
Si hay un protagonista constante en la literatura de Pedro Herrasti (Madrid, 1964) es la capital de España, y no solo por ser la ciudad en la que nació y que conoce al dedillo, sino porque su imaginación ha sido alimentada a lo largo de los años por muchos libros que transcurre precisamente en esta villa y corte que no conoce el mar y que baña un Manzanares que Lope de Vega definió como “aprendiz de río”. Para conocer sus calles y plazas, y cómo ha ido cambiando con el paso de los años, Herrasti nos ha llevado a la ciudad en pleno reinado de Felipe IV de la mano de Gonzalo García, ex combatiente de los Tercios de Flandes; Jorge Blanco, militar pusilánime pero con encanto que hace carrera en el ejército por casualidad, llegando a ser compañero del mismísimo Francisco Franco y ahora Miguel Herranz, investigador que se mueve en la España de 1900 con su peculiar doctor Watson, el escritor y médico Pío Baroja en Los crímenes del Retiro (Salamandra, 2025), novela que pide a gritos una continuación.
- ¿Qué significa Madrid como escenario literario para Pedro Herrasti?
“Madrid es la ciudad donde nací y también el lugar donde he pasado la mayor parte de mi vida. Madrid ha sido desde siempre un escenario literario. Muchas de las obras de la literatura española transcurren aquí. Desde El diablo cojuelo a La colmena, pasando por los Episodios Nacionales de Galdós. Todas mis novelas transcurren en Madrid. Es innegable que siento un profundo cariño por mi ciudad. Hay ciudades mejores, más bonitas o más cómodas, pero esta es la mía”.
- ¿Cómo surge la idea de escribir una novela con Pío Baroja como coprotagonista?, un Baroja, todo hay que decirlo, que en Los crímenes del Retiro está iniciando su prometedora carrera literaria.
“Baroja era en la idea original un personaje secundario. El protagonista era Miguel Herranz y su auxiliar Consuelo Vello Cano La Fornarina con la que comienza una relación amorosa. A medida avanzaba la novela vi que Baroja podía tener más tirón que una olvidada cantante de cuplé. Tuve que elegir entre algo tan necesario hoy en día como dar más protagonismo a los personajes femeninos o tratar de jugar la baza de un escritor célebre muy ligado a Madrid y a esa época. El resultado fue que me decanté por Baroja. En ese momento era alguien que no ha encontrado su lugar en el mundo y tiene un sueño por cumplir: ser escritor. Junto al sueño está la pesadilla, siente pánico ante la página en blanco, a no ser capaz de completar una obra o que esta tenga cierta valía. Sufre la inseguridad y vacilación de un escritor casi novel”.
- Es un escritor de género, géneros que mezcla en ocasiones con otros como el histórico y el policíaco. ¿Qué atractivos tiene para usted la literatura de género?, ¿y qué opina de quiénes siguen señalándola como literatura de baja intensidad?
“La literatura de género es literatura popular, de divertimento, la que sumerge al lector en un mundo y una serie de peripecias que entretienen al lector. El beneficio que produce este tipo de literatura es doble. Por un lado, gana lectores que un día pueden consumir literatura de más enjundia. Por otro, los beneficios que producen esas obras permiten lanzar a nuevos escritores y mantienen a las empresas a flote. Además de todo eso, las mejores obras de género también son grandes obras literarias. No creo que nadie dude que Robert Graves, Conan Doyle o Dashiell Hammet sean grandes escritores. Ambas corrientes de la literatura, la popular y la culta, se complementan y se necesitan. La primera sumerge al lector en una duermevela grata que le ayuda a afrontar una vida por lo general gris. Hace soñar. La segunda indaga en la realidad social y hace plantearnos cuestiones que de otro modo no haríamos. Hace pensar”.
– Usted es un autor que se ha especializado en series, cuenta con personajes más o menos fijos como Gonzalo García, cuyas historias se desarrollan en la capital de España durante el reinado de Felipe IV; Jorge Blanco, un mediocre militar que sin embargo hace carrera antes del inicio de la II República y… Ahora Miguel Herranz y Pío Baroja ¿planea convertirlos a ambos en protagonistas de una serie?, ¿cuál es el plan si resultara así?
“Creo que una manera de ganarse un público lector fijo es la serie protagonizada por un protagonista. La novela negra está repleta de detectives o policías que resuelven caso tras caso. En la novela histórica también hay autores que siguen esa trayectoria como Simon Scarrow o Bernard Cornwell. Eso es lo que he intentado desde que comencé a escribir mi primera novela con ese antiguo combatiente de los Tercios que era Gonzalo García. Volví a intentarlo con Jorge Blanco y ahora trato de abrirme camino con Miguel Herranz y Pío Baroja. Si la novela funciona habrá, al menos, una segunda parte. De hecho, el final está abierto para que la acción pueda continuar en una nueva entrega”.
