Pepe Pérez-Muelas: “A mi de pequeño siempre me fascinó el viaje de Colón”
Dice que de pequeño recorría con el dedo posibles rutas de viajes con un mapa desplegado sobre la mesa. El anhelo de viajar se multiplicó si cabe por lecturas de novela de aventuras aunque la realidad que mostraban aquellos libros poco o nada tenían que ver con la realidad porque, como dice Pepe Pérez-Mulas (Lorca, 1989), resulta casi siempre demasiado “prosaica”. De momento, debuta en el terreno literario con una obra, Homo viator. El descubrimiento del mundo a través de los viajeros (Siruela, 2023) que promete lo que anuncia, caminar al lado de un centenar de viajeros y exploradores y contemplar el mundo a través de su mirada.
- ¿Cómo se le ocurre escribir Homo viator?
“Es el primer libro que me publican y es el libro que quería escribir toda la vida o el que llevo toda la vida preparando para escribirlo. Cuenta la historia del mundo a través de los testimonios de los viajeros y muchos de ellos son resultado de lecturas que vienen de mi infancia, muchas de viajes y exploraciones. Quería saldar la cuenta pendiente que tenía con todos aquellos autores que me hicieron viajar y que me acompañaron esos años y hasta el día de hoy. Lo de viajar me viene de muy atrás, cuando observaba los mapas y señalaba con el dedo las rutas que podía hacer en el futuro. Ese fue el origen del libro”.
- ¿Y ha cumplido el sueño?, ¿recorrer aquellas rutas que señalaba con el dedo en un mapa?
“Uno sueña a lo grande y al final la realidad impone otras cosas. He estado en todos los continentes menos Oceanía pero la imaginación de la infancia de atravesar selvas o navegar en barco por procelosos mares atravesando el océano se queda en el territorio de la imaginación porque viajar es bastante más prosaico que lo que uno sueña en la infancia pero intento completar todos esos anhelos”.
- ¿Y qué viajeros y viajeras tenían que salir sí o sí en este libro?
“A mi de pequeño siempre me fascinó el viaje de Colón y no solo por su envergadura histórica sino por el hecho físico que tuvo que haber sido aquel viaje. Un barco pequeño y de madera que en mi mente de niño imaginaba casi a la deriva. El viaje de Magallanes es otro con el que siempre he soñado”.
- Se le critica que en el libro incluya a muchos viajeros extranjeros pero a poco españoles.
“Hay bastantes viajeros españoles en el libro, un libro en el que la mayoría de los viajeros son europeos, así que se le puede hacer una crítica a Homo viator de los que faltaron y de mi concepción eurocéntrica del mundo, aunque he intentado preocuparme por mostrar la visión que tenían los chinos de la Roma antigua pero era imposible dedicar espacio a todas las culturas en un mismo volumen porque entonces hubiera salido un libro inmenso. Intento imaginar qué pudo pensar Moctezuma o un mexica cuando se encontraron con Hernán Cortés, pero lo hago en momentos muy concretos”.
- Como el chiste, está el viajero inglés, el francés, el suizo, el español… ¿existen diferencias entre unos y otros según el país del que procedan?
“Encuentro una línea bastante continuista en todos los viajeros de todas las épocas. Los españoles a lo largo de muchos siglos, aunque la época dorada del viajero español es en los siglos XV al XIX, con los grandes viajes científicos. Antes de que lo hagan franceses e ingleses viajeros españoles en América ya tenían ese espíritu solo que les faltaban las herramientas”.
- ¿Destacaría a algunos de estos viajeros?
“Me gusta mucho Pedro Páez, un jesuita español de finales del siglo XV, que viaja al territorio del océano Índico y a quien capturan los árabes durante su periplo y gracias a eso encuentra una bebida que es el café, que más tarde se introduce en Europa. Páez encuentra también las fuentes del Nilo dos siglos antes que lo diga un inglés. Una viajera que significa mucho para el mundo de los viajes es Santa Elena, que viaja a Tierra Santa y conoce una Jerusalén que es una ciudad romana y hace excavaciones, lo que la convierte en la patrona de los arqueólogos. En el templo de Venus descubre el Santo Sepulcro e inaugura los viajes a Tierra Santa y las peregrinaciones que generarán las cruzadas”.
- ¿Cuál es para usted el continente más literario?
“América por la información que tengo, es un continente que tengo bien estudiado”.
- Es costumbre del viajero escribir sobre su experiencia, ¿cuál es para usted el más escritor de todos ellos?
“Hay un viajero al que no se le conoce mucho, el suizo Johann Ludwig Burckhardt, que descubrió Petra, en la actual Jordania, que se hizo pasar por un pastor musulmán que transita por estos sitios diciendo que va a rendir homenaje a la tumba de Aarón, el hermano de Moisés, y escribe un libro en donde cuenta sus viajes por oriente”.
- ¿Y Richard Burton?
“Richard Burton es un personaje complejo, en el que se mezcla la verdad con la ficción. No sabes, de hecho, si es cierto o no lo que cuenta. Siendo muy joven el gobierno británico lo envió a la India para que redactara un informe de los prostíbulos en la zona del Punyab. Burton es un viajero muy inteligente y dotado de una gran prosa con la que es capaz de describir los lugares que visita. Es uno de los mejores autores para llevarse de viaje”.
