Archive for Abril, 2026

El festival de cine Lo que viene regresa a Tenerife del 1 al 4 de junio

Miércoles, Abril 29th, 2026

El festival de cine y series Lo que viene, organizado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (impulsores de los Premios Feroz) y con el apoyo un año más del Cabildo de Tenerife, junto al Gobierno de Canarias, a Turismo de Islas Canarias y la colaboración del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se celebrará de nuevo en la capital tinerfeña del 1 al 4 de junio. Los actos tendrán lugar en La Recova y en el TEA – Tenerife Espacio de las Artes.

Durante cuatro días la prensa especializada y la industria audiovisual se reunirán para conocer lo más destacado de la producción española que está por llegar, analizar el momento del sector y para compartir con el público algunos de los estrenos más esperados de los próximos meses.

A las premieres, encuentros, mesas redondas y presentaciones, se suman este año dos nuevos eventos:

A lo largo del festival tendrá lugar la sesión de pitches y las mentorías iniciales de la primera edición del Laboratorio de series Lo Que Viene-Feroz. El Laboratorio finalizará durante las actividades previas a los Premios Feroz 2027, cuando se entregarán los 5.000 euros al proyecto vencedor. Se priorizará la participación de creadores noveles (que no hayan estrenado más de una serie en plataformas de ámbito nacional) que tendrán la oportunidad de ser asesorados por los periodistas de AICE. A la vez, los socios presentes en Tenerife podrán conocer las inquietudes y tendencias de los autores y autoras nacionales pues, hasta ahora, la prensa solo es informada de los proyectos cuando ya han sido validados por la industria. El periodo de inscripciones permanecerá abierto hasta el 14 de mayo y entre los inscritos se preseleccionarán hasta seis proyectos que acudirán a Tenerife. Al terminar el festival, se anunciarán las tres propuestas que se beneficiarán de las tutorías y encuentros con profesionales de la industria que se celebrarán de junio de 2026 a enero de 2027. Bases e inscripciones en este enlace.

Además, en la noche inaugural, se entregarán por primera vez los Premios Lo Que Viene: tres reconocimientos a artistas y a iniciativas que sean apuestas para el futuro del sector. Habrá dos galardones para intérpretes con un brillante porvenir, y otro a una iniciativa innovadora que aporte oxígeno al panorama actual y al venidero.

Saludos, y digo yo…, desde este lado del ordenador

Aïda Ballmann, nombra delegada de CIMA en Canarias

Martes, Abril 28th, 2026

Aïda Ballamann, de profesión actriz y nacida en El Hierro ha sido elegida como nueva delegada en Canarias de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), una de las principales organizaciones nacionales dedicadas a promover la igualdad de género en la industria en España. Asume esta responsabilidad junto a la subdelegada Arima León, directora y productora audiovisual. Mientras, la actriz celebra la presentación de la película A una isla de ti en las salas de cine.

Las delegaciones territoriales de CIMA se conciben para garantizar la atención a las especificidades de cada territorio en el trabajo de la asociación por la presencia igualitaria de las mujeres en la industria audiovisual.

“Es un honor estar al frente de un grupo de mujeres y profesionales que buscan la igualdad en el sector. Ojalá esta labor ya no fuese necesaria, pero aún debemos luchar por la igualdad de oportunidades, para no tener que trabajar en precariedad a la hora de contar nuestras historias en el cine”, señala Ballmann. “El cine debe representar nuestra sociedad, donde más del 50% de la población es femenina, y esto solo será posible si más mujeres guionistas, productoras, cámaras, sonidistas, actrices, editoras, etc. somos las protagonistas de más obras audiovisuales. La sociedad debe poder ver reflejada en la pantalla nuestros relatos.”

Este nombramiento llega en un momento especialmente activo para la actriz, quien además forma parte del jurado de CIMA en la 25ª edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, que se celebra desde el 23 de abril hasta el 3 de mayo.

