Archive for Abril, 2025

Cada isla tiene su novela

Martes, Abril 22nd, 2025

Se pueden visitar las islas Canarias sin salir de casa y sin quemarse las pestañas ante el televisor. La manera más cómoda es la de leer una novela y viajar a través de las palabras que el escritor o la escritora ordena para aproximarse a una realidad que, a lo largo de los siglos, muta aunque algunas de sus estructuras y miradas permanezcan inalterables. Este artículo quiere que se entienda como una pequeña guía de lo que se puede encontrar en librerías y bibliotecas. Se trata de una lista muy personal, en la que menciono solo unas pocas novelas escritas y publicadas en el siglo XX y lo que llevamos del XXI que se desarrollan en cada una de las islas Canarias.

Como en toda selección que se precie, y está misma se precia, no están todos ni todas pero es un riesgo que se asume cuando uno se lía la manta a la cabeza y piensa en enumerar cuáles son algunas de las novelas ambientadas en estas tierras. Se incluye en esta relación a La Graciosa, que recién ha sido incorporada como octava.

Gran Canaria

Hotel Madrid, de Emilio González Déniz.- La novela está organizada como un juego de espejos y propone distintas lecturas no solo en torno a la realidad social y política del año en el que se desarrolla, a inicios de la década de los años 50 del pasado siglo XX, sino de una ciudad, Las Palma de Gran Canaria, que acoge el rodaje de una película norteamericana sobre una monstruosa ballena de cuyo nombre, ahora mismo, no quiero acordarme.

Anturios en el salón, Juan R. Tramunt.- Porque sigue siendo una interesante (aunque algo lenta, esa es la verdad) historia en la que su protagonista se ha quedado solo en la isla cuando la población es obligada a abandonarla por circunstancia que sabrán si se acercan a esta novela que sabe crear atmósfera y comunicar la sensación de soledad y vacío de su protagonista, una especie de Robinson Crusoe moderno.

La isla y los demonios, Carmen Laforet.- Tras el éxito de Nada, primer premio Nadal, la escritora publicó esta novela que transcurre en la capital grancanaria en 1938, el último año de la Guerra Civil, y texto igual de opresivo que Nada, aunque inexplicablemente haya pasado a un segundo plano en la producción literaria de la escritora.

Las espiritistas de Telde, Luis León Barreto.- Todavía transmite esa mirada a una época con clave más que policíaca, periodísticas en torno a tres momentos diferentes entre los que destaca la investigación de la muerte de una joven durante un ritual con resultados que aún conmueven y que revela al escritor que lleva dentro Luis León Barreto.

Catalina Park, Orlando Hernández.- Publicada originalmente en 1975 en Plaza y Janés, y reeditada por Mercurio hace dos años en una edición al cuidado de Agustín Carlos López Ortiz, se trata de un relato a ratos fascinante sobre toda la fauna que habitaba la capital grancanaria en los años 70. Como testigo de aquellos días y de una ciudad que se afanaba por adaptarse a los nuevos tiempos, sigue siendo un título que afortunadamente se ha recuperado para las letras que se escriben con acento de aquí.

La estrategia del pequinés, Alexis Ravelo.- Porque gracias a esta novela el llorado escritor grancanario puso a Gran Canaria y su capital en el mapa de las grandes ciudades negras y criminales del territorio español, además de presentar una galería de personajes más que interesantes, todos ellos delincuentes, sí, pero algunos con un código de honor que ya quisiera la gente “con fundamento”.

Guanche, Enrique Nácher.- Médico y escritor, Enrique Nácher me parece una de las figuras señeras y quizá por ello tan olvidadas de la Historia de la Literatura escrita en estas islas, y eso que fue un escritor reconocido, por fortuna, no solo en su tierra. Le debemos una intensa novela ambientada en el mundo del boxeo, Tongo, y Guanche, publicada en la colección Áncora y Delfín por Ediciones Destino a finales de los años 50 y en la que describe un interesante retrato de la sociedad isleña de su tiempo, a través de la mirada de un niño.

Gran Canaria, A.J. Cronin.- Médico de profesión, las novelas de este autor que fueron todo un éxito de venta en la década de los años 30, ubica una de sus historias en la isla que da título a la obra, aunque la segunda mitad se desarrolle en Tenerife. Lo interesante del libro, que se ha quedado muy anticuado, es el retrato que hace de los protagonistas, todos anglosajones, y de lo que observan en territorio tan exótico, aunque en el relato la luz brilla en Gran Canaria y las sombras en la isla que tiene enfrente, en cuarentena por una epidemia a la que marcha el protagonista, un médico, para salvar vidas y de paso salvar también su alma.

Tenerife

Guad, Alfonso García Ramos.- Me sigue pareciendo una de las mejores novelas escritas en estas tierras quemadas por el sol, y en la que se habla de un bien tan escaso en las islas como es el agua. En este caso, la que se extrae de las entrañas de la tierra en las occidentales. Novela coral, recuerda muy vagamente a otra gran obra que aborda el mismo asunto: Los buscadores de agua, de Juan Farias.

La ciudad tiene otra cara, Luis Gálvez Monreal.- A mi juicio se trata de la gran novela sobre Santa Cruz de Tenerife, además de ser la primera que recibió el Premio Benito Pérez Armas en 1955. Una pena que, como tantas otras, no haya vuelto a reeditarse desde su publicación, hace ya más de 70 años. Y como la esperanza me mantiene, aún estoy a la espera de que cualquier editor con dos dedos de frente la recupere porque pocos son los textos que ofrecen un retrato tan desolador de la capital tinerfeña en plena y durísima postguerra.

