Manuel Jiménez Delgado: “En el Sáhara se hicieron las cosas bien pero todo salió mal”

Entre los referentes literarios de Manuel Jiménez Delgado (Adeje, 1971) se encuentran escritores rusos como Aleksandr Solzhenitsyn, Ayn Rand y Vasily Grossman así como los españoles Arturo Pérez Reverte y Alberto Vázquez Figueroa, a quien le agradece, aunque “hace mucho tiempo que no lo leo”, los buenos momentos pasados. De ahí su reconocimiento ya que gracias a Vázquez Figueroa dio el paso de la literatura juvenil a la adulta.

Manuel Jiménez presenta ahora Negra sangre del Sáhara, una novela rabiosamente negra que localiza en 1961 en El Aaiún, y que protagoniza el comisario de la Policía Nacional de la antigua provincia española, Fernando Ramírez de Viedma, que ya apareció en un título anterior del escritor: Siroco, 1957.

Manuel Jiménez es autor también de Y las cartas dejaron de llegar, así como de tres novelas que se desarrollan en futuros apocalípticos.

- Repite personaje, el comisario Fernando Ramírez de Viedma, en Negra sangre del Sáhara.

“Sí, repito novela con Fernando Ramírez de Viedma. Y también repito con el personaje femenino, que en Siroco, 1957, aún no es su esposa aunque sí en Negra sangre del Sáhara”.

- ¿Cómo se le ocurrió?

“Quería un personaje que estuviera ambientado en los años 50 del pasado siglo XX y tenía que ser policía y arrastrar el peso de lo que significó ser policía en aquellos tiempos. Fernando Ramírez de Viedma fue espía durante la Guerra Civil y ahora se ha reconvertido en comisario. Es un policía intuitivo que tiene un don, un don para coger mentiras más que el de ser un experto investigador. Quise hacer una versión de los detectives norteamericanos de aquellos años pero con características muy españolas. En Siroco, 1957, es un hombre solitario pero en la segunda, Negra sangre del Sáhara, se ha convertido en padre de familia pero sin dejar de ser el hombre duro pero con estilo español que quise desde el principio”.

- ¿Cómo se le ocurrió el nombre de Fernando Ramírez de Viedma?, ¿viene de algún sitio?

“No, el nombre surgió por casualidad aunque escogí el Ramírez por el personaje que interpretaba Pepe Sancho en la serie de televisión Cuéntame, donde encarnaba a Pablo Ramírez Sañudo, pero prescindí del Sañudo por el Viedma porque siempre me gustó ese apellido que a mi me suena bien. En cuanto a llamarlo Fernando la verdad es que al principio el nombre iba a ser Francisco pero lo deseché porque hay demasiados personajes reales con ese nombre vinculado al Sáhara”.

- ¿Y cómo lo describiría?

“Como un hombre muy duro. Tremendo en su trabajo y algo desalmado aunque en su casa es un esposo ejemplar que tiene su lado oscuro. Oscuridad que le viene marcada por un hecho pasado durante la Guerra Civil, donde estuvo en el lado franquista aunque casi de casualidad. Es un hombre atrevido que luchó con los nacionales pero que nunca mantuvo un compromiso ideológico claro. Eso sí, si la ocasión lo requiere no pestañea en torturar a los detenidos. No es igual pero casi es una especie de Harry el sucio a la española o un Germán Areta, el ex policía y ahora investigador privado de El crack, de José Luis Garci”.

- ¿Se inspiró para concebir a Fernando Ramírez de Viedma en el Falcó de Arturo Pérez Reverte?

“He leído las novelas de Falcó pero quise darle un toque distinto a mi personaje. Falcó es un solitario y yo pretendí que mi protagonista tuviera cierta ambivalencia. Es decir que como policía es duro como una roca pero tiene también una familia que es lo que de verdad le motiva a seguir adelante. En todo caso, me ha gustado desde siempre las novelas de Arturo Pérez Reverte”.

- ¿Habrá una tercera novela con Fernando Jiménez Delgado?

