La feria de las vanidades

Cualquier tiempo pasado fue mejor para la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Si pasearon la semana pasada por el Parque García Sanabria entenderán lo que escribo. Es verdad que nada más llegar me condiciona un conocido cuando hace el gesto de potar al cruzarnos (él sale y yo entro) en este maravilloso pulmón verde de la ciudad pero sé que no le falta razón aunque quien se mete metafóricamente los dedos en la boca para soltar lo que lleva dentro forme parte y sea responsable, precisamente, del triste desaguisado oficial en que se ha convertido este encuentro con los libros en la capital tinerfeña.

Y es que parece que no se quiere aprender de los errores. Este potaje soso en el que cabe de todo (volvieron a tener caseta los miembros de la asociación Brahma Kumaris pero sin la ruleta de las virtudes) y que se desparramó por el paseo de Domingo Pérez Minik y el paseo de la Rambla de Santa Cruz, arroja un saldo más que frustrante para los libreros pese a que haya librerías que aseguran que les fue mejor que a otras. Lo de las ventas me lo transmite uno de los libreros que está situado en la zona buena (el Paseo Pérez Minik), y que cuenta con un espacio amplio que no tiene nada que ver con el que está frente a la rambla de las tinajas. Recuerdo que el alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, promocionó hace ya unas semanas y en la rueda de prensa de esta Feria del Libro de andar por casa la disposición de las casetas en este nuevo espacio como una de las más llamativas novedades de la edición de este año.

En mi recorrido, veo en algunas de los puestitos a escritores/as que intentan pescar compradores de sus obras. Obras que si adquieren se las pueden llevar a casa con la firma del autor/a mientras sale el sol por entre las nubes. Quemé suela por la Feria el miércoles, el viernes, el sábado y el domingo. No así el jueves 1 de mayo que fue cuando abrió simbólicamente las puertas, coincidiendo con la apertura de las de flores y plantas, gastronomía y artesanía y que llevan celebrándose unidas hace unos años porque son las fiestas de mayo.

Lo que nadie explica de esta Feria en que se ha convertido la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, y lo escribe alguien que lleva asistiendo a ellas desde que tiene uso de razón (la primera que recuerdo se situaba en la plaza de la Candelaria), es observar cómo se ha triturado su espíritu. En especial porque el lector con lecturas (salvo honrosas excepciones) no encontró demasiados títulos interesantes en las casetitas donde se habían metido a los libreros pero sí demasiados nombres y títulos de los que más venden no por buenos sino por estar publicados en grandes grupos editoriales, más preocupados estos por las ventas que por la calidad literaria de las obras.

En cuanto a la programación paralela que propuso el Cabildo de Tenerife, aprecié cierta obsesión por traer invitados conocidos, aunque ponga en cuarentena el pedigrí literario de la mayoría. Entre los nombres: Espido Freire, Pablo Rivero, uno de los protagonistas de la serie Cuéntame reconvertido en autor de novelas de misterio y Alejandro Palomas… Milagrosamente, en esta lista lograron colarse las canarias Lana Corujo y Andrea Cabrera Kñallinsky, que sí han publicado obra lo que llevamos de 2025.

En el paseo que doy por el parque me planteo una pregunta que siempre me hago durante las últimas Ferias del Libro de Santa Cruz de Tenerife y es si de verdad se trata de una Feria del libro. Visto lo visto, NO. Lo que es una pena, porque si el alcalde de la capital tinerfeña y su concejal de Cultura, Santiago Díaz, hicieran un esfuerzo la Feria podría recuperar el alma que sí tuvo en el pasado. Algo parecido le debe de pasar a José Carlos Acha, consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, aunque él, y nos consta que bien asesorado, tuvo la brillante idea el año pasado de que el Cabildo volviera a implicarse con la Feria.

Como pasa con la de La Laguna, que es hoy la Feria de Tenerife, de la isla, ambos encuentros no se molestan demasiado por estimular la buena literatura, y sobre todo (lo que me parece extraño cogobernando la ciudad, el Cabildo y el gobierno una formación política que presume de nacionalista) que no estimule y promocione la presencia de escritores/as canarios. Sobre todo si se tiene en cuenta que lo que llevamos de 2025 está resultando ser un gran año para las literaturas canarias. Y en las que destacan más ellas que ellos. Y no me refiero, por supuesto, a esos inventos con ligero barniz feminista. El caso es que aprecio hostilidad (cada vez menos disimulada) hacia nuestros escritores/as en este tipo de encuentros.

