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	<title>El escobillon &#187; Óbitos</title>
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	<description>El blog de la cultura por Eduardo García Rojas</description>
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		<title>Bye, bye, mister Parker</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 19:36:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
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Es más que probable que a la mayoría no les suene el nombre de Robert B. Parker pero si les recuerdo que uno de sus personajes más famosos fue protagonista de una exitosa serie de televisión que se emitió en nuestro país en los años 80 con el título de Spencer, detective privado, es más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/02/parker.jpg" title="parker.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/02/parker.jpg" alt="parker.jpg" /></a></p>
<p>Es más que probable que a la mayoría no les suene el nombre de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Spencer,_detective_privado">Robert B. Parker</a> pero si les recuerdo que uno de sus personajes más famosos fue protagonista de una exitosa serie de televisión que se emitió en nuestro país en los años 80 con el título de <em>Spencer, detective privado</em>, es más que probable que alguno chasquee los dedos y se le ilumine la cabeza.</p>
<p>Les cuento todo esto porque me entero ahora que el escritor falleció a finales del mes pasado, y como soy de los que gustan de rendir particulares homenajes a todos aquellos autores que le animaron un poco la existencia, escribo estas líneas con el fin de ponerles en conocimiento que la novela policíaca (ese género que tanto buenos ratos me ha sabido regalar) se queda sin otro de sus no sé si grandes pero al menos sí meridiano contador de historias.</p>
<p>Su creación más famosa, Spencer, es un detective privado a la vieja usanza. Algunas de sus novelas fueron editadas en nuestro país coincidiendo con la emisión de la serie en televisión por Alianza Editorial, y merecen la pena leerse si tienen la suerte de encontrarlas en librerías de viejo y rastros.</p>
<p>En contra de otros investigadores, Spencer no solía trabajar en solitario ya que casi siempre contaba con la ayuda de su amigo Kawk, un negro de dos metros que vivía al margen de la ley. Además, compartía sus ratos libres con su novia, Susan.</p>
<p>Robert B. Parker tuvo además la difícil misión de terminar la novela inclusa que dejó <strong>Raymond Chandler</strong> a su muerte, <em>Poodle Spring</em>, también traducida al castellano. No es <em>Poodle Spring</em> sin embargo una buena novela de Phillip Marlowe, aunque se mastica con dulce nostalgia pese a todos sus inconvenientes. De esta cinta, se rodó una película con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Caan">James Caan </a>en el papel del ya icónico <em>private eye</em>.</p>
<p>Saludos, <em>bang</em>, <em>bang</em>, <em>bang</em>, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>A veces pienso que la gente conspira para hacerme &#8216;infeliz&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 19:45:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Óbitos]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
Tuve la enorme suerte de leer El guardián entre el centeno con la edad adecuada para leer El guardián entre el centeno. Contaba entonces 17 años, y recuerdo todavía (como recuerdo alguno de los momentos más importantes de mi vida con sorprendente claridad) que la novela cayó en mis manos de manera casual.
Me encontraba buscando en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/el-guardian1.jpg" title="el-guardian1.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/el-guardian1.jpg" alt="el-guardian1.jpg" /></a></p>
<p>Tuve la enorme suerte de leer <em>El guardián entre el centeno</em> con la edad adecuada para leer <em>El guardián entre el centeno</em>. Contaba entonces 17 años, y recuerdo todavía (como recuerdo alguno de los momentos más importantes de mi vida con sorprendente claridad) que la novela cayó en mis manos de manera casual.</p>
<p>Me encontraba buscando en la biblioteca de uno de mis hermanos algún libro que me absorbiera de la siniestra realidad que significa la adolescencia cuando me llamó la atención un libro editado en la colección de bolsillo de Alianza Editorial porque en su portada y contraportada no se daba noticia de qué iba ni quién era su autor.</p>
<p>Esa misma noche comencé a leerlo. Y el resto es una de las historias más hermosas en mi ya larga vida como lector. De hecho, fue de las primeras donde sentí la extraña sensación de que yo era su protagonista, Holden Caulfield, con todas sus contradicciones de adolescente que mira con recelo eso que llaman edad adulta. O el fin de los sueños o de la esperanza de que todavía haya cosas posibles y asombrosas por hacer en lo que te queda de existencia.</p>
