Archive for Agosto, 2024

Doña Beatriz de Bobadilla, en la literatura (I)

Miércoles, Agosto 21st, 2024

“Mujer rara, que teniendo todas las gracias y flaquezas de su sexo, tuvo la crueldad y constancia de un hombre sañudo”

José de Viera y Clavijo, Historia de Canarias

La historia no ha tratado demasiado bien a Beatriz de Bobadilla (Medina del Campo, década de 1460-Medina del Campo, octubre de 1504), dama castellana de la corte de los Reyes Católicos que terminó siendo conocida como la Señora de Gomera y Hierro al desposarse con Hernán Peraza y años más tarde, tras la muerte de éste, con Alonso Fernández de Lugo, conquistador de La Palma y Tenerife. Conocida también como La Cazadora, por el cargo de caza mayor que tuvo su padre y para diferenciarla de su tía, Beatriz de Bobadilla, primera marquesa de Moya, doña Beatriz es uno de los personajes más interesantes y atractivos de aquel dramático choque de culturas que fue la conquista de Canarias, y no solo porque se tratase de una mujer, sino por la intensa actividad que desarrolló en vida, lo que para algunos es un claro signo de ambición y para otros de empoderamiento en un tiempo donde ser mujer significaba muy poco.

Gran parte de la culpa de que La Cazadora haya pasado a la historia del archipiélago como una especie de mantis religiosa, de vampiresa devoradora de hombres, entre otros el mismísimo Cristóbal Colón, se debe a una serie de obras que parecen que conspiraron para mancillar su nombre al ser acusada de cruel y despiadada, entre otros, cuentan, Baltasar de Castiglioni en El Cortesano. Por el contrario, el investigador Alejandro Cioranescu fue de los pocos que puso en duda este retrato en libros como Una amiga de Cristóbal Colón: doña Beatriz de Bobadilla y Colón en Canarias, donde le dedica un capítulo entero para desmontar la leyenda negra aunque da por cierta la relación que mantuvo con el rey Fernando el Católico. De hecho, la leyenda cuenta que fue la misma reina Isabel quien la obligó a desposarse con Hernán Peraza para que dejara en paz a su esposo mientras enviaba a Beatriz al último rincón del mundo por aquel entonces conocido.

Utilizara o no su cuerpo para conseguir sus fines, lo que está claro es que toda esta “mala prensa” ha manchado la trayectoria de una señora que más allá de su rapto de crueldad con los gomeros (y que la obligó a resistir con los suyos en la Torre de San Sebastián) cuando aplastó la célebre rebelión que se produjo en la isla al ser asesinado su primer esposo, Hernán Peraza, no deja de ser un personaje fascinante. En especial si uno se pone en aquella época y se pregunta cuáles fueron las circunstancias que la llevaron a contraer matrimonio y a que se desplazase a una tierra tan lejana y alejada de la corte como era La Gomera. Circulan distintas versiones pero ninguna llega a convencer. Lo que resulta innegable, es que doña Beatriz no ha dejado desde entonces de despertar la curiosidad no solo entre historiadores e investigadores sino también en escritores que la han utilizado como protagonista o personaje secundario en novelas en las que se aborda la conquista y el protagonismo que jugaron en ella las mujeres de uno u otro bando.

Entre las novelas que tienen la culpa de que doña Beatriz de Bobadilla haya pasado a la Historia como una Mesalina de su tiempo encontramos la novela Los perros del paraíso del escritor argentino Abel Pose que asegura en esta ficción inspirada en hechos reales que la mayoría de sus amantes se trataban de “pescadores, marinos desorientados, jefes guanches capturados, monaguillos con precoz pasión pastoral,” que solían terminar despeñados al mar desde la ventana de la Torre del Conde. Doña Beatriz aparece con semejante perfil en Los nueve reinos, de Santiago Díaz, una novela coral que tiene, entre otras pretensiones, la de contar la conquista de Tenerife con sonrojante espíritu maniqueo. Es decir, que aquí los guanches del norte son los buenos y los castellanos y los guanches del sur los malos. Estos últimos, los guanches del sur, por pactar con el invasor.

