Juan Manuel de Prada: “Óscar Domínguez tuvo unas habilidades miméticas extraordinarias”
Lunes, Marzo 23rd, 2026Aunque en la Wikipedia se informe que Juan Manuel de Prada Blanco (Baracaldo, Vizcaya, 8 de diciembre de 1970) es un escritor, filólogo, crítico literario, crítico cinematográfico y articulista, me atrevería a añadir que es autor de unos de los proyectos literarios más ambiciosos que se han producido en las letras escritas en español en los últimos años. Este proyecto comenzó con Las máscaras del héroe y continúa ahora con Mil ojos esconde la noche, que incluye La ciudad sin luz y Cárcel de tinieblas, libros que suman entre los dos más de mil páginas en las que su protagonista, el falangista Fernando Navales, un camisa vieja, se traslada a París para convencer a los artistas e intelectuales republicanos en el exilio a que colaboren en distintas actividades culturales que Falange desarrolla en la capital francesa ocupada por los nazis.
Entre los protagonistas, un canario, el pintor Óscar Domínguez, que falsifica obras de pintores de renombre que vende en el mercado negro el periodista César González Ruano.
De esta trilogía que Juan Manuel de Prada espera ampliar a dos novelas más, el escritor se consagra como uno de los autores españoles más interesados en abordar una parte del pasado de este país por el que todavía se pasa de puntillas, o se descuartiza con una saña que, parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, viene tanto desde las izquierdas como desde las derechas.
Coincidiendo con este monumental fresco de época, se ha reeditado Me hallará la muerte, novela protagonizada también por un falangista pícaro pero no tan taimado como Navales, que se enrola en la División Azul para combatir el comunismo durante la II Guerra Mundial.
Esta entrevista se realizó en enero de este año, aprovechando una visita que Juan Manuel de Prada realizó a Tenerife para impartir la conferencia Una vida dedicada al noble arte de la escritura en el Centro Cultural de Los Cristianos, en Arona. Se hace notar el mes en que pudimos conversar con él porque algunas de sus respuestas suenan proféticas si contemplamos cómo han evolucionado las cosas desde ese momento hasta hoy.
- Fernando Navales, el protagonista de Las máscaras del héroe y ahora de Mil ojos esconde la noche ¿está inspirado en algún personaje real?
“Es un personaje absolutamente inventado. De hecho, es el único de ficción que aparece en toda la novela”.
- Y ha pensado continuar con Navales en próximos libros?
“Me gustaría escribir dos novelas de Fernando Navales antes de morir. Una que transcurra durante la Guerra Civil y otra de su regreso a España desde París en 1944, que sería la continuación de lo que se cuenta en Mil ojos esconde la noche”.
- No veo al personaje pistola en mano en las trincheras de España. Además, Navales es un mal bicho, y su visión de la guerra podría resultar bastante incómoda. ¿Dónde se encontrará Navales al estallar la Guerra Civil?
“Primero en Madrid, que es donde lo dejo en Las máscaras del héroe. Se esconde en una embajada, aunque en un momento determinado consigue salir de la capital de España y llegar a la zona nacional, donde llevará propaganda. La novela tendría como escenarios principales Madrid y Salamanca”.
- Creo que escribe a mano y que es su padre quien les pasa esas cuartillas al ordenador.
“Escribo todo a mano y mi padre lo transcribe y yo corrijo sobre la transcripción. Mi padre me comenta cosas, me dice lo que le ha gustado y lo que no. Por dónde podrían ir los tiros. Es mi primer lector, me lee en bruto y me lee cada día. Es un lector privilegiado y para mi es un privilegio contar con él como primer lector”.
- ¿Escribe también a mano sus ensayos, artículos, columnas periodísticas?
“Escribí a mano las columnas durante muchos años hasta que me di cuenta que no podía hacerlo más. Las escribía fuera de casa, en hoteles, y decidí escribirlas en el ordenador. Las novelas no, las novelas las escribo a mano sobre un escritorio y en general toda mi obra de creación. Pero mis artículos de prensa están escritos en el ordenador. Escribir a mano es una escritura más apasionada, más verdadera, pongo más carne en el asador. Hay una intimidad con lo que haces que la máquina no te lo permite. Además, cuando veo la s letras de molde tiendo a corregir sobre lo escrito. A mano todo resulta más torrencial porque estás liberado de corsés. Sí, es una escritura más apasionada, verdadera y liberada de corsés”.
- En Mil ojos esconde la noche el régimen franquista envía Fernando Navales a París para que convenza a los artistas e intelectuales republicanos a ponerse bajo el paraguas del régimen franquista ¿algo así pasó realmente?
