¡Que vienen los rusos! o un listado improvisado de comedias ¿anticomunistas?

Domingo, Marzo 20th, 2011

“Los últimos juicios en masa fueron un gran éxito. Habrá menos, pero mejores rusos.”

(Ninotchka, Ernst Lubitsch)

AVISO

Se trata de una lista improvisada, de títulos que se me han venido a la cabeza y de otros que he rastreado en la red. Hay cintas curiosas, algunas de ellas obras maestras de la comedia de todos los tiempos. Otras no lo son tanto.

La finalidad de este muestrario solo pretende ofrecer a los aficionados y curiosos una serie de cintas que se ríen (unas sanamente y otras con muy mala leche) de aquel fantasma que prometió recorrer Europa: ¡¡¡el comunismo!!!

Pasen y vean

NINOTCHKA (1939).- Quizá la comedia anticomunista más famosa de la historia sea Ninotchka. Y no solo porque la turbadora Greta Garbo riera por primera vez en pantalla sino porque se trata de un ejemplar largometraje a través del cual no cuesta mucho entender en que consistió eso que llaman toque Lubitsch. La historia cuenta como tres representantes del gobierno de la URSS llegan a París con la intención de vender unas joyas pertenecientes a la Gran Duquesa. Como es natural, los tres atolondrados emisarios caerán rendidos antes los encantos de París cuando el atractivo Melvyn Douglas, que interpreta a un gigoló, se presté a ser su cicerone por la ciudad que nunca duerme despertando la alarma de Moscú, que envía a una de sus mejores agentes, la tal Ninotchka, para que averigüe por qué demoran tanto su vuelta los tres embajadores. Como era de esperar, el flechazo es instantáneo cuando el gigoló se encuentra con la en un principio gélida Ninotchka. Claro que cuando se une champán y caviar hasta la Garbo, efectivamente, ríe. 

CAMARADA X (1949).- Dirigida por King Vidor y protagonizada por Clark Gable y Heddy Lamar, a mi Camarada X me sigue pareciendo una gran comedia. En contra de Ninotchka, gran parte de la acción se desarrolla en esta ocasión en Moscú, donde Gable interpreta a un canalla periodista norteamericano que se salta la estricta censura comunista para enviar sus crónicas a los Estados Unidos firmando como Camarada X. El filme incluye en sus minutos finales una todavía asombrosa y disparatada carrera de tanquetas, y sus diálogos están trufados de chispeantes reflexiones en la que se ridiculiza a Marx y Lenin bajo la mirada omnipresente de Stalin. El gran actor de reparto Sig Ruman hace de periodista nazi y alemán.

DON CAMILO (1952).- Basada en las populares novelas del notable escritor italiano Giovanni Guareschi y dirigida por Julien Duvivier, la película gira en torno a las conflictivas y también divertidas relaciones que mantiene el cura de un tranquilo pueblo italiano con su alcalde, el comunista Peponne, interpretados respectivamente por Fernandel y Gino Cervi. Esta fue la primera película de una serie que contó con varias entregas. 

FALDAS DE ACERO (1957).- Lo mejor de la película es Bob Hope, un tipo que a mí me sigue haciendo mucha gracia. En la película el actor que probablemente interpretó a más imbéciles en la historia del cine sin serlo para nada en la vida real comparte escena con la maravillosa Katharine Hepburn que en esta ocasión se mete en la piel de una fría aviadora rusa que pronto sucumbirá a los encantos de Hope (¿?), ya que le muestra lo bien que se vive en occidente. En este caso aquel Berlín cortado a la mitad por el Muro de la vergüenza. Dirige sin embargo con poca gracia el habitualmente rutinario Ralph Thomas. Y sí, se trata de un remake de la gran Ninotchka.

