Archive for Mayo, 2025

La librería del Cabildo de Tenerife reabrirá sus puertas en otoño de 2025

Jueves, Mayo 15th, 2025

La librería del Cabildo de Tenerife lleva cerrada desde febrero del 2020 sin que la institución insular haya dado ningún tipo de explicación que justificara la razón de haber tomado esta decisión. A lo largo de estos cinco años, su reapertura se ha convertido en uno de los principales caballos de batalla de este su blog El Escobillón, a la espera primero de una respuesta que explicara razonablemente el por qué de su cierre y segundo informara de qué pasó con todo el fondo bibliográfico que guardaba. Como es habitual en las administraciones públicas canarias, se dio la callada por respuesta, situación que llegó a un punto muerto cuando nos obligaron a confinarnos tras la crisis de la Covid-19. El caso es que cuando poco a poco volvimos a recuperar la normalidad, y con la excusa de un inventario, el cirre de la Librería del Cabildo de Tenerife ya no fue la crónica de una muerte anunciada sino una realidad que nos resistimos a creer un grupo de partisanos culturales que, pese a la hostilidad de las fuerzas vivas, hemos continuado erre que erre hubiera sol o tormenta.

Entre las sugerencias que tuve la oportunidad de transmitirle al actual consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, el popular José Carlos Acha, cuando estrenó el cargo uno de los primeros consejos, si no el primero, fue que reabriera la Librería así como que apoyara y colaborara con la Feria del Libro que se celebra tanto en la capital tinerfeña como en La Laguna. Por fortuna me hizo caso en ambas cosas aunque por desgracia el protagonismo que está desarrollando el Cabildo en las dos ferias sea bastante mediocre. Les remito a la crónica que el domingo pasado subimos a este/su blog para entender lo despistado que puede estar el órgano de Cultura Insular cuándo se rodea de gente equivocada.

Este miércoles, 14 de mayo, me llevé una alegría cuando descubrí a unos operarios limpiando y adecentando la antigua librería del Cabildo de Tenerife con un fin, sospeché, que no podía ser otro: su reapertura, que me informan fuentes muy cercanas, se espera que se produzca en otoño de este mismo año.

La librería del Cabildo de Tenerife se encuentra en uno de los lado de la fachada del antiguo cine Teatro Baudet, en la avenida de las Islas Canarias, antes del general Mola, en Santa Cruz de Tenerife, una sala que se quiere recuperar también aunque el abandono de la misma es tan grande que llevará muchos años su rehabilitación. Si queda niquelado, como dice aquél, el Baudet formaría parte de una zona de la ciudad que contaría a partir de unos tres o cuatro años, cinco quizás, con espacios culturales que a mi como vecino me llenan de entusiasmo y expectativas. Otra cosa es que pueda verlos y otra cosa es cómo se llenarán de actividades estos nuevos y espectaculares contenedores culturales pero el caso es que ya se está en ello. Me refiero no solo a la librería del Cabildo y el antiguo cine Teatro Baudet sino también a Caixa Fórum Tenerife, que ocupará las instalaciones del antiguo parque cultural Viera y Clavijo, en la actualidad en obras; y a la recuperación (ya se puede decir porque lo han dicho otros) del cine Víctor, que pasa a ser propiedad del Cabildo de Tenerife.

El cine Teatro Baudet se inauguró el 25 de mayo de 1944 y fue uno de los primeros edificios proyectados por el arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero Regalado, arquitecto también del edificio del Cabildo Insular. El Baudet fue un cine de 1.200 butacas que estaban distribuidas en dos plantas y dejó de funcionar como sala de exhibición cinematográfica en 1985. A partir de entonces se utilizó como bingo y sala de fiestas de fin de año. Se especuló también que podría transformarse en una macro discoteca, proyecto que afortunadamente nunca llegó a realizarse.

Tras ser declarado como Bien de Interés Cultural (BIC), el Baudet fue adquirido en 1999 por casi un millón y medio de euros por el Cabido Insular, presidido entonces por Adán Martín, de Coalición Canaria, con la intención de rehabilitarlo como centro cultural y sede de compañías teatrales tinerfeñas pero la iniciativa, como tantas otras, quedó en papel mojado.

De aquel plan inicial solo quedó la Librería del Cabildo, cuya gestión asumió la empresa pública IDECO en 2001 con el objetivo de difundir “la cultura de nuestras islas” y ser “un espacio de encuentro de creadores, editores y profesionales canarios del sector; un espacio destinado a la lectura y a la consulta manual e informática de los fondos bibliográficos”. Al final, terminó convirtiéndose más en librería que en otra cosa.

Cuenta con un fondo notable, y por las noticias que tengo, ese fondo permanece en la actualidad en una nave del pabellón de deportes Santiago Martín, la popular Hamburguesa, aunque parte del mismo y por la noticias que he podido recabar, se ha deteriorado por la humedad por lo que desconozco cuánto material (libros, discos, películas) ha quedado en condiciones. Me confirman, sin embargo, que todo el material que se ha logrado recuperar ya está auditado pero las fuentes no supieron informarme de en que estado se encuentra ni de su cantidad.

