Laura Ferrero: “Escribir es vivir dos veces”

A Laura Ferrero Carballo (Barcelona, 1984) le encanta escribir en los aviones, en los trenes, en cualquier vehículo que esté en movimiento. Le ayuda a mantener la concentración sobre lo que escribe mientras recomienda leer, o volver a releer, según los casos, a escritores del tamaño de Raymond Carver, maestro del relato corto que cuenta con un libro que no se cansa de recomendar a quien quiera escucharla: Catedral.

Los astronautas (2023) sigue siendo su última novela aunque son muchos los aficionados que esperan un nuevo título que agregar a la todavía reducida pero muy compacta bibliografía de una escritora que es periodista, editora freelance y desde hace un año madre, lo que ha cambiado su manera de entender a la familia.

La familia es la gran protagonista de Los astronautas, donde explora con carácter autobiográfico la suya, ya que es hija de una de las primeras parejas que se acogieron al divorcio cuando se volvió a legalizar en España. De todo esto habla en esta novela, en la que se cruzan relatos de cosmonautas que le sirven de metáfora para narrar esta historia que es en gran parte su propia historia.

-¿Cuándo nace en usted el deseo de ser escritora?

“Yo creo que uno tarda toda una vida en responder a este tipo de preguntas. En mi casa no había ningún libro aunque en la de mi abuelo se encontraban las recopilaciones de los premios Nobel de Literatura pero estaban ahí más por decoración que por otra cosa. Que recuerde, en mi casa nadie leyó jamás más allá de alguna novela romántica que pude haber visto en la mesita de noche de mi madre así que por ahí no nació mi interés y posterior dedicación a la escritura, que he llegado a considerar como una manera de estar en el mundo. Es decir, que para mi escribir es vivir dos veces”.

-¿Y eso por qué?

“Porque me entiendo mejor a través de las palabras. Pienso que la vida la vivimos en directo y no tenemos la pausa que sí tengo cuando me siento a escribir y en la que cuento a veces con la distancia suficiente para ordenar ideas y procesarlas de otra manera. Creo que esta distancia, al menos en mi caso, es como necesaria para entenderme. De hecho, tengo historias que escribí a los 10 años. Después los diarios y los cómics que hacía en el colegio. Siempre, de alguna manera, estaba como creando cosas respecto a mi propia vida y muchas veces las que no me gustaban en la vida real les daba otro final”.

-Luego comienza a escribir para fabular.

“Sí, de alguna manera fabulaba la realidad y le daba un final que me gustara o que me pareciera mejor”.

-Y llegamos a Los astronautas, ¿cuál es el origen, la semilla de la novela?

“El origen de Los Astronautas es completamente autobiográfico. Hace cinco años, y coincidiendo con San Esteban, el 26 de diciembre, estábamos todos en casa de mi tío, que le regaló a mi padre con motivo de su 60 aniversario un álbum de fotos. Y empecé a pasar las páginas de aquel álbum y contemplar las imágenes. Imágenes de su comunión, de su servicio militar. Ahí estaba la vida de mi padre hasta que llegué a una fotografía que me dejó completamente en estado shock: se trataba de una fotografía mía, en la que tendría un año y medio y estaba con los dos, mi madre y mi padre y lo que para cualquiera debería de ser algo más o menos normal, en mi caso no lo fue porque hasta ese entonces nunca jamás había visto una foto de mi familia. Mis padres se separaron cuando tenía un año y medio y desde entonces pasé una buena parte de mi vida pivotando entre la familia de mi madre y la familia de mi padre, lo que significó que no tuviera ninguna familia que considerara propia pero al ver aquella imagen me cambió el relato”.

-¿Le cambió qué relato?

“El relato de mi vida. Es decir, ¿qué me había pasado? Porque yo no había visto nunca esa imagen. Y me pregunté ¿qué le pudo pasar a esa pareja que eran mis padres? Y de ahí a Los astronautas, que a mi me hubiera encantado que se llamara Mis Padres y fuera una novela autobiográfica”.

