Gaizka Urresti y Rafael Maluenda: “José María Forqué concebía el cine como una vocación y como un oficio”

El cine de José María Forqué (Zaragoza, 8 de marzo de 1923-Madrid, 17 de marzo de 1995) va más allá de esa singular comedia española que es Atraco a las tres, aunque en cuestión de géneros cinematográficos, el cineasta fue siempre lo que se dice un culo inquieto. Rodó western (Amanecer en Puerta Oscura); musicales (la lisérgica ¡Dame un poco de amooor…! a mayor gloria de Los Bravos es un filme que todavía genera secuelas) y carcelarias, como Embajadores en el infierno confirman que el cineasta –tal y como lo resume el título del documental que firman Gaizka Urresti (Bilbao, 1967) y Rafael Maluenda (Monóvar, Alicante, 1967)– fue un hombre que hizo del cine un oficio. Forqué, el oficio de hacer cine repasa la vida y la obra de un profesional que no necesitó de escuelas para aprender a rodar, su formación consistió fundamentalmente en asistir a rodajes y en ver muchas películas, sobre todo norteamericanas, en las salas de cine.

Esta no es la primera vez en que ambos directores se embarcan en dirigir un documental sobre cineastas españoles que dejaron huella como fue el caso de Eloy de la Iglesia o Luis García Berlanga. Y oficio tienen mucho tanto Urresti como Maluenda para contar ahora la historia de Forqué, un cineasta que antes que artistas fue un profesional del cine. Alguien que supo contar historias.

Forqué, el oficio de hacer cine se estrenó el 8 de marzo (el mismo día en que nació el cineasta) en la 29ª edición del Festival de Málaga dentro de la sección Documentales y llegará a los cines en abril.

- El documental se titulaba en un principio ‘Forqué, el grito del tucán y el cineasta’ aunque se estrena ahora como Forqué, el oficio de hacer cine.

RAFAEL MALUENDA: “Nos sugirieron que habría que buscar algún título más adecuado y entonces el nuevo, Forqué, el oficio de hacer cine, que propuso Gaizka posteriormente, creo que refleja muy bien quién fue Forqué: un cineasta que concebía el cine como una vocación pero también como un oficio, ya que tuvo el empeño de hacer muy bien las películas, en perseguir la perfección a la hora de rodar y de montarlas, así que el título de Forqué, el oficio de hacer cine recoge muy bien cuál es la esencia de lo que contamos del cineasta en este documental. Forqué, el grito del tucán y el cineasta fue el que presentamos a todas las convocatorias de ayudas”.

GAIZKA URRESTI: “Para nosotros la figura de Forqué retrata muy bien ese tipo de cineasta ya que si contamos la historia de directores como Berlanga o como Saura o como Borau, cada uno de ellos aspiran en cada una de sus películas a rodar las que decidieron hacer y por lo tanto a menudo su trayectoria se espacia en el tiempo, hacían una película un año y luego pasaban tres o cuatro hasta que rodaban la siguiente y esto con Forqué no ocurre porque es alguien perfectamente integrado en la industria, termina una película y ya le están enviando el guion de la que empezará a rodar a la semana siguiente. Esto es bastante habitual en su trayectoria y por eso la idea del oficio de hacer cine”.

- ¿Me podrían explicar cómo se dirige una película a cuatro manos? ¿Cómo se repartieron las tareas?

R.M: “En realidad no hubo un reparto muy claro de funciones y en mi caso, luego Gaizka podrá matizarlo, asumí desde el primer momento que era una historia que íbamos a contar entre dos y que habría momentos, cosas, que se resolverían de una manera, por decirlo así, más próxima a mi manera de mirar y habría otras que se resolverían de manera más próxima a la manera de mirar de Gaizka. Eso cuando no fueran coincidentes. En ese sentido ha sido un rodaje para mí muy cómodo y ha sido un ejercicio creo que muy saludable porque cuando tienes a alguien a tu lado, éste puede mirar las cosas de un modo distinto, desde otra perspectiva y eso te obliga a valorar lo acertado de la propuesta y ver que, efectivamente, hay otras maneras de hacer las cosas. Por lo tanto te amplía el campo y a lo mejor también el alcance pueda ser mayor con respecto al público”.