Beatriz de Bobadilla no sale tampoco demasiado bien parada en La gobernadora, donde el sexo es una importante herramienta que utiliza La Señora para conseguir sus objetivos que no son otros que acaparar tierras y dineros. La novela está firmada por Mario Escobar, un escritor que vende mucho aunque no termina de cuajar en el mercado español. La también escritora Ana Salamanca se sirve de La Cazadora en su primera novela, Los últimos guanches, obra por la que recibió el Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda (Jaén) y novela que llegará a librerías en otoño de este año y en la que su autora, en declaraciones a quien ahora les escribe, define a nuestra protagonista como una mujer víctima de las circunstancias y a quien hay que juzgar no con las herramientas de nuestro tiempo sino del suyo.

Saludos, continuará, desde este lado del ordenador

El escritor José Balza clausurará la sexta edición del Festival Hispanoamericano de Escritores

Martes, Agosto 20th, 2024

El escritor venezalano José Balza clausurará la sexta edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se desarrollará del 23 al 28 de septiembre en Los Llanos de Aridane (La Palma) y que este año está dedicado a las letras venezolanas. Saludado en su día por escritores como el argentino Julio Cortázar, Balza cuenta con más de medio centenar de libros publicados. Es autor, entre otras, de Percusión (1982) y su obra está inspirada en gran medida por la vida del autor en el delta del Orinoco, donde nació en 1939 y reside desde hace años.

José Balza creció en una familia formada por emigrantes: su padre, de ascendencia vasca, nació en Escuque, en los Andes venezolanos, y su madre en la isla Margarita. De la rama paterna heredó cierta tendencia a la soledad, mientras que los Gómez, la familia de la madre, son dados a la fiesta, la música y las celebraciones. José Balza presenta, tanto en su vida como en su obra, un equilibrio de estas dos tendencias: cerebralidad y cordialidad.

A los diecisiete años se trasladó a Caracas, donde realizó estudios de psicología en la Universidad Central de Venezuela y participó en algunos de los movimientos de vanguardia artística y literaria de la década de 1960; de haberse dedicado plenamente a la escritura desde los ochenta, y de ser uno de los autores más cosmopolitas y viajeros con los que cuenta Venezuela, José Balza nunca se ha desvinculado de su tierra de origen: “Nacer en el Delta es un privilegio. Qué decir del caudal de los ríos, de los pájaros, de los peces, de los indígenas, del verdor. [...] Tuve una infancia prodigiosa, plena de misterios de la noche, de las aguas. Dormíamos en chinchorros y sentíamos una profunda integración entre los animales, la naturaleza y nosotros. Nos desplazábamos libremente desnudos por doquier”.

La obra de José Balza, que define como “ejercicios narrativos”, incluye títulos como Marzo anterior (1965), Largo (1968), Setecientas palmeras plantadas en un mismo lugar (1974), D (1977) y Medianoche en vídeo: 1/5 (1988) en el terreno de la novela; y Órdenes (1970), La mujer de espaldas (1986) y El vencedor (1989), en el del cuento. El su producción ensayística destacan títulos como Narrativa: instrumental y observaciones (1969), Los cuerpos del sueño (1976), Este mar narrativo (1987), Análogo, simultáneo (1983), Transfigurable (1983) y El fiero (y dulce) instinto terrestre (1988), entre otros.

FIRMA FOTO: Montaña Pulido

Saludos, ya lo saben, desde este lado del ordenador

La luna en el arroyo, una novela de David Goodis

Lunes, Agosto 19th, 2024

“Junto a las casuchas de madera había un callejón, luego otro descampado, y después dos edificios de ladrillo de dos plantas llenos de armenios, ucranianos, noruegos, portugueses y otras razas mezcladas. Todos ellos se llevaban bastante bien, menos los fines de semana, cuando bebían más de la cuenta y lo único que podía restablecer la paz era la llegada de la brigada antidisturbios”.

La luna en el arroyo, David Goodis, colección Al margen, Sajalín editores, 2024

La literatura negra y criminal cuenta con tres escritores de cabecera que ocupan el pódium de lo mejor de su época clásica: Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross Macdonald pero se deja de lado a otros escritores (escritoras mucho menos, pero las que están, Dorothy B. Hughes y Vera Caspary, entre otras, notables ciertamente) que se encuentran a la misma altura y que incluso superan por lo atractivo de sus propuestas y su mirada crítica y personal una realidad en la que la corrupción y el mal están por encima de todas las cosas.

