Empezamos bien y terminamos muy mal

Lunes, Noviembre 30th, 2009

LA COSA VA MUY BIEN

No he visto todavía una película de Yolanda Ferrera pero escuchando las entrevistas y viendo las piezas que edita el diario digital loquepasaentenerife, algo me llama poderosamente la atención de su trabajo. Su a-u-t-e-n-t-i-c-i-d-a-d. O esa mirada rabiosamente desprejuiciada que me hace pensar que una cámara a veces puede convertirse en ojo de la verdad. A la espera de bucear en el fascinante realismo de esta directora, les aconsejo a que despejen la mirada ante lo que cuenta y muestra con aplastante inocente verdad. Deja desarmado a cualquiera.

Y MEJORA

El Círculo de Amistad XII de Enero acoge mañana, martes, a las 19.30 horas, la presentación del libro Los invisibles de Kolda. Historias olvidadas de la inmigración clandestina, del periodista José Naranjo con fotografías de Magec Montesdeoca. Organizado por la Fundación Pedro García Cabrera, el acto contará con el periodista y el reportajero gráfico citados, así como con el presidente de la Fundación, José Luis Rivero Ceballos. Los invisibles de Kolda, editado por Península en su colección Atalaya, propone una reconstrucción periodística del drama de un cayuco en el cual los 160 ocupantes fallecieron ahogados mientras cruzaban el Atlántico con destino a Canarias un trágico 23 de abril de 2007.

HASTA TIENE AGRADABLES SORPRESAS

La asociación cultura equipo PARA estrena nueva página web: http://www.equipopara.org.

PERO ACABA CON LA DEMOLEDORA AMANECIDA

La verdad es cuando me tropiezo con ellos la noche de los domingos mientras zapeo aburrido me hace pensar lo aparentemente raro que debo de ser. Claro que esa extraña sensación me pasa con casi todos los contenidos de la Televisión Autonómica Canaria, cadena que pagamos todos los canarios y que ha mandado al destierro la Cultura. En fin. Escribía que siento que no soy de este mundo de ohs mamá bandera tricolor porque harto de la afición al pan y circo que tienen los de la Nuestra, no dejan de darme la lata con que su programa más visto no son ni los deportivos, ni el que presenta Artiles, ni los de sucesos (o informativos, porque lo mismo da) sino los que perpetran los integrantes de eso que se llama En clave de ja. Claro que soy un rato raro, raro, raro. Los Clave han puesto a la venta un dvd titulado De risa y corriendo que animo a que adquieran todos los que quieran hacer un regalo a su peor enemigo en estas fechas tan señaladas como son las Navidades.

He dicho, que se dice.

Saludos, jartos, jartos, jartos, desde este lado del ordenador.

¿Quién puede asustar a un niño?

Lunes, Noviembre 9th, 2009

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Me imagino que como a todos los navegantes que inician su singladura por el ancho mar de los sargazos que es la red a través de Google les habrá llamado la atención encontrarse con personajes tan populares en su niñez como El monstruo de las galletas (Triki para los colegas)  y Epi y Blas entre otros muñecos de trapo de la factoría Barrio Sésamo. El motivo de su protagonismo en el navegador se debe a que todas estas criaturas que nacieron fruto de la imaginación de ese artesano que fue Jim Henson han cumplido 40 años, lo que una vez más me hace reflexionar en lo rápido que se mueve esto que llamamos vida, porque miro hacia atrás y me parece que fue ayer cuando los descubrí en el televisor.

Es de suponer que como a casi todos los niños de mi generación, parte de esa crianza televisiva recibida se dejó en manos de estas marionetas. A mi me caía muy bien la rana Gustavo por su afición a ser cronista meridianamente cuerdo en aquel mundo de trapo, pero sentía especial predilección por El monstruo de las galletas quizá porque sólo tenía una idea obsesiva en la cabeza, que era la de comerse todas las galletas del mundo. Ahora que lo pienso, todo un personaje ese peluche de color azul terroso y ojos saltones. Un nihilista, vamos. Lo digo por aquello de que el mundo le importaba una mierda si no había galletas.

