Recordad la batalla de Santa Cruz de Tenerife… pero con la justicia que se merece

Lunes, Julio 28th, 2008

El sábado se puso punto y final al espectáculo de la gesta. Me di una vuelta por la calle de La Noria y también estuve en la plaza de la isla de La Madera, y aguanté el tipo una hora para ver a los “soldados de época” cargar sus escopetas, formar en cuadro y hacer el indio… Entonces me di cuenta que, como el personaje de Scott Fitzgerald en A este lado del paraíso, Amory Blane, soy un mediocre porque me gustan cosas tan sencillas como las trompetas tocando a plata y la de ver a un grupo de adultos disfrazados de soldados de finales del siglo XVIII. Y eso que soy de los que se acogieron a la prestación social sustitutoria antes que hacer la mili… Pero dónde haya un uniforme de época que se quite lo demás… Claro que nadie es perfecto.

Lo que me parece fuerte es escuchar en una tertulia de tele local y que forma gente muy respetable y que suele saber de lo que habla que lamenten que Galdós, don Benito Pérez Galdós, no iniciara sus Episodios Nacionales ¡con la dichosa gesta santacrucera!. Critica uno de los “sabios” que don Benito ubicarara la acción de la primera novela con la batalla de Trafalgar, lo que me obliga a reflexionar uan vez más que no iba tan descaminado cuando en un comentario anterior decía que los de Tenerife, así como los canarios en general, padecemos de una ombliguitis aguda que si no se trata a tiempo puede degenerar en una terrible enfermedad.

Me ha reventando, de hecho, que esas voces “expertas” comparen la batalla de (y no por) Santa Cruz con la batalla de Trafalgar porque no es lo mismo comparar a un elefante con una ardilla aunque los dos sean animales y mamíferos… Perdemo el rumbo, en definitiva. 

Estoy de acuerdo que se recuerde la gesta o la batalla de Santa Cruz, y que cada año, si no se puede gastar dinero en otro montaje como el que vimos el fin de semana pasado, se haga desfilar a las orgullosa tropas españolas y francesas por la recoleta calle de La Noria y se tiren fuegos de artifico si a Ángel Llanos le queda algo de dinero tras el derroche de este año, pero agradecería que los “cronistas oficiales” que se han apoderado de lo que aconteció aquellos días sean cautos y no se dejen llevar por un tinerfeñismo tontorrón porque desluce cualquier cosa que se ponga en marcha. Dejad a Santa Cruz y a Trafalgar en paz. También a los muertos de esas dos batallas. Recordemos a los caídos con sencilla humildad, es una forma inteligente de mantenerlos vivos en la memoria sin necesidad ni necedad de castigarlos con mentiras. Ni ellos ni nosotros nos lo merecemos.

He dicho.

Gesta o indigesta: ¡Dios salve al Rey!

Viernes, Julio 25th, 2008

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Asistí como un espectador más al acto de desembarco de las tropas británicas recreado en la plaza del Castillo Negro. Y si bien fui uno de tantos espectadores que no pudo ver el espectáculo con toda la plenitud que se merecía, debido a la geografía donde se desarrolló el simulacro de lo que aconteció en 1797, sí que pude ver desfilar de las tropas ataviadas con los trajes de época. De hecho, un buen, querido y entrañable amigo, Eduardo el barbas, escopeta al hombro, pasó ante mis ojos vistiendo orgulloso el traje de soldado español de finales del siglo XVIII.

¿Estuvo bien  el montaje? Creo que sí, aunque le faltó emoción, le sobró banda sonora repetitiva y algo más de ruido. No viajé en el tiempo, vamos, pero sí que me dejé arrastrar en esta calurosa mañana por una representación “militar” que pretende rendir homenaje para lo que dicen fue una gesta y para muchos santacruceros de hoy día una indigesta. Pero así son las cosas.

