
Elena Correa (Tenerife, 1989) ha llegado para quedarse y su carta de presentación no deja de ser más explosiva por auténtica: Niñas sucias (Pepitas de calabaza, 2025), libro que reúne doce cuentos que van a desconcertar al lector. Por un lado porque están escritos con aplastante capacidad narrativa y por otro porque no tiene ningún asomo de complejos. La autora nació en el sur de Tenerife pero vive desde hace unos años en la capital de España.
- ¿Los doce cuentos que reúne en Niñas sucias fueron escritos expresamente para este libro?
“Todos son cuentos que tenía escritos aunque el proceso de escritura del libro se dilató a lo largo del tiempo. Hay relatos escritos hace muchos años. Por ejemplo, el que abre, Niñas sucias y Despiece son las historias más antiguas pero también hay cuentos más recientes como La vendimia y 2054, que son de los últimos que escribí. Cuando comencé a contar estas historias me salía mucho hacerlo sobre personajes femeninos y de cosas que en ese momento me incomodaban así que cuando tuve todos los cuentos comenzó el proceso que dio como resultado el libro. Un manuscrito en el que he trabajado unos dos años y que cuenta con relatos que no son de la misma época”.
- ¿Y nota entre unos y otros algún cambio no solo en la escritura sino de los temas que tratan?
“Es curioso porque noto que hay miedos que se han alargado en el tiempo mientras que otros no”.
- ¿Y qué miedos son los que permanecen en estos cuentos?
“El miedo a la pérdida, digamos, del territorio. Y que tiene que ver mucho con los relatos que hablan sobre turismo. Como puede ser el que comienza el libro, Niñas sucias, Los alemanes y Los ingleses. Esos cuentos tienen ese miedo y ese momento que estamos atravesando ahora. También hay en concreto miedo al cambio climático, como se refleja en 2054, y cuentos que giran en torno a la pérdida de la inocencia, como son Los ingleses y La vendimia. También está el miedo a la soledad en Ojos y a la maternidad, que atraviesa muchas de estas historias y que no es un miedo sino un asunto que por edad y por género creo que nos atraviesa a muchas durante bastantes años. Y que permanece”.
- ¿Por qué?
“Porque me afecta. Quise hablar de la maternidad desde distintos puntos de vista porque en literatura muchas veces somos nosotras las que hemos hablado solo de la parte bonita de la maternidad pero ahora ha surgido otro tipo de literatura que habla de las maternidades desde puntos de vista muy diferentes y me apetecía abordarlo de esa manera. Es decir, desde la diferencia entre mujeres y entre parejas que pueden estar por medio. El miedo a no ser madre. El miedo a serlo. Y eso me interesaba. Y luego hay un cuento que trata de un miedo muy concreto. Que es el que aparece en Bestias y que me inspiró en su día el caso de La manada, donde el miedo de la protagonista es muy claro: tiene miedo a salir a la calle. Se trata de un miedo que creo que es colectivo y al final, cuando pasó ese caso, yo me dije, madre mía, no estamos seguras en ningún espacio. Y ese miedo está ahí. Permanece y creo que va a ser muy complicado que se vaya. En general, los miedos que aparecen en este libro los sigo teniendo. Hay un contraste además en dos de las historias, Los ingleses y Los alemanes, y es que algunos de los personajes aparecen con otra edad en uno y otro cuento”.
- ¿Cuál fue el primero que escribió de los dos?
“Primero escribí Los alemanes porque habla de la infancia y admito que tiene algunos detalles de mi propia niñez porque recuerdo haber pasado por una casa que decían que era de los alemanes y sentía como una cierta admiración y un cierto miedo a la vez. Sus moradores eran como personas que estaban ahí y que no sabías muy bien quiénes eran porque no podías acceder a ellos. Este relato surgió por eso. También por la búsqueda de la protagonista que no quiere ser quién es porque todo el rato quiere ser otra persona”.
