Archive for Diciembre, 2025

Eduardo González adapta al cómic la novela La Lapa, de Ángel Guerra

Lunes, Diciembre 15th, 2025

La adaptación al cómic de Mararía, la novela de Rafael Arozarena hace ya unos años la recibí con entusiasmo porque entendí entonces (aunque el devenir de la historia no me dio la razón) que lo que podíamos considerar como “grandes clásicos de la literatura canaria” podían tener su traducción al universo del cómic y llegar a más público del que han llegado la mayoría de estos títulos que, de una u otra forma, dan grosor a un improbable canon de la literatura canaria.

Me preocupé en trasladar esta idea a quien quisiera escucharme pero como muchas de mis ideas (con independencia de si son buenas o malas) no obtuvieron respuesta. La idea, con el fin de aclararnos, cayó en saco roto, lo que asumí más que como derrota como pena, porque he defendido siempre la importancia que tiene la historieta en hacer asequible a toda clase lectores los libros que ocupan los estantes de las bibliotecas. Un universo, el de las bibliotecas, que estoy seguro que recibiría con los brazos abiertos esta iniciativa que, de momento, flota en el limbo.

Eduardo González vuelve a repetir adaptando un “clásico de la literatura canaria” con La Lapa (Ediciones Idea, 2025) un cómic que está muy bien pero que por desgracia llega muy tarde. Y llega tarde porque tuvo que haberse publicado el año pasado y no éste, ya que el autor de esta narración, realista y muy pegada a la tierra, José Betancourt y Molina que firma con el pseudónimo de Ángel Guerra que tomó de la novela de su paisano Galdós, era entonces el protagonista del Día de las Letras Canarias, reconocimiento que en el año que llevamos en curso recuerda la labor desarrollada por Alonso Quesada, de quien se ha preparado un amplio programa de actividades que sospecho que llega tarde también, ya que los fastos que se han organizado para recordarlo se hacen los tres meses finales de un año que inevitablemente termina, y que deja muy deslucida las actividades que estaban previstas recordarlo en el centenario, además, de su fallecimiento, que fue en 1925.

Acostumbrado a estos ya de por sí molestos despistes por parte de los responsables de la Cultura oficial (Gobierno regional, cabildos y ayuntamientos) la aparición con retraso del cómic de La Lapa tiene que ser recibido con entusiasmo aunque ese entusiasmo se haya atenuado porque el iniciado sabe que el cómic que tiene en sus manos llega tarde…

La obra consagra a Eduardo González como el gran adaptador de “nuestros clásicos literarios” a la república de las viñetas, siendo el autor de dos novelas gráficas que traducen en imágenes títulos como Mararía y ahora La Lapa, dos obras que, curiosamente, se desarrollan en la misma isla, Lanzarote, aunque aborden relatos radicalmente diferentes. Si hay algo que acerca Mararía y La Lapa es la mirada que tienen los escritores de una misma isla aunque en cuanto al contenido se tratan de trabajos muy diferentes. En Mararía la mirada de Rafael Arozarena no observa al mar sino a tierra adentro. En La Lapa, sin embargo, además de los protagonistas, si hay un personaje que determina el peso del relato ese es el mar. Un mar que está presente a lo largo y a lo ancho de un texto que narra el doloroso proceso de crecimiento de su joven protagonista y que Eduardo González pone de manifiesto no solo a través de los personajes sino también a través de la impactante novela gráfica que firma el dibujante y guionista a través de un atractivo montaje de viñetas en la que predominan cuadros a toda página que rayan, en ocasiones más con la pintura que con el cómic.

La Lapa muestra con toda su fuerza el talento de Eduardo González, un artista del dibujo y de la composición, que son dos claves para el buen seguimiento de cualquier historia que se nos cuente en el llamado arte secuencial, que es lo que son los cómics, y un agradecido sentido por resultar “realista” como lo fue La Lapa original, preocupándose no solo en describir personajes con psicología sino en situarlos en el paisaje de una isla que, como es la de Lanzarote, por su falta de agua y ser un territorio seco, condenó a esta tierra a ser una de las más pobres de Canarias, una geografía dura y envolvente en la que se mueven los personajes del libro.

La Lapa es una historieta que rinde, como así lo hizo también Eduardo González con Mararía, tributo al material literario original lo que me obliga a pensar el atractivo que sostendría una colección que publicara adaptaciones al cómic de “los clásicos canarios” con el fin de expandir su conocimiento a lectores de todas las edades y también a los que nos visitan de fuera.

La Lapa cuenta con un prólogo del periodista y editor Francisco Pomares, donde escribe que Eduardo González “dibuja con silencios. Y con silencios nos desvela también la pobreza, la mirada torva del patrón, la boca seca del niño que no puede más, la noche que cae sobre Lanzarote como una manta sin fin. Sus viñetas no gritan: susurran”, y es verdad que esos “silencios” salpican las páginas de esta adaptación en la que destaca por encima de otros colores el azul marino. El color del mar. Esa fuerza con la que lo representa hace que incluso consiga que a veces llegue a nuestra nariz el olor inconfundible del salitre, y de salitre están también dibujadas las caras de los protagonistas, los personajes que entran y salen en la historia que Eduardo González adapta de este clásico canario. Y como clásico, tan olvidado por estas tierras.

El cómic reproduce las historias El mendigo, Años juveniles, Primera Aventura, Segunda aventura, Hombre de mar, Salvado, A la hora de la muerte y En tierra, cuenta también con un prólogo, La Lapa: historia de una derrota, que firma Pomares y un glosario. Un trabajo, en definitiva, que visibiliza con respeto esta obra fundamental de la literatura canaria.