<p>No he vuelto a releer <em>El guardián entre el centeno</em> desde entonces, pero sí que es un libro que consulto muchas veces para reconciliarme con mi espíritu. La edición que tengo está, de hecho, llena de subrayados gruesos y de signos de exclamación en algunos de sus párrafos. Volver a reencontrarme con esas señales me tranquiliza y calma. Y eso lo han conseguido muy pocos libros. La mayoría de ellos, los que devoré en mi primera etapa como lector desordenado. Para mí, duela o no a los ortodoxos, <em>El guardián entre el centeno</em> es una de esas obras que están a la misma altura que <em>La isla del tesoro</em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Louis_Stevenson">Robert Louis Stevenson</a>, una deliciosa y profunda historia de aventuras protagonizada también por un adolescente.</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/J/D/Salinger/autor/guardian/centeno/elpepuintusa/20100128elpepucul_5/Tes">J. D. Salinger</a>, el autor de esa obra maestra que es <em>El guardián entre el centeno</em>, ha muerto hoy con 91 años. Durante estos casi cien años de vida evitó protagonismos y estrellatos. Siempre se refugió en el anonimato ganándose una bien merecida fama de huraño. Que fuera tan huraño para los que intentaron entrar en su vida privada me parece otro rasgo de genio. Y un soberano corte de mangas a la industria que generan leyendas como la suya.</p>
<p>No necesito como lector saber quién fue realmente J. D. Salinger.</p>
<p>Como ser humano que fue estoy seguro que alimentaría vicios pero también generosidades. Su obra es lo que permanece. Me niego por ello a ilustrar este comentario con algunas de las escasas fotografías que le “robaron” a lo largo de su existencia. Hay una de ellas que me pone los pelos de punta, y que pienso que sólo pudo sacar un fotógrafo hijo de puta. En la imagen (tomada en los 80) se ve al escritor con el puño levantado a punto de golpear a la cámara. La expresión de miedo del autor es terrorífica. Es un viejo asustado de que le roben su intimidad.</p>
<p>Salinger escribió más cosas. Y esas cosas también fueron leídas por quien les escribe. Ninguna de ellas (<em>Franny y Zoey,</em> <em>Levantad carpinteros la viga maestra</em> y <em>Seymour, una introducción</em>, así como sus nueve cuentos) me dejaron tan descolocado como <em>El guardián entre el centeno</em>, una de cuyas frases me viene al pelo para concluir este modesto homenaje al narrador enclaustrado.</p>
<p>En este caso, me permito no obstante modificar su significado y donde él escribió <em>feliz </em>ahora  &#8211;y hoy más que nunca&#8211; discúlpenme que ponga: “a veces pienso que la gente conspira para hacerme<em> infeliz</em>”.</p>
<p>Saludos, muy tristes, desde este lado del ordenador</p>
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		<title>&#8220;Estoy donde siempre me encontrarás: el cine&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 18:19:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Blog de El Escobillón]]></category>
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Vamos, que se me ha muerto otro de los mitos que pueblan mi desquiciada cabeza. A veces pienso que el tiempo conspira sólo para hacernos un poco más infelices. Y enterarme hoy de que ha dejado este mundo de vivos fantasmas una estrella rutilante y viva que forjó mi memoria como espectador me deja si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/jean-simmons_2.jpg" title="jean-simmons_2.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/jean-simmons_2.jpg" alt="jean-simmons_2.jpg" /></a></p>
<p>Vamos, que se me ha muerto otro de los mitos que pueblan mi desquiciada cabeza. A veces pienso que el tiempo conspira sólo para hacernos un poco más infelices. Y enterarme hoy de que ha dejado este mundo de vivos fantasmas una estrella rutilante y viva que forjó mi memoria como espectador me deja si cabe un poco más huérfano y aislado en la pesada realidad que nos rodea.</p>
<p>Ha muerto <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Simmons">Jean Simmons</a>. Dama de inquietante belleza. Unos la recordarán por <em>Narcico Negro</em>. Otros por <em>La túnica sagrada</em> y <em>Desireé</em> aunque quien les escribe confiesa que se enamoró perdidamente de ella por sus papeles en <em>Horizontes de grandeza</em>, gradioso<em> western</em> dirigido por el gigantesco <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/William_Wyler">William Wyler</a>; la prodigiosa santa impostada que asumió en <em>El fuego y la palabra</em> del siempre reivindicable <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Brooks">Richard Brooks </a>y cómo no por la esclava romana que enamora a <em>Espartaco </em>con cuerpo y cara de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Espartaco_(pel%C3%ADcula)">Kirk Douglas </a>en esa casi obra maestra que firmó <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stanley_Kubrick">Stanley Kubrick</a>. Si me apuran, también me quedo con la ¿casta? protagonista que interpretó en ese delicioso musical que es <em>Ellos y ellas</em> del cínico  <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_L._Mankiewicz">Joseph L. Mankiewicz.</a></p>
<p>Simmons cuenta con más películas. Una filmografía extensa que invito a los cinéfilos del mundo unidos en la congoja tras conocer su muerte a que investiguen en la red de redes. Yo sólo puedo quedarme con una imagen fija y obsesiva en mi cabeza, la extraordinaria escena de amor que mantiene con Douglas en <em>Espartaco.</em> Escena que subraya una de las más hermosas bandas sonoras escritas para el cine por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alex_North">Alex North</a>, y que recuerda ahora quien les escribe con el corazón &#8211;una vez más&#8211; partido.</p>