G.U: “Nos complementamos. Si es de forma solitaria pues tienes que explicar menos o mucho las cosas al equipo. Entre dos, te obliga a hablarlo, a verbalizarlo, y como Rafa y yo recurríamos a las mismas fuentes, que al final eran las películas del propio Forqué y los libros que nos habíamos leído del cineasta, pues reflexionamos sobre lo que más nos llamaba a cada uno la atención y a partir de ahí se generó un diálogo previo a la hora de preparar las entrevistas, de decidir quiénes podían ser los personajes más adecuados con los que conversar. Y ese trabajo de diálogo es interno, previo al rodaje pero ya en pleno rodaje y si están consensuadas las entrevistas, pues da igual quién la rueda. Rafa hizo más la labor de entrevistador pero yo estaba detrás de la cámara escuchándolos y cuando veía que había algo de lo que habíamos hablado y quizás no estaba suficientemente bien reflejado según un punto de vista, pues intervenía”.

- ¿Y no provocó conflictos?

G.U.: “No, Rafa me comentaba pues entrevístale tú que tienes más química, por así decirlo. Pero bueno, básicamente esa fue la manera de trabajar. Hablar mucho antes de meternos en el proceso de rodaje y de montar el documental”.

- Me gustaría conocer la opinión que tiene cada uno de ustedes con respecto al cine de José María Forqué. ¿Qué han descubierto a raíz de este documental sobre el cineasta?

G.U.: “El proceso de hacer este documental coincidió con el que rodé sobre Eloy de la Iglesias, y la reflexión que saco es que hay varias formas de hacer cine. Una es la del cineasta que se llama de autor, el que quiere contar su vida a través de sus películas, y luego está más el artesano, el cineasta de estudio, el que cuenta historias que algunas veces pueden ser escritas por él y otras veces no. Y el descubrimiento ha sido ese, como los dos procesos son legítimos y hay que disfrutarlos. José María Forqué procedía de una familia muy humilde, circunstancia que resaltamos mucho en la película, y vivió en un barrio humilde. No pasó por la escuela de cine, entró desde abajo y terminó dirigiendo porque aparte de expresarse, sobre todo era un profesional del cine, alguien que vivía de contar historias con las que ganaba dinero para mantener a su familia, lo que lo distingue de otros cineastas a los que llamamos de autor, como Eloy de la Iglesia. A Forqué le asustaba no hacer películas porque entonces no iba a llevar nada a los suyos y esos son factores que condicionaron su manera de entender el cine y el tipo de películas que hizo”.

R.M.: “Además de lo que ha dicho Gaizka a mí una de las cosas que me ha llamado más la atención fue hasta qué punto, en muchas ocasiones, la idea de artesano y autor pueden estar tan mezcladas. Cuando empecé a preparar este guión, conocía a lo mejor quince o veinte películas de Forqué, por lo que tuve que ver muchas más, ya que estamos hablando de un cineasta que cuenta con unos cuarenta títulos, y te das cuenta que fue un cineasta al que le iban llegando películas, iba, como contaba muy bien Gaizka, tomando aquello que le llegaba para no dejar de trabajar, para poder concatenar el trabajo. Sin embargo, en muchas de estas películas sí vemos preocupaciones comunes, aunque los guiones fueran de distintas procedencias, de distintos guionistas, y aun cuando también, lo decía Gaizka, participara en algunas de estas historias y en otras no, tuvo siempre una manera de contar, una manera de presentar personajes, unos temas recurrentes en todas sus películas que de alguna manera no lo alejan mucho del cineasta que hace solo y exclusivamente aquellas películas que le interesan”.