“No sé si hubo interés por parte de Franco o de su corte y si el interés de los exiliados fue por razones de supervivencia en un país donde vivir era peligroso pero lo que cuento en la novela ocurrió. Prácticamente todos los artistas españoles del exilio en París colaboraron en las actividades culturales que organizó Falange en esa ciudad. En este sentido, lo que escribo en la novela es un 95 por ciento cierto aunque pueda provocar perplejidad que un comunista, un anarquista o un republicano de izquierdas colaborase en las actividades culturales de Falange, pero el caso es que lo hicieron. Para nosotros que estamos tan tremendamente ideologizados nos cuesta admitirlo pero hay que meterse en el pellejo de las personas que llegaron a ese mundo hostil y ahora en poder de los nazis, y pensaran que la mejor manera de que no los pusieran en entredicho era colaborar con Falange, acto que haría que los alemanes los miraran con mayor condescendencia o simpatía. Los artistas que aparecen en la novela y que colaboraron son los artistas que colaboraron con Falange en ese entonces. No es algo que me haya inventado”.
- ¿Hay algún personaje que deteste especialmente de los que aparecen en la novela?
“Yo diría que Picasso humanamente deja mucho que desear. En la novela cuento la relación que mantuvo con el escritor Max Jacob, judío, que quiso convertirse al catolicismo y para eso buscó padrinos. Hay otros episodios indigeribles, como el trato que dispensó a las mujeres con las que vivió. Y su relación con los nazis. El propio Hitler dio orden de que no se le molestase cuando los alemanes entraron en Francia y en los cuatro años que duró la ocupación, Picasso desarrolló una serie de actividades que a cualquier otro le podía haber costado la vida. En líneas generales y con sus más y sus menos, los personajes de la novela alcanzan su redención pero Picasso no”.
- Fernando Navales es muy crítico en la novela con la obra de Óscar Domínguez pero ¿qué opina Juan Manuel de Prada del trabajo del artista tinerfeño?
“La obra es valiosa, eso es evidente, pero también muy derivativa. Tiene una etapa muy daliniana, picassiana, contaba con unas habilidades miméticas extraordinarias. Es un pintor fecundo y con personalidad. Tiene una fuerza indudable, en la que se dan periodos muy marcados: surrealista, cubista, pintura casi metafísica, y que logra esa exploración personal mediante la imitación o mejora de modelos, lo que es totalmente cierto. Óscar Domínguez me parece un pintor interesante, que vivió una vida increíble. Procede de una familia con recursos y es su padre quien lo envía a Francia para que lo represente en su nombre y lleve sus negocios pero se entrega a la vida bohemia de París. Me parece un personaje muy atractivo, además de un dinamizador maravilloso de la cultura. En París conoció a los grandes de la cultura francesa, como Breton, y fue un hombre extraordinario en muchos ámbitos, como en pintura pero no se puede ocultar que falsificó cuadros que han estado colgados en grandes museos europeos como en Hamburgo, de la que es autor de una falsificación de Chirico y en ese caso me gusta más la falsificación que el original”.
- En la novela narra la relación que Domínguez mantuvo con César González Ruano, quien menciona al artista en sus Memorias. Mi medio siglo se confiesa a medias.
“Ruano decidió invertir en propiedades inmobiliarias, libros y pinturas porque la moneda se devaluaba. Esta actividad fue la inversión predilecta de muchas personas, entre ellos González Ruano que tiene en Óscar Domínguez a uno de sus más estrechos colaboradores en lo que se refiere a falsificaciones. Domínguez trabajó también para Paul Eluard falsificando a Chirico, que fue un pintor italiano que en su primera etapa fue comunista y luego coqueteó con el fascismo lo que no le perdonaron sus amigos de París, ya que fueron ellos los que decidieron hundirlo en el mercado con falsificaciones de sus cuadros”.
- González Ruano es otro de los personajes de esta novela inmensa y coral.
“Era un hombre de talento pero de poco fuste. El mismo lo admitió: cambió el oro de la gloria por la calderilla de la fama. Fue un prosista muy cotizado pero perdió la voz literaria ya que no desarrolló una obra consistente. Me parece un escritor muy limitado pero como prosista es un grandísimo escritor”.
- En la novela se muestra también crítico con la Resistencia francesa y con los intelectuales franceses que colaboraron con los nazis.
“La Resistencia francesa no existió durante un año en la Francia ocupada, año en el que todo el mundo vivió en paz y nadie quiso sabotear ninguna instalación militar alemana. Es a raíz de que Alemania comience la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética en 1941 cuando Stalin hace un llamamiento a los comunistas y les dice que atenten contra el invasor. Y ese verano, un poco después de la ocupación alemana, empiezan los primeros atentados de la Resistencia, pero son esporádicos y de poca monta. El auge de la Resistencia es tardío, porque a pesar de que en ese verano de 1941 se produjeron los atentados comunistas, las cosas cambian porque en 1943 y a medida que Alemania comienza a perder la guerra, más con la derrota que sufren sus ejércitos en Stalingrado, hay más gente en Francia que se pasa a la Resistencia. En 1944 casi todos, incluso la policía, se apunta al caballo ganador de combatir a los nazis. Tras Stalingrado, en febrero de 1943, ya nadie cree que Alemania vaya a ganar la guerra”.