Saludos, pie con pie, mano con mano, desde este lado del ordenador

La librería Solican está abierta aunque aún no se sabe cuándo será su inauguración

Jueves, Diciembre 11th, 2025

Si usted es uno de los habituales de la librería solidaria Solican le advertimos que no pase por la calle del padre Anchieta, en la capital tinerfeña, que era donde estaba situada hasta ayer ya que se toparán con sus puertas cerradas aunque si pegan la oreja escucharán una escandalera no de fiesta, precisamente, sino de movimiento de bártulos, de libros que se ponen en cajas mientras se desmontan estanterías.

Desde hace una semanas, Solican adapta su nuevo espacio en el número 8 de la calle de José María de Villa, muy cerca de donde se encontraba la anterior, y poco a poco pero con la misma constancia y paciencia de una hormiga, va tomando el aspecto de una librería, solidaria solidaria en este caso, gracias a que la complicada operación de traslado se está llevando a cabo en un tiempo récord gracias sobre todo a la ayuda desinteresada de muchos clientes, algunos de los cuales no han dudado en arremangarse las mangas de la camisa o en prestar sus vehículos para que se cumplan los tiempos que estaban previsto con el cambio.

Además de los voluntarios, que han sido una pieza clave en todo este proceso, explica Luis de la Cruz, cabeza visible de Solican, se encuentra también el equipo humano que lo acompaña y que integran Amalia e Isabel, así como los dos Jose, piezas fundamentales de una librería que al menos a quien ahora les escribe le ha hecho la vida muy feliz. De hecho, muchos de los libros que forman parte de su/mi biblioteca proceden de Solican, que ahora abre mañana y tarde porque siguen con el trajín del traslado aunque el que lo desee, puede entrar a olisquear lo que está siendo ordenado en el nuevo establecimiento, que es más pequeño que el anterior, aunque éste me parece más coqueto y acogedor.

Quédense, por último, con el mensaje, y es que pese a que la nueva librería de la calle José María de Villa está abierta no se ha producido aún la inauguración oficial. Lo que me hace recomendar que estén pendientes de su página de Facebook porque será allí donde anunciarán el gran día. A mi, particularmente, me gustaría que fuera antes de que finalice el mes y el año, pero sería igual de estupendo que la inauguración se realice en ese 2026 que, literalmente, está a la vuelta de la esquina.

Como se ha escrito con anterioridad, Solican se ha convertido en un oasis, en un refugio en el que poder adquirir libros a precios que no suelen sobrepasar 1 o 2 euros, un alimento espiritual de bajo coste para esas almas descarriadas que continúan empeñadas en leer en unos tiempos tan poco propicios para la lectura.

Y eso es todo de momento, salvo invitarles a que colaboren con esta buena empresa ya que todo tipo de brazos son bienvenidos, y a que crean aunque les parezca una cosa increíble, que los milagros a veces, solo a veces, existen.

Saludos, parece mentira, desde este lado del ordenador

Un libro resume los 30 años de trayectoria de la productora canaria La Mirada

Miércoles, Diciembre 10th, 2025

Es difícil explicar las emociones que me asaltaron tras descubrir Algo más que miradas. Una revisión de la trayectoria de la productora canaria La Mirada en su treinta aniversario (1994-2024) pero creo que la principal, la piedra angular que terminó por acelerar las pulsaciones de mi corazón fue recuperar parte de mi pasado, de mi tradición.

Claro que de alguna manera fui testigo, en los márgenes, de la increíble aventura de esta productora canaria que ahora nos narra en primera persona los protagonistas que contribuyeron al despertar (eran otros tiempo, y todo estaba por hacer) de un para mi cada vez más probable cine canario y que una empresa de aquí fuera capaz también de producir cine de allá conservando su estilo, su sello, esa Mirada que ya es historia, hablaba muy bien del trabajo que estaban desarrollando.

Sin su iniciativa, no habría sido posible el rodaje de cortometrajes que anunciaron al mundo que aquí, en estas islitas pegadas a la costa de África, se estaba haciendo cine. Y un cine que se estaba haciendo muy en serio.

Algo más de treinta miradas se presenta hoy, miércoles 10 de diciembre, en el teatro La Granja, en Santa Cruz de Tenerife, a partir de las 19.30 horas, acto en el que se exhibirá también el cortometraje Ruleta (Roberto Santiago, 1999), y en el que estarán presentes Ana Sánchez-Gijón y Alfonso Ruiz, así como Juan Rebenaquez, que oficiará como maestro de ceremonias y el director general de Innovación Cultural e Industrias Creativas, Cristóbal de la Rosa.

El libro es el relato coral de un grupo salvaje, salvaje por lo que osaron hacer en tiempos tan poco propicios al cine, y mucho menos a un cine canario, como fueron los 90 del pasado siglo XX. Pero es que a finales de aquella misma década algo se estaba cocinando a fuego muy lento, es cierto, pero cocinando en las islas. De repente, algunos cortos destacaron porque eran muy buenos cortos, llegando incluso uno de ellos a ser nominado a los Oscar de Hollywood. Se estrenaba Mararía y Teodoro y Santiago Ríos nos mostraron con Mambí lo que perdimos en Cuba. El cine que se hacía en las islas salía de las islas. Y no sé si gustaba pero sí que sorprendía. Y en toda esa jiribilla, orquestada más por el entusiasmo que por el parné, apareció la mirada de La Mirada.

El año pasado la productora celebró su 30 aniversario y con ese motivo se publica Algo más que miradas, un libro colectivo que da una idea cercana de todo lo que costó aquel esfuerzo y de cual fue su recompensa. Esta es la crónica de una aventura cinematográfica con sus momentos malos, muy malos, pero también buenos, muy buenos que los que lo vivieron en la periferia solo pueden darle las gracias más sinceras. Y gracias es lo que expresan cineastas que debutaron en el cine porque La Mirada estuvo ahí. De hecho, La Mirada es en gran parte responsable de lo que defiendo que fue una edad de oro de un cine que por aquel entonces le costaba mucho arrancar. ¿La razón?, entre otras que resultaba extremadamente costoso (se rodaba en celuloide) y apenas existía toda la estructura que ha organizado el Gobierno regional en los últimos años, lástima que esa política no termine por dar consistencia, solidez, a una industria que ahora aprende a andar con la cabeza levantada, pese a una injerencia que al final puede hacer más mal que bien en pro de un cine que si algo anda buscando es su identidad.