<p>Así somos los tontos que crecimos viendo películas en televisión. Repitiendo los nombres de las estrellas que se anunciaban en los títulos de créditos. Más tarde, al volver a ver muchos de estos largometrajes no dejaba de quedar fascinado por la extraña, turbia y aparentemente gélida belleza de esta actriz de origen británico.</p>
<p>Demasiados recuerdos que toman forma de película de las de antes. Obras la mayoría de ellas redondas. Se casó con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stewart_Granger">Stewart Granger</a> (el protagonista de <em>Las minas del rey salomón</em> y <em>Scaramouche</em>) y el ya citado Richard Brooks, director de <em>Los profesionales</em> y <em>A sangre fría</em>, entre otros grandes títulos.</p>
<p>Me quedo con la mente en blanco mientras me pregunto: ¿de verdad que ya no volverá a estar entre nosotros, señora Simmons?</p>
<p>Y me contesta un conmovedor susurro que sopla con el viento: &#8220;estoy donde siempre me encontrarás: el cine.&#8221;</p>
<p>Saludos, una vez más fúnebres, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Ha muerto Rohmer</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Jan 2010 20:15:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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Ha muerto Eric Rohmer. Probablemente a las nuevas generaciones de cinéfilos y cinéfagos el nombre poco o nada les diga, pero basta recordar que el cineasta formó parte de lo que se conoció como nouvelle vague, movimiento que en los años 60 sacudió las estructuras narrativas del cine desde sus cimientos. Rohmer pertenece así a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/rohmer.jpg" title="rohmer.jpg"></a><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/rohmer1.jpg" title="rohmer1.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2010/01/rohmer1.jpg" alt="rohmer1.jpg" /></a></p>
<p>Ha muerto <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89ric_Rohmer">Eric Rohmer</a>. Probablemente a las nuevas generaciones de cinéfilos y cinéfagos el nombre poco o nada les diga, pero basta recordar que el cineasta formó parte de lo que se conoció como <em>nouvelle vague</em>, movimiento que en los años 60 sacudió las estructuras narrativas del cine desde sus cimientos. Rohmer pertenece así a aquel grupo de genios desmelenados llamados <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Luc_Godard">Godard</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alain_Resnais">Resnais</a>,<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois_Truffaut"> Truffaut,</a> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Claude_Chabrol">Chabrol,</a> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jacques_Rivette">Rivette</a>… puñado de airados que marcaron época, si bien el paso inevitable del tiempo acabó por ser implacable con la obra de algunos de ellos.</p>
<p>Resulta siniestramente curioso, pero ayer mismo, domingo, hablando de cine francés con un amigo salió en numerosas ocasiones el nombre de Rohmer en la conversación. Tuve la suerte de ver bastante de sus películas en unos años donde el cine todavía no se había devaluado, y coincidí con ese amigo en que entre tanto genio <em>vague</em>, Rohmer casi parecía un bicho raro.</p>
<p>Mis preferencias por esos bastardos siempre se decantaron por la mirada de Chabrol, también por la de Truffaut y por el loco de Resnais. Detestaba con cordialidad a Godard. Pero a Rohmer, a Rohmer no terminaba por ubicarlo. Su cine, francamente, me descolocaba. Porque el buen Rohmer, el Rohmer que lo hizo un gigante es el que hablaba de esa cosa que llamamos amor.</p>
<p>Si me quedo con algunas de sus películas es, pues, con <em>Pauline en la playa</em>. Una cinta aparentemente sencilla, donde parece que no pasa nada. Mi amigo prefiere <em>Lancelot du Lac</em>, filme cuya estética pastoril imitó <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Boorman">John Boorman</a> en su extravagante <em>Excalibur</em>. También me qudo con su <em>La marquesa de O</em>. Y probablemente con alguna otra más, pero mi gastada memoria no encuentra títulos en su fichero.</p>
<p>Rohmer fue jefe de redacción de la mítica <em>Cahiers du cinéma</em>, donde compartió pupitre con el padre de esa generación de animales intelectuales como fue la Nouvelle Vague, el hoy olvidado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9_Bazin">André Bazin</a>. Ojeo uno de los libros traducidos al castellano de Bazin que encuentro en mi biblioteca… Y pienso que en aquellos años 60 y 70 esto del cine era algo más que pasión.</p>
<p>Invito a la Filmoteca Canaria a que organice un ciclo Rohmer.</p>
<p>El cine, hoy más que nunca, necesita de su mirada.</p>
<p>Saludos, fúnebres, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Ese maldito cineasta maldito</title>
		<link>http://www.elescobillon.com/2009/12/ese-maldito-cineasta-maldito/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Dec 2009 19:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Óbitos]]></category>

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LA MUERTE TIENE UN PRECIO
Si hay un cineasta español que marcó a toda una generación de futuros cineastas y que también contribuyó a forjar el temple de toda una generación de espectadores españoles durante los años 80 del pasado siglo fue Iván Zulueta. Director de no sé cuántos cortos y dos largos: Un, dos, tres, al escondite [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/arrebato.jpg" title="arrebato.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/arrebato.jpg" alt="arrebato.jpg" /></a></p>
