Corina Oproae: “Escribo aquello que tengo necesidad de escribir”
La Wikipedia dice que renunció a escribir y hablar en rumano tras la muerte de su madre pero eso es una exageración, cuenta la protagonista de esta entrevista, Corina Oproae ((Fagaras, Transilvania, 1973), filóloga, escritora y poeta que tras llegar a Barcelona a finales de los años 90 del pasado siglo XX, cambió su lengua original por el español y el catalán. La poeta era una de las invitadas de Mazapé, Festival Internacional de Poesía de San Juan de la Rambla, que debía de haberse celebrado este fin de semana pero que se suspendió por la borrasca Therese.
La poeta habla más de cuatro idiomas y se dedica también a traducir. En 2024 recibió el XX Premio Tusquets Editores de Novela por La casa limón, experiencia literaria a la que regresa con un libro en el que está trabajando y que cuenta la historia de su madre antes de que ella naciera. Corina Oproae es autora de Mil y una muertes y de Cómo enterrar al padre en un poema.
- Creo que a raíz de la muerte de su madre dejó de escribir en rumano.
“Una de las circunstancias vitales es la muerte de mi madre. Entonces, sí, hubo un distanciamiento, digamos, con mi país de origen. Además, me quedaban pocos familiares en Rumanía porque mi familia había emigrado a Quebec, Canadá. Y, claro, hubo como una especie de pérdida y de contacto también lingüístico. Fue algo como inconsciente ya que sentir rechazo es algo que haces y eres consciente de ello”.
- Habla cuatro idiomas y entiendo que también los escribe.
“Sí, cuatro o más. Vivo en Barcelona y escribo y traduzco en catalán y al catalán. Y hablo español, rumano, francés e inglés”.
- La pregunta es ¿en qué idioma escribe?
“Escribo básicamente en español. Es decir, mi lengua de creación literaria es el español pero sí que he escrito un libro en catalán y yo creo que traducir es leer a fondo y escribir y reescribir un texto. Por lo tanto, podríamos decir que también escribo en catalán cuando me llega ese impulso. No escribo en rumano, si por ahí va la pregunta. No escribo en rumano literatura aunque lo traduzco al catalán y al español, pero no al revés”.
- El hecho de que escogiera tanto el catalán como el español como idiomas para la creación literaria es por alguna razón concreta.
“Porque se ajustan perfectamente a mi narrativa y poesía y se trata, además, de una cuestión vital. Quiero a las personas que me rodean y hablan la misma lengua. Supongo entonces que ha sido por eso. Llevo casi 30 años viviendo en España aunque al principio el cambio realmente no fue intencionado. Yo siempre digo que la lengua me escogió a mí. Yo había escrito en rumano, había publicado en Rumanía y estaba a punto de publicar un libro de poemas que no se publicó finalmente. Cuando empecé a escribir en español me parecía anormal al principio porque no era mi lengua pero las cosas se fueron dando y acabaron siendo como son. Creo que una lengua en cierta forma es identidad, o una parte de la identidad como mínimo aunque pienso que es una identidad entera. Y ahora todas las lenguas que conozco forman parte de mi identidad. Fue un proceso que duró unos años ese desprendimiento del rumano, sobre todo cuando comencé a sentirme cómoda con otra lengua que no era mía”.
- Usted dio clases en su país.
“Soy filóloga hispánica y fui profesora en el Departamento de Filología Hispánica en Rumanía. Daba clases de literatura medieval, de fonética, de literatura latinoamericana. No fue que llegara a España y de repente me pusiera a escribir en español. Lo que se produjo fue un enamoramiento previo muy fuerte hacia la poesía o hacia la literatura escrita en español y no necesariamente española porque, por poner un ejemplo, un poeta en el que ahora podría pensar es Alejandra Pizarnik, la primera vez que la leí fue muy revelador e importante. O luego a los poetas de la generación del 27, recuerdo a Lorca o a Cernuda. Llegar a la poesía en español fue esencial para mí”.
