Archive for Noviembre, 2025

Hondo, una novela de Louis L’Amour

Viernes, Noviembre 28th, 2025

“Era una mujer. En cuanto a edad, poco más que una niña, pero toda una mujer. Y muy bonita. Se quitó el cigarrillo de los labios y lo contempló, tomó una calada más y lo dejó caer al suelo, donde lo pisó con la punta de la bota. Se hacía tarde, anochecía, y en la hondonada oscurecía antes que en el llano paraje circundante. Si se podía considerar llano”.

(Hondo, Louis L’Amour. Traducción: Jon Bilbao, colección Frontera, Valdemar, 2015)

La colección Frontera de la editorial Valdemar está publicando una serie de grandes clásicos de la literatura del oeste que ningún aficionado debería dejar pasar. Se trata en muchos de los casos de auténticas obras maestras, algunas de las cuales dieron origen a grandes películas del género, esas producciones que parecen imborrables en nuestra memoria cinéfila.

La última historia que he tenido la oportunidad de leer de esta colección ha sido Hondo, de Louis L’Amour, uno de los escritores de novelas del oeste más conocidos en el mundo entero y no solo en su país, donde todavía disfruta de un prestigio al que le hacen justicias numerosas historias que se desarrollan en grandes planicies cruzadas ocasionalmente por ríos en los que corren aguas furiosas, lo que ha situado el nombre de L’Amour junto al del también súper ventas Zane Grey, como uno de los más populares. Razones no faltan para entenderlo. L’Amour puso su talento al servicio de narrar historias sobre hombres buenos a los que la circunstancia obligan a emplear la violencia.

Los aficionados al western cinematográfico habrán reconocido el nombre de Hondo ya que se trata de un excelente largometraje dirigido por John Farrow y que produjo y protagonizó John Wayne, actor y cineasta que en esos años, los cincuenta de la década pasada, vivía uno de los periodos más dulces de su carrera. La novela de L’Amour se escribió después de la película ya que Hondo se inspira en un cuento anterior, El regalo de Cochise, que el escritor norteamericano desarrolló hasta convertirlo en el guion de la película y de paso expandió también para terminar convirtiéndolo en una novela que se publicó tras el estreno de la película, una película que a mi, personalmente, me sigue pareciendo una de las mejores que protagonizó John Wayne, quien supo ponerse en la piel de ese cowboy solitario que conoce a una atractiva mujer y a su hijo que viven en territorio apache.

Sí, apaches que, narra Louis L’Amour además de hablar en su idioma, conversan en español en sus largos recorridos por las colinas en busca de colonos a los que torturar, asesinar y de paso quemar sus granjas. Contado así parece otra cosa y no lo que el escritor norteamericano quiso mostrar del pueblo apache, una serie de tribus valientes, acostumbradas al combate, que no da un paso atrás aunque la situación no se incline de su lado. Los indios al menos en esta novela de L’Amour son un pueblo bravo, de gente que solo entiende el lenguaje del combate y que respeta al contrincante que no muestra signos de cobardía en ese enfrentamiento que se da en esta parte polvorienta del oeste americano.

Como pasa en muchas de las películas western, Hondo la novela transcurre sobre todo en grandes espacios abiertos que el escritor describe en toda su grandeza con una desarmante economía de palabras. Nunca fue L’Amour un escritor al que le gustara jugar con párrafos extensos ni emplear un vocabulario complejo para contar sus historias. Aquí está la clave de su éxito, influencia que no llegó a traicionar su literatura y herencia de un pasado en el que militó como escritor de novela populares, pulp las denominan los norteamericanos al estar impresas en papel barato, y gremio en el que conoció a uno de los grandes narradores de literatura policíaca como fue Jim Thompson, solo que Thompson dedicó sus esfuerzos a la novela negra en una serie de libros donde más que destacar el argumento, sobresalen sus personajes.

Jim Thompson moriría alcoholizado y sin un dólar en el bolsillo, todo lo contrario a Louis L’Amour que hizo fortuna con sus historias ambientadas en el lejano oeste aunque también probó otros géneros como fue el de ciencia ficción de andar por casa.
Entre los grandes personajes de la novela destacaría además de su protagonista a Sam, un perro más feo que el demonio –así lo describen quienes lo conocen– y que es el mejor amigo de Hondo Lane, a quien acompaña en las duras y en las maduras. No se trata de una mascota, deja bien claro Hondo, sino de un amigo de cuatro patas que hace su vida como la hace también el héroe de la novela.
El relato se desarrolla en muy pocos escenarios ya que el paisaje, como pasa también en la película, es omnipresente pero no ahoga a los protagonistas que caminan a cuatro patas o cabalgan a lomos de un poderoso caballo. En cuanto a los protagonistas, todos son hijos de la frontera. Hay una mirada recelosa hacia la ciudad. De hecho, la más próxima a la granja en la que viven la mujer y su hijo ha terminado por corromper al esposo y padre. Es un despojo de lo que pudo ser. Un tipo que se alimenta de resentimiento y que culpa a su familia de su fracaso.