Tiempo de espera, José Antonio Rial.- Si La ciudad tiene otra cara es la gran novela de Santa Cruz de Tenerife, Tiempo de espera lo es sobre lo que sucedió el desgarrador 18 de julio de 1936 en la capital tinerfeña. Se reivindica de Rial casi siempre La prisión de Fyffes pero se relega esta novela que es, a mi juicio, infinitamente mejor.

Ciertas personas, Fernando Delgado.- Feroz retrato de la sociedad tinerfeña y más concretamente de la chicharrera. De obligada lectura para todos/as aquellos/as que quieran hacerse una idea de lo que pensaba el periodista y escritor sobre su tierra.

Los puercos de Circe, Luis Alemany.- Es una pena, enorme se vea como se vea, que Luis Alemany, escritor nacido en Barcelona pero tinerfeño y canario por los cuatro costados, y fallecido en marzo de esta año, legara apenas unos cuantos títulos que rozan la perfección con su primera y única novela, estos Puercos de Circe que nos cuenta la historia de un peculiar Ulises en busca de su particular Ítaca mientras describe la mediocridad (como ciudad la verdad es que no se ha avanzado mucho desde entonces) de una sociedad como la chicharrera mientras ahoga sus penas en vasos de whiskie y visitas esporádicas al cabaret.

Panza de burro, Andrea Abreu.- Lo que ha hizo Andrea Abreu, y por eso mismo algunos no se lo perdonan, es histórico ya que a ella y solo a ella –tras su aparición vino detrás una legión de escritores/as que más que crear historias han terminado por imitar la que cuenta la joven escritora de Icod alto– revolucionó no solo las letras escritas en Canarias sino también las peninsulares no ya por la forma en cómo emplea el idioma y la forma de hablar en las islas en su escritura, ya que va un poco más lejos y lo que cuenta, cuenta tanto que sale de su corazón y no de su cabeza.

El barranco, Nivaria Tejara.- Se trata de una novela de necesaria reelectura y a la que el paso del tiempo apenas erosiona porque está escrito con verdad. Tanta, que como pieza literaria es independiente, también la mejor novela que se ha escrito hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias, periodo que Nivaria Tejera retrata con mirada feroz, en especial a los habitantes de una ciudad como fue La Laguna en la década de los años 30.

Él, Mercedes Pinto.- Por una vez el personaje que está detrás de la escritora parece más literario que su propia creación literaria, aunque Él esté inspirada en hechos reales que sufrió la protagonista resultado de un matrimonio en el que su esposo fue un salvaje y un desalmado, aunque en la vida real Mercedes Pinto demostró ser lo que hoy se conoce como mujer empoderada. La novela, que dio lugar a una secuela que no es tal, Ella, fue llevada al cine por Luis Buñuel y si bien la película no es que esté bien, es que está muy bien, la novela es otra cosa.

Fuerteventura

Cerco de arena, Enrique Nácher.- Junto a Guad es una de las mejores novelas que se han escrito sobre la isla, en este caso Fuerteventura la más alargada del archipiélago. Se trata de un relato contenido y en el que laten en su fondo pasiones desgarradoras bajo la atenta y omnipresente mirada del sol.


Isla de lobos y Maloficio, José Antonio Rial vuelve a aparecer en esta lista por estos dos libritos que piden como el resto de su obra ser reeditado en condiciones. En la primera, el escritor revive sus vivencias en el pequeño islote, marcadas por su desencuentro con los pescadores de Corralejo mientras que en la segunda, Maloficio intenta reflejar el carácter de los habitantes de Fuerteventura, siendo muy crítico con la pobreza majorera y su sumisión a los terratenientes y autoridades de aquel tiempo, los años 40/50 del pasado siglo XX.

Fuerteventura, Alberto Vázquez Figueroa.- Porque como casi todos los libros del escritor tinerfeño se trata de una novela de acción que se desarrolla en esta ocasión durante la Segunda Guerra Mundial y en la que aparece, entre otros escenarios, la misteriosa casa Winter, que en la historia de Vázquez Figueroa se convierte en un lugar de descanso de los tripulantes de los submarinos nazis que, supuestamente, fonderaron aquellos años en las aguas que bañan Cofete.

Gambuesa, Carmen J. Nieto.- Gambuesa es una novela que va mucho más lejos de las conocidas apañadas ya que presenta un reparto de personajesque se creen, rodeados de un paisaje que se degrada por el cemento mientras la tierra es quemada por el sol.

Lanzarote

La lapa, Ángel Guerra.- Con este pseudónimo firmaba José Betancort Cabrera (Teguise, 1874 – Madrid, 1950), escritor, periodista y político que, tras conocer a Benito Pérez Galdós, adopta para su obra literaria el nombre de uno de los personajes galdosianos. La Lapa es su obra más conocida. Se trata de un relato corto en el que se narra la historia de Martín, un niño de tierra adentro que sueña con ser marinero.

Mararía, Rafael Arozarena.- El escritor tinerfeño colocó a Lanzarote en el mapa de la literatura gracias a esta novela que cuenta historias de amores desgarrados en un paisaje agreste y feroz como es el de la isla de los volcanes. Mararía tiene una versión cinematográfica que no le hace justicia y también una novela gráfica que, afortunadamente sí que se la hace.

Lanzarote y La posibilidad de una isla, Michel Houellebecq.- Escritor especializado en remover conciencias y liarla parda, el también autor de Plataforma siente una especial debilidad por Lanzarote, cuya geografía aparece en un pequeño ensayo novelado (Lanzarote) y en una novela inspirada en la secta de los Raeliano, y su devoción por la clonación (La posibilidad de una isla).

