La rebelión de los guanches de Anaga, una novela de Domingo Garí
Domingo Garí es profesor de Historia de la Universidad de La Laguna y cuenta con varios libros en los que estudia el nacionalismo en Canarias así como las luchas obreras durante la Transición (1975-1977). Es autor además de Historias de un mitin de 1977: el dilema eurocomunista. También se ha declinado por la ficción en Historias imaginadas de Canarias, que recoge tres relatos, los dos primeros se desarrollan en un universo alternativo, a lo ¿qué hubiera pasado si…? que transcurren en la última mitad del siglo XIX, y una novela corta que narra los excesos de un estudiante de la Universidad de La Laguna en los años 70. Estas experiencias nos hizo descubrir la vena más literaria del profesor universitario, experiencia que ahora repite con La rebelión de los guanches de Anaga (Trienio Editorial, 2025), una novela histórica aunque la historia deje paso como en el libro anterior a un relato alternativo en el que se narra, precisamente y tal y como augura el título, la revuelta de un grupo de indómitos guanches que se han refugiado en los montes de Anaga para no ser esclavos sometidos por la corona de Castilla.
La novela sitúa al lector en el año de 1530, “en una isla todavía herida por la Conquista”, en la que Iballa deja de ser libre para ser sometida como esclava por los nuevos señores de Canarias aunque la feliz intervención de un mestizo como abogado, Guaniacas, quizás pueda cambiar el destino de la joven guanche.
La rebelión de los guanches de Anaga tiene mucho de ficción y algo que parece pegado a la realidad documental que nos narra aquellos hechos, pero al margen de lo que sí pudo ser y lo que fue,se lee como una entretenida novela de juicios y de aventuras, y al mismo tiempo se aprecia la capacidad que tiene el escritor para describir entornos naturales. Así lo hace nada más comenzar el libro:
“La bruma de la mañana cubría las laderas de los barrancos de Tegueste con un velo denso y húmedo, ocultando las veredas”.
Continúa pintando el paisaje y a los protagonistas con palabras escogidas, que fluyen a lo largo de una narración en la que se habla del peso del colonialismo en la que entonces era sociedad canaria, una sociedad que poco a poco se transforma en otra cosa. Cosa que no tiene nada que ver con los antiguos canarios ni con los conquistadores pero sí que es resultado de esa mezcla de sangre. La sangre que corre desde entonces por las venas de la mayoría de los canarios. La novela se ambienta en este atractivo mundo cambiante y no deja de mirar con emoción a los alzados y su guerra de guerrillas.
La rebelión de los guanches de Anaga es, una novela de aventuras pero también judicial que protagonizan buenos y malos. Los buenos son, además de Guaniacas –el mestizo, el canario del que venimos casi todos– los alzados y algún peninsular. Los villanos, los conquistadores, los que ejercen el ordeno y mando y fingen que respetan la ley.
Para ubicar al lector, la novela incorpora nada más comenzar un glosario con expresiones y palabras guanches. Incluye además las Actas del Cabildo de Tenerife que van, cronológicamente, de 1498 a 1547 y un prólogo en el que Domingo Garí pone en contexto al lector mientras lamenta que un personaje real como fray Bartolomé de las Casas no protegiera a los habitantes originales de aquellas islas, defendiendo que eran seres racionales como sí hizo tras lo que vio en América.
Más allá de este discurso, que salpica la mayoría de las páginas de la novela, se propone incluso un juicio en el que hay buenos (la defensa) y malos (los otros).
Entre los buenos, Guaniacas, un hombre que se encuentra entre dos mundos, y un malo, demasiado malo (y aquí flojea la novela, en el retrato de su villano, personajes que según Hitchcock tenían que ser muchos más atractivos que los buenos) que es el segundo adelantado Pedro Fernández de Lugo así como el propietario de esclavos Hernán Mexía.
A la novela no le falta hondura, sobre todo en los momentos previos al juicio y en el diseño de personajes, entre otros los protagonistas de la rebelión, esos hombres que se niegan a ser esclavos guanches que viven en la montaña y que han conservado su cultura. También me resulta creíble el momento histórico que retrata. Una sociedad que se transforma en unas islas que no han sido sometidas del todo y que augura el largo y lento proceso de asimilación mientras los nuevos señores hacen desaparecer cualquier vestigio guanche, aunque parte se conserve en topónimos diversos y en otras formas singulares.
La portada del libro es de Roberto F. Perdomo. Su aire indigenista es un atractivo reclamo que pone en aviso al lector. Esta es la épica de los que optaron morir de pie antes que de rodillas. La portada me hace escuchar como rompe el silbo de las flechas el silencio de las junglas de Anaga.
La rebelión de los guanches de Anaga se presenta esta tarde, 18 de marzo, a las 20 horas, en el Centro Ciudadano de la Punta, Punta del Hidalgo, La Laguna. Acompañará al autor, José Quintana.
Saludos, no hay raza muerta, desde este lado del ordenador