Se ha convertido en un pistolero, así que la mano no le tiembla cuando dispara a todo al que se cruza en su camino hasta que se tropieza con Hondo. En la novela aparecen también soldados de la caballería del ejército de los Estados Unidos, hombres que visten de azul y que procuran mantener la inestable paz que se da en un territorio en el que los apaches están en pie de guerra hartos de que el hombre blanco les engañe porque todo lo que dice “no perdura en el tiempo”. Sus promesas “están hechas de humo”.

Hondo está ejemplarmente traducida por Jon Bilbao y si les gustó la película como a nosotros, les va a gustar mucho también la adaptación literaria que escribió Louis L’Amour, una obra que emociona y en la que mascas el polvo del desierto. Si Hondo en el cine ya tiene dimensión de clásico, pasa lo mismo con el libro, novelas como éstas dan buena fe de ello.

Saludos, pradera adelante, desde este lado del ordenador

Cultura recupera la Biblioteca Básica Canaria

Miércoles, Noviembre 26th, 2025

Uno recibe con entusiasmo y expectación el anuncio que ayer, martes, 25 de noviembre, hizo público la Consejería de Universidades, Ciencia, Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias a través de su Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural, como es recuperación de de la Biblioteca Básica Canaria (BBC).

La colección nació en 1988 siendo Juan Manuel García Ramos miembro del por aquel entonces Ejecutivo regional. García Ramos fie consejero de Educación, Cultura y Deportes (1989-1991) y viceconsejero (1987-1989) en unos tiempos donde todavía había mucho que hacer, pero fue a través de él cuando la BBC saltó a la calle con la novedad, entonces y ahora, de que los libros podían adquirirse tanto en librerías como en los kioscos (carritos los llamaré toda la vida) a precios muy asequibles, de ahí que la colección alcanzara un éxito que puso por una vez a la literatura canaria al alcance de cualquiera con una buena selección de autores y de obras.

Después, como tantas cosas en esta tierra, la BBC desapareció con ocasionales despertares. Uno de los últimos, publicando trabajos de escritoras canarias porque habían sido hasta la fecha la grandes ninguneadas de la colección pero no terminó de cuajar porque no se la promocionó con una buena campaña publicitaria. Además, la calidad de las obras resultó muy irregular. En sentido estricto, aquella reanimación fue un fracaso, lo que obligó de nuevo a cancelarla hasta su rescate por el actual equipo que dirige la gestión cultural del Gobierno autónomo. Así que un seco enhorabuena a la renovada BBC, que cuenta con el asesoramiento de “una comisión de expertos en literatura canaria”, que serán los que vayan seleccionando a los escritores y escritoras que irán publicando con carácter mensual en los próximos años.

El acto de presentación tuvo lugar en la capital grancanaria y oficiaron de maestros de ceremonia el viceconsejero de Cultura y Patrimonio Cultural, Horacio Umpiérrez, y Víctor Álamo de la Rosa, que forma parte también del comité asesor junto a los filólogos José Miguel Perera Santana, Paula Fernández Hernández, Victoriano Santana Sanjurjo y Katya Vázquez Schröder.

La colección comienza con el tomo 74 con un libro de Hilda Zudán, La hora silente, que ha sido editado por Fran Garcerá. A este volumen le seguirá uno centrado en la figura del escritor, ensayista, poeta y académico Juan José Delgado, que ya está listo para ver la luz antes de fin de año y que preparó Víctor Álamo de la Rosa y se prevé, diosmediante, que se editen también libros de Josefina Pla, Carlos Pinto Grote, Andrés Sánchez Robayna, Pancho Guerra, José de Anchieta, Pepa Aurora, Mercedes Letona, Fernanda Siliuto, Jorge Rodríguez Padrón, José María Millares Sall y Sebastián Padrón Acosta. “A estos seguirán otras autoras y autores que se están considerando, a la espera de poder confirmarse, como Ángel Sánchez”.

Se dejan fuera, no sé la razón, a injustos olvidados de nuestras letras como Enrique Nácher y Luis Gálvez Monbreal, el primero autor de la gran novela que se ha escrito hasta la fecha sobre Fuerteventura, Cerco de arena, y el segundo además de ser el primer premiado del concurso literario Benito Pérez Armas, allá en los años 50, ser el responsable de la gran novela que se ha escrito sobre Santa Cruz de Tenerife, La ciudad tiene otra cara. Confío, no obstante, en que estos nombres formen parte de la agenda del comité aunque algo me dice que por saber, no creo que sepan quiénes son ninguno de los dos porque por esos extraños azares ni Nácher ni Monreal los han inscrito en ese cánon que unos y no otros están empeñados en acuñar en la literatura que se escribe en estas islas que eran siete y ahora quieren (noséquién) que sean ocho.

