Archive for Junio, 2025

Germán Roda: “Borau encontró el sentido de su vida en el cine”

Lunes, Junio 30th, 2025

Germán Roda nació en Granada en 1975 pero su vida y sus quehaceres profesionales los desarrolló en Zaragoza, por lo que se siente aragonés por los cuatro costados. Se le nota, dice, por ser tan cabezón y meterse de lleno en los proyectos en los que se involucra. Su último trabajo cinematográfico se trata de un documental, Borau y el cine, que el viernes pasado se estrenó en cines y en el que explora la profunda relación que a lo largo de su vida mantuvo el director de Furtivos con el séptimo arte.

Y cine, y del bueno, es el que se aprecia en Borau y el cine, una película en la que Germán Roda despliega un emocionado y más que merecido homenaje a un hombre del que no se conoce vida privada sino su relación con las películas, vinieran de donde vinieran. Así lo atestiguan Manuel Gutiérrez Aragón, Iciar Bollaín y Fernando Méndez-Leite, entre otros, en este documental que recupera para la olvidadiza memoria del cine español el trabajo de uno de sus más estimables cineastas: José Luis Borau, una de las grandes B del cine español (las otras son Buñuel, aragonés como Borau y Roda; Berlanga y Bardem).

- ¿Cómo nace Borau y el cine?

“Nace del hecho de que no existiera ninguna película documental de larga duración sobre Borau y la necesidad de hacer una reflexión de su cine porque los cineastas de mi generación le deben mucho. A mi me influenció aunque en mi caso se une también una experiencia personal y es que siendo muy pequeño vi Furtivos y esa película me marcó profundamente”.

- Tuvo claro entonces cómo iba a concebir el documental?

“Desde el principio tuve claro una historia y a final la llevé a cabo. Lo que tiene diferente Borau de otros cineastas es que participó en todos los oficios del cine, no recuerdo ahora ninguna figura que haya pasado y con maestría por todos los oficios de cine pero Borau sí, incluso fue actor, por eso llamo el documental Borau y el cine, porque va sobre él y su relación con el cine, que empezó en los años 60 hasta su muerte. En el documental, aparecen película de otros cineastas, como Fernando Fernán Gómez, Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Luis Buñuel, Víctor Erice, obras de grandes cineastas que, a mi juicio, cambiaron el cine español de esa época”.

- ¿Hay ideas que se repiten a lo largo de la carrera como cineasta de Germán Roda?

“La mayoría de mis documentales tienen que ver con mi relación con Aragón, donde cuesta sacar a la luz esas grandes figuras de la cultura, sobre todo si están unidas al cine. Borau no es un cineasta amable, que se entienda. He visto todas sus películas y leído lo que se ha escrito sobre su cine. Un cine que tienen muchas capas y que resulta complicado acceder a su universo. Por eso me tomé el proyecto como un reto personal porque no es un cineasta nada fácil”.

- En esta preocupación por reivindicar a cineastas como Borau y con los éxitos que está cosechando el cine español en los últimos años, ¿piensa que el público que va a las salas ha superado ya la etapa de las españoladas?

“Creo que sí y si no debería de ser así. Tienen que pasar generaciones para ver a los que ya no están con distancia y Borau es un cineasta relativamente joven porque murió en 2012. Me encantaría ver hoy otros documentales sobre Carlos Saura, y no esperar 40 años de su muerte para que se haga esa película porque, se mire como se mire, tenemos que mirar atrás, conocer cómo lo hizo toda esa gente que cambió el cine de nuestro país”.

- En el documental se destaca que Zaragoza es una ciudad muy cinéfila.

“Siempre se ha dicho de Zaragoza pero no sé por qué. Mucha gente dice que es por el territorio: árido. Y por la forma de ser, se habla de nuestra cabezonería y cabezonería es lo que se necesita para hacer cine. Tienes que ser cabezón y muy constante. Otra de las características que tenemos los aragoneses es la de arriesgar. En mi caso arriesgar para sacar adelante las producciones”.

- Tras rodar el documental, ¿qué opinión tiene ahora de José Luis Borau?

