Caballos lentos, una novela de Mick Herron

Si le gustan las novelas de espías Caballos lentos, de Mick Herron, es una buena opción pero si no le gustan, lo mejor es que deje el libro en la estantería. Caballos lentos reúne lo mejor y también lo peor, mucho me temo, en este tipo de novelas. Un universo en el que si no se está iniciado, costará mucho adentrarse aunque si conoce las reglas del juego, nunca mejor dicho, terminará por entrar en una historia que como toda buena novela de espionaje, cuenta con trampas y personajes en los que se pone en cuestión sus lealtades.

Las novelas de Herron ya cuentan con una adaptación televisiva, porque para el que no lo sepa (algo extraño a estas alturas), Caballos lentos significó el inicio de una saga que colocó a su creador en la cima de la literatura de espionaje del universo anglosajón ya que como debe de saber todo el mundo, si hay maestros en la novela de espionaje eso son los escritores británicos, comenzando por Graham Greene, que cultivó siempre con maestría otros géneros aunque se hizo famoso con libros ya de referencia dentro de la novela de espías como Nuestro hombre en La Habana, El americano tranquilo, El tercer hombre y El factor humano, entre otras; Eric Ambler y John LeCarré, que si bien no alcanza este último el tonelaje literario de Greene, casi lo araña en especial por el ciclo de novelas que protagoniza George Smiley, oficial que trabaja para el Circus (la agencia británica de inteligencia) y que tanto física como espiritualmente no tiene nada que ver con otro agente británico al servicio de su graciosa majestad como es James Bond, el ya legendario 007 nacido de la imaginación del hedonista escritor Ian Fleming.

Se cita a LeCarré y a su personaje más conocido (fue autor también de otras novelas de espionaje sin contar con él como protagonista) porque Caballos lentos –la novela con la que Mick Herron inicia su saga en torno a los trabajadores de la Casa de la Ciénaga– le debe mucho. Primero porque para lectores iniciados la Casa de la Ciénaga le recordara inevitablemente al Circus, que es donde opera Smiley, mientras que el jefe y protagonista de las historias de Herron, Jackson Lamb, casi parece una versión en negativo del personaje creado por John LeCarré. Físicamente tiene sobrepeso, como Smiley, y resulta bastante grosero, o un tipo sin ningún tipo de modales que ha terminado en ese espacio porque allí, en la Casa de la Ciénaga, acaban los espías que durante el desarrollo de sus operaciones secretas cometieron un error.

Acompañan a Jackson Lamb en esta especie de limbo para espías, otros espías que metieron la pata durante el desarrollo de sus investigaciones, como River Cartwright, cuyo abuelo, David Cartwright, es una leyenda en este universo de secretos revelados, al que rodea un grupo variopinto de agentes degradados a los que se conoce despectivamente en el oficio como “los caballos lentos”.

La primera novela de este singular grupo de agentes secretos, de espías frustrados que quieren volver a ser considerados dentro de su trabajo, le sirve a Herron para presentarnos a una atractiva galería de personajes como Diana Taverner, conocido con el alias de Lady Di, y subdirectora general y jefa de operaciones del MI5 y los caballos lentos Roddy Ho, Sidonie y Catherine Standish, entre otros, ya que como buena novela de espías que es, y sobre todo como buena novela de espías que sigue la estela dejada por LeCarré, le preocupa más indagar que abordar el caso o los casos que tendrán que resolver los protagonistas de esta primera historia.

De momento, de Jackson Lamb se sabe muy poco salvo que es un espía que viene de los viejos tiempos, de cuando la Guerra Fría. No se sabe la razón de por qué un hombre de su inteligencia acabó en la Casa de la Ciénaga, pero ahí está, maquinando. En la novela los de arriba requieren el servicio de su equipo para seguir a un periodista con contactos en la extrema derecha. Parece que los radicales han secuestrado a un joven británico de origen paquistaní, y amenazan con cortarle la cabeza. Como en toda buena historia de espías que se precie, la historia pronto tendrá otras capas, y esa capas más capas, liándolo todo un poco más. De hecho, resulta bastante fácil perderse en este juego de espejos, el gran juego como lo llamaba Kipling en esa monumental obra maestra de la novela de formación que es Kim de la India, y también de traiciones porque si hay un elemento que determina este tipo de literatura es la traición. A los tuyos, a tu país, a las personas que más confiaban en ti por convicciones ideológicas o ruin dinero.

He disfrutado mucho con Caballos lentos, y me he prometido no ver la serie de televisión hasta que haya leído toda la saga. Si que no me parece baladí que el actor que interpreta a Jackson Lamb sea Gary Oldman, ya que Oldman encarnó también a George Smiley en la película El topo, basada en la novela de John LeCarré y titulada originalmente Calderero, sastre, soldado, espía

Me falta ahora conocer mejor al equipo y sorprenderme ante las situaciones a las que deben de enfrentarse en los libros siguientes. Solo deseo que el ritmo sea ascendente aunque la lectura en este tipo de género, sobre todo cuando es buena de verdad, obliga a sosegar la velocidad y a saber separar lo que realmente importa de lo que no a lo largo del relato. La novela de espías es un género que exige estar atento, aquí no son tan importantes los grandes gestos sino, precisamente, lo contrario.

Saludos, detrás de tu espalda, desde este lado del ordenador

Escribe una respuesta