- Por cierto, ¿volveremos a leer nuevas novelas con Jorge Blanco de protagonista?
“Eso espero, tengo acabada otra novela de Blanco que comienza unos meses antes de la proclamación de la II República. Quienes hayan seguido a Blanco sabe que su don de gentes le ha ganado la amistad de un personaje tan importante como Manuel Azaña. Ambos conspiran para derribar a la monarquía. Blanco participa en el golpe de Jaca con Galán. A partir de ahí comienza una apasionante trayectoria junto a Azaña y otros personajes. La novela finaliza con la sublevación de Companys. Creo que es un fresco histórico muy interesante, contado de una manera desmitificadora y con el típico sentido del humor de Blanco”.
- ¿Que queda del Madrid que retrata en Los crímenes del Retiro?
“Han desaparecido muchas cosas. Por ejemplo, las tertulias literarias que en esa época eran tremendamente populares ya no existen. Tampoco hay un ambiente cultural efervescente, lleno de personajes excéntricos. Todo eso desapareció hace mucho. Una de las cosas que no me gusta es mitificar el pasado. En realidad, la gente acudía a las tertulias porque se aburría en casa y se iban al café a hablar con los amigos. No todo son malas noticias. El tiempo se llevó los barrios miserables, el hambre, el analfabetismo y, en gran parte, las sangrantes diferencias sociales de antaño. Algunas cosas permanecen intactas. Nos sigue quedando la corrupción, los dos partidos turnistas, la dificultad para adquirir una vivienda, el trabajo precario y los buscavidas en busca de botín. Todo eso está de plena actualidad”.
- En la novela además de los personajes ficticios aparecen reales como el mismo Baroja, los Millán Astray, padre e hijo, el marqués de Salamanca…; los protagonistas de las tertulias a las que asistía el escritor… ¿Cómo se pone en la piel de los personajes que existieron en realidad?. ¿Y de los que aparecen en el libro tiene debilidad por alguno?, ¿y especial inquina?
“En el ámbito literario me he basado mucho en La novela de un literato de Casinos Assens. En esta obra retrata con un enorme talento y humor la vida intelectual española desde 1900 hasta el inicio de la Guerra Civil. Mención especial merece Baroja, sus libros solían ser cortos, pero con su autobiografía Desde la última vuelta del camino, se despachó a gusto con tres volúmenes. Algunos personajes secundarios también me resultan muy queridos. Por ejemplo, el inspector Ramón Fernández-Luna. Un hombre que modernizó la investigación policial. También resulta interesante José Millán Astray (padre) funcionario, escritor de zarzuelas, periodista con ínfulas políticas en su juventud y, finalmente, Comisario General. Tal vez el único al que tengo cierta inquina es el marqués de Salamanca. Para construirlo me he basado en gran parte en la trayectoria de su padre, el famoso marqués constructor del barrio que lleva su nombre en Madrid. Era uno de esos hombres que surge de la nada a base de negocios dudosos, inversiones especulativas, contactos políticos y especulación inmobiliaria. Un estereotipo que ha traspasado la frontera del tiempo y sigue con muy buena salud más de un siglo después”.
- ¿Hubo algún capítulo o momento en concreto que le resultara particularmente difícil de escribir?
“En la novela policial siempre es clave lo que llamo “la escena del salón”, el momento en que Poirot o Holmes reúnen a la gente en una habitación y desvela al culpable del crimen, cómo lo cometió y las razones que le llevaron a ello. Todo debe estar bien tramado y resultar creíble. También ha sido complejo revivir ese Madrid desaparecido con sus tertulias, cafés cantantes, palacios y corralas. Crear una novela con una atmósfera que resulte realista es complicado y requiere mucho esfuerzo, pero si lo consigues merece la pena. Opino que en ese aspecto he logrado mi objetivo”.

- ¿Por qué Baroja como coprotagonista y no otro escritor de la llamada generación del 98 como, por ejemplo, Ramón María del Valle Inclán?
“Baroja es un personaje muy peculiar. Tímido, con poco don de gentes, no demasiado hablador. Es muy posible que si lo hubiéramos conocido no nos hubiera caído bien o, siquiera, hubiéramos reparado en él. Esa falta de carisma es un llamativo contraste con otros personajes de la época como Alejandro Sawa o Valle Inclán. Ellos eran lo opuesto, se habían construido un personaje y actuaban como se esperaba de ellos. Ambos llevaban a cabo de su papel de bohemios, charlatanes y literatos con cierto malditismo. Frente a la teatralidad de ambos, Baroja es el hombre cabal, trabajador, poco dado al alcohol o la bohemia. No bebe, no frecuenta burdeles, no se pierde en garitos o tabernas. Frente a esa teatralidad, Baroja es auténtico. Además, es alguien con conciencia social. En sus novelas de la trilogía de La lucha por la vida retrata una realidad cercana, la de los arrabales y las clases más desfavorecidas, que nadie había querido mostrar en una obra literaria. Baroja visita las Injurias, ve cómo vive esa gente y se indigna. Mientras tanto Sawa y Valle están a los suyo: discutiendo en las tertulias y tratando de abrirse paso en el mundo literario”.