- Y luego escribe Los ingleses.
“Los Ingleses se escribió para dar una respuesta a la protagonista de Los alemanes, ya que al final no sabemos qué es lo que busca. En este cuento quise dar un punto de vista diferente al turismo. En este caso, porque quería hablar más del turismo de hotel y del trabajo que desempeñan las mujeres en esos mismos hoteles. En un determinado momento se nos dijo que siempre íbamos a tener trabajo en el sector turístico y eso es lo que le sucede a esta chica que no quiere estudiar y la madre le dice que se ponga a trabajar abajo, en los hoteles. Y ahí entra un poco ese tipo de turismo que a veces cruza un poco la barrera pero nunca estamos en el mismo sitio. Para mí Los Alemanes es como un turismo más rural pero también más, digamos, oscuro y el de Los ingleses el de costa, que es el que conocemos todos. Y quería que ambos estuvieran unidos”.
-¿ Y eso?
“A mí me parece que aunque sean dos cuentos que van separados, van muy de la mano. Tanto por la temática como obviamente con las protagonistas, así que me apetecía que tuvieran nexos en común. También la figura de la madre en ambas historias. A mí me parece muy decisiva. Y me interesaba mucho narrar la relación madre-hija, madre-abuela-nieta, que también me gusta mucho. Quise que apareciera la figura de la madre porque al fin y al cabo trata de hacer lo mejor pero no sabe cómo”.
- Algunas de las historias parecen estar inspiradas en hechos reales.
“Hay bastantes cuentos que son pura ficción pero tras publicarse el libro sí que han aparecido lectores que me han dicho que esto que escribes es tal cual. En el caso de Los ingleses nunca he trabajado en un hotel pero tiene que ser un trabajo de ponerte en una posición muy fuera del resto y quería contar esa historias desde ahí. Luego hay relatos más inspirados en la realidad como La vendimia, que tiene que ver mucho con mi infancia porque iba a vendimiar con mis abuelos y es un cuento muy nostálgico impregnado de leyenda urbana o mejor dicho, rural, que nos implica a nosotras. En otras de las historias y por mi profesión, veterinaria, he coincidido con gatos que vienen de estar en casas con personas que padecen el síndrome de Noé, que es aquel en el que una persona comienza acogiendo un animal y acaba acogiendo a muchísimos y que padece también el síndrome de Diógenes y que suele afectar a mujeres mayores”.
- ¿Cómo se llega a esa situación?
“Tiene que ver absolutamente con la soledad que se vive en las grandes ciudades y ahí sí que tuve que ponerme con las dos partes. Por un lado, empatizar con el animal y por otro contar la historia de ella. Yo apuntaría que Los alemanes tiene detalles de mi infancia pero un relato autobiográficos, escrito en primera persona, no hay ninguno. Son historias de ficción afortunadamente”.
- En los cuentos hay niñas, mujeres…
“Quise que los personajes fueran femeninos. Que hubiera niñas y que hubiera mujeres. Me interesaba además que el libro lo abrieran niñas y lo cerraran niñas también. Durante el proceso de selección se quedaron fuera dos historias, una de las cuales está traducida al italiano y la otra porque la sustituí por 2054, que es un relato que a mí me interesaba por lo que trata y para no estar todo el tiempo en el presente”.
- Me dijo antes que su afición por escribir le viene desde pequeña pero que la aparcó un tiempo hasta que la retomó.
“Me puse de nuevo a escribir cuando volví a leer. Hace años que gestiono una cuenta en redes sociales en la que hablo de los libros y a raíz de ahí me volvió el entusiasmo. Es decir, que se lo debo al hecho de empezar a escribir reseñas una vez me sentí más asentada y sin el vaivén de los estudios. Muchos de los cuentos están escritos con rabia porque sentí la necesidad de verbalizar ciertas cosas”.
- ¿Y que asuntos necesitaba verbalizar?