Estreno en cines de A una isla de ti

Aïda Ballmann celebra también el estreno en cines de la película A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante y rodada íntegramente en Canarias. Se trata de una comedia romántica con enfoque LGTBQ+ que narra la historia de Harry, un chef al que acaban de dejar plantado en el altar y que, tras aceptar la invitación de su mejor amiga para viajar a Gran Canaria, termina enamorándose no solo de la isla, sino también de Iván, el padre de esta. Todo ello, con un reparto encabezado por Freddie Dennis, Jaime Zatarain, Toni Acosta, Julia Martínez y Carlos González, junto a los actores canarios Horacio Colomé, Leticia Etala, Alba Goya y la propia Ballmann. La película está producida por Morena Films e IPG Mediabrands Entertainment (Fuse Entertainment) y distribuida por DeAPlaneta.

Aïda Ballmann es actriz, realizadora y gestora cultural. Nacida en El Hierro, de ascendencia alemana, está al frente de El Hierro Film Commission. Como actriz participó en series como Malnombre, Operación Barrio Inglés, Una vida menos en Canarias, Endlich Witwer, Crossfire, El tiempo entre costuras, Águila Roja, Lo que escondían sus ojos y Brigada de fenómenos, así como en largometrajes como A una isla de ti, The End of It, Un hombre tras un rifle, L’Àvia i el foraster, Gleich, La metamorfosis de Narciso, Atlánticas, Die Insel, La velocidad de nuestros pensamientos, Los europeos y The Extraordinary Tale.

Fue reconocida como Mejor Actriz en Film Bizarro, Cardiff International Film Festival, Festivalito y Premios Leoncio Morales, y cuenta con nominaciones como ASECAN y VIFA. Debutó como realizadora con Sand Path, documental que visitó más de 50 festivales de cine, y fue directora artística del festival de cine Insularia Islas en Red.

FIRMA FOTO: Javier Mantrana

Saludos, a por ellos y ellas, desde este lado del ordenador

Elena Fortún, la creadora de Celia, describe una capital tinerfeña desprejuiciada y abierta al sexo en Oculto sendero

Lunes, Abril 27th, 2026

“El otoño es dulce y templado en la isla, pero las tardes se acortan, el viento silba con más fuerza, y una suave tristeza invade los campos agotados por el calor del verano. Consuelo y sus niños ya estaban en la ciudad, y yo hacía una semana que no salía de casa: con las ventanas abiertas, tocaba al piano la Serenata Vasca, de acordes graves y profundos, cuando sentí posarse en mi cuello unos labios ávidos…

Era Florinda, pálida y un poco turbada.

- Soy yo… ¿Por qué no vas a verme? Hase una semana que me dejas sola toda la tarde… Me había propuesto no venir… no quejarme… y ¡ya ves!, no he podido… ¿Sabes que solo por ti no me he ido de La Orotava? – y sus ojos estaban llenos de lágrimas”.

Oculto sendero, Elena Fortún, Renacimiento, 2016

Tras el pseudónimo de Elena Fortún se escondía María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragonese y de Urquijo, nacida en Madrid en 1886 y fallecida en esta misma ciudad en 1952, y que se consagró sobre todo por la serie de novelas infantiles protagonizadas por una niña de nombre Celia, obras que le proporcionaron popularidad en la España de aquel entonces, los felices años 20 del pasado siglo, y cuya lectura todavía aguanta el paso siempre implacable del tiempo.

El escritor Andrés Trapiello en su monumental Las armas y las letras: literatura y Guerra Civil (1936-1939) escribe que Celia y la revolución es uno de los mejores libros que se han escrito de aquel periodo tristísimo de la historia de España, y razones no le faltan, sobre todo porque se trata de la obra más oscura de la saga y un retrato feroz y sin concesiones sobre la guerra a través de los ojos de una adolescente en aquel Madrid del no pasarán.

Hace unos años la editorial Renacimiento publicó Oculto sendero, título en el que Elena Fortún ofrece un testimonio desgarrador sobre la sexualidad de la protagonista, María Luisa Arroyo, que es un trasunto de la misma Fortún. Al parecer, la novela sí que se publicó en Argentina pero con pseudónimo, Rosa María Castaños en esta ocasión, y en ella narra cómo una niña (álter ego de la autora) quiere ser pintora ante la abierta hostilidad de su familia, en especial de su madre que es un personaje que resulta bastante antipático en este relato, así como las sirvientas que trabajan en la casa, auténticas arpías. El personaje irá descubriendo en las diferentes partes en las que está dividido el libro su homosexualidad.