Evoco también con una sonrisa al Conde Draco y a Pepe Sonrisas quizá porque a lo largo de mi vida me tropecé después con tropecientos Conde Draco y Pepe Sonrisas… Es más que probable que alguna vez yo también haya sido un Sonrisas, sólo que con la mueca gélida. Algo así como se la dejaron al hombre que ríe de Víctor Hugo y más tarde al siniestro Joker. Una sonrisa más falsa que la presunta amistad entre Epi y Blas, pareja que la verdad me sacaba de quicio, aunque miraba fascinado las manos de Epi, como se movían mientras no se cansaba de decir estupideces a Blas, muñeco de color amarillo y cara de disgusto eterno. Vaya, vaya, vaya, que también me he encontrado a lo largo de este suspiro existencial con tropecientos sujetos que van del tal Blas por la vida.

Si en el fondo Barrio Sésamo puede entenderse como una metáfora de lo que le esperaba a la chiquillada de aquel entonces cuando se hiciera mayor. ¡Una caja de bombones para el señor Henson!, corre de mi parte pese a que en mi bolsillo sólo encuentre últimamente telarañas.

No sé si mi afición a los machangos de la calle Sésamo se debe a mi bagaje cultural estadounidense, pero explica que cuando intentaron adaptar este programa a España algo me dijera en la cabeza que aquello ya no parecía lo mismo.

Me parece a mi, ahora que lo observo desde la distancia que impone el tiempo, que la versión española resultaba demasiado roña. Y no es que Barrio Sésamo made in USA  fuera un espacio rompedor, transgresor y cargado de mala idea, pero sí diferente.

Verdad es, no obstante, que ya no era un niño que se tragaba hasta los terroríficos dibujos animados checoslovacos (koniec, koniec, koniec) al ser, supongo ahora, maleado por las diabólicas criaturas de la Warner Bros, pero sí que pensaba que para perder el tiempo con aquellos tipos disfrazados de gallina Caponata (Emma Cohen), el caracol Perezgil (Jesús Alcaide) o Adela (Conchita Goyanes) pues prefería al Don Gato de Hanna-Barbera mil veces.

Creo que muchos de los miedos y demonios que llevo dentro y bien guardados –espero– en mi inconsciente, se los debo a los programas infantiles que castigaron mi niñez. Habían simpáticos y estrafalarios, como Los Chiripitifláuticos (la canción de los hermanos Mala Sombra, Mala Sombra de verdad, forma parte ya del disco duro de mi fatigada memoria), aunque mi favorito fuera Locomotoro. Más tarde llegaron los Payasos de la tele y sus canciones incendiarias (entendí ya con pantalones largos que en esas melodías de ayer y hoy filtraban mensajes tan políticamente incorrectos como su, por ejemplo, ¡cómo me pica la nariz! invitación inquietante a que te metieras toda clase de cosas por el apéndice nasal), y antes, dudo ahora el orden cronológico, la tontorrona La mansión de los Plaff y El libro gordo de Petete. Con aquel patito de goma al que uno deseaba pegarle balinazos en la feria de Carnaval.

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De todas formas, si hubo un personaje que me amargó la niñez y que la pobló de fantasmas y pesadillas fue la ventrílocua austriaca Herta Frankel y su perrita Marilyn. No me pregunten por qué, pero aquella señora y su mascota de trapo me daban auténtico terror. De hecho, no creo que nada me haya provocado tanto pavor como aquella señora y su perrita. Era entonces muy, pero que muy pequeño, pero veo imágenes de aquella extraña pareja y me entra el tembleque. Los dioses sabrán por qué. Algo parecido, aunque sin la misma intensidad me lo generaron Torrebruno y María Luisa Seco. Hay más, pero dejé de ver televisión cuando entré en la guerrillera adolescencia, así que me perdí La bola de cristal y Cajón desastre, entre otros espacios para niños. Aunque revelo que alguna vez pesqué alguno, pero me encontraba en plena transformación y como tal, mis gustos ya estaban moviéndose en otras percepciones y ¿por qué no? perversiones.

Bueno está lo que bien acaba.