G.U.: “Digamos que Forqué era capaz de aportar a aquellas películas de procedencia ajena una mirada que tenía, al fin y al cabo, mucho que ver consigo mismo, con una manera de celebrar el mundo, y eso para mí ha sido muy revelador. Y luego, al hilo de complementar, una cosa que la película nos descubre, y yo creo que al espectador también, es que a una generación de cinéfilos que siempre ha tenido fascinación por el cine clásico norteamericano, el cine de los años 40, de los 50, de alguna manera al revisar la carrera de Forqué, te das cuenta que hubo también un cine clásico español de los 40, 50 y 60 que muchas veces desconocemos o no valoramos. Y recorrer su carrera, y observar a un cineasta que lo mismo rodaba western, como Amanecer en Puerta Oscura, como comedia y policíacos, fue darme cuenta que a veces despreciamos lo autóctono, y claro, el cine americano clásico es maravilloso, pero España cuenta también con un cine y una industria que tiene sus clásicos. Un cine, además, que sigue perdurando en la memoria”.

– ¿Y qué pueden aprender los cineastas españoles del cine de Forqué?

R.M.:“Lo que pretendían todos los cineastas clásicos americanos, y lo que pretendían también hacer los cineastas españoles de aquellos tiempos: rodar películas y contar historias. Y en ese afán de ser un buen narrador, de saber expresarse con la imagen a través de la imagen y saber contar las historias como una sucesión de secuencias y de planos que todos unidos dan el sentido y la emoción al relato, Forqué fue un maestro. Trabajé mucho con Berlanga, que conoció a Forqué, y Berlanga siempre decía que era un cineasta modélico y que cuando hablaba del oficio con él insistía en que los cineastas españoles debían aspirar a hacer las películas igual de bien que los norteamericanos, y eso lo compruebas en su cine, porque fue un hombre que para formarse no pasó por la Escuela de Cine, como sí pasaron otros cineastas que venían de familias más pudientes, Forqué lo que hizo fue marcharse a Madrid a buscarse la vida, y allí comenzó a pedir permiso para que le dejaran entrar en los rodajes, donde se daba cuenta de cómo trabajaban los directores y de cómo funcionaban los equipos de rodaje. También hizo cosas muy interesantes, como ir al cine a ver las películas norteamericanas y en la sala cronometrar la duración de los planos. Percibió enseguida que todo eso tenía un sentido, y esto es lo que él acaba aplicando a su cine. Para mí se trata de la historia de un amor inmenso al cine del que consigue hacer un oficio, un modo de vida con el que proporcionar sustento a su familia, pero no desde la frialdad, sino con una implicación absoluta y con una vocación muy clara por hacer cine”.

- ¿Qué películas destacarían de su filmografía, y somos conscientes que se trata de una filmografía que incluye 47 largometrajes y cinco series.

R.M..:La noche y el alba, que ha sido un descubrimiento aunque creo que la película no está disponible en FlixOlé y que Enrique Cerezo no la tiene masterizada en buena calidad pero se trata de una película sorprendente y muy curiosa y en la que su biografía juega un papel importante. Es un filme muy singular. Otra sería Amanecer en Puerta Oscura, que cuando la vi de pequeño me emocionó y Un millón en la basura porque es ¡una maravilla!, y Embajadores en el infierno”.

G.U.: Usted puede ser un asesino porque es una comedia divertidísima y creo que no está lo suficientemente reconocida y Maribel y la extraña familia. Reivindicó también una serie: Ramón y Cajal: Historia de una voluntad. En el documental procuramos salir de lo cinéfilo para hablar de la repercusión social que tuvo su cine y de cómo el cine, y en este caso la televisión, puede situar en la cultura popular a un personaje como Cajal”.

- Hubo un tiempo, que creo que ya se ha superado, en el que lo habitual en este país era despreciar el cine español, al que se calificaba de españoladas. ¿Creen que esa etapa ya se ha superado?

