Gordon es algo así como un esplendoroso subidón de azúcar porque el filme reunía todos los elementos que me atraen del género: un grupo de personajes debe de enfrentarse en un entorno hostil a una amenaza misteriosa que parece que les supera en todas sus fuerzas&#8230;</p>
<p>Protagonizada por los veteranos <a href="http://www.imdb.com/name/nm0576127/" target="_self">Ralph Meeker </a>(el mejor Mike Hammer en la mejor adaptación de una novela de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Mickey_Spillane" target="_self">Mike Spillane</a>, <em>El beso de la muerte</em>) e <a href="http://www.imdb.com/name/nm0526946/" target="_self"><strong>Ida Lupino</strong> </a>(<em>El último refugio </em>y <em>Junior Bonner</em>), <strong>Jon Cypher</strong>, <strong>Pamela Franklin</strong>, <strong>Marjoe Gortner</strong> y <strong>John McLiam</strong>, y coproducido por <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Samuel_Z._Arkoff" target="_self">Samuel Z. Arkoff,</a> <em>El alimento de los dioses</em> se desarrolla en una isla perdida de Canadá en la que una extraña sustancia química creada por el hombre hace crecer a los animales domésticos con el único propósito de resolver el problema del hambre en el mundo. Con lo que no cuenta el empresario que espera sacar tajada del invento, Ralph Meeker, es que también se alimentan de esta sustancia bichos tan repugnantes como avispas y ratas.</p>
<p>Contemplar cómo se las apañan las dos parejas protagonistas, que están rodeados en una casa por estas criaturas, durante la mayor parte de la segunda mitad de la película es uno de los atractivos que todavía hacen que esta cinta esté grabada en el disco duro de mi memoria. Es probable porque mi yo como espectador se identificaba con su desesperada lucha por sobrevivir. Especialmente ante el ataque que sufren de las ratas, lideradas todas ellas por un ratón blanco de perversos ojos escarlatas.</p>
<p>Vista de nuevo, es verdad que el paso del tiempo ha sido digamos que implacable con <em>El alimento de los dioses</em>, pero aún conserva un festivo espíritu <em>gore</em> que no decepcionará al aficionado y al despistado que tenga la suerte de encontrarse con ella. No cuenta la cinta, sin embargo, con el irónico pero terrible mensaje final de la novela original, aunque el <em>the end</em> sugiere la misma e inteligente conclusión que el título original de Wells…</p>
<p>Otras adaptaciones cinematográficas dedicadas al escritor para cuya obra <em>lo que el viento se llevó </em>carece de sentido son la excelente <em>El hombre invisible</em> (<a href="http://www.ibdb.com/person.php?id=16478" target="_self">James Whale</a>, 1933), <em>La isla de las almas perdidas</em> (<a href="http://www.imdb.com/name/nm0448915/" target="_self">Erle C. Kenton</a>, 1932), que ha dado origen a otras tantas adaptaciones donde el doctor fue interpretado por <a href="http://www.ibdb.com/person.php?id=78731" target="_self">Burt Lancaster </a>y <a href="http://www.ibdb.com/person.php?id=32868" target="_self">Marlon Brando</a>; <em>La guerra de los mundos</em> (que además de la célebre alocución radiofónica capitaneada por <a href="http://www.imdb.com/name/nm0000080/" target="_self">Orson Welles </a>dio origen a los filmes dirigidos por <a href="http://www.imdb.com/name/nm0005738/" target="_self">Byron Haskin</a>, 1952  y <strong>Steven Spielberg</strong>, 2005) así como una novela de las muchas de no anticipación que escribió Wells, como es el delicioso musical camp <em>La mitad de seis peniques</em> (<a href="http://www.imdb.com/name/nm0796645/" target="_self">George Sidney</a>, 1967), interpretado, entre otros actores, por el cantante <a href="http://www.tommysteeleinternationalfanclub.com/" target="_self">Tommy Steele</a>.</p>
<p>Saludos, me está gustando del cine de barrio, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>¡Basta de que te amarguen la vida!</title>
		<link>http://www.elescobillon.com/2009/12/%c2%a1que-no-te-amarguen-la-vida/</link>
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		<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 20:05:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>

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¿Dónde me llevas, Julie Andrews?
Tengo películas que no me canso de ver cuando se acercan y también cuando ya estamos en esas fechas marcadas al rojo en los calendarios del que dicen es Mundo Libre. El visionado de esas cintas, que como escribo se han convertido para mi en objeto de culto, me sirve para recuperar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/sound1.jpg" title="sound1.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/sound1.jpg" alt="sound1.jpg" /></a></p>
<p><strong>¿Dónde me llevas, Julie Andrews?</strong></p>
<p>Tengo películas que no me canso de ver cuando se acercan y también cuando ya estamos en esas fechas marcadas al rojo en los calendarios del que dicen es Mundo Libre. El visionado de esas cintas, que como escribo se han convertido para mi en objeto de culto, me sirve para recuperar historias que por alguna razón me hicieron feliz o simplemente me emocionaron.</p>
<p>A su manera entiendo que esta costumbre &#8211;no sé si mala o buena&#8211; me sirve como de válvula de escape y es una forma como otra cualquiera de combatir el aburrimiento apostando por las que sé que me van a gustar siempre. Gusto, como verán, relativamente conservador. El caso es que pese a que me las sé de memoria y saberme escenas y diálogos casi completos, consiguen siempre que me sorprendan.</p>