El miércoles, como les contaba, me llevé una agradable sorpresa cuando vi que las puertas de la antigua librería estaban abiertas y que unos operarios se encontraban en su interior haciendo labores de limpieza. Logré asomarme a su interior y vi que en las estantería, la mayoría vacías, se encontraban algunos libros pero no pude echar el ojo para saber de que títulos se trataban. La escalera que daba acceso al pasillo superior se conserva pero imagino que habrá que reformarla. Me cuentan, además, que la zona donde se encontraba una de las taquillas del cine y que está pegada a este espacio, se empleará como un pequeño depósito.

Le comenté no hace mucho a un funcionario de esa institución que mi sueño era trabajar en esa librería pero lo dije más con el corazón que con la cabeza. Es verdad que me gusta estar rodeado de libros y que me encantan sobre todo los libros viejos, también los usados, pero más allá de estar detrás del mostrador, mi sueño es ver este espacio abierto y estudiar cuidadosamente cómo ha conseguido la Librería del Cabildo de Gran Canaria que funcione como tenía que haber funcionado la de Tenerife. Conocer, en fin, cómo se podrían aplicar éstas y otras fórmulas a la nueva Librería del Cabildo de Tenerife.

La opinión más extendida sostiene que gran parte del éxito de la de Gran Canaria se debe a su ubicación y podría admitirlo, pero imaginando la que probablemente se convertirá en la milla de oro de los contenedores culturales de la capital tinerfeña (Caixa Fórum Tenerife y antiguos cines Víctor y Baudet), creo que la librería se vería beneficiada en el mapa de una ciudad que por una vez, y si las cosas se hacen bien, adquiriría una dimensión cultural nunca antes vista. Si a esto sumamos la probable apertura en la calle de Salamanca de los multicines Price por una empresa privada que tiene el fin de explotarlos como salas de exhibición cinematográfica, como ciudadano y como consumidor cultural tendría que alegrarme al constatar unos planes que tienen como objetivo recuperar una parte de la ciudad que en los últimos tiempos había quedado condenada al olvido y la soledad.

Ruego así que los dioses me oigan.

Saludos, la esperanza me mantiene, desde este lado del ordenador

La Televisión Canaria pide disculpas al emitir por error el documental ‘González Rivero. La senda del pionero’ sin banda sonora ni cabecera

Miércoles, Mayo 14th, 2025

El año que viene se celebra el centenario del primer largometraje canario, El ladrón de los guantes blancos, un filme que dirigieron a cuatro manos Romualdo García de Paredes (también protagonista) y José González Rivero. La película data de 1926, cuando la industria del cine aún estaba en pañales y a mi particularmente me ha llamado siempre la atención no solo por los valores cinematográficos que contiene sino también porque en una época donde rodar películas era costosísimo, aquí, en el archipiélago, apareciera un entusiasta por el séptimo arte que hizo historia en la historia del séptimo arte de este país, más en unos tiempos donde el que podríamos decir cine español iniciaba su camino.

Bajo el título de González Rivero. La senda del pionero, que dirigen Manuel González Mauricio y Raúl Jiménez Pastor, la Televisión Canaria estrenó el viernes pasado, 9 de mayo, un trabajo que nació como mini serie de televisión pero que al final terminó por convertirse en un largometraje que resume muchos años de trabajo, entrevistas y búsqueda en archivos oficiales y familiares recabando información sobre este pionero del cine en Canarias y me atrevería a decir que de España tambien. José González Rivero participaría de hecho al año siguiente, en 1927, en el rodaje de La hija del mestre (Carlos Ruiz Monzón y Francisco González González), rodada en Gran Canaria y esta ya con temática canaria, y que protagoniza entre otros el gran pintor modernista Néstor de la Torre pero como diría Rudyard Kipling esa es otra historia.

Como se decía, el viernes pasado se pasó por la Televisión Canaria el documental que firman González Mauricio y Jiménez Pastor aunque lo que se vio tuvo poco que ver con lo que realizaron ambos directores. A causa de la maldición que pesa sobre El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero tuvo una muerte trágica sobre la que todavía pesa la sombra de la duda y tras el estallido de la Guerra Civil una de las bobinas de la película desapareció misteriosamente), lo que pudieron ver los espectadores en sus respectivas pequeñas pantallas fue una película sin banda sonora, cabecera y efectos de sonido. Un lamentable error, del que la dirección ha pedido disculpas a sus respectivos autores.

Se prevé el próximo estreno de la película en TEA Tenerife Espacio de las Artes y en el Teatro Leal, que gestionó el mismo Rivero en la noche de los tiempos, en 2026, coincidiendo con el centenario del estreno de El ladrón de los guantes blancos, la primera película canaria aunque su temática no fuera canaria (es un divertido folletín de época) que se desarrolla en una Inglaterra con paisajes tinerfeños.

Uno de los atractivos de este documental que, como se dijo, es un folletín de policías y ladrones que transcurre en una campiña inglesa que apenas disfraza los parajes naturales tinerfeños donde fue rodada, es que está inspirado en el libro Ciudadano Rivero: la Rivero Film y el cine mudo en Canarias, un trabajo escrito por Benito Fernández Arozena y Fernando Gabriel Martín y que editó en 1997 el Gobierno de Canarias. El largometraje ha servido de inspiración también para una curiosa experiencia de cine expandido que lleva el título de El sueño del ladrón, de Eduardo Díaz, en la que reinterpreta este ya clásico del cine canario.

