Siete novedades literarias con acento canario
Este 2025 que recién ha comenzado (parece que fue ayer sería la frase manida que por una vez se ajusta como un guante a lo que quiere decir) viene fuerte en cuanto a la aparición de publicaciones de autores/as nacidos o residentes en estas islas a la deriva en el Atlántico. En este paquete hay de todo, y dentro de ese todo, un poco que puede llamar la atención del lector despistado o del que muestra algo de interés en cuanto a lo que está apareciendo narrativamente con cierto acento de aquí.
Esta selección de títulos y nombres solo pretende, en este sentido, ser orientativa, pero quiere ser también una llamada de atención para los que pergeñan (eso dicen, la verdad) las políticas canarias en torno al libro. Por un lado, el Gobierno regional que no sabe lo qué hacer con este sector salvo dar palos de ciego con la esperanza de reventar la piñata o el Cabildo de Tenerife, que en vez de mirar (e imitar ya que sus técnicos carecer de ideas) el trabajo que está haciendo Cabildo de Gran Canaria en esta área, se pierde ahora en la confusa selva de lo digital y subvenciona estudios sobre el libro y lo que lo rodea en Tenerife que no sirven para nada salvo para dar un óbolo a las señoras/es de todos conocidos. Y desde esta atalaya y que conste en acta, sabemos muy bien lo que hablamos. Tanto, que no descartamos sacar más adelante un trabajo sobre esta investigación que es sinónimo de tirar el dinero, algo a lo que se está acostumbrando el Cabildo Insular de Tenerife, y en concreto en el área de Cultura donde además de organizar exposiciones año tras año dedicadas al pobre de Óscar Domínguez (lo de pobre se escribe porque ya no saben qué inventar para que su nombre esté ahí aunque no esté); respaldar conferencias con gente a los que se conoce en su casa, poco o nada más hace. Salvo, eso sí, inundar las redes sociales con imágenes del actual consejero allí donde lo llamen. Lo mismo da que una exposición dedicada al uso del papel higiénico del ya mentado Óscar, a presidir un jurado de juegos florales en un municipio del Tenerife más profundo. De paso, alguien se saca de la manga las orientaciones de un Observatorio de la Cultura que conocen los cuatro que forman parte de esta banda, y aquí todos contentos.
En fin, pero no era de eso de lo que se quería informar sino de la aparición de novelas escritas por paisanos de las islas en editoriales del país canario que habitamos o las que se encuentran en territorio peninsular… Aquí va una pequeña muestra y, como siempre, que nos disculpen los que no aparecen pero si no tenemos noticias de las obras no podemos hacernos eco de su, esperamos, larga vida en bibliotecas y librerías.
La mitad de un Credo (Alrevés), de Emilio González Déniz. Esta pequeña editorial barcelonesa, especializada en novelas negras que se desarrollan en distintos puntos de España y que sigue siendo en la actualidad la editorial peninsular que más autores canarios tiene en su catálogo (Alexis Ravelo, Carmen J. Nieto y ahora Emilio González Déniz) recupera un título publicado por su autor en 1989 y que está inspirado en la trágica vida de El Corredera, todo un personaje en la isla de Gran Canaria, pasto de leyendas por andar fugitivo en la postguerra mientras era perseguido por las autoridades franquistas.
Parabere (Siruela), Andrea Cabrera Kñallinsky y Aldo García Arias. Nacida en Argentina pero canaria de adopción, Cabrera Kñallinsky es coautora de una novela que está inspirada en la vida de un personaje real, María Mestayer de Echagüe, conocida con el pseudónimo de Marquesa de Parabe, y que hizo carrera y ocupó una importante posición de influencia en la España de la segunda mitad del XIX con su oficio pero sobre todo su olfato para la cocina.
Las tres muertes de Sara Colbert (Duomo Editorial), Arantxa Rufo.- Si hasta el día de ayer su autora era conocida por una serie de novelas autoeditadas por ella misma y que alcanzaron un relativo éxito, Rufo, Arantxa, ficha ahora por una editorial nacional con una historia que se desarrolla en otros ámbitos pero no sé si con otras voces a la que nos tenía acostumbrados.
El bebedor de coñac (Alba), José Luis Correa. Ha terminado por convertirse en una tradición que todo enero que empieza se publique una novela de José Luis Correa dedicada a su detective privado Ricardo Blanco. Correa, que no mira de medio lado al género, firma la novela número quince de una serie que debe ser de las más longevas en el mundillo literario español, y todo gracias a la chispa de un detective remolón al que le gusta comer como un marajá mientras se mueve como pez en el agua por las calles y plazas de la capital granacanaria.
El turista sin equipaje (Confluencias Editorial), Nicolás Melini. llega a librerías el 24 de febrero y significa, a tenor de la sinopsis leída, una aproximación al género policíaco de un autor que siempre ha mirado de refilón lo de cultivar las literaturas de género porque, sabe usted, eso resulta demasiado fácil. El mismo Melini dice, en algún sitio, que se trata de un guion de una película que nunca se hizo y que podría haber protagonizado el actor argentino Federico Lupi.
El secreto de la salamandra dorada (Espasa), Luis Carlos Castañeda. El escritor comenzó a hacer carrera en el universo de las letras con dos novelas autoeditadas, una de ellas premio Amazon, por cierto, que lo colocaron en el mapa narrativo aunque este año da el salto a una editorial del prestigio y alcance nacional con El misterio de la salamandra dorada, que se pondrá en circulación el 19 de marzo del presente año.
A todos los que entran (Ediciones La Palma), Alejandro Krawietz. Aunque publicada el año pasado vamos a decir que su carrera comercial comienza este 2025 para mostrarnos el lado narrativo de un escritor que es más conocido por su poesía y algún ensayo. Con todo, no deja de sorprender la lectura (recién, aún sin finalizar) de este libro muy bien escrito aunque no sepa todavía qué cuenta o qué quiere contarnos su narrador.
Saludos, lo prometido es deuda, desde este lado del ordenador






