Doña Beatriz de Bobadilla, en la literatura (I)

“Mujer rara, que teniendo todas las gracias y flaquezas de su sexo, tuvo la crueldad y constancia de un hombre sañudo”

José de Viera y Clavijo, Historia de Canarias

La historia no ha tratado demasiado bien a Beatriz de Bobadilla (Medina del Campo, década de 1460-Medina del Campo, octubre de 1504), dama castellana de la corte de los Reyes Católicos que terminó siendo conocida como la Señora de Gomera y Hierro al desposarse con Hernán Peraza y años más tarde, tras la muerte de éste, con Alonso Fernández de Lugo, conquistador de La Palma y Tenerife. Conocida también como La Cazadora, por el cargo de caza mayor que tuvo su padre y para diferenciarla de su tía, Beatriz de Bobadilla, primera marquesa de Moya, doña Beatriz es uno de los personajes más interesantes y atractivos de aquel dramático choque de culturas que fue la conquista de Canarias, y no solo porque se tratase de una mujer, sino por la intensa actividad que desarrolló en vida, lo que para algunos es un claro signo de ambición y para otros de empoderamiento en un tiempo donde ser mujer significaba muy poco.

Gran parte de la culpa de que La Cazadora haya pasado a la historia del archipiélago como una especie de mantis religiosa, de vampiresa devoradora de hombres, entre otros el mismísimo Cristóbal Colón, se debe a una serie de obras que parecen que conspiraron para mancillar su nombre al ser acusada de cruel y despiadada, entre otros, cuentan, Baltasar de Castiglioni en El Cortesano. Por el contrario, el investigador Alejandro Cioranescu fue de los pocos que puso en duda este retrato en libros como Una amiga de Cristóbal Colón: doña Beatriz de Bobadilla y Colón en Canarias, donde le dedica un capítulo entero para desmontar la leyenda negra aunque da por cierta la relación que mantuvo con el rey Fernando el Católico. De hecho, la leyenda cuenta que fue la misma reina Isabel quien la obligó a desposarse con Hernán Peraza para que dejara en paz a su esposo mientras enviaba a Beatriz al último rincón del mundo por aquel entonces conocido.

Utilizara o no su cuerpo para conseguir sus fines, lo que está claro es que toda esta “mala prensa” ha manchado la trayectoria de una señora que más allá de su rapto de crueldad con los gomeros (y que la obligó a resistir con los suyos en la Torre de San Sebastián) cuando aplastó la célebre rebelión que se produjo en la isla al ser asesinado su primer esposo, Hernán Peraza, no deja de ser un personaje fascinante. En especial si uno se pone en aquella época y se pregunta cuáles fueron las circunstancias que la llevaron a contraer matrimonio y a que se desplazase a una tierra tan lejana y alejada de la corte como era La Gomera. Circulan distintas versiones pero ninguna llega a convencer. Lo que resulta innegable, es que doña Beatriz no ha dejado desde entonces de despertar la curiosidad no solo entre historiadores e investigadores sino también en escritores que la han utilizado como protagonista o personaje secundario en novelas en las que se aborda la conquista y el protagonismo que jugaron en ella las mujeres de uno u otro bando.

Entre las novelas que tienen la culpa de que doña Beatriz de Bobadilla haya pasado a la Historia como una Mesalina de su tiempo encontramos la novela Los perros del paraíso del escritor argentino Abel Pose que asegura en esta ficción inspirada en hechos reales que la mayoría de sus amantes se trataban de “pescadores, marinos desorientados, jefes guanches capturados, monaguillos con precoz pasión pastoral,” que solían terminar despeñados al mar desde la ventana de la Torre del Conde. Doña Beatriz aparece con semejante perfil en Los nueve reinos, de Santiago Díaz, una novela coral que tiene, entre otras pretensiones, la de contar la conquista de Tenerife con sonrojante espíritu maniqueo. Es decir, que aquí los guanches del norte son los buenos y los castellanos y los guanches del sur los malos. Estos últimos, los guanches del sur, por pactar con el invasor.

Beatriz de Bobadilla no sale tampoco demasiado bien parada en La gobernadora, donde el sexo es una importante herramienta que utiliza La Señora para conseguir sus objetivos que no son otros que acaparar tierras y dineros. La novela está firmada por Mario Escobar, un escritor que vende mucho aunque no termina de cuajar en el mercado español. La también escritora Ana Salamanca se sirve de La Cazadora en su primera novela, Los últimos guanches, obra por la que recibió el Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda (Jaén) y novela que llegará a librerías en otoño de este año y en la que su autora, en declaraciones a quien ahora les escribe, define a nuestra protagonista como una mujer víctima de las circunstancias y a quien hay que juzgar no con las herramientas de nuestro tiempo sino del suyo.

Saludos, continuará, desde este lado del ordenador

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