
Las Ediciones del Cabildo de Gran Canaria publicaron el año pasado Epistolario. Alonso Quesada-Luis Doreste Silva, al cuidado de Miguel Pérez Alvarado, que también firma la introducción y las notas. La obra coincidió con el centenario de la muerte del poeta grancanario, autor de obras como El lino de los sueños y Smoking Room. En la contraportada del libro se informa que “la correspondencia conservada entre Alonso Quesada y Luis Doreste Silva se compone de 168 documentos”, entre cartas, telegrama y tarjetas “que ambos se intercambiaron entre 1913, fecha en que Doreste escribe a su amigo para darle el pésame por el fallecimiento de su madre, y 1925, fecha de la muerte del propio Quesada”.
Luis Miguel Alvarado (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) es poeta y también ensayista. En su obra cuenta con libros como Teoría de la luz y Abra, así como los ensayos titulados Tras la sístole. Viaje y escritura insular y El regreso a la isla en Alonso Quesada, Pedro Perdomo y Manuel Padorno. Este año, espera publicar junto a José Miguel Pereira la obra completa conservada de Juan Manuel Trujillo que se editó en los ochenta con ciertas deficiencias que “conviene corregir tanto en el cotejo de los originales, como en los materiales que no fueron publicados en su día”.
El fin, explica, es dar a conocer también a Agustín Miranda Junco y toda su obra, aparte de las Cartas de la Guinea que fueron reeditadas recientemente. “Los dos personajes son muy interesantes en el arco ideológico del periodo republicano ya que están en ámbitos casi opuestos pero son todo un mundo de pensamiento y de intelectualidad canaria e hispánica que merece la pena”.
- El año pasado se celebró el centenario del fallecimiento de Alonso Quesada. ¿Cree que Canarias le rindió los homenajes que se merecía?
“El problema es que si uno lo que quiere es hacer justicia al Quesada poeta, en parte no hay mucho más que decir aparentemente, porque está casi todo dicho y lo que se hace es un poco repetir lo que venimos diciendo desde hace tiempo. En ese sentido, es un centenario que vuelve a colocarlo en la actualidad. Si el centenario es descubrir nuevas facetas o releer a Quesada, yo creo que no ha sido un centenario especialmente fructífero claro que los centenarios celebrados institucionalmente tienden de por sí a releer a la persona y al autor aunque lo pongo en duda ya que a lo mejor no es el marco más adecuado porque suelen ser ámbitos celebratorios. El Cabildo de Gran Canaria, por ejemplo, ha publicado, aparte de este Epistolario una obra costumbrista de Quesada que estaba inédita y que se encontró en sus archivos y que no está muy claro que se llegase a representar pero se trata de un Quesada que no interesa, que no digo que literariamente resulte más interesante que lo que ya está publicado aunque es probable que no en cierto sentido del enfoque literario. Pero es una cosa novedosa respecto al interés de Quesada por el teatro costumbrista de la época, que el propio Quesada no lo firmó como Quesada. Entonces para mí tiene más interés a lo mejor que esa obra haya aparecido o que estas cartas hayan aparecido hablando de cosas aparentemente tangenciales porque nos permite tener agarraderas para repensar la imagen que hemos generado un poco mítica de Alonso Quesada”.
- ¿Por qué publicar la correspondencia que mantuvo con Luis Doreste y no con otros corresponsales?
“Se trata de la única serie documental continua y abundante en el tiempo de cartas de Alonso Quesada con otro corresponsal y, para mí sorpresa, nadie las había publicado en los 50 años que lleva esa documentación en poder del Cabildo Gran Canaria. El asombro es que en todo este tiempo no se haya publicado entera cuando los investigadores han acudido a estas cartas porque tienen mucha información de relevancia para entender los procesos literarios de Quesada y para amparar o sostener ciertas hipótesis sobre la estética quesadiana. Andrés Sánchez Robayna, Lázaro Santana, Rodríguez Padrón, todos ellos las han consultado pero no hubo interés en publicarlas como tal y siendo el único interlocutor del que se conservan casi 120 cartas me pareció que si Quesada es interesante, no podía dejar de ser interesante publicarlas ya que permite ver a Rafael Romero vivo hablando con otro”.
- ¿El autor de estas cartas es Rafael Romero o Alonso Quesada? Por que al margen de que se traten de la misma persona, Alonso Quesada no deja de ser un pseudónimo.
