Un oficial de prensa al servicio de Franco

“¿Sabes cual es el problema de España? –me solía preguntar– ¡El alcantarillado moderno! En tiempos más saludables… me refiero a tiempos espiritualmente más saludables, ¿entiendes? La peste y las enfermedades mantenían a raya a las masas españolas. Las mantenían en proporciones adecuadas, ¿comprendes? Ahora, con la eliminación moderna de residuos y demás, se multiplican demasiado rápido. Son como animales, ¿entiendes? Y no puedes esperar a que no se infecten con el virus del bolchevismo. Después de todo, las ratas y los piojos propagan la peste. Ahora espero que entiendas lo que queremos decir cuando hablamos de la regeneración de España”.

Capitán Veneno. Aguilera Munro: oficial de prensa de Franco, Libros del K.O., 2025)

Desconocía la historia de Gonzalo de Aguilera Munro, oficial de prensa extranjera al servicio de Franco durante la Guerra Civil hasta la publicación de Capitán veneno. Aguilera Munro: oficial de prensa de Franco, volumen que apenas sobrepasa el centenar de páginas y que publica Libros del K.O. en la colección Héroes & Villanos, “pequeñas biografías de personajes históricos no necesariamente ejemplares, posiblemente contradictorios, definitivamente irresistibles”. No es el primer volumen que aparece de la serie, que cuenta con otros títulos como Lady Tiger, de Silvia Cruz Lapeña; Calomarde, que escribe Sergio del Molino y Romanones, de Mar Abad, pero el retrato de Capitán Veneno, Aguilera Munro, es el de un exaltado peligroso. Y un clasista como pueden comprobar si leen la cita que encabeza este comentario.

A tan estrafalario como enfermizo personaje se le conocía como Capitán Veneno, mote que inspira la novela del mismo título de Pedro Antonio de Alarcón, uno de nuestros más grandes escritores románticos. Y con ese apodo se quedó. Lo que no tengo tan claro es si se lo decían a la cara, yo creo que no porque según este libro lo mismo podía parecer un payaso que un criminal.

En un libro tan breve es prácticamente imposible notariar la vida y obra de cualquier persona aunque esta es una de las imposiciones de esta colección: resumir casi hasta la esencia el comportamiento vital de esos héroes y villanos que salpican la historia de España con independencia de las épocas a la que pertenezcan, y que en el caso de Aguilera Munro le tocó los durísimos de la Guerra Civil aunque en su caso podría decirse que fueron los mejores de su vida ya que fue allí donde hizo algunos amigos sin renunciar a creerse un hombre tocado por la providencia porque por sus venas, corría sangre azul.

Esta biografía la firma el periodista Álvaro Corazón Rural, firma tras la que se encuentra Álvaro González Esteban, y está muy bien porque descubre la vida y la obra de un miserable. De un militar que no quiso serlo, de un hidalgo o patricio español venido a menos, una especie de don Quijiote pero sin la gracia ni la inocencia de éste. Munro dio tumbos toda su vida. Y si se lee, no tuvo una vida feliz.

El libro no plantea una aguda penetración psicológica del personaje como hacía Stefan Zweig, pero dispersa algunas piezas con las que elaborar el rompecabeza de su vida: fue un franquista a medias ya que además de despreciar a la iglesia católica y lo que representaba, se pasó toda la vida camuflándose bajo capas de arrogancia que fue su perdición. Individualista de cuna, ya que toda su vida según relata González Esteban, se comportó como un aristócrata de siglos pretéritos, se creyó con la potestad de ser dueño, dueño y señor de nada y por defender que pertenecía a una clase, mirar con desprecio a los que estaban debajo, gentes que tenían que servirlo y obedecerlo.

El libro me da a conocer a otro personaje singular la Guerra Civil, cuyos ecos sigue resonando con más o menos fuerza según toque a unos o a otros, pero me sabe a poco. No era la intención la del autor de este ensayo biográfico contarnos todo sino la de presentar a un extravagante y como buen extravagante que se aislara un poco más por no saber cerrar la boca. Vio la guerra guiando a los corresponsales extranjeros por las trincheras, bajo los obuses, y les buscaba a los periodistas entrevistas con Unamuno “y si era necesario, los amenazaba de muerte”.

En la contraportada del libro se dice que si Tarantino rodara un espagueti western sobre la Guerra Civil, Aguilera Munro sería el villano pero no tengo tan claro que la película resultante fuera como un espagueti y mucho menos que ese saco de nervios que es Tarantino la dirigiera. En la cabeza mi película con Munro tiene que ser necesariamente española. Y rodada por un tipo que a mi me parece que todavía no ha nacido…

Leyendo este retrato, el personaje que hablaba varios idiomas, de ahí que fuera el que lidiara con los corresponsales extranjeros del ejército nacional, se me aparece como una mezcla de don Quijote y un psicópata de libro. Un loco rematado al que por cuna consideraron un excéntrico y no lo que era, un chalado.

Saludos, leyendo, aquí te espero, desde este lado del ordenador

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