Saludos, con la esperanza de supermineralizarme, desde este lado del ordenador.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Martes, Octubre 13th, 2009

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* Consigo (¡¡¡loado seado el Señor!!!) por vía indirecta los tres tomos tipo El señor de los anillos que recogen las intervenciones que se vertieron en el ciclo Desafíos de la cultura en el siglo 21 en aquel encuentro que tuvo lugar en Fuencaliente (La Palma) a finales de octubre e inicios de noviembre del año pasado. Es decir, que me hago con tan preciado y preciable material literario un año después de haberse celebrado el fasto cultureta canario. O la puesta de largo de esa señorita llamada Septenio que casi nadie conoce en su casa salvo los que han logrado venderle algunos de sus proyectos. Ojeo los volúmenes, muy cuidaditos, pero no saco casi nada en claro salvo que, probablemente, Sauron existe, y que gobierna una Tierra Media no ya poblada de amables y gozosos hobbits, enanos y elfos, sino de trolls y orcos. Si el buenazo de Tolkien levantara la cabeza.

* Pierdo el tiempo viendo la edición de hoy de 59 segundos made in Canarias. Y me entra tembleque, así que llego a la conclusíón de que para escuchar lo que dicen los expertos (en éste y otros espacios similares de la televisión autonómica y locales) prefiero a los amigos del bar que tengo debajo de mi casa. Son más directos e inteligentes. Me pregunto cómo diablos se le escapa a todo ese equipo algo tan objetivo como la palabra sensatez. Hablan por hablar, se meten unos y otros sin revelarme nada nuevo sobre lo que, presuntamente, la moderadora dice que intenta que debatan. Prometo, firmemente, que a partir de hoy ya no perderé esos preciosos 59 segundos de mi vida asistiendo a un programa que tanto me recuerda a los ¿debates? de Sálvame o ¿Dónde estás, corazón? pero con acento canario. Y eso pese a que en estos espacios se ¡quiere hablar de cosas serias! Admito que llegar a esta reflexión no me hará con el Premio Nobel, pero es que  debajo de casa (y sin cámaras ni protagonismos sospechosamente onanistas) arreglamos el mundo con más sentido del humor, elegancia y cinismo que esos “intelectuales” del, seamos benignos, siglo pasado.

Saludos, turuletas, desde este lado del ordenador.

¡Albricias!, ¡albricias!, ¡albricias!

Viernes, Octubre 9th, 2009

* El periodista Francisco Moreno, probablemente una de las personas que más sabe de televisión a este y al otro lado del Atlántico, ha sido merecedor junto a Lourdes Santana, directora de TVE Canarias y Alfredo Ayala, director del programa que emite la Televisión Canaria La bodega de Julián, de los premios Talento en su novena edición.

Estas distinciones, que concede la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión, reconoce la labor desarrollada por estos profesionales entre bastidores. O los que es lo mismo, el trabajo de los que no dan la cara frente a las cámaras pero hacen posible el milagro de que la caja diabólica funcione.

La acreditada solvencia profesional de Moreno está más que demostrada. Y sigue siendo, para los que tenemos memoria televisiva, el mejor director general que ha tenido la Televisión Canaria, La Nuestra, a lo largo de su todavía corta pero agitadísima historia.

Quizá fuera su visionaria concepción del medio y la de intentar levantar un proyecto riguroso y honesto con cuatro euros, una de las razones por la que se le relevó del cargo para sorpresa de muchos. La Nuestra que Moreno propuso era una televisión inteligente, sin contenidos rosas ni programas que afectaran a la úlcera del telespectador, apuesta muy arriesgada en una comunidad donde los que nos gobiernan no son, digámoslo así, demasiado prácticos. Felicidades a los tres, pero en especial a Francisco Moreno y su modelo televisivo que hoy intenta trasplantar desde su responsabilidad de director audiovisual de Prensa Ibérica.

* Que en estos días de crisis –y colas cada vez más largas ante las oficinas de empleo– el Parlamento de Canarias debata iniciativas culturales no deja de sorprendernos. En especial si tenemos en cuenta que para todos aquellos que se reúnen en el antiguo Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife eso de la Cultura no vende. Me parece a mí que por eso la diputada de CC, Dulce Xerach Pérez, vive en otro mundo. Lo que se agradece, porque a través de sus iniciativas el nombre de la Cultura brota de tanto en tanto en una Cámara tan acostumbrada a hacerle oídos sordos a eso mismo, la Cultura. Xerach Pérez presentó ayer una Proposición No de Ley, que contó con el respaldo de todos los grupos paralamentarios canarios, en la que se insta al Gobierno regional a que promueva las acciones necesarias para conseguir que un día a la semana el acceso a los museos públicos de las Islas sean gratuitos.