Como espectador me puse a pensar qué hubiera sido de esta tierra si Nelson logra lo que se proponía. Y lo que se proponía no era tomar la plaza aunque suene bonito. Ojalá, me dice un amigo, hubiera sido esta su pretensión. Yo qué sé… Si se me permite la ucronía (que es suponer cómo podían haber sido las cosas si los ingeleses hubieran ganado la batalla) y dando por hecho que el por entonces contralmirante ansiaba conquistar mi terruño, es probable que ninguno de los que conozco existieran. Yo mismo no existiría (es probable que más de uno lo celebrara) sino que habría algo parecido sólo que hablando un inglés con acento canario. Así las cosas, Santa Cruz de Tenerife no sería Santa Cruz de Tenerife sino Nelson city, y la por entonces plaza de La Pila, hoy de La Candelaria, una reproducción a pequeña escala de la Trafalgar square londinense… Imagino también que el resto de Canarias seguiría permaneciendo fiel a España menos Tenerife, que como la aldea de los galos de Astérix continuaría resistiendo contra las pretensiones de un país que al final, por cansado, dejaría las cosas  en su sitio. Es decir, que la Corona española dejaría que en Tenerife y Gibraltar ondease la enseña de la Unión Jack.

Todo esto lo pensé viendo la recreación que lleva la firma de Teodoro Ríos, en la que casi saludo militarmente cuando desfiló la tropa británica. Me mordí la lengua, es cierto, pero como un fuego violento casi grito lo de ¡Dios salve al Rey! Me contuve, no era momento ni lugar, sobre todo porque vivo en una ciudad que se permite un acto de exaltación tan español mientras su alcalde escribe que ahora se siente soberanista… No entiendo nada.

La recración de la batalla continúa mañana, sábado, y supongo yo que será más entretenida que el simulacro que nos ofrecieron hoy. A las 20.30 horas se recrea la batalla en la plaza de la Iglesia de la Concepción, La calle de La Noria y la plaza de la Isla de la Madera… Por la mañana, a las 11.30, desfile militar de época que sale de la plaza Weyler, recorre la calle del Castillo y finaliza en la plaza de España. Espero también estar. Lo que no sé es si me atreveré a gritar ¡Dios salve al Rey!

Una última cosa: Interesante e instructivo el dvd sobre el ataque de Nelson a Santa Cruz que repartió el domingo pasado el periódico El Día y que dirige Roberto Ríos. Me sorprendió su concisión, también la recreación de algunos momentos de la batalla. Me pregunto cómo a nadie se le ha ocurrido todavía escribir una novela o un guión sobre lo que pasó aquellos días.

Claro que, ¿quién sabe?

Lo dicho: ¡Dios salve al Rey!

¿Qué rey? Jorge III, por supuesto.

De la dichosa “gesta” al brazo (in)corrupto de Nelson

Lunes, Julio 21st, 2008

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¿Podría alguien tener a bien explicarme por qué tanto bombo y platillo por la celebración de la “Gesta” del 25 de julio de 1797 en 2008? Porque la verdad, no coincide con el bicentenario de aquellos hechos, lo que multiplica mi confusión ante un gasto desorbitado para conmemorar esta victoria. Victoria que apenas significó un susto para el por aquel entonces contralmirante Nelson, aunque cierto es que se quedó sin brazo.

La Sociedad de Desarrollo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha invertado la friolera de 240.000 euros en los fastos que nos recordarán como aquel día ”un puñado de valientes” derrotaron a las tropas británicas que pretendían saquear ese publecito de pescadores que nunca debió de haber dejado de ser Santa Cruz de Tenerife. La millonaria cifra comienza a quemar ceros desde hoy con un ciclo de conferencias donde volverán a decirnos más o menos lo mismo: “lo valiente que fue el pueblo de Tenerife al rechazar al pérfido enemigo y la fina inteligencia del general español Antonio Gutiérrez para derrotarlo”, ciclo de películas y, atención, atención, una recreación histórica donde un grupo de adultos escenificará la batalla por las calles del viejo y castigado Santa Cruz. 

Estoy seguro que la recreación saldrá bien. Y espero estar ahí para verla en riguroso directo. Lo que nadie me ha explicado todavía es el porqué del gasto. En unos tiempos donde todo el mundo habla de crisis.

Creo que ya va siendo hora de que se hable con total seriedad de una batalla que nos han vendido como “gesta” cuando creo que tiene algo más de jeta que de cualquier otra cosa. Lo del 25 de julio se ha tranformado así en una de las miradas de ombligo más escandalosas de esta isla tan poco orgullosa de sí misma y por lo tanto tan necesitada de cariño. 

Dicen que Pérez Minik decía que dos de los grandes errores de Tenerife fue no dejar entrar a los británicos y sí dejar salir a Franco con destino a la pesadilla de la Guerra (in)Civil. Por lo que sé, no era intención de Nelson la de tomar esta plaza,  sino la de saquearla de cuanto tenía, algo que sus nietos sí suelen hacen cuando caen por esta tierra de vacaciones. 