Saludos, cámara… acción, desde este lado del ordenador

La feria de las vanidades

Domingo, Mayo 11th, 2025

Cualquier tiempo pasado fue mejor para la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Si pasearon la semana pasada por el Parque García Sanabria entenderán lo que escribo. Es verdad que nada más llegar me condiciona un conocido cuando hace el gesto de potar al cruzarnos (él sale y yo entro) en este maravilloso pulmón verde de la ciudad pero sé que no le falta razón aunque quien se mete metafóricamente los dedos en la boca para soltar lo que lleva dentro forme parte y sea responsable, precisamente, del triste desaguisado oficial en que se ha convertido este encuentro con los libros en la capital tinerfeña.

Y es que parece que no se quiere aprender de los errores. Este potaje soso en el que cabe de todo (volvieron a tener caseta los miembros de la asociación Brahma Kumaris pero sin la ruleta de las virtudes) y que se desparramó por el paseo de Domingo Pérez Minik y el paseo de la Rambla de Santa Cruz, arroja un saldo más que frustrante para los libreros pese a que haya librerías que aseguran que les fue mejor que a otras. Lo de las ventas me lo transmite uno de los libreros que está situado en la zona buena (el Paseo Pérez Minik), y que cuenta con un espacio amplio que no tiene nada que ver con el que está frente a la rambla de las tinajas. Recuerdo que el alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, promocionó hace ya unas semanas y en la rueda de prensa de esta Feria del Libro de andar por casa la disposición de las casetas en este nuevo espacio como una de las más llamativas novedades de la edición de este año.

En mi recorrido, veo en algunas de los puestitos a escritores/as que intentan pescar compradores de sus obras. Obras que si adquieren se las pueden llevar a casa con la firma del autor/a mientras sale el sol por entre las nubes. Quemé suela por la Feria el miércoles, el viernes, el sábado y el domingo. No así el jueves 1 de mayo que fue cuando abrió simbólicamente las puertas, coincidiendo con la apertura de las de flores y plantas, gastronomía y artesanía y que llevan celebrándose unidas hace unos años porque son las fiestas de mayo.

Lo que nadie explica de esta Feria en que se ha convertido la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, y lo escribe alguien que lleva asistiendo a ellas desde que tiene uso de razón (la primera que recuerdo se situaba en la plaza de la Candelaria), es observar cómo se ha triturado su espíritu. En especial porque el lector con lecturas (salvo honrosas excepciones) no encontró demasiados títulos interesantes en las casetitas donde se habían metido a los libreros pero sí demasiados nombres y títulos de los que más venden no por buenos sino por estar publicados en grandes grupos editoriales, más preocupados estos por las ventas que por la calidad literaria de las obras.

En cuanto a la programación paralela que propuso el Cabildo de Tenerife, aprecié cierta obsesión por traer invitados conocidos, aunque ponga en cuarentena el pedigrí literario de la mayoría. Entre los nombres: Espido Freire, Pablo Rivero, uno de los protagonistas de la serie Cuéntame reconvertido en autor de novelas de misterio y Alejandro Palomas… Milagrosamente, en esta lista lograron colarse las canarias Lana Corujo y Andrea Cabrera Kñallinsky, que sí han publicado obra lo que llevamos de 2025.

En el paseo que doy por el parque me planteo una pregunta que siempre me hago durante las últimas Ferias del Libro de Santa Cruz de Tenerife y es si de verdad se trata de una Feria del libro. Visto lo visto, NO. Lo que es una pena, porque si el alcalde de la capital tinerfeña y su concejal de Cultura, Santiago Díaz, hicieran un esfuerzo la Feria podría recuperar el alma que sí tuvo en el pasado. Algo parecido le debe de pasar a José Carlos Acha, consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, aunque él, y nos consta que bien asesorado, tuvo la brillante idea el año pasado de que el Cabildo volviera a implicarse con la Feria.

Como pasa con la de La Laguna, que es hoy la Feria de Tenerife, de la isla, ambos encuentros no se molestan demasiado por estimular la buena literatura, y sobre todo (lo que me parece extraño cogobernando la ciudad, el Cabildo y el gobierno una formación política que presume de nacionalista) que no estimule y promocione la presencia de escritores/as canarios. Sobre todo si se tiene en cuenta que lo que llevamos de 2025 está resultando ser un gran año para las literaturas canarias. Y en las que destacan más ellas que ellos. Y no me refiero, por supuesto, a esos inventos con ligero barniz feminista. El caso es que aprecio hostilidad (cada vez menos disimulada) hacia nuestros escritores/as en este tipo de encuentros.

En este sentido, ¿por qué no se invitó a más escritores y escritoras de aquí que cuentan con libros publicados este año? Cito a unos cuantos de memoria: Elena Correa, Manuel Jiménez Delgado, Luis Castañeda (al que sí vi, pero firmando ejemplares en una casetita), Rosa María Sosa, Alejandro Krawietz, Juan Cruz, Juan Manuel García Ramos, Víctor Álamo de la Rosa, Arantxa Rufo… Y la lista sigue. El caso es que una vez más se ha perdido la oportunidad de generar un encuentro que tome el pulso de la creación literaria en Canarias porque ya está la Feria del Libro de La Laguna (que se celebra en octubre) para invitar a los Gómez-Jurado y Carmen Mola de siempre. También a los youtubers que tienen legiones de aficionados que hacen cola para que les firmen sus últimos ¿libros?

