Archive for Abril, 2025

Jesús Hernández Verano: “Esta exposición es un intento de facilitar la intimidad entre cuerpos y objetos”

Miércoles, Abril 30th, 2025

Temblando, me llevo el sol a la boca es un verso del poeta Eugenio Andrade que utiliza Jesús Hernández Verano para dar título a la obra que reúne en la exposición que hasta el 18 de mayo se expone en TEA Tenerife Espacio de las Artes, una experiencia inmersiva que hace que el espectador conecte enseguida con la propuesta que el artista tinerfeño ha diseñado.

La muestra forma parte del programa Filtraciones que desarrolla TEA, y en este marco, el trabajo de Hernández Verano indaga en una de las constantes de su producción plástica: los afectos y la piel, que según la especialista Isabel de Naverán constata la relación que mantiene “con su cuerpo y con el paisaje”.

- ¿Cuál es la razón del título de la exposición, ¿Por qué Temblando, me llevo el sol a la boca?

“Surge con la invitación de Isidro Hernández Gutiérrez, Conservador jefe de la Colección de TEA, para participar en el programa Filtraciones, y por supuesto de Sergio Rubira, director de TEA, aportando sugerencias, sensibilidad y mirada. Temblando, me llevo el sol a la boca es el título de la exposición, proviene de un verso de Eugenio Andrade al que he modificado. Me decidí por él, porque de alguna manera quería presentar este nuevo proyecto como un acontecer. En el propio título se vincula la idea de sentir con la idea de hacer. Y esto refleja muy bien la manera de mi proceso creativo, dos estados indisociables: uno interior y otro exterior, reflexión_ temblar, acción_llevar. Una palabra que, en ese pálpito, en ese movimiento de “tremor” que posee todo acto creativo, alude al movimiento involuntario del cuerpo que tiembla y que desafía la autoridad del “yo” y de todo deseo”.

- ¿Cómo fue el diálogo que mantuvo con Isabel de Naverán antes de la exposición?

“He seguido su trayectoria como escritora e investigadora, conocía su labor en el Museo Reina Sofía, pero es desde mi exposición de Treno, en Lanzarote, en 2021 cuando tenemos nuestro primer contacto epistolar. En ese momento, ella desarrollaba como investigadora asociada en el Azkuna Zentroa de Bilbao, la propuesta centrada en la escritura somática como forma de sanación: La ola en la mente. En el marco de esta exposición, hemos mantenido conversaciones donde me ha servido de muchísima ayuda al posicionarme y ubicarme en un lugar preciso, desde lo performativo: donde modular, expandir, rozar, abrir, en una resonancia donde solo cabe el enriquecimiento, tanto afectivo como intelectual. En los días previos a  la inauguración, ajustamos juntos distintas posibilidades con las piezas, buscando una experiencia más intensa y precisa, acorde con el enfoque conceptual de la exposición.”

- ¿La sala de TEA se ajustó a sus fines o tuvo que ajustarla, prescindir de piezas para que así fuera?

“El espacio siempre es determinante. Aquí, en TEA, concebí la propuesta como una experiencia inmersiva, el espectador debe entrar en él para ocuparlo, ser partícipe. Conceptos implícitos al proyecto -como la levedad, la oscilación del cuerpo, el caminar en el espacio azul, liberar los límites que separan lo tangible de lo intangible, lo interior y lo exterior, lo propio y lo ajeno, lo poético y lo político- se entrelazan en la instalación como una totalidad que responde  y canaliza. Un desarrollo que me ha permitido intervenir en el espacio en profundidad: actuar sobre los muros, cambiar el suelo, modificar la iluminación… para que todo forme una unidad: suelo, pared y cuerpo. Es una instalación sin principio y un final: se entra para quedarse. No hay cartelas ni un mapa que oriente. Todas las piezas son de nueva producción, han sido elaboradas en los últimos cuatro meses”.

