Archive for Mayo, 2026

El príncipe lagarto, una novela de Marcos Dosantos

Jueves, Mayo 14th, 2026

El príncipe lagarto (Plasson & Bartleboom, 2026) es la primera novela que leo de Marcos Dosantos, relativamente conocido en el mundo de las letras por ser el escribidor de las memorias de la activista transexual Carla Antonelli, que publicó Plaza & Janés hace dos años y que tuvieron un buen recibimiento. Dosantos es autor además de Cuaderno del Subrópico Norte y colaboró en la antología Te pondrán flores en el estómago. Con El príncipe lagarto propone una delirante fábula me temo que sin moraleja alguna que comienza muy bien pero que termina de forma irregular y demasiado precipitada.

Más próxima a esa literatura excéntrica que en su día cultivaron cineastas como Ed Wood y Pedro Almodóvar con títulos como La drag asesina y Patty Difusa y otros relatos, respectivamente, que a los cuentos de autores del calibre de Hector Hugh Munro (Saki) e incluso Raúl Damonte (Copi), a este último se le menciona en la contraportada junto a Terenci Moix, la novela de Marcos Dosantos es bastante irregular. Es probable que recibiera esta sensación porque lo escrito me parece demasiado improvisado, y esa improvisación lo arrastra a unos callejones donde no termina de salir como entiendo que tenía que haber salido el puñado de ideas, algunas muy interesantes, que dispersa en el texto.

La novela tiene un comienzo potente: la historia de un joven que trabaja como camarero en un bar donde comete un error de incalculables consecuencias, aunque es ese error, precisamente, la primera piedra de una historia que a partir de entonces no sabe que rumbo tomar.

El protagonista al que bañan las luces de neón es Rayco Bethancourt, “migrante y actor”, que trabaja como buenamente puede y con un salario miserable en la ciudad de Gara, una suerte de gran capital, una especie de Madrid ficticio. Ah, ese Madrid que dejó de serlo hace tiempo aunque es verdad que respiró en un lejano pasado un sabor loco y febril que Dosantos intenta representar en este frenético a ratos, viaje al fin de la noche aunque su trayecto no resulte ni tan loco ni tan cómico aunque es verdad que deja cierto regusto amargo, cierta sensación de fracaso que arrastra su protagonista, un tipo que “más allá del espejo roñoso me hice puma de provincia resuelto y radiante. Un amigo al que acudir, un actor al que acariciar. Y un camarero lleno de rencor”.

La novela está estructurada en tres partes (Crimen, El Disparate y El Abismo son sus títulos), de la que la primera me parece la mejor. Quizá porque el personaje calienta motores y cuando parte de la salida, uno espera un recorrido mucho más intenso, polémico y provocador pero por desgracia no se produce ni una cosa ni la otra. Es como si Dosantos hubiera preferido coger por el camino de en medio, sumergiéndose a continuación en un proceso electoral en el que las distintas fuerzas políticas que concurren llevan el nombre de Pasado y Futuro. No es difícil imaginarse quiénes son los conservadores y los progresistas pero lo que parece que se va a convertir en una sátira política no está bien armada, así que el castillo organizado se desmorona con facilidad al no contar con elementos que lo sujeten para darle una agradecida consistencia.

Con todo, ya digo que la primera parte me ha parecido brillante y divertida, sobre todo porque soy muy agradecido con las novelas y cuentos que me hacen si no reír, sí al menos sonreír. Y algo de esto me pasa con El príncipe lagarto aunque a la larga su mayor lastre sea que quiere, y lo es demasiado, frívola y tontorrona. Si el escritor no hubiera escogido ese lado, el de la frivolidad pura y dura, la novela hubiera resultado más auténtica, y más cercana al universo de Saki y Copi que al de Almodóvar y Ed Wood, pero otra vez será si el próximo itinerario literario de Marcos Dosantos declina en una nueva novela cuyo objetivo sea ir por otros derroteros. De momento, y el que propone en El príncipe lagarto a mi no me termina de convencer. Y eso que algunas risas no sonrisas solté con muchas de sus páginas, el primer plato de una odisea que lamentablemente se perdió al escuchar sus cantos de sirenas.