Leer las páginas de este libro de gran formato y con una cantidad de fotografías que abruma, conseguirá entre quienes lo vivieron recordar aquellos buenos tiempos y a los que no, conocer una realidad cinematográfica que tiene una tradición. Tradición que comienza en los años 20, continúa a finales de los 80 con el estreno de Guarapo, filme que muchos consideran ya como fundacional de ese probable cine canario, y que consolidó su lugar en el mundo en los 90 a raíz del éxito por festivales de varios cortometrajes que fueron producidos por La Mirada como El último latido, La raya y Esposados, este último en régimen de coproducción con otras dos productoras de las islas como Papi Producciones y Zodiac Films, y trabajo que fue nominado a los Oscar en esa categoría en 1997, el primero por cierto del cine español que entraba a competir en estos famosos premios, y que sirvió de catapulta a su director y coguionista, Juan Carlos Fresnadillo (el otro fue Jesús Olmo), para que lo reconocieran en los mercados internacionales.

Escribe en el prólogo Alfonso Rivera que este libro nació para festejar el 30 aniversario de La Mirada, pero también para recuperar la labor que emprendieron en unos tiempos muy difíciles, que poco o nada tienen que ver con los actuales. No se escribe esto para reivindicar lo que algunos pueden considerar como gesta, y algo de ello tiene, de gesta, pero sí para que se tome muy en serio el trabajo que La Mirada fue presentando a lo largo de estos 30 años.

Toda una vida en la que hubo muchos y sonados éxitos y también fracasos. Fuera una cosa u otra, lo que no perdieron nunca los que formaron parte de esta casa, de esta manera ver y entender el cine, fue La Mirada, una Mirada que, destaca el prologuista, estuvo batallando “contra enemigos inimaginables de todo pelaje y condición”, pero con lo que no contaban era que el “diablillo del audiovisual” ya había tentado a todos sus miembros.

Antes del prólogo, una de las piezas claves de La Mirada, la productora y también cineasta Ana Sánchez-Gijón, es la encargada de escribir unas palabras preliminares en donde advierte que este libro propone un periplo al pasado donde el lector se tropezará con episodios que se repiten pero que se cuentan de distinta manera porque varios autores fueron testigos de aquel momento. Esta pluralidad de puntos de vista enriquece una obra que no cae en el narcisismo y por tanto anida en ella una vocación muy sana por hacer historia, revelando la labor que desarrolló la productora canaria a lo largo de todos estos años. Una historia que ya cuenta, afortunadamente, con un libro y que protagonizaría un capítulo de los más densos en una probable historia del Cine canario o del Cine en Canarias hecho por canarios. La obra se puede leer además de principio a fin o en el orden que a uno “le venga en gana”.

El libro comienza con Hilvanando las miradas, escrito por Ana Sánchez-Gijón y continúa con un capítulo, La Prehistoria, que reúne las miradas (testimonios) de Francisco Melo Jr, quien contribuyó a todo este interés al ceder las salas de los Multicines Price a los estrenos canarios y Ramón Santos, director de Mirando a Laura, el corto que inició lo que vino después. La Prehistoria da paso a Entre la prehistoria y la historia. Cuba en el corazón: a imagen y semejanza del ICAIC, que revela en primera persona el rodaje de El largo viaje de Rústico, documental del que han bebido tantos cineastas canarios que vinieron después y que dirigió Rolando Díaz, quien escribe sobre aquella aventura y Elisa Rabelo. Tras Rústico, el siguiente capítulo que lleva por título La historia, se ocupa de las películas que La Mirada contribuyó a que se hicieran realidad. Primero con Haciendo historia, pero ninguneada y jodida, en el que escriben Javier Fernández Caldas y Juan Carlos Fresnadillo; La Metro Goldwyn Mayer del corto español, en la que colaboran Andrés Koppel y Blanca Rodríguez; y La nave va, con textos de Roberto Santiago, Aitana Sánchez-Gijón y Ricardo Ramos; Un corto paréntesis con música de fondo, en el que interviene Inma Rodríguez; Replegando velas, en el que participan con sus miradas Ricardo Ribelles e Isabelle Dietrckx; Y entonces, todo dio un vuelco, con textos que firman Paloma Soroa, Carlos Calato y Peter Andermatt; Esto se tiene que animar, mirada que protagoniza Carlos Miranda y Reencuentros, desencuentros, familias y despedidas, que cuenta con las opiniones de Félix Sabroso y Aline Rajan-Harjani.

Este capítulo cuenta además con Miedo, más reencuentros, sillas de ruedas, acciones paralelas, en el que escriben Borja Terán y Óscar Guisoni; Del desarrollo a la innovación: por fin la tele, que incluye textos de María Sanz Esteve, Miguel Miranda, Alicia Borges y Cristina Quesada; Mi hermanita y la pequeña Cleo, que firma Dácil Manrique de Lara y El sufrimiento y el goce, que rubrica Juan Antonio Castaño, Mengues, y que además de director de fotografía de casi todos los cortometrajes que produjo La Mirada fue su otro gran impulsor.

La portada reproduce una fotografía de Sergio Méndez del estreno de Mirando a Laura en 1991 y me desconcierta. Claro que la nostalgia, a veces, no es un error.

