Siruela reúne en un solo volumen tres novelas del escritor grancanario Alexis Ravelo
La editorial Siruela ha tenido el acierto, enorme y se escribe de corazón, de reeditar en un solo volumen tres de las novelas “negras” que el escritor grancanario Alexis Ravelo publicó con este sello. El volumen lleva el título genérico de Las islas negras. Una trilogía canaria, y reúne La ceguera del cangrejo, Un tío con una bolsa en la cabeza y Los nombres prestados, por esta última recibió el Premio Café Gijón 2021 y en ella apuntaba cambios en su complejo mundo literario que, lamentablemente, nunca sabremos por donde iba a evolucionar. El volumen, de casi setecientas páginas, está prologado además por el escritor argentino Ernesto Mallo, creador de un personaje, el comisario Lascano, y fundador y organizador del Festival Buenos Aires Negra, al que invitó a participar a Alexis Ravelo en una de sus ediciones.
Las tres novelas que publica ahora Siruela en un solo volumen recoge lo mejor de un escritor que puso nombre y apellido a la novela negra escrita en Canarias. Género en el que los grancanarios ganan por calidad y animo crítico, a los escritores tinerfeños que también escriben en negro. Una de las razones puedo encontrarla en que la capital grancanaria es la ciudad de Canarias, Santa Cruz de Tenerife no deja de ser, por mucho que se arregle y esconda su honroso pasado, la capital de provincias más provinciana de España, como en su día escribió Ignacio Aldecoa. Otra circunstancia y para mi fundamental, es la forma en como muchos de estos autores escriben estas obras. Y en el caso de Alexis, como también en el de José Luis Correa, trufando el relato de canarismos que más que retrasar la lectura en quien desconoce esa palabra, la enriquece porque enseguida se capta el sentido por el contexto. Además, y como decía siempre el mismo Alexis Ravelo sin enarbolar bandera alguna (cosa que si hacen otros, y así les va), era un escritor canario, y como escritor y como canario escribía como hablaba.
Es una desgracia que el escritor se nos fuera tan pronto, y más en uno de los momentos más dulce de una carrera que le costó sangre, sudor y lágrimas, aunque tuvo siempre una fe inquebrantable en su talento, talento que se disparó sobre todo tras el éxito de La estrategia del pequinés, que tras obtener el Hammett, puso el nombre de Alexis Ravelo en el mapa nacional e internacional. Si a eso unimos su capacidad para atrapar la atención del lector nada más comenzar a leer sus historias, y que Alexis Ravelo fue en los personal un tipo al que casi todos querían, resulta normal que su ausencia aún provoque tanta orfandad.
Una orfandad que me visitó mientras leía estos tres relatos en los que se aprecia el lento pero laborioso proceso de transformación que, literariamente, estaba atravesando Alexis los últimos años de su carrera como escritor. En cierto sentido, me parece que la literatura negra o no de Ravelo estaba cambiando para mejor. Eso sin renunciar a las preocupaciones sociales que salpican todos sus libros, aliñados ocasionalmente con brotes de violencia que sabía dosificar con un estilo que mejora en Los nombres prestados, su última novela publicada, y título en el que el escritor abandona su zona de confort como había sido usar el paisaje de Las Palmas de Gran Canaria como escenario de sus novelas, por el de Nidocuervo y San Expósito, territorios míticos en el que el escritor mezclaba ciudades en las que había estado. San Expósito no es de todas formas una nueva aportación que hizo el escritor a su universo, ya había aparecido en novelas primerizas y de tendencia hard boiled en la bibliografía de un autor que supo, como resalta la crítica Marta Marne, dibujar buenos que no eran tan buenos, ni malos que fueran “la iniquidad hecha carne. Aman, sienten y sufren, aunque puede que no siempre lo hagan por los motivos más éticos”.
De las tres novelas que se incluyen en Las islas negras siento un cariño especial por la que lleva el título más largo: Un tío con una bolsa en la cabeza. Me consta que Alexis Ravelo comenzó a escribirla como un reto, contar una historia en primera persona a través de la voz de un tipo que se asfixia porque tiene una bolsa en la cabeza. Pero lograr lo que consigue partiendo solo de esta premisa, revela el formidable escritor que fue y que seguirá siendo. Alexis Ravelo es uno de esos autores de aquí, canarios, que no dejo de recomendar porque siempre te va a dejar bien, incluso si no eres aficionado a la novela policíaca. Me gusta también y mucho, Los nombres prestados, porque me anuncia la madurez que estaba alcanzando como escritor. Se trata de una novela crepuscular y desde la primera hasta la última página siento el desasosiego de sus protagonistas. Volver a leer estas tres novelas me ha servido también para comprobar que a ninguna les ha arañado el paso de los años, y que como clásico de nuestro tiempo, no envejecerán.
Dejo para el final las sensaciones que he sentido releyendo La ceguera del cangrejo, no porque sea la que menos me entusiasme de las tres, pero no termina de atraparme como sí me pasó con Los nombres prestados y Un tío con una bolsa en la cabeza. Con todo, y teniendo en cuenta que se trata de una de sus novelas que no transcurren en la capital grancanaria ni en San Expósito sino en Lanzarote, como Los milagros prohibidos se ambienta en La Palma durante la Semana Roja, tiene la destreza de narrar un complicado caso en la isla de los volcanes y rendir honores a César Manrique, el artista que trascendió y que fue capaz de transformar la idea de paisaje que hasta ese entonces (y mucho me temo que ahora también) tienen los canarios, gente que ha terminado por resignarse ante la degradación de su territorio.
Las Islas Negras es una buena oportunidad para redescubrir la literatura de Alexis Ravelo y si se da el caso, la de descubrir tres de los mejores trabajos de un escritor que, golpito a golpito, fue labrando una carrera que no envejece, y si lo hace, es con la dignidad de los clásicos.
Saludos, a golpito, desde este lado del ordenador
