La mitad de un Credo, una novela de Emilio González Déniz

Una de las grandes sorpresas recién iniciado el 2025 ha sido la publicación por la editorial Alrevés de la novela La mitad de un Credo, de Emilio González Déniz. Se escribe sorpresa porque la editorial barcelonesa recupera una novela del escritor de 1989, inspirada en la vida de Juan García Suárez El Corredera, un fugitivo de la justicia franquista a la que esquivó durante años por las montañas de Gran Canaria, aunque en la novela de Déniz, Juan García Suárez El Corredera, responde al nombre de Juan Buganvilla (siempre lleva una flor de este arbusto colgada en el ojal de la chaqueta), cambiando también los nombres de otros implicados en la historia real. Así, el mismo general Franco es aquí el General de Piedra y el obispo Antonio Pildain el obispo Antonio Zarauz, entre otros. La novela de Emilio González Déniz cambia de nombre también el lugar donde sucedieron los hechos, ahora Bardinia, un territorio imaginado por el escritor y en el que transcurren gran parte de sus novelas y que es un reflejo literario de Gran Canaria.

La mitad de un Credo se trata así de un libro inspirado en hechos reales solo que en contra de lo que venden otros, se preocupa por dotar de sustancia a sus personajes. Le basta para conseguirlo tres o cuatro brochazos para tener claro qué es lo que motiva a unos y a otros. Y sí, al tener lugar en un tiempo tan susceptible en este país como fue el antes, durante y después de la Guerra Civil, hay buena y mala gente. Y no todos son del bando que venció aquella pugna, ya que de ahí sale el mayor defensor de Juan Buganvilla cuando es apresado y condenado a garrote vil por la autoridad: el obispo Antonio Zarauz, quien a pesar de haber sido “un republicano destacado, diputado por su lejana provincia en las cortes que la guerra cercenó, era un obispo, y eso equivalía a decir que cuando se hablaba con él se estaba dialogando con Dios”.

El también escritor J.J. Armas Marcelo recuerda en el prólogo de La mitad de un Credo una constante que bascula con insistencia en la novela y que no es otra que la delgada y muy difuminada línea que separa la verdad de la leyenda. Armas Marcelo lo recuerda con la frase que el alcoholizado director del periódico del pueblo en la película La muerte de Liberty Valance pronuncia: entre la verdad y la leyenda, siempre la leyenda, solo que en el caso de La mitad de un Credo, González Déniz no mitifica a su protagonista sino que, muy al contrario, lo desmitifica, le quita el traje de héroe para mostrárnoslo como lo que fue: un hombre. Un hombre inocente, bueno y sencillo que tuvo que refugiarse en la montaña para escapar de la muerte.

Por la novela desfilan por la capital de Malpaís toda clase de personajes, y nos enseña como antes de que se desencadene el caos de la guerra, los hombres aún sin ser amigos podían recorrer juntos las bodegas y calles del pueblo. En este grupo en el que se encuentra el joven Juan, está Melitón Rodríguez, que tras el golpe militar de julio de 1936, se hará miembro de las tristemente conocidas Brigadas del amanecer, falangistas que se dedicaban a dar el paseíllo a esas horas del día.

Resulta notable la capacidad de síntesis del escritor grancanario, y la densidad que imprime en cada una de las pocos más de 160 páginas ya que le sirven para contarnos lo que pudo pasar y sobre todo quién fue Juan Buganvilla en su réquiem por un hombre que si fue algo, fue ser víctima de un tiempo violento y desgarrador. De una crueldad que lleva el sello del que se sabe impune, como es el caso del mismo Melitón, a quien se describe, ya avanzada la novela y finalizada la contienda, como un hombre que “se movía por Malpaís con la arrogancia de un centurión romano”.

La mitad de un Credo tiene la facultad de emocionar y cuando emociona un libro se lee con meteórica velocidad, y eso es lo que sucede con esta novela, que es un relato sobre algo que aconteció en Bardinia hace mucho, mucho tiempo aunque las heridas de aquella guerra, y sobre todo en las islas, se mantengan abiertas porque aquí no hubo oportunidad de responder a los militares golpistas sino la de huir o ser capturado.

Pero el discurso de la novela está más preocupado por Juan Buganvilla y sus amigos y enemigos que en lanzar una proclama que casi siempre suele caer en el vacío.

La recuperación de esta novela por parte de Alrevés es un acontecimiento. Más cuando se anuncia que la misma editorial tiene el compromiso de recuperar otros libros de González Déniz.

Cada capítulo de la novela tiene por título versos del Credo, y como ya revela el título, se queda a la mitad con el Creo en Jesucristo aunque hay un Amén con el que pone punto y final a una más que aventura, desventura de un hombre corriente, amigo de sus amigos y del tenderete, al que la guerra hizo añicos sus sueños y sus esperanzas.

Y un apunte final, La mitad de un Credo está dedicada al poeta grancanario Agustín Millares Sal porque fue él, el que “me mandó a escribir esta novela”. Así que solo por eso: gracias don Agustín, gracias Emilio y gracias Alrevés por reeditar este clásico tan nuestro y ahora de todos.

Saludos, ay, desde este lado del ordenador

Escribe una respuesta