“La tengo escrita y está basada en un hecho que forma parte de la experiencia vital de Alberto Vázquez Figueroa en el Sáhara y en la que aparece un barco ruso. La novela está ambientada en 1964 y se desarrolla también en El Aaiún, pero sobre todo en la costa”.

- El Aaiún es uno de los grandes protagonistas de Negra sangre del Sáhara, ¿conoce la ciudad?

“No, la verdad es que nunca he estado en el Sáhara pero he visto muchos documentales de la época porque de El Aaiún actual, del que también he visto cosas, me han comentado que salvo la catedral que está prácticamente en ruinas, poco se conserva de la etapa española. Los documentales son películas sobre todo caseras porque no he encontrado ninguno específico que tratase de El Aaiún español. He leído muchos libros también. Muchos de ellos escritos por canarios”.

- Entiendo entonces que su interés por El Aaiún es solo literario.

“Es un interés literario porque su historia es fascinante. En especial porque el Sáhara fue una provincia española y El Aaiún una ciudad que se construyó desde la nada y en donde el 80 por ciento de la población civil fue canaria. He estado estudiando también la independencia de Guinea en 1967-1968 y su historia es asombrosa y está vinculada a Canarias porque operó una aerolínea, Spantax, con sede en Madrid aunque su base principal estaba en Gran Canaria. Esta aerolínea fue pionera en los vuelos interinsulares además de viajar al Sahara y a Guinea Ecuatorial, y son datos que si no se dan a conocer terminan devorados por el paso del tiempo.”

- Es autor de Y las cartas dejaron de llegar, sobre un adejero que parte voluntario a Rusia con la División Azul mientras que el protagonista de Siroco, 1957 y Negra sangre del Sáhara es un comisario que trabaja en la policía franquista. La pregunta es ¿por qué los protagonistas de sus novelas históricas son del bando que ganó la Guerra Civil y no del que la perdió.

“Algunos lectores me han planteado lo mismo y mi respuesta es que en el bando que ganó la Guerra Civil también hubo gente que tuvo familia. El protagonista de Y las cartas dejaron de llegar es un chico normal de Adeje que se enrola en la División Azul porque para él es una aventura pero tiene la idea de vengar a su hermano seminarista al que fusilaron los primeros días de la Guerra Civil en Madrid. A él le tocó vivir en el lado de los que ganaron la Guerra pero podrían haberla perdido. En Fernando Ramírez de Viedma pensé al principio que fuera detective privado pero no cuadraba en un sitio como El Aaiún que estaba muy militarizado. No sé si como personaje del bando que perdió la Guerra Civil hubiera tenido más interés para que la novela se publicara pero me salió así. Fuera de España esas cosas se toman con la cabeza fría pero aquí se sigue viendo casi todo en blanco y negro”.

- Creo que Negra noche del Sáhara se iba a titular Petróleo.

“Sí, Petróleo, 1961. Tenía ganas de escribir sobre el Sáhara y sobre el secuestro de unos trabajadores de una prospección petrolífera por un comando marroquí. Los fosfatos comenzaron a explotarse en la década de los 70. Vino después de la búsqueda de petróleo en el Sáhara, y con tal fin se dividió el territorio en parcela para que lo explotaran las empresas pero sucedió que el petróleo que se encontró era de mala calidad y coincidió con el descubrimiento de yacimientos en Libia y Argelia y en el Mar del Norte y las compañías dejaron de tener interés por explotar el que se encontró en el Sáhara. Conseguí durante la investigación un mapa de las prospecciones, y muchas de ellas estaban prácticamente pegadas aunque el comando terrorista solo secuestró al equipo que aparece en la novela. El caso es que este mapa era secreto por lo que ¿cómo sabía Marruecos de su existencia?”

- ¿No ha pensado en escribir una novela que transcurra durante la descolonización del Sáhara?

“La veo lejana aunque es un tema muy interesante, sobre todo la Operación Golondrina, que fue la misión encargada de sacar a toda la gente que había en el Sáhara, y cómo la población pensó que nunca iban a salir de allí. Me intriga mucho también la relación de Argelia con el Polisario…”

-¿Tiene clara la idea cuando escribe o se deja llevar por la improvisación?