Cada número, se cuenta en una nota, “contará con un estudio preliminar, acompañado de una bibliografía representativa y una cronología. Entre las personas responsables de llevar a cabo estas ediciones cabe señalar, a falta de ir añadiendo a más especialistas, a Ángeles Mateo del Pino, Oswaldo Guerra Sánchez, Alejandro Krawietz, Franck González, José Antonio Ramos Arteaga, Miguel Ángel Rábade Navarro, Sandra González Reina, José Miguel Perera Santana, Eugenio Padorno, Miguel Pérez Alvarado y Belén González Morales, entre otros.

No termina de convencerme que uno de los fines del comité asesor sea que la colección esté configurada por antologías, ni la razón que esgrimen para hacerlo, que “sirvan para promover su mayor conocimiento”, lo que no tengo muy claro, pero el camino al paraíso está lleno de obstáculos y éste puede ser uno. La buena noticia es que los libros de las dos primeras fases de la BBC pueden descargarse ahora gratuitamente imagino que accediendo a https://www.icdcultural.org/colecciones-bbc, enlace que contará (aún no) con un formulario de contacto para observaciones y sugerencias” y “se actualiza la plataforma de acceso a todos los contenidos del ámbito de la literatura canaria bibliotecadecanarias.org”.

Mientras celebro el rescate de la colección me pregunto cuándo aparecerá Alexis Ravelo y sus novelas en esta renovada iniciativa, pero eso, guanches de andar por casa, me temo que nunca lo sabremos.

Saludos, a por ellos, desde este lado del ordenador

Sergio del Molino: “Soy un periodista que mira”

Martes, Noviembre 25th, 2025

La carrera literaria de Sergio del Molino (Madrid, 1979) comienza en 2009 con la publicación de Malas influencias aunque el éxito vino ocho años después con La España vacía, que se convirtió en uno de los libros más comentados de las últimas décadas en este país. En 2021 continuó la senda con Contra la España vacía, que no debe de leerse como una continuación de la primera. Sergio del Molino es autor además de Un tal González y una novela, Los alemanes, por la que obtuvo el Premio Alfaguara 2024.

El escritor y periodista fue uno de los invitados del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se celebró en Los Llanos de Aridane del 22 al 27 de septiembre, y que reunió a un granado grupo de poetas y narradadores en una edición que estuvo dedicada a España.

- ¿Hasta que punto el periodismo ha influenciado en su literatura y la literatura en su forma de ejercer el periodismo?

“Yo creo que está todo muy mezclado. Creo en los movimientos estancos y creo que un escritor es lo que se ha formado, y yo me he formado en el periodismo, vengo del periodismo, y esa parte no la puedo copiar ni la puedo extirpar de ninguna manera, es mi aprendizaje, lo que ha influido mucho en mi manera de mirar el mundo. Yo soy un periodista que mira, me he definido, de hecho, como un paseante, y eso tiene muchas correlaciones con la mirada del periodista, de la persona que mira, observa lo que ocurre e intenta transmitir una mirada lo más fiel posible, lo más fiel a su mirada, no a la realidad, a lo que ve, que es lo que hace un periodista y en buena medida eso lo he trasladado a mi literatura, o a una parte de mi literatura. O sea, que está muy replicado con otras cosas, y con otros juegos, y con la ficción, pero eso está en mi literatura, y, por supuesto en lo que ahora hago que podríamos llamar periodismo aunque no lo considero así, que es la predicación, la predicación desde mis columnas y mis interpretaciones en la radio, que tienen una raíz literaria profunda. Yo concibo esa parte de mi trabajo como parte de mi obra literaria. Creo que está todo muy mezclado, pero bueno, yo vengo de ahí, yo vengo del periodismo. Hay otros escritores que vienen de otros sitios, y les influyen otras cosas. A mí, mi mirada periodística es lo que ha conformado la base de mi literatura”.

- ¿Y por qué dice que escribir columnas no es hacer periodismo?

“Porque son géneros periodísticos. Son géneros periodísticos, pero para mí, creo que el periodismo tiene un compromiso de observar y mirar que no posee la columna. Creo que la columna tiene una perspectiva mucho más literaria y analítica que narrativa. La mirada del columnista creo que no prevalece sobre la columna, y es una mirada en buena medida externa al periodismo. El buen columnista es un intruso. El buen columnista tiene que ser una persona que tiene un pie fuera del periódico en el que escribe y un pie dentro. Pero no es una parte orgánica de ese periódico, es un invitado, un intruso o un polizón. Y eso se hace también desde fuera del periodismo. Creo que el periodismo, como yo lo entiendo, se ejerce con un compromiso con el medio en el que lo hace y con un pacto de lectura muy diferente que el que tiene una columna de opinión, que es un pacto más parecido al que puedes encontrar en una historia de ficción. Por eso no lo considero periodismo, porque tengo mucho respeto hacia lo que es el periodismo. Creo que es mucho más trabajoso, que tiene otras connotaciones y otros códigos que los columnistas no estamos obligados a aceptar. Eso no lo hace ni mejor ni peor, ni una cosa ni otra pero sí que el columnismo es un género ultraperiférico del periodismo”.