Saludos, ay, madre del amor hermoso, desde este lado del ordenador

José Luis Alcaine: “El cine no lucha por seguir siendo cine”

Martes, Diciembre 9th, 2025

José Luis Alcaine Escaño (Tánger, Zona Internacional de Tánger, 1938) es uno de los profesionales más reconocidos del cine español. Uno de esos técnicos ya legendarios que se ha acostumbrado a estar en la sombra y a trabajar con la pericia de un orfebre manejando la luz en una filmografía entre las que se encuentran títulos como Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988), ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990) y Belle Epoque (Fernando Trueba, 1992), que le ha llevado a ganar varios premios Goya y a que cinematografías como la norteamericana también hayan confiado en sus servicios. Alcaine, que sigue en activo y que prefiere lo digital antes que el negativo, lamenta que haya tanto desenfoque en el cine actual y recuerda con un ligerísimo quiebro en la voz que sus padres vivieron en Tenerife, isla en las que están enterrados. De su padre, malagueño, forjó parte de su carácter aunque la otra mitad es herencia de su madre, nacida en la isla de La Palma. En Lanzarote rodó Oro rojo, una película del también escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa.

El Espacio Price, que ha recuperado los legendarios multicines para reinventarlos como espacio formativo y para otros usos de carácter cultural, le rindió hace una semanas un homenaje que bajo el título de La luz, un tributo a José Luis Alcaine, sirvió para conocerlo mejor y foro en el que habló de su oficio, el arte de dar textura plástica a una película.

- ¿Cómo llega al mundo del cine y cómo termina especializándose en la dirección de fotografía?

“Mi inspiración por el cine viene en parte gracias a mi padre, que era un gran aficionado a ver películas. Te puedo contar que mi padre, evidentemente yo ya soy mayor, nació en 1908, y está claro que cuando tenía cinco o seis años en el pueblo en el que vivía, hubo un cine al que quería ir desesperadamente y como no tenía dinero porque la familia era prácticamente pobre iba, a pesar de todo, porque en aquellos tiempos y como los cines de la época no eran eléctricos –no tenían arrastre de un motor eléctrico– el proyeccionista hacía pasar a mi padre a la cabina para que moviese las manivelas porque si no terminaba destrozado y como había una rejilla en la pared para poder observar la pantalla, allí veía mi padre la película, en la cabina de proyección. Y me contó una cosa que se cuenta poco, y es que las películas no eran mudas porque los espectadores hablaban con la pantalla. Se dirigían a la pantalla y estaban constantemente anticipando o tratando de dirigir a los actores, avisándoles de lo que les podía pasar y de alguna manera intervenían en el ritmo del filme. Mi padre me contaba que como había tantas películas de persecuciones, de caballistas, alguna de terror, el público pedía que cuando el largometraje estaba finalizando, que la película fuese más deprisa para que el bueno alcanzase al malo y cuando el que aparecía era el malo, que la película fuese más lenta para que el bueno pudiera atraparlo. Y que de repente se escuchaba en la sala: ‘más lento, más lento, más lento’, para que el malo no pudiese escapar. En aquel entonces había una especie de montaje del público sobre la película”.

- Era otra manera de ver cine. El público interactuaba con lo que veía en pantalla.

“Sí, y eso no lo cuenta prácticamente nadie. Imagínate al malo de la película recibiendo los vehementes insultos de los espectadores y los aplausos de estos cuando aparecía en pantalla las heroínas y los héroes de la cinta. Les echaban hasta piropos y en voz alta, porque el cine era mudo. Y mi padre se crió en ese entorno y se aficionó muchísimo al cine y bueno, nos llevaba desde pequeño en Tánger porque fue allí donde nos criamos. Tánger era entonces una ciudad internacional, y contaba con consulados importantes de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos… El consulado de Estados Unidos tenía colecciones de películas norteamericanas y mi padre consiguió contactar con el coleccionista y se las dejaba, que fue cuando buscó un proyector de 16mm gracias al cual vimos mucho del cine mudo. Cine mudo sobre todo de Charles Chaplin, Harold Lloyd, La Pandilla, Fatty Arbuckle, los grandes, a los que vi desde pequeño en la casa familiar porque mi padre con ese proyector conseguía que le dejasen las películas y las veíamos. Y eso te crea lo que ahora se llama un background muy importante. Y luego me sentí atraído por la composición visual y por la luz, siempre, siempre. Si miro atrás, recuerdo que miraba cómo se desplazaba el sol dentro de las casas y seguía ese recorrido, me parecía muy interesante ver qué es lo que pasaba con la luz”.

- ¿Tenía claro que iba a dedicarse al cine?

 
“Un factor que tuvo mucha importancia para mi dedicación al cine fue que mi padre comprase una historia de cine en dos pagos del crítico de La Vanguardia Ángel Zúñiga, que era un crítico muy bueno. Era una historia sobre todo del cine norteamericano, porque fue corresponsal en Estados Unidos de La Vanguardia y aparte de ser crítico fue corresponsal, solo que parte de su corresponsalía la pasó en Hollywood en los años 30 y si bien el libro lo publicó en los 40, tuvo como vecinos a los grandes de Hollywood de la época, tanto es así que cuenta con fotografías jugando al tenis con Chaplin, uno de los grandes ídolos de aquellos tiempos. Así que fue muy importante en mi formación posterior ya que de alguna manera me inoculó un poquito el interés por la historia del cine. Me parece importante no olvidarnos de los que nos han precedido y que los estudiemos. Es decir, que por ahí va mi rumbo”.

- Pero ¿por qué se convirtió en director de fotografía?

“No sé por qué, pero yo siempre he sido un buen técnico. Digamos que las cosas técnicas me han interesado mucho, las cámaras fotográficas, el poder estudiar cómo se mueven y cómo hacen y luego las de cine, todo eso me ha interesado muchísimo. Y no tanto la parte de dirigir porque me ha parecido que no estaba entre mis capacidades”.

- ¿Y recuerda la obra de algún cineasta de aquellos años que le inspirara?

