Reembolsos, artículos y reflexiones de Lázaro Santana

Hace unos meses la editorial Una hora antes presentó la publicación de dos libros que deberían de despertar el interés de cualquier aficionado a la lectura. Se tratan de los volúmenes Después de los setenta (poesía) y Reembolsos (artículos y ensayos) de Lázaro Santana (Las Palmas de Gran Canaria, 1940), dos obras que considero fundamentales no ya dentro de la producción del escritor sino por su inteligencia y compromiso por contar de manera tan personal como brillante cuánto sucede a su alrededor.

Por deformidad profesional he leído y releído las piezas que reúne en Reembolsos, libro que recoge trabajos que fueron escritos entre 2000 y 2020 y en los que su autor aborda con una prosa trabajada diversos aspectos de la realidad que nos rodea. En algunas ocasiones con un tono que sin caer en la polémica resulta arrollador y en otras desgranando opiniones que generan atractivos debates. Se agradece, en este aspecto, que la intención de Lázaro Santana sea la de exponer y en muy pocas ocasiones la de defender los supuestos sobre los que escribe. En otras, se tratan de artículos que sin perder su verdor informativo (el anuncio de un libro, por ejemplo) no quieren ni deben ser objetivos.

En unos tiempos en los que ya aburre el lamento de que Canarias carece de críticos pero no de artistas, artistas que según estas voces necesitarían de al menos la recomendación de esos críticos que no existen, encontrarse con Reembolsos quizá obligue a más de uno y una a que cambie esta cantinela o mantra que aparece y desaparece como el Guadiana y contribuya, bien al contrario, a ayudarlo a razonar que más bien en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses si carece precisamente de críticos quizá sea porque la mayoría lo que quiere es escribir literatura y no leer lo que escriben otros.

De hecho y hasta que no se tenga muy claro que es eso de ejercer la crítica, me parece a mi que los intentos de practicar cierto comentario de demolición o de reivindicación con o sin argumentos será una constante entre los que se autodenominan críticos sin que se les caigan los anillos.

No sé, ni me importa la verdad, si Lázaro Santana tiene vocación de crítico pero lo que sí sé como lector es que los artículos que reúne en Reembolsos son la mayor parte de las veces piezas a tener muy en cuenta ya que con elegancia, y en otras con cierta fría distancia, propone reflexiones sobre lo que lee y ha visto a lo largo de los artículos que conforman la obra. Una obra que no renuncia a señalar las contradicciones de nuestro tiempo y también a lamentar con resignada ironía el patético espectáculo de la política nacional y regional.

Escribe Lázaro Santana:

Presenciar, televisada y a ratos, alguna sesión del Congreso de los Diputados en Madrid, permite acceder al nivel intelectual de los políticos que lo llenan (a veces no del todo). Sean del partido que sean, ninguno se expresa con educada corrección; son torpes, embarullados, tergiversadores sin escrúpulos (cuando no mentirosos sin más); insultan, gritan exhibiendo una muestra variada de modales zafios”.

En otro artículo, el escritor y poeta define en apenas unas cuantas líneas conceptos, más que ideas, sobre el nacionalismo:

“Conozco a Eduard Limónov como personaje extravagante (fundador de un partido nacional bolchevique, estratega político del jugador de ajedrez Gary Gásparov, admirador de Le Pen, padre) y no como novelista y poeta. Sus ideas políticas probablemente serán repelentes. Pero hoy he leído una frase suya que suscribo entera: “El nacionalismo es de paletos, corresponde a una idea pequeña, a una región pequeña”. Claro que a continuación dice creer en los imperios; y no sé que será peor, si los nacionalismos o los imperialismos”.

Estos fragmentos son solo un reducidísimo muestrario de un todo que si por algo se caracteriza es por su deslumbrante lucidez y mirada certera sobre lo que nos rodea.