Uno de estos escritores es David Goodis, a quien se le ha publicado bastante bien en España aunque sigue sin ser reconocido como el gran autor que fue. Tanto, que casi parece que el paso del tiempo no afecta a sus historias, todas ellas alejadas del perfil que fijaron los clásicos del género para proponer en su caso un descenso a los infiernos de sus protagonistas así como una profunda y meditada indagación en la mente y en el corazón de sus personajes, la mayoría perdedores, que es una figura recurrente en este tipo de literatura donde lo que importa más allá de la acción y su argumento, son los personajes, individuos que ya no tienen nada que perder y que vagan como vagabundos por las calles más siniestras de Filadelfia.

Ediciones Sajalín ha tenido el acierto de publicar este año La luna en el arroyo, que ya contaba con una versión en castellano pero que Sajalín recupera con mucho mimo no solo a través de un prólogo que firman Jordi Canal y Álex Martín, sino con una nueva traducción que corre a cargo de Diego de los Santos. Pese al esfuerzo, que se agradece, La luna en el arroyo no me parece uno de los mejores títulos en la bibliografía negra y criminal de Goodis pero tampoco es uno de sus peores libros. Quizá se trate de uno de sus trabajos más líricos, aunque el ambiente en el que se desarrolla la historia transcurra en una calle que parece el callejón de las almas perdidas, y un bar en el que se reúnen todos los desheredados de la tierra. Hombres y mujeres sedientos de alcohol y sentados en torno a una barra donde trabaja un barman que no deja de tararear y sin ritmo canciones de moda.

Si en las novelas de David Goodis no hay paz para los malvados tampoco la hay para los que tienen buen corazón. El destino, al final viene a decir, nos llevará al otro lado por igual. Con independencia de que lo hayas hecho bien o mal. La muerte es el final y no el tránsito hacia otro mundo donde podremos por fin ser felices. En este sentido y como se observa, Goodis fue un existencialista puro antes que en Francia gente como Sartre reclamara la patente, también fue una especie de escritor sobre el absurdo de la vida que lo emparenta con Kafka, y no solo porque ambos cuenten con una obra extraña, que no tiene nada que ver con la que escribían otros, sino por contarnos historias
protagonizadas por personajes desubicados que se enfrentan a un mundo de clara naturaleza hostil.

Pertenecer a un sitio o a otro es una de las grandes constantes de Goodis, y en La luna en el arroyo se observa claramente que le gustaba explotar este filón al contar una historia de amor condenada al fracaso por la diferencia social que hay entre William Kerrigan, estibador en el muelle y tipo criado en las calles, con Loretta Channing, una misteriosa y adinerada mujer que pasea por esta zona prohibida de la ciudad con la excusa de buscar a su hermano, a quien le gusta emborracharse con los parias de la tierra.

Kerrigan investiga, cuando el duro trabajo se lo permite, los motivos que llevaron a su hermana al suicidio mientras las mujeres con las que convive en una pensión en la que se hacinan los huéspedes le hacen recordar que su vida no va viento en popa sino más bien todo lo contrario. El alcohol que ingiere es para olvidar ya que no entiende, y por eso hace averiguaciones, que su hermana, una flor en el estercolero, decidiese acabar con su vida en esa especie de purgatorio en la tierra que es la calle Vernon y sus tétricos alrededores. Territorio de pobreza y muy bajas pasiones.

Las mujeres, como pasa en otras grandes novelas de David Goodis, ocupan un papel protagonista en el libro. Por un lado, Loretta, una mujer con clase y por otro Lola y Bella, madre e hija, las dos muy atraídas por un hombre, William Kerrigan, que no termina de quitarse el enorme peso de culpa que lleva encima. Las mujeres de Goodis suelen ser fuertes, más que los hombres, y dictan el destino de los que se mueven a su alrededor como si fueran marionetas.

La luna en el arroyo cuenta en este sentido con muchas de las constantes que marcaron la trayectoria del escritor, así que será una delicia recuperarlo para los iniciados como una sorpresa para los que lleguen por primera vez a un escritor poderoso, más preocupado por las relaciones entre sexos que por contar una historia de misterio con cierta coherencia. En sus novelas policíacas los bares son, también, escenarios recurrentes. Catedrales de botellas en las que se refugian lo peor de la sociedad, aunque peor no sea la palabra exacta para describir la fauna que allí se cita y sí, en todo caso, los marginados, los que le volvieron la espalda a la vida. Los perdedores que son tan fundamentales en la obra de Goodis como la corrupción en la de Hammett o Chandler.

