
La historia de dos hombres que se aman pero a los que separa la guerra es el eje a través del que cual se articula La Última Frontera (Stefano, 2026), escrita por Luis Sala (Alicante, 2002), un escritor que pese a su juventud ha sabido transmitir con palabras la pasión de una relación que se da en tiempos tan revueltos como fueron el fin de la Guerra Civil y el inicio de la II Guerra Mundial. La línea temporal continúa hasta los años sesenta del pasado siglo XX, un ambicioso recorrido por un tiempo de ira y cólera, salpicado de personajes con dimensión de gigantes y otros mediocres y pequeños, que son siempre los peores.
- ¿La Última Frontera está inspirada en un hecho real?
“No es un hecho real. No creo que nadie pudiera soportar lo que les pasa a Pablo y Hugo a lo largo de la novela. Pienso, en todo caso, que la forma de contar esta historia, fue la de dar voz a dos personajes que pertenecen al colectivo LGTBI y que viven la caída de Cataluña durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial. La idea era que a través de ellos hablaran un número indeterminado de homosexuales que se encontraron en esa misma situación”.
- Pero cuando escribe la novela ¿tenía clara la historia que quería contar?
“Sí, sí, totalmente. Quería contar esta historia porque es una novela histórica, lo que la diferencia de mi novela anterior porque cuando estudias para escribir una novela actual o basada en tu experiencia, evitas la labor de búsqueda, de documentación que sí emprendí con La Última Frontera, en la que me empapé de unas épocas de las que llegué incluso a obsesionarme porque no puedo escribir algo que no me obsesione. Otra cosa es cuando se publica el libro, libro que has leído ya tantas veces para contrastar la información que te lo sabes de memoria. De todas formas, esta es la historia que quise contar. La novela es sobre dos personajes que se quieren, pero debido a la presión de la época y a la mirada que existía sobre su condición sexual son perseguidos en unos tiempos en los que Europa y el mundo están en plena convulsión”.
- La novela comienza al terminar la Guerra Civil española, y de ahí se pasa a una Europa en la que se instalan las dictaduras. ¿Por qué escogió a estos personajes y hace que se muevan justo en este periodo tan inquietante de la historia?
“El final de la Guerra Civil me parece un momento tremendo, es el final de algo que acaba y el comienzo de un proceso muy duro que implicó la persecución de parte de la población no solo por lo que pensaba sino también por lo que amaba. Es un periodo muy interesante que obligó a mucha gente a reinventarse. Creo que mis siguientes novelas continuarán investigando estos años porque 1938 y 1939 son literariamente muy agradecidos. La magnitud de la tragedia fue enorme porque al final se termina con un régimen de libertades para imponer uno de terror en España. Mucha gente se exilió y los que no se fueron, los que se quedaron, optaron por un exilio interior. Luego están los que se conocen como topos, gente que se ocultó en las paredes de sus casas y aguantaron hasta que mejoraron las cosas y a mí ese momento me da como la idea de construir historias. De rescatar esa memoria del exilio y contar cómo estas personas tuvieron que reinventarse. Está también el caso de los que llegaron a París y se toparon con el nazismo y los que lograron cruzar el océano para llegar a América”.
- Al margen del fin de la guerra y de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial me llama la atención la sexualidad de los protagonistas porque no encuentro, y es abundante la literatura que se ha escrito sobre la Guerra Civil y también de la Segunda Guerra Mundial, que se ocupe de la persecución y del asesinato que emprendieron los nazis con homosexuales y lesbianas.
“Creo que al final la magnitud de la tragedia hacia los judíos es tal que ya responde la pregunta aunque te confieso que es un asunto en el que no me gusta meterme porque es algo así como introducirte en tierras pantanosas. En todo caso, lo que pasa en la literatura es que la memoria LGTBI tampoco ha explorado lo suficiente este periodo de la historia pero se han escrito cosas en los últimos años como El barracón de las mujeres de Fermina Cañaveras, sobre las mujeres españolas que fueron prostituidas en los campos nazis porque en esos campos, algunos realmente grandes, contaron con prostíbulos pero no se había recogido la memoria de las mujeres españolas que fueron obligadas a trabajar en ellos. No se sabe exactamente el número, pero muchas personas del colectivo LGTBI fueron enviados a los campos y otros al frente. Ignoro la razón, pero no hay una novela o yo por lo menos no la conozco, en la que sus protagonistas sean homosexuales. Era un mundo muy loco. Sin embargo, esa tendencia a silenciar a ciertos colectivos se está terminando, lo que explica que se publiquen ahora novelas que los visibilizan prácticamente a todos”.
- Hubo algún capítulo del libro que le resultara especialmente difícil de escribir?
“Cuando estás escribiendo una novela los personajes los sientes propios pero cuando se publica ya no son tuyos sino de los lectores. En la novela está documentado por supuesto todo el horror de la guerra pero lees las cartas de Leo Classen, que sobrevivió a uno de los campos de exterminio, y a las torturas a las que fue sometido y cuando lees que llevar un triángulo rosa le hacía públicamente homosexual, entiendes que fuera más vulnerable incluso entre la población reclusa y reflejar esas sensaciones en las novela me resultó muy difícil. En el libro, uno de los personajes termina en la Unión Soviética y allí el ambiente también es represor con los homosexuales. A mi me pareció muy difícil contar lo terrible que debe ser salir de una dictadura nazi para caer en otra comunista y darte cuenta que al final los extremos se tocan”.