Es una pena que las administraciones públicas canarias no se caractericen por su amor a la cultura. Y si esa cultura es de la tierra, que la espantada sea mayor. Creo que ya va siendo hora de quitarse prejuicios y estimular lo nuestro con el mismo entusiasmo con el que se estimulan los carnavales en esta capital de provincias que agoniza en soledad.

Este es el segundo año en que el Cabildo de Tenerife se involucra con la Feria tras desencuentros de años anteriores (la historia de la Feria del Libro está repleta de desencuentros) y uno celebra que la respalde de nuevo porque dio grima cuando le retiró su apoyo sin dar ningún tipo de explicaciones, algo tristemente habitual en las administraciones públicas canarias, y si éstas están vinculadas al mundo de la cultura, mucho más sangrante ya que parece ser que es la tónica habitual. Lo lamentable del caso, y que con enojo creciente me va devorando por dentro, es pensar en cómo se le escapó al Cabildo de Tenerife no haber aprovechado la ocasión para articular mesas u otras fórmulas para reflexionar y de paso rendir homenaje a la vida y la obra de dos escritores que nos dejaron en marzo pasado. Sí, me refiero a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. El primero, autor de una novela, Los puercos de Circe, que sigue ofreciendo un retrato de esta ciudad cuya Feria del Libro ningunea no por maldad sino por desconocimiento (lo que si me apuran es mucho peor) y el segundo un escritor y poeta del que faltan palabras para destacar su aportación a las letras españolas. El caso es que ninguno de los dos (y hay más nombres que por desgracia nos han dejado lo que llevamos de 2025 como Yolanda Arencibia y Brian C. Morris, entre otros) estuvo ahí. Y, sí, esto es indicativo de la falta de sentido y sensibilidad de quienes dirigen las políticas culturales del archipiélago.

Lástima la falta de reflejos del departamento que dirige el actual consejero de Cultura del Cabildo de Tenerife, en especial porque no hubiera supuesto demasiado esfuerzo haber organizado algo bonito en torno a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. Era su misión la de recordar a dos de los más grandes escritores que han surgido en las islas en los últimos tiempos. Pero se les fue el baifo. O se dejaron llevar por esa obsesiva tendencia de traer gente de fuera sin importar su calidad literaria. Lo que importa, en todo caso, es que sean famosos. O algo famosos. La idea es sacarse la foto. Y este año la que más posó con las autoridades fue Espido Freire que no es que sea una celebrity pero tu cara me suena

Por otro lado, es sangrante que el Gobierno de Canarias, que colabora también en esta Feria del Libro de andar por casa, se olvidara de recordar que este es el año de Alonso Quesada, de quien no vi absolutamente nada de nada en esta fiesta descafeinada con los libros que se monta a primeros de mayo en el García Sanabria.

Tengo la esperanza que la que se celebra en octubre (¿o es en noviembre?) en La Laguna sí recuerde rendir tributo a Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna. También a Alonso Quesada por la cuenta que les trae. La idea es recordar que este año se conmemora además el centenario de la muerte del autor de Insulario y Smoking Room. Pero mejor no hablar de la Feria del Libro que se celebra en La Laguna, y que se fue a la ciudad de Los Adelantados porque Santa Cruz de Tenerife no supo ni quiso que se quedara en la capital de la isla. Una pena de las gordas, en especial porque este mismo miércoles, 7 de mayo, José Manuel Bermúdez anunció en rueda de prensa que la ciudad que dirige y gestiona contará en 2027 con un centro Caixa Fórum, Caixa Fórum Tenerife, en las instalaciones del antiguo parque cultural Viera y Clavijo, el único que habrá en Canarias y que multiplicará la oferta cultural y educativa pero también de ciencia y tecnología en la ciudad, la isla y por extensión el resto del archipiélago.

Por otra parte, gran parte de los libreros con los que conversamos demandaron una Feria del Libro independiente de las de plantas y artesanía, tal y como fue en el pasado aunque hay otros que son partidarios de que sigan juntas pero no revueltas, algo difícil en el espacio en el que se desarrolla, el parque García Sanabria, que es una preciosidad pero demasiado pequeño y en el caso de los libros, con zonas de paseo muy estrechas.

Entre las novedades de este año, y al margen de los autores/as invitados, se usó por primera vez para la Feria del Libro el paseo que está frente a la Rambla de Santa Cruz (antes del general Franco) para ubicar quince casetas de libreros y editores de tamaño reducido con respecto a las que hubo en el paseo de Domingo Pérez Minik. Algunos libreros se quejaron, pero se resignaron porque no tuvieron suerte en el sorteo que hubo semanas antes para distribuirlos en ambos espacios.

La mayoría que ocuparon el paseo de la Rambla de Santa Cruz no estaban muy entusiasmados. Pocas ventas y atascos de personas en las horas puntas fueron en general las quejas que transmitieron a quien quisieran escucharlos.