Han cantado bingo, Lana Corujo.- Publicada este mismo año, Lana Corujo escribe un intenso relato protagonizado por dos hermanas y una familia donde solo las mujeres tienen la capacidad de ver a algunos de sus muertos. Muy, pero que muy recomendable.

La Palma

Historia ilustrada del mundo, Anelio Rodríguez.- La historia de La Palma contada a través de una familia, en este caso la del propio escritor, quien escribe un relato que destaca por su enorme sinceridad y un profundo y agradecido amor a los suyos.

Los milagros prohibidos, Alexis Ravelo.- El escritor grancanario reaparece en la lista porque fue uno de los primeros en escribir una novela que se desarrolla durante la Semana Roja, los días que la isla siguió siendo leal a la II República mientras el resto ya estaba dominada por los rebeldes. El relato aborda tan delicado tema con respeto, aunque es una lástima que no prestara mayor atención a los personajes y la historia de amor que desencadena la sed de venganza de uno de los tres protagonistas.

Retrato del fin del mundo, Carlos Ruiz Caballero.- Más de la mitad de la novela se desarrolla en La Palma los días previos al golpe militar de julio de 1936, y está inspirada en una historia real, la de Margarita Rocha y Néstor Mendoza. El libro narra su trágica historia de amor que culminó en marzo de 1937 cuando los dos, anarquistas contrajeron matrimonio estando él preso en la empaquetadora de plátanos convertida en prisión: Fyffes.

El futbolista asesino, Nicolás Melini.- Más que La Palma y en concreto su capital, Santa Cruz, El futbolista asesino es una apasionante novela que nos mete directamente como lectores en la cabeza de su protagonista, un futbolista como indica el título con instintos asesinos. Puede recordar por su concepto al American Psycho, de Brett Easton Ellis, pero la novela de Melini es otra cosa. Y para quien escribe infinitamente mejor que la del celebrado escritor norteamericano.

La Gomera

La Señora, Beatriz de Bobadilla, señora de Gomera y Fierro, Carlos Álvarez.- Interesante retrato de una de las pocas mujeres castellanas a la que se cita con nombre y apellidos en las crónicas de la conquista de Canarias, aunque nunca demasiado bien. El escritor y guionista Carlos Álvarez propone una revisión del personaje, y resalta los atributos que tuvo que tener esta mujer para que la obedecieran ciegamente un grupo de hombres aparentemente civilizados pero que solo sabían comer y matar.

La niebla y la doncella, Lorenzo Silva.- Una nueva entrega de los agentes de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro, solo que esta vez el escritor los traslada a la isla colombina, lo que da pie a que Lorenzo Silva de una visión interesante y descriptiva de la pequeña sociedad ante la que se encuentran los dos investigadores peninsulares.

El collar de caracoles, Félix Casanova de Ayala.- Relata el idilio entre un pescador gomero y una pastorcilla de Guía de Isora, en el escenario del brazo de mar que separa las islas de Tenerife y Gomera, conocido por el nombre de Callejón de Juan Primo. Como protagonista de fondo, el Teide, cuya última erupción volcánica del año 1909, llamada la de El Chinyero, es dramáticamente vivida por los personajes de este relato.

El Hierro

Hijos del tremor, Tomás Felipe. No es Pasa la tormenta, en la que planteaba una Gran Canaria futurista que ha convertido La Isleta en un centro penitenciario, pero sí que es un bonito canto de amor a la isla en la que reside desde hace varios años como es la del Meridiano, en su historia vaciada por los continuos movimientos sísmicos que se producen en la isla tras la erupción de un volcán submarino.

La sorimba, María Jesús Alvarado.- Se trata de una novela iniciática, con rasgos también de realismo mágico pero sobre todas las cosas de un canto emocionado a una isla, El Hierro, en la que aún se conservan las esencias. La obra es un canto a la vuelta si no a los orígenes, sí al mundo rural que todavía se conserva en la isla del Meridiano.

Campiro que, Víctor Álamo de la Rosa.- El escritor dedicó seis de sus novelas a Isla Menor, que no es otra que la isla de Hierro, narrando historias que le contaron y que él adoba con una ficción que mezcla realismo y fantasía.

El hijo del apotalado, Jorge Fonte.- La Guerra Civil española en la isla de El Hierro es la base en la que se apoya está novela que, escrita sin concesiones, ofrece un implacable retrato de la naturaleza humana y su atracción hacia el mal. Por otro lado, es un retrato muy valiente sobre la participación en ambos bandos de los miembros de la familia del escritor, captando la manera de vivir y sentir de sus protagonistas.

La Graciosa

Parte de una historia, Ignacio Aldecoa, el escritor de origen vasco quedó cautivado por el paisaje y por las gentes de una tierra yerma que vive del mar. La novela rinde homenaje también a una geografía física y sentimental que transforma el territorio y el alma del protagonista y, entre las curiosidades que se cuentan del libro, Juan A. Bardem quiso convertirla en película en los años setenta. Por desgracia, el proyecto se quedó en nada pero ¡¡¡qué película hubiera resultado!!! ¿Un Stromboli en versión española? En la novela, el narrador es un hombre que huye y que encuentra “un sedante en el silencio, la austeridad y la hermosa geografía de La Graciosa”.