- Y en un mundo dominado por las tecnologías, la inteligencia artificial –para unos una amenaza y para otros una oportunidad– ¿hasta qué punto cree que va a afectar al ejercicio, no solo del periodismo, sino también de la literatura?

“No soy muy partidario de los vaticinios porque además no se suelen cumplir. Cuando ves a los futurólogos diciendo cómo van a cambiar las cosas, pues está muy bien guardarlo para dentro de diez años y comprobar en todo lo que se han equivocado. El libro, por ejemplo, lo han dado por muerto desde hace treinta años y ahora mismo es la parte de la etiqueta cultural más relevante y que más ha crecido, por encima del cine y de otros. Creo que hay que coger las previsiones con mucha prevención, y yo no soy nada bueno haciéndolas. Pero sí que me permito matizar un poco el entusiasmo que hay ahora mismo con la inteligencia artificial, porque evidentemente sí que va a afectar. Probablemente ya está afectando. Ya hay una afección grave, por ejemplo, con las búsquedas. El hecho de que la inteligencia artificial esté en el cogollo de las búsquedas ha afectado y afecta a las cuentas de resultados de las empresas. Lo que se está viendo es que la inteligencia artificial es muy buena indicando. Yo creo que es muy buena trabajando sobre repertorios ya hechos y que puede hacer un periódico porque sabe cómo se hacen los periódicos porque puede aprender que hay una tradición periodística, y de esa tradición aprender a hacer crónicas, puede aprender a hacer también columnas de opinión, por supuesto, y aprender a escribir novelas, repertorio de novelas. Lo que no parece que se le dé bien es innovar, esa cosa tan humana, y ni la casualidad de por qué surgen las cosas, por qué surgen los avances en el arte, por qué surgen los avances también en los medios de comunicación”. 

- ¿Y por qué surgen?

“Pues surgen por tonterías, por cosas, por casualidades y por hallazgos de la creatividad que son capacidades intrínsecamente humanas, y que parece que la inteligencia artificial no está preparada para eso. O sea, tú le dices, hazme algo a la manera, o escríbeme a la manera de Sergio del Molino, y a lo mejor podrá, pero si coge todos mis libros, pues mira mi estilo y puede hacer algo que da el pego, ¿no? Pero no creo que se le pueda ocurrir de la nada un libro, algo que no esté ya leído, creo que no, en ese sentido yo estoy muy tranquilo, porque pienso que eso puede afectar mucho, o puede acabar con mucha literatura del mundo, y muchas historias absolutamente previsibles, que yo creo que ya no eran humanas, que eran ya muy mecánicas, tenían mucho de inteligencia artificial, pero es un momento bueno para quienes creen en lo imprevisible. Y yo creo que la inteligencia artificial no podía haber previsto el éxito de un libro como El Infinito en un junco, por ejemplo, el éxito de un libro que habla sobre los libros antiguos, luego le das las coordenadas y dices, hazme un best-seller, pero nunca jamás en millones de años procesando datos le habría salido El infinito en un junco, esa impredecibilidad, el por qué de repente todo el mundo se enamora de un libro sobre los libros antiguos, eso no está dentro de ningún algoritmo ni es previsible por ninguna página, por muy sofisticada que sea, porque nadie es capaz de prever eso, y el arte está lleno de descubrimientos así. El arte está hecho de esos descubrimientos, por lo cual yo creo que igual será una catástrofe en mucha medida, pero también servirá para la integración de la gente. Estoy bastante tranquilo en ese aspecto, no me siento afectado”.

- En 2016 publica La España vacía, que resulta todo un éxito. Dos preguntas dentro de una: ¿cómo se le ocurrió la idea de escribir La España vacía y cómo se gestiona el éxito que alcanzó, teniendo en cuenta que usted ya contaba con una trayectoria literaria?

“Sí, contaba con una carrera literaria que estaba dentro de la ejecución literaria, que eso es como guardar un secreto en España. Bueno, yo creo que los libros no tienen un momento Eureka, no hay un momento en el que tú dices voy a escribir y a ponerme a hacer un esquema, unos capítulos y empiezo a escribirlo. Los libros van madurando, van madurando de una forma en buena medida inconsciente, porque La España Vacía es un libro en el que me enfrento a la necesidad de escribirlo cuando soy consciente de la fascinación por el paisaje del interior de España y no encuentro que eso esté en la discusión pública y me dispongo a intervenir en ella con una cosa que a mí me parece que es importante y a la que nadie está prestando atención y que ha formado parte de mis obsesiones durante muchísimo tiempo, de mis lecturas y se ha ido macerando y poco a poco voy teniendo la noción de escribirlo y conforme en el momento en el que he decidido hacer ese ensayo cultural, ese ensayo revisando mis obsesiones por el paisaje, por la literatura, por las miradas a esa parte en buena medida invisible de España, pues el libro va cogiendo forma solo. Cuando ya me planteo escribirlo en realidad lo tengo ya bastante escrito en la cabeza”.