- En la novela comienzan a aparecer mujeres degolladas en distintos puntos de Madrid, todas con una flor y un poema de Rubén Darío, ¿es su particular venganza hacia el modernismo?
“No, en absoluto. El modernismo es un movimiento que admiro. Siempre me ha gustado la poesía modernista, la arquitectura, sus artes decorativas, la pintura y el cartelismo: Rubén Darío, Gaudí, William Morris, los rafaelitas, Mucha, Beardsley… la lista sería interminable. Todo me parece bello, delicado y de un atractivo innegable. Si entre todos los artistas de la época me dijeran que escogiera a uno, ese sería Rubén. Su poesía me parece arrebatadora. Incluso como persona me parece interesante, un hombre viajado, brillante y hedonista”.
- Leo que uno de los referentes que tuvo para describir al personaje de Miguel Herranz fue Eloy Gonzalo. Sin embargo, su protagonista combatió en Filipinas, concretamente en el sitio de Baler, y no en Cuba. ¿Hasta qué punto esa España de 1900 estaba preparada para entrar en el siglo XX?
“La novela es una obra de ficción, pero he buscado la máxima verosimilitud. Casi todos los personajes son reales y los que no, como Miguel, tienen un arquetipo histórico. En su caso es Eloy Gonzalo que protagonizó una hazaña heroica en la localidad cubana de Cascorro cuando un grupo de soldados estaba siendo hostigado por los rebeldes desde una casamata de madera. Es un acto heroico similar al de Miguel. Él resiste en Baler hasta la capitulación final. Hay más datos comunes. Ambos eran huérfanos, Miguel al morir su madre es acogido en el Hospicio. Eloy es abandonado en la Inclusa. Ambos son desarraigados, sin familia, sin dinero y sin futuro. Al estallar la guerra ninguno de los dos tiene las mil pesetas con las que los jóvenes adinerados podían librarse de ir a combatir a ultramar. El paralelismo se rompe en un hecho fundamental: Eloy moriría de una enfermedad tropical en Cuba, la causa del noventa por ciento de las bajas en la guerra. Miguel regresa. Ambos son un ejemplo de lo mal preparada que estaba España para entrar en el siglo XX. Ellos son hijos de un país atrasado económica y culturalmente, con un sistema político caciquil y unas sangrantes diferencias sociales. Si embargo, esa derrota hace que el país despierte y se movilice para buscar un futuro mejor”.
- Antes de ponerse a escribir qué fue primero, Miguel Herranz, el protagonista de la historia, o Pío Baroja.
“Miguel Herranz. Miguel me parece un personaje tan interesante como Baroja. Es un superviviente, alguien cuya vida ha sido dura, pero que lucha de manera decidida por mejorar y abrirse camino en una sociedad que se ha puesto en su contra prácticamente desde su nacimiento. Es un perdedor, pero también alguien que lucha hasta el final”.
- ¿Fue difícil reconstruir aquel Madrid de comienzos de siglo XX?
“No ha sido una tarea fácil, pero Baroja me llevó de la mano por esa ciudad desaparecida. El hizo una descripción detallada de ese Madrid en la trilogía de novelas de La lucha por la vida. Miguel se encuentra a Baroja en el barrio de las Injurias porque el escritor lo visitó para escribir sus novelas. Vio esos arrabales miserables, habló con sus gentes, frecuentó sus tabernas e incluso nos describe una casa de dormir. También nos describe los barrios populares como Lavapiés o las corralas donde vivían obreros y artesanos. La característica principal de la ciudad en ese momento es que estaba en construcción. Hasta 1868 la ciudad era minúscula, solo era lo que hoy es el distrito centro. Tras demoler la cerca que limitaba su crecimiento se empezó a construir el ensanche con nuevos barrios como el de Salamanca o Argüelles con grandes avenidas. La zona sur, donde estaban las Injurias, se convirtió en un barrio de chabolas”.
- ¿El Madrid de nuestros días podría servir para una novela de Pedro Herrasti o prefiere el Madrid del pasado?
“De momento no me lo he planteado, pero creo que sería interesante escribir una historia en el Madrid contemporáneo que refleje todos los males que acosan a la sociedad actual. La democracia ha traído la participación del pueblo en la toma de decisiones, pero no ha sabido corregir males estructurales como la corrupción o el caciquismo”.