<p><strong>LA MUERTE TIENE UN PRECIO</strong></p>
<p>Si hay un cineasta español que marcó a toda una generación de futuros cineastas y que también contribuyó a forjar el temple de toda una generación de espectadores españoles durante los años 80 del pasado siglo fue <a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/Ivan/Zulueta/elpepucul/20091230elpepucul_2/Tes">Iván Zulueta</a>. Director de no sé cuántos cortos y dos largos: <em>Un, dos, tres, al escondite inglés</em> y quizá su obra maestra <em>Arebato, </em>una película<em> </em>que marca un antes y un después en la agitada pero sobre todo meridianamente pasable historia oficial del cine español.</p>
<p>Recuerdo que en aquellos tiempos en los que todavía era un joven y despistado estudiante de provincias en la capital de España la pregunta de moda consitía en saber si habías visto o no habías visto <em>Arrebato. </em></p>
<p><strong>ÉRASE UNA VEZ EN&#8230;</strong></p>
<p>Si no me falla la memoria, en aquel entonces los aún multicines Alphaville la exhibían en una de sus ya legendarias sesiones golfas, ya entrada la madrugada. Por obra y gracia de Arrebato, aquellas salas se transformaron en una improvisada Meca para una espontánea legión de ateos y agnósticos confesos, reconvertidos en <em>postmodernos </em>por cuya estética los reconocerán:<em> </em>pelos de puntas y pintas cadavéricas.</p>
<p>Con esto quiero decir que <em>Arrebato </em>se convirtió en una de las primeras películas de culto de nuestro pedigüeño y revoltoso cine español. Cine español cuyo brazo metropolitano se extiende a las Canarias.</p>
<p><strong>POR UN PUÑADO DE DÓLARES</strong></p>
<p>El filme generó así un boca oreja que sólo hacía crecer aquel título entre los que todavía no habíamos tenido el placer de descubrilo en pantalla. Además, y con la forma de leyendas, circulaban cantidad de rumores en torno al filme de Zulueta. Una afirmaba que  el cineasta japonés <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Akira_Kurosawa">Akira Kurosawa</a> había quedado deslumbrado con sus imágenes. Otra, que los protagonistas de la cinta (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Eusebio_Poncela">Eusebio Poncela</a>, el gran <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Will_More">Will More</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cecilia_Roth">Cecilia Roth</a>) no experimentaban con drogas de pega precisamente en el largo e intenso rodaje.</p>
<p>Sean o no sean ciertos estos rumores, el caso es que también fui uno de tantos que marchó en peregrinación al cine a ver aquella película.</p>
<p><strong>HASTA QUE LLEGÓ SU HORA</strong></p>
<p>Y fue tanto el impacto, que todavía lo mantiene muy fresco en el disco duro de su memoria. Impacto, sacudida, la sensación extraña de que pese a que estaba viendo una película española <em>no era una película española</em>. No podía ser española.</p>
<p><em>Arrebato</em> es un cuento de terror, un cuento de amor y un cuento de vampiros que apenas ha sufrido arañazos por su audacia ante el avance inevitable de los años. Y todo ello pese a no ser una obra maestra, pero sí una obra que tiene alma. Un espíritu si quieren que supo retratar las pasiones que conmovían a los jóvenes de este país en la ya lejana década de los 80.</p>
<p>Ahí se percibe el miedo pero también las terribles ganas por el cambio. La fascinación por la imagen, la perfecta soledad que empapó a muchos cuando cayeron en los infiernos de  los paraísos artificiales que proporcionaba la heroína. Esa lucha por nada, consciente unos de que se avecinaba el fin de unos tiempos que nos cogía descolocados mientras nuestros hermanos mayores no se cansaban de contarnos lo que habían conseguido tras enfrentarse a los <em>grises</em>…</p>
<p><em>Arrebato </em>es, en definitiva, una gran película que sin ser redonda habla sobre el Miedo. O los miedos de muchos de nosotros. Pero sobre todo es un título valiente y rompedor en el cine español de aquellos años, muy preocupado todavía por los fantasmas de la guerra civil y encaprichado y seducido por la nefasta comedia madrileña. Hoy cine rancio, muerto.</p>
<p>Tras estas dos películas, el cineasta se retiró a sus cuarteles de invierno, donde siguió colaborando diseñando carteles para películas, entre otros, firmadas por <strong>Pedro Almodóvar</strong> o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Garci">José Luis Garci</a>. Son carteles de autor. Personales, obras de arte casi en la obra de un artista que sin llegar a lo sublime sí que rozó sus territorios para contaminarnos con su visión de la vida y de la muerte. Y del cine como el sueño de los vampiros.</p>
<p>Definitivamente, el cine español ya no fue el mismo. Y todo gracias a ese maldito cineasta maldito.</p>
<p>Saludos, negros, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Un tipo incómodo: Antonio Bernal</title>
		<link>http://www.elescobillon.com/2009/12/un-tipo-incomodo-antonio-bernal/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 17:35:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Óbitos]]></category>

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		<description><![CDATA[Me entero vía sms y más tarde lo corrobora un e-mail, que el periodista Antonio Bernal ha muerto. Tenía 53 años. No me resulta nada sencillo escribir sobre un compañero cuyos últimos años de vida estuvieron marcados por la fatalidad.
