Domingo Luis Hernández: “En mis trabajos poéticos como narrativos se observa una única constancia: la fidelidad al género”
La palabra desaliento parece que no existe en el diccionario personal de Domingo Luis Hernández, profesor de Literatura Española en la Universidad de La Laguna y escritor. En esta última faceta, presenta dos nuevos títulos que se suman a una bibliografía ya copiosa como son Historias encontradas (1989-2020) y un libro de cuentos, Triángulo, que incluye una historia, La astucia del matador, que es un homenaje a Ricardo Piglia, a quien conoció.
Domingo Luis Hernández se encuentra ahora preparando un nuevo libro aunque como él mismo dice: “yo no construyo”, en todo caso “me sale un poema, lo escribo y lo guardo o un cuento, es igual”. Además de su faceta como profesor universitario y escritor, durante varios años dirigió la revista La página, publicación literaria que navegó durante varios años gracias a las ayudas públicas.
- “Historias encontradas (1989-2020)” reúne cuatro libros de lo que llama usted su segunda etapa ¿Qué la diferencia de la primera?
“Sobre lo que usted pregunta, he de comentarle que lo que en este caso sucede es un cierto juego. A diferencia de lo que ocurrió con Perfil del tiempo, que apareció en el año 2013, allí sí que solo sustancié lo que ocurrió en esa etapa intermedia. Quedó fuera el inicio de mi actividad poética, que acaeció en el año 1986 con un libro que leyó en manuscrito mi amigo Rafael Fernández y lo publicó en el Aula de Cultura de Tenerife, Ilión, Ilión o Troya irresurgente. El propósito entonces era crear una serie de poemarios con temática mitológica, en concreto cuatro, que daría a conocer de manera continuada e independiente. Eso resultó, el segundo, Taller de tránsfugas, que salió en el 89. Pero, ¿qué sucedía? Que cuando volvía a leer esos libros, las correcciones eran tantas que finalmente resultaron casi ser otros. O lo que es lo mismo, si quería terminar el proyecto habría de convertirme en verdad en poeta, con lo que ello implicaba. Y eso hice: primera trama, un libro sobre qué es ser poeta y qué constatar en poesía, Arbusto en el pantano, que se publicó en Madrid en el año 1991; segundo, un libro sobre el juego del barroco, La llama ardiente, también en Madrid, 1998; y otro que compendia derroteros por el amor, la metafísica, la casa y la muerte del padre, en Tenerife, 2006. Eso hizo que me sintiera con capacidad, entre otras cosas porque pude componer algunos sonetos más o menos logrados. Para el caso presente, Historias, alargué la mano. En vez de ser exclusivo, incluí la parte inicial que terminó de verdad 37 años después, con los cuatro libros acabados y conjuntos, Mitosis, 2023. Así que incluí el segundo de la serie, Taller de tránsfugas, tal como apareció en esa fecha y no como se muestra en la versión definitiva”.
- ¿Por qué?
“Porque me pareció que Historias encontradas habría de ser fiel a lo que fui, en tanto que, cuando te propones una edición de este tipo, lo que en verdad haces es pasarte cuentas, hacer repaso, con pocas correcciones para el caso (aunque las hay) como nos enseñó el divino Borges. La diferencia, como verá quien lea el libro, es evidente. Nada tiene que ver Taller con los otros tres libros de la serie. Ahí el juego.
- ¿Cuál es su intención poética?
“Yo creo que hay dos artes supremas en este mundo: la música y la poesía. No he hecho música porque no me he formado como tal, sí poesía porque creo poder hacerlo. Y es cierto que la poesía es un arte sublime, arte sublime que te eleva a los cielos cuando te encuentras con los poetas eximios de verdad. Pongo a Juan de Yepes Álvarez (que la iglesia nombró San Juan de la Cruz) o al más grande de los grandes, Góngora. ¿A qué aspiro como poeta? A que acaso algún verso mío sea digno de ser recordado con el tiempo. Es muy difícil ser poeta, como es muy difícil ser un buen cuentista, y a lo que se agarra mi alma es a ser digno de serlo, aspirar a tener méritos de ser nombrado como tal”.
- ¿Qué constantes observa que hay en sus trabajos poéticos y también narrativos?