La lecturas de la novela es sencilla ya que está escrita sin alharacas experimentales, pero le falta sustancia y sobre todo colmillo si lo que pretendía era dibujar un retrato distorsionado de nuestra cada día más lamentable clase política. Al margen de estos errores, conscientes o no eso solo lo sabe el autor, la novela se lee pero no incomoda, cuando debería de haber incomodado o por lo menos cargar las tintas sobre un proceso electoral y lo que conlleva de carrera de ratas que emprenden los partidos con ojo más demoledoramente crítico. Pero Marcos Dosantos prefiere la sátira sin hacer sangre y la parodia antes que el humor con todas sus letras.
Con todo, quedo a la espera de nuevos trabajos del autor ya que me interesa una mirada narrativa que detecto en algunas de las páginas de un libro que quiere ser libre pero que termina encadenado a sus contradicciones.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

José Luis Correa recupera al detective Ricardo Blanco en El suicida más hermoso del mundo

Miércoles, Mayo 13th, 2026

Este miércoles, 13 de mayo, llega a librerías la última novela de la saga que protagoniza el pachorrón detective privado grancanario Ricardo Blanco, de José Luis Correa. Lleva el título de El suicida más hermoso del mundo y publica como las anteriores Alba, que cambia en 2026 la fecha de las apariciones de cada una de estas entregas ya que la última, la que apareció en 2025, El bebedor de coñac, se encontraba en librerías recién iniciado el año, enero.

La que es la decimosexta entrega de la serie Ricardo Blanco comienza “con una muerte extraña, más chocante esta vez porque se trata del supuesto suicidio de un empresario exitoso al que el viento parece favorecer”. A partir de ahí, cuando a Blanco le encargan investigar el caso, se desata un infierno de amenazas, intrigas y cadáveres que lo enredan todo. “El detective recorre calles y rincones de su ciudad y su isla para acabar topando con una caterva de hampones para quienes la vida, sobre todo la de los demás, no vale un céntimo”.

Una nota de la editorial asegura que con esta novela regresa un José Luis Correa en su versión más negra, “sin olvidar lo que el propio escritor considera innegociable: el estilo. Los lectores de sus novelas reconocerán pronto esa forma tan plástica, por lírica, de narrar y esa socarronería que lo impregna todo y que ha hecho del lenguaje la marca de agua del autor canario”.

Saludos, a esperar entonces, desde este lado del ordenador

Lo que queda de Scorpio, el último vídeo club de Tenerife

Martes, Mayo 12th, 2026

Llevaba casi cuarenta años abierto en la calle de Álvarez de Lugo de la capital tinerfeña, y disfrutó de unos gloriosos días de vino y rosas cuando el vídeo doméstico llegó a casi todos los hogares españoles y por extensión de Canarias. Cuando desembarcaron los vídeo club los agoreros que nunca faltan comenzaron a decir que significaba el fin de las salas de cine tradicionales pero las salas de cine tradicionales se adaptaron a las circunstancias convirtiéndose en multicines. El primero que llegó a mi ciudad fue Los Oscars, salas que en aquel entonces parecían de ciencia ficción, por lo moderno que era todo y porque en un solo espacio podías acceder a cuatro salas que proyectaban cuatro películas diferentes.