“Hay un par de directores británicos que me parecen estupendos, Emerec Pressburger y Michael Powell, dirigieron entre otras Las zapatillas rojas y para mí son lo mejor que ha dado Inglaterra en cine, aparte de David Lean. Aparecieron en un momento que fue una gran época para el cine británico. De Pressburger y Powell recuerdo ahora Narciso Negro y Peeping Tom (El fotógrafo del pánico). Más tarde leí las memorias de Michael Powell, que son muy interesantes ya que abarca todo ese periodo, y ahí cuenta que descubrió una cosa que le sorprendió mucho, y es que él y algunos más se encontraban dirigiendo porque tenían pasión por el cine ya que la mayoría de los directores de su época si estaban ahí era para conocer chicas. Se decía que las mujeres, las actrices y los miembros del rodaje, eran más abiertos para practicar sexo. Y eso hizo que mucha gente tratara de dirigir con el fin de alcanzar ese objetivo”.

 - Pero ¿cómo termina siendo director de fotografía? ¿Estudió en alguna escuela de cine?

“No hay que olvidar que el cine en los años setenta, sesenta, cincuenta y cuarenta era un coto muy cerrado, era muy difícil entrar en ese espacio a no ser que lo hicieses como el típico aprendiz de un oficio hasta que apareció una escuela de cine en España. Antes la única manera de acceder era prácticamente como aprendiz, de ayudante de alguna cosa, de auxiliar de sonido, imagen, decoración, maquillaje. Tenías que hacer un recorrido previo como de auxiliar, de aprendiz, luego ayudante, primer ayudante hasta llegar a jefe de departamento y eso representaba una cierta cantidad de tiempo y resultaba difícil saltarse estos pasos. Yo venía de Tánger para tratar de hacer cine en Madrid, que era la capital del cine con Barcelona, así que ¿qué podías hacer? Pues tratar de ver si había otro camino”.

 - Y se matricula en la Escuela Oficial de Cine.

“La Escuela Oficial de Cine estaba inspirada en la Alta Escuela de Estudios Cinematográficos francesa y fue más o menos impulsada, mejor bien impulsada,cuando se adhirió no al Ministerio de Educación sino al de Información y allí fui a estudiar en 1961 tras pasar 25 años en Marruecos, porque Tánger dejó de ser zona internacional en 1956 y a partir de ahí ya fue entregado a Marruecos. Y como todavía me quedaba algo de contacto en Tánger y la posibilidad de trabajar en fotografía, pues aguanté un poco hasta que me marché a estudiar a Madrid”.

- ¿Y en Madrid qué tal?

“Y en Madrid, bueno, en Madrid fíjate, en Madrid estuve en la Escuela Oficial de Cine durante tres años. Fui uno de los pocos que repitió el último año porque la dirección de la Escuela me dijo textualmente, te repito, textualmente me dijo el director de la Escuela de Cine y en el primer encuentro anual de las calificaciones, me dijo a mí personalmente y delante de todo el mundo: ‘usted no está hecho para esto. Le aconsejo que se dedique a otra cosa. El cine no está hecho para usted’. Así que me quedé con eso pero no le hice ni caso y fui el único de toda mi profesión, de toda mi promoción, que repitió el último año”.

- Pero, ¿qué le lleva a dedicarse expresamente a ser director de fotografía?

“Lo que hacía antes de hacer cine era sacar muchas fotografías, de todo tipo aunque me di cuenta que me sentía más cerca de la composición, del cuadro y descubrí la plasticidad del cine. Y eso hizo inclinarme más hacia ese aspecto. También el hecho de que veía en la Escuela a los directores y a mí, la verdad, no me llamaba la atención”.

- ¿No le llamaba la atención?

“Quiero decir, como grupo de estudiantes me parecía que andaban siempre bastante colocadillos. Colocadillos en el sentido de que siempre estaban buscándole las vueltas a todo para ir a la contra de todo lo que hubiese, todo lo que fuese y como pasa casi siempre hasta ahora, en las escuelas y en las universidades el ambiente era como muy de izquierdas. Los sábados teníamos proyección de una película que no se veía en España, evidentemente por problemas de censura o a lo mejor algún problema político, pero generalmente era de censura, y allí veíamos la película antes de que la pasasen o no por el circuito comercial. Y acudíamos todos los alumnos de los distintos departamentos hasta que se llenaba la sala”.

- Quería preguntarle también cómo trabaja con el director de la película. ¿Es necesario que el director le explique antes cómo quiere la fotografía de la escena?

“Hasta el año 2000, digamos, el director casi no opinaba de la fotografía. Y si opinaba no se imponía. Es un trabajo que se le dejaba al director de fotografía, que tuviera su espacio para que crease la fotografía de la película. Cuando el director se plantea la película y empieza a prepararla, que normalmente es como dos meses antes de empezar el rodaje, está sometido bajo el peso de una cantidad de decisiones que tiene que tomar sobre el vestuario, el sonido, la música y los actores. Quién va a hacer esto, quién va a hacer lo otro. No tiene prácticamente casi tiempo de opinar sobre la luz de la fotografía. No nos engañemos. Esto de que el director canaliza todo es un invento que no es cierto. No es cierto. Mire, en la historia hay una cosa que ocurre bastante curiosa y que ningún crítico ha investigado. Para mí, el siglo XX ha sido la época dorada del cine porque la gente iba mucho y el cine tenía mucha influencia y hubo grandes, grandes películas, sobre todo en el cine que nos ha dominado, el cine de Hollywood. Las películas se proyectaban en el mundo entero porque se tenía una distribución mundial y el éxito era brutal. Cuando aparece el cine sonoro se cambia un poco la percepción y Hollywood rueda versiones de la misma película en inglés y en español y eso hizo que muchos talentos españoles, franceses o alemanes fuesen a Hollywood para hacer la doble versión. Al mismo tiempo, se investigaba unos sistemas que parecían que funcionaban y que se integraron al doblaje. Más tarde, se fueron a Broadway en busca de directores y escritores para que hicieran de guionistas y toda esta gente no había estado nunca en un rodaje. Y ¿qué es lo que pasó? Los productores dijeron, ‘muy bien, tenemos gente de Broadway que no ha estado nunca en un rodaje’ y decidieron que los directores de fotografía fueran los que planificaran los movimientos de cámara y los encuadres. Los directores no. He hecho cine fuera de España, en Estados Unidos, entre otros países, y los directores norteamericanos me han dado las gracias por dejarles opinar sobre cómo debían ser planificados los planos porque los directores de fotografía y producción no se lo dejaban hacer”.

