Reivindicando un colorín o tebeo del oeste: Las aventuras de Mac Coy

Jueves, Septiembre 11th, 2008

Hubo un tiempo en que los comics del oeste gozaron de muy buena salud. Sin discusión alguna, el rey de todos estos tebeos fue y sigue siendo las aventuras de El teniente Blueberry, del guinista Jean-Michel Charlier y el dibujante Jean Giraud, también conocido como Moebius, uno de los más grandes dibujantes franceses de tebeos de todos los tiempos, pero ocupando un dignísimo segundo lugar (o al menos para éste que les escribe) se encuentra Mac Coy, de Jean Pierre Gourmelen y Antonio Hernández Palacios, pintor más que dibujante que supo teñir de “realismo” las aventuras de su primero capitán confederado y más tarde sargento mayor del ejército de la Unión al finalizar la guerra de secesión en la veintena de álbumes que componen la colección. Ilustrados por el genial Palacios, autor también del impresionante Eloy, con el que pretendió reflejar en viñetas los años oscuros de la Guerra Civil Española, El Cid, Manos Kelly y, episódicamente, de otros cuadernos como la biografía de Bolívar por citar los más conocidos de su interesante y a ratos fascinante producción.

No fue Palacios sin embargo un dibujante reivindicado en demasía en los años del boom comiquero en este país. Para los especialistas se trata de un artista más preocupado por la pintura que por la narración gráfica. Para otros, sin embargo, nos cautivó y sedujo desde un principio por su “aparente” facilidad para la ilustración, enriqueciendo historietas con malos guiones gracias a su discutible (insisto para algunos) talento.

Considero las aventuras de Mac Coy una excelente oportunidad para que el lector interesado en las historias ambientadas en lejano oeste americano conozca de cerca las campañas que el ejército de la Unión realizó contra los indios en la segunda mitad del siglo XIX; también una buena ocasión para entender la guerra que al sur de la frontera libró el cuerpo expedicionario francés contra los partidarios de Benito Juárez, enemigos declarados del emperador títere de origen austriaco Maximiliano que ocupaba por aquellos años el poder en México. Dos álbumes de la serie están dedicados de hecho a dos grandes batallas libradas a un lado y al otro de la frontera que marca el ya legendario Río Grande: Little Big Horn, donde fue aniquilado el Séptimo de Caballería al mando del coronel Custer y el sitio de Camerone, donde un grupo de legionarios franceses defendieron valerosamente la plaza contra las fuerzas revolucionarias de Benito Juárez.

En estas dos historietas, Mac Coy asiste como testigo casi accidental a ambos encuentros bélicos, actuando como un soldado profesional que ajeno a las banderas combate con oficio para salvar la vida. Junto a él, le acompaña el sargento Charlie, un soldado confederado que también ha terminado vistiendo la casaca azul al finalizar al Guerra Civil, y Maxi, personaje que sirve de contrapunto cómico a todas las historias donde aparece como leal compañero de armas de Mac Coy.

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Los escenarios de los cuadernos, editados en su día por Dargaud España, son sobre todo en los primeros diez números de la serie asombrosas recreaciones geográfica que muestran desde las desérticas planicies de Nuevo México y Texas a los paisajes nevados de los territorios del norte con exquisito realismo. Se le puede criticar, no obstante, a estas historietas su tono en ocasiones humorístico, pero creo que su guionista supo dosificarlo a lo largo de las diferentes entregas.

Como curiosidad destacar que si El teniente Blueberry tenía un vago parecido con el actor galo Jean Paul Belmondo, Mac Coy es casi un reflejo dibujado de Robert Redford. Eso sí, bronco y del montón.

El lector iniciado en el que muchos consideran el género cinematográfico por excelencia, el oeste, apreciará además continúas referencias en las historias de Mac Coy a los grandes clásicos cinematográficos del western, y verá reflejado en las viñetas paisajes claramente inspirados en las grandes películas que todo aficionado llevamos bien guardadas en el disco duro de nuestra memoria. No es aventurado afirmar por ello que las historia de Mac Coy respiran en ocasiones cierto hálito épico fordiano (la caballería cabalgando por las praderas infestadas de indios); así como del Veracruz de Aldrich o El mayor Dundee de Peckinpah al desarrollarse varias de las aventuras, como se ha dicho, en el Méjico del emperador Maximiliano.

Resumiendo, un tebeo, colorín, historieta, cómic muy recomendable. De hecho, no me canso de releerlo una y otra vez. Con el paso del tiempo Mac Coy se ha convertido en apuesta segura, como Tintín o Astérix. Es decir, que nunca te cansas de visitarlos aunque ya conozcas el final.

El abuelo se nos pone otra vez nostálgico: ¡¡¡Qué viva el Vampus!!!