“Primero me documento y voy adquiriendo conocimientos que es probable que no use pero que ya conoces y después hago una especie de andamiaje de lo que quiero contar, cómo se llega a esa situación y escribo un arranque previo a la historia y más tarde una parte para que el lector piense que se trata de eso y la desarrollo aunque la trama, mientras escribo, pueda cambiar”.

- Desconocía el secuestro del equipo que trabajaba en esa prospección del Sáhara español y conocía pero poco, el secuestro del trasatlántico Santa María.

“Es sorprendente la actitud que tiene España, la dictadura, con Marruecos y sí, es muy interesante también la historia del Santa María, un trasatlántico que fue secuestrado por un comando del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) en el que se encontraban también republicanos españoles en enero de 1961. El destino del barco era Santa Cruz de Tenerife, y es un caso que da material para una sola novela. A medida que vas aprendiendo cosas te das cuenta que muchos momentos interesantes de la historia han sido comidos por la misma historia como la influencia comunista que penetró en Argelia y su relación con el Sáhara así como las conexiones de la Organización del Ejército Secreto (OAS) con gente muy importante pero que ya no trabajaba para el régimen de Franco como Ramón Serrano Suñer”.

- ¿Qué documentación consultó para los dos libros que protagoniza Fernando Ramírez de Viedma?

“Lo que más busqué fueron periódicos y libros que trataran sobre el asunto, muchos sobre la guerra de Ifni para Siroco, 1957; y luego otros para conocer la vida cotidiana en el Sáhara español pero por desgracia no hay muchos. Está El Dorado bajo el sol: canarios en el antiguo Sáhara español, de Beatriz Andreu Medeiro, y alguno más. Compaginé estas lecturas con estudios sobre la década en la que desarrollo las novelas que, en las dos que protagoniza Fernando Ramírez de Viedma, son los 50 y 60”.

- ¿Cuál es su opinión sobre la presencia española en el Sáhara español?

“En el Sáhara se hicieron las cosas bien pero todo salió mal. Se hizo bien para los españoles que estuvieron allí. Los canarios estaban en condición de igualdad con los demás españoles pero no los saharauis. A los canarios como a los peninsulares se les dieron toda clase de facilidades y muchos progresaron. Se vivía en una zona militarizada que se desarrolló bastante. Cuando Marruecos llega a El Aaiún la población de la ciudad rozaba los 60.000 habitantes, así que era un lugar próspero que terminó como terminó porque, al fin y al cabo y visto desde ahora, tarde o temprano el Sáhara iba a dejar de ser provincia de España aunque los saharauis tuvieron mucha parte de la culpa que no fuera así ya que desestabilizaron la zona al no aceptar las medidas de España, lo que entiendo pero actuando de otra forma es muy probable que el Sáhara hubiera terminando convirtiéndose en una república independiente”.

- ¿Está trabajando en alguna nueva novela?

“Estoy mirando cosas sobre los últimos diez días de la Guerra Civil en Madrid pero es un tema gigantesco. Me gustaría que apareciera de joven Fernando Ramírez de Viedma. En Siroco, 1957, narro el trauma que sufrió durante la Guerra Civil pero me gustaría que apareciera en ésta también y contar la historia en clave de novela negra”.

- Le tiran esos años.

“Me interesa esa época, que aún resulta cercana a nosotros y a la vez es como si se tratara de un planeta distinto. Lo mismo pasa cuando ves películas neorrealistas españolas, donde lo que observas es otro país, y cómo ese mismo país fue progresando y se convirtió en lo que es en la actualidad. Son décadas raras: la dictadura de Franco, la Guerra Fría, el aislamiento internacional de España…”

- Pero entiendo que a usted no le interesa de momento escribir novelas sobre la actualidad.

“He pensado escribir una ambientada en los años 90, década que ya va quedando atrás, y sería sobre el boom del turismo. Tendría algo de negra y policíaca”.

Saludos, lean, carajo, desde este lado del ordenador

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