<p>En esta pequeña lista de películas que yo llamo <em>de comodín</em> y que sólo veo en fiestas, se encuentra el clásico <em>King Kong</em> y <em>Freaks</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Merian_C._Cooper">Merian C. Cooper </a>y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ernest_B._Schoedsack">Ernest B. Schoedsack</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tod_Browning">Tod Browning</a>, respectivamante. Títulos que ocupan los primeros puestos en mi particular lista de la 10 mejores películas de la Historia del Cine. También recupero filmes como <em>Lawrence de Arabia</em> y <em>El puente sobre el río Kwai,</em> ambas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/David_Lean">David Lean.</a> Largos largometrajes que me dejaron atontado cuando aún era un infante que creía en mundos mágicos y de colores. Últimamente, porque desde hace unos diez años han pasado a formar parte de este peculiar registro, la trilogía de los dólares de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sergio_Leone">Sergio Leone</a>, así como sus operísticas <em>Érase una vez en América</em> y <em>Érase una vez en el oeste</em> (o <em>Hasta que llegó su hora</em> para no iniciados). Y cuando estoy triste de verdad porque no hay manera humana que me sume a la algarabía impostada de los Carnavales: <em>Con faldas y a lo loco,</em> <em>El apartamento</em> y, cómo no, <em>Sopa de ganso</em> o <em>Una noche en la ópera</em>, de los <strong>hermanos Marx</strong>. Le estoy muy agradecido a los cabrones de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Billy_Wilder">Billy Wilder,</a> Chico, Harpo y Groucho por hacerme olvidar las frustraciones del universo mundo provinciano en el que me muevo como tiburón sin mandíbula.</p>
<p><strong>¡Azúcaaaaaaar!</strong></p>
<p>Otra de esas películas que me taladra el corazón y que suelo repescar cuando se aproximan fechas navideñas es <em>Sonrisas y lágrimas</em>, un musical familiar no apto para diabéticos dirigido por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Wise">Robert Wise</a>.</p>
<p>Les cuento todo esto porque la noche de ayer, viernes, me la pasé en casa revisando una vez más <em>Sonrisas y lágrimas,</em> un filme que, la verdad, me pone los pelos de punta. ¡A mí!, <em>precisamente</em> ¡a mí! Lo que me hace preguntar ¿por qué? No he encontrado respuesta todavía, luego sigue siendo un misterio que probablemente nunca resolveré.</p>
<p>Confieso ante notario que ayer, mientras veía la película con una nube de lágrimas enturbiando mis ojos, me hacía ésta y otras preguntas mientras intentaba racionalizar por qué disfruto tanto con esta película.</p>
<p><strong>Más calorías, necesito más calorías&#8230;</strong></p>
<p>Y no acierto a comprender, diablos, el porqué. <em>Sonrisas y lágrimas</em> es un musical, un género que pese a tolerar tampoco es santo de mi devoción. Aparecen siete niños bastante cursis, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julie_Andrews">Julie Andrews</a> hace como de <em>Mary Poppins</em> pero con fulgor uterino; el capitán Trapp (interpretado por mi admirado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Christopher_Plummer">Cristopher Plummer</a>) es un maltratador de infantes que se rehabilita gracias a la música mientras que los dos únicos personajes interesantes del filme: la glamorosa baronesa que protagoniza <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eleanor_Parker">Eleanor Parker</a> &#8211;probablemente una de las actrices más emotivamente sexuales de la Historia del Cine&#8211; y el canalla pero simpático tío Max son dos golfos encantadores que dan galantemente un paso atrás cuando se dan cuenta que su ingenio no puede contra ese muro de aplastante e idiota felicidad que encarna tan extraña familia.</p>
<p>No sé si lo saben, pero la famita Trapp existió realmente. Hay una película alemana de los años 50 que ya reproducía sus aventuras. Mucho tiempo antes de que esa excelente pareja de compositores que fueron <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Rodgers">Rodgers</a> and <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Hammerstein_II">Hammerstein</a> escribieran las deliciosas canciones del musical que más tarde podríamos escuchar en todo el mundo gracias a la película. La versión española circuló con las canciones dobladas, circunstancia que siempre me ha hecho preguntar ¿quién fue el ingenioso que escribió la letra española de aquellas estupendas melodías?</p>
<p><strong>¡Otro bienmesabe!, haga usted el favor.</strong></p>
<p>En este mundo de dualismos tengo un amigo que detesta con toda la cordialidad del mundo <em>Sonrisas y lágrimas</em> pero que adora <em>Mary Poppins.</em> A mí por el contrario <em>Mary Poppins</em> me parece bonita pero sin la perfección de un <em>bienmesabe</em> que tiene <em>Sonrisas y lágrimas</em>. Y viendo la película nuevamente, mientras me hacía las dichosas interrogaciones, ya les digo, volvió una vez más a desarmarme.</p>
<p>Esta mañana, hablando con una buena amiga, le expliqué que quizá mi rendida fascinación a <em>Sonrisas y lágrimas</em> se deba a que la película habla además de la familia, la música, ser tontorronamente feliz y el amor como ariete para romper cualquier tipo de intolerancia (en el filme encarnada por los nazis, aquellos que agitaron la bandera con la araña negra), la de ser aceptado. O formar parte de un grupo. Ser reconocido y apreciado por otros. La película está repleta de canciones que animan a esta suerte de unión basada férreamente en la familia sin necesidad de que pertenezcas al mismo clan.</p>
<p><strong>La deliciosa y reivindicable tripa de la felicidad.</strong></p>
<p>No sé si esta es la clave que ando buscando. Sospecho que no, pero su visionado me sirve a modo de catarsis en estos tiempos siniestros que vivimos.</p>
<p>Lo único que tengo claro es que a mí este potente musical me sigue pareciendo una película idónea para calmar al león resentido que llevamos dentro. Alguno me podrá contestar que en todo caso te vuelve más <em>gilipollas</em> y si bien pudiera estar de acuerdo, saben qué les contesto, qué me importa un bledo.</p>
<p>Es más, pensándolo bien me encanta <em>Sonrisas y lágrimas.</em></p>
<p>A paseo pues con lo de buscar razones con las que justificar mis emociones. Si están ahí es para que se queden.</p>
<p>Saludos, reivindicando el azúcar, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>As time goes bye</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 21:55:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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- “¿Sabes?, si vas a guiar a la gente, tienes que tener adónde ir.”