Sería de agradecer que Sajalín publicara los títulos que faltan por traducir de Goodis al español para que el aficionado al género negro y criminal descubriera el enorme talento que marcó la que llamo como la edad de oro de la novela negra norteamericana, la que nace en los 20 y viene a finalizar en los 60. En esta larga lista de excelentes novelistas (algunas, es verdad que pocas, escritoras) sobresale por encima de todos David Goodis. Y sobresale porque escribió una literatura que tiene sello de autor y en la que se mira al abismo. Quizá resulta por eso mismo tan antipático y diferente al resto. Tan especial dentro de un género donde lo que importa es la víctima (y sobre todo si es culpable) que no puede ni quiere salir de su infierno personal.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa, cuentos reunidos de Nicolás Melini

Miércoles, Agosto 14th, 2024

“Fue un día esplendoroso, de esos en los que la luz de la isla lo hace reverdecer todo y todo es más extraordinariamente verde que nunca. El mar allá abajo estaba como un plato y uno no podía menos que pensar que la vida era así de hermosa y solo dejaba de serlo cuando ponías mucho empeño, mucho empeño”.

Resplandor, cuento extraído de Pulsión del amigo e incluido en la antología No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa (Nicolás Melini, Diego Pun Ediciones, 2024)

Nicolás Melini se mueve con cierta comodidad en los territorios del cuento y cuentos son las historias que reúne en No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa (Diego Pun Ediciones, 2024), un volumen que recopila relatos de varios libros anteriores del autor como Historia sin cariño de Remedios Quiero Besarte (2005); Pulsión del amigo (2010); Africanos en Madrid (2017); Aunque no sea el blanco mi color favorito (2019) y Talón (2022).

El lector iniciado podrá comprobar con la lectura de este libro la evolución que como cuentista ha ido adquiriendo Melini a lo lago de lo que llevamos del siglo XXI. Al mismo tiempo, apreciará las constantes que marcan su literatura y cómo ha ido trabajando el cuento a lo largo de todos este tiempo.

Para los que seguimos su trayectoria prácticamente desde que comenzó a publicar, Melini hace bien en reivindicar su posición de cuentista y los que le seguimos la de comprobar cómo escribió unos cuentos y cómo escribió otros. Algunos de los cuales me conmueven e inquietan, me transmiten algo mientras otros me dejan frío e indiferente.

Ha resultado en todo caso muy interesante volver a la literatura de Nicolás Melini; comprobar que su capacidad para contar historias con calado te dejan, cuando está inspirado y sin demasiadas inquietudes intelectuales, tirado en la lona.

Es satisfactorio que recupere la confianza en el escritor cuando releo precisamente gracias a este nuevo libro, algunos de los cuentos que fueron sembrados en obras anteriores como Historias sin cariño de Remedio Quiero Besarte y sobre todo Pulsión del amigo que, personalmente, me sigue pareciendo uno de los mejores libros del autor, lo que me lo confirma la renovada lectura de las seis historias que incorpora de este mismo volumen a No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa.

Es necesario por cuestión personal dejar constancia que los cuentos que añade de Talón, uno de sus últimos libros, no los digerí demasiado bien cuando los leí por primera vez pero quién sabe, cosa del paso del tiempo y de que uno a medida que se hace mayor también erosiona su temperamento, algunas de estas historia me saben ahora diferentes. Con otro sabor al amargo que aprecié hace dos años, cuando llegué a estos cuentos que entonces me parecieron pretenciosos, apuntes de historias que como fuegos artificiales iluminaban la noche para apagarse con demasiada rapidez.

De este mismo libro, releo el que da precisamente nombre al recopilatorio que publica Diego Pun Ediciones en una muy cuidada edición que podrá recordar al aficionado a la forma de presentar sus obras Alba Editorial aunque las señas de identidad de Diego Pun son intransferibles.

El libro de Melini forma parte además de una colección, Faro de Teno, a través de la cual esta editorial tinerfeña que se ha especializado sobre todo en el libro infantil y juvenil hace una selección entre autores/as actuales y algunos clásicos de la literatura que se escribe en estas orillas con la vocación de que se traten siempre de historias que innoven y transgredan.