“Ha tenido muchos altibajos. En los personal me di cuenta que es como el protagonista de La vida es bella, un personaje en el que encuentras muchas alegrías y tristezas aunque creo que Borau encontró el sentido de su vida en el cine y, al no tener un plan B, las alegrías fueron grandes pero las caídas igual de profundas. Para Borau lo primero era el cine y el resto le resultaba secundario. No tuvo pareja ni familia. Tuvo amigos, sí, pero su vida fue cine, cine y cine. Viendo sus películas y releyendo libros y artículos escritos sobre él me di cuenta que al ser una persona tan inteligente quiso ponerlo todo en sus historias por esos sus películas tienen tantas capas y por eso cuando las ves otra vez descubres otras capas. Para ver el cine de Borau hace falta poner mucho de ti mismo”.

- ¿Qué películas escogería de su filmografía?

Furtivos y El ángel exterminador de Luis Buñuel fueron películas que vi sin saber lo que estaba viendo y no pude quitar mi vista de la televisión. Y no era por la narrativa sino por unas imágenes en la que los protagonistas se comportaban de manera tan diferente. Y quedé atrapado. Entre mis películas favoritas de Borau están Furtivos y Río abajo, en la que aborda la frontera, que es un tema que me interesa mucho como lo trata en esta película. Una película en la que no quedan bien los norteamericanos y que casi no termina por problemas económicos pero cuando la ves no te imaginas el calvario que atravesó para rodarla”.

- ¿Y Leo?

Leo me parece un cierre perfecto para su carera como cineasta. Borau le daba mucha importancia poner en su lugar a la sociedad y eso es lo que hace en Leo, la vida en el extrarradio, la inmigración. Furtivos, Río abajo y Leo son las tres películas que más me han influenciado de Borau”.

- Y al margen del cineasta, ¿cómo valoraría la gestión de Borau entre 1994 y 1998 al frente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (AACCE)?

“José Luis Borau estuvo en muchas academias y en muchas de ellas ocupó cargos en sus juntas directivas. Formó parte de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE); de la Real Academia Española; de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando… Su trabajo como presidente de la Academia de Cine es elogiado por la mayoría. Basta recordar que bajo su mandato se invitó a la gente joven a ingresar en la Academia y se preocupó por buscarle un espacio físico, lo que creó unión entre los profesionales del cine español. Borau fue una persona que conocía a todo el mundo, por lo que abrió puertas al mismo tiempo que asumía el perfil perfecto de presidente de esta institución. Algo parecido a lo que está haciendo Fernando Méndez-Leite, que fue por cierto gran amigo de Borau”.

- ¿Por qué se ha especializado en el cine documental?

“Mi primera película, El encamado, es de ficción aunque fue rodada como un falso documental. El documental siempre ha estado en mi y de alguna manera me pasó un poco como a Borau porque no quería esperar cinco o seis años a que un productor respaldase uno de mis proyectos porque lo que yo quería era rodar y no podía esperar tanto tiempo a que me financiasen la película. El documental es una manera de contar historias. He realizado cortometrajes de ficción y soy montador de películas de otros directores pero encontré en el documental el sentido de mis obras artísticas. Es decir, que me siento muy realizado practicando este género, y muy libre también porque son producciones que controlo desde mi propia productora, lo que me da la oportunidad de contar las historias que quiero contar. No sigo las modas”.

- ¿Y qué historias son las que le gusta contar?

“Todas aquellas que están centradas en la cultura, que es donde creo que puedo contarlas mejor”.

- ¿De dónde le vienen las ideas?

“En un 75 por ciento las busco yo pero en un 25 me llegan. Pero sobre todo soy yo el que busca la historia. Lo que más me gusta, como ya te dije, es montar documentales sobre cultura, en especial los que están vinculados a la música”.

- Tengo la impresión que no es un género fácil de vender.

“Es complicado de explicar porque con las plataformas da la sensación que el panorama es bueno pero sin embargo es todo lo contrario, ya que cuentan con muchos documentales, sí, pero que esos documentales sean españoles hay uno o dos al año porque el resto no se compran. No se compran documentales españoles y eso que como género se extiende cada vez más en el cine español, pero siguen siendo muy complicados de vender”.