-Entre los materiales utilizados está la ceniza, sábanas… ¿Cómo trabajó las piezas?, ¿y cuál es la relación de Jesús Hernández Verano con los materiales que ha ido trabajando a lo largo de todos estos años?, ¿qué emociones le transmite haber trabajado con madera, bronces… Ahora hilo dorado,latón, sábanas?

“La convivencia de materiales heterogéneos en mi trabajo, parte de un engranaje visual tanto por su existencia física como por la energía que portan.  Son el punto de partida,  material y conceptual de mi práctica artística. Sábanas, hierro, piedras, espejos, caucho, bronces, ceniza, oro, madera, grafito, papel, telas… todo remite a cierta interioridad. Poseen la capacidad de hablar por sí mismos. Todo está al servicio para activar huellas, índices, rastros intensamente significativos, no para ocupar una representación explicita, sino para sugerir el inevitable tránsito de las cosas, del deseo, de la identidad como aberración frágil:  un reflejo que no se corresponde con nada. El arte produce reflejos errantes, en busca de una referencia”.

- ¿Y cómo es la manera de trabajar de Jesús Hernández Verano?

“Hay algo rumiante, percutiente, giróvago en mi proceso. Lo que conocemos nos inquieta en cuanto oculta algo que no somos capaces de anticipar. Avanzo lentamente, en la medida en que descubro formas eficaces de definir mi trabajo -y eso lleva tiempo, porque implica transitar caminos inexplorados. En el desarrollo del proceso creativo, debo ante todo sorprenderme. Y muchas veces son únicamente los errores, los que me indican sendas no consideradas previamente. La condición de lo secreto reside en esa posición intermedia, casi lasciva, en que algo se nos muestra, nos invita y nos incita a seguirlo. Y es a través del deseo –o de la ansiedad– que se mantiene viva la suposición de que algo puede aparecer… Algo que, como sabemos, nunca se presentará del todo”.

- Y qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando prepara una exposición: ¿el nombre de la misma?, ¿una vez hechas las piezas es cuándo se le ocurre el título?

“Todo pasa por un proceso lento, en el que te vas sumergiendo cada vez más adentro. Voy incorporando anotaciones, pensamientos, citas, al tiempo que trabajo físicamente las piezas. Así se va configurando ese corpus final. Cuando esto ocurre, aparece el título: ese que logra englobar todo el proceso al que fuiste dando forma, precisamente porque no existe un lenguaje codificado, listo e insertado según un guion preestablecido”.

- Ha dicho que uno de los temas que investiga con mayor entusiasmo es la superficie, la piel. ¿De qué manera cree que queda reflejado en Temblando, me llevo el sol a la boca?, ¿y por qué este gusto por las superficies, por la piel?, ¿pueden tocarse sus piezas?

“La piel es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano. ¿Cuáles son las condiciones necesarias para crear intimidad en la superficie? Puede que está exposición sea un intento de facilitar una situación de intimidad, de proximidad entre cuerpos y objetos, que en su cercanía sea capaz de generar nuevos afectos. Una imagen reversible -en telas y sábanas-, la resonancia de la tactibilidad de la piel, la posibilidad de un cobijo, de entrar, de penetrar, pero a la vez la posibilidad de estar en la intemperie, en estado de  espera. La materia y la forma como herida (intervención en las paredes de la sala), como erosión corporal, conformado por impurezas, oscuridades (agujeros en sala): una búsqueda de aquellas zonas indescifrables que desestabilizan lo normativo y lo transforman en algo perturbador o alienante”. 

- Su primera individual se produjo en la sala Arte Joven, en Madrid, en 1994, ¿hasta qué punto ha evolucionado desde entonces como artista?