Todos tenemos películas que por una razón u otra supieron sacudirnos. Películas que desde ese entonces te acompañan y que te mostraron sin ironías los fantasmas que se agarran a tu espíritu. Esos espectros empeñados en quedarse contigo hasta el final de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/rumble-fish.jpg" title="rumble-fish.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/rumble-fish.jpg" alt="rumble-fish.jpg" /></a></strong></p>
<p><strong>- “¿Sabes?, si vas a guiar a la gente, tienes que tener adónde ir.”</strong></p>
<p>Todos tenemos películas que por una razón u otra supieron sacudirnos. Películas que desde ese entonces te acompañan y que te mostraron sin ironías los fantasmas que se agarran a tu espíritu. Esos espectros empeñados en quedarse contigo hasta el final de tu existencia. La edad te va liberando de algunos de ellos, es verdad, pero también se te cuelan otros nuevos. Vampiros que te piden permiso con una sonrisa en los labios antes de que los dejes entrar. Y una vez instalados, los miedos más retorcidos se ramifican hasta atontarte un poquito más de lo que estás.</p>
<p>Afortunadamente, les digo, hay películas, conversaciones, libros, pinturas, músicas, tebeos, que por arte de magia te enseñan a combatirlos, a defenderte de sus garras invisibles. No sé a ustedes, pero cuando me refugio en la cómoda y placentera soledad que me he construido si hay algo que le exijo a un cuadro, a una fotografía, a una película, a un libro, a un tebeo o a una canción es que me libere de esos fantasmas caprichosos. O lo que es lo mismo, que contribuya a que sea mejor persona o al menos que sirva para enseñarme a soportarme.</p>
<p><strong>- “Hasta las sociedades más primitivas sienten un respeto innato por los locos.”</strong></p>
<p>Hay una larga lista de películas que me ayudaron a seguir caminando con la mente algo despejada y un corazón si cabe un poco más grande. Entre esas películas se encuentra un título de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Ford_Coppola">Francis Ford Coppola </a>que apenas ha sido reivindicado por los seguidores del maestro. Director de dos obras imprescindibles de la historia del cine como son <em>Apocalypse Now!</em> y la trilogía de <em>El Padrino,</em> Coppola cuenta también con una de esas películas que guardo en mi rincón secreto y que suelo ver cuando intuyo que los espectros de los que hablaba comienzan a conspirar, contaminando mi cabeza con ideas raras.</p>
<p>Esa película es <em>Rumble Fish</em>, títulada delirantemente en nuestro país que es España como <em>El chico de la moto</em>.</p>
<p>Supongo que tuve la suerte de que me pegara tan fuerte porque tenía la edad apropiada. A veces tener la edad apropiada te hace descubrir cosas maravillosas. <em>El guardián entre el centeno</em>, <em>Batman año</em> <em>1</em> o <em>Rumble Fish</em>.</p>
<p><strong>- “Cielos ¿cuánto tiempo me queda?, me quedan 35 veranos, piénsalo: 35 veranos.”</strong></p>
<p>La vi en Madrid en uno de esos cines gigantescos que tenía Madrid antes de que las multisalas se empeñaran en trocearlos. El cine estaba ubicado próximo a la Gran Vía y adornaba su fachada uno de aquellos cartelones dibujados con el cartel de la película. Fui con un grupo de amigos y como me sucede a veces, creo que yo quería ver otra cinta antes que la de Coppola. Miraba con recelo aquella nueva apuesta juvenil del cineasta porque no guardaba buen recuerdo de su <em>Rebeldes</em>, también basada en una novela de la interesante escritora <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Susan_E._Hinton">Susan E. Hinton</a>. Supongo que al final me convencieron a que entrara con ellos porque no me apetecía meterme solo en otro cine. Así que siempre les estaré agradecido a esa gente que se empeñara en que la viera con ellos porque <em>Rumble Fish</em> fue para aquel estudiante de provincias una revelación.</p>
<p>Los ojos abiertos. Devorando la pantalla. Entregado a una historia tan sencilla que por eso se hace compleja y con la extraña sensación de que Coppola estaba contando mi historia a través de otros. Identificándome con un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mickey_Rourke">Mickey Rourke </a>en estado de gracia que ya no quiere ser líder de nada. Asqueado de su pasado y presente, de ser un mito hecho carne para su hermano, interpretado por un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Matt_Dillon">Matt Dillon </a>también en estado de gracia. Me enamoré, como es natural, de la caprichosa novia de <em>Rusty James</em>, una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Diane_Lane">Diana Lane </a>que corroboró una vez más que los caballeros las prefieren rubias aunque se casen con las morenas, y me conmoví con aquel padre borracho con cara de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dennis_Hopper">Dennis Hopper</a>; el camarero filósofo con jeta de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_Waits">Tom Waits </a>(cuyo personaje Benny dice: <strong>“El tiempo es una cosa muy curiosa. Un elemento muy curioso. Cuando eres joven, eres un niño, tienes tiempo para todo. Luego pasas un par de años de aquí para allá y no es importante. Pero cuanto más viejo eres, más te preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda?”</strong>) o ese policía canalla con pinta de <a href="http://www.williamsmith.org/">William Smith </a>(el odiado <em>Falconetti </em>de la serie <em>Hombre rico, hombre pobre</em>).</p>
<p>Y el paso del tiempo, loco y veloz, que Coppola plasma con relojes. Relojes que no paran de andar. Y un blanco y negro poderoso que es como debe de ver la vida el daltónico <em>Chico de la moto</em> aunque haya color cuando aparecen los famosos peces de Siam, esos que viven atacándose entre ellos toda su existencia. Incluso a su propio reflejo cuando ya no queda ningún semejante en la pecera.</p>
<p><strong>- “Una percepción aguda puede volverte loco.”</strong></p>
<p>He visto <em>Rumble Fish</em> lo que se dice un montón de veces después. Embriagado por esa banda sonora escrita por el batería de The Police, <a href="http://www.stewartcopeland.net/">Stewart Copeland,</a> y descubro siempre cosas nuevas pese a que me la sepa casi de memoria. Claro que eso pasa siempre con las películas, los tebeos, los cuadros, las canciones, las fotografías que te han marcado al rojo vivo.</p>
<p><strong>- &#8220;Tu hermano no pertenece a este mundo. Nació en la orilla equivocada.&#8221;</strong></p>