- Usted nace en Granada pero ha pasado la mayor parte de su vida en Zaragoza, una ciudad con una fortísima vinculación al cine. ¿Cómo se convierte en cineasta un chiquillo de provincias?

“Me pasó un poco como a Borau, aunque en mi caso comencé a través de la música, con la que sentía que me pasaba algo, una emoción que no sentía con otras cosas. Estudié Ciencias de la Comunicación y más tarde realización, y fue ahí donde me di cuenta que si quería levantar mi primera película de ficción tenía que esperar como mínimo unos seis años para rodarla cuando mi necesidad era la de contar historias y hacerlas inmediatamente. Creo que si me hubiera quedado en Granada me hubiera pasado lo mismo”.

- En la actualidad vive en Zaragoza.

“Vivo entre Zaragoza y Madrid. La productora la llevamos mi hermana y yo”.

- Parece que son buenos tiempos para el cine aragonés. De hecho, arrasaron en la última edición de los premios Goya.

“Está pasando un poco lo mismo con la televisión autonómica, que es de las que, a pesar que tiene menos presupuesto, es de las más vistas de España. El triunfo del cine aragonés en los Goya, recibió 24 nominaciones este año, se debe a la cabezonería que antes te contaba. Y al talento, por supuesto. Algo parecido pasa con la música”.

- ¿Le gustaría llevar al cine la vida de otros cineastas españoles?

“Son muchos aunque el que más me gustaría, y si me metí en esto del cine fue por él, es rodar uno sobre Luis Buñuel, pero claro, se han hecho tantos documentales y como es un personaje al que respeto tanto –a mi me parece el mejor director de la historia– ese respeto me paraliza. Es un reto muy grande, pero es un reto que tengo que hacer. No sé cuándo ni cómo pero no puedo morirme sin hacer un documental sobre Luis Buñuel. Un documental que tendría que ser algo muy diferente a lo antes visto y creo que lo haré. Lo mismo me ocurrió con Lorca, de quien rodé hace dos años un documental junto a Carmelo Gómez titulado De Lorca a Lorca, que fue algo que tenía en mente desde hacía mucho tiempo hasta que pude hacerlo. Tanto, que fluyó de manera natural”.

- En sus películas ¿Aragón tiene presencia? ¿Y en el de Borau, aparece Aragón en el cine que rodó?

“En el caso de José Luis Borau puede que incluso con elementos más claros que en mi filmografía. En Tata mía, Imperio Argentina canta una jota aragonesa y cuando Borau habla de la infancia, Aragón es inseparable en su cine. Titula Tata mía porque tuvo una tata que le cuidaba cuando era muy joven y hay una cajita en Furtivos que muestra Alicia Sánchez, que era la misma cajita que tuvo Borau en su infancia. En mi caso al hacer documentales cuesta más introducir esos elementos porque no dependen tanto de la historia que quieres contar sino de los personajes que escoges, pero es en esos personajes que escojo donde se encuentra mi relación con Aragón. Pasó con Marcelino, el mejor payaso del mundo, en la que cuento la vida de este payaso nacido en Jaca, y en Juego de espías, que se desarrolla en el paso fronterizo de la Estación Internacional de Canfranc (Huesca). También he rodado un documental sobre Goya, Goya Siglo XXI, porque es un artista cuyas pinturas me han influenciado mucho y del que veo reflejadas sobre todo sus pinturas negras en Furtivos pero es una opinión muy personal”.

- ¿Y tras Borau y el cine?

“Estoy en proceso de rodar un documental sobre una banda de rock aragonesa, Sick Brains (Cerebros enfermos), que es muy poco conocida y que me sirve para contar una historia de gente con mucho talento pero que por lo que sea no acabó de triunfar y he comenzado a preparar con mi hermana una película sobre el hallazgo de una necrópolis del siglo XI aparecida en Zaragoza hace un año y medio”

ALFREDO KRAUS

Kraus, el último romántico (2024) es una película que Germán Roda recuerda con mucho cariño ya que además de invitarlo a entrar en el mundo de la ópera le hizo descubrir al tenor grancanario Alfredo Kraus, un hombre que no se parece en nada al que le habían vendido, dice. “Me había llegado, imagino que como a todo el mundo, que se trataba de una persona fría a la que no le gustaba hablar y que como cantante era muy técnico pero me puse a investigar y descubrí un personaje que era todo lo contrario”. El tenor no interpretaba cualquier obra sino que apostó por hacer las que él sabía que iban a salirle bien. “Sus sentimientos y emociones eran muy importantes, tanto, que supo transmitirlo para emocionar al público”, concluye.