“Hay una evolución, sí, pero he mantenido ese interés por un espacio liminar, amplio y común, en el que el arte -la experiencia artística- se concibe ante todo como un modo de situarse, de ser y estar en el mundo. Desde allí, desde aquella muestra: Sombras breves en la Sala de Arte Joven, ya aparecían  materiales como el oro, el terciopelo, el pelo, bordados, tejidos… elementos que entonces como ahora configuran  un espacio de reflexión sobre aquellos aspectos inmanentes a la existencia que a menudo tornan opacos, ambiguos, velados, desconcertantes, extraños. Experiencias que, en su  complejidad determinan y conforman nuestra subjetividad”.

- ¿Cómo mira Jesús Hernández Verano al Jesús Hernández Verano de aquel entonces?, ¿de qué se ha despojado y con qué se ha quedado de sí mismo?

“Quiero contestarte a esta pregunta, con las palabras de Isabel de Naverán que suscribo palabra tras palabra: “¿Qué queda de todo aquello que nos ha impresionado, esto es, que ha dejado una impresión física en nuestros cuerpos? Quedan los huecos, esos espacios donde se encapsula la memoria viva de lo sucedido. Permanecer en conexión con estas cavidades requiere ejercer cierta resistencia, no entendida como la acción de oponerse a algo, sino como la capacidad de un cuerpo de aguantar el peso (físico, psíquico, emocional) de aquello que se desea que perviva”.

- Además de la superficie, la piel, qué otros temas le preocupa mostrar y reflexionar en el conjunto de su obra

“El esfuerzo en este proyecto expositivo que planteo es poner aprueba  la efectividad de cualquier intento por atrapar la ausencia del cuerpo deseado. Y, de nuevo, surge la tensión: entre la huella y la presencia. Es una relación con el otro y con uno mismo, a través de la tensión entre la aparición y la desaparición, derivada del ritmo de la contemplación de quien observa la imagen de su reflejo, un intercambio sostenido entre la transparencia y la opacidad. De ahí las superficies doradas, pulidas como espejos.
Las piezas Entredós, o Desposorios marcan esa relación con el otro y con uno mismo. Es el cuerpo que se interroga por su desborde, por aquello que se derrama, vierte, por lo que se escapa, por sus agujeros que se penetran. La mirada que excede, las cuencas de ojos y boca, taladrados, horadados o perforados en la pared. Me interesa el flujo, esa continuidad entre lo que está dentro y lo que está fuera. Las obras en la exposición se señalan como una herida que no sana, una contusión siempre abierta. Lo que persiste  y se visualiza, son los restos, las huellas leves casi borradas, los signos de la ausencia y la vulnerabilidad, de la barbarie. La idea de transformación es fundamental: la intención no es atrapar una forma, sino observar lo que acontece en torno a ella y sea el tiempo quien  decida”. 

- Isabel de Naverán escribe en la tarjeta de la exposición que su hacer “abraza su condición insular”, ¿hasta que punto le afecta la insularidad a su obra?

“Llevo más de quince años reflexionando sobre mi relación con el paisaje. No se trata de recoger ceniza repentinamente tras una erupción, ni de trabajar en los bosques de pinos después de un incendio. No es ése mi caso. Mi vínculo con el paisaje responde a una  acuciante interrogación constante, urgente y primordial: su dimensión física, espiritual y amenazada. Es una interpelación a la naturaleza y la sensibilidad, al origen, a la identidad, a la memoria, a las utopías, a las imágenes del deseo, a las “extrañezas insulares”. Estoy en el paisaje; el caminar es para mí una experiencia directa sobre la relación cuerpo-territorio-paisaje. Mi objeto mismo de estudio e investigación es la huella, en el doble sentido de vestigio y de estado naciente. En este proceso, la impronta técnica (frottage) se despliega en la preocupación escultórica por trabajar, las marcas,  las huellas, los incisos, y desarrollarlo, como si de pieles se tratara. Las cortezas se convierten en un cuerpo más. las superficies revelan su historia al mostrar la más mínima incisión del tiempo, hasta el punto de fundirse con el propio cuerpo. Identidad y no-identidad, lo cognitivo y lo perceptivo se retroalimentan hasta tal punto que no puedes escoger entre un modo u otro, sino abrazarlos simultáneamente y de un mismo golpe. Es un desnudamiento en el que la apertura es un afuera o un adentro más íntimo, cuya profundidad se oculta siempre. Como decía Valery, “lo más profundo es la piel”. Lo insular, de una u otra manera me atraviesa:  porque es mi paisaje natural. Sin embargo, lejos de aislarme, lo percibo como un vínculo con el exterior, con lo cósmico y con la belleza”.

