Vídeos Scorpio, el último vídeo club de Tenerife
No fue en marzo, ni abril, ni mayo, ni junio… como se dijo sino que será en diciembre de este mismo año, 2025, el cierre anunciado esa es la verdad, del último vídeo club que quedaba abierto en Tenerife: Vídeos Scorpio, establecimiento que se encuentra en la calle de Álvarez de Lugo de la capital tinerfeña y guarida hasta el día de ayer de los últimos románticos del cine, o toda esa fauna salvaje que sigue prefiriendo ver películas en su reproductor (antes de VHS) de toda la vida que en plataformas, que es el monstruo devora imágenes que ha generado esta situación.
Situación que cuenta con numerosas víctimas colaterales y que en una ciudad tan pequeña como es en la que vivo, hace añicos esa rutina sin precio que es ver pasar todos los días como si fueran el mismo día. Que el ciudadano vague en un líquido amniótico que hace que todo discurra sin fatigas ni sobresaltos.
Vídeos Scorpio nació a finales de los años 80 del pasado siglo XX y en la actualidad además de alquilar películas, cada vez menos, se dedicaba a venderlas. No solo las de su fondo sino cintas nuevas, la mayoría de clásicos o películas con demasiada edad.
Me cuentan que hay sobre unas 10.000 cintas en esa tienda en la que se reunían los últimos dinosaurios. Tienda en la que además de películas, contaba en sus paredes con carteles de largometrajes de otras épocas y dos monstruosos proyectores que no sé qué destino le aguardan. De momento, me dicen que la idea es venderlos siempre y cuando se encargue el comprador de recoger y llevarse por sus propios medios estas gigantescas maquinarias.
Antes de ser Vídeos Scorpio, Scorpio apareció por primera vez en Santa Cruz como una tienda de discos que estaba situada en uno de los edificios de la Rambla de Pulido. Esa tienda de música abrió en 1979 pero cerró a principios del siglo XXI. Primero vendía discos de vinilo y más tarde discos compactos. Traspasó el negocio, en unos tiempos en los que hubo varias tiendas de discos en la capital tinerfeña como Monar, Manzana, Fresi Discos, Supernovo, entre otras, y en las que uno podía examinar el disco y si no te decidías, pedirle al encargado que te lo pusiera en uno de los tocadiscos que tenía la tienda. Te colocabas unos cascos marcianos en las orejas y a escuchar una obra que tras juzgar si merecía la pena o no, te la llevabas o no a casa.
El cierre se producirá en diciembre por lo que Scorpio en estado de liquidación abre todavía. Al frente se encuentra Agustín García, que lleva el negocio desde cuando los tiranosaurios dominaban la tierra. Estos días sigue ahí aunque poco a poco y como si de una película de fantasmas se tratara, en un establecimiento más desguarnecido.
Las estanterías están cada vez más vacías y no encuentras ninguna en la categoría de porno porque, susurran las pardelas, fueron de las primeras que se vendieron cuando Scorpio comenzó su lenta y agónica etapa de cierre. El negocio ya no resultaba tan negocio. Sobre todo porque la competencia del audiovisual es terrible y demoledora. Tanto, que no solo afecta a vídeo clubes como el que se reseña sino también a las salas de cine. Espacios que a medida que pasan los años desaparecen del paisaje de una ciudad que, como Santa Cruz de Tenerife, disfrutó en el pasado de tantos y tantos cines.
Con Scorpio se diluye otro de esos referentes que marcaron mi existencia en esta pequeña y tan pueblerina capital de provincias. Ciudad en la que a medida que pasan los años cierran negocios que una vez conocí aunque es verdad que abren otros que esperan a que los conozca.
Echaré de menos las conversaciones que en los últimos tiempos mantenía con Agustín acerca de lo humano y de lo divino y a escuchar sus recomendaciones a los curiosos que todavía entraban en su establecimiento para alquiler por un día (tres euros si era de estreno) una película con la que aguantar la tarde y la noche que nos devuelve al día.
Es inevitable pensar cuando un amigo se va que algo se muere en el alma y es inquietante pensar que eso mismo me pasa cuándo se cierra un establecimiento que formó parte de mi vida. Como los cines que regaron esta ciudad. Los últimos de ellos el Víctor y los Price. El primero hace unos meses que pasó a mejor vida y el segundo se ha reconvertido en Espacio Price, en la que se imparten cursos y talleres de y sobre cine.
“Uno es que se hace viejo”, me dijo un conocido que me encontró mirando el escaparate de Vídeos Scorpio al que todavía le hace falta poner el cartel definitivo de cerrado, y no pude responder a una verdad tan directa y aplastante. Tan fría y real y es que uno, damas y caballeros, se hace viejo.
En fin, mañana será otro día.
Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