LA BELLA DE MOSCÚ (1957).- La bella de Moscú es el remake musical de Ninotchka. Y es un buen musical aunque no sea mejor comedia que la Ninotchka de Lutbitch. Protagonizada por Fred Astaire y Cyd Charisse, probablemente la actriz con las piernas más hermosas de la historia del cine, el gran aunque hoy injustamente olvidado cineasta Rouben Mamoulian estuvo tras las cámaras. Las canciones son de otro gigante: Cole Porter.

UN, DOS, TRES (1961).- Berlín se reinventa como ciudad tras ser arrasada por la II Guerra Mundial. Y ello pese a estar separada por un muro que divide el lado occidental del oriental. En la ciudad trabaja un nervioso y trepidante ejecutivo de la Coca Cola interpretado por James Cagney, y a través del cual se mueve una galería de brillantes secundarios que solo podían salir de la cabeza de esa pareja bienavenida de guionistas que formaron Billy Wilder y I. A. L. Diamond. Entre otros, destaca la rubia y amante secretaria del feroz capitalista, su ayudante, un hombre que no deja de dar taconazos prusianos cuando recibe una orden y la pizpireta hija del ejecutivo, enamorada de un berlinés del lado equivocado, el comunista. Una obra maestra. Y de obligado visionado para cualquier tipo de deshielo.

¡QUE VIENEN LOS RUSOS! (1966).- No he vuelto a ver esta comedia pero guardo grato recuerdo de ella. Los comunistas son mirados, por una vez, como seres humanos  y es un largometraje con mensaje. Mensaje de vivamos en paz. La historia que dirige Norman Jewison se dispara cuando un submarino ruso encalla cerca de la costa de un apacible pueblo estadounidense. Alan Arkin, Eve Marie Saint, Brian Keith y Carl Reiner son algunos de los actores de esta curiosa y, reitero, pacifista comedia que más que anticomunista vende la idea de que todos somos seres humanos. Por muy equivocados que estén ideológicamente…

TOP SECRET  (1984).- No es un filme estrictamente anticomunista sino una ingeniosa y revolucionaria película de parodia que en esta ocasión ridiculiza el cine de espionaje con momentos que ya han pasado a la historia del cine. La dirige el mismo equipo de desquiciados de Aterriza como puedas: Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker. Y es una gansada. El protagonista Nick Rivers (Val Kilmer), un cantante pop va a Alemania Oriental (una Alemania Oriental que todavía parece estar controlada por los nazis) donde se enamora (es un decir) de una bella bailarina. Puro y delirante disparate. Y una obra maestra del subgénero, sí señor.

LA HOZ Y EL MARTÍNEZ (1985).- Comedia no tan chusca como algunos quisieran, y protagonizada por ese formidable actor que es Andrés Pajares, La hoz y el Martínez es la única aportación española (aunque debe de haber muchísimas más, seguro) en esta improvisada lista de películas. La acción se desarrolla en Madrid,  escenario en de una cumbre para la paz, en la que los soviéticos y los americanos han llegado a un acuerdo para la firma de un tratado de desarme nuclear bilateral. El representante soviético, principal valedor de la paz, sufre un atentado que pone en peligro su vida, y con ello las negociaciones. El embajador de su país y la traductora busca un suplente, el tal Martínez del título. Un fontanero de Madrí, Madrí, que interpreta un inspirado Pajares. Dirige Álvaro Sáen de Heredia.

DANKO, CALOR ROJO (1988).- Hombre, comedia comedia no es… pero tiene su puntito gracioso. Sobre todo porque siguiendo al pie de la letra el clásico esquema de películas de colegas une a un eficaz policía soviético con uno americano de barriga cervecera. El primero lo asume con su hieratismo habitual Arnold Schwarzenegger y el segundo James Belushi, hermano del gran John Belushi. Dirige mi apreciado Walter Hill.

NO TE BEBAS EL AGUA (1994).- Película para televisión dirigida por Woody Allen que adapta la comedia teatral que escribió en los años sesenta. La acción se desarrolla en una enloquecida embajada de los Estados Unidos en un país comunista y el reparto televisivo contó, entre otros actores, con Michael J. Fox y Dom DeLuise. Con suerte se puede bajar por Internet siempre y cuando tenga ánimos suficientes para desafiar la Ley Sinde.

