Barrio negro, una novela de George Simenon
“¡A Dupuche le ilusionaba tanto poder anunciar aquella noche a su mujer que no había bebido en todo el día! Pero también eso le parecía lo más natural. Ella no había estado errando por las calles, descifrando los letreros y preguntándose si tendría valor para ir a solicitar un empleo en tal o cual almacén, en tal o cual oficina inglesa o norteamericana.
En realidad no se dirigió a ninguna parte. ¡No se atrevió! Apenas pasó cinco minutos en el Cercle International, donde había salones lujosos, un jardín, una piscina, mesas de bridge y de bacarrá.
Evitaba beber allí, ya que ignoraba el precio de las consumiciones. Notaba que lo observaban”.
Barrio negro, George Simenon. Traducción: José Escué (Tusquets Editores, 1996)
El escritor de origen belga George Simenon se hizo famoso con la serie de novelas que dedicó al comisario Maigret, que han sido llevadas en numerosas ocasiones al cine y a la televisión, pero la mayoría desconoce que fue además un excelente contador de historias que nada o muy poco tenían que ver con los relatos policíacos –bien es verdad que notablemente ambientados al dibujar un cuadro preciso de la acomodada y pesada rutina del día a día que vive el burgués de provincias– aunque en todas ellas sobresaliera una visión amarga pero también distante de las debilidades humanas y una crítica no demasiado velada de la hipocresía del hombre de la calle, el ciudadano normal y corriente que se ve envuelto por los caprichos del destino en una situación que no controla y que saca lo peor pero también lo mejor de cada uno de ellos.
Barrio negro es una novela corta que publicó en su tiempo en español Tusquets, editorial que recuperó varias novelas que no pertenecían a la saga Maigret, y en la que se puede observar lo fantástico escritor que fue más allá de la serie que lo consagró en la república de las letras. Una nueva lectura de la novela me ha mostrado además la capacidad que tuvo como escritor de caracteres humanos, y de cómo se enfrentan a los conflictos sin renunciar a sus flaquezas.
Barrio negro tiene también la característica de estar ambientada en un escenario en el que no se habla francés, aunque en él circulen una serie de personajes que proceden de Francia como si se trataran de náufragos que han quedado varados en tierra extraña, y pese a todo, incapaces de renunciar a los vicios que traen del viejo continente, lo que provocará en los patriotas, los que siguen siendo franceses en tierra extraña, que marginen a todos aquellos que sí que renunciaron. A los que tomaron la decisión de quedarse en ese país en el que cayeron por la endemoniada casualidad. Esto es lo que le pasa al ingeniero de minas, Joseph Dupuche, quien con su esposa queda anclado en Panamá cuando quiebra la empresa que lo contrató para que explotara los yacimientos que eran de su propiedad en lo más profundo del país centroamericano.
Como el dinero en metálico que lleva en el bolsillo no es suficiente, y el dinero que le prometió la empresa que cobraría nada más llegar ha desaparecido en el aire, se inicia la odisea de un hombre que mientras mengua su economía, descubre lo poco que le importa a su país de origen, y fruto quizá del calor y del nuevo ambiente en el que se mueve, darse cuenta del cinismo de su vida europea anterior. De lo frágiles que fueron las relaciones que mantuvo con los suyos, familia incluida, y ahora con su esposa, que es bien acogida por los refugiados franceses no así él, el desarraigado Joseph Dupuche.
Joseph Dupuche es uno de los mejores personajes construidos por Simenon precisamente por su humanidad. El paulatino proceso de erosión que atraviesa lo contemplamos por dentro porque si bien la novela no está escrita en primera persona, la tercera lo sigue a lo largo de las 165 páginas del libro. Una de esas obras literarias en las que no sobra ni falta nada y que demuestra, una vez más, que es mucho más difícil contar tanto con tan pocas palabras que lo mismo pero multiplicadas por diez. Es la concisión del estilo de George Simenon lo que lo hace tan grande. Y también tan difícil de imitar.
Hay un tema recurrente y latente en esta novela que aparece en otras del escritor como es la de convertirse (voluntaria o forzadamente, esto último es lo que le pasa a Dupuche) en otra persona, o renunciar a su posición para quedar relegado en otra. Tiene mucho de identidad perdida Barrio negro, pero si uno estudia la producción de Simenon, observará que es una constante es otros tantos libros de su, afortunadamente, copiosa producción literaria.
La novela cuenta la erosión de un matrimonio aparentemente feliz y como este desgarro se hace físico cuando Dupuche decide irse al otro extremo del país, la ciudad de Colón, con una amante negra que conoció en Ciudad de Panamá mientras su esposa, que sí ha sido aceptada por la colonia francesa, trabaja en un hotel y conoce a otro hombre. El hecho de que su amante sea negra provocará que los “suyos”, los franceses, no lo admitan en su círculo por motivos racistas, de franco desprecio a los negros.
Al desarrollarse sobre todo en ciudad de Panamá pero también ocurren en las partes que pasan en Colón, George Simenon describe un espacio en el que hay negros, que viven hacinados en chabolas al lado de las vías del tren; la pequeña colonia de franceses ahí varada y los norteamericanos que residen cerca del canal pero también tan distantes del resto. Es el canal un protagonista de la novela aunque no en términos absolutos pero sí que se trata de la fuente de la fortuna de todos los que viven en la zona, sobre todo a la caza y captura de turistas que vienen con mucho dinero y ganas de olvidar quiénes son en realidad.
Saludos, un verano soportable, desde este lado del ordenador