En este sentido, ¿por qué no se invitó a más escritores y escritoras de aquí que cuentan con libros publicados este año? Cito a unos cuantos de memoria: Elena Correa, Manuel Jiménez Delgado, Luis Castañeda (al que sí vi, pero firmando ejemplares en una casetita), Rosa María Sosa, Alejandro Krawietz, Juan Cruz, Juan Manuel García Ramos, Víctor Álamo de la Rosa, Arantxa Rufo… Y la lista sigue. El caso es que una vez más se ha perdido la oportunidad de generar un encuentro que tome el pulso de la creación literaria en Canarias porque ya está la Feria del Libro de La Laguna (que se celebra en octubre) para invitar a los Gómez-Jurado y Carmen Mola de siempre. También a los youtubers que tienen legiones de aficionados que hacen cola para que les firmen sus últimos ¿libros?

Es una pena que las administraciones públicas canarias no se caractericen por su amor a la cultura. Y si esa cultura es de la tierra, que la espantada sea mayor. Creo que ya va siendo hora de quitarse prejuicios y estimular lo nuestro con el mismo entusiasmo con el que se estimulan los carnavales en esta capital de provincias que agoniza en soledad.

Este es el segundo año en que el Cabildo de Tenerife se involucra con la Feria tras desencuentros de años anteriores (la historia de la Feria del Libro está repleta de desencuentros) y uno celebra que la respalde de nuevo porque dio grima cuando le retiró su apoyo sin dar ningún tipo de explicaciones, algo tristemente habitual en las administraciones públicas canarias, y si éstas están vinculadas al mundo de la cultura, mucho más sangrante ya que parece ser que es la tónica habitual. Lo lamentable del caso, y que con enojo creciente me va devorando por dentro, es pensar en cómo se le escapó al Cabildo de Tenerife no haber aprovechado la ocasión para articular mesas u otras fórmulas para reflexionar y de paso rendir homenaje a la vida y la obra de dos escritores que nos dejaron en marzo pasado. Sí, me refiero a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. El primero, autor de una novela, Los puercos de Circe, que sigue ofreciendo un retrato de esta ciudad cuya Feria del Libro ningunea no por maldad sino por desconocimiento (lo que si me apuran es mucho peor) y el segundo un escritor y poeta del que faltan palabras para destacar su aportación a las letras españolas. El caso es que ninguno de los dos (y hay más nombres que por desgracia nos han dejado lo que llevamos de 2025 como Yolanda Arencibia y Brian C. Morris, entre otros) estuvo ahí. Y, sí, esto es indicativo de la falta de sentido y sensibilidad de quienes dirigen las políticas culturales del archipiélago.

Lástima la falta de reflejos del departamento que dirige el actual consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, en especial porque no hubiera supuesto demasiado esfuerzo haber organizado algo bonito en torno a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. Era su misión la de recordar a dos de los más grandes escritores que han surgido en las islas en los últimos tiempos. Pero se les fue el baifo. O se dejaron llevar por esa obsesiva tendencia de traer gente de fuera sin importar su calidad literaria. Lo que importa, en todo caso, es que sean famosos. O algo famosos. La idea es sacarse la foto. Y este año la que más posó con las autoridades fue Espido Freire que no es que sea una celebrity pero tu cara me suena

Por otro lado, es sangrante que el Gobierno de Canarias, que colabora también en esta Feria del Libro de andar por casa, se olvidara de recordar que este es el año de Alonso Quesada, de quien no vi absolutamente nada de nada en esta fiesta descafeinada con los libros que se monta a primeros de mayo en el García Sanabria.

Tengo la esperanza que la que se celebra en octubre (¿o es en noviembre?) en La Laguna sí recuerde rendir tributo a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. También a Alonso Quesada por la cuenta que les trae. La idea es recordar que este año se conmemora además el centenario de la muerte del autor de Insulario y Smoking Room. Pero mejor no hablar de la Feria del Libro que se celebra en La Laguna, y que se fue a la ciudad de Los Adelantados porque Santa Cruz de Tenerife no supo ni quiso que se quedara en la capital de la isla. Una pena de las gordas, en especial porque este mismo miércoles, 7 de mayo, José Manuel Bermúdez anunció en rueda de prensa que la ciudad que dirige y gestiona contará en 2027 con un centro Caixa Fórum, Caixa Fórum Tenerife, en las instalaciones del antiguo parque cultural Viera y Clavijo, el único que habrá en Canarias y que multiplicará la oferta cultural y educativa pero también de ciencia y tecnología en la ciudad, la isla y por extensión el resto del archipiélago.

Por otra parte, gran parte de los libreros con los que conversamos demandaron una Feria del Libro independiente de las de plantas y artesanía, tal y como fue en el pasado aunque hay otros que son partidarios de que sigan juntas pero no revueltas, algo difícil en el espacio en el que se desarrolla, el parque García Sanabria, que es una preciosidad pero demasiado pequeño y en el caso de los libros, con zonas de paseo muy estrechas.