Estaba la grande, que no recuerdo ahora si era la 3, y la más pequeña, que no recuero ahora si era la 4. Las butacas de cada una de ellas eran, además, de colores diferentes: rojo, azul, verde, marrón o canelo como decimos por aquí… Allí vi, entre otras, Viaje al fondo la mente, una de Ken Russell muy looooca como todas las de Russell; Stars Wars. Episodio VI. El retorno del Jedi, de un cineasta al que le tenía cierta estima, Richard Marquand, y que vi muy emocionado porque resolvía las incógnitas del Imperio Contraataca, pero que me dejó congelado en la butaca porque aquello era espectáculo infantil, para los más pequeños (los dichosos ewok); Excalibur, de John Boorman, que si ya era un director al que seguía con devoción de cartujo, amé y amé por iniciarme en el ciclo artúrico y educarme en el noble arte de la caballería y la comedia Besos para todos, de Jaime Chávarri, no porque fuera una gran película, que no lo es, sino porque fui con mi madre. La película estaba rodada en Cádiz, y mi santa madre santa era gaditana, así que todavía me emociono cuando pienso en aquella sesión que para mi tiene un enorme valor sentimental…

El caso es que los video clubs no acabaron con los cines, lo que acabaría con el cine y los video clubes vendría mucho años después con ese artefacto llamado plataforma. Este que ahora les escribe iba al cine cuatro o cinco veces por semana pero desde que se alejaron del centro, buscaron cobijo en los centros comerciales, subieron espectacularmente el precio de las entradas y las películas que veía dentro de ellas no merecían ya tremendo gasto, dejé de asistir para refugiarme en casa y convertirme a la secta de Netflix y compañía. De tanto en tanto, no obstante, sí que iba a los vídeo clubes aunque cada vez quedaban menos en mi pueblo.

Recuerdo Cuencos y más tarde los impersonales Blockbuster, que llegaron para comérserlo todo y al final no pudieron con el vídeo club que se encontraba en la otra esquina… Pero se notaba la crisis. Y fueron cerrando en cadena, unas tras otros aunque como en las historietas de Astérix permanecía uno abierto contra viento y marea. Un vídeo club que se reía de los muilticines, de las plataformas y de lo que fuera si fuese. Ese vídeo club fue Scorpio, al frente de un empresario incombustible y con visión, Agustín García Sicilia que siguió al frente de la nave después del confinamiento, y continuó sorteando tempestades hasta el años pasado y este que todavía no ha llegado a su meridiano.

Oficialmente, Scorpio dejó de operar este 2026 desgraciado por muchas cosas, así que entrar en el local ayer lunes, 11 de mayo, y verlo vacío salvo una estantería con los últimos vídeo que quedan tras la limpia del local y que Agustín espera liquidar, y una rebobina que si tiene valor, es un valor sentimental para los que conocieron el celuloide, entrar en lo que fue el vídeo club es como acceder a un espacio ya moribundo de tu niñez al que le han quitado todo lo que recuerdas que te formó como persona. La sensación no fue la misma, claro está, pero casi se pareció a ese penoso vacío que me entró en el alma cuando vaciamos la casa de mis padres tras el tristísimo fallecimiento de mi madre. Donde antes hubo muebles, cuadros colgando en las paredes, alfombras y moquetas, ahora no quedaba nada. En Scorpio no queda ahora tampoco nada salvo esas estantería y la rebobinadora. Un espectáculo que da congoja, en especial porque lo conociste cuando vivió sus años de esplendor.

Caminé de un lado a otro. Entré incluso en la oficina de Agustín que era su centro de mando, y en donde manejaba un negocio que durante casi cuarenta años repartió cine del bueno como del malo. Donde aguantó también monólogos de cinéfilos solitarios como charlas de cine sin prejuicios intelectuales. Ratos de un vìdeo club que, como diría el Nexus 6, ahora se pierden como lágrimas en la lluvia.

Les dejo un puñado de fotografías de un local tan especial para quien ahora les escribe. Paredes vacías, suelo ajedrezado, puertas que ya no van a ninguna parte. Saludo a Agustín, que es quien me permite que saque estas imágenes, y salgo a la calle de Álvarez de Lugo con ese hueco grande que antes intenté explicarles. Cosas de dinosaurio, pienso mientras cruzo. Fin de un tiempo, The End que aparecería en una película de habla inglesa.