Como no hay Feria sin su escándalo, o escandalito, este año el que dio la nota retirándose antes de la inauguración fue la librería Lemus, al parecer a disgusto por el lugar que les tocó en sorteo y que debe ser algo así como cuando vas a un restaurante y te ponen en la mesa que está al lado de los cuartos de baños.

Paseé a la deriva por el Parque García Sanabria preguntándome una vez más cómo lo que fue algo especial hace años ha terminado por convertirse en lo que es hoy… Una nadería. Entonces, recuerdo, la Feria del Libro se celebraba sin coincidir con las de las plantas, artesanía y gastronomía, y tuvo sus ambiciones. Hoy es nada. No entiendo por eso que el señor alcalde en vez de admitirlo, diga que es “más modesta que otras”, e insista en afirmar que pese a su modestia, haya logrado una mayor afluencia de visitantes, que no es lo mismo que de ventas, que permanecen igual o peor que en la edición de 2024.

En fin, que la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife hace tiempo que dejó de ser un poema (notable por otra parte la prácticamente ausencia de poetas canarios o residentes en Canarias en este encuentro) para convertirse en esa cosita provinciana que es hoy. Inconcebible para una capital que dentro de unos años contará con espacios culturales para dar y regalar si el ritmo de las obras es calculado. Y no me refiero solo a la apertura en 2027 de Caixa Fórum Tenerife, sino también del antiguo templo masónico en la calle de San Lucas; el teatro Baudet, que no creo que vea finalizado en vida y otros espacios hoy vacíos y abandonados que no se me permite revelar.
Sí que me llama la atención la fobia por invitar a escritores canarios (muchas, ya que son más ellas que ellos) y apostar por peninsulares cuya calidad literaria dejo en cuarentena.

A modo de final, y reconociendo la ayuda que presta el Cabildo de Tenerife para diseñar un programa de encuentros con escritores, el de este año fue muy irregular. Como si se hubiera hecho deprisa y corriendo. Ha sido muy triste, además, el olvido de rendir tributo a Andrés Sánchez Robayna y Luis Alemany en la Feria. En el caso de Alemany por ser autor de una de las mejores novelas que se han escrito sobre Tenerife y sobre la capital tinerfeña: Los puercos de Circe. Si la leen, entenderán las vanidades y los vicios que como sociedad siguen arrastrando los tinerfeños y en especial los santacruceros.

NOTAS TOMADAS A PIE DE CALLE

* La librería Lemus, que en un principio iba a formar parte de la Feria, se retiró a última hora tras conocer el resultado del sorteo.

* Ha resultado significativo el poco peso que han tenido los narradores/as canarios en esta Feria del Libro. También es de destacar que los que sí estuvieron –salvo el honroso caso de Andrea Kñallinsky y Lana Corujo– y participaron en los encuentros Vis a Vis (la imaginación ha muerto) ninguno tuviera obra publicada lo que llevamos de 2025.

* ¿Cómo se explica que el Cabildo Insular olvidara en su programación rendir homenaje a dos gigantescos escritores canarios fallecidos en marzo de este mismo año: Luis Alemany y Andrés Sánchez Robayna?

* Una petición al Ayuntamiento de la capital tinerfeña y es que vayan pensando en ampliar los espacios para que el paseante pueda disfrutar de los libros expuestos sin enojosas estrecheces. En las casetas que daban a la rambla, su tamaño resultó enojosamente pequeño.

* Uno de los chismes más comentados en la Feria giró en torno a la presunta celebración por parte del Cabildo Insular de un cóctel en el hotel Mencey con los escritores peninsulares y algunos de los canarios del Vis a Vis pero no con los libreros y editores que hubiera sido lo lógico. Creo que se trató de un bulo, ya que conociendo a Acha, sería el primero en desaprobar este piscolabis.

Saludos, esto va de mal en peor, desde este lado del ordenador

Cárcel de tinieblas, una novela de Juan Manuel de Prada

Jueves, Mayo 8th, 2025

Tras La ciudad de la luz y ahora con Cárcel de tinieblas el escritor Juan Manuel de Prada pone punto y final al díptico que lleva el nombre genérico de Mil ojos esconde la noche, casi dos mil páginas de una novela en la que recupera a Fernando Navales, personaje que apareció en Las máscaras del héroe y que regresa al universo literario ubicándolo ahora en el París ocupado por los nazis. El mismo escritor advierte en una nota final que podría volver a utilizar como protagonista a Navales en una tercera entrega donde lo situaría en plena Guerra Civil solo que de momento y por prudencia –“España sigue siendo –tal vez más que nunca– ese “trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín”– se queda como una propuesta a la espera también de la respuesta de lectores que haya podido generar estos Mil ojos esconde la noche, y que uno espera que sea satisfactoria aunque una novela tan generosa en páginas logre que haya momentos que, como lector, deseara tirarla al suelo como el presunto ladrillo que es, harto de que esta serie de relaciones que nos cuenta Navales no terminase nunca.