Y es que últimamente resultaba una presencia incómoda en su vagabundear por este Santa Cruz de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me entero vía sms y más tarde lo corrobora un <em>e-mail</em>, que el periodista <a href="http://www.europapress.es/islas-canarias/noticia-fallece-periodista-sucesos-antonio-bernal-20091203171943.html">Antonio Bernal</a> ha muerto. Tenía 53 años. No me resulta nada sencillo escribir sobre un compañero cuyos últimos años de vida estuvieron marcados por la fatalidad.</p>
<p>Y es que últimamente resultaba una presencia incómoda en su vagabundear por este Santa Cruz de Tenerife ante la indiferencia de todos. Es probable que ahora, que está muerto, muchos se lleven las manos a la cabeza, pero la verdad era que casi nadie quería encontrarse con él. Con ese reconocido periodista de Sucesos que cuando lo mandaron a la puta calle sólo encontró rumbo hacia la deriva.</p>
<p>Digámoslo con crudeza: Antonio Bernal no tenía un duro. Te pedía monedas para comprar un bocadillo o un pan, algo que llevarse a la boca, y te contaba entonces muy resentido lo mal que le iba. Acabó por convertirse en otro de esos fantasmas santacruceros, siempre con su eterno suéter rojo moteado de caspa o su gabardina azul marino si él tiempo amenazaba tormenta. Siempre con libros bajo el brazo. Y periódicos pasados de fechas, papeles…</p>
<p>Sin quererlo, porque estas cosas no las quiere nadie, Bernal encarnó a su manera el destino fatal de quien ha sido abandonado por la sociedad. Sin oficio ni beneficio, un tipo incómodo que algunos evitaban cruzando de acera. Un periodista de calle que acabó en  la calle. Un profesional de los de antes, cuando en las redacciones no existían computadoras y sí máquinas de escribir. Un periodista que se especializó en la siempre negra crónica de sucesos. Un tipo que llevaba a cuestas un porrón de años oliendo tinta y a quien, cuando lo mandaron a paseo, no se le valoró los años dedicados a la causa porque el periodismo es un trabajo que no valora virtudes como la veteranía. O los reflejos que le quedan al perro viejo pero aún con dientes.</p>
<p>En fin, que ha muerto Antonio Bernal.</p>
<p>Todos, absolutamente todos, dejamos que se hundiera en el lodazal. Así que espero que ahora pueda descansar en paz.</p>
<p>P.D.: Les invito a que lean este estupendo artículo de <a href="http://www.elblogoferoz.com/post/2009/12/03/Carne-de-perro-Por-Carmen-Ruano.aspx">Carmen Ruano</a> cuya conclusión resume a la perfección a quienes transmiten noticias: &#8221;Los periodistas, decimos, no comemos carne de perro, pero no nos importa tratar a un colega como a un perro&#8221;. Mejor imposible.</p>
<p>Saludos, impregnados de tristeza rabiosa, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>La maldición del hombre lobo: muere Jacinto Molina. Vive Paul Naschy</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 17:58:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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No tenía un físico resultón. Ni siquiera una cara inquietante. Su cuerpo, forjado en la disciplina de la halterofilia, no era lo que se dice muy felino, más bien robusto, pero aquel que comenzó siendo Jacinto Molina y para todos nosotros Paul Naschy consiguió a base de tenacidad y un amor al fantástico desarmante lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/naschy.jpg" title="naschy.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/12/naschy.jpg" alt="naschy.jpg" /></a></p>
<p>No tenía un físico resultón. Ni siquiera una cara inquietante. Su cuerpo, forjado en la disciplina de la halterofilia, no era lo que se dice muy felino, más bien robusto, pero aquel que comenzó siendo Jacinto Molina y para todos nosotros <a href="http://www.naschy.com/">Paul Naschy </a>consiguió a base de tenacidad y un amor al fantástico desarmante lo que parecía imposible, que se codeara en vida, y desde hoy en el reino de los no muertos, con los más grandes actores y actrices del género de terror.</p>
<p>¿Escuchan el lamento de los lobos? Lloran mirando a la luna llena y plateada porque se les ha ido de juerga eterna uno de los hombres que más contribuyó a consolidar el mito del licántropo en el cine. Naschy fue <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Waldemar_Daninsky">Waldemar Daninsky</a>, aquel personaje trágico que se transformaba en un hombre peludo y rabioso pese a que su otra mitad humana, encadenada y doliente, se esforzara por pasar el <em>mono</em> mientras era sacudido por la metamorfosis que nos aqueja a todos aquellos que hemos sido marcados por El Lobo.</p>
