Negra sangre del Sáhara, una novela de Manuel Jiménez Delgado

Desconocía hasta Negra sangre del Sáhara (Almuzara, 2025) la existencia de Manuel Jiménez Delgado, un escritor tinerfeño que vive en Adeje, donde trabaja en su Biblioteca Municipal y que lleva varios años dedicado también al arte de la literatura sin hacer demasiado ruido, dejándose conocer entre sus lectores antes que convertirse en una estrella de provincias mediática. O al menos, en un escritor que asoma muy de vez en cuando la cabeza en los medios para decirle al mundo que escribe. Por fortuna, Manuel Jiménez es de los que sabe que el escritor es aquel que se hace, es decir, el que dedica gran parte de su tiempo a escribir historias. E historias son las que escribe, y tan sorprendente la que he descubierto tras la lectura de Negra sangre del Sáhara, que ya estoy buscando sus títulos anteriores. En especia l Siroco, 1957, que es la primera novela en la que aparece Fernando Ramírez de Viedma, comisario jefe para la provincia del Sáhara español, marcado por muchas cicatrices, y que combatió del lado de los nacionales durante la Guerra Civil.

En Negra sangre del Sáhara se nos explica un poco de donde viene este hombre, que ya aparecía en Siroco, 1957, aunque lo desarrolla en esta nueva novela que transcurre en El Aaiún en el año de 1961 y que mezcla varios géneros como es la novela policíaca con la de espionaje y aventuras. Tres formas de contar historias que pueden ir paralelas pero que también admite que se crucen.
En el caso de Manuel Jiménez Delgado, en un título que a medida que se va leyendo descubre la realidad de lo que una vez se conoció como Sáhara español, describiendo su capital, El Aaiún, como una ciudad que se encontraba por aquel entonces en pleno desarrollo, y en la que la comunidad española (mayoritariamente canaria, por cierto) convivía con la saharaui antes de que España cediera de manera tan indigna el territorio a Marruecos.

Pero Negra sangre del Sáhara no es solo una novela política sino una novela histórica. La acción está trufada de referencias a la situación que se vivía entonces en esta “provincia” española, pasajes en los que se aprecia la sobresaliente capacidad que tiene el escritor para describir el ambiente de una ciudad y sus alrededores con una pericia que desarma. Y lo hace tan bien que parece, de hecho, que el escritor conoce de lo que habla cuando no es cierto. Que sepamos, Manuel Jiménez no ha puesto jamás un pie en aquel territorio aunque lo conoce con pelos y señales tras dedicar más de un año a documentarse en torno a la historia y la geografía de un espacio del que se tiene tan poca noticia. Y que ha sido tan extrañamente ninguneado por la literatura española.

Conozco de hecho y con anterioridad a la novela de Jiménez Delgado, dos títulos que como el escritor que ahora nos ocupa, son también canarios como Emilio González Déniz, autor de Sahara y Las tres tes, de Carlos Gutiérrez Robayna, esta última también un policíaco que se desarrolla durante el proceso de descolonización del Sáhara español y que tiene cierto aire a La noche de los generales, de Hans Hellmut Kirst, y que a mi me sigue pareciendo una potentísima novela negra que completa un arco cronológico sobre la presencia española en ese territorio con Siroco, 1957 y Negra sangre del Sáhara, proporcionando una atractiva y literaria visión de conjunto en la que quizás lo que más interese es como se retrata la vida de los españoles que apostaron vivir en tierras tan desoladas aunque ricas, se suponía, en petróleo y fosfatos.

El petróleo, y de ahí lo de negra en el título de la novela, tiene un protagonismo importante, tanto, que como pasa en todas las novelas históricas da pie al escritor para contar casos reales que a uno se le antojan ficticios como fue el ataque perpetrado por un comando marroquí a una de esas instalaciones sin que jamás lo admitieran las autoridades españolas. En esta reclamación primeriza por el territorio y por la posible existencia de oro negro bajo el desierto, se articula un relato que da saltos en el tiempo para que el lector tome conciencia de un periodo que no fue tan pacífico como la propaganda franquista vendió al pueblo español en aquellos años. El escritor sitúa otros capítulos del libro en aquel Madrid rodeado por el ejército rebelde en abril de 1937 y en la que aparece el protagonista muy joven, trabajando en las sombras y al servicio de lo que se conoció como quinta columna, y el secuestro del trasatlántico Santa María por un comando terrorista al mando del exmilitar portugués Henrique Galvao, y en el que se encontraban unos pocos republicanos españoles.

Este último hecho tiene importancia en el desarrollo posterior de la novela, en una trama que termina por complicarse cuando aparecen miembros que pertenecen a la OAS (Organización del Ejército Secreto) y que defendían una Argelia francesa; ricos empresarios y militares que Manuel Jiménez Delgado sabe mezclar con la habilidad de un orfebre y, lo que es más importante, dar credibilidad con el retrato que hace de un tiempo tan extraño como el que se vivió aquellos años. Se encuentra en esta tormenta de intereses un personaje, Fernando Ramírez de Viedma, que en su papel de comisario tiene las ideas claras aunque la cabeza algunas veces vaya de un lado para el otro porque está casado y a punto de ser padre. Viedma no es un hombre del régimen pero tiene muy claro para quién trabaja. En este sentido, no ahorrará esfuerzos por encontrar al culpable o culpables, echando mano (cuando las circunstancias lo requieren) de la violencia policial. Manuel Jiménez lo describe como una especie de Harry el sucio, solo que habla español y no lleva, por supuesto, un revólver Magnum. Tampoco creo que le hiciera falta. Si algo tiene este personaje tras la pátina de hombre duro es la de un hombre tierno y amante de su familia. En este aspecto, sería capaz de sacrificarlo todo si alguien le hiciera daño a los suyos.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo una novela. Probablemente porque me gusta la combinación de novela negra con la histórica. Y cuando el periodo se desarrolla en una provincia española que ya no existe como fue el Sáhara español, tanto mejor, sobre todo cuando Negra sangre del Sáhara está no ya solo bien escrita sino tan generosamente trabajada para dar credibilidad a un relato que nos recuerda otro tiempo que no tuvo que ser necesariamente mejor.

Saludos, aire africano, desde este lado del ordenador

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