- ¿Con que director se ha sentido más satisfecho rodando?

“Cada película es un mundo. Me he unido más a Pedro Almodóvar porque he acertado en el etilo que venía bien a sus películas y el resultado ha sido bueno para los dos y la película. La primera que hice con él, Mujeres al borde de un ataque de nervios, ha marcado de alguna manera la forma de hacer la película, de reflejar su mundo. Me llevo muy bien con él, le admiro mucho. Tiene ideas estupendas pero el mundo de Mujeres al borde de un ataque de nervios, el mundo plástico, la luz –los colores no, los colores son de Pedro– mi aportación fue básica y eso ha hecho que trabajemos juntos desde entonces”.

- Leo en una entrevista que busca los ojos de los actores. ¿Por qué?

“Sí, creo que nos comunicamos a través de nuestra mirada y eso nos ha determinado la impresión del individuo con quien hablamos porque los ojos traducen los pensamientos de las personas. En El padrino comenzó la moda de dejar los ojos de los actores a oscuras por Marlon Brando que, curiosamente en la película, sus ojos no se ven, son negros absolutamente. Eso es creación del director de fotografía, Gordon Willis, que lo hizo así porque Brando no se aprendía los diálogos y le ponían carteles con sus frases”.

- ¿Hay alguna película que le ha resultado especialmente difícil de fotografiar?

“Todas son un poco difíciles, lo que pasa es que cuando estás en exteriores o en decorados muy grandes resultan más complejos de fotografiar pero lo que hay que hacer es dar con la tecla, la idea básica de la fotografía de la película. Al contrario que muchos de mis compañeros yo nunca pienso en la fotografía antes del rodaje porque la fotografía debe fluir y pertenecer a la vida de la película”.

- ¿Cree que el trabajo del director de fotografía está reconocido en el cine español?

“Es complicado porque está reconocido, creo que sí pero digo que está reconocido igual que en el resto del mundo pero no lo bastante, se considera que la fotografía es importante pero no se le da el valor que tiene”.

- ¿Color o blanco y negro?, ¿exterior o interior?

“No prefiero nada, intento sacar partido a lo que pide la película. El blanco y negro tiene su encanto, el básico es que transporta al espectador a un mundo distinto al que ve normalmente. Una película en blanco y negro te hace ver la vida en blanco y negro y esa visión resulta extraña. El cine en blanco y negro fue el más taquillero de la historia y de alguna manera ese cine se convirtió en lo que es el cine. ¿Por qué ocurre esto? Porque el blanco y negro visto desde el punto de vista del espectador, sin análisis, le saca del mundo que le rodea y le muestra otro distinto a la vida que lleva”.

- ¿Cómo cree que ha cambiado la utilización de los sistemas digitales en la dirección de fotografía?

“Hay toda una corriente actual que dice que era mejor antes aunque yo, que hecho 179 películas en negativo o celuloide, como lo quieras llamar, y las últimas en digital, el mejor sistema sin ninguna duda es el digital. El negativo da muchos problemas. Ahora se habla que el colorista, quien entalona la película, es un segundo director de fotografía y eso crea un tipo de cine distinto. En todas mis películas hago el talonaje al mismo tiempo que rodamos ya que así y en el momento del rodaje sabes como va a quedar la fotografía”.

- ¿Tiene algún director de fotografía que sea su referente?

“Gregg Toland. Orson Welles en los títulos de crédito de Ciudadano Kane coloca su nombre debajo del suyo como director porque reconoce que gran parte de la planificación es de Toland. Las películas que Orson Welles rodó en Europa no contaron con un director de fotografía norteamericano que las planificara y son espantosas de ver aunque buenas por su labor como director de actores, en cuanto a planificación y encuadres estas películas son nefastas”.

- Ha rodado en los Estados Unidos, ¿son tan distintos sus rodaje de los españoles?

“Los americanos tienen siempre más medios. La película más cara española puede rondar los diez millones de euros mientras que una norteamericana, aunque sea una comedieta en la que trabajé como director de fotografía, unos 45 millones. La inversión es brutal en un caso o escasa en el otro. Ahora lo que ocurre es que la inversión es menor porque en general y salvo excepciones, el cine que se hace no tiene en cuenta al espectador. No tiene en la cabeza qué público irá a verla al cine. Tiene en la cabeza que lo hará en las plataformas. Se puede estrenar una semana en salas pero después va a plataformas. Con todo, el cine norteamericano sigue pensando en obtener éxito en las salas de cine”.

- Por último, cómo observa el fenómeno de las plataformas
?
“Estamos perdiendo la costumbre de ir al cine. En parte cambian los tiempos y en parte porque el cine no lucha por seguir siendo cine, ahora lucha por conquistar a las plataformas y es un gran error”.