* El pleno de la misma Cámara reconoció a Francisco Guerra , aka Pancho Guerra, y su popularísimo personaje Pepe Monagas (veo todavía a mi tío llorando de la risa mientras leía sus historias) que en este que es su año del centenario se le rinda homenaje, reeditando sus textos para que la obra no caiga en el olvido. La propuesta fue de las parlamentarias María del Mar Arévalo, Dulce Xerach Pérez y María Belén Monzón, quienes presentaron a la Cámara una moción conjunta.

Saludos, gritando aquello de albricias, albricias, albricias como Jack Lemmon en Primera plana, desde este lado del ordenador.

Canción de septiembre

Lunes, Septiembre 7th, 2009

Septiembre, que posee una de las más bellas canciones y también algunas de las más grandes tragedias, es un mes endiabladamente raro. El mundo normal se activa, las hasta ese momento tranquilas calles de la ciudad despiertan y uno aprecia en cualquier actividad que decida emprender cierta amarga hostilidad de los que tienes delante. O detrás, pero a estos normalmente no los ves venir.

Mes extraño septiembre. Parece como de ni fú ni fá, colocado en el calendario porque había que colocarlo. La cartelera cinematográfica se despereza lentamente tras los saldos de agosto, y en televisión regresan los mismos imbéciles de siempre y alguna que otra cara nueva. Entre los que vuelven renovados los de Gran Hermano, programa al que invito a que se reconstruya y que transforme esa casa de cabestros en un campo de concentración. Cambian los concursantes, pero parecen los de otras ediciones. Los mismos chistes, el mismo mal hablar, la misma Mercedes Milá… Me entran arcadas cada vez que sintonizo por despiste Tele 5 y me la encuentro como intrusa en el sagrado salón de mi casa. Eso sí, y como la televisión es veneno, me quedo un rato embobado viendo ese mal rollo carcelario con aprendices a famosos de tercera división. Y me entero sonrojado que hay algún canario. Porque canario haylos en estos espacios. A un lado o al otro de la delgada línea roja que nos separa del horror. Un personaje que detesto amigablemente es la palmera periodista del corazón Lidia Lozano. El vómito que sube entonces por mi garganta tiene sabor a mojó picón. O mejor, queso asado.

El otro día vi otro programa impresentable que va con look de canalla y de me las sé todas. Lo presenta ese señor que se llama Risto. Aguanté un par de minutos antes de cambiar de canal, enloquecido porque no encontraba nada en las cadenas llamadas generalistas. Tampoco en las locales, tan babosas, y mucho menos en la tontonómica, cuya En clave de Ja no me ha abducido, lo que demuestra que soy una especie rara y probablemente en extinción.

Decididamente septiembre es un mes extraño. Casi casi tan extraño como febrero. Parece que todo cambia sin que cambie nada.

Nada.

Es algo así como volver al redil.

Saludos extrañamente perplejos desde este lado del ordenador. 

Aquella diabólica casita en la pradera

Jueves, Septiembre 3rd, 2009

Posiblemente no haya habido serie que haya visto y detestado con tanta cordialidad como La casa de la pradera, Autopista hacia el cielo y Verano azul. Son series que me taladraron la infancia y esa extraña adolescencia, por eso las recuerdo siempre a modo de castigo porque estaba condenado a verlas en unos años donde sólo había un único canal. Nada de La 2, nada de privadas, tontonómicas y locales. Sólo un maldito, repito, canal.

De esas tres series de amargo recuerdo quizá sea La casa de la pradera la que más me chafó aquellos gratos e ingratos instantes que pasaba ante la televisión. De hecho, todavía hoy cuando escucho su empalagosa sintonía me entra la fiebre y se me pone la piel como de gallina ya que, a mi juicio, La casa de la pradera fue una mentira con la que engañaron a la chavalada de mi generación. Y escribo lo de mentira porque cuando ví su primer episodio esperaba encontrarme con una de vaqueros y no con eso. O aquello.

Caramba, todavía tengo chispazos de El hombre del rifle, con el ex jugador de baloncesto Chuck Connors repartiendo justicia en el salvaje oeste a base de balazos; todo lo contario a La casa de la pradera y su plácido oeste de 625 líneas que no era oeste ni nada. Sólo una ridícula pradera donde Michael Landon (uno más de los Cartwright de la mítica Bonanza) hacía de papá enrollado y resignado de una familia que… que… yo qué se.