No sé, en este sentido, si Lázaro Santana sería uno de esos críticos probables que lamentan unos pocos que no existan en Canarias. Esas voces ávidas por aportar su pequeña valoración al arte que se hace en Canarias, pero entiendo que la visión de las cosas, la capacidad de asombro que caracteriza al poeta y escritor grancanario sea de una necesidad tan extrema en una tierra que, como la nuestra, necesita tanto de voces independientes, liberadas. Es decir, no sujetas a complacencias ni ebrios furores intelectuales. Estas características hace que personajes como Santana merezcan ser reivindicados por la labor que realizan aunque de momento no alcance la repercusión que se merecen.

Habitar en unas islas como las nuestras sí que explica, de manera amarga, terrible, que en esos Premios Canarias cada día más devaluados un autor con la trayectoria y el compromiso de Lázaro Santana no haya recibido aún (y sospecho que nunca) una distinción que hace tiempo olvidó lo que recompensa. Si se tomara en serio, si se pretendiera reivindicar la trayectoria y el pensamiento de futuribles premiados debería de apartar a un lado los vicios que corroen su espíritu desde hace años y mirar de frente la desarmante historia cultural de un archipiélago que muere, isla por isla, en soledad.

Por eso mismo son tan necesarias opiniones como las que expresa Lázaro Santana e imaginar que si no hubiera existido habría que haberlo inventado. Afortunadamente, no hay que inventar nada porque el escritor está ahí, manteniendo el tipo. Proporcionando si así lo exige la ocasión, pensamientos de una contundencia que a veces se hace feroz:

La muerte, cuando es tan abundante deja de ser impresionante. Hay un exceso de oferta. El sentimiento se convierte en estadística. El comentario puede parecer frívolo, pero es real”.

Saludos, a quitarse el sombrero, desde este lado del ordenador

2 Responses to “Reembolsos, artículos y reflexiones de Lázaro Santana”

  1. Javier Hernández Fernández Says:

    En primer lugar, Eduardo, se agradece leer esta especie de “contracrítica” que resulta de tus lecturas y reflexiones desde Reembolsos (artículos y ensayos) de Lázaro Santana. No es frecuente saber de ellas, ni frecuente es leerlas en un espacio público como es Internet, disponible para todo aquel que quiera contribuir al diálogo y la reflexión crítica. Pues, como ya sabes y habrás podido comprobar, seguramente, a lo largo de todos estos años en tu labor de difusión y promoción de la Literatura, faltan en estas Islas voces decididas a generar atractivos debates, opiniones que argumenten pareceres alejados de la tónica general y de discursos acomodaticios, voces con la disponibilidad de arriesgar públicamente su juicio y valor. Desde este reconocimiento de tu labor, permíteme un comentario para el enriquecimiento del debate: cuando se etiqueta como lamentadores o plañideros a quienes afirman (y, según dices, insisten pesadamente) en que “Canarias carece de críticos” (literarios), el compromiso con el debate, con el desarrollo de la Cultura, recomienda encarecidamente facilitar los nombres y los textos, los materiales en definitiva (o sus fuentes), que sostengan tales ideas. Lamentablemente, no es este el caso.
    Por un lado, señalas a unos desconocidos como quejicas y pesados, plañideros nuevos de estos tiempos, motivados por la derrota y un cierto apetito por la destrucción, insinuando únicamente que, si no hay críticos literarios en Canarias es porque, a los que en Canarias escriben, les interesa más escribir, entendiendo por escribir centrarse en su propia obra. Sin embargo, caracterizar a estos pesados como lamentadores y, si me permites la licencia creativa, como lloradores de la actualidad literaria en Canarias, lamedores de esquinas y orines de farolas, no invalida un ápice lo que sostienen.
    Idénticamente, cuando afeas a esos autodenominados “críticos” o reseñistas (como autodenominados poetas y escritores son todos aquellos que escriben versos y prosas), sus pretensiones de séquito y fama, sin aportar los “cuerpos del delito” (las fuentes que sostienen tu juicio), ubicas tu texto entre las limitadas coordenadas del artículo de opinión, lejos, por tanto, de un mayor grado de compromiso. Por si fuera poco, y aquí me repito yo, repetir que “Canarias carece de críticos”, como afirmas que hacen esos seres en la sombra, no invalida ni niega sus argumentos, ni la realidad de las pruebas objetivas. En otras palabras, si cogiésemos todas las reseñas o “críticas literarias” publicadas en Canarias en los últimos 10 años, sentiríamos el peso de los hechos, es decir: en Canarias no se publica crítica de libros. Lo que hay es otra cosa: textos promocionales, de felicitación al autor de turno, o la “auto-loa” del reseñador (fundamentalmente); pero no crítica literaria de libros. Y al afirmar que en Canarias los escritores prefieren dedicarse a escribir su obra, no se hace otra cosa sino escurrir el bulto mientras, por un lado, se coincide con el tesis que se dice critica: no hay crítica literaria e Canarias.