La primera parte lleva el título de Primavera y a mi me parece una de las más vibrantes del libro, primero porque la escritura sabe reproducir con palabras las contradicciones de la niñez, que en la novela tienen un claro eco a lo que ya narraba en la serie Celia, y en ella cuenta la vida en familia, las tiranteces con una madre chapada a la antigua y dominante y un padre que representa cierta estabilidad burguesa que no termina por convencer a la protagonista. La segunda entrega, Verano, resulta igual de luminosa aunque donde el libro adquiere un interés para lectores nacidos y residentes en las islas, y en concreto en Tenerife, se produce en la tercera parte, Otoño, ya que la protagonista viaja a la isla, una isla donde la gente que conoce viva su sexualidad con una libertad para ella completamente desconocida en la capital de España.

Entre los escenarios, destacaría un baile de fin de temporada que tiene lugar en el Club Náutico, en el que “todos los pintores de la isla decoraron las paredes del comedor y el salón de fiestas. Yo también fui llamada para contribuir al decorado del saloncito-tocador, y en los dos muros blancos frente al gran espejo, pinté millares de confetis… En un extremo hice una dama con miriñaque, envuelta en un velo de encaje negro que cubría el vestido rosa, y que coquetamente destapaba su rostro de maravillosa hermosura… En la otra pared, un caballero romántico, caía de rodillas con el sombrero en la mano al contemplarla”.

El episodio tinerfeño de la novela cuenta con numerosos personajes inspirados en otros tantos reales que conoció la escritora durante su estancia en la isla. Habla de un tal Rafita, director de un periódico de gran tirada en la isla; de Fermina Monroy, poeta con fama de lesbiana, y de Lolín, una joven pintora que fuma en exceso. También menciona a Rosita Aguilar, hija de un teniente coronel y amante de Lolín, y de Florinda, una rica soltera que es descendiente de la última princesa guanche, así como describe escenarios perfectamente reconocibles de la capital tinerfeña como son el Hotel Quisisana y la plaza de Weyler, entre otros. La protagonista de la historia se desplaza también a La Orotava, aunque es en Santa Cruz de Tenerife donde descubre un universo que la sociedad conoce sin que le provoque demasiados dolores de cabeza, lo que me hizo plantear mientras leía la novela si todos los personajes que intervienen en este segmento podían haber imaginado en lo que se iba a convertir la capital tinerfeña, la isla, las islas y España entera tras la Guerra Civil.

En estos capítulos, la autora no deja de remarcar el acento de los personajes canarios, para lo que sustituye la c y la z por la s. Así escribe en boca de los personajes canarios: desirte en vez de decirte; hase en vez de hace; m’hija, en vez de mi hija; conoserás en vez de conocerás…

Su estancia en Tenerife, y trabar amistad con personajes “invertidos” a los que la mayoría respeta lo sean o no, convierte esta parte de la novela en una de las más felices que vive su protagonista, quien dibuja un paisaje humano y también geográfico que casi parece que conspira para que todos sean felices.

Oculto sendero es una edición a cargo de Bubia Capdevilla-Argüelles y María Jesús Fraga, y me ha reconciliado con una isla que antaño normalizó sentimentalmente los deseos sexuales, lo que convierte esta novela en un testimonio más que desgarrador, vital, el que firma Fortún, la creadora de Celia.

Saludos, leamos, leamos, leamos, desde este lado del ordenador

El personal del área de Cultura del Cabildo de Tenerife conoce a su nuevo director insular, Conrado Álvarez Fariña

Viernes, Abril 24th, 2026

El nuevo director insular de Cultura, Conrado Álvarez Fariña, se presentó ayer, jueves, oficialmente al personal de este área del Cabildo acompañado del consejero, José Carlos Acha, que ha perdido el rumbo si alguna vez lo tuvo, y el jefe de servicio, ese escritor al que nadie lee y que va diciendo por ahí que es el asesor literario de Acha, lo que explica algunas de las metidas de pata del consejero las últimas semanas, y que redondeó con la propuesta de la Medalla de Oro a Alberto Vázquez Figueroa, un escritor que si puede decir que lo es aunque lo último que ha publicado no le haga justicia a una carrera dedicada a la literatura de evasión.

