Grand Canary, una fantasía animada
Si uno repasa su biblioteca descubre –no con tanta sorpresa como cabría imaginar– que la literatura que se ha escrito sobre el cine en Canarias es más abundante y en mucho de los casos interesante de lo que pensaba. Es extraño que toda esa producción no cuente con el sello o al menos el estímulo de las dos universidades canarias, en ocasiones tan acostumbradas a vivir de espaldas a su sociedad, sobre todo en cuanto a cultura se refiere, pero quizás sea lo mejor, ya que el análisis se aleja del rigor académico y se publican, en los casos que conozco, libros con un sano espíritu divulgador en los que se reflexiona y se da noticia de ese cine canario (están empeñados por acuñar unos y otros) que el paso de los años ha convertido en una realidad. Una realidad que no tiene solo presente sino también pasado. Una tradición.
Es verdad que sin el trabajo de la Filmoteca Canaria, que desde sus orígenes ha venido respaldando la publicación de algunos de estos libros, el vacío hubiera sido desolador en las estanterías de publicaciones dedicadas al cine en el archipiélago, pero es necesario reivindicar que entre estos títulos se encuentran unos pocos que son de referencia porque recuperaron y pusieron nombre a los pioneros del cine en Canarias.
Y es que hay libros para todos los gustos, desde los que se presentan en Festivales, lujosamente editados aunque incómodos para leer, sobre todo si se tiene la costumbre de hacerlo acostado, a volúmenes de bolsillo, muy prácticos porque pueden llevarse a todas partes. En cuanto a temáticas, hay un poco de todo aunque salvo honrosas excepciones son escasos todavía los de entrevistas. Entrevistas con cineastas, actores, productores, entre otros, ya que son ellos los que pueden dar una visión no ya solo de lo que filman sino de las dificultades de rodar en un territorio donde el paisaje es tan absorbente pese a que últimamente y por la depredación turística, estos escenarios vayan desapareciendo gradualmente en favor de la especulación y del cemento.
En esta bibliografía cinematográfica sobre el cine en Canarias se ha escrito bastante sobre el rodaje de Moby Dick (1956) cinta dirigida por John Huston, que vino a las islas acompañado de Gregory Peck, que interpreta al capitán Ahab de la novela de Melville, pero no me consta que se haya hecho lo mismo con otras cintas que, como Hace un millón de años (Don Chaffey, 1966), nos presentó a Raquel Welch ligera de ropa por exigencias del guion. Es probable que el aficionado la recuerde porque en la película Welch pasea lanza en mano por, entre otros paisajes, las Cañadas del Teide. En ambos casos, sin embargo, no se identifica en las películas que esos escenarios eran de “nuestras” islas, aunque hay otros filmes, como Grand Canary (Irving Cummings, 1934), donde sí que se identifica el territorio aunque este fuera recreado artificialmente en un estudio de Hollywood. Hay otro caso similar, el del largometraje Mar de fondo (John Ford, 1931) al que ya dedicamos un amplio reportaje en estas mismas páginas.
Un paraíso herido. De cómo Hollywood reinventó las islas Canarias (Le Canarien, 2025), de Gonzalo M. Pavés, profesor de la Universidad de La Laguna, estudia las claves de un largometraje que como Grand Canary va más allá de la representación en decorados de la isla. Es verdad que el filme no deja de resultar uno de aquellos melodramas tan característicos en el cine norteamericano de aquellos años. Y que como tal, el paso del tiempo ha resultado implacable con la cinta, que está basada en una novela de A.J. Cronin, un escritor que contó con muchas novelas que fueron éxitos de ventas, todas ellas protagonizadas por médicos abnegados capaces de enfrentarse a todo tipo de adversidades para salvar al prójimo.
Lo más atractivo del libro de Gonzalo M. Pavés, y el material en el que el profesor hunde los colmillos, es la polémica que desató la película cuando se estrenó en los cines, ya que recibió críticas de muchos emigrantes canarios que la vieron en sus países de adopción. Fue allí donde descubrieron que aquella Canarias de cartón piedra no era la Canarias que habían dejado atrás. Fue tanta la polémica, que incluso llegó a ser prohibida en las salas de cine españolas con el fin de calmar ánimos tan desatados.
El estudio está estructurado en seis parte, la más atractiva la cuarta por aquello del encendido debate que despertó tras su estreno. El texto incluye además el guion de la película y un análisis secuencial de un largometraje que si tiene algún interés es para cinéfilos. El libro cuenta también con una atractiva galería fotográfica y está editado con el gusto al que nos tiene acostumbrado Le Canarien, por lo que más allá de un título que analiza un filme muy irregular al que el paso del tiempo ha envejecido sin piedad, se convierte en un libro objeto.
En cuanto a la novela de Cronin, llama la atención la mirada que el escritor británico volcó sobre Gran Canaria y Tenerife. Islas que tuvo que conocer, una suposición que no descarta Gonzalo M. Pavés. En la novela Gran Canaria aparece como un territorio luminoso mientras que Tenerife, lugar donde se ha desatado una epidemia a la que acude el protagonista, médico de profesión, se representa como una tierra enferma.
La representación cinematográfica es más o menos fiel al libro, así lo refleja Un paraíso herido. De cómo Hollywood reinventó las islas Canarias, un texto curioso e interesante. Nuevo a su manera en la ya amplia bibliografía que se ha escrito sobre, vamos a llamarlo así, “nuestro” cine.
Saludos, la leímos y la vimos, desde este lado del ordenador