Martes, Julio 22nd, 2008

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Me apetece ponerme nostálgico. Debe ser cosa de la edad. Ahh, la edad. Si yo les hablara…

¿Qué edad tendría? No lo recuerdo bien, es probable que nueve o quizá diez tiernos añitos… El lugar si que permanece relativamente fresco en mi traicionera memoria: la rambla. La rambla que forma parte de mi vida como la de tantos santacruceros de toda la vida. Me refiero al tramo que va desde el kiosco La Paz hasta la hoy polémica plaza de Toros, que era un territorio donde podía moverme a mis anchas porque mientras mis padres se tomaban un café  yo podía caminar de arriba-abajo mirando los tebeos que colgaban en los carritos.

Eran tiempos, infantes míos, difíciles para un chaval con ganas de leer tebeos. Es verdad que estaban los de toda la vida, incluso los de Pumby que no me hacía puñetera gracia, pero yo aspiraba a otra cosa. Ya por aquellos tiempos me volvían loco las historias de espectros, mucho más que las de los súper héroes de la Marvel que editaba Vértice en aquellas odiosas (aunque hoy se han convertido de culto) ediciones en formato libro. Yo creo que por culpa de Vértice me hice más de los súper héroes de la DC gracias a los tebeos mejicanos de Novaro. Con Superman y su álter ego, Clark Kent, y su novia, Luisa Lane, y su amigo, el fotógrafo Jaime Olsen, y el director del diario El Planeta, Pedro White. Si los colorines eran de Batman, te partías de la risa con Bruno Díaz (¡Bruce Wayne!) y su discípulo Robín, que no era otro que Ricardo Tapia. No puedo olvidar al señor Alfredo su fiel mayordomo… Pero perdonad sobrinitos míos, porque me voy por la tangente…

Hablaba de mis paseos por la rambla, y de cómo contemplaba fascinado las portadas de los tebeos para adultos tipo Vampus, Rufus o Vampirella. El descubrimiento de Vampus fue para este que les escribe un punto y aparte. De hecho, todavía no sé como logré reunir las 40 pesetas que costaba el ejemplar para con manos temblorosas intentar que el kiosquero me lo vendiera. Y digo lo de intentar porque, generalmente, el kiosquero no aceptaba mi dinero porque ¡¡¡era menor de edad!!!

¡¡¡Eso sí que eran otros tiempos!!! Y ahora que lo pienso, parece lógico que saliera tanto tarado entre los compañeros de generación. Era frustrante iniciarte en cualquier cosa: las películas que te gustarían ver eran para mayores de 18 años, los tebeos que querías leer eran para adultos… En casa te mandaban a la cama justo cuando ponían las series que te gustaban… Uno tenía que hacer auténticos malabarismos para ver una película (¡ah mis añorados cines de barrio!), comprar un tebeo (se los pedías casi de rodillas a tu hermano mayor) o ver una serie por la tele, escondiéndote debajo del sofá, por ejemplo, aunque al final cayeras rendido por el sueño y te descubriera la familia por tus ronquidos en plan sensurround.

Pero no sé cómo, sobrinos (es cosa del alzheimer, de verdad), pude hacerme con un Vampus, que no era otra cosa que la versión en español de Creepy de la Warren. Y ví la estrellas.  Más tarde me hice con otras publicaciones de la misma editorial (Garbo), como el Rufus y Vampirella. También con algún Dossier Negro, pero ninguna me llenó tanto como la mítica Vampus.

Las historias se salían, sencillamente. Y ahí descubrí a maestros como John Severin, Joe Orlando, Richard Corben, José Ortiz, Esteban Maroto, Beá, Russ Heath, Álex Niño, ilustrando pesadillas que la mayor parte de las veces las firmaba el gran Archie Goodwin.

Mucho tiempo después, siendo ya un adolescente hecho y derecho, conseguí hacerme con otros números del Vampus en tiendas de viejo, hermanos de amigos a los que ya no les interesaban aquellas revistas y rastros por donde caía siempre buscando. Siempre buscando con la paciencia del mismísimo santo Job.

Hasta que me hice con  todos los números. Y saben una cosa, ahora que estoy viejo y achacoso no me canso de releer las mismas historietas cuando me encuentro en una de mis habituales bajonas. Y si bien la dichosa edad ya no hace que me sumerja en cada una de sus historias con la pasión con las que me sumergía cuando era un chiquillo, todavía me parecen la mayor parte de ellas sobresalientes aventuras terroríficas…

En fin, queridos míos, no hagan caso de lo que diga el viejo, pero diablos que los del Vampus me enseñaron por lo menos el camino que debía tomar a la hora de iniciarme en los tenebrosos mundos de la fantasía.

Y se acabó, leñe. Otro día rindo pleitesía al maestro Luis Vigil y sus artículos sobre cine que incluía en la revista objeto de mi devoción.

Un artículo nostálgico más de vuestro querido tío… Vampus.   

Felicidades, Patricio…

Viernes, Julio 18th, 2008

Pese a que, rayos y truenos, tenga olvidado y hasta cubierto de telarañas (que las he visto yo…) el blog vecino, sirvan estas líneas para felicitar a un amigo, Paticia Ducha, que ha sido premiado por otro amigo, Manuel Darias, como mejor comentarista del año en su ya histórica página dedicada a la historieta en el Diario de Avisos.