Saludos, hermanos y hermanas, desde este lado del ordenador

Dabe McKean incluye El ladrón de los guantes blancos en Nitrato II, serie que se expone en la galería Artizar del 28 de junio al 2 de agosto

Miércoles, Junio 25th, 2025

Dave McKean (Inglaterra, 1963) presenta Nitrato II en la galería Artizar (La Laguna), del 28 de junio al 2 de agosto. Nitrato II expone trabajos que exploran “los orígenes del cine y su relación con la memoria y el olvido. En ella McKean rinde homenaje al cine mudo y a las películas perdidas de los primeros años del siglo XX, muchas de las cuales se desintegraron debido al material inflamable del celuloide de nitrato”, informa Artizar. Una de las obras está inspirada en El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero y Romualdo García de Paredes, 1926), el primer largometraje de ficción rodado en Canarias por un equipo tçecnico y artístico de las islas.

El título de la exposición alude al nitrato de celulosa, el material inflamable y químicamente inestable que se utilizó para fabricar películas cinematográficas hasta mediados del siglo XX. Este soporte, aunque supuso una revolución histórica, acabó convirtiéndose en una condena para miles de filmes, ya que se degradaba con el tiempo y podía prenderse fuego espontáneamente. Se estima que alrededor del 80% del cine mudo ha desaparecido para siempre, conservándose en algunos casos carteles o pequeños fragmentos. 

 “Y precisamente de esta ausencia nace la serie Nitrate, en la que McKean lleva trabajando desde hace más de quince años. Una serie de potentes imágenes casi fantasmagóricas construidas a partir de pintura, collage y diversos materiales con los que el artista nos remite a la tradición del expresionismo cinematográfico y pictórico. Los rostros exagerados, las sombras densas, los escenarios teatrales y los encuadres cargados de tensión emocional evocan una época donde la imagen debía comunicarlo todo sin palabras. Sin embargo, McKean no busca una reproducción fiel del pasado: su objetivo es poético. En lugar de reconstruir, fabula. En lugar de documentar, sugiere”.

Dave McKean es conocido por sus trabajos en novelas gráficas como Batman Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth y también portadas de discos para Alice Cooper y Bill Bruford, entre otros.

(*) En la imagen la intepretación de El ladrón de lo gu (más…)

Algunos días, una ¿novela? de Acoidán Méndez

Miércoles, Junio 25th, 2025

Algunos días , de Acoidán Méndez, se trata de uno de esos libros que son una pequeña y grata sorpresa en el universo editorial español, tan saturado en los últimos tiempos, y en los que se mezcla un poco de todo. Se dice que es una pequeña sorpresa porque se trata de un texto inclasificable, aunque alguno lo derive a eso que se conoce como novela de no ficción, y habrá otros que digan que es un diario, el relato del día a día de su protagonista que se llama como el escritor. Puestas así las cosas, no se hace difícil entonces identificar que el personaje que cuenta estas más que historias, reflexiones, se trate de la misma persona aunque es un aspecto este último que, ahora que estamos, me ha resultado siempre indiferente.

Tampoco es que le ocurran cosas extraordinarias al Acoidán del libro, o novela pese a que no lo sea para unos y otros, pero sí que reúne una serie de momentos significativos en la existencia de su protagonista, que vive con su pareja y dos animales domésticos (un perro y un gato que se llevan como el perro y el gato), que trabaja en una cafetería mientras espera que lo llamen de una universidad para que imparta clases.