<p>La vuelves a ver y sientes que los fantasmas que se agarran desesperadamente a tu cabeza desaparecen como enloquecidos, casi heridos de muerte. Te sientes así mucho mejor cuando llega el <em>The End,</em> y te quedas noqueado viendo los títulos de créditos finales preguntándote una vez más qué grande es el cine.</p>
<p>Qué grandes, demonios, es el cine.</p>
<p>NOTA: Todos los diálogos corresponden, obviamente, a <em>Rumble Fish</em>.</p>
<p>Saludos, mientras el tiempo pasa, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Hazme reír y cántame una canción</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 19:45:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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Resulta curioso como cambia uno con la edad. Cuando era pequeño no me gustaban los macarrones ni el gazpacho, platos que años más tarde se convertirían en indispensables en mi irregular dieta alimenticia. Detestaba, además, el olor de los cigarrillos hasta que un día y en un bar (¿dónde si no?) un amigo me enseñó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/gene1.jpg" title="gene1.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/10/gene1.jpg" alt="gene1.jpg" /></a></p>
<p>Resulta curioso como cambia uno con la edad. Cuando era pequeño no me gustaban los macarrones ni el gazpacho, platos que años más tarde se convertirían en indispensables en mi irregular dieta alimenticia. Detestaba, además, el olor de los cigarrillos hasta que un día y en un bar (¿dónde si no?) un amigo me enseñó lo fácil que era caer en las redes del vicio tragando, sencillamente, el humo. Me encantaban entonces las películas de la Toho sobre <em>Godzilla</em> y demás familia de monstruos japoneses hasta que un día, llevando ya pantalones largos y mientras veía una de ellas, me pregunté ¿cómo diablos te podía haber gustado eso? Afortunadamente con el paso de los años recobré mi ingenuo ojo infantil, por lo que he vuelto a disfrutar con las andanzas de aquel monstruo verde aplastando película sí película película no a la ciudad de Tokio.</p>
<p>Con los musicales siempre he mantenido una curiosa relación de amor y odio que no se me quita de la cabeza. No recuerdo, sin embargo, que me aburriera viendo las películas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Astaire">Fred Astaire </a>(en mayo pasado se cumplió el 110 aniversario de su nacimiento) y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ginger_Rogers">Ginger Rogers</a>, y más tarde obras redondas del género como <em>Cantando bajo la lluvia</em> o <em>Un americano en París</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stanley_Donen">Stanley Donen</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gene_Kelly">Gene Kelly</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vincente_Minnelli">Vincente Minelli</a>, respectivamente, títulos que ocupan lugar en mi extraña &#8211;por kafkiana&#8211; <em>deuvedeteca.</em> Confieso que eso nunca me pasó con <em>Siete novias para siete hermanos</em>, película que por mucho que insistí en aquellas no tan inolvidables sesiones de cine a las 4, logró lo que parecía imposible, que me quedara dormido. Así que no sé muy bien cómo termina. Hay fragmentos de su celuloide que parpadean en mi memoria, pero por mucho que me esfuerzo no acabo por centrarlo y eso que, probablemente, la tuve que ver más de una vez.</p>
<p>Ahora que al género musical le pasa como al del oeste porque no termina de cuajar en esta <em>postmoderneces</em> que vivimos pese a que se haya colado sin tanta discreción en el corazón de los más jóvenes a través de <em>marcianadas</em> como <em>High School</em> y de tanto en tanto en las de dibujos animados de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walt_Disney">Walt Disney</a>, debo de confesar que uno de los momentos más cargantes como espectador cinematográfico se producía cuando en aquellas tragedias animadas disfrazadas de ingenuo relato infantil por el demoníaco tío Walt los protagonistas se ponían&#8230; a cantar. Lo mismo me ocurría cuando en las comedias de los hermanos Marx, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Harpo_Marx">Harpo </a>o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chico_Marx">Chico </a>descubrían un arpa o un piano y le daban a las cuerdas o a las teclas. Y eso pese a que siendo un niño el mejor que me caía de los tres era Harpo, o el <em>mudito </em>como le llamábamos. Tuvo que pasar un tiempo para que me riera de las salvajes salidas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Groucho_Marx">Groucho,</a> y más pero mucho más tiempo del inclasificable apoyo humorístico que le prestaba su hermano <em>Chico-lini</em>.</p>
<p>Siendo todavía un zagal, y en una de mis primeras salidas al cine solo que es algo así como el recuerdo de tu primer amor, me metí en el Cinema Victoria a ver <em>El mago de Oz</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Victor_Fleming">Victor Fleming </a>y con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Judy_Garland">Judy Garland </a>haciendo de la pequeña Dorothy (¿les suena lo de golpea tus talones juntos y repite las palabras: “Se está mejor en casa que en ningún sitio”?).</p>
<p>Allí estaba en aquel cine que parecía un garaje (de hecho terminó convirtiéndose en eso: un garaje) cuando se apagan las luces. Y entonces siento como la rabia reprimida sube por el estómago hasta mi boca cuando descubro que la película es… es… es ¡¡¡¡en blanco y negro!!!! Y ver una película en aquellos días donde la tele sólo te ofrecía blanco y negro sonaba a estafa cuando te metías en un cine porque ahí sí que se exhibía en poderosos y cinematográficos colores. Claro que más tarde me di cuenta de lo contrario, el día en que la tele sólo era en colores relegando el blanco y negro “al cine antiguo”.</p>
<p>Pero en fin, que se me pongan en situación. Ahí está el crío que ha salido por primera vez solo al cine, expulsando humo por la cabeza mientras resignado devora la clásica historia de la pobre Dorothy y su perrito Totó a los que arrastra un tornado hasta el mundo de Oz y ¡oh, sorpresa! aquel universo recreado en estudio es a todo COLOR.</p>
<p>A partir de ese día <em>El mago de Oz</em> es en uno de mis títulos de cabecera. Y eso que se trataba de un&#8230; musical. Pero tenía de todo un poco: un hombre de paja, un león y otro de hojalata; una bruja más fea que el Picio y el inquietante OZ que resulta que es… No, no voy a revelarles el secreto si no han visto la película. Eso sí,  que conste que desde entonces <em>Over the raimbow</em> se ha convertido en uno de mis himnos particulares. Canción que no me canso de tararear. Pase lo que pase. Me aplasten o no me aplasten. Sé mientras la tarareo que en algún lugar encontraré el camino de las baldosas amarillas&#8230;</p>