¡Ah, la puta nostalgia!, esa nostalgia que a mi no me parece un error.

Saludos, koniec, desde este lado del ordenador

GALERÍA

La novela ‘tinerfeña’ de Vicente Blasco Ibáñez que se adelantó a la polémica del MV Hondius

Lunes, Mayo 11th, 2026

“Tenerife. Miró Fernando por entre las cortinillas, y sólo vio un mar azul y tranquilo: las aguas unidas y luminosas de una bahía en calma. La tierra estaba al otro costado del buque. Y como conocía la isla, por haber bajado a ella en anteriores navegaciones, volvió a acostarse para gozar despierto del regodeo de la pereza, mientras en los camarotes inmediatos chocaban puertas, se cruzaban llamamientos en distintos idiomas, y sonaba en los corredores un trote de gentes apresuradas, atraídas por el encanto de la tierra nueva.”

Los argonautas, una novela de Vicente Blasco Ibáñez

La polémica desatada estas últimas semanas con el MV Hondius, el crucero de bandera holandesa fondeado en el puerto de Granadilla, Tenerife con varios pasajeros infectados de hantavirus, y que ya ha causado la muerte de tres de ellos, me hizo recordar lecturas que más allá de El barco de las ratas, del hoy noticioso muy a su pesar Alberto Vázquez Figueroa por ese disparate que pretende el Cabildo de Tenerife de hacerle entrega de la Medalla de Oro de la Isla ¿por los servicios prestados a nuestro querido pero sin embargo maltratado País canario?) y Epidemia a bordo, que forma parte de la colección Episodios insulares y que firma Mercedes Arocha hace necesario recuperar una novela que a mi, personalmente, me parece un clásico que encaja mucho mejor con la triste actualidad que nos ocupa (al margen de las acusaciones que se cruzan el Gobierno central con el canario y viceversa) y que escribió el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez con el título de Los argonautas (1914), una historia que cuenta además con algunas de las más hermosas descripciones que, literariamente, se han hecho de la capital tinerfeña hasta la fecha.

La historia es el relato de un grupo de pasajeros encerrados por cuarentena en un trasatlántico que fondea frente al puerto de la capital de la isla, y navío que a modo de microcosmos emplea el autor de Cañas y Barro para presentar a una galería de personajes –multimillonarios europeos y nuevos ricos americanos, emigrantes italianos y españoles– que se mueven arrastrados por folletinescas ambiciones y anhelos.

Domingo Pérez Minik, un entusiasta de la obra de Blasco Ibáñez, a quien apodaban el comecuras, escribe en Blasco Ibáñez no ha llegado al valle de Josafat, texto incluido en su Entrada y salida de viajeros: “la gente que ha vivido a orillas de este puerto de Santa Cruz de Tenerife estaremos en deuda con Vicente Blasco Ibáñez”.

En deuda, matiza Pérez Minik, precisamente por la colorida descripción que hace de la vida del puerto de la capital tinerfeña apenas iniciado el siglo XX:

“Alzaba la isla en el fondo su escalonamiento de montañas volcánicas, con cuadriláteros de tierra cultivada moteados de blancas casitas. En la parte inferior, junto a la masa azul del mar, extendían las fortificaciones españolas sus viejos baluartes, rematados los ángulos por garitas salientes de piedra. La ciudad era de color rosa, y sobre ella se erguían los campanarios de varias iglesias con cúpulas de azulejos. Cuatro torres radiográficas marcaban en el espacio las líneas de su cuerpo casi inmaterial, dejando ver el cielo a través del férreo tramaje.

