Hondo, una novela de Louis L’Amour
“Era una mujer. En cuanto a edad, poco más que una niña, pero toda una mujer. Y muy bonita. Se quitó el cigarrillo de los labios y lo contempló, tomó una calada más y lo dejó caer al suelo, donde lo pisó con la punta de la bota. Se hacía tarde, anochecía, y en la hondonada oscurecía antes que en el llano paraje circundante. Si se podía considerar llano”.
(Hondo, Louis L’Amour. Traducción: Jon Bilbao, colección Frontera, Valdemar, 2015)
La colección Frontera de la editorial Valdemar está publicando una serie de grandes clásicos de la literatura del oeste que ningún aficionado debería dejar pasar. Se trata en muchos de los casos de auténticas obras maestras, algunas de las cuales dieron origen a grandes películas del género, esas producciones que parecen imborrables en nuestra memoria cinéfila.
La última historia que he tenido la oportunidad de leer de esta colección ha sido Hondo, de Louis L’Amour, uno de los escritores de novelas del oeste más conocidos en el mundo entero y no solo en su país, donde todavía disfruta de un prestigio al que le hacen justicias numerosas historias que se desarrollan en grandes planicies cruzadas ocasionalmente por ríos en los que corren aguas furiosas, lo que ha situado el nombre de L’Amour junto al del también súper ventas Zane Grey, como uno de los más populares. Razones no faltan para entenderlo. L’Amour puso su talento al servicio de narrar historias sobre hombres buenos a los que la circunstancia obligan a emplear la violencia.
Los aficionados al western cinematográfico habrán reconocido el nombre de Hondo ya que se trata de un excelente largometraje dirigido por John Farrow y que produjo y protagonizó John Wayne, actor y cineasta que en esos años, los cincuenta de la década pasada, vivía uno de los periodos más dulces de su carrera. La novela de L’Amour se escribió después de la película ya que Hondo se inspira en un cuento anterior, El regalo de Cochise, que el escritor norteamericano desarrolló hasta convertirlo en el guion de la película y de paso expandió también para terminar convirtiéndolo en una novela que se publicó tras el estreno de la película, una película que a mi, personalmente, me sigue pareciendo una de las mejores que protagonizó John Wayne, quien supo ponerse en la piel de ese cowboy solitario que conoce a una atractiva mujer y a su hijo que viven en territorio apache.
Sí, apaches que, narra Louis L’Amour además de hablar en su idioma, conversan en español en sus largos recorridos por las colinas en busca de colonos a los que torturar, asesinar y de paso quemar sus granjas. Contado así parece otra cosa y no lo que el escritor norteamericano quiso mostrar del pueblo apache, una serie de tribus valientes, acostumbradas al combate, que no da un paso atrás aunque la situación no se incline de su lado. Los indios al menos en esta novela de L’Amour son un pueblo bravo, de gente que solo entiende el lenguaje del combate y que respeta al contrincante que no muestra signos de cobardía en ese enfrentamiento que se da en esta parte polvorienta del oeste americano.
Como pasa en muchas de las películas western, Hondo la novela transcurre sobre todo en grandes espacios abiertos que el escritor describe en toda su grandeza con una desarmante economía de palabras. Nunca fue L’Amour un escritor al que le gustara jugar con párrafos extensos ni emplear un vocabulario complejo para contar sus historias. Aquí está la clave de su éxito, influencia que no llegó a traicionar su literatura y herencia de un pasado en el que militó como escritor de novela populares, pulp las denominan los norteamericanos al estar impresas en papel barato, y gremio en el que conoció a uno de los grandes narradores de literatura policíaca como fue Jim Thompson, solo que Thompson dedicó sus esfuerzos a la novela negra en una serie de libros donde más que destacar el argumento, sobresalen sus personajes.
Jim Thompson moriría alcoholizado y sin un dólar en el bolsillo, todo lo contrario a Louis L’Amour que hizo fortuna con sus historias ambientadas en el lejano oeste aunque también probó otros géneros como fue el de ciencia ficción de andar por casa.
Entre los grandes personajes de la novela destacaría además de su protagonista a Sam, un perro más feo que el demonio –así lo describen quienes lo conocen– y que es el mejor amigo de Hondo Lane, a quien acompaña en las duras y en las maduras. No se trata de una mascota, deja bien claro Hondo, sino de un amigo de cuatro patas que hace su vida como la hace también el héroe de la novela.
El relato se desarrolla en muy pocos escenarios ya que el paisaje, como pasa también en la película, es omnipresente pero no ahoga a los protagonistas que caminan a cuatro patas o cabalgan a lomos de un poderoso caballo. En cuanto a los protagonistas, todos son hijos de la frontera. Hay una mirada recelosa hacia la ciudad. De hecho, la más próxima a la granja en la que viven la mujer y su hijo ha terminado por corromper al esposo y padre. Es un despojo de lo que pudo ser. Un tipo que se alimenta de resentimiento y que culpa a su familia de su fracaso.
Se ha convertido en un pistolero, así que la mano no le tiembla cuando dispara a todo al que se cruza en su camino hasta que se tropieza con Hondo. En la novela aparecen también soldados de la caballería del ejército de los Estados Unidos, hombres que visten de azul y que procuran mantener la inestable paz que se da en un territorio en el que los apaches están en pie de guerra hartos de que el hombre blanco les engañe porque todo lo que dice “no perdura en el tiempo”. Sus promesas “están hechas de humo”.
Hondo está ejemplarmente traducida por Jon Bilbao y si les gustó la película como a nosotros, les va a gustar mucho también la adaptación literaria que escribió Louis L’Amour, una obra que emociona y en la que mascas el polvo del desierto. Si Hondo en el cine ya tiene dimensión de clásico, pasa lo mismo con el libro, novelas como éstas dan buena fe de ello.
Saludos, pradera adelante, desde este lado del ordenador
