Rayco Pulido adapta al cómic una novela de Claudio de la Torre

En los últimos años, afortunadamente, la literatura y la historieta en Canarias están manteniendo una relación de calado, interesante no solo por lo notablemente reflejado que se están viendo en viñetas algunas de las obras más señaladas de las letras escritas en el archipiélago, sino también porque fruto de esta alianza, el lector iniciado pero sobre todo el no iniciado, se aproxima a una serie de novelas que han hecho historia, aunque historia viva, ya que muchas de ellas todavía se publican y, lo que es mejor, se leen, que es lo que las mantiene vivas que de eso se trata.

He seguido de cerca las adaptaciones que Eduardo González ha hecho hasta la fecha de novelas como Mararía y La lapa, la primera escrita por Rafael Arozarena y la segunda por Ángel Guerra, y, a mi juicio, estas novelas gráficas han sabido captar el espíritu de ambos libros sin que Eduardo González renunciase a su personal estilo. En cualquier caso, sí que detecto el respeto que siente el guionista y dibujante tinerfeño por estos dos títulos canónicos de las letras canarias. Además, en esta dos historietas, González se consolidaba ya como dibujante y colorista.

Saquen sus muertos, adaptación de la novela Verano de Juan “el chino”, de Claudio de la Torre, está firmada por Rayco Pulido (Telde, Gran Canaria, 1978) y no se trata tampoco de su primera experiencia como adaptador ya que en 2013 escribió y dibujó Nela, de Benito Pérez Galdós. Pulido cuenta con el Premio Nacional del Cómic 2017 por Lamia, que es una creación propia mientras que Saquen sus muertos (Astiberri, 2026) es una cuidadosa adaptación que se mantiene muy fiel al texto original aunque el trabajo que ofrece es, como en el caso de Eduardo González, audazmente personal. Y no solo porque cuide cada viñeta sino también por el diseño de personajes y de los paisajes que los rodean.

El cómic, como la novela, comienza en “una isla, verano de 1851”, que no es otra de Gran Canaria aunque no se identifica como tal en toda la historia, y en ella se sigue los pasos de Juan “el chino”, un personaje que va gritando por las calles saquen sus muertos, los muertos que ha provocado una epidemia de cólera que ha diezmado a una población que ha quedado incomunicado y en la que, como se lee en la contraportada: “nada ni nadie puede entrar o salir” mientras “la muerte se ceba en la capital”.

Juan “el chino” es un vagabundo ahora imprescindible en las nuevas dinámicas que rigen la ciudad ya que las estructuras anteriores se han disuelto quedando ahora dos clases sociales: “las de los vivos y la de los muertos”. Este escenario tan negro está inspirado en la epidemia de cólera que asoló a Gran Canarias en 1851, y es el contexto en el que se desarrolla una obra de tintes apocalípticos aunque el drama no es que sus protagonistas sean conscientes de la hora final, sino de cómo se acomodan a un destino fatal en esos tiempos del cólera que han alterado la forma de vida de una isla en la que ahora no se deja ni entrar ni salir a nadie.

Resulta terrorífico ese aire de resignación con el que todos los protagonistas asumen la situación que atraviesan, y que el saquen a sus muertos se convierta pronto en una rutina que parece fusionarse con un paisaje que sigue siendo el mismo pero que no es así entre los que lo habitan.

Cada una de las viñetas con las que Rayco Pulido estructura la narrativa de la historia es, a mi juicio, hipnótica. No se vale de fondos recargados sino más bien al contrario. Es decir, la economía de elementos sorprende al principio, así como la geometría de las ilustraciones pero es que poco a poco éstas terminan por dar forma, identidad y consistencia al universo que tan bien narró Claudio de la Torre en la novela. Escenarios que ahora reconstruye Rayco Pulido en esta historieta. Una historieta en la que abundan los planos generales –también hay, pero muy pocos, primeros planos– a través de los cuales transmite esa sensación de vacío y soledad que impregnan las páginas de un cómic que, como se dijo, pone de manifiesto que el matrimonio entre cómic y literatura canaria está resultando de momento muy bien avenido. Es una lástima que no se prodiguen más versiones, ni que otros editores apuesten por seguir explotando esta vía porque, estoy convencido, los resultados continuarán asombrando a los que conocen la novela como a los que no.

Esta es una de las grandezas de las novelas gráficas, y de un arte, el del cómic, que superó hace ya unos años aquellas esquizofrenia que hacia pensar que se trataba de una forma de creación dirigida a los más pequeños de la casa sin pensar que estos, los pequeños, algún día tendrían que crecer. A la espera que esta relación siga proporcionando tan buenos trabajos, lo que no ha sabido hacer el cine que se rueda en estas tierras, que continúa manteniendo distancia con su literatura sin haberse percatado que ahí está la fuente de inspiración de un cine en verdad preocupado por contar historias canarias con alcance universal. Pero es una apuesta imposible, ya que el sector cinematográfico al contrario que el comiquero, se ha acostumbrado a mirarse el ombligo y a huir de una tradición literaria que descubre no ya de donde venimos sino hacia donde deberíamos ir.

Saludos, es lo que hubo y es lo que hay, desde este lado del ordenador

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