- ¿Y cómo se gestiona el éxito?

“El éxito del libro no se gestiona. Lo sufres o lo vives, pero no hay una capacidad de gestión. Lo único que yo he hecho y lo único que me propuse y de lo único que estoy orgulloso de todo lo que ha pasado en estos casi diez años es que no me he dejado arrastrar, he sido capaz de no dejarme arrastrar por la tentación de ser un gurú, ni por la tentación política. Había un riesgo porque era relativamente fácil que yo acabara en eso pero no me interesaba en absoluto. De lo único que estoy orgulloso es de haber elegido, dentro de todo lo que vino, de haber podido mantenerme firme en mi postura de escritor, de haber dicho que yo no represento a nadie, que no soy la voz de nadie y que soy un señor que decide una cosa y voy a seguir decidiendo cosas que a mi me preocupan y las comparto en la plaza pública con quien quiera verlas. Eso que es tan sencillo me parecía muy difícil de hacer en un momento cuando mucha gente reclamaba que fuera la voz de sus reivindicaciones, la voz de lo que ellos creían. Y luego si hubiera sido yo en ese momento pues ahora no estaríamos hablando porque sería otra persona, no habría escrito los libros que escribí después. Eso es resistir. Yo lo que he hecho es mantenerme en la orilla. Y eso no es gestionar, eso es sobrevivir”.

- ¿En su labor literaria encuentra temas recurrentes?

“Me doy cuenta de otras cosas que yo antes de escribirlas me cuesta ver. Yo me doy cuenta de que ya tengo unos cuantos libros, ya tengo una carrera y veo, cuando miro un poquito atrás veo que tengo algunas obsesiones que van saliendo recurrentemente. Una constante es que no voy a sitios completamente inesperados. No juego con las expectativas del lector en el sentido de que si alguien espera que siga por el camino que dejé en el libro anterior pues generalmente no suele ser así y dentro de esa variedad hay unas obsesiones de fondo que se van expresando de forma distinta y una de ellas es la búsqueda de la identidad, la búsqueda de una forma de vincularte a la comunidad desde el individuo. Y eso tiene que ver con que yo me siento un poco desarraigado en general. Me siento en buena medida desvinculado de muchas de las cosas que son importantes para la gente y que tienen que ver con el sentimiento patriótico, con el sentimiento de pertenencia, de arraigo. O también incluso con la sensación de vacío de no reencontrar a tu tribu. Esa falta de tribalismo está presente en muchos personajes de ficción y está, por supuesto, en La España vacía y en mis ensayos, solo que expresado de muchas formas. Yo siempre me he sentido un bicho raro que no encuentra su sitio. Creo que eso tiene que ver con la condición misma del escritor. Nos pasa a muchos, es decir que si no eres un poco el bicho raro, no te metes en la literatura aunque hay escritores que están muy integrados y se sienten muy bien en el mundo en el que viven y no se les ponen peros. Son las reinas del baile. En mi caso, cuento con un repertorio de temas de los que me voy dando cuenta con el tiempo. Yo soy muy torpe para darme cuenta de lo que estoy escribiendo. Escribo de una forma bastante intuitiva y luego, con el paso de los años, me voy dando cuenta”.


 - Quería preguntarle también sobre el desarraigo, que está muy presente en Los alemanes.

 “De hecho , Los alemanes no lo hubiera escrito si no hubiera tomado confianza de que ese desarrollo era muy importante en mi obra. Me parecía una exploración desde la ficción que no la había ensayado de forma tan natural hasta Los alemanes. Ahí es cuando me acordé de la historia de estos alemanes de 1916 que tenía aparcada y con la que tenía una deuda porque no había conseguido llevarlo a la novela. Los alemanes trata de gente que está fuera de su sitio, que está fuera de su país, que está fuera de su tiempo. Son gente que vive en la anacronía y fuera de lugar, viven en patrias inventadas y en siglos que no existen. Y eso a mí me fascina mucho. Me siento no solo desplazado en el espacio, sino en el tiempo. Me siento muy extranjero en el tiempo que me ha tocado vivir. Ahora, por el libro que estoy escribiendo, estoy viviendo mucho en el siglo XIX salvando la sífilis, las enfermedades y la falta de antibióticos”.

- Hablando del siglo XIX, creo que tiene un libro sobre Calomarde.
“Es un personaje que me llamó mucho la atención y fue un personaje secundario de la España vacía. A mí siempre me ha gustado. Se trata además de un personaje de la historia de España muy poco explotado y al que incluso los historiadores del carlismo tampoco le han prestado demasiada atención. Es un señor del que sólo se sabía que en 1832 la infanta Carlota le había dado un bofetón por haber intentado participar en una conjura. Los de Ediciones del KO, que son muy atentos y muy listos, me llamaron y me dijeron ‘estamos haciendo una colección de héroes y villanos de la historia de España. Que sean personajes secundarios y puedan ser tanto buenos como malos. En tu caso, evidentemente, el palo va por la puerta de los villanos’. Y entonces me propusieron hacer una biografía de Calomarde. Y me pareció divertidísimo. Les dije que sí. Y me puse a estudiar el personaje. El resultado más que una biografía, es un perfil periodístico. Casi un perfil literario del personaje. Pero si no me lo hubieran propuesto ellos, no lo hubiera hecho”.