No sé la verdad si alcanzarán esta meta, me refiero a la de innovar y transgredir con los títulos que publiquen en esta colección, pero recibo con entusiasmo esta iniciativa porque me ha devuelto con No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa, a un escritor marciano que conocí como cuentista y que como cuentista me ha dado satisfacciones y en ocasiones desconciertos. En concreto sus dos últimos libros, Talón y ¿Qué que me pasa, muchacho?, y en especial las historias de este último libro. Igual es momento de volver a leerlo para comprobar si interpreto cosas que no supe o mejor no atiné a ver en aquella primera lectura. Algo de eso me pasa con Talón y con la reelectura de los ocho cuentos que incluye en No es culpa de ellos, ellos no tienen la culpa, lectura que no es que me convenza de mi personal error de apreciación en aquella primera ocasión, pero sí que me permite descubrir otra dimensión en algunas de estas historias que en su día me parecieron más que cuentos, ejercicios literarios.

Si hecho algo en falta en este volumen es que el libro no cuente con un prólogo donde el autor explique por qué escogió estos cuentos y desechó otros. También, que fuera el mismo Melini y no alguien que no fuera él, el encargado de seleccionar las historias que forman parte de este volumen que no llega a las doscientas páginas pero que ofrece un autorretrato como contador de historias del autor de El futbolista asesino, libro que debe ser su primera y única novela hasta la fecha, y título en el que se dan cita las constantes de un escritor que, ya dije, a mi me resulta muy interesante cuando juega en la liga de los cuentos que no es, como algunos pudieran pensar, un arte menor sino justamente todo lo contrario.

Saludos, agooosto, desde este lado del ordenador

Ana Salamanca: “La historia es como es y por eso hay que leerla desde el punto de vista de su momento”

Martes, Agosto 13th, 2024

Primero explicar que Ana Salamanca es un pseudónimo ya que detrás del nombre se encuentra Ana García, profesora de Lengua y Literatura del Instituto José Arencibia Gil, en Telde (Gran Canaria). Nacida en Salamanca, de ahí el apellido de su sobrenombre artístico, Ana lleva la mitad de su vida residiendo en Canarias. Primero en Lanzarote, donde ejerció como periodista y ahora trabajando en el segundo municipio más poblado de Gran Canaria. Isla hay mucha en Los últimos guanches, novela por la que obtuvo el primer premio del XIII Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda, dotado con 20.000 euros y reconocimiento que recogerá a mediados de octubre en el Festival, uno de los más veteranos en su género en España.

El jurado de esta edición estuvo presidido por la escritora Espido Freire, y decidió por unanimidad conceder el premio a Los últimos guanches porque “cuenta con una línea argumental bien definida y que atrapa al lector desde el principio hasta el fin”. Destacó además que se trata de una obra que “nos presenta personajes bien configurados y con grandes dosis de originalidad”, aunque los lectores no lo comprobarán hasta octubre, cuando tras el premio se presente la novela en Úbeda (Jaén), un título en el que los protagonistas son productos de la imaginación de la autora, lo que implica también los personajes que existieron realmente como Beatriz de Bobadilla, señora de Gomera y Hierro y una nativa de la isla de La Palma, Francisca de Gazmira, que sirve a los conquistadores como lengua o traductor.

- ¿Cuál fue el germen de Los últimos guanches?

“Empezó por curiosidad, cuando busqué información sobre la conquista. Leyendo y releyendo, encontré muchos personajes interesantes, algunos de los cuales se quedaron en mi imaginación. Entre otros, sentí mucha curiosidad por el de Beatriz de Bobadilla ya que tiene una mezcla de crueldad y ambición aunque a veces es un personaje muy desgraciado y sufridor y Francisca de Gazmira, natural de La Palma y que sufrió esclavitud y convivió con los conquistadores a los que sirvió como lengua (traductora). En la conquista de Canarias además de las batallas, hubo también convivencia y pactos en los que se intentó llegar a acuerdos con los distintos reinos de cada isla. En este escenario, los conquistadores necesitaban de traductores o lenguas, como los llamaban. Y Gazmira, que lo es, procura que la conquista sea lo menos cruenta para los suyos. Es un personaje que lucha por los derechos de su gente”.