La novedad de esta segunda entrega, Cárcel de tinieblas, es que transcurre en dos años que fueron decisivos para la derrota de la Alemania nazi: 1943 y 1944, sentimiento de derrota que se va propagando como la peste entre el ejército alemán y también entre los corresponsales extranjeros de países amigos allí instalados. Al mismo tiempo, el autor aprovecha para desacralizar el espíritu que tanto el cine como la literatura dejó tiempo después de la II Guerra Mundial de la Resistencia, a la que Juan Manuel de Prada denomina El ejército de las sombras, y hace un retrato nada aleccionador, siempre visto a través de los ojos de Fernando Navales, falangista que lo mismo podía haber sido comisario comunista si los otros hubieran ganado la guerra.

La novela está narrada en primera persona y por el estilo, un estilo que a veces recuerda al de Francisco Umbral, se confiesa un resentido que intenta explicar su comportamiento a través de la lectura del Tiberio de Gregorio Marañón, médico e historiador, exiliado en Francia mientras espera que el gobierno franquista perdone que se mantuviera leal a la II República durante la Guerra Civil.

Como en la primera parte del díptico, en esta segunda aparecen también personas que existieron en la realidad, entre otros el pintor tinerfeño Óscar Domínguez, sobre quien no carga tanto las tintas como sí hizo en La ciudad sin luz, aunque continúa insistiendo en ofrecer un retrato ridículo del personaje. Se trata, advierte Juan Manuel de Prada, de lo que piensa su protagonista, por eso explica antes de comenzar el novelón: “Esto es una obra de ficción: incluso los personajes históricos que aparecen en ella están tratados de forma ficticia”.

En cuanto a Óscar, dice Navales: “Se había detenido, en concreto, ante uno de los lienzos presentados por el canario Óscar Domínguez, el más imponente por su tamaño (y también por magnitud de su desvarío), titulado Máquina de coser electroxual, que representaba –con una estética daliniana un tanto pastichera– una fantasmagoría del deseo en clave sádica y misógina”, pero no hace más sangre porque el pintor termina por desaparecer de las páginas al estar éstas centradas en la relación de Fernando Navales con César González Ruano y otros compañeros que trabajaron como periodistas en ese París que, pese a la ocupación, no había perdido las ganas de vivir. Y por lo tanto, de colaborar con los alemanes.

Estar dentro de la cabeza de Navales permite al lector conocer las contradicciones que lo devoran por dentro, así que asistimos con la misma sorpresa que el protagonista, a su conversión en una buena persona. Que lo logre o no, les invitamos a que hagan el esfuerzo de leer las más de 800 páginas de esta segunda parte ya que pese a su extenuante número de páginas, si se supera las crisis por dejarla de lado, termina por despertar el interés. Más si se conoce la época en la que se cuenta la historia, y cómo funcionaba ese París en el que ondeaba la bandera de la cruz gamada.

No deja de todas maneras demasiado bien José Manuel de Prada a través de Navales a los artistas en general. A Picasso lo conoce como el pintamonas y a nuestro Óscar como un tipo que pasaba por ahí y con indudable talento para falsificar el estilo de otros pintores. Ofrece además un retrato de época muy convincente. Lo que refleja a través de encuentro con escritores franceses de derechas como Brasillach y Pierre Drieu de la Rochelle; republicanos españoles que se esconden en la ciudad sin luz como Victoria Kent, o tan bellas e inspiradoras como la actriz María Casarse.

No hay, por otro lado, una trama a la que seguir sino tramas que se resuelven en varios de los capítulos y en los que se describe como telón de fondo el proceso de conversión del protagonista. Un personaje al que le debe de haber cogido el gusto el escritor porque lo redime en el epílogo con el que se cierra el libro. Epílogo, por otra parte, innecesario porque solo añade lo que sucederá con Navales y quienes lo acompañan en esa nueva aventura existencial.

Al margen, uno sospecha que estas dos novelas –como ya pasó con Las máscaras del héroe– tendrán interés para quien conozca ese periodo y casi todos, si no todos, de los personajes reales que en ella intervienen. No veo que despierte mucho entusiasmo entre los que desconozcan que fue todo aquello.

Por otra parte, resulta sospechoso que el escritor se deje seducir antes por el estilo de lo que cuenta que por lo que cuenta en sí, aunque la novela es tan rica verbalmente que la prosa de Juan Manuel de Prada invita a que se siga leyendo solo que cuando desaparece ese efecto, las ganas que le atrapan a uno sean las de tirar el libro y dedicarse a otra cosa.

Saludos, con resuello, desde este lado del ordenador

Marcha sobre Roma y alrededores, de Emilio Lussu

Miércoles, Mayo 7th, 2025

“- ¡A Roma, a Roma! –aclamaban los fascistas en Nápoles.
- O nos entregan el poder o lo asaltaremos –-respondió Mussolini–; al fin y al cabo, se trata de días o quizá de horas.
El congreso fascista no era más que una de esas academias inútiles que juegan con las palabras. Había que darse prisa.
- ¡Llueve en Nápoles!– gritó en pleno congreso el honorable Michele Bianchi, secretario del partido. Frase ambigua, como algunas respuestas de los oráculos. Por estar carente de significado, tales frases adquieren una importancia llena de misterio y enamoran a los crédulos.
- ¡Llueve en Nápoles! –repitieron a coro los congresistas.
Y la frase pasó a la historia. Se interrumpió el congreso y la “marcha sobre Roma” comenzó con una delirante manifestación ante el cuartel del Corpo d’Armata. “Viva el ejército!”. El ejército aún daba miedo. Era el 26 de octubre”.

