Doña Beatriz de Bobadilla, en la literatura (y II)

Mario Escobar destacó en una conversación que mantuvimos con él que llegó a La Cazadora al leer el tercer capítulo de Cabeza de Vaca de Antonio Pérez Hernández, novela en la que cuenta cómo el navío que lo lleva a América hace escala en una isla donde uno de los personajes comenta que allí, en La Gomera, la gobernadora es amante de Cristóbal Colón. “Un dato que, personalmente, desconocía. Hasta ese momento sabía de su tía pero no de la sobrina y el personaje me pareció enormemente atractivo: la amante de Colón y la señora de La Gomera, así que me enganché de tal manera a la historia que me hizo romper con mi calendario”, explicó Escobar.

Para el escritor, Beatriz de Bobadilla se trata de un personaje que “lo tiene todo” que encima vivió en un momento histórico “fantástico”. Está a punto de caer Granada y de iniciarse el viaje de Colón. Canarias por primera vez aparece en los mapas de navegación conocidos. “Pensé que era una historia que se debía conocer y como no se puede entender la conquista de América sin conocer la de Canarias me puse a escribirla. Me entretuve mucho con ella ya que transcurre en una época que domino, sobre todo lo que pasaba en la península”, explicó el autor de la La conspiración del Maine.

El perfil psicológico que propone Mario Escobar de Beatriz de Bobadilla es el de “una mujer a la que le domina su propia ambición personal y una actitud vengativa. Es una mujer poderosa, segura de sí misma, muy inteligente y culta para la época ya que sabía leer y escribir”.

En que fue una mujer poderosa y con una ambición capaz de derribar montañas coincide la también escritora Ana Salamanca, que en su novela Los últimos guanches, título que se presenta en octubre, es uno de los personajes protagonistas primero como esposa de Hernán Pereza, quien tras su muerte violenta pasa a ser la Señora de la isla, y más tarde de Alonso de Lugo, conquistador de La Palma y Tenerife. Para Ana Salamanca, pseudónimo de Ana García, profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Telde (Gran Canaria), doña Beatriz vive en un tiempo en el que a las mujeres de su clase se las casaba por obligación, en respuesta a estrategias políticas y de alianzas. “Las mujeres usaban el sexo como arma para abrirse puertas. Era algo que le habían enseñado y es el único recurso que tenía para moverse en aquellos ambientes”. Su Beatriz sufre en la novela esa condición, la de mujer en una época en la que debía de estar en casa y con la pata quebrada aunque se conoce que estuvo enamorada en su primera juventud, amor que no pudo ser.

“Fue obligada a casarse con el señor de La Gomera, Hernán Peraza, y en la novela la vemos cuando llega sin desearlo a las islas Canarias”. Este viaje, lo entiende Beatriz como un destierro y al desembarcar en el fin del mundo conocido y en un archipiélago en el que algunas de las islas aún no han sido conquistadas, tiene que adaptarse como puede y de paso olvidar los lujos de los que disfrutó siendo dama de compañía de la reina Isabel.

La Señora sufre con este matrimonio forzado y si las crónicas no mienten, recibe los castigos de un marido cruel al que su ambición desmedida y desprecio por los gomeros conducirá a la muerte. La ausencia de su esposo, sin embargo, no empequeñece sino que la empodera cuando asume que debe llevar las riendas de un señorío en el que pone orden usando las herramientas que están a su alcance. Y sí, tiene poder, y el poder entonces era poseer muchas tierras y dineros. Esto la hace más independiente.

“Entiendo a Beatriz, la han utilizado en cierta forma y ella los utiliza ahora. En cierto sentido, es una víctima de su tiempo pese a que la historia la dibuje como una mujer cruel pero ignora que fue la vida quien la hizo así”.

El personaje aparece con este mismo perfil en la épica aunque irregular Los nueve reinos, que firma Santiago Díaz, una novela de más de quinientas páginas de buenos (los guanches) y malos (los conquistadores y los guanches que pactaron) sobre la conquista de Tenerife. Beatriz de Bobadilla aparece por primera vez en el libro en el Palacio Real de Medina del Campo en Valladolid, en marzo de 1476. La Cazadora tiene dieciséis años y es en este escenario donde conocerá a la reina Isabel, que desconfía de ella pese a ser la sobrina de una de sus más leales consejeras. Desconfía de ella por su belleza. En la novela de Díaz, el rey Fernando también reparará en ella, lo que más adelante significará su condena ya que será “obligada” a contraer matrimonio con Hernán Peraza, quien se la llevará a un “exilio camuflado” a La Gomera. El autor de la novela busca un encuentro fortuito entre Beatriz y quien será su segundo esposo, Alonso Fernández de Lugo, en Sanlúcar de Barremeda (Cádiz) un año después, cuando ya en la corte es público y notorio los amoríos que el rey Fernando mantiene con la joven. La novela vuelve a ocuparse de ella ya establecida en La Gomera y dispuesta a enfrentarse contra los rebeldes gomeros tras la muerte de su esposo y más adelante, en 1494, cuando apoya financieramente la expedición de conquista capitaneada por Alonso Fernández de Lugo a Tenerife. Y escribe:

“Deseaba equipararse de una vez a Isabel de Castilla, a la que tanto seguía odiando, y para ello mandó tallar un trono en el que sentarse para recibir en audiencia a sus vasallos”. La escena, por desgracia, degenera en una bacanal que ni Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta, lo que le resta densidad a una novela que no termina de convencer a casi nadie.