FOTO: En la imagen, el director de fotografía José Luis Alcaine junto al cineasta Fernando Colomo

Saludos, un millón de gracias, desde este lado del ordenador

El largometraje La Lucha, de José Ángel Alayón, se estrena en cine el 30 de enero

Jueves, Diciembre 4th, 2025

La Lucha, un largometraje de José Ángel Alayón, llega a las salas de cine el próximo 30 de enero. La cinta está interpretada por luchadores de las islas, como el herreño Tomasín Padrón, en el papel de Miguel, padre de la protagonista, y la majorera Inés Cano, que interpreta a Inés, la hermana de Miguel, a los que acompaña la también luchadora Yazmina Estupiñán, en el papel de Mariana, la hija de Miguel. La productora El Viaje Films organiza una agenda de pases especiales y de preestreno en el Archipiélago a partir del próximo enero que se irán anunciando próximamente.

Desde su estreno en el Festival de Cine de San Sebastián en la sección Nuevos directores, en septiembre de este año —acompañada de una multitudinaria exhibición de lucha canaria en la playa Zurriola—, el recorrido de La Lucha (92′, España/Colombia) por otros festivales le ha valido la mención de honor del Jurado en la Mostra Internacional de cine de São Paulo (Brasil), en la sección New Filmmakers Competition; el premio a la Mejor Música en el Festival Cinespaña Toulouse (Francia); el premio a la mejor película y del jurado joven en el Efebo d’Oro Film Festival (Italia) —donde participó en la sección Prospettive Competition—, y su selección para ser exhibida en los festivales de cine de Thessaloniki (Grecia), Vancouver (Canadá), FIFIB Festival Internacional du Film Indépendant de Bordeaux (Francia) y Alice nella Città (Italia).

Mariana y Miguel tratan de seguir adelante tras la muerte de la madre de ella y esposa de él. La pérdida ha dejado a ambos a la deriva, en medio de la aridez de Fuerteventura. Su único refugio es la lucha canaria, que les permite hacerse un lugar en el mundo; pero el cuerpo de Miguel empieza a fallar y la rabia de Mariana la empuja a desafiar las normas. Con la final del campeonato cerca, padre e hija buscan reencontrarse antes de que sea demasiado tarde.

Drama familiar y deportivo, La Lucha sostiene un relato con múltiples lecturas en torno a la identidad y a la capacidad de resistencia —cultural e individual—. Para su segundo largometraje, Alayón mantiene su interés por emplear el cuerpo de los protagonistas como soportes del relato, como narradores, al ser la superficie en la que se inscriben las emociones, un enfoque que había empleado también en su ópera prima, Slimane. En este caso, además, el cuerpo es el lugar donde se encarnan la identidad colectiva y la fragilidad íntima de los personajes.

Después de años dedicado a la producción creativa y la dirección de fotografía desde El Viaje Films, Alayón une en La Lucha dos elementos que lo obsesionan: la exploración de los vínculos familiares y la reflexión sobre la identidad colectiva. La historia está enfocada para “interrogarnos sobre cómo habitamos la pérdida, cómo transmitimos la fuerza de generación en generación, cómo nos sostenemos unos a otros para no caer, en un relato doble: el de un pueblo que se reconoce en un rito ancestral y el de una familia que aprende a vivir con la ausencia”, apunta el director. Se trata de una lucha colectiva y otra íntima que hablan, a la par, de la necesidad de resistir.

Luchadores transformados en actores

El director y su equipo se embarcaron en un intenso proceso de casting en busca de luchadores auténticos capaces de encarnar a los personajes. Sus propias historias personales colaboraron en reescribir partes del guion. Fruto de esa selección, participan en la película los ya mencionados Tomasín Padrón, herreño residente en Fuerteventura, quien anunció al inicio de esta temporada su renovación por el Rosario Club de Lucha de esta isla, e Inés Cano, luchadora majorera, quien se retiró de la competición en julio pasado tras 30 años de trayectoria. Ambos forman parte de la historia de la lucha canaria, Padrón, por su persistencia en la brega a pesar de sus 48 años y un recorrido lleno de hazañas, y Cano, por ser una de las puntales de la lucha canaria femenina más destacadas, heredera y transmisora de la tradición.

La siguiente generación de esta familia de Pájara es Sara Cano, que interpreta a Yumara en la película de Alayón. Tras los pasos de su madre, Inés, la joven majorera lucha en el club C.L. Santa Rita, de Gran Canaria. Junto a ellos, figuran en la cinta rostros conocidos por los aficionados a este deporte: los puntales Mahamadou Danthioko (Tegueste), Pedro Hernández (Antigua) o Miguel Hernández (Saladar de Jandía), y las jóvenes luchadoras Olivia Ramírez (Santa Rita), Fatou Gueye (Benchomo), Yumara Mel (Saladar de Jandía), Lucía Afonso y Daniela Batista (ambas, del Tenercina), entre otras. Igualmente, es posible reconocer en el film a personalidades relevantes del deporte ancestral, como Raimundo García (mandador del Unión Antigua), el veterano Cuco Doctoral, divulgador de la lucha en Gran Canaria, o Jorge Ávila, actual mandador del Tetir y pionero en el impulso de la lucha canaria femenina.

El equipo de la cinta de Alayón cuenta con Marina Alberti en la producción ejecutiva y el guion -labor que comparte con Samuel M. Delgado-; el propio Alayón, José M. Viña, Jamie Weiss, Jairo López, María Alejandra Mosquera y Carlos E. García, en la producción, y Patricia Estévez, en la dirección de producción. La dirección de fotografía es de Mauro Herce (Sirat y O que arde, esta última, con Goya a la mejor fotografía), recientemente nominado en los premios del cine europeo en la categoría de mejor fotografía por su trabajo en la última película de Oliver Laxe.