 - ¿Habrá catálogo de la exposición?, ¿quiénes colaboran y cuándo crees que estará a disposición del interesado?

“Si, lo habrá como se ha venido desarrollando en este ciclo.  Para mí, la publicación tiene igual importancia que la propia exposición. Nunca me he desligado de ella, siempre la he cuidado con la misma perseverancia y detalle, considerándola una obra más. He consolidado una trayectoria profesional siempre en equipo relacionada con el diseño de publicaciones, tanto para las instituciones, como a nivel privado, pero también colaboro con diferentes poetas en sus ediciones con mis obras, por eso nada me es ajeno. En esta ocasión, no será menos y estoy encantado con lo que viene, la colaboración con Isabel de Naverán, Sandra Santana y con María José Arce”.

Saludos, conversamos, desde este lado del ordenador

Leones en invierno, una novela de Carlos Augusto Casas

Martes, Abril 29th, 2025

Me ha entusiasmado la lectura de Leones en invierno (Editorial Cuadernos del Laberinto, 2024), del madrileño Carlos Augusto Casas. Se trata de una novela contundente y muy reveladora que combina con bastante inteligencia distintos subgéneros de la literatura negro y criminal para ponerlos al servicio de un relato en el que no hay buenos ni malos. En todo caso, lo que habita por los territorios de estas páginas son personajes grises, la mayoría de ellos bien encadenados al becerro de oro que no es otro que el dinero, poderoso caballero.

Si tiene algún pero Leones en invierno es la extensión de la que se vale Carlos Augusto Casas para contarnos esta historia, ya que supera las cuatrocientas páginas, algunas de ellas escritas parece como de relleno para darle mayor volumen a un texto que quizá aligerado, hubiera resultado todavía más violento y brutal que la novela que llega a nuestras manos. Pero justificando este exceso, ese dejarse ir… Uno sospecha que por el propio dinamismo de sus protagonistas, la novela se lee con inquietante atención.

La historia comienza a raíz del atropello de una adolescente a altas horas de la madrugada por un policía que se da a la fuga y que está infiltrado en una organización que se dedica al tráfico de drogas. Los padres de la víctima buscan justicia, por eso no entienden los recelos de la misma policía para investigar el asunto ya que han recibido órdenes de arriba de mantener silencio con el fin de que los narcotraficantes no descubran que tienen a un topo dentro de la organización, a un agente que trabaja para los “buenos”.

Paralelamente, se narra cómo el asesinato de la joven provoca el distanciamiento entre sus padres y cuenta las pesquisas que hace una policía con problemas familiares que investiga el caso sin saber que los de arriba son los que le están poniendo piedras en el camino.

Estructurada en tres grandes bloques: el asesinato casual de la hija, el dolor de los padres y el descubrimiento del policía infiltrado que lo hizo, que también está casado aunque su nueva vida de hampón le resulte más atractiva que la que llevaba como funcionario, casi al final todos los personajes se encuentran en un mismo escenario, una discoteca llamada Opium, que da paso a un epílogo en el que se explica qué pasó con cada uno de los que sobrevivieron a esta tragedia una vez vuelven las aguas a su cauce.