- Y Un tal González. 

“Nada que ver. Calomarde es un perfil literario de la época más que nada pero Felipe González es un personaje vivo al que, por un lado, intenté tratar como un personaje histórico y, por otro, lo atraje al proyecto. Hablé con él e intenté subrayar que es un personaje vivo. Es un personaje histórico que ya, para mí, su influencia en la historia de España tuvo una fecha límite por lo que el tal González que aparece ahora creo que es un tal González que olvidaremos y que no tiene sustancia histórica. No tiene influencia en la historia pero a la vez es un personaje vivo. A mí es lo que me estimulaba, el poder tratar como un personaje histórico a alguien que está vivo y alguien que provoca una división de opiniones y unas pasiones tan enconadas en España. Cosa que no ocurrió con Calomarde. Calomarde es un personaje que a nadie le importa y no cuenta con calomardistas, Felipe González es memoria, pero es memoria viva en un país especialmente pasional como es España. Es un libro que disfruté muchísimo y me parece que la tradición española necesita que los escritores hablen del pasado reciente, del pasado que todavía es vivo pero somos muy cómodos, comodidad que me da un poco de pena. Yo creo que esa comodidad no la tienen los franceses, ni los ingleses. Están mucho más acostumbrados a hablar de las cosas cuando todavía están vivas y la literatura tiene que avanzar. Tiene que meterse dentro de esos asuntos y de esos barrizales, pero no lo hacemos en España, aquí esperamos a que las cosas se enfríen y no hagan daño a nadie”. 

- ¿Y por qué cree que existe ese rechazo entre los escritores españoles el ocuparse de estos temas?

“Creo que porque somos una democracia que no terminó de aceptarse bien y aunque parezca que hay una literatura muy feroz o muy comprometida, en realidad la literatura española es bastante apolítica en el sentido de que no suele meterse en los marrones en los que me suelo meter yo y que sí que lo vemos en los franceses y en los italianos. Hay un ejemplo, Leonardo Sciascia, que es un poco mi modelo cuando estoy escribiendo Un tal González. El caso es que todavía somos muy infantiles y muy de banderías a la hora de participar en el debate público y nos cuesta mucho salir del rincón porque no tenemos esa solidez democrática que tienen otras sociedades europeas porque llegamos a la democracia demasiado tarde”. 

- ¿Sería capaz de analizar otros personajes políticos españoles actuales como José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero el actual presidente Pedro Sánchez?

“Sí, pero no me interesa. Pero sí, por supuesto, pero no hay ninguna figura en la política contemporánea comparable a González. El atractivo que tenía fue su excepcionalidad. Es alguien que es muy difícil de comparar con otros. Los demás, los que me ha citado son presidentes más o menos polémicos, más o menos queridos, más o menos odiados, pero no son la palanca de un cambio brutal, no representan dentro de la historia de España lo que representa el gobierno de González”.

- Pienso en Adolfo Suárez.

“Adolfo Suárez está sobrevalorado. Fue una figura muy interesante, pero creo que quien realmente inicia el cambio y consolida el cambio democrático en España es Felipe González. Suárez tiene un interés como personaje en sí mismo, porque es un tipo ambiguo, un tipo escurridizo que viene del franquismo y luego se vuelve demócrata, pero demócrata de centro, que no sabemos muy bien qué es eso. No tiene el peso histórico que tiene Felipe González. Felipe González tiene todo eso, pero a la vez tiene el legado histórico, un legado histórico enorme. Figuras como Adolfo Suárez las encuentras en muchos regímenes políticos y en muchas circunstancias. Fue alguien que hizo siempre equilibrios para mantenerse en el poder y podía ser demócrata como no serlo. Eso es muy interesante, pero es más interesante como figura metafórica. A mí de Felipe González me interesa que representa muy bien el cambio de la sociedad española. Cuando quieres contar la historia de España, Felipe González es una figura mucho más atractiva”.

- En 2021 publica Contra la España vacía, ¿es una segunda parte de la misma historia?

“No, es un intento o sea, un ensayo en la manera etimológica de lo que es un ensayo. Es decir, un intento de pensar, un intento de reflexionar sobre la parte menos discutible y más política de la España vacía que tiene que ver con la construcción de España como comunidad política. La parte que a mí me interesaba del libro y de la que menos se habló es la que estaba al final y que era la parte que a mí, políticamente, me llamaba, sobre todo en el contexto extremadamente híperporalizado, como ahora, en que apareció. Entonces esa crispación tan brutal que estaba creciendo en ese momento y aún con los coletazos de lo que había pasado en Cataluña… Creo que estábamos intentando reorganizar el mapa político de España y me pareció que retomar esos argumentos y ponerlos a prueba con todos los debates que había habido en esos cinco años desde la salida de La España vacía, y en los que yo a veces había participado, me pareció que era una oportunidad para poder retomar la discusión”.