- Los protagonistas de la novela son la pareja que forman Hugo y Pablo pero hay una serie de personajes que orbitan a su alrededor. ¿Tiene alguno de los que se sienta especialmente satisfecho?
“La novela atraviesa muchas épocas, años y escenarios pero a mí me gusta bastante el personaje de Carmen, que es la abuela de Hugo y por la que ellos consiguen salir adelante. Mucha gente lo perdió todo en la guerra, tuvo que vender lo que tenía y buscar comida donde no la había. Así que la imagen de esa mujer catalana que quiere salvar a su nieto me procuró ternura. Hay otros personajes, como unas bailarinas que también me generaron mucho cariño por su juventud y a las que ponen a hacer otra cosa para que resultaran útil a la revolución”.
- ¿La Última Frontera?
“Es por ese muro que recorrió Europa y que se materializa en Berlín. Para mi representa además una frontera que separa amar o no a alguien porque la novela habla sobre todo del amor y del recuerdo o sea, del recuerdo para poder salvarte en ese momento en el que estás cautivo por el peso la historia, de la historia con mayúsculas. A mi me queda la inquietud de que todo esto se pueda repetir porque sin bien vivimos en contextos que son radicalmente distintos, tengo la sensación de que evolucionamos muy lentamente nuestra manera de pensar. Los pensamientos se han radicalizado y eso es un problema porque al final cuando todo está muy opuesto la polarización tiende a generar situaciones muy violentas. La polarización muchas veces trae violencia y situaciones muy difíciles de evitar”.

- Antes me comentaba que regresará a la novela histórica.
“Sí, sigo escribiendo y documentándome que es lo que más me gusta y volveré a la novela histórica porque me da para poder crear situaciones más que íntimas, de amor, en marcos a veces muy extremos”.
- Y que las ambientaría en el mismo momento histórico en el que transcurre La última frontera.
“Me parece un momento muy atractivo para contar una historia. A principios de 1939 la II República se da cuenta que se acaba y que ya no hay forma de resistir porque se han agotado las vías y los apoyos internacionales. Es un periodo muy interesante, rescatar la memoria del exilio, de los que tuvieron que irse para sobrevivir y cuya vida cambió radicalmente a partir de entonces”.
- ¿Y cuál es su proceso de creación literaria?
“Soy muy desordenado y no tengo tiempo para escribir pero voy desarrollando la historia conforme voy sintiendo que tiene sentido aunque a veces terminas por borrarlo y vuelves a escribirla pero la historia la voy componiendo conforme me va un poco llamando la atención y tiene sentido que pase porque no tengo un manual que me diga hazlo así, no tengo una escaleta ni una guía de los personajes. Los personajes en todo caso se van tropezando con los protagonistas y es bonito que sea así porque al final es como ir creando”.
- Usted estudió diseño.
“Estudié diseño porque siempre me ha interesado la moda pero no me gustaba cortar patrones, me iba más el lado de las bellas artes pero la parte de la escritura me viene porque soy lector desde pequeño”.
- Además de La Última Frontera tiene dos libros más.
“ No, este es el cuarto porque todo empezó con Vestidos Soñados que es una retrospectiva de la moda española y luego llegaron Supermodelos, en la que cuento historias de las supermodelos de los 90 españolas y Sobre nosotros, que fue mi primera novela”.
- Los protagonistas de esta novela son homosexuales como los de La Última Frontera, aunque el periodo histórico es muy diferente. ¿Dónde se sintió más cómodo, recreando un momento histórico que no vivió o uno que sí ha vivido?
“Para mí escribir una novela que se desarrolla en los tiempos actuales es mucho más fácil, pero la labor de investigación es necesaria también. Es verdad que la parte histórica me ha gustado mucho, porque es muy enriquecedora ya que al final aprendes cuando te estás documentando. Escribir este libro fue un reto”.
- ¿Es La Última Frontera una novela escrita con rabia?
“No, y eso que los personajes pasan por un calvario pero más que escrita con rabia está escrita con ganas de denuncia y de reivindicar la vida. A mi me parece muy fuerte que en el siglo XXI no contemos con más testimonios del triángulo rosa porque no hubo interés por contar su historia, y eso sí que me genera mucha rabia y desesperación”.
- ¿Qué fue lo que le resultó más difícil cuando escribía la novela?, ¿la ambientación histórica?
“Creo que lo más difícil es intentar recrear la época con la mayor exactitud. En mi caso, al menos, fue intentar ser lo más exacto posible con el momento en que estaba contándola. Y diría que más que los personajes. La novela retrata una Barcelona al final de la guerra que no aguanta más, y París con la llegada los alemanes. Después los campos de concentración y exterminio. Contar la historia de ese momento es lo que me ha resultado más difícil”.