Más arriba de la ciudad, en una arruga de la montaña, ondeaba la bandera de un castillo moderno: un hotel elegante al que venían a respirar los tísicos septentrionales. Entre el muelle y el trasatlántico, un anchuroso espacio de bahía con gabarras chatas para el transporte del carbón abandonadas sobre su amarre y cabeceando en la soledad; vapores de diversas banderas, en torno de cuyos flancos agitábase el movimiento de la carga con chirridos de grúas y hormigueo de embarcaciones menores; veleros de carena verde, que parecían muertos, sin un hombre en la cubierta, tendiendo en el espacio los brazos esqueléticos de sus arboladuras; rugidos de sirenas anunciaban una partida próxima y otros rugidos avisaban desde el fondo del horizonte la inmediata llegada; banderas belgas que en lo alto de un mástil iban a las desembocaduras del Congo; proas inglesas que venían del Cabo o torcían el rumbo hacia las Antillas y el golfo de Méjico; buques de todas las nacionalidades que marchaban en línea recta hacia el Sur, en busca de las costas del Brasil y las repúblicas del Plata; cascos de cinco palos descansando en espera de órdenes, de vuelta de la China, el Indostán o Australia; vapores de pabellón tricolor en ruta hacia los puertos africanos de la Francia colonial; goletas españolas dedicadas al cabotaje del archipiélago canario y las escalas de Marruecos.”

Pérez Minik se pregunta, como nosotros, las razones por las que Blasco Ibáñez continúa considerándose en España “un mediano narrador regionalista, mientras que Baroja, Pérez de Ayala o Zunzunegui, por citar tres ejemplos indiscriminados, adquieren una valoración extraordinaria”.

Y es probable, añadimos, que por ser un tipo cuyos libros interesaron más allá de un país que está acostumbrado a humillarse a sí mismo. Y lo que es peor, a humillar (como ha pasado estos días con Canarias) a sus regiones ultraperiféricas, como maltrata una madre a su hijo menos deseado.

Las novelas Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Rex Ingram, 1921) y Sangre y arena (Fred Niblo, 1922) contribuyeron al estrellato de su protagonista, Rodolfo Valentino, dos historias que han contado con otras versiones cinematográficas que reflejan con mejor o peor fortuna el espíritu internacional que tuvieron las novelas del celebrado escritor valenciano.

Escribe Pérez Minik: “No sabemos exactamente cuál fue el motivo de su fama internacional, ya bien asentada antes de las películas de algunas de sus novelas; si la representación de una España distinta de los otros países europeos, que hay que reconocer no se les ofreció nunca como una España de pandereta, si sus personales valores de escritor progresista que sabía mezclar trágicamente arte y política, o si el mensaje de su creación fue de tal naturaleza que supo elevar el provincianismo nacional a una escala media de valores, inteligible para todo el mundo, incluso para las clases más humildes. Este valor medio o popular ha sido en toda ocasión la brecha por donde le atacaron todos sus enemigos, los hidalgos, los popes, los señoritos de nuestra historia literaria. Porque en este aspecto de nuestra vida intelectual también ha habido castas.”

Lo que no resuelve, pero sí hace más atractivo, el enigma Vicente Blasco Ibáñez, quien describe con palabras en Los Argonautas este bello retrato de Tenerife:

“La isla, risueña e indolente en mitad de la encrucijada de los grandes caminos que llevan a África y América, parecía contemplar impasible este movimiento de la navegación mundial, mientras proporcionaba por unas horas el alimento negro del carbón a los organismos humeantes, que llegaban y partían sin conocerla; festoneada en su costa por una áspera flota de chumberas y pitas; guardando tras las volcánicas montañas de su litoral el secreto de sus ocultos valles tropicales; escalando el cielo con una sucesión de cumbres sobre las cuales flotaban las blancas vedijas de las nubes, y ostentando sobre esta masa de vellones el pico del Teide, un casquete cónico estriado de nieves, que era como la borla o botón de este inmenso solideo de tierra emergido del Océano.”