-¿Y qué ocurrió?

“Que empecé a entrevistar a mi madre, a mi padre, a sus parejas actuales. Y cada uno de ellos me contó una historia muy interesante aunque se trataban de versiones completamente contradictorias. Y yo pensaba, si sigo por ahí, voy a morir porque era un poco a lo quién es quién y paré la novela cuando pensé que llevaba viviendo toda una vida esperando que alguien me contara la verdad o, al menos, de que encontrara un relato que yo pudiera contarme. Y eso es Los Astronautas, no una historia que se llama Mis Padres”.

-Leí en alguna parte que dijo que hablar de La Luna era la manera más directa para explicar a su familia.

“Creo que la literatura se vale siempre de rodeos y necesitaba de la fantasía, de la imaginación para dar ese rodeo. Y ese rodeo fue la conquista espacial. Cuando vi las primeras imágenes del alunizaje y de los astronautas descendiendo de la nave, cómo paseaban por la superficie dando saltitos y que al rato como que se aburrieran y se pusieran a contemplara la Tierra pensé que a pesar de irnos lo más lejos posible para mirarnos desde fuera siempre queremos volver. Y esa idea es la que me sirvió para narrar a mi familia pero no tengo la información de lo que pasó pero sí que he encontrado la manera de irme lejos para entender desde la distancia historias que no tenían nada que ver conmigo”.

-¿Como por ejemplo superar la separación de sus padres?

“Bueno, hay algunas hipótesis pero yo creo que fue por el paso del tiempo y porque se sentían muy solos”.

-Y cuenta ese proceso a través de Los astronautas.

“Hay una historia en toda esta investigación de Los Astronautas que es la de Sergéi Krikaliov, a quien enviaron al espacio aún existiendo la URSS para reparar la MIR y estando allí, en la estación espacial, la URSS dejó de existir. Es decir, que se quedó en órbita flotando en una especie de limbo sin que nadie le dijera lo que estaba pasando en tierra. Y me imagino a ese pobre hombre y su tremenda soledad. Solo en el espacio, sin saber que ya no existía el país del que partió y conoció. Y si bien no sé qué le ocurrió a mi madre, sí me iba a entender con Sergéi Krikaliov porque su experiencia me aproximó a lo que tuvo que sentir mi madre y esa es la idea de la metáfora del libro: el que hay que ir lejos para regresar”.

-Hay una frase en el libro que me gusta mucho y dice así: la memoria nos salvó de la muerte. ¿Cómo nos puede salvar la memoria de la muerte?

“Estamos habitados de historias y lo que más nos gusta es contarnos esas historias. Lo hacemos para sobrevivir. Y si bien las versiones que cada uno nos contamos son probablemente autoengaños, necesitamos creer que así sucedió. Y sí, quizás las historias no nos salven de la muerte pero un poco sí ya que nos salva de aceptar determinadas cosas que quizás no podríamos ni querríamos asumir”.

-Insiste en que la novela no es autobiográfica pero sí que está basada en hechos autobiográficos.

“No había hecho antes ninguna incursión en el género autobiográfico y jamás volveré a hacerlo. Me ha resultado muy costoso, muy difícil escribirla porque mi familia no quería y eso me planteó un dilema ético, a preguntarme ¿tengo derecho a contar una historia que los demás no quieren que cuente? Me resultó muy difícil encontrar un equilibrio entre contar la historia que quería contar y no hacer daño a nadie porque si escribía una novela y le hacía daño a mi madre, prefería no escribirla así que el género autobiográfico definitivamente no es para mí”.

-¿Y cómo le gustaría que calificasen la novela?

“A mí me gusta lo fragmentario porque me entiendo mejor por fragmentos y Los astronautas es una novela que tiene una parte autobiográfica y otra que se mueve mucho entre géneros ya que incluye partes que son de ensayo. No me molestaría que la calificasen como una novela de constelación porque es algo como más abierto, como formado por muchas partes distintas cada una de ellas. Y esto último me encaja mucho más en lo que creo que es Los astronautas”.