Uno que conozco me dice que la llegada de Conrado Álvarez Fariña completa el tridente diabólico que Acha ha diseñado (aunque la palabra diseñar le viene muy grande a alguien que si hace algo es a golpe de inspiración, equivocada pero inspiración) para dirigir lo que le queda a él –y a sus dos cuates– de estar al frente de la política cultural del Cabildo Insular, ya que como saben el próximo año se celebran elecciones locales, insulares y autonómicas, y el consejero anda como pollo sin cabeza, es probable que cansado de salir en tanta foto y buscando un nuevo echadero en el que colocarse tras una trístisima gestión al frente de la Cultura Insular. Y mira que algunos recibimos con expectativas la entrada de Acha, aunque los resultados después de estos años sean tan desalentadores. Y tan desalentadores no ya porque haya sido incapaz de haber diseñado (sí, esa misma palabra que le viene tan grande al consejero) una política cultural para la isla sino por una serie de decisiones que parecen que fueron tomadas por un indocumentado y no por un tipo que lleva dedicado a la política (y viviendo de la política, ciertamente), desde hace mucho, mucho tiempo. Primero militando en Coalición Canaria y ahora en el Partido Popular.

Sin que nadie haya sabido explicármelo, al parecer la razón del nombramiento del nuevo Director Insular de Cultura llega tan tarde, a un año escaso de los nuevos comicios, por un problema vamos a decir técnico. Una vez superado, lo que no entienden algunos es que los criterios que ha llevado a José Carlos Acha ha nombrarlo es que a Pepón (como empieza a ser conocido el consejero en los mentideros culturales) ha confundido el mérito artístico de Conrado con aptitud directiva pública, claro que ante la ausencia de profesionales del mundo de la cultura con valía dentro del Partido Popular de Tenerife (y en CC y el PSOE, ya que estamos, y no digamos en ese peligro con patas que es VOX) nadie espera grandes cosas del bueno del recién designado Directo Insular de Cultura y mucho menos de las miles de fotografía que deja Acha de su trayectoria, y que uno sospecha que se sacó con el fin de hacernos creer, y lo que es peor, para hacérselo creer él mismo, que trabajaba mientras cobra no un sueldo sino un sueldazo que le paga el sufrido contribuyente.

Respecto al Director Insular de Cultura habría que recomendarle que haga tabla rasa de la experiencia laboral de quien lo ha colocado a dedo, y que no está para interpretar, programar festivales ni ingresar en academias sino para dirigir técnicamente una unidad administrativa que canaliza fondos públicos con sujeción estricta al ordenamiento jurídico. Esa función, me recuerda alguien, “exige formación en gestión cultural pública, experiencia directiva real y dominio del marco normativo”, cualidades que mucho me temo no son las del bueno de Conrado aunque si uno repasa el pasado de los directores insulares de Cultura del Cabildo de Tenerife, se ha entendido casi siempre el cargo más como director artístico (sucedió con el anterior, Alejandro Krawietz) que como técnico, y así nos ha ido. De todas formas, Conrado Díaz ocupará esta responsabilidad lo que se dice en un suspiro.

El caso es que dirigir una unidad del Cabildo significa estar al frente de una estructura con funcionarios de carrera (personas humanas a las que hay que dar de comer aparte) y ser capaz de articularla con los servicios transversales: Intervención, Asesoría Jurídica, Secretaría General, Recursos Humanos, Contratación así como gestionar un ciclo presupuestario completo con modificaciones de crédito, plurianualidades, prórrogas y justificaciones y defender expedientes ante órganos colegiados. Y nada de esto guarda la menor semejanza con coordinar los ensayos de una orquesta barroca o programar un ciclo de conciertos. La escala, la responsabilidad y la estructura son radicalmente diferentes.

Pero si hay un culpable en esta decisión no es Conrado Álvarez Fariña, que habrá dicho que sí por el sueldo y por el prestigio (¿?), sino José Carlos Acha, que se lo habrá pedido. De hecho, quiso a Conrado desde que llegó al Cabildo, solo que entonces no pudo por ese tecnicismo que parece que se ha conseguido superar. Otro de los problemas ante los que se enfrenta el nuevo Director Insular de Cultura es que no domina el lenguaje de lo publico, que mira que es farragoso, aunque entiendo que para eso contará con la traducción del jefe del servicio, que dice que escribe ficción. Ficción farragosa que nadie, ni él mismo, entiende.