<p>Paul Naschy forma parte ya de la Historia del cine fantástico y no sólo del todavía subdesarrollado cine español. Si Naschy era su nombre artístico, Daninsky fue el personaje por el que muchos aficionados lo recordaremos cuando nos llame también la hora de la tumba.</p>
<p>Con graves problemas de alopecia en los últimos tiempos, pero siempre pinta de tipo simpático, Naschy se hizo querer entre los aficionados que crecimos con su cine. No daba miedo, o al menos a mí nunca me dio miedo, pero cada una de las películas que protagonizó e incluso dirigió, vistas hoy siguen siendo igual de audaces y delirantes que por aquel entonces, lo que pide a gritos urgentemente su recuperación.</p>
<p>Recuerdo la de sonrisas cuajadas de horror que me provocaron filmes como <em>El jorobado de la morgue</em>, una cinta con ecos <em>lovecraftianos</em> de una dureza loca irrepetible. También su estremecedora composición de Gilles de Lancre (una suerte de zombificado y retorcido <a href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Gilles_de_Rais">Gilles de Ray</a>) en la descacharrante y demoledora <em>El mariscal del infierno</em>. O en <em>El espanto surge de la tumba </em>y también en <em>Exorcismo</em>. Largometrajes todos ellos que no harán pestañear a los aficionados al cine serio &#8211;o ese que no sé yo si sus seguidores se toman tan en serio&#8211;, pero que conmueve porque forma parte de la memoria cinéfila de quienes nos curtimos sin sonrojo en las sesiones de cine de barrio.</p>
<p>Escucho el aullido triste de los lobos y comprendo que yo también soy de aquellos que tiene la marca del licántropo metida en el alma. Por eso, enterarme hoy por un frío mensaje telefónico que nos ha dejado el hombre pero no el mito, me llena de una tristeza extraña. Tristeza porque en este país que apoya la producción de películas que sólo ven familiares y amigos del director y sus actores, disfrazadas casi siempre de incomprensible comedia, Naschy se empeñó en hacer cine fantástico pese a que la ridícula Industria nacional lo mirara con desprecio y la crítica cegata se cebara en su contra acusándolo (en el mejor de los casos) de aficionado. Afortunadamente, Daninsky no les prestó mucha atención, aunque humillado y ofendido continuó haciendo su trabajo lo mejor que pudo: con loable entusiasmo e independencia. Y ese entusiasmo e independencia supo contagiárselo a espectadores de todo el mundo, donde para algunos es una leyenda venerada como en el insólito Japón.</p>
<p>Hace unas semanas leí un estupendo artículo de <a href="http://www.juanmanueldeprada.com/">Juan Manuel de Prada </a>en el suplemento cultural del <em>ABC</em>, <em>ABCD de las artes y las letras</em>, donde elogiaba <em>El huerto del francés</em>, la segunda película como director de Jacinto Molina. Impecablemente escrito, el autor de <em>Las máscaras del héroe</em> defendía un título de nuestro habitualmente aburrido y ombliguista cine español, dando a entender a quienes lapidaron a Naschy cuán equivocados estaban al no saber valorar el talento de nuestro peculiar fabricante de pesadillas nocturnas.</p>
<p>Claro que estas cosas pasan.</p>
<p>Así que será fruto de la casualidad, hermanas y hermanos licántropos, pero mañana miércoles tenemos luna llena.</p>
<p>Saludos, encadenado y aullando, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>Ha muerto José Antonio Vázquez Rial, una de las voces de Fyffes</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 20:13:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me imagino que, como a muchos lectores, la única obra que he leído de José Antonio Rial, fallecido la tarde del lunes a los 98 años de edad en Caracas, Venezuela, fue su ya legendario La prisión de Fyffes. De hecho, creo que fue a raíz de esta ¿novela? ¿testimonio? cuando el infierno que pasaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me imagino que, como a muchos lectores, la única obra que he leído de <a href="http://www.sanborondon.info/content/view/18926/123/">José Antonio Rial</a>, fallecido la tarde del lunes a los 98 años de edad en Caracas, Venezuela, fue su ya legendario <em>La prisión de Fyffes</em>. De hecho, creo que fue a raíz de esta ¿novela? ¿testimonio? cuando el infierno que pasaron los vencidos de la Guerra Civil en Canarias se fue materializando en mi imaginario pese a pertenecer a una familia cuya rama paterna resultó fatalmente herida por el conflicto, al contar con un abuelo que sufrió presidio por su pertenencia a la masonería y un tío abuelo anarquista que “desapareció” al ser arrojado al mar.</p>