– Burton y Burckhardt además de viajeros fueron también espías.
“El siglo XIX es complicado porque cuando nos acercamos a las rutas que abren es difícil saber lo que hicieron. Stanley fue uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad. Son numerosas sus atrocidades en el Congo Belga por lo que para mi el viaje no tiene solo una carga moral positiva ya que a lo largo de la historia se ha viajado por distintos motivos y en algunas ocasiones con el ejército para una guerra”.
- Y escribe este libro, un respetable trabajo de investigación antes de saber que iba a ser publicado.
“Mi trayectoria cuando escribo un libro es enviarlo a las editoriales solo que normalmente no recibes respuesta aunque esta vez a Siruela le gustó. Desde siempre he escrito ficción, novelas, y pensé que Siruela era otro tipo de editorial a la que le podía interesar Homo viator pero lo hice sin tener contacto con ellos, así que cuando contacté ya tenía escrito el libro”.
- ¿Qué hubiera pasado si le dicen que el libro no les interesaba?
“Mi vida no hubiera cambiado nada y tocaría otras editoriales aunque en este caso se lo envié solo a Siruela porque a mi me gusta mucho esta editorial y creo que Homo viator concuerda con su línea de publicaciones”.
- Su intención era la de divulgar.
“Sí, es un libro divulgador porque me plantee que resultara ameno y no académico. Mezclo en Homo viator un poco de erudición y me gusta compararlo con Las mil y una noches porque la obra se encadena y cuenta la historia de estos territorios a través de los viajeros con el fin de incitar al lector a conocer más sobre estos temas en otros libros que cito en la obra. Homo viator es un libro que deja muchas puertas abiertas para conocer otros mundos y otras bibliotecas”.
- ¿Qué significa para usted el mapamundi de Urbano Monte?
“Lo conocí por casualidad, se trata de la obra de un geógrafo del siglo XVI y es uno de los primeros que pretende reflejar todos los continentes descubiertos hasta esa fecha. Hay momentos que tiene un afán científico riguroso y otros donde resulta más mitológico. Urbano Monte no salió nunca de Milán pero su conocimiento es el que me ha ayudado para escribir este libro. Él se basó en los testimonios de los demás para hacer su mapa”.
- Hablemos de viajeras y no de viajeros
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“Ser viajera, incluso hoy día tiene una motivación extra ya que se viaja por un mundo diseñado para hombres. En el pasado no era fácil además salir para ellas porque estaban sometidas a la tutoría del padre o del esposo, por eso valoro el testimonio de las viajeras porque fue algo nuevo y valiente. A mi me han dicho que en el libro hay más hombres que mujeres porque hay más viajeros que viajeras pero eso es una realidad histórica. Si me hablas de viajeras del mundo clásico mencionaría a Egeria o Geria porque ilumina el mundo antiguo”.
- ¿Qué lleva usted en la mochila cuando se va de viaje?
“Lo primero es un libro. Intento llevar siempre uno que tenga que ver con el lugar de destino y otro que sea una novela que no tenga nada que ver con el sitio que visito. Estuve de viaje de novios hace unos meses en Egipto y Estambul y me llevé conmigo Estambul, de Omar Pamuk, que fue como descubrir una ciudad nueva y sus claves secretas, más misteriosas y calladas y para Egipto, Sinuhé, el egipcio. Son formas de pillar por sorpresa a la ciudad, de entenderla mejor pero reconozco que llevar libros puede ser un problema porque me gusta llevar dos o tres en cada viaje”.
- ¿Fue pesado el proceso de documentación del libro? ¿Cuántos testimonios de viajeros tuvo que descartar?
“ No fue un proceso pesado el de la bibiografía. Hay capítulos del libro como el de la India que no necesitó de un estudio exhaustivo. He leído a Jenofonte, a Pausanias y tengo una forma de escribir muy memorialística pero hubo otros capítulos como el de África, China y Japón en los que tuve que investigar pero no fue un gran esfuerzo ya que estuvo bastante compensado. Descubrí viajeros que desconocía y viajes que se me habían escapado como por ejemplo los de los dos polos, también los viajes científicos que no dominaba demasiado y que me parecen fascinantes porque son laboratorios en marcha. Siruela me dijo que tenía que descartar un tercio del libro, lo que agradecí a la editorial porque si no hubiera resultado ilegible, por lo que tuve que quitar con gran dolor de mi parte a muchos viajeros”.
- ¿Los viajeros que descartó podrían formar parte de un próximo Homo viator 2?
“Creo que no, estoy trabando en un nuevo libro pero no tiene nada que ver con el viaje, es una tragedia familiar que sucedió y en la que mi árbol genealógico es el protagonista. Todo tiene su momento, el libro se está vendiendo pero creo que la explicación del mundo a través de los viajeros acaba aquí. Se puede hacer una segunda parte pero veo más interesante una segunda parte de viajeros del mundo pero por España”.
Saludos, viajemos, viajemos, viajemos, desde este lado del ordenador