Lo mejor, sin embargo, de la “gesta” es su final, cuando amigos y enemigos comparten mesa y mantel aunque Nelson se quedó en su barco mirando aquella tierra donde perdió el famoso brazo. No creo que el héroe de Trafalgar fuera consciente de lo que provocó a este lado del Atlántico, tampoco la de ser responsable de encender una llama tan inútil como la que a partir de aquel día no ha cesado de recordarnos la historia oficial de esta isla a la deriva: la de que los de aquí, sí que sabemos ganar.

Y lo peor de todo es que muchos aún se lo creen. Como se creen que tenemos el mejor carnaval del mundo, y los aborígenes más roussenianos del planeta, y los paisajes más bonitos, y la gente más noble y, y, y el ombligo más redondo y perfecto del universo.

Thank you, mr. Nelson

A ‘don’ Benito Pérez Galdós

Viernes, Enero 4th, 2008

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Tal día como hoy pero hace exactamente 88 años fallecía en Madrid el novelista grancanario Benito Pérez Galdós. Reconozco que he dudado un instante a la hora de escribir su nombre, y explicaré por qué. Benito Pérez Galdós es de esos personajes que merecen ir por la vida, y por lo tanto ser recordados, con el don por delante. Voy a ver si funciona: Tal día como hoy pero hace exactamente 88 años fallecía en Madrid el novelista gran canario don Benito Pérez Galdós…

No he visto mucho revuelo en la prensa local por el aniversario de su muerte, ni artículos encendidos defendiendo la memoria del maestro. Tampoco la leyenda negra que le atribuye la desgraciada frase de “me sacudo el sucio polvo de las islas Canarias” cuando, dicen las lenguas viperinas, tocó el puerto de Cádiz. Yo no me creo nada, pero ahí queda la cosa para los enterados. Dijera o no dijera tal memez o que lo pensara, pero eso tampoco lo sabemos, don Benito Pérez Galdós es uno de los más grandes escritores españoles del siglo XIX, y el autor , entre otras gigantescas novelas, de la gigantesca Los episodios nacionales, cuya primera serie tuve la suerte de leer en uno de esos momentos de tu vida en los que te vuelves galdosiano. No continué la lectura de tan magno proyecto porque descubrí abochornado las enormes lagunas que tengo en la historia de España tras la Guerra de Independencia, aunque sí que he leído algunos libros sueltos, como El Grande Oriente que posiblemente sea uno de los mejores (pero también ridículos) retratos que se ha hecho de la masonería en este país que ya no tiene memoria.

Tuve un gran amigo que se emocionaba cuando hablábamos de Galdós. Mi amigo, que ya no está entre nosotros, consideraba leer cualquier novela de Galdós como un acto de placer intelectual que nunca deja exhausto. Mi amigo se llamaba Rafael Apeles y también sentía una enorme devoción laica por Tintín. Pero es de Galdós de quien se cumple el 88 aniversario de su muerte, muerte que coincide con los fastos que se preparan por lo menos en la capital de España para rendir homenaje a los héroes del 2 de mayo de 1808. Y pienso que una buena manera de tributarlos es leer o releer la primera serie de Los Episodios Nacionales, aquella que inicia Trafalgar y finaliza con La batalla de los Arapiles, ya que resume la experiencia de la guerra de independencia que sostuvo este país contra la Francia de Napoleón.

Puedo asegurarles, y les aseguro, que son novelas de aventura cien por cien y que uno es testigo de los momentos más terribles de aquella contienda (Bailén, Chamartín, Zaragoza y Gerona) contados a través de los ojos de Gabriel de Araceli, su protagonista.

Pensaba en ésta y otras cosas leyendo la noticia de que hoy se cumple el 88 aniversario de su fallecimiento. Y no sé por qué, recordé a mi buen amigo Apeles, quien además de disfrutar con los Episodios nunca descansó en recomendarme  vivamente que leyera otras obras del maestro como TristanaFortunata y Jacinta, La Fontana de Oro y sobre todo, sobre todo, Torquemada.

Te haré caso amigo y maestro. Lo peor de todo es que no podré comentar contigo lo que me parecieron. Un abrazo muy fuerte allá donde estés.