“Alonso Quesada y Rafael Romero obviamente son la misma persona pero he titulado la edición Alonso Quesada-Luis Doreste Silva porque es imposible hoy en día salirse del marco de referencia generado por el personaje. Un marco de referencia que el propio Rafael Romero fomentó porque Alonso Quesada, no siendo un pseudónimo literario para asuntos literarios al principio, se consolidó muy rápido como su personaje de referencia literaria. Y ahí hay una voluntad de Rafael Romero de ser Alonso Quesada, de ser reconocido como Alonso Quesada. Y muchas de las cartas las firma como Don Alonso o Alonso aunque me parece curioso que Doreste lo llame Alonso solo en dos de las cincuenta y pico cartas conservadas, que son las que escribe cuando muere Tomás Morales, en la que se dirige a él como Alonso y cuando tiene en sus manos las pruebas de El lino de los sueños, en la que escribe ‘Don Alonso, por fin ya eres poeta’. El resto de las cartas lo llama Rafael, lo que quiere decir que la relación entre Rafael y Alonso era compleja porque el propio Rafael quería ser Alonso y para mí como editor de estas cartas he tenido que hacer el trabajo casi contrario, de no olvidarnos de que Alonso Quesada seguía siendo Rafael Romero. Es decir, hay como una especie de tensión, parte de un dilema que incluye y explica parte de sus frustraciones probablemente”.
- ¿Qué frustraciones?
“Las frustraciones de estar en una sociedad que según su perspectiva no reconocía la dimensión cultural-artística como un ámbito de realización posible o cuando se mete a hacer política, ya que Quesada hizo política, por lo menos lo refleja en las cartas cuando dirige el periódico Ecos, y el intento que hace de transformación social que fracasa”.
- ¿Por qué fracasa?
“En las cartas se nota que lo que quería Quesada era transformar el modelo caciquista desde el caciquismo, es decir, desde dentro, pero estaba llamado a fracasar porque no tenía alternativa a un sistema que funcionaba bien como funcionaba”.
- ¿Qué otros temas se tratan en esta correspondencia?
“Los primeros son los literarios. La colección de cartas es un arsenal documental para entender Lino de sueños pero no solo ese libro, y de cómo editar un libro en Canarias con la mirada puesta en el reconocimiento en el ámbito cultural madrileño. E incluye un montón de material sobre cómo se tiene que construir, qué relaciones sociales, qué tipo de tareas hay que hacer para que tenga lugar el nacimiento de un libro dirigido desde Canarias por un contacto que tiene Alonso en Madrid, que es Luis Doreste Silva. Hay otros referentes literarios que tienen también reflejo en las cartas, como su proceso de trabajo de La Umbría y su impacto en Francia, que lo tuvo un poco pequeño, pero que tuvo cierto predicamento por mediación de Doreste Silva, que trabajaba en la Embajada en ese momento, y también aclara cosas con respecto a Los caminos dispersos, que es su segundo poemario. Es interesante cuándo aborda temas como la política del sistema del caciquismo en Canarias, y las mujeres, pero sobre todo las relaciones reales con escritoras o con la que va a ser la mujer de Quesada, así como con la prostitución en Las Palmas de Gran Canaria. Todo eso está ahí reflejado porque son cartas íntimas. Después hay otros temas, cómo el crecimiento de la ciudad de Las Palmas y cómo los marcos referenciales de Alonso van cambiando mientras se refuerzan sus vínculos con la zona del puerto, con el barrio de San Roque, donde acaba viviendo… Permite una cartografía de la capital grancanaria que está en plena transformación. Luego está Agaete, donde vivía Tomás Morales”.

- ¿Y en las carta habla de su enfermedad?
“También. Luis Doreste era médico, y cuando Alonso le escribe, le comenta de su enfermedad, y yo creo que eso, desde un punto de vista general, biográfico, pero también de la época, es interesante. Después hay un montón de personajes que desfilan por el epistolario, como Néstor, cómo Néstor llega a Madrid, y cuál es el papel que cumple en los primeros años en la capital de España, y también Luis Doreste Silva, cuál es la relación que mantiene con Canarias a través de su relación con Alonso Quesada, de quien fue muy amigo. Esos son algunos temas, pero creo que el tipo de trabajo que he hecho con este epistolario es un trabajo de exposición más que de análisis. Estas cartas por los temas que abordan ofrecen material para futuras investigaciones, incluso para el estudioso que no tenga preocupaciones literarias, sino históricas, de relaciones de género, de la transformación política de las élites culturales…”.
- Después de trabajar en este libro, ¿cuál es su mirada sobre estos dos escritores y poetas?
