Los nueve reinos, una novela de Santiago Díaz

Si a la ya abundante literatura que existe sobre la conquista de Canarias, y son numerosísimos los libros que novelizan este periodo de la historia de España, sumamos ahora Los nueve reinos (Alfaguara, Penguin Random House Editorial, 2024), de Santiago Díaz, uno saca a modo de conclusión que todavía no se ha escrito la gran novela que aquel capítulo de nuestra Historia se merece. Es como si este conflicto que supuso el choque entre dos culturas, una desarrollada y en expansión como la castellana y la otra anclada en un pasado remoto como fue la aborigen, continuara despertando interés no solo a escritores y escritoras nacidos en las islas y que conocen desde chicos algo, bien es verdad que más leyenda que otra cosa, en torno a los primeros pobladores de Canarias sino también a ocasionales autores/as peninsulares que caen, vamos a decir hechizados, ante lo que afirma (o mejor canta) que fueron hombres y mujeres que nacieron en la Historia para morir en la leyenda.

Una leyenda rellena de tópicos, con sus buenos y sus malos. Los buenos suelen ser los guanches, los que perdieron, una suerte de buen salvaje que además de comer gofio y carne de cabra, saltan con el palo por las veredas de la isla y tiran piedras con infernal puntería. Los otros, los malos, está representado por el invasor, el peninsular. No plantea nada novedoso por eso que el villano de la función en Los nueve reinos sea Alonso Fernández de Lugo, el jefe de la expedición conquistadora.

Ambiciosa pero no nueva es la propuesta que presenta Santiago Díaz en Los nueve reinos, una novela que publica Penguin Random House en Alfaguara, uno de los grandes grupos editoriales que existen en España, y que se está vendiendo muy bien en el mercado nacional porque en la conquista de la última isla que se sometió a la poderosa maquinaria de guerra de Castilla hay de todo para construir una historia apasionante: amor, amistad, traición, guerra, nacimiento y muerte.

Mezclar todos estos elemento y darle coherencia es lo que hace Santiago Díaz al novelizar lo que se conoce y hacerlo atractivo para toda clase de públicos, no solo canario. El escritor se permite (y se le perdona) las licencias que salpican el texto ya que están al servicio de la novela y no de la Historia. En este aspecto y al margen de que estemos ante un libro maniqueo, de buenos, muy buenos, y malos, muy malos, hubo momentos durante su lectura que me enojaron bastante pero también hubo otros que me emocionaron porque en esta novela histórica de más de quinientas páginas pasa de todo y por ella se mueven muchos personajes tanto en Tenerife como en la península.

El relato está escrito para lectores que no sean demasiado exigentes. Por eso hay buenos como Bencomo, mencey de noble corazón y rey de Taoro, uno de los cantones más importantes de la isla y villanos, ya se dijo, como Alonso Fernández de Lugo, que hace de malo malísimo. Insto a los historiadores a que escriban una biografía rigurosa sobre este personaje porque la vida de Lugo es tan literaria como la de cualquier soldado de aquellos tiempos y su empresa de conquista abrumadora si se observa con la perspectiva que da el tiempo.

Como toda novela histórica que se precie, Los nueve reinos mezcla personajes que existieron en la realidad con otros que son productos de la imaginación de Santiago Díaz, un escritor que noveliza la conquista desde el punto de vista de los guanches que fueron derrotados. Los que están enfrente son los conquistadores, la mayoría de ellos muy mala gente, tipos aficionados al pillaje y la traición. En cuanto al estilo, el estilo de Los nueve reinos es el de sujeto verbo y predicado, la narración al servicio de una novela que no tiene mayor pretensión que la de entretener. En este sentido, no sorprende que esté repleta de personajes estereotipados, todos clásicos en este tipo de literatura de aventuras que más que histórica es una novela inspirada en hecho históricos.

El que lea el libro se encontrará con batallas (ahí están las más importantes de la conquista de Tenerife), pero no terminará de convencerle la mirada buenista con la que Santiago Díaz retrata a los guanches buenos. Porque aquí hay guanches buenos, los que integran los menceyatos que se rebelaron contra los castellanos y que fueron los del norte, y los guanches malos, que son todos aquellos que formaban parte de los menceyatos del sur de la isla, los que pactaron con Alonso Fernández de Lugo.