Saludos, felicen sean siempre pero un poco más si leen un libro, desde este lado del ordenador

Miguel Velázquez, el catedrático del ring, un documental de David Cánovas

Lunes, Abril 21st, 2025

Miguel Velázquez, el catedrático del ring es un documental del cineasta David Cánovas que no solo es un retrato apasionado y apasionante del pugilista tinerfeño que llegó a ser campeón del mundo de peso ligero, sino también a toda esa generación de boxeadores y aficionados que hubo una vez en Tenerife, y en concreto en una capital tinerfeña que hoy no se parece en nada a la que fue.

La película abarca otros temas aunque el tronco, el eje a través del cual se articula, es Miguel Velázquze, quien nos cuenta de viva voz la historia de una vida repleta de sacrificios. Primero los de una infancia plagada de necesidades en el barrio del Toscal, donde en Reyes su único regalo eran dos naranjas y no juguetes como sí recibían los otros niños de la ciudadela, y una adolescencia y juventud donde se convierte en boxeador con la esperanza de mejorar su futuro. La carrera como pugilista de Miguel Velázquez ocupa el resto de un documental que sabe medir las emociones, y que no se lía la manta a la cabeza para acentuar una épica que se explica por sí sola a través de un boxeador que forma parte de la lista en la que se inscriben los mejores pugilistas de este país, y que debería ser un referente en su propia tierra aunque ya se sabe que nadie, absolutamente nadie, es profeta en su tierra.

El pasado sábado 5 de marzo fue el estreno del documental en una sala completamente llena de público con ganas de pasarlo bien y, de paso, entusiasmada por rendir homenaje a un boxeador que, probablemente muchos de los presentes desconocía hasta ese día. Y este, y no otro, es la grandeza de este trabajo: dar a conocer la carrera profesional de un chicharrero que fue campeón y que consagró su juventud a ser un campeón.

Miguel Velázquez, el catedrático del ring se convirtió en realidad cuando llegó a las manos del cineasta el libro que el periodista Noé Ramón escribió sobre el pugilista. A través de Raúl Jiménez, coguionista, conoció además lo popular que fue el boxeo en Santa Cruz de Tenerife, tierra de la que salieron grandes campeones y unos seguidores que contribuyeron a que se consolidara la afición. La antigua plaza de toros, ese monumento que un día de estos se nos cae encima, y los gimnasios donde entrenaron todos estos luchadores forman parte así de la cultura deportiva de una ciudad que debe mirar a su pasado y encontrar las señas de identidad que la definen.

Además de Miguel Velázquez, hablan de su técnica encima del cuadrilátero el director y guionista José Luis Garci, que lo hace fuera de cámara, y cronistas deportivos. También algunos de los amigos con los que entrenó; boxeadores para los que fue su maestro y contrincantes ante los que se midió. Estas entrevistas forman parte del hilo narrativo de un documental que incluye documentos de la época, fotografías y películas, y la vida que ahora lleva Velázquez.

La personalidad del boxeador tinerfeño, y su espontaneidad, se come una película que no puede sustraerse de la personalidad de un hombre que hizo carrera con los puños y que ahora, con una franqueza que desconcierta, no considera el boxeo como deporte. Un deporte, viene a decir, no hace que dos tíos se peleen encima de un ring, que se partan la cara para ganar y recoger un premio. De hecho, y pese a sus orígenes patricios, el boxeo fue una vía de escape para que muchos jóvenes humildes y hambrientos se convirtieran en boxeadores con el fin de escapar de la miseria.

Si que me desentona del documental la lectura de algunos fragmentos para justificar lo que uno ya está viendo, y que apenas contenga resorte dramático aunque seamos conscientes que el documental es un género igual de susceptible de ser manipulado como una película de ficción, solo que en este caso, da la sensación que le falta algo de sal.

Pero me emociono viendo la película. Y no solo por el ascenso de un hombre que salió prácticamente de la nada para alcanzar el éxito encima del ring, sino también porque hace recordar unos tiempos en los que en esta ciudad se vivió con tanta pasión el boxeo. Y la galería de boxeadores que se dieron en esta capital de provincias da fe de ello. Fueron tiempos en los que, como dice uno de los púgiles retirados en el documental, levantabas una piedra y salían cientos dispuestos a darse leña.

Miguel Velázquez, el catedrático del ring es un homenaje no solo a un hombre, que lo es, sino también a todos aquellos que se pusieron los guantes para convertirse en profesionales. El filme incluso se detiene, aunque rápidamente, en la generaciones de mujeres que ha terminado por cogerle el gusto a estar encima del cuadrilátero.

La película se centra en los dos grandes combates que marcaron la trayectoria pugilística de Miguel Velázquez, el que lo llevó a enfrentarse a Pedro Carrasco y el escocés Ken Buchanan por el título mundial de los pesos ligeros. El enfrentamiento y los dispares resultados, son responsables de algunas de las cicatrices que hoy definen la cara de un boxeador que fue técnico en su oficio y que tras retirarse, trabajó durante años como taxista en la capital de España, y en la que muchos de los pasajeros que recogió lo reconocían. Ricardo Melchior, ex presidente del Cabildo de Tenerife, recuerda una anécdota fruto de este encuentro mientras Velázquez conducía el taxi por las calles de la capital de España.

Y sí, costó que la isla y Canarias terminaran por reconocerlo con una serie de distinciones a las que se suma que hoy dé nombre a una plaza de la capital tinerfeña que se encuentra algo alejada de su barrio, el Toscal. El caso es que la película muestra a Miguel Velázquez más que una leyenda como un campeón con o sin guantes. Él, y toda aquella formidable generación de pugilistas chicharreros. Por eso, más que un campeón, todos ellos lo fueron, ganaran o no combates: campeones.