La librería solidaria Solican busca voluntarios para trasladar los libros a su nuevo local

Lunes, Noviembre 24th, 2025

Si la semana pasada les informábamos que la Asociación Solidaria Canaria (Solican) había encontrado por fin un nuevo local para su librería, muy próxima a su actual ubicación, en el número 8 de la calle José María de Villa,en Santa Cruz de Tenerife, el llamamiento que hace ahora Luis De la Cruz, la cabeza visible de este proyecto solidario, es voluntarios para que ayuden a trasladar los libros, revistas, cómics y otros cachivaches que almacena todavía el local que hasta fecha muy reciente acogía un establecimiento que para muchos tinerfeños se ha convertido en un oasis, en un refugio en el que además de poder adquirir obras a precios que no suelen sobrepasar 1 o 2 euros, sirve de alimento espiritual para esas almas descarriadas que continúan empeñadas en leer en unos tiempos tan poco propicios para la lectura.

La idea, explica Luis De la Cruz, es trasladar todo lo que almacena en la librería situada en la calle del padre Ancheta a la nueva, en la calle de José María de Villa, antes del 12 de diciembre, y para ello debe de contar con la participación desinteresada de los habituales y no tan habituales a Solican, ya que solo haciendo de voluntarios podrán dejar su actual ubicación por la nueva en unas dos semanas. Una tarea titánica, porque son muchas las cosas que hay que trasladar (libros, cachivaches, estanterías…) aunque posible si se suman los suficientes brazos con el fin de hacer realidad el milagro.

Solican abrirá de hecho estos días también por la tarde, para que el trasiego de libros de un sitio a otro no se detenga ni mañana ni tarde para conseguir la meta propuesta, que no es otra que la de cerrar el local de Padre Anchieta y abrir el de la calle de José María de Villa, después del 12 del próximo mes.

Dicho esto, la clave ahora es comprobar cuántas manos se prestan a colaborar voluntariamente con un librería que tan feliz nos ha hecho a muchos. Ojalá sean suficientes las personas que se sumen a este llamamiento. De momento, fe no le falta al equipo que ha hecho posible que esta librería forme parte no ya de una ciudad sino también del corazón de muchos de sus clientes, todos ellos llamados ahora a colaborar en esta iniciativa, nunca mejor, dicho, solidaria.

Saludos, fe, fe y fe, desde este lado del ordenador

La librería solidaria Solican encuentra nuevo local

Martes, Noviembre 18th, 2025

Representantes de la Asociación Solidaridad Canaria (SOLICAN) anuncian que han encontrado nuevo local para su librería solidaria tras conocer hace unas semanas que no se le iba a renovar el contrato del espacio que ocupan en la actualidad.

Luis y Amalia, que están al frente de esta iniciativa desde su origen, y que primero ocupó uno de los locales del centro comercial próximo al Mercado de Nuestra Señora de África y más tarde su actual ubicación en la calle de Padre Anchieta de la capital tinerfeña, estiman que a lo largo de diciembre ya habrán terminado con el trasladado del ingente material que pone a la venta. Fundamentalmente, libros a precios que no suelen superar 1 o 2 euros, aunque de momento, anuncian que se mantendrá abierta la antigua librería mientras dura una mudanza que por fortuna no terminó con el cierre indefinido de uno de los pocos espacios en los que el aficionado a los libros, pero a los libros de verdad que son los viejos y usados, se siente como en casa porque sirve de pulmón cultural a una capital de provincias que muere en soledad.

La nueva SOLICAN se encuentra en el número 8 de la calle José María de Villa y es mucho más ancha aunque no larga que el local actual, sito como se dijo en la calle del Padre Anchieta.

SOLICAN es una entidad no gubernamental sin ánimo de lucro que tiene personalidad jurídica propia y entre sus fines destacan la ayuda a la promoción humana y el desarrollo de la dignidad de los individuos que se encuentran en situación de precariedad.

Saludos, gracias a los dioses, desde este lado del ordenador.

Airfix

Lunes, Noviembre 17th, 2025

Es probable que se escribo Airfix le suene a más de uno que haya cumplido vamos a decir que una edad venerable. Arirfix fue el nombre de una marca de juguetes británica que se especializó en maquetas, sobre todo de aviones y tanques de la II Guerra Mundial, así como de soldaditos de plástico en dos escalas, 1:32 y 1:72, que hicieron las delicias de millones de niños, que además de llevarse a casa aquellas cajitas con tan preciado contenido, tenía toda una gama de complementos con los que recrear en casa algunas de las batallas más famosas de aquella guerra cuyos ecos y sobre todo muertos siguen llegando como olas incansables a una actualidad como la nuestra que no sabe muy bien si está asistiendo al fin del mundo o al juego cada vez más diabólico de una guerra fría en la que no está muy claro quién es el enemigo.