Saludos, he dicho, desde este lado del ordenador

Luis Sala: “No puedo escribir algo que no me obsesione”

Jueves, Mayo 7th, 2026

La historia de dos hombres que se aman pero a los que separa la guerra es el eje a través del que cual se articula La Última Frontera (Stefano, 2026), escrita por Luis Sala (Alicante, 2002), un escritor que pese a su juventud ha sabido transmitir con palabras la pasión de una relación que se da en tiempos tan revueltos como fueron el fin de la Guerra Civil y el inicio de la II Guerra Mundial. La línea temporal continúa hasta los años sesenta del pasado siglo XX, un ambicioso recorrido por un tiempo de ira y cólera, salpicado de personajes con dimensión de gigantes y otros mediocres y pequeños, que son siempre los peores.

- ¿La Última Frontera está inspirada en un hecho real?

“No es un hecho real. No creo que nadie pudiera soportar lo que les pasa a Pablo y Hugo a lo largo de la novela. Pienso, en todo caso, que la forma de contar esta historia, fue la de dar voz a dos personajes que pertenecen al colectivo LGTBI y que viven la caída de Cataluña durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial. La idea era que a través de ellos hablaran un número indeterminado de homosexuales que se encontraron en esa misma situación”. 

- Pero cuando escribe la novela ¿tenía clara la historia que quería contar?

“Sí, sí, totalmente. Quería contar esta historia porque es una novela histórica, lo que la diferencia de mi novela anterior porque cuando estudias para escribir una novela actual o basada en tu experiencia, evitas la labor de búsqueda, de documentación que sí emprendí con La Última Frontera, en la que me empapé de unas épocas de las que llegué incluso a obsesionarme porque no puedo escribir algo que no me obsesione. Otra cosa es cuando se publica el libro, libro que has leído ya tantas veces para contrastar la información que te lo sabes de memoria. De todas formas, esta es la historia que quise contar. La novela es sobre dos personajes que se quieren, pero debido a la presión de la época y a la mirada que existía sobre su condición sexual son perseguidos en unos tiempos en los que Europa y el mundo están en plena convulsión”. 

- La novela comienza al terminar la Guerra Civil española, y de ahí se pasa a una Europa en la que se instalan las dictaduras. ¿Por qué escogió a estos personajes y hace que se muevan justo en este periodo tan inquietante de la historia?

“El final de la Guerra Civil me parece un momento tremendo, es el final de algo que acaba y el comienzo de un proceso muy duro que implicó la persecución de parte de la población no solo por lo que pensaba sino también por lo que amaba. Es un periodo muy interesante que obligó a mucha gente a reinventarse. Creo que mis siguientes novelas continuarán investigando estos años porque 1938 y 1939 son literariamente muy agradecidos. La magnitud de la tragedia fue enorme porque al final se termina con un régimen de libertades para imponer uno de terror en España. Mucha gente se exilió y los que no se fueron, los que se quedaron, optaron por un exilio interior. Luego están los que se conocen como topos, gente que se ocultó en las paredes de sus casas y aguantaron hasta que mejoraron las cosas y a mí ese momento me da como la idea de construir historias. De rescatar esa memoria del exilio y contar cómo estas personas tuvieron que reinventarse. Está también el caso de los que llegaron a París y se toparon con el nazismo y los que lograron cruzar el océano para llegar a América”.

- Al margen del fin de la guerra y de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial me llama la atención la sexualidad de los protagonistas porque no encuentro, y es abundante la literatura que se ha escrito sobre la Guerra Civil y también de la Segunda Guerra Mundial, que se ocupe de la persecución y del asesinato que emprendieron los nazis con homosexuales y lesbianas.