Saludos, así la vimos, desde este lado del ordenador

Luigi Cozzi: “No me arrepiento de lo que he rodado”

Jueves, Abril 17th, 2025

Luigi Cozzi (Busto Arsizio, Varese, Italia, 1947) tiene la apariencia de ser una persona incapaz de romper un plato. También, la de una persona a la que no le gustan los problemas y sí llevar una vida tranquila, sin altibajos ni movimientos extraños. Por eso mismo resulta sorprendente conocer que, detrás de toda esa serenidad, se encuentra un cineasta que ha hecho carrera con películas de segunda y tercera fila, filmes de explotación en la mayor parte de las ocasiones donde si brilla algo es el color de la sangre. Sangre falsa, por supuesto, pero sangre que forma parte indispensable del cine al que dedicó una carrera que mucho antes había consagrado al periodismo. Que uno de los padres fundadores del giallo italiano, Dario Argento, le incitara a trabajar con él terminó por cambiarle la vida.

Pero ¿qué es el giallo? Giallo es amarillo en italiano y dio nombre a las novelas policíacas en el país transalpino siempre y cuando éstas estuvieran relacionadas con el crimen y el misterio. Giallo identifica también un género cinematográfico que plantea historias de suspenso y horror, y que cosechó como el espagueti western gran notoriedad en las pantallas de cine de todo el planeta en los años 70.

El primer largometraje de Cozzi fue, precisamente, un giallo, y a tenor de lo que escribe el especialista Javier G. Romero en el libro El giallo italiano (Nuer Ediciones, 2001), una, si no la mejor, película de su irregular carrera tras las cámaras. A continuación vinieron filmes tan descacharrantes como Star Crash (1978); un intento por recuperar el peplum fantástico con El desafío de Hércules (1983) y Las aventuras de Hércules (1985), ambas con el actor y culturista norteamericano Lou Ferrigno como el poderoso Heracles y El gato negro, que fue la película que se exhibió en la décima edición de Tenerife Noir, festival al que acudió el cineasta italiano desplegando una amabilidad y un saber estar que conquistó a todos, incluso a sus detractores.

- ¿De dónde viene su afición por el cine fantástico?

“A la edad de siete u ocho años vi Veinte mil leguas de viaje submarino (1954) la versión que dirigió Richard Fleischer para Disney, y me quedé fascinando con la película. Tanto, que busqué el libro de Julio Verne para leerlo. Más tarde llegaron los cómics pero ya estaba por aquel entonces enganchado al género fantástico, era como una droga porque no paraba de buscar y buscar nuevas películas. A la edad de 16 años fundé un fanzine de cine fantástico, Futuria Fantasia, con el que quise seguir el modelo iniciado por Ray Bradbury que hizo lo mismo, poner en marcha una revista para aficionados con este mismo nombre”.

- Creo que su primera película, Il tunnel sotto ul mondo, la dirigió muy joven.

“La hice cuando aún vivía en Milán, entre 1968 y 1969, y se presentó en el Festival de Trieste en julio de aquel mismo año. No era un film comercial, lo que hizo que en su momento no se vendiera al extranjero y en Italia solo se pudiera ver dentro del circuito underground y en cineclubs”.

- Pero a raíz de esta película Dario Argento se fija en usted…

“No, no fue así exactamente. Por aquel entonces y como aficionado a la ciencia ficción envié mi fanzine, Futuria Fantasia, a una revista especializada que me contestó para decirme que mi revista estaba maquetada de forma bastante rudimentaria aunque me elogiaron por la calidad de los textos y la información que proporcionaba. Como aficionado, coleccionaba publicaciones de este tipo, sobre todo norteamericanas, que es lo que me permitía estar al día de todo lo que se estaba haciendo en el género, por lo que acabé trabajando en esa revista porque se dieron cuenta que sabía más de ciencia ficción que ellos”.

- Imagino que formar parte de esa revista le abriría muchas puertas.

“Todo esto que te contaba me pasó en Milán, donde trabajé primero en publicidad, lo de trabajar en la revista fue más tarde y claro, allí conocí a mucha gente, uno de ellos Ernesto Gastalde que había escrito muchos filmes en Italia para cineastas como Mario Bava, Antonio Margheriti, Riccardo Freda, y que me presentó a otros escritores del género. Más tarde colaboré como corresponsal en la revista Famous Monsters of Filmland, que dirigía Forrest J. Ackerman, así que entre una y otra cosa, fui conociendo a cineastas, cantautores y ensayistas como Umberto Eco. Compaginaba todo aquello con mi trabajo en publicidad pero a mi lo que me interesaba era el mundo del cine. Es decir, que yo lo que quería era ser director”.

-¿Y cómo consigue materializar su sueño de convertirse en director?

“Era consciente que para hacerlo tenía que encontrar un medio para irme a Roma, ciudad a la que terminé yendo pero no para dirigir películas sino porque me tocó cumplir allí el servicio militar. Fueron años en los que conocí a gente muy interesante, como Alfredo Castelli, autor del cómic Martin Mystère, y como tenía mucho tiempo libre pero no una casa donde vivir, conseguí irme a vivir a la casa de la abuela de un amigo pagándole el alquiler de una habitación mientras continuaban abriéndose otras puertas laborales. La casa donde me quedaba estaba situada en la Vía Veneto y más o menos delante de la embajada de los Estados Unidos, donde existía un kiosco en el que se vendían revistas norteamericanas, sobre todo para el personal de la embajada, aunque yo compraba allí revistas de música, de pop y de rock, géneros musicales que me han interesado siempre. Y muchos de los artículos los traducía para publicaciones italianas, solo que una vez traduje dos entrevistas, una a John Lennon y otra a Paul McCartney que se publicaron juntas aunque el título que escribí ¿Se separan The Beatles? el editor se olvidó de los poner los interrogantes y quedó Se separan The Beatles aunque una semana después vino una noticia de Londres en la que se anunciaba que, efectivamente, The Beatles se separaban. Gracias a aquel titular el director decidió contratarme y como me encontraba a un mes de que finalizara el servicio militar, y contando ya con un sueldo fijo, cuando terminé mi servicio militar, decidí quedarme a vivir en Roma ”.