“Tanto en mis trabajos poéticos como narrativos (creo) se observa una única constancia: la fidelidad al género y lo que el género en sí es. Para mí es trascendental la parte funcional de cada libro, que cada poema encuentre no solo su sentido sino también su gravedad; igual que cada cuento; y cada novela debe serlo por su proporcionalidad, como los ensayos. Luego está, claro, que lo que expreses (que ha de estar bien expresado) también resulte atractivo, como ocurre con los momentos sublimes del glorioso Bach, que compuso los momentos musicales más eximios de la historia de la humanidad. Pero insisto, me reafirmo en mis preocupaciones funcional”.
- Publica también el libro de cuentos Triángulo. ¿Por qué?
“Porque se encierra ahí un vínculo (que me pareció atractivo) con la cifra. La cifra es uno de los elementos que más ha atraído a los hombres, por lo que la cifra es: lo concreto, lo exacto. En ese punto lo que pretendo construir: en cifra, concreto, exacto. Y en el libro ese juego que se amarra al tres. Siempre el tres: tres personajes, tres situaciones, tres complejidades a referir y resolver. El tres (como sabemos) es la imagen divina. Así representa a Yahvé la Torá: un triángulo. De donde el juego dicho es entre mortales, presos del tiempo, la duración y la representación, y Dios. Ahí todos los asuntos que nos incumben. Pero también lo que el tres puede inferir y hacer pesar en los hombres: siempre otro que acecha, o siempre otro que soluciona. El tres, el triángulo”.
- ¿Los cuentos que se incluyen en este libro son recientes?
“Sí. Están hechos expresamente para este libro. Yo no construyo libros porque de cuando en cuando me sale un poema, lo escribo y lo guardo o un cuento e igual y cuando la cantidad ya es más o menos respetable los reúno y a la imprenta. Siempre en mis proyectos hay un libro. Sobre Luis Mateo Díez, sobre Borges, sobre Arlt; un libro de poemas o un libro de cuentos o una novela o un ensayo. Siempre precisos, como para el caso. Todos los cuentos responden al mismo factor. Ya dije: la cifra (el trece del Tarot, trece cuentos) y en cifra el tres con lo que ello conlleva. Y eso dio que construyera sucesivamente el libro, desde el primer cuento hasta el último. Excepcionalmente, acaso, solo uno de ellos es especial: Triángulo, que es una historia vieja, pero que recompuse hasta darle la vuelta para el caso”.
- ¿Qué le ha preocupado más en este libro: el estilo, la temática, el carácter de los personajes?
“Siempre cuando escribes te preocupa todo lo que el escrito no contiene cuando te encuentras ante la hoja en blanco y resulta finalmente lo que ha de resultar. En el estilo yo no me detengo demasiado. La escritura (como la lectura) es una actividad singular, única, y ahí se expresa el singular y el único. El estilo se manifiesta por las coincidencias que te determinan. La temática es otra cosa y tiene que ver con lo que pretendes construir. Que siempre surge de un momento, de una circunstancia, de un hecho cuasi indeterminado. Además, como decía mi amigo Antonio Tabucchi, lo escritores no vamos al encuentro de historias, las historias te encuentran a ti. Cuando te rozan, comienzas a construir. Y finalmente no eres tú en verdad el que construye, es la historia que se construye a sí misma, a fuer de no contradecirte y contradecir. Eso ocurre con los personajes. Tú no los construyes. Tú te enfrentas a ellos y son ellos los que te dictan la construcción. Quiero decir que yo no creo que Cervantes construyera el Quijote. Imaginó a un hidalgo al que los libros de caballería volvieron loco y en por esa consecuencia habría de cimentar a la figura, por lo que los libros de caballería son y por lo que construyen los libros de caballería. Nunca los personajes fallan; fallan los escritores.”
-El último cuento, La astucia del matador, es un homenaje a Ricardo Piglia. ¿Cuál es la razón de esta historia y de este homenaje? ¿Llegó a conocer al escritor y ensayista argentino?