- ¿Y qué tipo de poesía escribe?
“Cada uno escribe la poesía que puede escribir o que escribe una misma o uno mismo. No sé si formo parte de ningún tipo de corriente. Supongo que al venir de tener traducciones literarias un poco distintas en mi formación, soy filóloga inglesa también, entonces, claro, la poesía rumana o la poesía centroeuropea de alguna forma me conforman también ya que fue la primera poesía a la que llegué. Luego vino la poesía española y latinoamericana, británica y norteamericana y entiendo que todo eso hace que haya algo en esta poesía que no se inscribe directamente en una corriente o en una generación. Yo te digo que, por ejemplo, cuando publiqué los primeros poemas en una revista rumana muy conocida, la persona que hacía la introducción decía que no me parecía para nada a mis furiosos compañeros de generación sino que tenía que ver con la poesía que se escribía en España que con la poesía que se escribía en Rumanía. Olvidé mencionar que también he leído mucha poesía catalana y supongo que todo lo que leemos de alguna forma nos define, nos conforma, nos lleva por un camino. Pero no siento que forme parte de ningún tipo de generación o de corriente”.
- Los poemas que mencionaba que había escrito y que nunca publicó ¿estaban escritos en español?
“No, era alumna de la universidad, pero había aprendido el español con 18 años. No se me había ocurrido en ningún momento escribir en otra lengua que no fuera el rumano hasta entonces”.
- ¿Y recuerda el primer poema que escribe en español?
“Sí, sí que recuerdo cuál es el primer poema que escribo en español, y fue escrito aquí, en España. Está incluido en el primer libro que publico en español, Mil y una muertes, en La Garúa, en Barcelona. Es un poema que escribí después de la muerte de mi madre. Este poemario lo volví a publicar muchos años después, por eso comentaba que todo esto es resultado de un largo proceso de adaptación que dura unos diez o quince años”.
- Entiendo que no es lo mismo escribir en español y catalán, son idiomas muy diferentes.
“Sí, sí, totalmente. Una lengua es una identidad, y entonces es como si fueras diversas personas. En español creo que puedo tener un estilo más discursivo, más narrativo. Por ejemplo, estos poemas que acabo de publicar en Tusquets, Cómo enterrar al padre en un poema, son de largo aliento, mientras que en catalán hay algo, creo que incluso en la lengua misma, que te lleva hacia esencializar. Es decir, creo que lo que he escrito en catalán son poemas mucho más sintéticos. Escribí un libro que se titula La mano que tiembla, La mà que tremola, que es un libro que reescribí, de hecho, en español. No está publicado en España, solo se publicó en Colombia, y esto me lleva su pregunta, ya que la reescritura en esta traducción, que de hecho no fue una traducción sino una reescritura, me di cuenta que había una gran diferencia, tanto de tradición literaria como de características del tejido lingüístico mismo. Entonces, sí, es muy diferente escribir en español y en catalán”.
- Si no me equivoco, su primer libro de poesía lo publica en 2016.
“Sí”.
- ¿Ha notado cambios en lo que escribía entonces a hoy?
“Sí, han pasado diez años. Mil y una muertes es un libro que se escribió años después de la muerte de mi madre, que fue en 2004. Mi primer libro publicado está escrito en rumano y no se publicó nunca pero entre Mil y una muertes y Cómo enterrar al padre en un poema existen diferencias aunque mis obsesiones literarias tanto en narrativa como en poesía son las mismas. Intento mirar obsesiones como la muerte y la ausencia desde otros ángulos, pero creo que lo que ha cambiado son también los recursos y algo esencial, que es la libertad que yo siento”.
- Tiene una novela, La casa limón, que recibió el XX Premio Tusquets Editores de Novela 2024 ¿por qué no ha seguido explorando este camino?