Leones en invierno tiene algo de la mala baba que le pone a sus novelas James Ellroy, sobre todo cómo observa con distancia y cierto sentimiento a la amplia y variada galería de principales y secundarios que aparecen en el libro. Un libro que está escrito en tercera persona, lo que permite a su autor observar a los sujetos que tiene bajo sus órdenes con autoridad, sin dejar que ninguno de ellos tome mayor protagonismo.

En este aspecto, si hay protagonistas, los protagonistas son Bacoy, el agente de la policía infiltrado que en su anodina vida de civil lleva el nombre de José Luis Dávila, e Hidalgo, el padre de la joven atropellada que cansado de que la policía le de largas, decide tomarse la justicia por la mano. Para hacerlo, reúne a dos camaradas de juventud, de cuándo formaba parte de los violentos Ultrassur. Ellos son Salva, de la Guardia Civil, un tipo a la deriva tras un divorcio catastrófico, y el Goteras, que ha terminado yonqui. Con semejante equipo, Hidalgo emprende una investigación que muy pronto va a estar regada de cadáveres.

Lo interesante de Leones en invierno, más allá de su trama que ya de por sí es bastante atractiva, es el diseño de los personajes que hace el autor, quien transmite su forma de pensar a través de diálogos teñidos de frases contundentes y que marcan el origen social de donde procede cada uno de ellos. Se trata también de una novela en la que no hay buenos ni malos, y en la que se denuncia corrupción policial y la cultura del todo vale en la que estamos instalados en la actualidad hasta que alguien diga lo contrario.

Se pueden sacar muchas lecturas más, porque estamos ante una obra abierta, en la que importan los que actúan en ella que el caso que los lleva a perseguirse unos a otros a lo largo de todas estas páginas teñidas, a veces, de una violencia que desarma a cualquiera. En este sentido, casi parece que al escritor no le cae bien ninguno de los personajes. Ellos son, al fin y al cabo, los responsables que se desencadene la gran escena final en la sala de fiesta Opium, una caótica batalla campal que tiene claras referencias al suicida ataque final que los miembros de Grupo salvaje hacen también al final del ya legendario western de Sam Peckinpah. De hecho, y para que nadie se llame a engaño, una de las frases con las que comienza la novela corresponde precisamente a este mítico largometraje: “Dales el infierno, Pike”. E infierno les dará no Pike sino Hidalgo en esta novela que corta la respiración, que parece nueva en el actual panorama de la literatura negra y criminal, sobre todo porque hasta cierto punto transmite la sensación de que el noir en España tiene todavía muchas cosas que decir y denunciar.

Saludos, libros, desde este lado del ordenador

Blas Cabrera, historia de la física, un documental de Raúl Jiménez Pastor

Lunes, Abril 28th, 2025

Por fortuna aunque se encuentre en estado de balbuceo, el documental en Canarias está viviendo un momento interesante, lo que permite observar las diferentes miradas que sobre el género están brindado un puñado de cineastas que al menos a quien ahora les escribe, les resultan más que satisfactorias. Coinciden además en el tiempo, tres películas que abordan figuras señeras nacidas en el archipiélago canario, y el retrato que hacen de todos ellos lleva a conclusiones contradictorias porque se trata de un cine al que todavía le falta una manera de ver las cosas con asomo crítico y al que le sobra aún cierto recelo a no quedar bien.

En los últimos meses, hemos visto Quesada, la verdad del silencio (Iván López, 2024), un emotivo retrato en torno a la vida y la muerte de Javier Fernández Quesada, el estudiante grancanario asesinado en la Universidad de La Laguna el 12 de diciembre de 1977; Miguel Velázquez, el catedrático del ring, de David Cánovas, una película estrenada este año y que cuenta la azarosa vida del pugilista tinerfeño y Blas Cabrera. Historia de la física, que firma Raúl Jiménez Pastor, y que recorre la vida del físico nacido en Lanzarote y que logró el reconocimiento profesional de colegas como Albert Einstein y Erwin Schrödinger, entre otros.