Los primeros soldaditos de Airfix que llegaron a mis manos no fueron sin embargo los correspondientes a la II Guerra Mundial sino los de la época napoleónica. En escala 1:32. Tuve la enorme suerte, además, de que a mi hermano la encantaba pintarlos, así que los casacas rojas (infantería inglesa y escocesa) como los casacas azules (infantería francesa y guardia imperial) estuvieran impecablemente uniformados mientras los colocaba en orden de batalla. Al final, reunimos un importante ejército de hombres al mando de Wellington como de Napoleón,aunque las guerras en los que los metí, terminaran por despintar los uniformes de la mayoría de aquellos héroes de plástico que todavía conservo como oro en paño.

Respecto a las distintas armas de los ejércitos que participaron en la II Guerra Mundial, tenía a los alemanes, que incluía también a los paracaidistas (pintados con notable pericia por mi hermano) y los italianos, que conseguí ya muy tarde, cuando ni siquiera jugaba ya a los soldaditos aunque a mi me gustaban especialmente los japoneses, los australianos y los gurkas. También los soviéticos, con los que recree batallas fantásticas después de haber visto La cruz de hierro (Sam Pekinpah, 1977), que fue una película que a la chiquillada de mi generación marcó probablemente porque por una vez nos contaban la guerra desde el punto de vista de los que siempre eran los malos, los alemanes, y en un frente que pocas veces habíamos visto llevado al cine al menos a este lado de occidente: el ruso.

También estaban los soldaditos estadounidenses, infantería y paracaidistas, y británicos, con los paracas de boina roja que al final resultaron ser uno de mis favoritos, favoritos. Hubo más, como las tropas alemanas de montaña, que nunca tuve; el Afrika Corps y el Octavo Ejército británico, con los que me organicé historias que desarrollaba en algún lugar del Sahara. O Sáhara. Más tarde sacarían cajitas con tropas alemanas y británicas actuales que estaban muy bien aunque uno tenía que romperse la cabeza para imaginar choques entre ambas armas, ya que en la vida real eran aliados de la OTAN.

Uno de los recuerdos más dulces de mi infancia era ir con un amigo a la Casa de la Portuguesa que era donde vendían aquellas cajitas junto a otras de maquetas de aviones, barcos, tanques, camiones… Uno solía dejar que pasara el tiempo mientras miraba y remiraba aquellas estanterías repletas de juguetes, y me resulta muy difícil describir la emoción que nos embargaba cuando en una de las esquinas de aquellas cajas aparecía la etiqueta New. Los paracas alemanes de la II Guerra Mundial tenían esa etiqueta, y aparecieron si no me equivoco poco tiempo antes de que estrenara en cines (entonces las películas se estrenaban en cines) Ha llegado el águila (John Sturges, 1976).

Ir a la Casa de la Portuguesa era emocionante. Uno daba un rodeo para evitar la calle de Miraflores en la que trabajaban mujeres de mala vida que dirían los puristas. Recuerdo pasar por un callejón que todavía existe en ese entramado de calles y callejuelas que domina la zona, y ver colgado de un cable a un largarto. Aquel descubrimiento fue una de esas tantas sorpresas que uno se lleva de joven, cuando todo adquiere una dimensión gigantesca por pequeña que resulte a otros ojos, sobre todo, los que han cometido el pecado de crecer demasiado pronto.

Hace de todo esto casi mil años, pero es que ayer, hablando con uno que siente igual o mayor afición por aquellos soldaditos de juguete que tan feliz me hicieron, obligó a que pensara en un trozo de mi adolescencia que creía perdido pero que volvió a mi cabeza cuando conversé con ese tipo, que además viste de uniforme cuando lo llaman porque hace recreaciones militares.

Pero que nadie se llame a engaño. Jugar a batallas, recrear conflictos con esas figuritas no me hizo seguidor de guerras. De hecho, no me gusta la violencia, ni la física ni la verbal, pero eso no quita que, como escribió Francis Scott Fitzgerald en A este lado del paraíso, pese a que huya de todo aquello que hiede a orden y disciplina, aspectos que se suelen asociar a la vida militar, me emocionen cosas tan peregrinas como ver a la tropa desfilar bajo el acompañamiento de una trompeta. Y si visten como en las guerras napoleónicas tanto mejor proque resultan todavía trajes vistosos, coloridos, impropios para que uno al lado de la línea en la que combatiera, se lanzara hacia adelante gritando ordinarieces mientras espera el final de su vida bajo una lluvia de balas y cañonazos que levantan la tierra como un volcán.

Pero en fin, otro día, como decían aquellos humoristas vestidos de chaqué, bombín y sombrero de copa sobre sus cabezas, hablaremos del gobierno.