- ¿Cuándo se produce su primer encuentro con Dario Argento?

“Mi primer encuentro con Argento fue cuando vi su primera película, El pájaro de las plumas de cristal (1970), un filme que hizo que me clavara en la butaca. Se trataba de una película muy moderna así que con la excusa de una entrevista, quedé con él en su casa y allí comenzamos a hablar sobre todo de cine y cuando terminamos me pidió que lo llamara. Tras terminar El gato de las 9 colas (1971), me propuso escribir el guion de su tercera película, Cuatro moscas sobre terciopelo gris (1971) y me animó a que lo visitara en el set para que lo ayudara durante el rodaje y fue estando allí cuando decidí dejar mi trabajo como periodista para ponerme a trabajar con él”.

- ¿Y qué aprendió de Argento?

“Aunque no le gustaba la ciencia ficción, aprendí muchas cosas pero sobre todo que con dinero es mucho más fácil rodar”.

- El cine italiano se convirtió en los años 60 y 70 es una potencia cinematográfica del cine de explotación, ¿por qué?

“Porque en aquellos años en Italia se rodaban muchas películas de bajo presupuesto ya que el mercado italiano en número de espectadores era el segundo del mundo. La televisión no podía emitir películas recientes, ni de veinte años atrás, así que el ambiente era propicio para rodar de todo y de todos los géneros: comedia, terror, aventuras… Además, se hacían versiones de taquillazos del cine norteamericano, versiones que no eran para el mercado italiano sino el exterior pero esta situación llegó a su final en 1976, cuando el gobierno liberalizó la televisión que, hasta ese momento, era de un solo canal y en blanco y negro, y eso hizo que los rodajes para cine se resintieran”.

- Ha trabajado con grandes estrellas, como Klaus Kinski.

“Klaus Kinski era una cosa aparte. No le dirigí pero sí supervisé los efectos especiales de la película, Nosferatu, príncipe de las tinieblas (Augusto Caminito y Cozzi como director asistente, 1988). Lo primero que hizo Kinski al llegar al set fue tirar al suelo un espejo y largarse, así que me dijeron que lo acompañara y rodara lo que me decía. Y a Kinski se le ocurrió rodar todas sus intervenciones al amanecer, así que cada día rodábamos planos de él caminando al amanecer por las calles de Venecia. Y así estuvimos durante más de un mes, rodando escenas sin ningún tipo de sentido aunque muy bonitas porque la luz del alba de Venecia es muy especial. Los productores sin embargo no aprovecharon nada de aquel material”.

- ¿Se arrepiente de alguna de las películas que ha dirigido?

“No, he procurado hacerlo siempre lo mejor que he podido, así que en líneas generales estoy bastante satisfecho. Mis películas se siguen viendo y se exhiben en festivales, y eso me hace entender que están vivas. De todas formas, me siento sobre todo escritor más que cineasta”.

- ¿Tengo entendido que El gato negro se iba a llamar primero De Profundis?

De profundis está basado en el título del poema de Thomas de Quincey, Suspiria de Profundis e iba a convertirse en la tercera parte de la trilogía de Las tres madres, de Dario Argento, pero cambié el título por respeto a él y me inspiré en otro poema y en El poder, que es una novela del escritor norteamericano Frank Robinson, el autor de El coloso en llamas, y no tanto en la película que produjo George Pal sobre la novela de Robinson”.

DE LA MANO DE DARIO ARGENTO

La filmografía de Luigi Cozzi está plagada de películas que no pasarán a la historia pero que sí forman parte de la trayectoria del cine italiano en unas décadas, los 60 y 70, en la que rodaban todo tipo de películas. Atreviéndose incluso a reinventar géneros como el western, el terror, el fantástico, el policíaco, el peplum y la aventura en una serie de filmes –la mayor parte de ellos olvidables– que han terminado en algunos casos a ser reivindicadas por un puñado de seguidores aficionados al cine estrafalario por barato. Luigi Cozzi ocupa un lugar secundario en la lista de realizadores italianos que se liaron la manta a la cabeza para rodar con muy poco dinero largometrajes descacharrantes aunque entró en el cine de la mano de un cineasta polémico pero también poeta del horror: Dario Argento. Luigi Cozzi fue uno de los invitados de la décima edición de Tenerife Noir, donde mantuvo un encuentro con el público que asistió a la proyección del largometraje El gato negro.

Saludos, santa semana santa, desde este lado del ordenador

Un anarquista, una novela de Diego Ameixeiras

Miércoles, Abril 16th, 2025

“En la pensión, incapaz de dormir, la amargura seguirá trabajando el corazón de Duarte con esa insistencia que emplean los gatos para arañar en las puertas cerradas, con el énfasis justo para impedir el sueño, y será más consciente que nunca de no entender el sentido último de las cosas; en la espesura del insomnio, mirándose al espejo, con un gesto en la cara sin expresión definida, pensará que vivir es un acto inabordable”.

