Mis exploradores favoritos, ellos y ellas nos descubrieron el mundo
Uno de los primeros libros que, propiamente, puedo considerar como mío trataba sobre la vida de varios exploradores que en unos días donde desafiar a la naturaleza no era como hoy, aprendieron a superar sus miedos enfrentándose, precisamente, a todos ellos. No creo por eso que los exploradores y viajeros le caigan mal a nadie, son gentes que parecen que han nacido en otro mundo cuando de lo que se trata es que han viajado por todo el mundo, y eso les da cátedra para entender todas las dimensiones en las que a veces se pliega o se estira el alma mientras nos preguntamos qué es lo que incita a unos a dejarlo todo y marcharse con una confianza que raya en la ceguera a otros territorios, en muchos de los casos muy complicados para transitar claro que, si no existieran complicaciones, la exploración y el viaje no serían lo mismo. Tiene que tener sus dosis de riesgos y cuanto más altas mejor.
De todo esto habla un libro precioso que ha caído recientemente en mis manos, Mis exploradores favoritos, (Serendipia, 2025) una obra colectiva en la que participan Javier Cacho (que debe ser el primer y de momento único explorador español que ha dado nombre a una isla en la lejanísima Antártida, Cacho Island); Miguel Gutiérrez Garitano, Manuel José Carpintero y Carlos Micó Tonda, y que cuenta con unas magníficas ilustraciones de Cayetana Carpintero de Hita.
El libro es, como se comentaba, una delicia no solo por su lectura y por la información que uno, particularmente, recibe de algunos de sus héroes, la mayoría de infancia aunque han permanecido a su lado durante todo este tiempo, y mira que son años; sino también porque cuenta con consejos que invitan a que seamos mejores personas y sobre todo a enfrentarnos a los desafíos que nos salen a diario en este devenir que es la vida y en la que, aunque no crucemos largas planicies heladas, selvas tropicales infestadas de animales perniciosos o las profundidades marinas, da consejos y explica las motivaciones que animaron a unos y a otros de los protagonista a hacer lo que hicieron pese a que pusieran su vida en peligro.
Mis exploradores favoritos cuenta con prólogos escritos por Michael López-Alegría, que recuerda al lector que “llevamos en nuestro ADN el espíritu de exploración”, y el cineasta y escritor Javier Fesser, que explica en su introducción que para explorar no hace falta ser alto ni bajo, guapo ni feo, sino tener una profunda vocación por dar respuesta “a sus propias incógnitas”.
Mis exploradores favoritos comienza con los exploradores que exploraron los dos polos de la Tierra, y lo firma el científico y viajero Javier Cacho, que además de hombre que mira siempre hacia adelantes, es una de las personas más amables que he conocido porque, y esa es otra, el buen explorador debe ser amable.
La selección que hace Javier Cacho de los que sacrificaron parte de su vida explorando aquellos indómitos territorios incluye a Shacklton, el explorador indomable; Amundsen, el triunfo de la profesionalidad; Josephine Peary, la dama de hielo; Knut Rasmussen, el explorador con dos corazones; El capitán Scott y la carrera al Polo Sur; Nansen, el explorador polar que quiso cambiar el mundo y Larramendi, la perseverancia tiene su premio.
El capítulo dedicado a los exploradores del selvas y desiertos lo firma Miguel Gutiérrez Garitano, que selecciona a exploradores que realizaron sus gestas en territorios tan poco amables con el ser humano como fueron Gerhard Rohlfs, el guerrero del Sáhara; Gertrude Bell, la dama de Arabia; Francisco de Orellana y la navegación del río Amazonas; El doctor Friedrich Leichhardt, el gran pionero de Australia; Pierre Savorgnan de Brazza, el explorador del salacot; Roy Chapman Andrews, el cazador de dragones y Percy Fawcett y la ciudad perdida de Z.
El tercer apartado de Mis exploradores favoritos está dedicado a los grandes navegantes y está firmado por Manuel José Carpintero Manzanares, quien habla de Valentina Tereshkova, la mujer que voló entre las estrellas; Neil Armstrong, con la luna a sus pies; Michael López-Alegría, el astronauta que hace soñar a las estrellas; James Cook, el navegante de los océanos; Thor Heyerdahl, viajó al pasado para demostrar el presente; Juan Sebastián Elcano, el primero en circunnavegar la Tierra y Amelia Earhart, la mujer que desafió al cielo.
El último capítulo de la obra, que firma Carlos Micó, está dedicado a los exploradores submarinos y en él se repasa las vidas de profesionales de la dimensión de Sylvia Earle, su majestad de las profundidades; Kill Heinerth, la mejor buceadora del mundo; Jacques Cousteau, la llave del mar; Isaac Peral, un nuevo vehículo para las profundidades; George Bass, padre de la arqueología submarina; Eugenie Clark, la dama de los tiburones y Enric Sala,del aula al mundo.
En total, 28 retratos de grandes exploradores, unos más conocidos que otros, y de cuyas vidas, objetivos y metas escriben cuatro viajeros españoles que han puesto su talento al servicio de una obra que además de didáctica e informativa, resulta estéticamente fascinante y no solo por algunas de las fotografías que se diseminan por sus páginas sino por el arte que Cayetana Carpintero de Hita tiene para el arte. La reunión de estas cinco personas resulta así un plus hacia un libro que si bien está dedicado a lectores jóvenes yo recomendaría también para adultos, y no solo con la idea de que retrocedan en su vida y viajen a su infancia donde todo era más grande y lento también; sino porque se trata de un libro muy ameno e informativo que, además, nos enseña a ser buenos exploradores. Es decir, buenas personas y personas amables.
Saludos, se hace camino al andar, desde este lado del ordenador