Me dicen unos que todo esto incapacita a Conrado Díaz para dirigir y que va a depender íntegramente del criterio de sus jefes políticos, lo que invertirá la relación jerárquica y convertirá el cargo en lo que siempre fue: figurativo y en el peor de los casos en un cuello de botella que paralizará expedientes porque quien debe firmar no entiende lo que firma.

Así que la consecuencias de lo que vendrá son predecibles y tiene un único responsable: José Carlos Acha, ese gran lector de novelas de Alberto Vázquez Figueroa y ese político de provincias más preocupado ahora por su futuro que por la Cultura en Tenerife, la que debe de emanar desde el Cabildo insular y en la que Pepón no ha hecho prácticamente nada, salvo inaugurar exposiciones en TEA (otro día hablaremos de TEA), lidiar con el responsable del Auditorio (una especie de república independiente), la anunciada apertura de la Biblioteca del Cabildo y que la institución se haya vuelto a implicar en la Feria del Libro (ideas estas dos últimas que no son suyas porque Acha no es un hombre con demasiada imaginación). Eso sí, mientras tanto invade sus redes sociales con fotos y más fotos que espero frene en lo que ya es la recta final de su mandato. Casi prefiero que se quede sentado en su poltrona rodeado de esos asesores que, como él, no se enteran de la misa la mitad. Yo los llamo los mindundis de nuestro aciagos tiempos.

Pero esto es lo que hay. No se puede sacar petróleo donde no existe. Acha y sus cuates son algo así como Los puercos de Circe, esa novela que como bien sabe Acha, escribió Alberto Vázquez Figueroa.

Vamos directos al infierno.

Pero esto es lo que pasa por reunir en un mismo sitio a tanto talibán de la cultura.

Saludos, que los dioses los perdonen porque yo soy incapaz, desde este lado del ordenador.

Nace el Premio Internacional de Novela Negra Ángeles Alonso

Jueves, Abril 23rd, 2026

Este jueves, 23 de abril, Día del Libro, se presenta a las 13:30 horas en la terraza del Wine&Cheese Bar (Santa Cruz de Tenerife) el I Premio Internacional de Novela Negra Ángeles Alonso.

Este galardón nace impulsado por la editorial Baile del Sol, el propio Wine&Cheese Bar y Producciones Mirmidón, con el propósito de fomentar la creación literaria en el ámbito de la novela negra y rendir homenaje a la figura de Ángeles Alonso Español, editora y gestora cultural fundamental en el desarrollo del sector editorial en Canarias.

El premio, de carácter internacional, celebrará su primera edición en 2026 y estará dotado con 3.000 euros, además de la publicación de la obra ganadora.

El plazo de recepción de originales se abrirá el 15 de junio y se cerrará el 1 de octubre, mientras que el fallo del jurado se dará a conocer el 23 de abril de 2027.

Este certamen nace como tributo a Ángeles Alonso, cofundadora de Baile del Sol y figura clave en la promoción de voces literarias diversas, cuyo compromiso con la literatura sin fronteras y su impulso a la cultura dejaron una huella profunda tanto en Canarias como en el ámbito internacional.

Saludos, va por ti, Ángeles, desde este lado del ordenador

Mis primeras lecturas

Miércoles, Abril 22nd, 2026

Cuando en casa cualquiera de nosotros caía enfermo lo habitual era que te regalaran un libro. Mi primer Astérix llegó de esa manera. Lo guardo aún con mucho cariño: Astérix y los normandos. Creo que como a muchos la afición por la lectura me vino primero con los colorines y de ahí di el salto sin paracaidas a lecturas más serias, serias porque todo eran letras aunque quisiera romper una lanza en favor de las novelas de aventuras que incluían alguna ilustración.

En casa hubo muchas de Julio Verne pero el escritor que me arrebató el corazón en aquella primera etapa de la vida fue el italiano Emilio Salgari, quizá porque me lo pasaba mejor surcando los siete mares y atravesando desiertos y junglas repletas de feroces fieras. Después estaban los volúmenes con lomo de tela que editorial Juventud publicó de Tintín, pero estos no me lo prestaban mis hermanos mayores, conocedores de mi afición por destripar las cosas.