- ¿Si pudiera viajar en una máquina del tiempo al Madrid de 1900 qué barrios le gustaría visitar?
“Madrid debía ser una ciudad sucia y maloliente en los que gran parte de sus habitantes vivían hacinados en casas sombrías. Supongo que me gustaría visitar el elegante barrio de Salamanca. Tenía amplios bulevares que desaparecieron en los años 60 para dejar paso a los coches. Por contraste, también visitaría el centro para ver las diferencias con lo que vemos hoy en día. No me perdería las Injurias o las Cambroneras para ver la misma negra miseria que describió Baroja”.
- ¿Qué tipo de literatura le gusta leer a Pedro Herrasti?
“Soy muy ecléctico. Disfruto con novelas de género histórico y policíacas, pero también leo literatura seria. En el género histórico he disfrutado mucho con las novelas de Bernard Cornwell y George MacDonald Fraser. Su serie de Flashman me parece prodigiosa. En cuanto a novela policíaca me gusta Leonardo Padura y Philipp Kerr con su inolvidable Bernie Gunther. En literatura seria me gustan Manuel Vilas, Luis Landero o Javier Cercas por decir algunos”.
- ¿Qué libros de Pío Baroja son sus favoritos? ¿Acaso los títulos con que usted da nombre a las diferentes partes en que divide su novela?
“Sin duda, las tres que forman la trilogía de La lucha por la Vida (La busca, Mala hierba y Aurora Roja). También me parece muy buena El árbol de la ciencia que es una novela en gran parte autobiográfica mucho más digerible que sus memorias. Una última recomendación es La estrella del capitán Chismita, una curiosa novela de aventuras de ambiente marinero”.
- ¿Qué distingue a Baroja de los otros grandes escritores de la llamada generación del 98?
“La modernidad. La prosa de Baroja es moderna, casi periodística, con frases cortas, estilo directo y diálogos que parecen sacados de cualquier conversación de la calle. Sus libros eran muy leídos en su momento y se siguen leyendo con placer hoy en día. Por el contrario, la prosa de muchos de sus contemporáneos está en el olvido. Si uno lee las Sonatas de Valle llega a la conclusión que es un gran prosista, pero las aventuras del marqués de Bradomín no conmueven al público de hoy”.
- La sombra del 98 planea en Los crímenes del Retiro.
“El desastre de las pérdidas de las colonias y todo lo que conlleva está presente en la novela. El investigador es un excombatiente al igual que otros personajes secundarios, como el delincuente Jesús Gayoso o el futuro fundador de La Legión José Millán Astray. En un país pobre la derrota provocó aún más miseria. Por eso llegaban a Madrid muchos inmigrantes del campo buscando un futuro que les sacara de la indigencia. Lo que encontraban la mayoría eran los arrabales miserables que rodeaban Madrid, de los que las Injurias es el más famoso”.
- ¿Está Pedro Herrasti preparando nueva novela o de momento está demasiado ocupado con la promoción de Los crímenes del Retiro?
“La promoción está ocupando una parte importante de mi tiempo, pero tengo casi acabada otra. Nada más acabar Los crímenes… me puse a escribir una nueva novela. En ella dejo Madrid (por fin, dirán algunos) y me voy a Roma durante la Segunda Guerra Mundial. Como suele ser habitual en mí es una mezcla de novela histórica con género criminal, repleto de personajes reales como Otto Skorzeny. Creo que es una de las novelas más interesantes que he escrito con un protagonista tan atractivo como peculiar”.
———————————————-
¿Qué queda de aquel Madrid?
Ante esta pregunta, que se le plantea casi de manera insistente, Pedro Herrasti dice que se esforzó en la novela porque el lector pudiese reconocer algunos lugares que todavía se conservan intactos desde 1900. Cita, por poner ejemplos, la casa donde vive el protagonista, Miguel Herranz, una corrala que se conserva en la calle de Carlos Arniches 3, y que hoy en día ocupa un museo de costumbres populares. Por otro lado, menciona la Comisaría Central, que hasta hace poco tuvo ese uso y que fue la antigua casa de Postas en la plaza del Marqués de Pontejos, “muy cerca de la puerta del Sol” y recuerda que Miguel y Baroja se reúnen en el café Moderno, que hoy es la pastelería El Riojano, en la calle Mayor 10. “De allí van a Torres Joyeros, una joyería de principios de siglo que está en el número 25 de esa misma calle. Mientras que el palacio del marqués de Salamanca es el Palacio Gaviria, en la calle de Arenal, número 9. Entre los que no han tenido suerte, cita los cafés Fornos y Madrid, que ya no existen, así como aquellos “arrabales miserables” tan presentes en su novela Los crímenes del Retiro.
Saludos, érase una vez…, desde este lado del ordenador