Un anarquista, Diego Ameixeiras (Alrevés, 2024)

Diego Ameixeiras es uno de los contadísimos escritores que tenemos en este país que se ha consolidado con señas de identidad muy propias y huyendo de todo lo que huela a producto comercial, que es esa mancha de confusión que empaña el prestigio de un género como es el de la novela negra en este país.

El escritor, gallego, escribe en gallego aunque gran parte de su producción se ha traducido al castellano, por lo que no es difícil aproximarse a su peculiar universo que, en su último trabajo hasta la fecha, y que lleva por título Un anarquista (Alrevés, 2024), traslada la acción a la Barcelona de la segunda mitad de los años 70 del siglo XX, aunque su protagonista, el esquivo Miguel Duarte, proceda de las tierras donde habitan las meigas.

Apenas conocemos más del personaje central de esta crónica a ratos rabiosa de 1977, año en el que España todavía se estaba sacudiendo de la caspa franquista y, paralelamente, el anarquismo vivía un resurgir que no duró demasiado. El incendio de la sala Scala y otras acciones que alimentaron los libertarios de aquel entonces, visten y dan grosor a una trama no solo excelentemente documentada y, lo que es más importante, resumida con inteligencia, sino que muestra lo que significó ese año para una idea que tuvo especial arraigo en España hasta su total liquidación, precisamente, al concluir esa década tan turbulenta para la Transición como fueron los años 70.

Estructurada en tres grandes capítulos y sin puntos y aparte, se narra el proceso de descomposición de la CNT, que aún tenía voz suficiente para animar a su militancia a la revuelta social y de cómo el movimiento fue trufado de agentes de la policía para dinamitarla desde dentro.
Diego Ameixeiras nos sitúa en este contexto siguiendo los pasos de Miguel Duarte, 20 años de edad y camarero en el Nebraska. Un tipo tímido que cae rendido ante los encantos de Montse, estudiante acomodada pero de izquierdas. Será a través de ella como Miguel termine conociendo a los anarquistas para más tarde convertirse en uno de ellos. El resto, en los dos primeros capítulos, se irá conociendo a medida que nos adentramos en la vida de Duarte.

Un anarquista más que una novela de género, es la crónica negra e histórica de un momento decisivo en la historia de España.
La pregunta, sin embargo, que le asalta a uno durante la lectura es si Miguel Duarte que parece tan poquita cosa no es lo que aparenta. En la primera parte asesina a sangre fría y con un cuchillo a un tipo con las manos manchadas de sangre y en la segunda lo vemos convertido en anarquista al que no le tiemblan las manos atentado tras atentado.

La tercera parte, narrada por un testigo de aquellos hechos, acentúa el interés por descubrir si Duarte fue un anarquista o un infiltrado de la policía. El caso es que nuestro protagonista desaparece de la escena en 1978 sin que nadie sepa, escribe Ameixeiras, que fue de él.

En el bar en el que trabaja, a su jefe le importa poco lo que suceda fuera del bar. Solo sería capaz de salir si lo contrataran para protagonizar una película de vaqueros, que cumpla o no su sueño lo averiguarán si leen esta novela que apena llega a las 150 páginas pero en la que se narran tantas cosas como si tuviera 500. Esa es una de las virtudes que tiene Diego Ameixeiras como narrador, y que lleva a Un anarquista a convertirse en un título notable pero sobre todo convincente en la literatura que se ha escrito sobre la Transición española.

Historia a la que llegó, explica el escritor en una nota final: “tras la lectura de Los 70 a destajo, la excelente crónica con la que Pepe Ribas, director de Ajoblanco, recorrió los años de la eclosión libertaria en Barcelona durante la Transición”. Y la novela es resultado de esa lectura, de esa mirada a un tiempo olvidado pero tan trascendental para entender la historia reciente de este país llamado España.

Saludos, a las barricadas, desde este lado del ordenador

Libros de aquí

Martes, Abril 15th, 2025

* Reconciliados es una novela de Miguel Ángel Ortega Machín (Adarve, 2025) que se desarrolla a mediados del siglo XVII, cuando un pícaro fraile, tras un violento y desafortunado lance, pierde su barco en Ámsterdam y se une a otro aventurero. La novela descubre un denso y activo entramado de relaciones comerciales, familiares y de otra naturaleza entre comunidades de judeoconversos y marranos españoles y portugueses, que pivota principalmente entre Canarias, Londres y la capital de los Países Bajos, con ramificaciones en otras ciudades de Europa y América (México, Cartagena de Indias, Caracas…).

* Una joya robada, una herencia inesperada y un pasado que nunca dejó de acechar son algunos de los temas que aborda El secreto de la salamandra dorada (Espasa, 2025), una novela de Luis Carlos Castañeda, que está inspirada en hechos reales. El escritor es autor también de Cuando venga el rey y Las chicas de las estrellas. Entre otras distinciones, cuenta con el Premio Amazon Storyteller 2020 en lengua castellana a nivel mundial por su primera novela publicada: Cuando venga el Rey.

* El programa Identitaria Canarias, una iniciativa de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias, presenta seis libros, entre otros, dos tomos sobre el patrimonio arqueológico de Canarias, uno dedicado a Tenerife y otro a Gran Canaria –el próximo año se publicarán los volúmenes del resto del Archipiélago, anunció el catedrático de la ULPGC Manuel Ramírez Sánchez, coordinador editorial de la colección sobre arqueología-, Identidad y gastronomía en Canarias, En torno a la escala en Canarias del Archiduque Fernando Maximiliano de Austria, el futuro Maximiliano I de México, la edición inglesa de Indigenismo, raza y evolución, obra del profesor Fernando Estévez González (1953-2016), y Fernando Estévez y la cuestión identitaria, un conjunto de entrevistas realizadas por el periodista Mariano de Santa Ana.