- ¿Qué le parece el papel que prestaron los intelectuales españoles en el exilio en este contexto?
“El papel de los intelectuales en este contexto, en general, deja mucho de desear. Casi ninguno reflejó en su obra esos años sombríos. Y cuando lo hacen, el resultado son textos banales. Pasa lo mismo con los autores extranjeros aunque en Francia el fascismo adquiere unas características distintas a las de otros países. En Francia hay fascistas católicos que al mismo tiempo adoran la Revolución Francesa y el cambio de régimen que propició. El fascismo francés es bastante curioso”.
- En cierta ocasión habló de totalitarismo democrático. ¿Qué es eso de totalitarismo democrático?
“El totalitarismo se identifica con dictadura o régimen político represor pero el significado de totalitarismo es toda forma de organización política que tiende a enfocar tu voto de un sitio a otro con el fin de que no te conviertas en un personaje disruptivo, que digas cosas con independencia. Creo que la democracia que tenemos genera una visión del mundo que tiende a querer controlar y que todos pensemos de una determinada manera. El totalitarismo es una forma política en la que la gente ve el mundo de una determinada forma. No es una dictadura pero hay muchas personas que no piensa así, y el sistema, por eso mismo, los convierte en réprobos, en degenerados de la democracia cuando una democracia sana es aquella en la que puedes admitir pensamientos de personas muy opuestas, que no piensan igual y que no se guían por posiciones o por actitudes demasiado homogéneas y en este sentido sí creo que hay un totalitarismo democrático aunque parezca una paradoja que de hecho lo es. Vivimos una época que tiene un toque un tanto totalitario. Todas las organizaciones de poder tiende a generar una ortodoxia”.
- ¿Y cual cree que debe ser el futuro de Europa?, ¿tiene futuro Europa?
“A mi juicio el futuro de Europa es al margen de los Estados Unidos. Nuestros gobernantes tendrán que entenderlo. Durante años, Europa ha sido un títere pero es que ahora con la revolución de los medios de comunicación, cuando todo ocurre en la plaza pública, lo que vemos es evidente. Si España quiere luchar por sus derechos históricos e instituciones tiene que cambiar el chip y enfrentarse a Trump, pararle los pies, lo que implica menos ingresos. Creo que la única salvación para Europa es formar una nueva unidad, que no tiene porque ser la Unión Europea pero sí una unidad frente a ese mundo un poco totalitario al que nos enfrentamos, digámoslo así”.
- Por último, acaba de reeditar Me hallará la muerte, una novela que publicó en 2012.
“Se trata de una novela muy querida por mi porque la escribí en circunstancias personales muy difíciles. Habían pasado cuatro años desde que había publicado mi último libro, años en los que me tocó vivir penurias por desgracia muy habituales en el mundo que vivimos y llegó un momento en el que pensé que había muerto como escritor, pero pasados esos cuatro años me puse a escribir una novela para demostrarme a mi mismo si era capaz y la experiencia fue muy positiva. Me encontré con personas que estuvieron a mi lado y que me aconsejaron bien así que fue una escritura que me hizo pensar que podía ser escritor y esa novela es Me hallará la muerte, que va sobre la vida de un pícaro que se alista en la División Azul y que posteriormente regresa a Madrid. Es un hombre que profesa ideas falangistas en una España que comienza a salir del agujero y que resulta muy atractiva para los extranjeros. Es una novela muy variada porque empieza siendo picaresca, luego bélica durante su etapa con la División Azul en el frente ruso en la II Guerra Mundial, las penurias que padece en su cautiverio y, por último, una novela negra porque cuenta con una trama criminal que se desarrolla en el Madrid de los años 50”.
- Fernando Navales y el protagonista de Me hallará la muerte son falangistas, ¿qué atractivos tiene para usted la Falange de aquellos años?
“No tengo simpatía por Falange más allá del interés literario que tiene. Fue un movimiento político hecho por escritores, la guardia pretoriana de José Antonio Primo de Rivera eran escritores como Eugenio Montes, Ernesto Giménez Caballero y Agustín de Foxá, entre otros, lo que hace que fuera la organización con mayor número de escritores de aquellos años. El departamento de Propaganda del gobierno franquista en Salamanca estaba formado por numerosos escritores falangistas y de ahí viene mi interés aunque Franco muy inteligentemente logró absorberla por completo y convertirla en otra cosa. El protagonista de Me hallará la muerte denuncia eso mismo en la novela, que la Falange ha terminado por convertirse en otra cosa tras ser abducida por el Movimiento y ese proceso me parece muy interesante, sobre todo si lo observamos desde el punto de vista histórico”.
Saludos, ay, ay, ay, desde este lado del ordenador