<p>Escritor, periodista y dramaturgo, la vida de Rial &#8211;nacido en la bella ciudad de Cádiz en 1911 aunque canario de adopción al venir a vivir a estas ínsulas salvajes cuando apenas contaba con dos años&#8211; se me antoja sin embargo mucho más interesante que la irregular producción literaria que dejó atrás, si bien será recordado por el título que, imagino, muchos devoramos cuando España volvió a respirar democracia tras la muerte del general de cuyo nombre no quiero acordarme un, qué feroz ironía, 20 de noviembre de 1975.</p>
<p>Medalla de Oro de Canarias en 2007, miembro de Izquierda Republicana, y víctima de  dos consejos de guerra, el segundo por participar en conspiraciones en la cárcel, Rial se nos marchó al exilio en 1950, donde pese a las vicisitudes, supo prosperar y hacerse un nombre en Venezuela, primero como profesor en la Universidad Central y más tarde como catedrático en la Simón Bolívar. Su actividad periodística la desarrolló en el periódico <em>El Universal</em> y fue autor de <em>Venezuela-Imán</em> (1954), <em>La muerte de García Lorca</em> o <em>Los últimos días del Libertador,</em> entre otros libros.</p>
<p>Hace tiempo, y raíz de la publicación de <em>Las nereydas del faro</em> por el Centro de la Cultura Popular Canaria, mantuve una conversación telefónica con el escritor por motivos profesionales. De aquella charla, recuerdo muy bien que, pese a su edad, me sorprendió que mantuviera su cabeza relativamente despejada, y que pese a todos los avatares que padeció a causa de la guerra no guardara, confesó, ningún tipo de rencor por los que se empeñaron en destrozársela.</p>
<p>Me hizo entonces &#8211;y ahora también&#8211; concluir que los tuvo lo que se dice muy grandes.</p>
<p>Ya es hora de que aprendamos.</p>
<p>Saludos, de luto riguroso, desde este lado del ordenador.</p>
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		<title>¡Señoritaaaaa!</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2009 00:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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El mejor cine español está contenido en los años cincuenta y principios de los sesenta. Este es mi juicio como espectador. Y gran parte de esa grandeza se debe a títulos que han terminado por convertirse en obra maestras del humor negro como El pisito, El cochecito, Los jueves, milagro y Plácido. También a retratos perversos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  <a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/vazquez.jpg" title="vazquez.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/vazquez.jpg" alt="vazquez.jpg" /></a></p>
<p>El mejor cine español está contenido en los años cincuenta y principios de los sesenta. Este es mi juicio como espectador. Y gran parte de esa grandeza se debe a títulos que han terminado por convertirse en obra maestras del humor negro como <em>El pisito</em>, <em>El cochecito</em>, <em>Los jueves, milagro </em>y <em>Plácido. </em>También a retratos perversos y cómicos de la mediocridad celtibérica de la postguerra (<em>Atraco a las tres</em>) e incluso a entrañables y casposas historias familiares como <em>La gran familia</em> (y secuelas) que estuvieron protagonizadas todas ellas por un señor bajito, bigote facha y preocupante alopecia llamado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_L%C3%B3pez_V%C3%A1zquez">José Luis López Vázquez.</a> Probablemente el mejor actor que supo encarnar al <em>españolito </em>de a pie en pantalla grande.</p>
<p>Si me preguntan cómo imagino a los españoles de aquellos años, de aquella España que comenzaba a recuperarse de la pesadilla de la Guerra Civil, siempre tiene el rostro de López Vázquez. Un tipo que casi siempre hacía de señor cabreado, de chulo al que nadie le hacía caso y dotado de una voz prodigiosa cuyo timbre nunca jamás podrá ser imitado. Su “<em>señoritaaaa</em>…” pasará a la historia de nuestro cine con letras mayúsculas. Seña de identidad de un caballero profundo y algo rancio que se me antoja como una caricatura fina e inteligente de un tiempo que mi memoria cinéfila evoca en blanco y negro.</p>
<p>Recordando sus películas, y explorando en mis sentimientos como espectador los efectos que me generaba y seguirá generando, creo que López Vázquez, como casi todos los grandes actores y actrices de su tiempo, era consciente de su papel, personaje que fue modelando a su manera hasta transformalo, les contaba, en seña de identidad de quienes se abrían paso en aquel mundo complejo y difícil. Absurdamente reprimido y deprimente.</p>