“Por un lado, no los veo sólo como escritores y poetas, para mí eso es importante, es decir, si hablamos de la importancia de Alonso Quesada solo como un escritor, pues la tiene, pero yo creo que Alonso es un personaje público que permite entender esos años en Canarias, y Luis Doreste Silva es un complemento perfecto porque es el típico personaje que no nos interesa mucho porque su obra literaria estéticamente está muy desfasada, lo está incluso cuando Alonso ya está escribiendo, se nota, que está en una estética periclitada y que no interesa tanto, pero como actor cultural es muy importante, aunque en un segundo plano ya que si bien no tiene una obra que haya pervivido fue fundamental para que otros sobreviviesen, lo que lo hace más importante de lo que pensamos, primero porque ambos tienen en común cuestiones estéticas e ideológicas que conviene no desligar. En Alonso Quesada hay bastante de la estética de Luis Doreste”.
- ¿A qué cuestiones estéticas e ideológicas se refiere?
“La estética finisecular y de principio del siglo que está dilucidándose en medio de una renovación del lenguaje sin renovarlo del todo, una renovación del papel de las artes en la función social sin llegar a renovarla del todo. Eso es una transición que a veces damos por supuesto que Alonso es un pre-vanguardista como si solo le interesase aquello que da lugar a lo que viene luego, pero Alonso Quesada no solo es un pre-vanguardista, es un modernista, posmodernista por poner etiquetas, por lo tanto está absorbiendo todas esas corrientes que intentan renovar la estética hispana de esos años y por lo tanto hay resultados que van en la línea de lo que luego viene, pero otros no. En El lino de los sueños ves una amalgama de estéticas considerables que están más emparentadas con Luis Doreste pero refleja cuáles eran las inquietudes de los escritores de aquel momento y que no lo distingue tanto de otros escritores que ya no leemos”.
- En la Introducción dice que quiso dar una visión deslituralizada para colocar en pie de igualdad a ambos poeta.
“Es imposible colocar en pie de igualdad a Luis Doreste con Alonso Quesada en el plano de su producción literaria. Cuando uno hace catas en la obra de Doreste Silva está caro que su potencia y lo que tiene que decirnos hoy es bastante relativo. Pero el interés de colocarlo en pie de igualdad no es porque sean iguales sino porque los dos forman parte de un mundo y no se entiende uno sin el otro. Es interesante ver que parten del mismo tronco. No estoy reclamando que valgan lo mismo, sino que no se puede entender del todo la figura de Rafael Romero Quesada como intelectual de la época, sin entender sus vínculos con otros intelectuales que a lo mejor no han dejado una obra consistente. Para ver también cuáles eran los dilemas de los que partía Alonso para entender cuáles son esas opciones por las que no opta o aquello que sí que está incluso en Los caminos dispersos y El lino de los sueños”.
- ¿Algunas de las cartas le llamó especialmente la atención?
“Bueno, al final son 170 cartas aunque por ejemplo están las que hablan de la muerte de Tomás Morales, las que describen el momento final y muestran la cercanía que tuvo Alonso con Tomás. Luis Doreste le reclama desde París que le ponga al día de qué es lo que ha pasado y son especialmente intensas las que aluden a los momentos finales de Alonso en su agonía, digamos de salud, porque te colocan muy cerca del personaje. Después hay otras cartas como las que tienen que ver con el momento en que se plantea la posibilidad de que La Umbría se represente en París a cambio de que la modifique y el dilema de Alonso Quesada de adaptarse a una necesidad concreta de poder triunfar en el ámbito teatral y las ideas que tiene de cuánto debe modificar su obra, es decir, el literato puro que ha escrito una obra que considera buena y la obligación material de adaptarse a la realidad teatral . Son cartas muy interesantes porque Quesada se acaba negando a adaptar la obra, aunque no lo dice explícitamente. Mi hipótesis es que él ya había modificado La Umbría cuando se la entregó al editor, que le obligó a cambiarla porque no era de recibo una obra tan dannunziana. Y si uno lee las obras de teatro de D`annunzio entre acotaciones y dificultades escénicas había que hacer un renuncio para que el teatro lo aceptase representar. Es un teatro que tiene mucha influencia del cine pero teatralmente era muy difícil representarla y eso le obligó a modificarla. Creo que una vez publicada, no quiso volver a entrar en ella, sobre todo porque en 1922, consideraba La Umbría una obra hecha y no quería volver a meterse en ella”.
- Es autor de un ensayo en el que plantea la idea de regreso de tres poetas canarios, ¿qué significa el regreso para Miguel Pérez Alvarado?