GOODBYE LENIN! (2003).- Es imposible no caer bajo el hechizo de esta notable comedia alemana que pone de manifiesto hasta donde puede llegar el amor de un hijo por su madre, comunista convencida que tras despertar de un coma no sabe que su sistema se ha desmoronado, lo que suscita divertidísimos equívocos con su hijo, empeñado en que su madre no se dé cuenta que su sueño ideológico se ha convertido en ceniza. El filme, dirigido por Wolfgang Becker, nos descubrió al notable actor Daniel Brühl.

Y por último, si pinchan este enlace podrán acceder a un interesante listado de películas norteamericanas de pérfido espíritu anticomunista http://www.lib.washington.edu/exhibits/AllPowers/film.html

Y otras cintas que sin ser cómicas se pueden ver con bastante humor son, entre otras, Amanecer rojo y la serie de televisión Amerika, en las que se proponían hipotéticas invasiones soviéticas a los Estados Unidos. Y la descacharrante Invasión USA, protagonizada (es un decir) por Chuck Norris

Saludos, tovarichis, desde este lado del ordenador.

Berlín ‘noir’ y Berlín ‘pulp’

Martes, Marzo 8th, 2011

Nunca he estado en Berlín pero no me gustaría morir sin visitar una ciudad que creo conocer tan bien literariamente hablando como Nueva York.

Hace un tiempo encontré en una librería y a precio de saldo la novela El buen alemán, título que inspiró la irregular película del mismo nombre dirigida por Steve Soderbergh.

Llegué entonces a la conclusión, una vez leída esta monumental historia que se desarrolla en Berlín y Postdam en 1945, que en ocasiones el cine poco puede hacer cuando el material literario que lo inspira es del tonelaje de, por ejemplo, esta ficción que firma el periodista y escritor Joseph Kanon.

Se han escrito numerosas ficciones sobre el fin de la Alemania nazi y en concreto sobre el de su capital dividida en trozos por las cuatro naciones vencedoras y aliadas (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

Este periodo de la historia también ha dado origen a numerosas películas entre las que destacaría por razones obvias El tercer hombre (aunque su acción se desarrolle en Viena, Austria); las deliciosas Berlín Occidente y Un, dos, tres, del gran Billy Wilder; Berlín Express, de Jacques Tourneur y la cruda Alemania, año cero, de Roberto Rossellini por citar sólo las que se me vienen ahora a la memoria.

Literariamente, destacaría casi todas las novelas que Philip Kerr ha dedicado a su extravagante detective privado Bernhard “Bernie” Gunther (recomiendo especialmente el último capítulo de la serie, Gris campaña), así como Berlín 1945, de Pierre Frei y el estremecedor y autobiográfico Una mujer en Berlín, anónimo. Igual de autobiográfico es No hay cielo sobre Berlín, de Helga Schneider.

En el género negro criminal merece la pena reseñarse la interesante Sombras sobre Berlín, primera entrega que Volker Kutscher dedica al comisario Gereon Rath y cuya acción se desarrolla a finales de los años veinte y El jardín de las fieras de Jeffery Deaver, historia policiaca que transcurre en plenas Olimpiadas de 1936.

No querrría olvidarme de la inquietante Patria, ucrononía de Robert Harris en la que los alemanes han ganado la guerra. En este título, Xavier March, un detective de la Kriminalpolizei (una subdivisión de las SS) investiga la muerte de Joseph Büzler, un importante jerarca del régimen nazi en el Havel, a las afueras de Berlín, durante las celebraciones por el 75 cumpleaños del Führer Adolf Hitler.

En esta lista improvisada de escritores recientes que han tomado la capital alemana como modelo en el que desarrollar sus historias en este periodo tan siniestro como incómodo de la historia cito también el tercer volumen que el escritor español Ignacio del Valle ha dedicado a su personaje Arturo Andrade. Me refiero a Los demonios de Berlín.

