El otro Hollywood, o una historia oral del cine porno

La historia del cine es la historia de una ambición mezclada con mucho talento. El escritor Francis Scott Fitzgerald lo supo transmitir en su novela inconclusa El último magnate, a través de Monroe Stahr, un personaje fascinante que tiene un sentido de contar historias que va más allá del ejército de guionistas y cineastas que tiene bajo sus órdenes… Si se quiere conocer el cine norteamericano de estudio, el que fabricó en serie grandes películas, la novela de Fitzgerald sigue siendo un referente, y como referente lo es también el retrato feroz que el escritor describe del Hollywood de aquellos años, historias trágicas y cómicas que recopiló en el volumen de cuentos Las historias de Pat Hobby, libro en el que todavía se aprecian los destellos del gran escritor que fue el autor de El gran Gatsby.

Viene todo esto a cuento para explicarles que la historia del cine es también la historia de hombres y mujeres que se enfrentaron a toda clase de desafíos, y que los desafíos fueron gigantescos cuando hablamos de lo que ha pasado a conocerse como cine pornográfico, un cine, éste, que no parece reconocerse en ese pasado en el que comenzó a hacerse industria, allá en la ya lejana década de los años 70 con la aparición de la película que lo cambió todo: Garganta profunda (Gerard Damiano, 1972) un filme con guión que lanzó al estrellato a su actriz protagonista, Linda Lovelace, primera gran estrella y primera gran víctima de una industria que a medida que el género fue calando en la sociedad estrujó entre sus dedos sin miramiento ni condescendencia alguna.

De esta película y de otras tantas trata El otro Hollywood. Una historia oral de la industria del cine porno (Es Pop Ensayo, 2024), una reedición en español de un clásico que firman los especialistas Legs McNeil y Jennifer Osborne con Peter Pavia y en la que se narra a través de la voz de sus protagonistas (cineastas, actores y actrices, productores, agentes del FBI) el relato singularísimo de un cine que dio un paso de gigante con la aparición del vídeo doméstico y películas en la que no importa demasiado lo que se cuenta, el afán por entretener al espectador, sino rodar escenas en las que se entra al trapo en relaciones sexuales en un principio rodadas exclusivamente para espectadores heterosexuales.

Algunos de los protagonistas que fueron entrevistados para hacer este libro son actrices como Ginger Lynn, Traci Lords, Mariliyn Chambers y actores como Tom Byron, Harry Reems y Ron Jeremy, entre otros. Así que son ellos, a través de sus comentarios y opiniones, los que dan una visión de una industria millonaria que sigue proporcionando dinero al mismo tiempo que genera un sistema de estrellas en el que dominan ellas y no ellos.

En El otro Hollywood se repasan los inicios de la industria del cine pornográfico, aquellas cintas que mostraban a finales de los año 60 cuerpos desnudos que correteaban por la playa o por el campo y más tarde el rodaje y el éxito tras su estreno, de Garganta profunda, que terminó por llamar la atención de la mafia neoyorquina, mafia que extendió sus tentáculos para dominar y hacer negocio con un cine de muy bajo presupuesto pero que daba y sigue dando mucho dinero.

El libro incide en cómo aparecieron otros largometrajes aprovechando el éxito en taquilla de Garganta profunda, permitiéndose incluso películas de autor, de arte y ensayo que decían los cursis en décadas pasadas, como Detrás de la puerta verde, (1972) un filme dirigido por los hermanos Jim y Artie Mitchell, que no deja de sorprender su visionado en unos tiempos donde se acabó eso de contar historias porque lo que se quiere es rodar parejas, tríos, grupos haciendo el amor sin mensaje alguno. Todo en crudo, y cuanto más explícito mejor.

No cuenta El otro Hollywood la razón, pero si se analiza con cierta perspectiva, cómo el porno significó el triunfó del dinero por encima del de la imaginación. También es verdad que se trata en la actualidad de un cine de explotación aunque en sus orígenes quiso ser otra cosa.

El recorrido que ofrece el libro va desde la aparición de las nudie movies a Garganta profunda. La irrupción de John Holmes, la primera gran estrella masculina del cine pornográfico norteamericano por las dimensiones de su miembro; el porno de los 80 y la marejada de cocaína que empapó a los protagonistas de aquellas hedonistas producciones; la aparición del vídeo doméstico; el crimen en el que se vio involucrado Holmes, ya casi fuera de los circuitos artísticos al convertirse en un yonqui del polvo blanco; el SIDA, o la enfermedad que casi pone fin al cine pornográfico; la mafia que llegó a controlar la distribución de estas cintas; el caso de Traci Lords, o cuando se dio a conocer bajo la presidencia de Ronald Reagan que había protagonizado todas aquellas películas siendo menor de edad, lo que obligó a retirar del mercado las cintas en la que intervino; la muerte de Savannah y, por último, y entre otros muchos temas que dejamos de lado, la irrupción de John Wayne Bobbitt meses después de saltar a la fama cuando su esposa, cansada dijo de los malos tratos a los que era sometida, le cortó literalmente el miembro mientras dormía. Miembro que lograron transplantárselo y a partir de ese momento, y bajo el asesoramiento de Ron Jeremy, uno de los actores y directores norteamericanos más peculiares de la industria del porno, lo contratase para rodar películas solo para adultos.

No me atrevería a decir que El otro Hollywood es uno de los mejores libros de cine editados en nuestro país como dice Antonio Navarro en la contraportada del libro, pero sí que se trata de una excelente guía para comprender de boca de sus protagonistas los pros y los contras de una industria que pese a que intenten desmontarla desde las alturas no hay manera posible que se desmorone. Como dice uno de los que participan en la obra, no se puede frenar a una máquina multimillonaria invirtiendo tan poco dinero, así que habrá porno mientras los consumidores sigan viviendo en sociedades que buscan que el individuo no ande por las calles sino que pase la mayor parte de su vida en casa.

La lectura de El otro Hollywood es ligera y muy atractiva, no solo por el inevitable chismorreo que hubo y debe de haber en la actualidad en sus despachos y estudios de rodaje sino también porque saca a relucir la profesionalidad de un cine que, como se dijo, más que entretener lo que busca es el placer del espectador.

Saludos, enjoy!, desde este lado del ordenador

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