Se ha informado bien el autor para construir esta gran epopeya sobre la conquista de Tenerife pero cae en el tópico en el que otros antes que él cayeron como es, entre otros muchos, el retrato deformado de personajes que existieron realmente como Beatriz de Bobadilla, a quien describe como una especie de astuta ninfómana; más o menos el mismo perfil que planteó Mario Escobar en la sonrojante La gobernadora (2022) pero no Carlos Álvarez en la que sigue siendo una de sus mejores y más lúcidas novelas: La Señora. Beatriz de Bobadilla, señora de Gomera y Fierro.

Entre los malos, los menceyes Añaterve y Beneharo, que han pactado con el malvado Alonso Fernández de Lugo, el opuesto del noble Bencomo, y alguno más que por desgracia le resta peso y credibilidad a esta novela sobre el fin de un pueblo, los guanches, que tiene más ecos a un Braveheart de todo a un euro que al de otras novelas que se han escrito sobre la conquista de Canarias, bien es cierto que siempre con distancia ante el respeto casi sagrado que despiertan los guanches y aquel periodo de la Historia.

En Los nueve reinos pasa de todo en todas, absolutamente todas las páginas del libro. El autor cuenta además con una amplia galería de personajes para que rodeen a los protagonistas, pero no les da solidez. Entretiene, sí, pero nada más.

El gran fresco que despliega está planteado como si de un western se tratara. Solo que de un western donde los indios (aquí los guanches) son los buenos y los otros, los conquistadores, los malos. Esta sensación se multiplica en la segunda mitad de la novela, con mucha acción (se suceden las batallas) y la conversión de un soldado castellano a la causa guanche, momento que le sirve al escritor para contar a grandes rasgos la vida de una comunidad que parece integrada en la tierra que habita.

Los nueve reinos se permite las frivolidades justas, lo que sinceramente se agradece. Es más o menos fiel a lo que se conoce y, literariamente, explota el fin de un rey y de sus súbditos, todos buenos salvajes salvo los del sur de la isla, aquellos que pactaron con el invasor, con el gran traidor, el malo de la novela: Alonso Fernández de Lugo.

En este aspecto y no haciendo caso a las licencias que se permite para que discurra sin contratiempos el relato, la novela es puro entretenimiento, lo que no es nada fácil de conseguir, para ello se requiere oficio y oficio tiene Santiago Díaz, que no sé si fue consciente de en dónde demonios se metía.

Sí, como buenamente sabe resume lo que se conoce de los guanches, un pueblo que nació en la Historia para morir en la leyenda, se aprecia que quedó (inevitable) fascinado por ellos. Tanto, que son los guanches los verdaderos héroes del libro, los clanes del norte no los del sur.
Los nueve reinos no es alta literatura ni un esfuerzo por novelizar fielmente lo que se conoce de aquellos hechos. Eso lo intentó hacer Mariano Gambín en Los giros del destino (2023), novela en la que narra fielmente la conquista de Gran Canaria pero que ahoga la ficción con tanta obsesiva meticulosidad. A Santiago Díaz no le importa demasiado la meticulosidad, se decanta por la ficción. Está más pendiente de que pasen cosas, y no le preocupa demasiado el peso de la Historia.

En esta dirección, me atrevería a recomendar Los nueve reinos a los que no prestan atención a los hechos, a lo que quedó constatado en las crónicas. Por otro lado, el que conoce otras novelas que tratan el mismo relato como Bencomo, de Carlos Guillermo Domínguez, y El rey de Taoro, del alemán Horst Uden, Los nueve reinos les sonará a historia conocida por lo que poco o nada aporta. Sí que supo fabular con la ficción Juan Manuel García Ramos en El guanche en Venecia, título en el que imagina la vida del rey de Taoro en la corte veneciana, tras haber sido comprado como esclavo.

Los nueve reinos cuenta con una importante campaña publicitaria y es una forma de que en otras tierras conozcan, aunque sea en clave de leyenda, lo que significó para este archipiélago la conquista. Con suerte, aparecerán más novelas sobre este tema y quizás contribuyan a crear un imaginario literario con menos leyenda y sí más objetividad y rigor sobre aquel rabioso y feroz choque de culturas.

Saludos, gruñidos en el desierto, desde este lado del ordenador

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