- ¿Existió realmente Francisca de Gazmira?

“Es un personaje real pero no se tiene demasiada información de quién fue. En este sentido, la Gazmira de la novela tiene mucho aderezo de ficción aunque llegó a los tribunales para denunciar la esclavitud a la que se estaba sometiendo a su pueblo”.

- ¿En qué escenarios se desarrolla la novela?

“Gazmira procede de La Palma y Beatriz de Bobadilla acaba casada con el adelantado Alonso Fernández de Lugo que vive en Tenerife y funda La Laguna. Los personajes se encuentran a lo largo de la novela en escenarios distintos como Las Palmas de Gran Canaria cuando Cristóbal Colón hace escala y que es donde Gazmira, como esclava, conoce a los señores de La Gomera. La novela relata momentos de la conquista, cuando se asienta la población en el Real de Las Palmas, y en la que hay mucha acción y se cuentan los sucesivos intentos que hubo por conquistar La Palma y Tenerife que, en la novela, aún quedan por conquistar”.

- La conquista de Canarias es un momento histórico que literariamente se plantea casi siempre con personajes buenos contra malos. ¿Evitó caer en maniqueísmos?

“Hay personajes que no son históricos y otros que sí. David, por ejemplo, es ficticio. Se trata de un joven navegante soñador que se traslada desde Salamanca hasta las islas. Quiere embarcarse con Colón y será aquí donde conocerá y se enamorará de Gazmira. David combate en las batallas de la conquista de Tenerife y La Palma porque es lo que le toca pero sufre cuando ve los desastres de la guerra. Con esto quise decir que a veces juzgamos la historia desde nuestro punto de vista pero que hay que verla por cómo se desarrolló en cada momento. Es verdad que los conquistadores esclavizaron a los guanches pero hubo también esclavos que pelearon en los tribunales de Castilla para obtener su libertad. ¡En el siglo XV! No creo en personajes buenos y malos porque todos tienen sus contradicciones. La historia es como es pero hay que intentar leerla desde el punto de vista de su momento”.

- Uno de los protagonistas, David, es de origen judío.

“Sí, su nombre es David Leví aunque oculta el apellido por otro más castellano. El personaje logró escapar de la expulsión de los judíos de España pero está en peligro porque la península está envuelta ahora en una enloquecida limpieza étnica. David procede de Salamanca, donde coincide con Colón, que busca financiación para su expedición aunque en esa ocasión le responderán que no. David embarca rumbo a Canarias porque es lo más lejos a lo que puede llegar en aquellos días”.

- ¿Por qué cree que sigue siendo tan desconocida la conquista de Canarias en la península?

“En la península y en Canarias. De hecho es una de las cosas que me causaron curiosidad porque viví hace unos años en Texas, Estados Unidos, y cualquier persona conoce por libros o películas la conquista y posterior colonización del oeste así como los combates que mantuvieron con los indios. Fue un choque entre culturas muy fuerte pero eso pasó también en España con Canarias, donde se produce un choque de culturas solo que mucho antes que en Norteamérica y con varios siglos de diferencia y en la que en una ciudad como Salamanca llevaba funcionando la Universidad desde hacía tres siglos. Ahora se obliga en los institutos a estudiar historia de Canarias y los estudiantes parecen que están descubriéndola. Otras generaciones sí que se interesaron y leyeron sobre el asunto pero fue por su cuenta y eso que se trata de un proceso que significó un choque cultural muy fuerte”.

- ¿Cuándo se despierta en usted la curiosidad por leer sobre estos temas?

“La curiosidad se me despertó cuando estaba en Lanzarote ya que al estar rodeada de compañeros con apellidos que me resultaban llamativos, me puse a indagar para conocer cuál era su origen. Y fui descubriendo que las raíces no son tan lejanas. Pasa como con la historia de América porque aquí se cuenta también con documentación escrita de quienes llegaron”.

- ¿Qué documentación fue la que consultó?

“Toda la que pude, como Le Canarien y muchos trabajos publicados que se centran en temas tan específicos como la alimentación de los guanches, su vestimenta, los enterramientos. Hay numerosa documentación histórica especializada y vinculada a la Universidad. Estos trabajos no llegan tanto al público pero sí los que están escritos en formato de ficción”.

- ¿Y cómo le ayudó toda esa documentación para reflejar el mundo de los guanches?