El escritor Carlos Álvarez, soriano pero canario de corazón, ha sido de momento el único que, inspirado en tan peculiar personaje, ha intentado rendirle justicia presentándola como una mujer de gran inteligencia en La señora Beatriz de Bobadilla. Señora de Gomera y Fierro. En el relato, Álvarez quiere desmontar el peso de la leyenda negra que soporta la protagonista, así que Cristóbal Colón, a quien describe como un arribista seductor, poco o nada tiene que hacer frente a una mujer acostumbrada a merendarse a tipos como ese navegante que ha llegado a sus costas:

“Beatriz notó que el marino también había puesto plano a su visita, parecía que tenía prisa por terminarla. Apenas se interesó por sus heridas y no usó las galanterías que otras veces prodigaba para conquistarla. Cómo mudan los afectos de los hombres, tal vez ni afectos, solo el deseo es lo que les mueve, pensó Beatriz”.

Carlos Álvarez sí se suma a los que sostienen que fue amante del rey Fernando, a quien conoce carnalmente a la edad de diecisiete años porque “no podía oponerme a la voluntad del rey. Tampoco presenté ninguna resistencia, es verdad. Y si he de ser totalmente sincera, lo deseaba tanto…”

El caso es que la Beatriz de Bobadilla que nos presenta Carlos Álvarez es una mujer que quiere poder para ofrecerles un futuro a sus hijos. Y para ello explotará el único arma que tiene a su alcance: su turbadora belleza. Llega además a Canarias en un momento en el que “las islas ya no estaban en el fin del mundo, tampoco eran un convento ni un reino, era el Señorío de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Fierro”. De carácter indescifrable, tierna con los que ama, feroz con los que odia u osan desafiar su poder, como escribió el también escritor Emilio García Déniz, se trata de una mujer “muy interesada en interesante, que se vale de su belleza para conseguir sus propósitos”.

Entre lo mejor de La señora Beatriz de Bobadilla. Señora de Gomera y Fierro está el retrato de época que plantea el escritor y el mundo de frontera que fue la Canarias de aquel tiempo, con sus islas de señorío, la de realengo, Gran Canaria, y las que quedan aún por rendir: Tenerife y La Palma. Junto a Beatriz, orbitan a su alrededor secundarios como el cura herético Injelmo de Souza, el gramático Martín Ralón, el sanguinario Pedro de Vera, el prudente Hupalupo, el valeroso Autacuperche, el adelantado Alonso de Lugo y su cocinero Andresón o la hierbera Severiana, quienes componen un fresco al que no le falta, por fortuna, ironía y sentido del humor.

Para el escritor La Cazadora se trata de una mujer “complicada y del Renacimiento que entra en un territorio completamente nuevo donde convive con los conquistadores y con una población que mantiene su lengua y parte de sus ritos. Un mundo totalmente nuevo del que no tiene referentes”.

Beatriz de Bobadilla es un personaje que aparece en otras novelas que tratan sobre la conquista y es uno de los personajes femeninos más importantes de un proceso en el que casi todos sus protagonistas son hombres, tanto de un lado como del otro, el de los pueblos indígenas. Es tal su intensidad que el lector interesado la puede encontrar además en títulos como Doña Beatriz de Bobadilla: Drama histórico en cuatro actos (1840), de Manuel de Ossuna y Saviñón; La dama sangrienta (2016), de Balbina Rivero, un relato que forma parte del volumen Casa de fieras. Antología de relatos de mujeres malas y Guanches: tiempos de guerra (2017), de Pepe Tejero, novelas que aparecen en la entrada que le dedica la Wikipedia, enciclopedia que recoge una cita del historiador Antonio Rumeu de Armas con las que ponemos punto y final a este artículo que tiene la pretensión de refrescar nuestra historia:

“Beatriz de Bobadilla fue una mujer apasionada y dura, de reacciones impremeditadas bajo al impulso de la violencia. En la vida familiar se enemistó con todos sus parientes (…) sin que fuese posible llegar nunca a una avenencia con ella. En el gobierno de los estados la mano de hierro de la «señora» se dejó sentir sobre altos y bajos, poderosos o humildes, revelando particular saña contra los indígenas. Sus terribles justicias se harán célebres al correr del tiempo, sin que hayan podido ser jamás borradas. Como contrapartida fue una mujer tierna, sensible, enamoradiza, capaz de pasiones volcánicas en las lides del amor. Y con independencia de todo ello, de una hermosura deslumbrante, de que se hacen lenguas los contemporáneos, así de vista como de oídas”,

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

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