<p>Les contaba todo esto porque en esta rara relación que mantengo con los musicales norteamericanos, cuando antaño me aterraba que tras una conversación el chico y la chica protagonista se pusieran a cantar como si nada, con el paso del tiempo ese efecto es el que últimamente me cautiva más en estas películas.</p>
<p>Me imagino así paseando por las calles de la polvorienta Santa Cruz y subiéndome a los bancos de la rambla, viajando en el tranvía o recorriendo la avenida de Anaga o atravesando el Mercado cantando como un descocido. Y que la gente se pone a cantar conmigo.</p>
<p>No negarán que tiene algo de fantástico y si lo piensan casi de ciencia ficción. Lo escribo por lo de una presunta invasión extraterrestre que lanza un rayo sobre nuestro planeta para que dejemos por unos instantes de pensar en nosotros mismos entregándonos al mágico y placentero disfrute de cantar. Aunque sea mal.</p>
<p>La realidad, obviamente, no permite estas grandezas. Aunque para estimular la producción en algunas empresas están obligando últimamente a sus trabajadores a bailar mientras el público pasea por sus instalaciones. Pero no es lo mismo. No parece verdad porque es un baile impuesto. Otra manera que tienen los empresarios de humillar a sus obreros: “haced el ganso por cuatro euros porque si no: a la puta calle”. Todo lo contrario de un musical donde el chico es capaz de cantar bajo la lluvia porque está tontamente enamorado.</p>
<p>En fin, en estas idioteces es en las que piensa uno para no echarse a llorar todos los días.</p>
<p>Saludos, a lo supercalifrístico espialidoso, desde este lado del ordenador.      </p>
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		<title>Todo fluye, nada permanece</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 19:54:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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Quiero que lo vean. Ahí está ese adolescente que se ha quemado la cabeza leyendas cuentos y novelas de terror. Hace un tiempo descubrió a Lovecraft, y tiene sueños en los que reproduce sus extrañas e inquietantes arquitecturas de mundos remotos. Suele despertarse cuando en estos sueños se aproxima a una de esas edificaciones irregulares y escucha [...]]]></description>
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<p>Quiero que lo vean. Ahí está ese adolescente que se ha quemado la cabeza leyendas cuentos y novelas de terror. Hace un tiempo descubrió a <a href="http://www.hplovecraft.es/">Lovecraft</a>, y tiene sueños en los que reproduce sus extrañas e inquietantes arquitecturas de mundos remotos. Suele despertarse cuando en estos sueños se aproxima a una de esas edificaciones irregulares y escucha el grito atronador y aterrador de una voz imposible. Quizá sea el de una de las deidades primordiales que creó el reservado escritor de Providence, Rhode Island.</p>
<p>Esos sueños, que no pesadillas, le hace pensar que quizá fue eso precisamente lo que ha hecho que las historias del señor Howard Phililps tengan tan mala suerte en el cine. Salvo cuando se le mira con estudiado sentido del humor.</p>
<p>Estamos a finales de los 70. Una buena época para el cine que llegaba a las salas de esta provincia. Y digo lo de cine que llegaba a las salas de esta provincia porque, como pasa también ahora, el 99 por ciento que se estrenaba y estrena era y es norteamericano y no de arte y ensayo (la verdad es que siempre me pareció bastante cursi eso de arte y ensayo, deben ser manías). De todas formas, qué cine diabólico, qué cine mayúsculo… <em>Taxi Driver</em>, <em>Apocalypse now!</em> y mucho me temo que también <em>El exorcista</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_Friedkin">William Friedkin</a>, un cineasta cuya filmografía está repleta de títulos que han sabido tocarme.  Les invito a ver o a que vuelvan a ver <em>French Conection</em>, <em>A la caza</em> (su mejor película, probablemente); <em>Los chicos del barrio</em> e incluso su excesiva <em>Vivir y morir en Los Ángeles</em>. No les recomiendo lo que ha hecho después. En este saco de pequeñas y atractivas obras imperfectas meto también <em>El exorcista</em>, basada en la novela del mismo título de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_Peter_Blatty">William Peter Blatty</a>.</p>
<p>Como no tiene la edad, ese chiquillo que aprendió a no tener pesadillas gracias a Lovecraft consigue ver <em>El exorcista</em> en uno de aquellos cines de barrio que pululaban por esta ciudad de muertos andantes que fue y sigue siendo Santa Cruz de Tenerife. Así que se lanza él solito a la piscina entrando en el mítico cine Delta, ubicado en el barrio de La Salud.</p>
<p>Se apagan las luces y la luz del proyector perfora la pantalla.</p>
<p>Cuando termina la película sale del Delta lo que se dice literalmente <em>a-co-jo-na-do.</em> Y eso que ha visto una copia penosa, con rayas y cortada por la inevitable censura de aquellos años. Pero aún con esas no deja de mirar para atrás, con la piel de gallina. Al abrir la puerta de su casa y encender la luz ¡mala suerte! porque deben de haberse fundido los plomos, así que tiene que subir a oscuras, en tinieblas, las escaleras. Y a medida que avanza peldaño a peldaño le parece ver en las sombras el rostro mutilado de Regan, y oye voces cavernosas.</p>
<p>Duerme.</p>
<p>Pero no tiene pesadillas.</p>
<p>Pasa el tiempo, cambian los amigos y cambian algunas aficiones. Un día, hablando con un colega sobre <em>El exorcista</em> llegan a la misma conclusión de que parte de su éxito se debe a que por una vez el mal en el cine tiene nombre pero no apellidos. Es el diablo a secas. Todo aquello que encarna lo peor de nosotros mismos.</p>
<p>Años 90, en la cartelera se anuncia que llega por fin a la gran pantalla <em>El exorcista</em> según el montaje del director, esa moda que hubo y habrá por añadir secuencias descartadas y pretender (sin conseguirlo la mayor parte de las veces) mejorar el material original. Queda con el amigo y esa misma tarde asisten al estreno.</p>
<p>Mucho jovencito, flota en el aire un ambiente de tibio nerviosismo. “No saben la que les espera” piensa aquel que leía a <em>Ech Pi El</em>.</p>