Pasado el tiempo, descubrí en casa un libro que entiendo había pertenecido a mi padre cuando era solo un niño. Se trataba de una versión muy reducida de Las mil y una noches, tanto, que reunía solo seis cuentos más que originales, adaptados. Ahí estaba Ali Babá y los cuarenta ladrones y uno de los viajes fantásticos de Simbad. No recuerdo otros pero sí que contaba con unas preciosas láminas a todo color en la que se resumía uno de los momentos más importantes del relato. La lectura de aquel libro me raptó el alma aunque no entendía el título, ¿por qué Mil y una noches cuando solo se podían leer seis historias?

Un poco más tarde me di cuenta. Fue en el cumpleaños de una amiga. Alguien le regaló una edición ilustrada de Las mil y una noches en la que se reproducían doce historias y no seis. La edición era bastante fea, e incluía cuentos que había en la mía, como Alí Babá, pero me pasé el resto de la fiesta leyéndolo tirado en el suelo mientras a mi alrededor se cantaba el cumpleaños feliz y llegaba hasta mi nariz el olor de la cera de las velas sobre el pastel.

Recuerdo que tenía hambre de lecturas, sobre todo de cuentos infantiles que a mi me resultaban bastante terroríficos, hasta que llegó a mis manos una novela que lo cambió todo para mejor. Aquella novela no era otra que La isla del tesoro, de R.L. Stevenson, escritor del que he procurado leérmelo todo. Y si no todo, casi todo. La isla del tesoro fue de hecho el primer libro que leí sin ilustraciones y desde entonces se ha convertido en un título de cabecera, y en una de esas obras que suelo releer para no terminar rematadamente loco y volver a confiar en ese mono sin pelo que es el ser humano.

A partir de entonces fue un no parar. Se produjo mi flechazo con Ray Bradburyy y mucho más tarde con Guy de Maupassant y el gran Chejov. Más tarde llegaron Theorore Sturgeon y Alfred Bester y, cómo no, H.P. Lovecraft que es un autor ideal para jóvenes que cuando duermen no tienen pesadillas que fue mi caso. Como lector fui y sigo siendo bastante heterodoxo porque leía/leo de todo, y disfrutaba/o con todo. Novela policiaca, de ciencia ficción, de terror (otro momento clave fue devorar el Soy leyenda de Richard Mathenson y La hora del vampiro (Salem Lot) de Stephen King, pero es que antes vino Drácula, cuyo ejemplar que tengo en casa terminará por desintegrarse de la de veces que lo he leído y releído como si en mi pecho anidara el corazón del mismísimo Renfield); fantástica y otros y otros géneros que han ido formando una biblioteca en la que ya no sé donde poner tanto libro. La mayoría descansa en columnas de papel en el suelo. Las fantásticas novelas de James Bond, las de espías con mayúsculas de Eric Ambler, Graham Greene (mi otro escritor favorito), John le Carré, Len Deighton.. Y mi descubrimiento de un país diminuto e insular como es Cuba.

A Cuba llegué cuando vi en el cine Rex de la capital tinerfeña Che, una película de Richard Fleischer en la que Omar Sharif interpreta a un iluminado y asesino guerrillero argentino y Jack Palance a un psicópata Fidel Castro. Salí de aquella sesión con la certeza de que todo aquello que me habían contado era mentira, así que me puse a leer primero cosas de Ernesto Guevara y más tarde sobre Fidel.