Rebobino en la cinta de mi cada día más escasa memoria. Así que afirmo que nunca le perdonaré a Landon las ganas de llorar que me entraban cuando no tenía más remedio que tragarme sus cristianos episodios. Algunos se preguntarán que ¿por qué la veía? Pues porque como ya dije, sólo había un canal. Imaginadme así las tardes de domingo a la hora de almuerza observando aquella serie azucarada. Veneno para un diabético que de vez en cuando usaba la cabeza.

Ahhh, diabólica familia Ingalls.

Evoco ahora, desde la distancia, un único episodio de aquel culebrón evangélico made in USA que me llamó ligeramente la atención. Aparecían los hermanos James (Jesse y Frank), quienes no sé ahora por qué, terminaban en la casita de los Ingalls. Creo que uno de los James estaba herido, y había que cuidarlo, claro, lo que me hizo presumir que igual había tiros en aquella babosona comunidad.

Sin embargo, no pasó nada. O el disco duro de mi memoria no registra nada espectacular de aquel episodio. Fundido a negro.

Tiempo después, Michael Landon repetiría la jugada dulzona con la estrafalaria Autopista hacia el cielo, donde hacía de ángel. Ahora que lo pienso, creo que la serie nació a rebufo del éxito de El cielo puede esperar, una comedia ligera que tuvo un insólito éxito en los 80 protagonizada por Warren Beatty, un actor que, por otra parte, nunca me ha hecho ni fu ni fa salvo en Dick Tracy, una de esas películas que disfruté en Madrid y de la que guardo grato recuerdo no por la película en sí sino por quien estaba a mi lado mientras hacíamos que la veíamos.

En una de esas etapas tontas de tu vida fue tanta mi obsesión con Michael Landon que hasta (¡lo confieso, señor juez!) llegué a soñar con él. En esos sueños, más bien pesadillas, el actor se me aparecía como el puñetero ángel de Autopista hacia el cielo y me arrancaba el corazón (tal y como lo cuento). Lo peor de este caso presumo que freudiano es que esa pesadilla se convirtió en recurrente. 

Entiendan entonces que con su La casa de la pradera, y por ser Landon un visitante sin invitación en mis horas de sueño, alimentara este peculiar temor, ya que mucho antes de que Wes Craven se sacara del sombrero a Freddy Krueger, yo ya contaba con Landon sacándome el corazón de las entrañas en aquellas pesadillas.

Contaba todo esto porque el otro día y mientras paseaba por la rambla feliz y contento de no formar parte del patio de colegio, me topé de sopetón en uno de sus kioscos con el primer dvd de esta demoníaca serie. Colección que a algún desgraciado se le ha ocurrido ahora vender a módico precio. Que son días de recesión y no de vino y rosas.

La cuestión es que me quedé aterrado, mirando inquieto el dvd forrado de plástico con el corazón latiendo a toda pastilla. Lo peor de todo es que estuve en un tris de comprar el dvd para retroceder a uno de esos nefastos momentos que salpican los complicados capítulos de tu vida: volver a tu antiguo colegio o la de reunirte con sus antiguos alumnos en una de esas comidas que se organizan de tanto en tanto.

Al final, afortunadamente, venció la prudencia. Lo que pone de manifiesto que con el paso del tiempo me estoy volviendo bastante prudente. Así que me alejé del kiosco, pese a que el dvd me cantaba como las sirenas a Ulises lo de cómprame, cómprame… Ese canto seductor que te promete todo el oro del mundo si entregas tu espíritu. O esa fuerza que parece un imán, un diabólico imán, que quiere arrastrarte a la nada. 

Pero tal y como les contaba, mentalmente mandé a paseo esa música cósmica con un sencillo: “no, gracias”. Pero es cierto, también, que dos tramos más arriba me encontré con uno de esos tipos que te caen mal pero que muy mal y le solté como veneno: “ha salido tu serie favorita en dvd”.

- ¿Cuál?
- La casa de la pradera.
- ¿Y tú cómo lo sabías?

Lo que me pasa por ser bueno.
 
Saludos, ya no tan teleadictos, desde este lado del ordenador.