Patricio Ducha es responsable de un trabajo épico en favor de los colorines a este lado del Atlántico. A él, además de mantenernos más o menos informado puntualmente sobre tebeos desde el suplemento El Radikal de La Opinión de Tenerife, también es responsable de ser el primer editor (o al menos tengo esa constancia) de una revista de comics en las islas. En su infatigable amor al noveno arte (¿alguien puede decirme cuál es el octavo?) se ha encargado además en sacar a la luz el extraordinario trabajo de un puñado de dibujantes canarios, muchos de los cuales continúan hoy en activo con sus tiras en (también) La Opiníón de Tenerife.

En su currículum comiquero destaca, bribones, la de intentar –desde que asumió tal responsabilidad– hacer posible el Salón del Cómic de Tenerife, un encuentro pequeño y humilde pero tan necesario para los miles de seguidores de la historieta que tiene este archipiélago majareta. Por ello, y por otras tantas cosas que me dejo en el tintero, el premio que le concede el maestro Darias es acertadísimo. Porque cuando alguien escriba la historia del tebeo en estas siete islas perdidas del Atlántico, el amigo Patricio, el buenazo de Ducha, ocupará un capítulo aparte.

Felicidades de todo corazón.

Y una buena noticia: regresan los de ‘El carrito de los colorines’

Jueves, Junio 5th, 2008

Hombre y para terminar el día una noticia que merece un espaldarazo. Mi vecino de blog, el buenazo de Patricio G. Ducha, ha vuelto (y con fuerza) a darle caña a su blog El carrito de los colorines. Ya era hora, por el gran Cthulhu, porque por fin estaré al tanto de colorines, tebeos, historietas y cómics. Por cierto, y permíteme amigo, ¿para cuándo un comentario sobre Cossa Nostra, probablemente el mejor ¿tebeo? europeo de los últimos meses? Recomiendo a los lectores que se hagan con los hasta ahora tres volúmenes de la serie, eso sí, hay que adquirirlos a un precio prohibitivo en estos tiempos de crisis que vivimos pero merece la pena tener otro agujero en el bolsillo para leerlos. Cossa Nostra no es otra cosa que la historia de la mafia en la ciudad de Nueva York, y no tiene desperdicio. Huelga decir, por otro lado, que es una historieta de necesaria lectura en estos tiempos oscuros y confusos que vivimos.

Bienvenidos.

Vuelve el Salón del Cómic de Tenerife: ¿será verdad? ¿será mentira?

Jueves, Febrero 7th, 2008

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Las ediciones de papel y digital de La Opinión de Tenerife incluyen hoy en su variada oferta informativa una noticia que me ha alegrado el día: el Salón del Cómic de Tenerife vuelve. Parece el título de una mala película, pero así son las cosas. Al parecer, la actual concejala de Cultura del Ayuntamiento de la capital tinerfeña, Angela Mena, ha dado el visto bueno a esta iniciativa comiquera y cultural. Falta por el momento decidir dónde y cuándo lo ubicarán, por lo que me atrevo a sugerir a que el Salón se celebre en agosto y en La Recova como era habitual para iluminar un  mes que en esta isla se caracteriza precisamente por su oscuridad en cuanto a actos culturales se refiere.

Como casi todo el mundo sabe. O sabe casi todo el mundo al que aún le va eso de leer colorines o tebeos, la 15 edición del Salón no se celebró el año pasado por vete-tú-a-saber… Su impulsor en los últimos tiempos, Patricio Ducha, parece que ha sabido reaccionar y frente a la presión de amigos y enemigos inició una silenciosa campaña de promoción que tras una sabia y muy inteligente entrevista publicada en el suplemento de ocio y cultura del periódico El Día, intuyo yo que ha sido clave para dar el empujoncito que se merecía para que al final la concejala haya reflexionado y dado luz verde a esos locos de la historieta. La entrevista a la que hago referencia la firma un periodista lo que se dice de raza, Jorge Dávila, que lo mismo se mete en los sótanos más inmundos de nuestra realidad canaria cuando asumió en ese mismo periódico la responsabilidad de la sección de Sucesos que realiza inteligentes entrevistas con gente de la cultura en la sección donde ahora milita que es, ya lo saben, la de Cultura.

Me alegro mucho por el Salón del Cómic, así como por Patricio Ducha y su equipo de entusiastas colaboradores, sólo lamento que Ducha haya dejado agonizar el blog dedicado a los colorines que tenía en la edición digital de este mismo periódico, pero imagino que el tiempo maldito tiempo ha hecho imposible que nos tuviera debidamente informados a los aficionados sobre las últimas novedades en lo que algunos califican como noveno arte.

Sólo una pregunta: pasado ya el año que conmemoraba el 100 aniversario del nacimiento de Hergé ¿continúa abierta la pequeña pero emocionada exposición que sus organizadores tenían previsto realizarle?

Enhorabuena, amigo.