Este texto bien podría estar inspirado en las supuestas memorias que Miguel Ezquerra dejó escritas en su Berlín, a vida o muerte. Un libro que, con independencia de que sea real o no lo que cuenta, se puede leer como una vibrante novela de acción siempre y cuando el lector sepa distanciarse del mensaje folclóricamente reaccionario con que el autor adorna sus páginas.

El español Luis Manuel Ruiz también se sirvió de las calles y plazas de la capital berlinesa para su policiaca La habitación de cristal donde evoca el ascenso del partido nazi.

Merece también la pena leer Los últimos días de Berlín, de Cristóbal Tamayo y Línea Sigfrido, de José A. Giménez Arnau, textos periodísticos escritos en primera línea. El primero describiendo el fin del régimen nazi y el segundo relatando las experiencias como corresponsal en la capital alemana los primeros años de la II Guerra Mundial.

Entre las historias que se desarrollan en el Berlín de entreguerras cabe destacar Adiós a Berlín, de Christopher Iserwood, que dio origen a ese fabuloso musical que es más que un musical titulado Cabaret, de Bob Fosse, y Una princesa en Berlín de Arthur R. G. Solmssen.

También, cómo no, la excelente y complejísima Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin. O Mefisto, de Klaus Mann, libro de necesaria relectura en estos tiempos en los que la mayoría de nosotros no duda en vender su alma al diablo.

El Berlín de postguerra ha dado origen también a una de las mejores novelas del hoy defenestrado (y no sé bien por qué ¿acaso por judío?) Leon Uris. La llamó Armaggedon y es un ambicioso y más que comestible volumen sobre aquellos años.

El Berlín de la Guerra Fría dio origen a numerosas novelas de espionaje, entre las que resaltan las escritas por Len Deighton y John LeCarre, entre otros tantos autores.

El norteamericano Jonathan Rabb desarrolla en la capital alemana las dos entregas que hasta la fecha ha dedicado al kriminalpolizei Nikkolai Hoffner.

La primera, Rosa, está ambientada en plena república de Weimer mientras que la segunda Luces y sombra, mueve al personaje en los estudios de la UFA, donde hace amistad con el cineasta Fritz Lang. El propio Rabb anunció hace dos años en la Semana Negra de Gijón –-donde tuve además la oportunidad de entrevistarlo– que cerrará la trilogía Hoffner en una próxima historia que transcurrirá en España durante los primeros días de su funesta Guerra Civil.

En este mismo escenario, el guionista y dibujante de historietas Hugo Pratt deseaba que su carismático Corto Maltés desapareciera. Lamentablemente la muerte se llevó a Pratt antes de que pudiera hacerlo.

Es obvio, pero Corto y Pratt ya se encuentran en la geografía de la leyenda.

Como Berlín, una ciudad que no conozco pero que para mi ya es eso, una leyenda.

Y una aclaración pertinente: este post solo pretende ser orientativo. El autor es consciente que se deja grandes títulos fuera. Es de agradecer a lectores interesados que le sugirieran otros, muchos, muchísimos más títulos.

Saludos, ich bin ein Berliner, desde este lado de ordenador

Titanic 2 (El hundimiento)

Martes, Noviembre 9th, 2010

El viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado, vestido de marinero, gorra de plato blanca encima de la cabeza, se encuentra en la proa del barco llamado Cultura fumando en pipa tranquilamente cuando de improviso ve como el iceberg de la crisis desgarra la niebla como si fiera un velo y muerde como una navaja un lado de la embarcación.

ALGUIEN: Zozobramos, zozobramos…

ALBERTO DELGADO (hace bocina con las manos): ¡Las mujeres y los niños primero!