<p>Se apagan las luces. Suena la famosa melodía nerviosa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mike_Oldfield">Mike Oldfield </a>y comienza la película.</p>
<p>“Oh, oh, oh” se dice el chico, “aquí hay algo que no funciona…” La<em> pibada</em> se descojona de la risa. Más de un gracioso imita la voz con serios problemas de ronquera  de la niña poseída. Cuando Regan vomita aquella pasta verde las carcajadas resuenan por toda la sala.</p>
<p>Le da un codazo al amigo. ¿Pero qué pasa, no les da miedo? No, no les da miedo. Y al final termina uniéndose a la procesión de carcajadas que invade la sala. Es como si su cerebro hubiera drenado aquella oscura experiencia de adolescente.</p>
<p>Desde entonces, no ha vuelto a ver <em>El exorcista</em> aunque confiesa que hace unos días tuvo la tentación de volver a revisarla en la soledad de su casa. No lo hizo. Pero ¿saben por qué? Sintió miedo precisamente de descojonarse con la niña poseída. Y eso le hizo pensar (porque últimamente reflexiona en cosas tan idiotas como ésta) si al final va ser verdad aquello de que la existencia del diablo radica en que nadie cree en su existencia.<br />
   <br />
Saludos, pensando si va a tener razón <em>La semilla del diablo</em>, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Las aventuras de &#8216;Flesh Gordon&#8217; en el planeta Porno, no confundir con Mongo</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2009 16:59:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estoy frente al espejo, dibujándome la sombra de un bigote con el lápiz de cejas de mi madre. La memoria me dice que debo de estar a finales de los 70. Observo como ha quedado esa farsa pintada debajo de la nariz, y creo que puede dar el pego. Salgo corriendo del baño, y sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy frente al espejo, dibujándome la sombra de un bigote con el lápiz de cejas de mi madre. La memoria me dice que debo de estar a finales de los 70. Observo como ha quedado esa farsa pintada debajo de la nariz, y creo que puede dar el pego. Salgo corriendo del baño, y sin despedirme de la familia corro al Cinema Victoria, donde de puntillas adquiero una localidad. Hay poca gente, debe de ser un día de entre semana, así que me acerco con el corazón palpitante a la entrada, donde el portero, cuando me ve, suelta una sonora carcajada. Ni falta le hace pedirme el carnet de identidad para comprobar si tengo los 18 años de rigor. Me señala la taquilla para que me devuelvan el dinero que he pagado. Frustrado, y mientras regreso a casa, me quito la ridícula sombra del bigote con el pañuelo, humedecido de saliva.</p>
<p>¿De qué película se trataba, de entre las muchas a las que no me dejaron entrar cuando todavía era oficialmente un menor de edad? Pues de<em> La batalla de Árgel,</em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gillo_Pontecorvo">Guillo Pontecorvo</a>.</p>
<p>Otro día, o quizá fue antes, ya no me acuerdo. Me llama uno de esos amigos a los que después por los avatares de la vida dejas de tener noticia, para anunciarme por teléfono que han estrenado en el Cinema Victoria (ay, mi Cinema Victoria, que deliciosamente desgraciado me hacías por aquellos años) <a href="http://www.imdb.com/title/tt0068595/">Flesh Gordon</a>. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Flash_Gordon">Flash Gordon </a>querrás decir, le corrijo. “No, no, en el periódico pone <em>Flesh Gordon</em>”.</p>
<p>Y me pregunta si quiero ir con los amigos del barrio. E inocente le digo que sí. No sabía entonces que era otra película no apta para menores de 18 años.</p>
<p>Quedamos a la puerta del cine, que como recordarán los más veteranos estaba situado debajo del Teatro Baudet y al lado de esa fábrica abandonada de tabaco que ahora quieren transformar en Museo del Carnaval. Y me sorprendo, porque allí están casi todos los amigos del barrio. Un ejército. Nos dirigimos a la taquilla y me pongo nervioso porque pienso que no me van a dejar entrar. Tengo pinta de chaval, aunque hace tiempo que ya no llevo pantalones cortos. Aquellos pantalones cortos de color marrón que tanto marcaron mi infancia.</p>
<p>“No te preocupes”, me dice el amigo. “Que los más jóvenes nos metemos entre los más viejos”. Así que como una jauría de perros entusiasmados, todos moviendo la cola, nos dirigimos a la entrada, casi arrollando al amenazante portero que sólo puede cortar las entradas y dejarnos pasar.</p>
<p>Ahhh qué felicidad. Acabo de burlar al sistema.</p>
<p>Somos tantos, que todavía recuerdo que ocupamos una fila de butacas entera del viejo Cinema Victoria.</p>
<p>“Voy a ver <em>Flash Gordon</em>”, mi viejo héroe de los cómics Burulán, aquellos a todo color que mi tío me regaló antes de tirarlos a la basura y que todavía conservo como oro en paño en la biblioteca de casa.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/08/flesh.jpg" title="flesh.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/08/flesh.jpg" alt="flesh.jpg" /></a></p>
<p>Y empieza la película.</p>
<p>Y oh frustración, aquello no es <em>Flash Gordon</em>. Sino <em>Flesh Gordon</em>. Un <em>blandiporno </em>de los 70 que para mis alucinados ojos adolescentes me descubre repentinamente un mundo mágico y de colores. Obviamente, la frustración inicial se reblandece hasta desaparecer.</p>
<p>Años más tarde conseguí la película en una vieja copia de VHS, y con el nerviosismo de rememorar uno de los momentos digamos más luminosos de mi vida como espectador cinematográfico, no me pareció tan espectacular el filme. De hecho, fue una de tantas películas que una vez revisitada con ojos adultos contribuyó a que mirara de reojo todas aquellas cintas que me hicieron feliz mi niñez y adolescencia.</p>
<p>No obstante, <em>Flesh Gordon</em> es una simpática y subterránea parodia del viejo <em>Flash Gordon</em>, realizada con un insólito respeto hacia ese icono de los tebeos de ciencia ficción. Contaba con efectos especiales, cierto diseño, y una historia deliciosamente tonta. El planeta Mongo es ahora el planeta Porno, que en su trayectoria amenazante al viejo planeta Tierra envía unos rayos con los que pretende acabar con nuestra civilización desatando entre todos nosotros una ola de sexo desenfrenado. <em>Flesh</em> recala con la que será su novia (Dale Arden fagocitada en esta versión en Dale Ardor) y el viejo doctor Jerkoff (Zarkov en los tebeos) en la superfie de Porno para poner fin al ataque de los rayos ninfamaníacos. Y allí se tropiezan con el príncipe Balin, una loca vestida como Robin de los Bosques, que en los cómics era el muy masculino príncipe Barín; y la reina Frigia que deja de ser Frigia cuando cae en los brazos de Flesh, en su lucha contra el diabólico Wang el Pervertido (Ming en los colorines), que no es otra cosa que un cachondo mental con pinta de oriental.</p>