Algunos días, que reúne su, efectivamente, día a día de mayo a julio, es el relato de una vida en tres meses en los que la climatología de la capital de España comienza a ser calurosa. Y en esos meses que se dirigen inevitablemente y como en una carrera de fondo al fin de año, se concentran las distintas experiencias (sobre todo intelectuales) que vive nuestro Acoidán literario, que es un personaje que cae bien no solo porque nos cuenta su historia sino porque algunas de sus revelaciones las hemos vivido otros con independencia de la edad. Me arrogo por eso el derecho de escribir como lo hizo Nicholas Meyer en Los pasajeros del tiempo que todas las épocas son iguales y que solo el amor las hace soportables. En el caso del protagonista de Algunos días, su compañera y una capital de España que está ahí, presente como un escenario algo grisáceo al fondo del relato, pero que está muy fusionado en esta historia que, como todas las historias que se precien, se trata de una búsqueda. En su caso, hacia la literatura. Por el camino, Acoidán irá desgranando su día a día en unos cuadernos.

Una de las preguntas que puede sugerir la lectura de Algunos días es donde termina la realidad y donde comienza la ficción pero es un camino que entiendo errado porque más allá que las rutinas del personaje nos parezcan las nuestras, donde hay poco o nada original en nuestro día a día salvo lo que pensamos y hacemos cuando se disfruta de buena salud, es que su lectura me resulta mesmerizante quizá porque he tenido la sensación que todo cuanto cuenta puede ser cierto y que por cierto, conozco un poco mejor a su autor, Acoidán Méndez, porque me ha permitido que acceda dentro de su cabeza, y que me aproxime a su manera de pensar y entender cómo reacciona ante determinados problemas que nos surgen en este gran libro que es la vida.

También hay un viaje a Gran Canaria que realiza junto a su compañera, Carlota, y momento en el que reflexiona en torno a un tema candente en la actualidad como es el turismo y toda la impedimenta que conlleva:

“La ley de costas son los Reyes Magos. El paisaje, extremo desde la altura, árido y sin vida, contrasta con los anuncios donde lo mostramos como el paraíso para los escandinavos. En las imágenes de televisión sólo aparecen las postales: las dunas de Maspalomas, la playa de Agaete, el Roque Nublo, la Plaza de Santa Ana y los resorts con muchas estrellas”.

En otro capítulo y sobre el acento canario y de cómo suena en territorio peninsular, sobre todo en una ciudad como Madrid donde sí que se conoce el sonido de la c y la z, Acoidán se da cuenta de la fuerza pero también de la dulzura de su acento cuando se lo dice una vendedora de flores en el Rastro madrileño:

“¡Pero que acento tan bonito!

Canario.

Muy hermoso.

Llevo catorce años aquí, pero…

Pero no lo pierdes, ¿eh?

No, la verdad es que…

Si es que lo que se aprende en la tierra…”

Y añade el personaje:

“Esta frase es una bofetada. Me desconecta por un momento de nuestra conversación. Miro su piel morena, los rasgos de sus ojos, su mirada limpia y esa mezcla visible entre africana e india. Siento vergüenza por haber querido esconder mi acento todos estos años. Por suerte, los días en la isla me conectaron con un habla donde no hay tensión, como en el punto cero: se agudizó el seseo, voló el vosotros, se suavizó la ch y volvió, aunque nunca se fue, la aspiración de la ese final”.

La novela o diario literario, como quieran encasillarlo, propone otras tantas reflexiones sobre una gran variedad de temas aunque incide en algunos de los capítulos en la distancia y el vértigo que sintió el protagonista cuando llegó a Madrid y en otros sobre su acento canario:
“Recuerdo que cuando llegué a la ciudad en ocasiones se reían de mí. La oralidad de donde vengo no necesita la ortografía, basta con la música para entender que tesno es un traje elegante, que ajolá es un deseo, que emigraña es un horrible dolor de cabeza. Poner letras, quitarlas o inventarlas es un juego para quien no escribe cartas, para quien conversa a la hora del café o para quien, como mi abuela, no sabía escribir ni leer”.

Algunos días es un libro que se lee en un suspiro, sí, pero que necesita también de una larga y reposada digestión para disfrutarlo. A nosotros nos ha encantado, así que tomen nota de su autor: Acoidán Méndez.