Escrita por Jorge Méndez y Raúl Jiménez, Blas Cabrera. Historia de la física resume muy bien algunos de los momentos claves de su vida y obra y cuenta, como los documentales anteriores, con el testimonio de familiares que dan una visión muy cercana del personaje. Es decir, que más allá de sus logros profesionales, Blas Cabrera (Arrecife, 20 de mayo de 1878-Ciudad de México, 1 de agosto de 1945) tuvo una buena vida que la Guerra Civil mandó al traste. Las consecuencias de aquel conflicto entre iguales, es decir, entre hermanos aún colean en la actualidad, tanto, que lo que sufre el físico canario no desconcierta porque tiene reflejo en la memoria de cualquier espectador cuya familia fue víctima también de la Guerra Civil.

El documental narra muy bien lo que significó la guerra y la postguerra para el físico canario. Exiliado en París mientras las dos Españas lo consideraba un traidor, Blas Cabrera intentó recuperar su cátedra cuando, finalizado el conflicto, quiso regresar a España. Por desgracia, las autoridades franquistas se lo negaron, convirtiendo a Blas Cabrera en un errante. La película revela que esta cerrazón por parte de las autoridades franquistas se debió a la inquina que Antonio de Gregorio Rocasolano tuvo con el físico canario. Rocasolano es el responsable, según el documental, de enterrar las esperanzas de que Cabrera pudiera recobrar su vida en España. Fue él, además, quien le quitó los logros que el físico canario cosechó a lo largo de su carrera.
Destaca, en este sentido, que el Instituto Nacional de Física y Química, que se puso en pie gracias a una beca de la Fundación Rockefeller en 1932, y que contó con Cabrera como primer director, finalizada la contienda, recibiera este mérito Antonio de Gregorio Rocasolano.

Está muy bien narrado este momento ya que el hecho casi parece sacado del guion de una película, lo aterrador es que sucedió de verdad lo que representa, dice alguien en la película, el triunfo de la mediocridad sobre la excelencia. Y esa, al fin y al cabo, fue una de las características más notables del régimen franquista: el triunfo de la mediocridad por encima del de la excelencia.

El documental cuenta con un atractivo surtido de entrevistas con familiares, físicos e historiadores que apoyan sus opiniones imágenes de época, panorámicas actuales y fotografías en movimiento por obra y gracia de la Inteligencia Artificial. Esto hace pensar que Blas Cabrera. Historia de la física si no es el primero, sí que debe ser de los primeros que en estas tierras alejadas de la mano de los dioses usa la IA para que Cabrera en una fotografía de los años 30 y en blanco y negro de repente cobre movimiento y frunza las cejas o estire la boca. El uso de este procedimiento me parece fascinante aunque ya habrán voces que digan lo contrario. Es verdad que el documental abusa un poco de esta técnica, pero tiene su gancho y le da narrativa a un trabajo que parece que tuvo muy claro cuáles iban a ser sus ambiciones: explicar a los espectadores que Cabrera fue un investigador de primera línea de su tiempo, y uno de los más reconocidos en España.

Es una lástima que un documental tan cuidado e inteligente se empañe al final al incluir una serie de entrevistas a políticos de las islas (el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez; la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila y Migdalia Machín Tavío, consejera de Universidades, Ciencia e innovación y Cultura del Gobierno de Canarias) porque poco o nada aportan salvo escuchar su discurso, poco o nada aprendido y poco o nada original ya que, se reitera, no aportan nada a una película que hasta ese momento llevaba la cabeza tan alta.

Salvando estos momentos tan prescindibles Blas Cabrera. Historia de la física es un notable documental que da a conocer la vida y la obra del físico canario y cómo las circunstancias históricas maltrataron su carrera y su legado hasta casi borrarlo de la memoria de un país tan olvidadizo como es España.