<p>La película se ha convertido en uno de esos títulos de culto que alimentamos los chavales que la vimos en circunstancias tan especiales y aventureras. De hecho, fue tal su éxito que se rodó una <a href="http://www.imdb.com/title/tt0097365/">segunda parte </a>que nunca vi, salvo fragmentos aislados en <em>You Tube</em>.</p>
<p>¿Que por qué me acuerdo de aquella experiencia? Sencillo, como ya dejé escrito en otra parte y ocasión, ir al cine entonces era toda una experiencia para un chaval con la cabeza puesta en otras cosas, y más en aquellos años que mi memoria recuerda ahora con alarmante color sepia.</p>
<p>En fin, eso era todo.</p>
<p>Saludos mascando fragmentos de nostalgia desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Eso sí era trabajar en favor del mundo libre&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 18:46:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine de barrio]]></category>

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		<description><![CDATA[Si hay un subgénero que me deja cautivo y desarmado hasta nuevo aviso es el de todas aquellas películas que brotaron como setas a la sombra del éxito de las películas de James Bond. Sin contar las innumerables y también descacharrantes versiones hispano italianas (con agentes enmascarados del tipo Superargo o Goldface, con Espartaco Santoni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay un subgénero que me deja cautivo y desarmado hasta nuevo aviso es el de todas aquellas películas que brotaron como setas a la sombra del éxito de las películas de <a href="http://www.archivo007.com/">James Bond</a>. Sin contar las innumerables y también descacharrantes versiones hispano italianas (con agentes enmascarados del tipo <a href="http://gabinetedroctopo.blogspot.com/2007/07/el-top-de-la-caspa-superargo-contra.html">Superargo</a> o <a href="http://www.cinefania.com/movie.php/52407/">Goldface</a>, con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espartaco_Santoni">Espartaco Santoni </a>interpretando al héroe de estar por casa) si hay novelas y filmes que colecciono con hilarante espíritu <em>camp</em> son las producciones británicas y norteamericanas que realizaron también su versión de <em>Bond </em>sólo que con un acento descaradamente cómico y, si me apuran, ridículamente machista.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/flint.jpg" title="flint.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/flint.jpg" alt="flint.jpg" /></a></p>
<p>Este comentario vienen a colación, no obstante, acerca de la nueva edición de las películas protagonizadas por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Coburn">James Coburn</a> como<a href="http://www.archivo007.com/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=286&amp;Itemid=361"> Flint</a> (<em>Flint, agente secreto</em> y <em>F de Flint</em>), así como del visionado reciente que he disfrutado de <em>El cerebro de un billón de dólares</em> de la serie <a href="http://curiosoperocine.blogspot.com/2008/07/harry-palmer-la-cara-b-de-007.html">Harry Palmer</a> protagonizada con refinado espíritu burlón por el casi siempre giganteco <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Caine">Michael Caine</a>. No puedo dejar en el olvido la revelación que para este que les escribe significó descubrir las aventuras cinematográficas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Matt_Helm,_agente_muy_especial">Matt Helm,</a> peculiar agente secreto interpretado con un más que deportivo sentido del humor por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dean_Martin">Dean Martin</a>.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/palmer.jpg" title="palmer.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/palmer.jpg" alt="palmer.jpg" /></a></p>
<p>Las novelas de estos tres personajes, salvo las de <em>Harry Palmer</em> escritas por el siempre potente <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Len_Deighton">Len Deighton</a>, no le hacen justicia a sus bastardos cinematográficos, que más que cintas de espionaje turístico del tipo <em>Bond</em> preferían decantarse más por la comedia y una irriverencia hacias sus jefes realmente explosiva. Lo más curioso de todas estas películas es que probablemente por su espíritu cafre y pop, resulten tan deliciosamente transgresoras en estos tiempos de facismo dulce que vivimos. Si algo caracteriza a <em>Flint</em>, <em>Helm</em> y <em>Palmer</em> en contra de <em>Bond </em>es que si bien son igual de individualistas y arrogantes, parece que para nada trabajan a gusto al servicio de sus respectivos países. Casi parace que lo hacen porque les permiten mantener el acelerado tren de lujo que llevan así como practicar elaboradas posiciones gimnásticas con todas aquellas mujeres que caen rendidas ante sus encantos. Lo de menos en estas cintas es la historia, ni los malos, demasiado torpes, sino la plasmación en pantalla grande de todas las fantasías del castigado oficinista que llevamos dentro.</p>
<p><a href="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/helm.jpg" title="helm.jpg"><img src="http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2009/05/helm.jpg" alt="helm.jpg" /></a></p>
<p>Por este mensaje diabólicamente rompedor en estos tiempos tontorronamente correctos que vivimos, me atrevo a escribir que por eso, precisamente, son tan necesarias para calmar las insatisfacciones de los nuevos esclavos que somos casi todos. Pura y delirante fantasía, atrevidas, rompedoras, deliciosamente entretenidas con héroes de cartón que me paracen un millón de veces más interesante que la nueva hornada de papanatas que se rompen los cascos en el actual cine norteamericano (sí, me refiero en especial al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bruce_Willis">Bruce Willis</a> de <em>las junglas de cristal</em>). <em>Flint</em>, <em>Helm</em> y P<em>almer</em> tenían estilo y espíritu<em> cool</em>. Ese puntito chachi canalla que sin hacer sombra a <em>007</em>, no queda mal señalar que bien podría emparejarlos en igualdad de condiciones con la feliz creación de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ian_Fleming">Ian Fleming</a>.</p>