Saludos, la luz sale del umbral, desde este lado del ordenadr

La Fundación CajaCanarias presenta sus premios literarios 2024

Martes, Junio 24th, 2025

La Fundación CajaCanarias celebra este martes, 24 de junio, el acto de presentación de las obras literarias galardonadas en los Premios CajaCanarias 2024. El acto tendrá lugar a las 19:00 horas, en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife. La entrada será libre hasta completar aforo.

El acto contará con la presencia de los autores premiados: Alfredo Moreno Santana, ganador del Premio de Novela Benito Pérez Armas por su obra Cartas del monstruo en el cielo; Besay Sánchez Monroy, ganador del Premio de Relato Corto Isaac de Vega por En la noche; y Silvia Rodríguez, galardonada con el Premio de Poesía Pedro García Cabrera por su poemario La desnuda raíz de la rosa. El acto será moderado por la periodista Almudena Cruz.

Saludos, quedan avisados, desde este lado del ordenador

Los crímenes del Retiro, una novela de Pedro Herrasti

Lunes, Junio 23rd, 2025

“Los literatos saludan con la cabeza y Miguel se sienta. La primera impresión que le producen es la de un grupo anárquico. Algunos, como Baroja o Cansinos Assens, visten trajes burgueses. En los demás predomina la chaqueta gastada, la camisa de cuello sucio, el lamparón en la pechera, las melenas largas y caóticas: el aspecto calamitoso, real o impostado, del aspirante a artista. El más singular es Valle-Inclán, al que le falta un brazo y tiene una forma estrafalaria de vestir”.

Los crímenes del Retiro, Pedro Herrasti (Salamanca, 2025)

Parece que los grandes escritores de la generación del 98 se han puesto de moda. No ya por sus libros, de necesaria lectura corran los tiempos que corran, sino por sus protagonistas.

El año pasado el escritor y profesor Luis García Jambrina nos revelaba las capacidades deductivas de don Miguel de Unamuno en El primer caso de Unamuno, una apasionante novela en la que el escritor de Niebla o Del sentimiento trágico de la vida resolvía un extraño caso sucedido en el municipio salmantino de Boada en diciembre de 1905. La novela, la primera de una saga que espero disfrute de excelente salud, lograba lo que parecía imposible y es que un personaje como don Miguel, con esas pintas de profesor despistado y a quien nadie le toca las narices, resultara creíble en esta, por otra parte, notable libro.

España también le dolió, y cómo, a otro de los más grandes escritores del 98 como fue Pío Baroja, a quien recupera también como detective el escritor madrileño Pedro Herrasti en Los crímenes del Retiro (Salamandra, 2025), solo que no como protagonista sino como acompañante de Miguel Herranz, joven policía que combatió en Filipinas, donde fue uno de los héroes de Baler, la última posición española que se rindió en aquel lejano país asiático.

La novela cuenta que Miguel regresó a España con la enfermedad del beri beri, de la que no se ha curado del todo cuando le ordenan que investigue el asesinato de una hermosa mujer en los jardines del Retiro. Junto al cadáver, degollado, se encuentran los versos de un poema de Rubén Darío y una flor.

El interés de Pío Baroja por el caso y la necesidad del investigador de contar con un compañero con conocimientos de medicina une a esta extraña pareja con el fin de resolver un asesinato que se complica cuando aparecen otros cadáveres más de mujeres degolladas y con una flor y un poema en distintos puntos de la capital de España de 1900.

Es importante en la novela el año en el que se desarrolla porque por aquel entonces Baroja apenas había comenzado su carrera como escritor. Sí, ejerció como médico pero abandonó pronto ese oficio para establecerse en Madrid como administrador de una panadería, trabajo del que no estaba muy satisfecho porque lo suyo era escribir.

Como en toda novela policíaca que se precie, Los crímenes del Retiro cuenta además con otro gran protagonista: Madrid. Ciudad que conoce muy bien Pedro Herrasti y que transportará al lector a la provinciana capital de España de finales del XIX y principios del XX. El retrato que hace no tiene nada que ver, afortunadamente, con el Madrid actual, y sí con una urbe fronteriza en la que coexisten barrios ricos con los más pobres y degradados.