“Intenté rescatar costumbres e incluso algunas palabras. Desde los ritos funerarios a la búsqueda de plantas medicinales, que es como empieza la novela, buscando plantas medicinales”.

- Recoge el premio y presenta la novela a mediados de octubre en el Festival de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. ¿Tiene otras historias guardadas en alguna carpeta del ordenador?

“Hay algo pero no han visto la luz”.

- ¿Y se tratarían también de novelas históricas?

“Lo que más me gusta leer es novela histórica, desde Santiago Posteguillo a Ken Follet porque es un género en el que me siento muy cómoda pero también estoy cómoda con la literatura juvenil, de la que he escrito algo, pero el formato donde mejor estoy es en la novela histórica. Obra publicado tengo un conjunto de relatos que obtuvieron el premio Isaac de Vega, solo que el de aquella edición coincidió con la pandemia así que no hubo acto de entrega. También he ganado algunos certámenes de relato y cuento y una obra de teatro que se estrenó en Valencia”.

- Volvamos a Beatriz de Bobadilla, a quien describen como una mujer cruel y malvada y otros como una adelantada a su tiempo. ¿Cómo es su Beatriz?

“Beatriz vive en un tiempo en el que a la mujer se la casaba por obligación. Es decir, ella no decide con quien contraer matrimonio. Esto pasaba sobre todo en la nobleza y obedecía más a cuestiones de estrategia política. Las mujeres usaban el sexo como un arma para abrir puertas. Era algo que le habían enseñado y es el único recurso que tenían para moverse en aquellos ambientes. Mi Beatriz sufre esa condición, la de mujer en una época en la que tiene que sufrir. Se conoce que estuvo enamorada pero aquella historia no pudo ser. La obligaron entonces a casarse con el señor de La Gomera, Hernán Peraza, y en la novela la vemos cuando llega sin desearlo a las islas Canarias, que entiende como un destierro y desembarca en el fin del mundo conocido y en un archipiélago en el que algunas de las islas aún no han sido conquistadas. Sufre al casarse con un hombre que vive en tierras tan lejanas y que resulta bastante cruel si las crónicas no mienten. Se empodera, sin embargo, cuando su esposo fallece y debe llevar las riendas de ese señorío utilizando todas las herramientas que están a su alcance. Y sí, tiene poder, y el poder entonces era poseer muchas tierras y dinero. Esto la hace más independiente. Entiendo a Beatriz, la han utilizado en cierta forma y ella los utiliza ahora. En cierto sentido, es una víctima de su época aunque la historia la dibuja como una mujer muy cruel pero se ignora que fue su propia historia quien la hizo así”.

- ¿Hubo algún capítulo complicado?

“Diría que no, que la novela fluyó bastante bien. Me permití, eso sí, algunas licencias como reducir a dos años lo que sucedió en diez, pero lo hice así para no transmitir la lentitud que a veces tienen los procesos históricos”.

- ¿Hay algún capítulo concreto de la conquista que le resulte especialmente llamativo?

“Que esté recogido en el libro la conquista de las dos últimas islas, La Palma y Tenerife, porque es el momento en el que conquistadores y naturales aprenden a convivir. Las Palmas de Gran Canaria es un germen de ciudad al estilo castellano mientras que en Tenerife los guanches están a sus anchas. Lo que más me llama la atención de todo este proceso es la combinación de miedo y convivencia que mantienen unos con otros”.

- Antes mencionaba una de las licencias que se ha permitido en la novela. ¿Hay más?

“Los personajes como Beatriz de Bobadilla tienen base histórica, base que le achaca amoríos con Cristóbal Colón pero no creo que quede constancia de los secretos de alcoba en la vida real. Las conversaciones que mantienen los personajes históricos y los que no lo son, son de mi invención pero la base no deja de ser histórica”.

- ¿En Los últimos guanches aparecen otros personajes históricos?

“Aparecen los menceyes guanches en algunos episodios y se cuenta cómo Tanausú, uno de los señores de La Palma, se dejó morir en el barco que lo trasladaba preso a la península. Estos momentos están narrados a través del punto de vista de los personajes principales de la novela. En este caso, a través de Gazmira”.

- ¿Leyó mientras escribía la historia alguna novela relacionada con la conquista de Canarias?