-Una curiosidad, ¿los personajes que aparecen en la portada del libro son tus padres?

“Me hubiera encantado poner la foto en la que se basa la historia pero se lo pregunté a mi madre y me respondió que ni se me ocurriera y no hubo manera de convencerla. Ni tapando las caras. La fotografía de la portada es de una familia que encontré por Internet aunque decidí que la niña fuera yo. Pero claro, había que darle unos padres a esa niña y comenzó un proceso muy interesante, casi psicoanalítico, de buscar unos padres. La imagen del padre está basada en un astronauta y la de la madre en una actriz, Sally Field, de joven. De alguna manera, esa fotografía, que es una ilustración, es la explicación de lo que es la historia de Los astronautas: la de una niña que soy yo y eso es lo más verdadero que hay en este libro. Una niña, además, que tiene dos padres: el nuevo marido de su madre y su padre natural así que lo que hace es adueñarse del relato porque la pobre niña cuyo padre biológico no va a buscarla jamás al colegio miente a sus compañeros cuando les dice que no puede ir a recogerla porque está en Houston porque trabaja de astronauta. Y la niña empieza a dejar de ser víctima para convertirse en heroína. Es lo que decía antes: nos contamos historias para poder sobrevivir y esa primera mentira es la mentira que utiliza la niña para adueñarse de su propia narrativa”.

-Antes comentaba que la experiencia de escribir esta novela le ha resultado agotadora y que no piensa volver a escribir una novela de este tipo pero ¿le sirvió de alguna manera de catalizador?

“Sí, yo creo que esta novela es la novela que he estado escribiendo toda la vida y que mi vida cambió de ahí en adelante porque nunca tuve un álbum de fotos como tuvo la mayor parte de mis amigos y esto es lo más parecido al álbum de fotos que hubiera tenido y que es mi historia, que es una historia real que se ajusta a la realidad, a los datos, pero que es mi historia. Una historia en la que aparecen mis padres, mi hermano… Es como otorgarme una historia, no a mi medida, pero casi. De alguna manera, necesitaba rellenar ese vacío. Este libro me ha cambiado la vida, por eso insisto que dudo mucho que vuelva a escribir otro así”.

-En la novela cuenta que sus padres no se enteraron el 23 de febrero de 1981 de lo que estaba ocurriendo en el Congreso de los Diputados. ¿Es ficción o realidad?

“Lo del 23-F es algo que a mí me maravilla porque cogió a mis padres esquiando y no se enteraron hasta tres días después de lo que pasó y como estudiante de periodismo ese tipo de cosas tan importantes que no las hubieran vivido me decepcionó porque, por otra parte, no hubo manera de tirar del relato, ni siquiera para relacionarlo con el momento histórico que mis padres estaban viviendo”.

-¿Y su recelo a Galdós?

“Es una fantasía mía de niña. ¿Sabes de los típicos gotelés de la pared? Son terribles, pero bueno, en mi casa teníamos gotelés y yo veía formas dibujadas y me imaginaba cosas, y una de esas cosas era un hombre con bigotes que me recordaba al señor de los antiguos billetes de mil pesetas: Benito Pérez Galdós”.

-La novela está dedicada a Cuqui y un pajarito me ha dicho que lo de Cuqui tiene truco. ¿Es verdad?

“Cuqui es el nombre que me puse cuando tuve cinco o seis años”.

-¿Para reconstruir el pasado familiar quién fue su mayor fuente de información?

“La única persona que tenía memoria, que de alguna manera se acordaba de cosas que le habían ocurrido a mis padres fue mi tía María. Cuando comencé a escribir el libro, conversé mucho con ella y me comentó que siendo yo muy pequeña entré en el salón y dije muy decidida que a partir de ahora quería que todos me llamaran Cuqui. Salvo mi tía María, los demás no me hicieron caso pero me parece muy bonito su gesto, que un adulto reconociera en un niño el deseo de ser otra persona. Por desgracia, mi tía falleció en el proceso de escritura del libro y no llegó a verlo publicado”.