No sé si habrá continuación de don Pío Baroja ejerciendo de Sherlock Holmes mesetario pero me gustaría leer nuevas historias protagonizadas por el autor de El árbol de las ciencias, escritas por Pedro Herrasti, escritor que siente una especial querencia por Baroja. Tanto, que las tres partes en las que está dividida la novela llevan por título el de las novelas que reúne la trilogía La lucha por la vida, una de las muchas obra maestras que nos dejó este narrador al que también, ay, le dolió y mucho España. Estos son: Vidas sombrías, La busca y Aurora roja. El volumen cuenta además con un epílogo, Mala hierba y se desarrolla en un mes, comenzando el 1 para finalizar el 30 de abril de 1900. Al final, se incluye una nota de Pedro Herrasti en la que repasa algunas de las biografías de los personajes reales que aparecen en la novela y que son, entre otros, los Millán Astray, padre e hijo, el hijo sería el fundador de la Legión española; Antonio Hoyos y Vinent y Felipe Sandoval, que nació en el barrio de las Injurias, personaje y barrio que tienen especial protagonismo en esta novela y que cuenta con un sobresaliente documental, El honor de las injurias: busca y captura de Felipe Sandoval, dirigido por el también fotógrafo Carlos García-Alix.

La trayectoria literaria de Pedro Herrasti resulta muy interesante para los que somos aficionados a la novela de género. Y en concreto del género histórico y policiaco. Es autor de dos novelas que se desarrollan en la capital de España en la primera mitad del siglo XVI, así como también de dos novelas en las que intentó (a nuestro juicio con interesante esmero) trasladar las aventuras del irreverente Harry Flashman a la España anterior a la Guerra Civil con un personaje, Jorge Blanco, al que la suerte ha bendecido ya que a pesar de ser rastrero y cobarde, no deja por afortunados golpes de la suerte, en ascender dentro de la cúpula militar, haciéndose amigo incluso de un jovencito y ambicioso general Franco.

Pedro Herrasti es un escritor que conoce muy bien el oficio de escribir, así que no hay momento de descanso en su literatura. Esta capacidad se mantiene con un gozoso estado de salud en Los crímenes del Retiro, una novela que si tiene algún pero… es que no se lo he encontrado. Se lee con alborozo, entretiene y enseña. Así que mientras espero la próxima entrega con Baroja de detective poco o nada más queda por añadir, salvo la de recomendarles que no la dejen pasar. Despierta además de curiosidad, un insólito apetito por recuperar la obra de uno de los más grandes escritores de aquella famosa generación a la que, ay, también le dolió España.

Saludos, recordar el 98, desde este lado del ordenador

Canarias ocupa los contenidos del número de abril de la revista V.O.

Jueves, Junio 19th, 2025

El número de abril de la revista de cine V.O. (Versión Original) dedica sus contenidos al cine canario y también a las películas españolas y extranjeras que han escogido las islas como escenario de sus historias. En conjunto la cosa pinta bien aunque los aficionados en esta materia aprecien notables ausencias. Con todo, se agradece que esta publicación se centre e informe en su número 346 de algunas de las producciones cinematográficas que se han rodado en el archipiélago.

La revista apareció en 1993 con el precio de 3,20 euros (con IVA, que es ese impuesto que no conocemos a este lado del Atlántico) pero si V.O. es una realidad es gracias al respaldo de numerosos patrocinadores como son la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura; las diputaciones de Badajoz y Cáceres así como de la Junta de Extremadura.

Desconocía la existencia de V.O., lo que me hace pensar que el ámbito de su distribución debe ser muy restringido. Con todo, se reconoce el esfuerzo del equipo que la hace posible bajo la dirección de Paco Rebollo, y en especial que hayan dedicado un especial a lo que se rueda en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses y aunque no esté muy de acuerdo con la selección de películas que comentan made in Canary Islands, como canario reconozco la voluntad por informar de un cine como es el que se rueda aquí y que ya es una realidad pese a las políticas de reparto de subvenciones que bendicen a unos y olvidan a otros atendiendo a valoraciones que a uno se le escapa porque de Canarias (que es de lo que se trata) poco por no escribir nada.