“Creo que al final la magnitud de la tragedia hacia los judíos es tal que ya responde la pregunta aunque te confieso que es un asunto en el que no me gusta meterme porque es algo así como introducirte en tierras pantanosas. En todo caso, lo que pasa en la literatura es que la memoria LGTBI tampoco ha explorado lo suficiente este periodo de la historia pero se han escrito cosas en los últimos años como El barracón de las mujeres de Fermina Cañaveras, sobre las mujeres españolas que fueron prostituidas en los campos nazis porque en esos campos, algunos realmente grandes, contaron con prostíbulos pero no se había recogido la memoria de las mujeres españolas que fueron obligadas a trabajar en ellos. No se sabe exactamente el número, pero muchas personas del colectivo LGTBI fueron enviados a los campos y otros al frente. Ignoro la razón, pero no hay una novela o yo por lo menos no la conozco, en la que sus protagonistas sean homosexuales. Era un mundo muy loco. Sin embargo, esa tendencia a silenciar a ciertos colectivos se está terminando, lo que explica que se publiquen ahora novelas que los visibilizan prácticamente a todos”.

- Hubo algún capítulo del libro que le resultara especialmente difícil de escribir?

“Cuando estás escribiendo una novela los personajes los sientes propios pero cuando se publica ya no son tuyos sino de los lectores. En la novela está documentado por supuesto todo el horror de la guerra pero lees las cartas de Leo Classen, que sobrevivió a uno de los campos de exterminio, y a las torturas a las que fue sometido y cuando lees que llevar un triángulo rosa le hacía públicamente homosexual, entiendes que fuera más vulnerable incluso entre la población reclusa y reflejar esas sensaciones en las novela me resultó muy difícil. En el libro, uno de los personajes termina en la Unión Soviética y allí el ambiente también es represor con los homosexuales. A mi me pareció muy difícil contar lo terrible que debe ser salir de una dictadura nazi para caer en otra comunista y darte cuenta que al final los extremos se tocan”.

- Los protagonistas de la novela son la pareja que forman Hugo y Pablo pero hay una serie de personajes que orbitan a su alrededor. ¿Tiene alguno de los que se sienta especialmente satisfecho?

“La novela atraviesa muchas épocas, años y escenarios pero a mí me gusta bastante el personaje de Carmen, que es la abuela de Hugo y por la que ellos consiguen salir adelante. Mucha gente lo perdió todo en la guerra, tuvo que vender lo que tenía y buscar comida donde no la había. Así que la imagen de esa mujer catalana que quiere salvar a su nieto me procuró ternura. Hay otros personajes, como unas bailarinas que también me generaron mucho cariño por su juventud y a las que ponen a hacer otra cosa para que resultaran útil a la revolución”.

- ¿La Última Frontera?

“Es por ese muro que recorrió Europa y que se materializa en Berlín. Para mi representa además una frontera que separa amar o no a alguien porque la novela habla sobre todo del amor y del recuerdo o sea, del recuerdo para poder salvarte en ese momento en el que estás cautivo por el peso la historia, de la historia con mayúsculas. A mi me queda la inquietud de que todo esto se pueda repetir porque sin bien vivimos en contextos que son radicalmente distintos, tengo la sensación de que evolucionamos muy lentamente nuestra manera de pensar. Los pensamientos se han radicalizado y eso es un problema porque al final cuando todo está muy opuesto la polarización tiende a generar situaciones muy violentas. La polarización muchas veces trae violencia y situaciones muy difíciles de evitar”.

- Antes me comentaba que regresará a la novela histórica.

“Sí, sigo escribiendo y documentándome que es lo que más me gusta y volveré a la novela histórica porque me da para poder crear situaciones más que íntimas, de amor, en marcos a veces muy extremos”.

- Y que las ambientaría en el mismo momento histórico en el que transcurre La última frontera.

“Me parece un momento muy atractivo para contar una historia. A principios de 1939 la II República se da cuenta que se acaba y que ya no hay forma de resistir porque se han agotado las vías y los apoyos internacionales. Es un periodo muy interesante, rescatar la memoria del exilio, de los que tuvieron que irse para sobrevivir y cuya vida cambió radicalmente a partir de entonces”.

- ¿Y cuál es su proceso de creación literaria?