A la primera que tiran por la borda con salvavidas es a Blanca Quintero. Cuando su cuerpo toca el agua se aferra a una tabla que casualmente flotaba por ahí en la que se puede leer Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales de Canarias.

Delgado recorre la cubierta atestada de gente. Unos marineros bajan lanchas de salvamento al agua agitada del Atlántico. Otros piden orden al pasaje enloquecido. Un grupo de músicos canarios toca, en la popa, temas ligeros para relajar el ambiente.

Una de las lanchas salvavidas se suelta de los amarres y cae al agua donde se hace añicos.

UNA VOZ: ¡Dios mío, sólo nos queda una!

Alberto Delgado reparte órdenes a diestro y siniestro a quien quiera escucharle. Logra, sin embargo, que la única lancha que queda americe con suavidad en el mar agitado. Delgado desciende el primero, bajando con sorprendente agilidad por la escala. Detrás de él, un grupo de pasajeros se amontona, varios de ellos caen al agua donde son arrastrados por las olas.

ALBERTO DELGADO: ¡Qué no cunda el pánico!, ¡qué no cunda el pánico!

El barco lentamente se hunde en el mar. El ruido de hierros destripándose atraviesa la noche como el grito desgarrador de mil gatos en celo. Más allá, en el horizonte, otros navíos de  la escuadra del Gobierno de Canarias se ponen en posición vertical para ser tragados por las aguas rabiosas del Atlántico.

Un teatrero que ha logrado hacerse sitio en la barca exclama: ¡Esto es el fin!
Todos miran como el barco Cultura se hunde en el mar.

Saludos, de un marinero en tierra, desde este lado del ordenador.

Frustrante

Viernes, Mayo 7th, 2010

Es pedir un imposible pero me encuentro en uno de esos momentos de la vida donde esperas encontrar respuestas. Leyendo un libro, cuando veo una película, conversando con amigos…

Sin embargo, últimamente, y cuando charlo sobre todo con amigos salgo más confundido si cabe. Será porque la mayoría de ellos pinta un siniestro futuro en el que la consigna es sálvese quien pueda y no mires atrás, lo que me llena de congoja y hace que me sienta como uno de los personajes del inolvidable y siempre recuperable Joseph Roth. Un tipo fuera de su tiempo, desubicado empeñado en entender su pasado para comprender su presente.

En mi caso no suena de fondo y como banda sonora La marcha Radezky ni se ha desmoronado el Imperio austrohúngaro antes de que Luis García Berlanga lo utilizara como referente de casi todas sus películas, pero sí noto que hay algo que me une a esa tropa de náufragos rothnianos. Debe ser que no he perdido aún la capacidad para asombrarme, de perplejidad ante el hundimiento al que asistimos.

Vengo del último encuentro Ideas para cien años organizado por la Obra Social de CajaCanarias con el corazón un poquito más amargo. Y me sabe a hiel porque me ha decepcionado profundamente el diálogo a tres bandas que han establecido Hans Magnus Enzensberger, Vicente Verdú y Juan Cruz.

La frustración tiene su origen en que lo que iba a resultar un prometedor diálogo sobre el mundo actual ha resultado ser un aburrido encuentro en el que se ha repasado algunos de los fenómenos que nos afectan de manera muy superficial.

Casi me duermo la hora exacta que ha durado este debate. Despertaba del sopor por las risas espontáneas de un público que me dio la sensación estaba demasiado predispuesto para el espectáculo. Como es natural, ni Enzensberger ni Verdú aclararon este caos en el que me encuentro sumergido desde hace tiempo, así que apenas tomé notas sobre los inevitables y frustrantes análisis muy condensados que hicieron estos dos pensadores según les iba proponiendo preguntas Juan Cruz.

“Hoy todo parece incontrolable –la gripe, la bolsa–. Hemos ingresado en una época caótica y con muchas contradicciones” opina Verdú, quien añade “la política es uno de los sectores más desacreditados de nuestro tiempo”.