Por su parte, la música original es de Camilo Sanabria y Adriana Galán. Se encarga de la dirección de arte Silvia Navarro; Atri Galván, del diseño de vestuario; Emma Tusell, del montaje y Carlos E. García, del diseño de sonido. La Lucha es una coproducción internacional entre España (El Viaje Films) y Colombia (Blond Indian Films), con la financiación de MEDIA (subprograma de Europa Creativa), ICAA (Ministerio de Cultura), Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife y la Televisión Canaria. El proyecto cuenta también con la producción asociada de Macaronesia Films y el apoyo de la Federación canaria de Lucha Canaria, la Federación de Lucha de Fuerteventura, los ayuntamientos de Puerto del Rosario, Tuineje, Pájara y Antigua, la Fuerteventura Film Commission, y diferentes clubes y colectivos de lucha canaria.

Saludos, muchas ganas de verla, desde este lado del ordenador

El Festival Internacional del Cuento de Los Silos inundan de historias todos los espacios imaginables del municipio

Miércoles, Diciembre 3rd, 2025

El Festival Internacional del Cuento de Los Silos, en su trigésima edición, abre al arte de contar historias todos los espacios imaginables en el municipio. La palabra se abre camino del 5 al 8 de diciembre en forma de cuento, poesía, representación escénica, tertulia… en lugares tan diversos como patios, plazas, balcones, zaguanes, en la costa, la montaña o entre plataneras… hasta puntos tan distantes en su función habitual como el centro de salud y el entorno del cementerio. Para acceder a gran parte de las actividades es necesaria la compra de una entrada a través de internet, en la página web del festival, debido a la limitación del aforo de muchos de estos espacios.

Los patios escogidos para el desarrollo de actividades son el del antiguo convento de San Sebastián, el del Ayuntamiento y el del Callejón Aregume. Por su parte, cuatro son las plazas: la de La Luz, la El Calvario, la que rinde homenaje esta iniciativa cultural, la plaza del Cuento, y la de la iglesia Nuestra Señora de la Luz, esta última, sede de una acción singular y muy querida por el público desde hace tres años: Las Crisálidas: Encuentros con la palabra.

A estos espacios, más o menos comunes, se suman varias salas habilitadas para distintas acciones. Así, la Sala Callejón está reservada para público infantil o familiar, mientras que las demás son sede de las acciones narrativas en torno a diversas exposiciones: en la doctor Jordán, Palabras ilustradas, con obra de Ramón Freire; en la Placeta, la permanente El bosque de los sueños y, finalmente, en la Pérez Enríquez, la dedicada a los 30 años de festival. Estas exposiciones no funcionan como meras presentaciones estáticas de objetos o de arte, sino que enmarcan también sesiones para contar cuentos.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la forma en la que el festival ocupa ámbitos poco comunes, entre ellos, los callejones, característicos de la estructura urbana del municipio, y distintas partes de viviendas tradicionales, como balcones, y más allá aún, zaguanes. El acercamiento del público a algunos de estos hitos en el mapa lúdico-literario del festival se organiza a través de recorridos a los que se llega en una ruta conducida por los narradores a partir de un punto de encuentro. El casco de la ciudad es propicio también para los paseos para noctámbulos.

Espacio singular en el urbanismo de la ciudad es el entorno del cementerio, lugar de concentración para el desarrollo de un espectáculo de terror a cargo de TeatroSilos, no apto para personas con problemas de movilidad, cardiacos o fobias. Paradójicamente, en el otro extremo simbólico de la función del cementerio, también se desarrollan acciones en el centro de salud, que acoge, según los horarios y con frontera en las siete de la tarde, sesiones para cuentos en familia o para adultos.

A lo largo de su programa, el festival desborda los límites del casco urbano y se dirige hacia distintos puntos del territorio municipal, en plena naturaleza. Un lugar intermedio entre la ciudad y la naturaleza libre y espontánea es una finca originariamente dedicada a la agricultura, con una casona del siglo XV muy bien conservada y que actualmente combina su uso como explotación platanera y de ocio o festivo. Así, el platanal de la Finca Quiñones es el entorno idóneo, entre otras acciones, para distintas sesiones de cuentos para adultos, para una de las actividades más singulares del programa, una innovación en estos 30 años: las Tertulias al olor del pan, que se celebran el domingo 7 de diciembre, de nueve a doce de la mañana, y para otras de las acciones gastronómicas de la agenda de estos días: los Desayunos de cuentos, el lunes 8 de diciembre, a partir de las nueve, y las Letras para merendar, el mismo día a las 16.30.

El acceso a la naturaleza en toda su plenitud se da en la costa y en otros espacios naturales. Así, el charco de Las Damas, en la caleta de Interián, es el escenario de la presentación del libro Bestiario del agua (editorial Libros de las Malas Compañías), de Ernesto Rodríguez Abad (Tenerife), con el autor, la editora, Ana Griott (León), y la experta en literatura infantil y juvenil Elvira Novell Iglesias (Barcelona), el sábado 6 de diciembre, a las 12.30.

El encuentro del arte de la palabra con la tierra y la montaña se da en tres excursiones. El sábado 6 de diciembre, parte de la plaza de Teno Alto la excursión por la zona, Experiencia en la naturaleza, queso y palabras, con María Kapitán, Aarón Rodríguez (Tenerife) y Luis Sampedro (Argentina); consiste en un recorrido de cinco kilómetros, con una dificultad media-alta, se prevé una duración de cuatro horas. El domingo 7 le sigue Paisaje y literatura. Tierra del Trigo, que cuenta con los narradores tinerfeños Aarón Rodríguez y Luis Carballo. Las personas participantes se concentrarán en la plaza de Tierra del Trigo para un recorrido de cinco kilómetros de ida y vuelta, con una dificultad media y de dos horas de duración. Finalmente, el lunes 8 de diciembre, a las 11.00, el público se concentrará en la plaza del Festival del Cuento para acudir a la sesión de cuentos en Pina, en una caminata de dificultad media, con los narradores tinerfeños Ernesto Rodríguez Abad, Fernando Cruz y David Duque, con la colaboración de Damián Acosta. Para todas las excursiones se sugiere llevar calzado apropiado, ropa de abrigo y agua.