<p>Fue además de un gran actor de comedias un profesional capaz de meterse en el drama, dando matices a sus personajes. A mí me encanta en esa película a redescubrir que es <em>El bosque del lobo</em>, del interesantísimo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Olea">Pedro Olea</a>; o en <em>Mi querida señorita</em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_de_Armi%C3%B1%C3%A1n">Jaime de Armiñán</a>, donde interpreta a una ¡mujer! y a un caballero. Aunque cuenta con más películas, muchas de ellas sonrojantes vistas en nuestros días donde nos venden pesadillas pseudos intelectuales llamadas, pongamos por ejemplo, <em>Ágora</em>, pero divertidas por sencillas y aparatosamente ingenuas como <em>Sor Citröen</em>, con la sin par <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gracita_Morales">Gracita Morales </a>(actriz que estuvo casada con un familiar del actual alcalde de Santa Cruz de Tenerife).</p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Garc%C3%ADa_Berlanga">Luis García Berlanga </a>lo recuperó más tarde y en plena Transición para su serie de <em>La escopeta nacional</em>, donde repetía con más histrionismo si cabe su papel de siempre: español corajudo, pequeño pero matón. Facha de chiste. Pero si está presente en la memoria de la mayoría de los aficionados al cine de mi generación es por su papel de ciudadano perdido en la todavía estremecedora <em>La cabina</em>, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Mercero">Antonio Mercero </a>y con guión de un tal <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Garci">José Luis Garci </a>antes de que se diera cuenta de qué grande es el cine.</p>
<p>A mi la imagen del pobre hombre encerrado en la cabina de teléfonos todavía me produce escalofríos, y me dio por reinterpretar, cuando habían cabinas de teléfono cerradas, aquella fascinante historia que, pasado el tiempo, comprendí que era metáfora de nuestra soledad como seres humanos moviéndonos en la jungla que es la ciudad. Grande o pequeña, que siempre es jungla.</p>
<p>Se ha muerto el genio. El maestro, el<em> actorazo</em>. <em>Su señoritaaa</em> me acompaña como un mantra mientras escribo estas líneas nerviosas. No sé si le rindo buen homenaje, de todas formas el mejor homenaje me lo ofreció él en pantalla. Grande y pequeña.</p>
<p>Y les dejo, <em>Plácido </em>me está llamando desde el televisor.</p>
<p>Saludos al maestro a este lado del ordenador.</p>
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		<title>K de Kaminsky</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Nov 2009 11:42:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editorescobillon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me entero de forma casual que es una de las peores formas de enterarse de las cosas que hace tan solo unas semanas falleció el escritor norteamericano Stuart Kaminsky, creador del detective privado Toby Peters, entre otros.
En los años 80 la ya mítica editorial Júcar editó en España casi todas las novelas de su personaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me entero de forma casual que es una de las peores formas de enterarse de las cosas que hace tan solo unas semanas falleció el escritor norteamericano <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Stuart_M._Kaminsky">Stuart Kaminsky</a>, creador del detective privado Toby Peters, entre otros.</p>
<p>En los años 80 la ya mítica editorial Júcar editó en España casi todas las novelas de su personaje más famoso, historias que transcurrían en la época dorada de Hollywood narradas con distante ironía. Entre otros títulos protagonizados por Peters, está <em>Disparen sobre Errol Flynn</em>, <em>Los hermanos Marx en apuros</em>, <em>Movimientos inteligentes</em> (con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Einstein">Albert Einstein </a>compartiendo aventuras con el sagaz y divertido investigador privado); <em>El factor Fala</em>; <em>Judy </em>y <em>Joe Louis, 10 y K.O.</em></p>
<p><a href="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/kaminsky.jpg" title="kaminsky.jpg"><img src="http://elescobillon.laopinion.es/wp-content/uploads/2009/11/kaminsky.jpg" alt="kaminsky.jpg" /></a></p>
<p>Es probable que si no está iniciado en el género policiaco, la desaparición de Kaminsky no le altere la conciencia pero si es uno de los muchos que disfrutó (y todavía disfruta) de las experiencias que narró sobre Peters, entenderá que se nos hacía necesario escribirle esta modesta referencia.</p>
<p>El abecedario de la novela negra y criminal ha perdido pues a una de sus letras más valiosas: la<em> K</em> de Kaminsky.</p>
<p>Saludos, plañideros, desde este lado del ordenador.</p>
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