Marcha sobre Roma y alrededores (Emilio Lussu. Traducción: Carlos Clavería Laguarda, Altamarea, 2025)

En unos tiempos en los que brilla ya no en el horizonte la extrema derecha. O la derecha extrema, que lo mismo da, la publicación en español de un libro como Marcha sobre Roma y alrededores (Altamarea, 2025) resulta no ya interesante sino extrañamente actual. Escrito por el político, escritor y militar italiano Emilio Lussu, la obra es contemporánea a los hechos que relata. Es decir, que Lussu la redactó justo cuando se estaban produciendo aquellos devastadores hechos en Italia, aunque en esta colección de recuerdos la mayoría se desarrollen en su natal Cerdeña, la isla en la que nació y en la que vivió gran parte de una existencia marcada por la honestidad y el combate a cualquier tipo de totalitarismo. También a la ola fascista que sacudió la península italiana en la década de los años 20 del siglo pasado, cuando los camisas negras a las órdenes de Benito Mussolini se hicieron con el poder con el beneplácito del rey, Vittorio Emmanuelle, y de la iglesia.

El relato de Lussu es directo y explica cómo el fascismo, esa nueva ideología de prosa revolucionaria pero de pensamiento clasista, oportunista y radical fue penetrando en las instituciones de la frágil democracia italiana, incapaz de reaccionar a un ataque tan directo como fue marchar sobre Roma, y que elevó al poder a un hombre que hasta ese momento todos pensaban sería otra cosa menos dictador, duce o guía, de Italia.

Emilio Lussu se refiere, claro está, a Benito Mussolini, que es el gran protagonista de esta extraordinaria crónica de unos tiempos revueltos que, con sus reinterpretaciones, podían –y de hecho pueden– volver a repetirse.

Porque lo extraordinario de este libro autobiográfico, es que se trata del relato de un militar y político italiano que narra con notable pulso periodístico su experiencia de combate contra el fascismo, un movimiento que tras convertirse en partido se hizo con las riendas del poder gracias a un delirante pero audaz golpe de mano del que Emilio Lussu fue un testigo independiente y que cuenta en primera persona.

Primero, explicando cómo el fascismo fue ocupando todas las instituciones y, al mismo tiempo, cómo el fascismo vació la capacidad de reacción de las instituciones democráticas.

El libro relata cómo muchos demócratas cayeron hechizados bajo el encanto de los camisas negras, rechazando su política por la violenta que predicaba el fascismo y, al mismo tiempo, cómo un grupo de demócratas, con independencia de su signo político, se atrevieron a combatir un pensamiento único que, como un pulpo, fue extendiendo sus tentáculos mientras drenaba las instituciones democráticas con el fin de restarle todo valor democrático.

Emilio Lussu estuvo por mantener una abierta hostilidad al fascismo y su duce, Benito Mussolini, quien lo tuvo en el punto de mira. Los fascistas llegaron a amenazarlo de muerte y no dudaron en hacer lo mismo con su anciana madre. Hasta ahí llegaba la catadura moral de unos hombres que juntos eran muy valientes pero solos, como individuos, unos cobardes. Esto al menos es lo que asegura el autor de esta crónica de tiempos agitados y rebeldes, autor que no destila odio en las páginas del libro pero sí que asume la tarea de advertir a sus contemporáneos y a las generaciones venideras de lo que es el fascismo.

Marcha sobre Roma y sus alrededores
narra algunos de los momentos más sangrientos de aquellos años de combate político, como el brutal asesinato del diputado socialista Matteoti y la salvaje represión contra obreros y campesinos que lucharon contra un régimen al que no le temblaba la mano para callar cualquier tipo de oposición al nuevo orden.

El libro cuenta con un prólogo escrito por el mismo Lussu en el año de 1944, cuando la balanza fascista declinaba, y describe con insólita dureza los cambios de temperamento de sus compatriotas: ayer fascistas y hoy socialistas o demócratas cristianos cuando se dieron cuenta que el régimen negro perdía no solo la guerra sino también la paz.

Marcha sobre Roma y alrededores es un testimonio histórico pero sobre todo periodístico (la historia que se escribe al momento) ya que muchas de las estrategias que se revelan siguen practicándose hoy, solo que con otras fórmulas y en escenarios distintos.

Saludos, nunca más, desde este lado del ordenador

Niñas sucias, doce cuentos de Elena Correa

Lunes, Mayo 5th, 2025

En los últimos años están apareciendo una serie de escritoras que están poniendo el listón muy alto en la literatura que se escribe en Canarias. Tras la irrupción de Andrea Abreu aparecieron otras aventajadas narradoras y en algunos casos poetas como Meryem El Mehdati, Aida González Rossi, Lana Corujo, que cuenta con una estupenda primera novela que se desarrolla en Lanzarote y ahora Elena Correa, que presenta en la editorial riojana Pepitas de Calabaza Niñas sucias, que reúne doce historias que revelan la excelente escritora que está detrás de todos estos cuentos.