“No me gusta mucho leer novelas que traten sobre lo que estoy escribiendo para que no contaminen mi visión. Prefiero leer historia. El escritor se toma el permiso de dar la visión que quiere de ese personaje por eso no me gusta ver películas ni leer novelas cuando decido cómo serán los personajes y la acción. Me parece más honrado. Así que si presento a Beatriz como una mujer cruel es cosa mía, no de ella”.

- ¿Trabaja en alguna nueva novela?

“Tengo aparcada una novela histórica con algún episodio que transcurre en las islas Canarias que me llama poderosamente la atención y que tiene que ver con la conexión con América. Viví en Texas y estuve en San Antonio, que fue fundada por canarios. En el Álamo los apellidos de los norteamericanos que murieron defendiendo la misión son canarios aunque la novela que escribo ahora no tiene nada que ver. Es una historia sobre la Guerra Civil que saqué de las que me contaba mi abuela”.

- ¿Autores de cabecera?

“Desde mi más tierna infancia las novelas de Celia escritas por Elena Fortún ya que fueron mis primeras lecturas y libros que aún conservo en la casa de mi madre. Los recuerdo todos pero en especial uno en el que Celia quiere ser escritora lo que me dio la idea de serlo. Después leí a los Cinco y a los realistas rusos, y más tarde a Gabriel García Márquez, Ken Follet, Isabel Allende, Santiago Posteguillo, entre otros autores. Son tantos..”

Saludos, nos vemos, desde este lado del ordenador

Nace el Premio NeRoma con dos padres muy especiales: Tenerife Noir y NeRoma Noir para impulsar la literatura negrocriminal en español

Jueves, Agosto 8th, 2024

Tenerife Noir y NeRoma Noir Festival se han unido para crear el Premio NeRoma de Cuentos Inédito-Sección en Español. Las obras originales deberán entregarse para su valoración antes del 30 de agosto a la dirección electrónica storie@neroma.it. La obra ganadora y otras seleccionadas serán publicadas durante el primer semestre de 2025 por la editorial Il Giallo Mondadori, creadora en 1929 de una serie negra mítica para los lectores italianos. La relevancia e influencia de esta colección literaria dio lugar a que este género literario se conoce en Italia como Giallo –el nombre en italiano del amarillo–, en referencia al impacto del diseño de sus portadas, con predominio de este color.

El fallo de la obra ganadora -y aquellas otras obras que sean susceptibles de ser publicadas- se dará a conocer en la próxima edición del festival romano que comienza en Roma el 20 de octubre de este año. La convocatoria del premio está abierta a todos los ciudadanos europeos. Los trabajos deben estar escritos en español, ser originales e inéditos y, de ser seleccionados, serán traducidos al italiano sin obligación de consultar con el autor. La extensión máxima de los trabajos participantes deberá ser de 20 páginas y un máximo de 40.000 caracteres. El resto de las bases de esta convocatoria pueden consultarse en la sección de premios de página web del Festival Atlántico de Género Negro, Tenerife Noir.

El anuncio de la decisión del jurado será el 20 de octubre de 2024 durante la VII edición del NeRoma Noir Festival que tendrá lugar en Roma en presencia de los organizadores de NeRoma: Simona Teodori, Fabio Mundadori y Chiara de Magistris, del director de Tenerife Noir, Alejandro Martín Perera, y del director editorial de Mondadori, Franco Forte. La publicación como apéndice de un número de Giallo Mondadori, será distribuida por los quioscos italianos en 2025.

Este nuevo certamen literario es resultado del encuentro Cártel del Meridiano Cero, espacio creado por el festival tinerfeño para la generación de sinergias entre directores y productores de festivales negrocriminales internacionales. En la primera edición de este encuentro, durante la IX edición de Tenerife Noir, participó Fabio Mundadori, director del NeRoma Noir Festival, el festival de género negro y policíaco de la Ciudad Eterna.

Entre las colaboraciones suscritas entre los dos festivales a raíz del encuentro mantenido en marzo pasado, se encuentra impulsar la creación literaria, de ahí la nueva sección en español del Premio NeRoma al cuento inédito negrocriminal, que seleccionará el Festival Tenerife Noir entre las obras enviadas y que, finalmente, publicará la legendaria editorial Il Giallo Mondadori.

Saludos, bang, bang, bang, desde este lado del ordenador