<p>En fin, eso era todo. ¡Buena semana!</p>
<p>Saludos con <em>F </em>de <em>Flint</em>, <em>H</em> de <em>Helm </em>y <em>P </em>de <em>Palmer</em> a este lado del ordenador.</p>
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		<title>Yo aún recuerdo aquellos viejos tiempos&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Feb 2009 17:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine de allá]]></category>
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Esta película no la vi en un cine de barrio sino con mi padre, hace ya unos años, en nuestro añorado cine Víctor. Eran tiempos aquellos en los que todavía paraban en la puerta a un menor de edad si la película estaba catalogada para mayores de 18 años, pero ir con tu padre era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/the_long_riders.jpg" title="the_long_riders.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/the_long_riders.jpg" alt="the_long_riders.jpg" /></a></p>
<p>Esta película no la vi en un cine de barrio sino con mi padre, hace ya unos años, en nuestro añorado cine Víctor. Eran tiempos aquellos en los que todavía paraban en la puerta a un menor de edad si la película estaba catalogada para mayores de 18 años, pero ir con tu padre era una señal de que podías entrar a ver lo que quisieras. Ahora bien, deben de saber todos los nacidos y criados en esta capital de provincia que si había porteros con malas pulgas esperando en la puerta de un cine eso eran los del Víctor, así que cuando mi padre y yo nos disponíamos a entrar, aquel inolvidable <em>madelman </em>uniformado que hacia de cancerbero le dijo que yo no entraba. Que si no tenía 18 años no entraba. Todavía recuerdo el cabrero monumental que le montó a aquel pobre hombre mi santo padre, que no era persona dada a mostrar públicamente sus nervios salvo cuando le tocaban lo que se dice las pelotas. Yo no sé, pero al final entré a ver <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ry_Cooder">Forajidos de leyenda</a></em> y de paso a ver a mi padre como lo que realmente fue toda su vida: una leyenda. Al menos para éste que les escribe, y seguro que para todos mis hermanos. A él le debemos nuestro gusto por los libros y que pronto naciera en nosotros una afición temprana por el cine.</p>
<p>Pero no quería hablarles de pedazos de mi vida, esas secuencias que todavía guardo a todo color en mi memoria, sino de la película de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walter_Hill">Walter Hill,</a> un <em>western</em> tardío que no me canso de recuperar porque soy de esos a los que gusta de tararear el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Dixie_(song)">Dixie,</a> canción que como sabe mucha gente se convirtió en algo así como el himno de los estados secesionistas.</p>
<p>Ya lo he escrito en algún sitio y en este mismo <em>blog</em>. Siento cierta debilidad por la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Secesi%C3%B3n">Guerra de Secesión de los Estados Unidos</a>. Debilidad que comparto con uno de mis hermanos, que es una enciclopedia viviente en el asunto y con el que uno se puede pasar el día escuchándole los avatares de un conflicto que resulta tan lejano para un país como España, que desde siempre ha prestado poco interés por conocer las cicatrices que marcan al mapa de Norteamérica. Es necesario dejar claro, no obstante, que esta especie de fascinación no está marcada por el motivo que más tarde monopolizó el enfrentamiento entre los estados del Norte y los del Sur de esa parte del continente, como fue la esclavitud, sino la lucha entre dos formas de vida. La América rural y hasta cierto punto conservadora, con la capitalista e industrial, esa que encarna el ideal de progreso que es otra de las virtudes que los <em>tripas azules</em> (los yanquis) han sabido venderle al mundo desde entonces.</p>
<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/long-riders.jpg" title="long-riders.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/02/long-riders.jpg" alt="long-riders.jpg" /></a></p>
<p><em>Forajidos de leyenda</em> tiene un poco de todo esto; y si bien se trata de un largometraje que transcurre años después de finalizada la guerra, sí que plantea el daño que hicieron las heridas que dejó abiertas ese conflicto en el estado Missouri, tierra que vio nacer a <em>forajidos de leyenda</em> como los hermanos James (mitos en un país tan necesitado de mitos aunque se trate de bandoleros y en ocasiones asesinos a sangre fría) y los Younger, entre otros. El filme de Walter Hill, un excelente cineasta y un igual de excelente guionista, retrata la vida de estos dos clanes unidos por la necesidad de los tiempos, y con manierismo <em>peckimpaniano</em>, es un vehículo épico al servicio de unos tiempos que se fueron pero que forjaron a ese país en el gigante que es hoy día.</p>
<p>El filme de Hill cuenta además con un reparto excepcional, siendo todos los roles familiares interpretados por actores que son hermanos en la vida real como <strong>Stacey </strong>y <strong>James Keach</strong>, que interpretan a unos antipáticos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jesse_James">Frank y Jesse James</a>, respectivamente; y <strong>John</strong>, <strong>Keith </strong>y <strong>David Carradine</strong>, como los miembros de la familia <a href="http://libertyvalance-elviskenpo.blogspot.com/2008/06/jesse-james-de-rebelde-forajido.html">Younger.</a></p>
<p>Es probable que el paso del tiempo le haya restado algo de fuerza a esta película, no obstante, pero para este que les escribe sigue siendo uno de los mejores títulos en la irregular carrera de su director. La banda sonora es otro de los atractivos de la cinta, firmada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ry_Cooder">Ry Cooder,</a> quien arregla canciones de aquellos tiempos que se te quedan clavadas como puñales en tu corazón rebelde.</p>
<p>Cuando salimos del cine mi padre y yo coincidimos, antes de meternos en el Imperial a tomarnos un café con leche y uno de los clásicos bocadillos de pollo, que la película era una maravilla. Y en ese aspecto, les aseguro que mi padre nunca se equivocó.</p>
<p>Hacen mal si no han visto la película. Eso sí, si es usted (él o ella) uno de esos espectadores que detesta el género cinematográfico por excelencia que es el <em>western,</em> esta no es, obviamente, su película.</p>
<p>Saludos algo rebeldes a este lado del ordenador.</p>
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