Elena Correa nació en Tenerife pero reside en la actualidad en Madrid aunque como advierte en su nota biográfica siempre tiene un pie en el asfalto y el otro en el mar. Y mar hay en algunos de los relatos que conforman este volumen, historias que no van a dejar indiferente a nadie porque la escritora tiene mañas de escritora. Lo delata la docena de historias que ahora presenta, muchas por no decir todas ambientadas en las islas aunque en ningún momento se dice en cuál. Que se desarrollan en Canarias se sabe por los escenarios, algunos costeros y turísticos (el turismo es un tema clave en varios cuentos del libro) y por las palabras que riegan el libro, algunas de las cuales pertenecen a la variedad del español que hablamos en estas tierras, y que Elena Correa escribe sin sentido de la oportunidad porque forman parte de su vocabulario.

Los cuentos están protagonizados por niñas y adolescentes, y en todos ellos se aprecia esa luz que marca la mirada cuando se observa el pasado. Se denuncia también una angustiosa cultura machista que se refleja no solo en cobardes que pegan palizas a mujeres porque los cobardes nunca fueron buenas personas aunque lo aparenten, sino también centrando la atención en pequeños detalles, o en leyendas rurales que frustran la infancia de la protagonista de la historia que lleva por título Vendimia, la última de este volumen que ha sido todo un afortunado descubrimiento.

La literatura de Elena Correa se caracteriza por la honda penetración psicológica que hace de los personajes, y en la fantástica capacidad que tiene para describir escenarios. El escenario juega de hecho un papel fundamental en cada una de las historias, y en varias de ellas, otorga además un espacio que le sirve para acentuar los cambios y las frustraciones que caracterizan a sus personajes. Porque las protagonistas de todos estos cuentos son mujeres. Mujeres que aún no se han hecho mayores pero que comienzan a vislumbrar ese territorio hostil y desconocido.

En algunos de los cuentos se mezclan además una variante fantástica, pero que aparece al final del relato quizá para dejarlo un poco más en la bruma y que sea el lector quien le ponga punto y final… O no. Me agrada que estas historias hagan pensar, y que la reflexión vaya un poco más lejos de lo narrado. Es decir, que se procesa lo leído y se termina por digerirlo sin que en ningún momento se quiera dejar el libro sino todo lo contrario porque Elena Correa consigue algo que es muy difícil de conseguir en un libro de cuentos y es que tras el primero se quiera leer el segundo y el tercero hasta llegar al doce, relato que culmina un trabajo redondo y en el que se intuye que detrás se encuentra una escritora que sabe, que conoce las reglas del juego. Que es una potentísima narradora de la que espero más cosas en un futuro espero que no lejano.

La primera historia, Niñas sucias, y que da nombre al libro, es un relato de infancia; de cuándo podíamos ensuciarnos hasta arriba porque no había futuro solo que en el cuento no es oro todo lo que reluce y si algo reluce es un resentimiento larvado que desencadena una ola de ira en quien narra la historia.

Muy pegado a la actualidad por el retrato que hace de los que visitan las islas, del turista, me interesa sobre todo porque describe un mundo que existe y es casi paralelo, pese a compartir el mismo territorio.

La cabeza tiene un comienzo que desconcierta por lo bueno que resulta: “Si quieres conocer a alguien solo tienes que observar su ropa tendida, esa que dejar secar en las cuerdas tiesas del patio durante días enteros o incluso semanas”.

El tercer cuento, Mujer tenías que ser, es demoledor y me da apuro contar de qué va porque solo leyéndolo es cómo se tiene que interpretar. Los ingleses está protagonizado por un camarera de hotel y lo que cuenta va in crescendo sin que apenas uno note nada hasta llegar a un final de rompe y rasga. Algo parecido le sucede al titulado 2054, que desconcierta y hasta duele para decir basta aunque el nivel sigue en ascenso con Los alemanes, cuento que podría entenderse como una continuación de Los ingleses y en los que radiografía con sentimiento el turismo y su relación con los locales, o los locales con los que nos visitan, que no es lo mismo. Estas dos historias me parecen de lo mejor de un libro donde no hay cuento que desentone. En este sentido, estos dos relatos son los que consumen mayor número de páginas, páginas todas que bendita sean.

Despiece se desarrolla en un matadero, donde un matarife se dispone a despiezar un cerdo que cuelga de una cadena. Allí, cuchillo en mano, sostiene una conversación con su esposa y no es difícil imaginar el cortometraje que podría salir de ahí.

La colección de relatos continúa con otros cuentos sobresalientes como Gata negra, Bestias y La vieja, que resultan los más narrativos y todos encerrando historias muy oscuras, de personas condenadas a la deriva como la protagonista de Gata negra, que ve como todas sus ilusiones se fragmentan; Bestia, una paranoia que uno no sabe si se hace verdad o no, el caso es que condiciona y La vieja, que a mi me produjo escalofríos y cuya protagonista vive rodeada de gatos.

La vendimia pone punto y final a este libro de cuentos que me descubre a una escritora con voz muy personal. Una escritora con todas sus letras.

Quédense con su nombre: Elena Correa.

Saludos, muy entusiasmado, desde este lado del ordenador