-Una vez publicado, ¿sabe qué miembros de su familia lo han leído y que les ha parecido?

“A mí me va muy bien hablar y llamar las cosas por su nombre. Sin embargo, puedo decir que mi padre no ha querido leerlo así como parte de la familia porque les resulta incómodo enfrentarse a determinadas cosas que uno no quiere ver ya que es más fácil vivir sin mirarlas de frente. En el libro reproduzco una frase de Michael Herr, que fue corresponsal de guerra en Vietnam y que es autor de Despachos de guerra, que a mí me gusta mucho, en la que dice que “somos responsables de lo que vemos” y que yo reinterpreto como somos responsables de lo que vemos pero sobre todo responsables de lo que no queremos ver”.

-Dice que su padre y algunos miembros de la familia no han querido leer el libro pero ¿y su madre?

“Sí, mi madre sí lo ha leído pero sabía qué cosas no quería que escribiera. El primer manuscrito se lo envié y pensé que me iba a decir cualquier cosa y estaba como aterrorizada, y la verdad es que no. Simplemente me dijo que le daba mucha pena que hubiera tenido que escribir el libro, pero que me entendía”.

-¿Cree en la familia que uno escoge? Dicen que los buenos amigos hacen otro tipo de familia.

“Hay cosas que pasan en la vida y si pasaron mal, tienes que hacer algo, probablemente para darle un sentido. Yo creo que los amigos son una familia elegida, claro que sí, lo que pasa es que cuando has tenido una familia castrante no la sustituye nada porque hay que hacer un esfuerzo por solucionar ese problema que arrastras. La familia para mi es el lugar y la casa es donde está el corazón. Y mi madre es eso: familia y corazón. Ahora que tengo una hija para mí es como que la familia ya no va solo hacia arriba sino que de repente es una línea que también me une a la tierra. En este sentido, para encontrar a la familia muchas veces tenemos que renunciar a la idea que nos habíamos construido de ella. Que es algo que a mí me ha costado entender y más en este país, donde la familia siempre ha sido como muy sagrada, intocable”.

-Los tiempos van cambiando.

“Bueno, no sé si poco a poco pero es verdad que empiezo a apreciar que en este país esa idea de alguna manera, y no sé si es correcto decir esta palabra, se ha deteriorado o por lo menos transformando. Quiero pensar que sí, pero en este libro de Los Astronautas se aborda todo el asunto de los primeros divorcios en España. Mis padres se divorciaron en 1985 o 1986, no me acuerdo. Y yo fui la única niña en el colegio cuyos padres estaban divorciados. No tuve referentes, así que lo que hacíamos en esa época los niños que teníamos padres divorciados era no contarlo o contábamos, por ejemplo, las ventajas de serlo, que era recibir doble regalos en tu cumpleaños o el día de Reyes”.

-¿Tuvo un plan preconcebido cuando escribió Los Astronautas o como comentó, la escribió a trozos, como una constelación?

“No sabía a dónde quería llegar. El problema de la escritura autobiográfica es que tienes una parte autobiográfica que es orgánica, que va muy pegada a tu vida y durante el proceso de escritura mi madre se puso muy enferma y dejé de escribir el libro porque para mí era mucho más importante estar a su lado”.

-Has sido madre recientemente, ¿le ha cambiado su percepción de la familia?

“Completamente, pero sobre todo haber escrito este libro y haber reflexionado tanto sobre lo que es la familia me hizo pensar cómo quería construir la mía. Me equivocaré en muchas cosas, como se equivocan todos, pero trataré de hacer lo mejor porque creo que lo que a mi me ocurrió fue no saber. Y la incertidumbre para un niño es muy complicada”.

Saludos, una alianza nueva y eterna, desde este lado del ordenador

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