Saludos, a leer, desde este lado del ordenador
 

Mario Vargas Llosa, adiós a todo esto

Lunes, Abril 14th, 2025

“Cava sintió frío. Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón del colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel.”

La ciudad y los perros
, Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa era entonces un escritor consagrado, ¡¡¡había ganado el Nobel de Literatura!!!, y todo el mundo a su alrededor se postraba de rodillas (metafóricas, claro) para rendirle pleitesía. Me lo encontré la primera vez en un encuentro entre periodistas y el escritor, que estuvo exagaradamente amable, tanto, que incluso respondía a cuestiones no sé si difíciles pero que no tenían nada que ver con su literatura, Si no me equivoco, en aquel tiempo salía con Isabel Preysler, una mujer que merece no una sino cien novelas con independencia del escritor/a que se atrevería a redactarla.

En aquel encuentro, se decía, Vargas Llora respondía con esa voz y ese acento tan poco latinoamericano que tienen los peruanos. Eso me parecía a mi, luego he ido cambiando de parecer aunque ese acento no tiene reflejo con otros países del área. Le pregunté entonces qué opinaba que los grandes grupos editoriales publicaran (tipo Planeta) en España solo a autores/as españoles y algún hispanoamericano que se colara y en Planeta Colombia, solo se publicaran a los narradores/as colombianas y algún español que se colara como sudamericano también. Recuerdo que me contestó con vaguedades, eso que en el oficio se llama tirar balones fuera y que no me aclaró lo que pensaba de una cuestión que tiene su lógica. No se lo tomé en cuenta.

El segundo encuentro fue en el Festival Hispanoamericano de Escritores que se celebra en Los Llanos de Aridane en septiembre. Allí habló y allí firmó libros cuando terminó la conversación pública. Recuerdo una estampida de gente para que le firmara el ejemplar que llevaban entre las manos. Los títulos eran variados y Llosa, que siempre me pareció un tipo extremadamente educado, un galán de culebrón venezolano, aunque este caso fuera peruano, firmaba y firmaba y atendía con expresión de interés diplomático lo que le decían aquellos lectores que temblaban por estar ante todo un Premio Nobel de Literatura.

Entre las novelas que leí del escritor que ayer se despidió de madrugada de los suyos y de nosotros, tengo especial cariño por La ciudad y los perros porque fue el primer libro que leí de don Mario. Sería entonces un adolescente influenciado más por las letras anglosajonas que por las nuestras hasta que me di cuenta del error inmenso. Error que más tarde traté de remediar… El impacto, en todo caso, fue tremendo, lo que me animó a seguir leyendo otras de sus novelas. Por casa, además, circulaban Conversaciones en la catedral, Pantaleón y las visitadoras… Más tarde llegaría La fiesta del chivo y El sueño del celta que a mi, personalmente, me parecen que están escritas por otro Vargas Llosa.

El tiempo, que todo lo cura, eso dicen, me enseñó a que siguiera con más o menos atención su carrera como literato. Más cuando recibió el Nobel y todo el mundo se puso en pie y elogió y elogió… Conocí más tarde la amistad que mantuvo con otro Nobel, Gabriel García Márquez, y de cómo esa amistad se fue al traste. Unos dicen que por una mujer y otros porque Marios Vargas Llosa se nos hizo de derechas. Tanto, que uno de sus hijos firmó un panfleto solo fumable para los que tengan pulmones a prueba de gases muy tóxicos. Al margen de que publicamente se divorciara de la Revolución Cubana y que don Mario dejara de ser izquierda, creo que ese cambio no tan radical como podría sospecharse, fue fruto del paso del tiempo. De ese proceso en el que te despides del joven soñador que una vez fuiste para convertirte en un adulto al que le huele el aliento.

Me costó, en todo caso, superar aquella converción. Es decir, que dejara de levantar el puño cerrado para reivindicar los logros de un sistema como el nuestro pese a que la democracia que conocemos haga aguas por todos los lados… Pero resultaba agradable e incluso aleccionador leer lo que pensaba y cómo defendía eso de todos los hombres somos iguales aunque no lo seamos… Yo creí que habíamos perdido a Vargas Llosa para la literatura cuando se presentó como candidato a la presidencia del Perú, experiencia que fue un batacazo para su orgullo ya que votos, votos, pocos… Dio un discreto paso atrás y se refugió en cualquier ciudad donde pudiera escribir cuartillas en la mesa de un café.

Sea o no cierto, sí que le escuché una vez que su mecánica a la hora de ponerse a trabajar estaba marcada por un férrea disciplina. Lo que me desconcertó, quizá porque estoy acostumbardo a leer a escritores/as cuyas carreras literarias nunca fueron disciplinadas sino todo lo contrario… Pero nadie es perfecto aunque Vargas Llosa se empeñara en demostrar lo contrario.

El escritor peruano ha muerto y con él uno de los narradores más grandes que dio aquel boom del que formó parte. Pienso, con una mezcla de congoja y tristeza, que con su desaparición no solo pierde el mundo de las letras escritas en español a uno de sus últimos colosos sino que también hace tambalear la idea de que gente como Llosa, que uno creía inmortal hasta que alguien demostrara lo contrario, no lo era. O No lo fueron… aunque a partir de ahora, fallecido y llorado por su familia, amigos y lectores, sí que lo sea. Es decir, y sin miedo a que nadie me lleve la contraria, que Mario Vargas Llosa es inmortal y ahí, exactamente, estarán sus libros para demostrarlo.