La revista comienza su repaso con un extenso artículo dedicado a La habanera (1937 ) una película dirigida por Douglas Sirk y cuyos exteriores se rodaron mayoritariamente en Tenerife. Otras películas con acento de fuera pero que se rodaron también en las islas y que se repasan en V.O. son S.O.S. Pacífico (Guy Green, 1959); También los enanos comenzaron pequeños (Werner Herzog, 1970); Como un relámpago (Miguel Hermoso, 1996); Ma mère (Christophe Honoré, 2004); 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007), película que se incluye porque pese a que no fue rodada en Canarias sí que está firmada por un canario, el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo; Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar, 2009); Exodus: Dioses y reyes (Ridley Scott, 2014); En el corazón del mar (Ron Howard, 2015); Aliados (Robert Zemeckis, 2016); Como reinas (Andy Tennant, 2016); Rambo: Last Blood (Adrian Grünberg, 2019); Eternals (Chloé Zhao, 2021) y Las consecuencias (Claudia Pinto, 2021).

En cuanto a las películas canarias, V.O. repasa títulos de “nuestro cine” como Tirma (Paolo Moffa y Carlos Serrano de Osma, 1954), que puede ser considerada como el primer largometraje que pretendió pero no consiguió traducir en imágenes el violento choque cultural que se produjo entre los primeros habitantes de las islas y los conquistadores castellanos; Guarapo (Teodoro y Santiago Ríos, 1988); La hojarasca (Macu Machín, 2023); La niebla y la doncella (Andrés Koppel, 2017), que podría ocupar espacio también entre las cintas nacionales y extranjeras que se han rodado en las islas salvo que está sí que está rodada en La Gomera y en Tenerife, así como su director es tinerfeño; Rendir los machos (David Pantaleón, 2021); La piel del volcán (Armando Ravelo, 2021); Fotos (Elio Quiroga, 1996) y Matar Cangrejos (Omar Razzak, 2023), pero no están y tampoco se le dedica espacio a El ladrón de los guantes blancos (José González Rivero y Romualdo García de Paredes, 1926), que fue el primer largometraje del cine canario de ficción, rodado y estrenado en un año en el que la industria del cine todavía iba en pañales en España, lo que le da más mérito a esta producción de cine silente; Esposados (1996), mediometraje de Juan Carlos Fresnadillo, y que ha pasado a formar parte de los hitos del cine canario por ser la primera película española (y con producción cien por cien canaria, ojo al dato) que compitió al Oscar al mejor Cortometraje en la 69 edición de estos premios, y ceremonia que tuvo lugar en 1997.

Hay otras ausencias notables en este repaso que ofrece la revista sobre el cine de aquí y sobre las películas que se han rodado aquí, aunque insistamos que se agradece el esfuerzo que se ha realizado para sacar adelante un número que, a título informativo, tiene indudable interés, sobre todo para los que vivimos en Canarias.

En este sentido y al margen de que uno esté de acuerdo o no con algunas de las opiniones de las películas que se reseñan, este especial Canarias con sus ausentes y ausencias debería de estar en la biblioteca de cualquier cinéfilo y profesional, en especial los nacidos y/o residentes en estas ínsulas que hace eones perdieron la batalla por definir una identidad común, quedándose como en casi todo, a medias. En un quiero y no puedo desgarrador.

V.O. incluye dos entrevistas. Pero no con cineastas sino con especialistas, uno de los cuales hace tiempo que abandonó sus responsabilidades con el cine, como es el caso de Claudio Utrera, retirado del mundanal ruido pero coordinador junto a Aurelio Carnero de un volumen sobre cineastas canarios; y Josep Vilageliu, que sigue al pie del cañón dirigiendo películas, muchas de las cuales asocia a lo que denomina cine leve, producciones muy baratas y con sello independiente que se ruedan más por amor al arte que por vocación de llegar a públicos mayoritarios.

Es una pena, por último, que la revista no repase los festivales de cine que se celebran en el archipiélago, muchos de los cuales ya están consolidados pero se aplaude el trabajo y sobre todo las miradas que reparten sobre cada una de las películas que comentan.

Saludos, se agradece el esfuerzo, desde este lado del ordenador