“Hay temas que me cabrean como el turismo, la maternidad, la violencia. Sentí la necesidad de volver a expresar determinadas cosas por escrito”.
- Publica Niñas sucias con la editorial Pepitas de calabaza.
“Les envié el manuscrito y me dijeron que fuera a verlos para que les contara en persona el proyecto. Y les interesó. Tan sencillo o tan difícil como eso”.
- ¿Le dijeron algo en la editorial por las palabras canarias que aparecen en algunos de los cuentos?
“No entendían en los cuentos más canarios algunas palabras. Por ejemplo, las pencas, que para ellos son otra cosa. Pero han respetado absolutamente todo lo que tiene que ver con el lenguaje. No hubo cambios. Ellos querían que en el libro los relatos que transcurren en Canarias estuvieran narrados como hablamos aquí. La verdad es que estoy muy contenta con el trabajo de corrección y el de la editorial”.

- ¿Hubo algún cuento que te resultara especialmente difícil de escribir?
“La vieja fue para mi el más difícil de escribir, estuve atenta en la corrección porque en el cuento entran muchas voces. Está la de la madre, la abuela, el personaje masculino… Me resultó complejo enlazar todas las voces y que éstas se diferenciaran. Hay otras historias que también resultaron difíciles de escribir pero más por lo que implican emocionalmente como Mujer tenías que ser, que a mí me ha sorprendiendo porque quienes lo han leído dicen que se trata de un relato de terror pero cuando lo escribí no lo vi así. De todas maneras, creo que a todas nos han dicho algunas de las frases que aparecen en ese cuento, y todas en algún momento hemos tenido que ver con la protagonista en ciertos aspectos. Fue complicado de escribir.”
- ¿A qué le da más prioridad en las historias?
“A los escenarios y luego a los personajes porque quiero que el lector se haga una idea de dónde se encuentra porque no menciono ninguna ciudad en concreto, tampoco ninguna isla. Los escenarios tenían que estar construidos de tal manera que tanto por el lenguaje en lo que transcurren en Canarias, el lector se preguntara ¿estoy aquí? ¿Esto es Canarias?, ¿esto es una ciudad? A mí me gusta mucho narrar los espacios y los detalles porque creo que eso da mucho juego y diferencia unos sitios de otros. En otros cuentos me preocupé por la estructura. Por ejemplo, antes de escribirlo tenía claro lo que quería contar: la historia de una mujer que no hablara, que no dijera lo que piensa en ningún momento sino que fuera su entorno el que se encarga de dirigirla”.
- ¿Asistió a algún taller de escritura?
“He ido a talleres de relatos en Madrid, en la Escuela de Escritores, aunque de pequeña ya escribía pero lo que a mi me ayuda mucho a escribir es la lectura en grupo porque te hace ver no tanto lo que haces bien sino en lo que fallas. Y a veces es más interesante darte cuenta de qué es lo que no hacemos bien para potenciar lo que sí haces bien. Es fundamental, además, corregir. Alguien me comentó el otro día que la escritora argentina Samanta Schweblin dijo que de cada relato que escribe saca como ocho versiones, versiones en las que se encuentra el texto que pule”.
- El cuento es un género muy complicado.
“Lleva mucho trabajo. En una novela puedes alargar y disimular las partes más aburridas pero en un relato no. Como un relato tenga un comienzo muy largo te enredes y lo sueltas como lector. A mi me parece que hay que ser muy preciso tanto con la estructura como con la historia. Y corregir”.
- Se está produciendo un fenómeno muy interesante en la literatura que se escribe en las islas, y es que son ellas las que están despuntado más que ellos…
“Esto que está pasando es muy positivo para la literatura que se escribe en las islas porque al final nosotras lo que estamos haciendo es contar lo que nos preocupa y lo narramos desde aquí, lo que creo que es muy interesante ya que nos da la oportunidad de leer historias en las que nos podemos sentir reflejados”.
Saludos, érase una vez…, desde este lado del ordenador