Enzensberger apunta: “La crisis es global –económica, climática, nuclear, terrorista–. Es difícil integrar todos estos problemas en uno solo, deben ser examinados independientemente. Antaño las crisis eran localizables. La globalización ya no se limita en nuestros días a una región”.

“El miedo se ha instalado como un fenómeno nuevo del ser”, opina Verdú.

Responde Enzensberger: “Hay una hipnosis con el concepto de seguridad en nuestras sociedades”. 

Verdú: “La crisis ha generado una consternación del traumatismo. Pone en cuestión el organismo social, los órdenes y valores. Vivimos en una época desprestigiada”.

Para Enzensberger, sin embargo, la crisis “no es una singularidad de la historia”. Y mucho menos en “el capitalismo donde la crisis es inevitable”. No obstante, reflexiona mientras estira las piernas, “la vitalidad del capitalismo es que es capaz de aprender”.

Dejo de tomar notas porque bostezo. Y hago que escucho mientras me evado en mis propias ensoñaciones que de repente se tornan algo siniestras. Al sentir la llamada de ese viejo enemigo que es la depresión intento espabilarme pensando en cosas agradables. He desconectado. No me interesa lo que hablan esos señores.

Termina el acto, salgo como una bala y recorro las ya tradicionales calles solitarias de la capital tinerfeña con la única idea de llegar a mi casa. A mi santuario, a este vientre que he construido a mi medida contra agresiones externas.

Me asomo a la ventana y efectivamente el mundo se desmorona.

No encuentro respuestas.

Llego a la conclusión que esto me pasa por haber dejado de creer en profetas.

Cae el telón.

Saludos, releyendo una vez más La leyenda del santo bebedor, desde este lado del ordenador.

En la carretera

Martes, Abril 27th, 2010

Me desarma y desconcierta esta novela. Así que termino de leerla y quiero más. ¿Se debe a que su historia me parece demasiado corta porque apenas se narra en 130 páginas? ¿Por qué quería más? Las emociones dejan a veces como rastros tan incómodas preguntas.

Recibo h., novela del notable bloggero Carlos Cruz (Los Realejos, 1977), publicada dentro de la colección Narradores XXI de Dilema Editorial. Y la leo primero con un principio de curiosidad que se va transformando poco a poco en vivo interés.

Planteada como un largo y casi apocalíptico monólogo de su joven protagonista, un chico de apenas diez años, y como una historia de carretera con ocasionales paradas en estaciones de servicio, h. es un relato extremadamente complejo escrito con sencillez sobre la pérdida.

Su protagonista es un niño. Y su padre. Y carreteras desconocidas que atraviesa un automóvil con tan peculiares personajes. Y los recuerdos. Una catarata de recuerdos para los que parece no existen estaciones de servicio. Zonas de descanso.

Tras dejar aparcadas otras lecturas, h. me atrapa porque crea  atmósfera y empatas con su personaje. Un niño que emprende una extrañísima aventura iniciática que deja huella.

Quizá sea porque está contada con resignada melancolía. O con esa necesidad que tenemos los monos sin pelo de aprehender cosas que son inaprensibles.

Tiene h. también un poso de angustia que descoloca, y un final que te raja por dentro.

Una novela, a mi juicio, donde está muy bien descrito el asombro y desconcierto que siente su joven protagonista ante el mundo de los adultos. Un universo, parece que dice, repleto de confusión y rencor. Nada tentador pese a que…

En unos tiempos donde casi todo lo que leo, veo y escucho me revela que inevitablemente asistimos al final de una época  y por lo tanto se muestra ansioso por contagiarnos su miedo ante lo que nos puede caer encima, creo que h. es uno de esos títulos que se anticipa al nuevo caos en el que quizá ya nos encontremos sumergidos.

Quizá sea por eso que piense que esta novela es un afortunado salvavidas que invita a que soñemos. Claro que  ¿vale la pena flotar solo en la inmensidad del océano?

Saludos, gratamente sorprendidos, desde este lado del ordenador.