El documental finaliza con la repatriación de los restos mortales de Blas Cabrera a La Laguna en 2022 y una serie de reconocimientos que recibió como, entre otros, llamar otra vez con su nombre al Instituto de Química Física, del que fue su primer director.

Saludos, funde a negro, desde este lado del ordenador

Nayra Sanz imparte un taller de cine en Panamá

Viernes, Abril 25th, 2025

La cineasta canaria Nayra Sanz Fuentes ha sido invitada a impartir un taller en el Centro Cultural de España en Panamá, dependiente de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que tendrá lugar desde hoy y hasta el domingo en Ciudad de Panamá. Esta actividad diseñada por la autora, titulada Filmar el barrio de San Felipe, consiste en un taller cinematográfico para experimentar con el lenguaje cinematográfico y observar el contexto local con una perspectiva consciente y creativa.

Nayra Sanz Fuentes considera que “en un momento histórico en el que las imágenes audiovisuales forman parte de nuestro paisaje cotidiano, tomar conciencia de su relevancia y de su poder es más necesario que nunca”. Por ese motivo, señala que “detener la mirada en los espacios cotidianos en el contexto de la conectividad global cobra una gran importancia”.

El taller se celebrará en el corregimiento de San Felipe, situado en el casco histórico de la ciudad. Se trata de un entorno de gran riqueza y complejidad sociocultural, por lo que ofrece numerosas posibilidades para aproximarse empleando el medio audiovisual.

Saludos, informamos, desde este lado del ordenador

El trasantlántico de Abrose Bierce

Jueves, Abril 24th, 2025

A diferencia de Francisco Umbral, yo sí que puedo hablar no de mi libro pero sí de la presentación que ayer, miércoles, 23 de abril, Carmen del Puerto y quien ahora les escribe protagonizaron en el Museo de las Ciencias y El cosmos sobre Paisajes del alma. Canarias, cine e identidad, una obra que ya navega sola y que uno que la parió ve partir como el trasatlántico que según Ambrose Bierce es nuestra vida. Sale de puerto, se aleja unas cuantas millas y de pronto surca los mares sin tierra a la vista y sin posibilidad de atracar en puerto alguno. Adiós a todo aquello.

El caso es que allí estaban los míos y algún despistado. Y algunos de los cineastas entrevistados, como Raúl Jiménez, Iván López, Teodoro y Santiago Ríos, Manuel González Mauricio, Pixel, y Josep Vilageliu; y el consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, José Carlos Acha, con quien no tuve oportunidad de sacarme una foto, y la directora del Museo de las Ciencias y el Cosmos, Antonia Varela Pérez, que es familia de uno de los actores protagonistas de El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero y Romualdo García de Paredes, 1926), la primera película de ficción cien por cien canaria, y un título que por clásico de nuestro cine debería de moverse por estas siete islas (¿o son ya ocho?) dispersas en el océano Atlántico.

Pero si hubo una protagonista de la tarde esa fue Carmen del Puerto, que es la autora de un audiovisual en el que resume el espíritu de una obra en la que los cineastas de aquí tienen voz. Y que me planteó la mismas preguntas que les planteo a ellos. Todo como muy intenso en una jornada que llevo ya en el corazón. Me pasó lo mismo que viví en marzo en la capital grancanaria, a veces las cosas importan. Y te importan. Tanto, que te ciega la ilusión aunque uno sea consciente que mañana será otro día.

El caso es que Paisajes del alma, que es un título que me sugirió José Víctor Fuentes cuando me habló del libro de don Miguel de Unamuno, ya navega y que deja de pertenecerme. Con todo, hará escala en tierra una vez más en TEA Tenerife Espacio de las Artes el jueves 29 de mayo, y luego lo que los dioses dispongan…
Así que a los que estuvieron y a los que no

muchas gracias

Saludos, Eduardo García Rojas, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo…, desde este lado del ordenador

Presentamos esta tarde Paisajes de alma. Canarias, cine e identidad

Miércoles, Abril 23rd, 2025