Frustrante
Viernes, Mayo 7th, 2010Es pedir un imposible pero me encuentro en uno de esos momentos de la vida donde esperas encontrar respuestas. Leyendo un libro, cuando veo una película, conversando con amigos…
Sin embargo, últimamente, y cuando charlo sobre todo con amigos salgo más confundido si cabe. Será porque la mayoría de ellos pinta un siniestro futuro en el que la consigna es sálvese quien pueda y no mires atrás, lo que me llena de congoja y hace que me sienta como uno de los personajes del inolvidable y siempre recuperable Joseph Roth. Un tipo fuera de su tiempo, desubicado empeñado en entender su pasado para comprender su presente.
En mi caso no suena de fondo y como banda sonora La marcha Radezky ni se ha desmoronado el Imperio austrohúngaro antes de que Luis García Berlanga lo utilizara como referente de casi todas sus películas, pero sí noto que hay algo que me une a esa tropa de náufragos rothnianos. Debe ser que no he perdido aún la capacidad para asombrarme, de perplejidad ante el hundimiento al que asistimos.
Vengo del último encuentro Ideas para cien años organizado por la Obra Social de CajaCanarias con el corazón un poquito más amargo. Y me sabe a hiel porque me ha decepcionado profundamente el diálogo a tres bandas que han establecido Hans Magnus Enzensberger, Vicente Verdú y Juan Cruz.
La frustración tiene su origen en que lo que iba a resultar un prometedor diálogo sobre el mundo actual ha resultado ser un aburrido encuentro en el que se ha repasado algunos de los fenómenos que nos afectan de manera muy superficial.
Casi me duermo la hora exacta que ha durado este debate. Despertaba del sopor por las risas espontáneas de un público que me dio la sensación estaba demasiado predispuesto para el espectáculo. Como es natural, ni Enzensberger ni Verdú aclararon este caos en el que me encuentro sumergido desde hace tiempo, así que apenas tomé notas sobre los inevitables y frustrantes análisis muy condensados que hicieron estos dos pensadores según les iba proponiendo preguntas Juan Cruz.
“Hoy todo parece incontrolable –la gripe, la bolsa–. Hemos ingresado en una época caótica y con muchas contradicciones” opina Verdú, quien añade “la política es uno de los sectores más desacreditados de nuestro tiempo”.
Enzensberger apunta: “La crisis es global –económica, climática, nuclear, terrorista–. Es difícil integrar todos estos problemas en uno solo, deben ser examinados independientemente. Antaño las crisis eran localizables. La globalización ya no se limita en nuestros días a una región”.
“El miedo se ha instalado como un fenómeno nuevo del ser”, opina Verdú.
Responde Enzensberger: “Hay una hipnosis con el concepto de seguridad en nuestras sociedades”.
Verdú: “La crisis ha generado una consternación del traumatismo. Pone en cuestión el organismo social, los órdenes y valores. Vivimos en una época desprestigiada”.
Para Enzensberger, sin embargo, la crisis “no es una singularidad de la historia”. Y mucho menos en “el capitalismo donde la crisis es inevitable”. No obstante, reflexiona mientras estira las piernas, “la vitalidad del capitalismo es que es capaz de aprender”.
Dejo de tomar notas porque bostezo. Y hago que escucho mientras me evado en mis propias ensoñaciones que de repente se tornan algo siniestras. Al sentir la llamada de ese viejo enemigo que es la depresión intento espabilarme pensando en cosas agradables. He desconectado. No me interesa lo que hablan esos señores.
Termina el acto, salgo como una bala y recorro las ya tradicionales calles solitarias de la capital tinerfeña con la única idea de llegar a mi casa. A mi santuario, a este vientre que he construido a mi medida contra agresiones externas.
Me asomo a la ventana y efectivamente el mundo se desmorona.
No encuentro respuestas.
Llego a la conclusión que esto me pasa por haber dejado de creer en profetas.
Cae el telón.
Saludos, releyendo una vez más La leyenda del santo bebedor, desde este lado del ordenador.