“Sí, bueno hay una identificación personal, una necesidad personal de buscar por procesos que tienen que ver con la vida de uno aquella experiencia literaria que también hayan tematizado el viaje de ida y vuelta. Tiene que ver también con una lectura personal de qué significa regresar y darme cuenta que en Alonso Quesada, en Pedro Perdomo y en Manuel Padorno ese tema está abordado en su poesía y en Quesada, por circunscribirnos a este asunto el viaje a Madrid del año 18 se puede interpretar como un elemento clave de transformación en su propia obra las dudas que tiene sobre qué hacer después de El lino de los sueños y en Los caminos dispersos y en lo que acaba escribiendo en los años siguientes, donde hay un cambio estético considerable que yo creo que se puede explicar a partir de la experiencia del viaje a Madrid y el fracaso de lo que él esperaba encontrar allí y el regreso a la isla. Un regreso, digamos, no en clave de afirmación de lo propio regional, sino de entendimiento contemporáneo del ser desarraigado, lo que me interesaba personalmente y creo que me llevó a indagar un poquito en esa interpretación que me hace pensar en diálogos posibles con otros autores de la tradición canaria, porque en el fondo mi regreso a Madrid no es igual que el de Alonso en el año 18, tiene otros condicionantes pero también tiene un efecto de transformación personal que hay que encarar, uno no regresa al punto de partida, uno regresa a otra cosa que tiene que ver con la identidad propia, pero que no es aquella de la que se parte y ahí se abre un mundo, y ese mundo es muy propicio para la indagación literaria. El libro lo empecé a escribir hace tres años por lo que está desligado del centenario, otra cosa es que al planteárselo al Cabillo de Gran Canaria que es quien tiene las fuentes documentales básicas, vieron propicio publicarlo al coincidir con el centenario. Es un libro muy hermosamente editado”.
- ¿Cuál es su relación con Alonso Quesada?
“Mi relación es el asombro y darme cuenta que hay un Alonso Quesada-Rafael Romero, que existe inédito en las cartas y que puede aportar claves interpretativas sobre Alonso Quesada. Yo me he transformado por este libro porque yendo a buscar Alonso Quesada he visto que el epistolario incluye un mundo mucho más amplio que el del mero literato y por lo tanto tiene un interés más amplio por la cultura en Canarias de esa época ya que a través de Alonso Quesada se puede entender, indagar y plantear, por lo tanto yo entré más como un buscador de Alonso Quesada pero salí como una persona obligada a tener en cuenta también a Rafael Romero Quesada”.
- ¿Y por qué tengo la sensación que su dimensión no está todavía lo suficientemente valorada?
“Si ves la trayectoria que tuvo en el año 22, 23, 24 sus perspectivas son las de ser una persona, igual le pasó a Tomás Morales al principio, de ser reconocida y estar integrada en la actualidad literaria del momento. Este pensamiento decae tras la muerte de Alonso porque el periodo vamos a decir vanguardista, genera nuevas actualidades y recursos culturales en los que Alonso no está y los vanguardistas canarios no lo reivindicaron especialmente. Alonso Quesada refleja en su estética la coyuntura de la cultura de principio del siglo XX. Una cultura que tiene que lidiar en parte con el nihilismo, con la destrucción de ciertos valores o construcciones digamos de la subjetividad liberal que se vienen abajo y Alonso Quesada es muy, muy receptivo a ellas, quizás sin un plan estético consciente. Y se ve en la evolución que tiene en Los caminos dispersos y en El lino de los sueños. Los caminos dispersos puede ser un poemario que emparenta perfectamente con las corrientes europeas de la crisis de los años 20. Y el hecho de que sea un ser periférico le hace captar que eso no tiene que ver con un lugar concreto, tiene que ver con un modo de civilización, un modo social, cultural que está en cuestión en ese momento porque destruye la individualidad que ha construido durante siglos”.
LEER A ALONSO QUESADA
Los cuentos de Smoking Room y Las inquietudes del hall de Alonso Quesada tienen para Miguel Pérez Alvarado un nivel literario que se sostiene como un todo, “incluyendo Las inquietudes del hall”. En cuanto a El lino de los sueños o Los caminos dispersos y pese a que se traten de libros con hallazgos más radicales e interesantes no se sostienen sin embargo como un todo. “Son libros de amalgama, de consolidación de lo que se venía escribiendo y por lo tanto cuando uno lo lee hoy con la visión de voy a leer un libro de poesía, tiene más altibajos de los que a lo mejor un lector actual querría encontrarse. Si alguien tiene que leer un libro que le enganche de principio a fin, yo recomendaría empezar por Smoking Room e incluso Las inquietudes del hall aunque si hay un libro que a mí me ha influido en mi labor creativa es Los caminos dispersos pero no en su conjunto pero sí en sus hallazgos”, opina el estudioso.
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