“La novela se escribió porque el espacio de un libro de poemas no me era suficiente para transmitir lo que quería decir ya que si lo hubiera hecho, lo habría hecho de manera menos explícita. Y, claro, yo creo que en el fondo soy un poeta que escribe una novela, y ahora mismo estoy con otra, lo que pasa es que las novelas no se escriben en pocos días, tienen su proceso. Esta novela tuvo también un proceso largo. Entonces, no es que haya dejado de escribir novelas, es que sencillamente escribo aquello que tengo necesidad de escribir. En ese momento, me encontré escribiendo poesía y una novela y fueron de alguna manera escrituras paralelas. Ahora escribo otro libro de poemas y a la vez una novela en la que estoy trabajando y que tal vez la termine en un año o dos, o en tres o cuatro”.
- ¿Por qué?
“El proceso de escritura no lo domino, me domina en todo caso”.
- ¿Le pasa lo mismo cuando escribe poesía?
“De alguna forma sí, porque los textos toman entidad y entonces sabes por dónde tienes que ir porque los textos mismos te los dicen. Evidentemente, estoy ahí moviendo los hilos, pero sí que me gusta que me sorprenda lo que hago y que me diga si tiene que haber un cambio de ruta o si voy bien”.
- ¿La poesía se lee o se escucha?
“Voy a recitales de poesía y me cuesta concentrarme en la lectura porque necesito estar en silencio y leer en silencio pero también es importante escuchar los poemas y hasta creo que un poema puede funcionar mejor leído en voz alta,recitado, es como la prueba de algodón del poema, igual que lo es la traducción. Cuando un poema funciona y lo traduces a otra lengua, lo descubres, lo sabes enseguida. Claro, hay poemas que se prestan más a lectura y que no necesariamente te piden una lectura en silencio introspectiva, pero a mí me interesa esta poesía, que pide la introspección y que te cambia por dentro”.
- ¿La poesía se puede enseñar?
“La poesía que se enseña en los colegios se hace de una forma que la gente le coge miedo. Todavía hay esa idea de la rima y de ese tipo de análisis que siempre se ha hecho de los poemas. Creo que una vez se ha perdido el miedo a la poesía, el miedo a no entender, porque ese es el miedo que se tiene con la poesía, yo no entiendo de eso, ya está dentro de ti. Si me preguntas sobre la escritura de la poesía, si se puede enseñar a escribir poesía, yo es que no sé qué decir, nunca he creído en este tipo de cosas, de que se puede realmente enseñar a hacer arte o hacer literatura, pero sí que creo en la manera de enseñar a leer porque tú mismo puedes enseñarte a ti mismo leyendo”.
- La lectura es la mejor manera de aprender. ¿Se atreve a decirme qué libro recomendaría para iniciar precisamente a los lectores que no leen poesía?
“Me acuerdo, por ejemplo, de una clase hace unos años en un instituto, donde leí a los alumnos El horrible remar hacia Dios de Anne Sexton. En este poema, la autora habla con Dios. Se encuentra en el cuarto de baño conversando con Dios, y los estudiantes estaban alucinados, decían, ¿pero esto qué es? Eso también es poesía, y les encantó. Pienso que este tipo de poeta, por ejemplo, Anne Sexton o Walt Whitman, pero también en Mary Oliver, que es una poeta que en apariencia es muy sencilla pero que tiene una profundidad tremenda”.
- ¿En su labor como traductora que literatura se ha prodigado en traducir?
“He traducido sobre todo a escritores rumanos al español y catalán. Pensé que había que devolver algo al país que me dio la educación. Hice una antología de la poesía rumana del siglo XX que publiqué con Visor y que se trata de una antología de casi mil páginas, con los mejores poetas del siglo XX rumanos. Traduje diversas cosas, pero sí, también he traducido del inglés. Hago las traducciones que me entusiasman e interesan. Básicamente poesía, pero también alguna novela”.
- ¿Traduce más poesía que narrativa?