R.M.: “En la época del Forqué la gente sí que iba a ver cine español y además iba en masa y entraban a ver una película española sin ningún problema. Existió un Star System español, y estudios: La producción cinematográfica en España era muy regular y muchas películas españolas resultaron un éxito enorme. En el caso de Forqué con Atraco a las tres y Embajadores en el Infierno. Pero sí, es cierto que hubo un tiempo en el que el público español le dio la espalda al cine español, a veces justificado por cuestiones técnicas, pero todo eso empieza a cambiar cuando llega la generación que arranca a principios de los 90 con Álex de la Iglesia, Santiago Segura, Julio Medem, Enrique Urbizu y toda esta gente. Y eso fue así. No obstante, creo que todavía hay algunas personas reacias a ver cine español aunque cineastas como Forqué supiera como ganarse al público. Lamentablemente, mi generación, la de Gaizka y la mía, conoce muy poco todo de aquel cine español”.

G.U.: “Llamamos a un buen número de cineastas españoles, de quienes sabíamos que son muy cinéfilos y conocedores del cine y de la historia del cine, y nos llevamos la sorpresa que algunos no quisieron participar en este documental porque desconocían el cine de Forqué o si lo conocían, conocían Atraco a las tres y alguna película más, no se sentían con la autoridad suficiente para hablar de Forqué, así que es sintomático que incluso en los cineastas más cinéfilos se desconozca la obra de un director con una historia tan rica y que hizo películas para llegar al espectador y entretenerlo. Y pienso en Embajadores en el infierno, que los espectadores de su tiempo y los cinéfilos actuales pueden comparar con Traidor en el infierno, de Billy Wilder.

- ¿Y es mejor Traidor en el infierno?

G.U.: “Igual sí, pero es el mismo tipo de película, lo que pasa es que como la de Forqué narra un episodio de nuestra historia reciente y tenemos una visión tan… El español es que es muy cainita, ¿sabes? Despreciamos mucho lo nuestro y los franceses que son chauvinistas, defienden su cultura. Creo que es una historia que tenemos que trabajar como país”.

- No creen entonces que se ha superado esa etapa en la que el público español hablaba de españoladas.

G.U.: “No sé si se ha superado ese estigma. De hecho, el término españolada es porque habla de nosotros. Porque Todos a la cárcel, reivindica lo español y el sainete, y contamos con una comedia popular española que es un género autóctono que seguimos minusvalorando y te preguntas ¿por qué? Ya que si tenemos algo propio que funciona y que gusta al público ¿está mal que lo veas y te rías ?Si lo que busca la comedia es que te olvides de ti mismo… Pero no, no creo que hayamos superado esa asignatura que como país tenemos, la de querer más a nuestra cultura y dejar la actitud de no voy a ver cine español porque no me gusta, ¿pero cuál no te ha gustado? No lo sé porque no he visto ninguna”.

R.M: Eso es algo que ocurre con mucha frecuencia. Pero aún así, aún haciéndose matizar, sí, yo creo que todavía existe lo de españolada. “Lo que ocurre es que me parece que hubo una época que era los años 80, especialmente los años 80, que fue muy radical y tuvo que ver con varias cosas. Una, la orientación del nuevo tipo de películas que se hacía y con un público que se alejaba de las salas aunque seguía yendo a ver las de José María Forqué. Abundando en lo que decía Gaizka, los espectadores españoles buscaban un cine que le proporcionara risas de principio a fin para decir luego qué mala era pero también cuánto me he reído viéndola”.

- Quería preguntarles si después de esta experiencia van a volver a trabajar juntos. ¿Hay algún proyecto en común?

G.U.: No. Rafa y yo nos conocimos hace ya unos años y nunca habíamos colaborado profesionalmente hasta que surgió esta oportunidad. Cada uno tiene su carrera en solitario y cada uno tiene sus gustos y sensibilidades que a veces necesitan coincidir, pero no tienen por qué coincidir siempre”.

R.M.: “Gaizka tiene una ventaja y es que además es productor”.

En la foto 1, Rafael Maluenda (sentado) y Gaizka Urresti.

Saludos, un servidor, un esclavo, un siervo, desde este lado del ordenador

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