Entre las novedades de este año, y al margen de los autores/as invitados, se usó por primera vez para la Feria del Libro el paseo que está frente a la Rambla de Santa Cruz (antes del general Franco) para ubicar quince casetas de libreros y editores de tamaño reducido con respecto a las que hubo en el paseo de Domingo Pérez Minik. Algunos libreros se quejaron, pero se resignaron porque no tuvieron suerte en el sorteo que hubo semanas antes para distribuirlos en ambos espacios.

La mayoría que ocuparon el paseo de la Rambla de Santa Cruz no estaban muy entusiasmados. Pocas ventas y atascos de personas en las horas puntas fueron en general las quejas que transmitieron a quien quisieran escucharlos.

Como no hay Feria sin su escándalo, o escandalito, este año el que dio la nota retirándose antes de la inauguración fue la librería Lemus, al parecer a disgusto por el lugar que les tocó en sorteo y que debe ser algo así como cuando vas a un restaurante y te ponen en la mesa que está al lado de los cuartos de baños.

Paseé a la deriva por el Parque García Sanabria preguntándome una vez más cómo lo que fue algo especial hace años ha terminado por convertirse en lo que es hoy… Una nadería. Entonces, recuerdo, la Feria del Libro se celebraba sin coincidir con las de las plantas, artesanía y gastronomía, y tuvo sus ambiciones. Hoy es nada. No entiendo por eso que el señor alcalde en vez de admitirlo, diga que es “más modesta que otras”, e insista en afirmar que pese a su modestia, haya logrado una mayor afluencia de visitantes, que no es lo mismo que de ventas, que permanecen igual o peor que en la edición de 2024.

En fin, que la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife hace tiempo que dejó de ser un poema (notable por otra parte la prácticamente ausencia de poetas canarios o residentes en Canarias en este encuentro) para convertirse en esa cosita provinciana que es hoy. Inconcebible para una capital que dentro de unos años contará con espacios culturales para dar y regalar si el ritmo de las obras es calculado. Y no me refiero solo a la apertura en 2027 de Caixa Fórum Tenerife, sino también del antiguo templo masónico en la calle de San Lucas; el teatro Baudet, que no creo que vea finalizado en vida y otros espacios hoy vacíos y abandonados que no se me permite revelar.
Sí que me llama la atención la fobia por invitar a escritores canarios (muchas, ya que son más ellas que ellos) y apostar por peninsulares cuya calidad literaria dejo en cuarentena.

A modo de final, y reconociendo la ayuda que presta el Cabildo de Tenerife para diseñar un programa de encuentros con escritores, el de este año fue muy irregular. Como si se hubiera hecho deprisa y corriendo. Ha sido muy triste, además, el olvido de rendir tributo a Andrés Sánchez Robayna y Luis Alemany en la Feria. En el caso de Alemany por ser autor de una de las mejores novelas que se han escrito sobre Tenerife y sobre la capital tinerfeña: Los puercos de Circe. Si la leen, entenderán las vanidades y los vicios que como sociedad siguen arrastrando los tinerfeños y en especial los santacruceros.

NOTAS TOMADAS A PIE DE CALLE

* La librería Lemus, que en un principio iba a formar parte de la Feria, se retiró a última hora tras conocer el resultado del sorteo.

* Ha resultado significativo el poco peso que han tenido los narradores/as canarios en esta Feria del Libro. También es de destacar que los que sí estuvieron –salvo el honroso caso de Andrea Kñallinsky y Lana Corujo– y participaron en los encuentros Vis a Vis (la imaginación ha muerto) ninguno tuviera obra publicada lo que llevamos de 2025.

* ¿Cómo se explica que el Cabildo Insular olvidara en su programación rendir homenaje a dos gigantescos escritores canarios fallecidos en marzo de este mismo año: Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna?

* Una petición al Ayuntamiento de la capital tinerfeña y es que vayan pensando en ampliar los espacios para que el paseante pueda disfrutar de los libros expuestos sin enojosas estrecheces. En las casetas que daban a la rambla, su tamaño resultó enojosamente pequeño.

* Uno de los chismes más comentados en la Feria giró en torno a la presunta celebración por parte del Cabildo Insular de un cóctel en el hotel Mencey con los escritores peninsulares y algunos de los canarios del Vis a Vis pero no con los libreros y editores que hubiera sido lo lógico. Creo que se trató de un bulo, ya que conociendo a Acha, sería el primero en desaprobar este piscolabis.

Saludos, esto va de mal en peor, desde este lado del ordenador

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