Los crímenes del Retiro, una novela de Pedro Herrasti

“Los literatos saludan con la cabeza y Miguel se sienta. La primera impresión que le producen es la de un grupo anárquico. Algunos, como Baroja o Cansinos Assens, visten trajes burgueses. En los demás predomina la chaqueta gastada, la camisa de cuello sucio, el lamparón en la pechera, las melenas largas y caóticas: el aspecto calamitoso, real o impostado, del aspirante a artista. El más singular es Valle-Inclán, al que le falta un brazo y tiene una forma estrafalaria de vestir”.

Los crímenes del Retiro, Pedro Herrasti (Salamanca, 2025)

Parece que los grandes escritores de la generación del 98 se han puesto de moda. No ya por sus libros, de necesaria lectura corran los tiempos que corran, sino por sus protagonistas.

El año pasado el escritor y profesor Luis García Jambrina nos revelaba las capacidades deductivas de don Miguel de Unamuno en El primer caso de Unamuno, una apasionante novela en la que el escritor de Niebla o Del sentimiento trágico de la vida resolvía un extraño caso sucedido en el municipio salmantino de Boada en diciembre de 1905. La novela, la primera de una saga que espero disfrute de excelente salud, lograba lo que parecía imposible y es que un personaje como don Miguel, con esas pintas de profesor despistado y a quien nadie le toca las narices, resultara creíble en esta, por otra parte, notable libro.

España también le dolió, y cómo, a otro de los más grandes escritores del 98 como fue Pío Baroja, a quien recupera también como detective el escritor madrileño Pedro Herrasti en Los crímenes del Retiro (Salamandra, 2025), solo que no como protagonista sino como acompañante de Miguel Herranz, joven policía que combatió en Filipinas, donde fue uno de los héroes de Baler, la última posición española que se rindió en aquel lejano país asiático.

La novela cuenta que Miguel regresó a España con la enfermedad del beri beri, de la que no se ha curado del todo cuando le ordenan que investigue el asesinato de una hermosa mujer en los jardines del Retiro. Junto al cadáver, degollado, se encuentran los versos de un poema de Rubén Darío y una flor.

El interés de Pío Baroja por el caso y la necesidad del investigador de contar con un compañero con conocimientos de medicina une a esta extraña pareja con el fin de resolver un asesinato que se complica cuando aparecen otros cadáveres más de mujeres degolladas y con una flor y un poema en distintos puntos de la capital de España de 1900.

Es importante en la novela el año en el que se desarrolla porque por aquel entonces Baroja apenas había comenzado su carrera como escritor. Sí, ejerció como médico pero abandonó pronto ese oficio para establecerse en Madrid como administrador de una panadería, trabajo del que no estaba muy satisfecho porque lo suyo era escribir.

Como en toda novela policíaca que se precie, Los crímenes del Retiro cuenta además con otro gran protagonista: Madrid. Ciudad que conoce muy bien Pedro Herrasti y que transportará al lector a la provinciana capital de España de finales del XIX y principios del XX. El retrato que hace no tiene nada que ver, afortunadamente, con el Madrid actual, y sí con una urbe fronteriza en la que coexisten barrios ricos con los más pobres y degradados.

No sé si habrá continuación de don Pío Baroja ejerciendo de Sherlock Holmes mesetario pero me gustaría leer nuevas historias protagonizadas por el autor de El árbol de las ciencias, escritas por Pedro Herrasti, escritor que siente una especial querencia por Baroja. Tanto, que las tres partes en las que está dividida la novela llevan por título el de las novelas que reúne la trilogía La lucha por la vida, una de las muchas obra maestras que nos dejó este narrador al que también, ay, le dolió y mucho España. Estos son: Vidas sombrías, La busca y Aurora roja. El volumen cuenta además con un epílogo, Mala hierba y se desarrolla en un mes, comenzando el 1 para finalizar el 30 de abril de 1900. Al final, se incluye una nota de Pedro Herrasti en la que repasa algunas de las biografías de los personajes reales que aparecen en la novela y que son, entre otros, los Millán Astray, padre e hijo, el hijo sería el fundador de la Legión española; Antonio Hoyos y Vinent y Felipe Sandoval, que nació en el barrio de las Injurias, personaje y barrio que tienen especial protagonismo en esta novela y que cuenta con un sobresaliente documental, El honor de las injurias: busca y captura de Felipe Sandoval, dirigido por el también fotógrafo Carlos García-Alix.

La trayectoria literaria de Pedro Herrasti resulta muy interesante para los que somos aficionados a la novela de género. Y en concreto del género histórico y policiaco. Es autor de dos novelas que se desarrollan en la capital de España en la primera mitad del siglo XVI, así como también de dos novelas en las que intentó (a nuestro juicio con interesante esmero) trasladar las aventuras del irreverente Harry Flashman a la España anterior a la Guerra Civil con un personaje, Jorge Blanco, al que la suerte ha bendecido ya que a pesar de ser rastrero y cobarde, no deja por afortunados golpes de la suerte, en ascender dentro de la cúpula militar, haciéndose amigo incluso de un jovencito y ambicioso general Franco.

Pedro Herrasti es un escritor que conoce muy bien el oficio de escribir, así que no hay momento de descanso en su literatura. Esta capacidad se mantiene con un gozoso estado de salud en Los crímenes del Retiro, una novela que si tiene algún pero… es que no se lo he encontrado. Se lee con alborozo, entretiene y enseña. Así que mientras espero la próxima entrega con Baroja de detective poco o nada más queda por añadir, salvo la de recomendarles que no la dejen pasar. Despierta además de curiosidad, un insólito apetito por recuperar la obra de uno de los más grandes escritores de aquella famosa generación a la que, ay, también le dolió España.

Saludos, recordar el 98, desde este lado del ordenador

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