“Sí, conocí a Ricardo, estuvimos juntos alguna vez y hablamos muchísimo de literatura. Por lo demás ambos coincidíamos con varios autores de nuestros gustos. Por ejemplo, Piglia fue uno de los grandes salvadores del verdadero Roberto Arlt en Argentina y yo hice mi tesis sobre ese autor y publiqué un libro sobre él. Luego está Sarmiento, cuyo Facundo, como a él, me parece uno de los más extraordinarios libros de América. Y Borges, sobre el que él escribió mucho como yo. Y después Gombrowicz. Hay una diferencia entre Ricardo y yo: por pereza él no escribía libros sobre un autor, solo ensayos, yo al contrario, sí escribí un libro sobre Arlt y otro reciente sobre Borges. Creí que, después de haber muerto desgraciadamente Ricardo, habría de componer este cuento en su homenaje. Con materiales que él me prestó. Los dos relatos que se cuentan ahí, el del soldado y la chica en el campo de prácticas y la del sargento con condena de cárcel, son historias que me contó él. Y las utilicé, para concretar la muerte ficcional de Ricardo Piglia como él la hubiera contado”.
- Se encuentra ahora escribiendo El libro de los otros” ¿Qué es El libro de los otros?
“El libro de los otros ya está terminado, incluso ya he concluido la corrección de las pruebas. Lo que he hecho en ese libro es reunir (parte, solo una parte, porque he hecho centenares) de las entrevistas que he hecho en mi vida: En este caso, las publicadas en La Página y en otras revistas y libros. Hablan (fundamentalmente) con escritores y gentes de la cultura (pintura, teatro, arquitectura). El muestrario me parece muy interesante porque yo le hice (o contribuí a ello) las más largas y precisas entrevistas a Rafael Arozarena, a Pedro García Cabrera, a Antonio Tabucchi, a Luis Mateo Díez, a Eugenio F. Granell, a Iris M. Zabala, etc., etc. Es el libro de los otros porque (aunque la calidad de las preguntas ha de estar en su punto) lo importante es lo que los otros aportan de sí y la escritura fija, detiene, guarda en el tiempo. Me pareció importante hacer esa recopilación”.
- Usted dirigió la revista La página. ¿Cuándo nace, cuántos números alcanzó y cuál fue la razón de su cierre?
“Sí, yo cree y dirigí la que creo es una (gaceta de arte aparte), una de las revistas más importantes de Canarias. Yo viví en Buenos Aires en el año 1987. Allí coincidí con la gente de la cultura (especialmente la literatura) del momento, Y observé cuáles eran sus iniciativas, sus proyectos, como referían y difundían sus ideas, cuál era su empeño por el conocimiento, por la crítica y por qué. Cuando regresé me propuse hablar con la gente del ámbito en Tenerife y proponerles una iniciativa de ese tipo, fundar una editorial competitiva y una revista en la que nos inmiscuyéramos en toda la cultura universal, que era lo que debía interesarnos; todo, sin excepción. Con los reparos: no transigir con la vecindad, la amistad o los impuestos. Lo que creyéramos fundamental y sin ambages. Lo que yo proponía, además, era hacer una revista que no se centrara solo en el ámbito de Canarias. Me quedé solo. Pero persistí y me acompañaron Juan Pedro Castañeda y, a cierta distancia, Bern Dietz. Y lo logré: distribución desde Barcelona en principio (para toda España), suscripciones en toda España y el extranjero, etc. Luego surgió la editorial y lo mismo: no solo canarios (aunque los principales). Y eso fue: 26 años de trabajo y 108 números de una revista trimestral. Visitamos la literatura francesa, italiana, inglesa, portuguesa, aparte de la española y la propia cuando era menester. El proyecto se lo presenté al consejero de Cultura del momento (Miguel Zerolo) y a él le entusiasmó. Desde entonces tuvimos subvención del Cabildo hasta que apareció por el lugar el que yo creo que ha sido el presidente más infausto de la institución (Carlos Enrique Alonso) y sin explicación alguna (con la ayuda del benigno consejero de entonces, un tal Ceballos) retiraron el apoyo y mataron a uno de los proyectos más importantes de la historia de la cultura de Canarias. La Página fue y será; ellos son los que son y por ser lo que son se reconocerán”.
Saludos, se acabó, desde este lado del ordenador