El Che no era mal escritor, además de sus diarios (los que escribió en el Congo y más tarde en Bolivia, donde acabaron con su vida), es autor de Pasajes de la guerra revolucionaria que a mi me parece una extraordinaria novela de aventuras. Repleta de incursiones por las junglas de la Sierra Maestra, refriegas, ejecuciones que ahora entiendo sumarias, y protagonistas que junto al comandante Guevara hoy forman parte de la mitología revolucionaria cubana. No saben ustedes la emoción que sentí cuando en uno de mis primeros viajes a La Habana contemplé el yate Granma encerrado en aquella gigantesca urna de cristal, y el recorrido que hacía casi todos los días por las estancias del Museo de la Revolución. Cosas de adolescente. Solo que a mi en vez de fascinarme el deporte me fascinaba la historia de aquella isla que sentía tan mía. Aquí mataron a Maceo, en esta casa vivió José Martí, más allá y más acá puede usted ver…

Me resulta muy extraño que me hayan asaltado estos recuerdos tal día como hoy, pero debe ser cosas de la edad porque en mi corazón llevo también los libros de Ramón J. Sender, los que he leído de una bibliografía copiosa: Réquiem por un campesino español y La tesis de Nancy en el colegio, pero Imán, La aventura equiccnocial de Lope de Aguirre y El bandido adolescente estando fuera de él, y Crónica del alba, trilogía que a mi me parece lo mejor de un escritor que no ha sido lo suficientemente reivindicado como merece. O Arturo Barera y su La forja de un rebelde, o Max Aub y ese ciclo de seis novelas que dedicó a la Guerra Civil. Y Agustín de Foxá, quien desde el otro lado me enseñó que también se sabía contar historias antes de que olieran a capilla e incienso franquista.

Muchos, demasiados… De canarios, ya en el instituto: Mararía, de Rafael Arozarena y más adelante el descubrimiento de la mejor novela de José Antonio Rial, que no es La prisión de Fyffes sino Tiempo de espera, y una novela olvidada y perdida, que exige ser editada con urgencia, como es La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal. Recuerdo, por otra parte, una feria del libro que organizó en un aula un profesor de Historia de cuyo nombre no puedo acordarme, mi encuentro con otra novela que me sacudió el alma: Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque. A lápiz, y aún se puede leer en la primera página lo que escribí: Dios, qué novela.

Son recuerdos dispersos, en los que se cruzan las aventuras bélicas de Sven Hassel con las de carreteras de Jack Kerouack, autor de dos libros regulares (En el camino y Los vagabundos del Dharma) y de otros tantos bastante malos; el gran Poe, la gigantesca Patricia Highsmith, H. Ridder Haggard, que descubrí algo tarde pero que me secuestró el alma; Ernest Hemingway, John Dos Passos y F.Scott Fitzgerald, al que le debo tantas noches gastadas con champán barato mientras buscada a mi Zelda que nunca apareció; Jim Thompon, Dashiel Hammet, David Goodis, William R. Burnett, Horace McCoy… Una lista larga, larguísima de autores que, como ven, procedían la mayoría de otros países que no era España, ya que mi afición por nuestras letras comenzaría años más tarde, aunque me decanté por los autores/as que vivieron una Guerra Civil que sigue coleando, sobre todo entre quienes no la vivieron y ni siquiera se han molestado en conocer sus efectos devastadores a través de la lectura de estas obras, testimonios basados en hechos reales por desgracia.

Y centroeuropeos como Joseph Roth y Stefan Zweig. Así que no veas el mosqueo que me cogí estando en Viena cuando pregunté en un punto turístico si me podían indicar donde habían vivido y el vienés se me quedó a cuadros y solo me señaló en el mapa la casa-consulta de Freud. En fin, que mi experiencia en la capital de Austria fue bastante decepcionante aunque allí conocí a una pareja de mexicanos. Él, un militar jubilado y ella una mujer empeñada en que me fuera a su país para buscarme “una noviecita”. Estando en la noria del Prater, la misma que aparece en El tercer hombre no me resistí cuando la vagoneta se detuvo en lo alto repetir el parlamento de Harry Lime (Orson Welles): “En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras, matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!”

Y hasta aquí llego, por mi cabeza bullen ahora escritores/as que me robaron el corazón y que están con sus obras en los anaqueles de mi caótica biblioteca. ¿Me da cosa pensar donde terminarán cuando ya no esté en este valle de lágrimas? La verdad es que no. Terminen desintegrándose o cayendo en las manos de alguien que sepa apreciarlos, los libros son lo que son. Ya saben, contenedores de historias, objetos que guardan sueños para los que aprendimos a no tener pesadillas ya que con la vida real nos bastaba y nos basta.

Nos vemos en el infierno.

Saludos, buenas lecturas, desde este lado del ordenador