    Claro está, podríamos llevar este debate por los caminos retorcidos de definir qué es la crítica literaria y cuál es su función en la Literatura, la Cultura, y la Filosofía, incluso en estos tiempos donde Internet democratiza el corrimiento de opiniones e influencias. Y haríamos bien queriendo apurar recuperar tales definiciones como puntos de partida, si fuese nuestra intención construir un espacio común para el pensamiento libre, autónomo e independiente. Es más, podríamos también discutir sobre si la crítica literaria “debe” ser únicamente constructiva, o si somos capaces se asimilar esa realidad biológica que nos rodea y que insiste (la Naturaleza sí es, de verdad, insistente) en recordarnos que, para construir (y crecer), a veces es preciso echar abajo lo existente, sea, esto, un canon, una idea preconcebida, o un pacto de no agresión entre las partes. Huir en definitiva, del pensamiento único, de las vendettas ideológicas y personales, y todo lo posible de esa vanidad que nos impulsa a pisar, destruir, ignorar o humillar al otro.
    A fin de cuentas, si no acompañamos las reflexiones sobre lo leído, si no arriesgamos señalar las luces y las sombras de toda obra literaria, las contradicciones de nuestro tiempo, sea con ironía, lamento o patetismo o torpeza; si no dialogamos con esas voces incordiantes e imperfectas, en constante crecimiento y conflicto, esas voces liberadas de apegos (más o menos) y compra-ventas; si les negamos el espacio del intercambio de ideas (como sabemos que sucede), ¿acaso no estamos destruyendo vilmente nuestra cultura, infectándola de morbidez y convirtiéndola en un mercadeo más de la mediocridad, mientras gritamos a los cuatro vientos que nosotros cuidamos y defendemos la Literatura?

  2. admin Says:

    Buenos días, Javier, se agradece tu extensa reflexión y espero que de inicio a un conjunto de propuestas para armar, en la medida que se pueda, un debate sobre criticar o no criticar, ese es el problema. Llevo mucho, quizá demasiados años dedicándome a comentar lo que hacen otros. Y escribo comentar porque esa es la palabra que describe mis intenciones. En todo este trayecto he tenido mis más y mis menos con escritores, cineastas y algún artista plástico pero sobre todo con los distintos representantes políticos que han ejercido alguna responsabilidad en materia de cultura. Te doy la razón en algunos de los argumentos que expones pero piensa que la visión de las cosas puede ser distinta. Es decir, que es bueno y democrático reconocer que uno no tiene toda la razón por mucho que crea que sí la tiene (esta gente, lo reconozco, me da miedo pero eso pasa porque no puedo con el fanático, con el fascista, con el que piensa que tiene derecho a joder pero no a ser jodido… En fin, tú ya sabes). Intenert es grande y me parece un buen espacio para teorizar sobre crítica en Canarias como sobre el sexo de los ángeles o la reencarnación de los cangrejos pero sí que me gustaría que todas estas reflexiones se plantearan con cabeza,

    Como sabrás, este debate no es nuevo en nuestra tierra y sospecho que seguirá ahí incluso cuando ni tú ni yo sigamos en este mundo, así que invito a los que leen (cosas de aquí como de allá) que escriban sobre ellas. Habrá mucha gente que estará de acuerdo contigo pero también otras muchas que no… Pero así es el juego.

    Un abrazote

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