“Sí, he traducido más poesía que narrativa. Si traduces narrativa es como si estuvieras trabajando. Si traduces poesía es como si solo estuvieras creando. Para mí es como una especie de entrenamiento para escribir el traducir poesía. Cuando no escribo, porque también tengo temporadas que las cosas no fluyen, por ejemplo, entonces traducir poesía alivia”.
- Dicen que traducir poesía entraña más complejidad que la prosa.
“ No tengo esta sensación. Yo creo que si traduces un libro de poesía que de alguna forma entiendes de manera orgánica, y tú tienes los recursos de la lengua a la que lo quieres llevar, entonces lo que haces es volverlo a escribir. Tal vez sería difícil para alguien que no fuera poeta pero en mi caso yo encuentro más dificultad en la narrativa ya que tienes que dominar todo tipo de registros. Yo creo que es más complejo traducir narrativa que poesía, aunque siempre se ha dicho lo contrario”.
- Antes mencionaba a Pizarnik. ¿qué otros autores/as considera que han sido referentes en su formación como poeta?
“Vamos a ir por lenguas. Voy a comenzar con el rumano. Voy a intentar ser breve porque hay una larga lista pero pienso en momentos determinantes. En rumano hay un poeta que se llama Lucian Blaga, que traduje. Es un poeta del modernismo rumano. Lo traduje tanto al catalán, su primer poema es de 1919, como al español, en una antología que se llamó La luz que siento, y que publicó Pretextos. Es un poeta extraordinario. También citaría a Ana Blandiana, que creo que es, entre el público lector de poesía rumana en español, bastante conocida. Ha publicado en Galaxia Gutenberg, en Pretextos, y casi toda su obra en español está publicando en Visor. En inglés, Emily Dickinson, E.E. Cummings, Keats. Y luego, en catalán, Mercè Rodoreda. Para mí, llegar a lo que escribe Rodoreda, que es poesía pura, sea la forma que sea, es muy importante. También destacaría a Joan Vinyoli. Voy a intentar limitarme a dos o tres poetas por lengua. En español citaría a Alejandra Pizarnik y Luis Cernuda. Y luego la poesía latinoamericana. Y me dejo demasiados nombres. Contemporáneos, sobre todo, como son los de Chantal Maillard, que me interesa mucho. Y creo que sí, más o menos, estos autores han sido muy importantes para mi pero la lista es muy, muy larga”.
- ¿Recuerda el primer libro de poesía que leyó y que le hizo pensar quiero hacer esto?
“Los primeros libros de poesía que leí fueron libros infantiles. Mi madre era muy lectora y la recuerdo siendo yo muy pequeña leyendo a los poetas rusos, que estaban muy traducidos al rumano,y también los franceses. Y si bien no entendía muchas cosas sí que notaba su música, pero el primer libro que recuerdo leer a solas fue un libro de sonetos de Shakespeare en rumano. Con ese libro me pasó algo extraordinario: pensar que aquello era lo más maravilloso que había podido leer jamás. No lo había pensado antes, pero ese libro de sonetos que contaba con dibujos y tenía la letra grande –no sé si era una edición para niños, en la portaba había un ciervo y una mujer tocando el arpa– me animó a leer. La experiencia me voló la cabeza y fue lo que me empujó a leer poesía”.
- ¿Tiene algo entre manos?
“Un poemario que como es el caso de Cómo enterrar al padre en un poema tiene ciertas características o exigencias previas. Se trata de un poema salmódico y estoy tratando de escribir esa novela que comentaba antes, y que tiene inspiración autobiográfica porque en ella hablo de la vida de mi madre antes de que yo existiera. Tras fallecer, conseguí ciertas informaciones que no tenía y ahora estoy investigando y trabajando en esa línea, que tiene también que ver con las dificultades de la época dorada comunista rumana”.
Saludos, ¿poesía?, poesía eres tú, desde este lado del ordenador