“Soy muy desordenado y no tengo tiempo para escribir pero voy desarrollando la historia conforme voy sintiendo que tiene sentido aunque a veces terminas por borrarlo y vuelves a escribirla pero la historia la voy componiendo conforme me va un poco llamando la atención y tiene sentido que pase porque no tengo un manual que me diga hazlo así, no tengo una escaleta ni una guía de los personajes. Los personajes en todo caso se van tropezando con los protagonistas y es bonito que sea así porque al final es como ir creando”.

- Usted estudió diseño.

“Estudié diseño porque siempre me ha interesado la moda pero no me gustaba cortar patrones, me iba más el lado de las bellas artes pero la parte de la escritura me viene porque soy lector desde pequeño”.

- Además de La Última Frontera tiene dos libros más.

“ No, este es el cuarto porque todo empezó con Vestidos Soñados que es una retrospectiva de la moda española y luego llegaron Supermodelos, en la que cuento historias de las supermodelos de los 90 españolas y Sobre nosotros, que fue mi primera novela”.

- Los protagonistas de esta novela son homosexuales como los de La Última Frontera, aunque el periodo histórico es muy diferente. ¿Dónde se sintió más cómodo, recreando un momento histórico que no vivió o uno que sí ha vivido?

“Para mí escribir una novela que se desarrolla en los tiempos actuales es mucho más fácil, pero la labor de investigación es necesaria también. Es verdad que la parte histórica me ha gustado mucho, porque es muy enriquecedora ya que al final aprendes cuando te estás documentando. Escribir este libro fue un reto”.

- ¿Es La Última Frontera una novela escrita con rabia?

“No, y eso que los personajes pasan por un calvario pero más que escrita con rabia está escrita con ganas de denuncia y de reivindicar la vida. A mi me parece muy fuerte que en el siglo XXI no contemos con más testimonios del triángulo rosa porque no hubo interés por contar su historia, y eso sí que me genera mucha rabia y desesperación”.

- ¿Qué fue lo que le resultó más difícil cuando escribía la novela?, ¿la ambientación histórica?

“Creo que lo más difícil es intentar recrear la época con la mayor exactitud. En mi caso, al menos, fue intentar ser lo más exacto posible con el momento en que estaba contándola. Y diría que más que los personajes. La novela retrata una Barcelona al final de la guerra que no aguanta más, y París con la llegada los alemanes. Después los campos de concentración y exterminio. Contar la historia de ese momento es lo que me ha resultado más difícil”.

Ocho miembros de la Junta de Gobierno del Círculo de Bellas Artes de Tenerife dimiten por diferencias con su presidente e instan a que se convoquen elecciones

Martes, Mayo 5th, 2026

No, las cosas no andan bien en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife aunque esta realidad no la admita su actual presidente, José Jiménez Valladares. Dicen sus próximos que se trata de un tipo que mira hacia arriba y no hacia abajo, que es donde pisa. Desde aquellas elecciones (abril de 2024) en la que la lista de Nuevo Círculo se hizo contra todo pronóstico con la dirección por un estrecho margen de votos ante la que defendía Dulce Xerach Pérez, todo parecía ir sobre ruedas pese a que nadie quisiera percatarse de las señales de alerta. Por delante, un futuro lleno de ilusiones hoy perdidas, y una serie de retos entre los que se incluía dar contenidos a la costosa reinauguración de la sede y diseñar una programación de actividades para celebrar el centenario de la sociedad en 2025.

Pero algo pasaba y pasa. De la candidatura inicial, integrada por diez personas en abril de 2024, renunciaron primero a formar parte de la Junta de Gobierno tres de sus miembros (Román Hernández, Sira García y Alfonso García, que además era vicepresidente 2°) aunque aún así se conservaba la mayoría al contar con siete integrantes, lo que garantizaba que la dirección continuara funcionando y procediera a reponer con nuevos candidatos los tres huecos dejados. Así que se procedió a una reestructuración y se incorporaron Lola Camprubí, que pasó a ser tesorera, y Ricardo del Castillo, vocal. La Junta contaba ahora con nueve personas aunque a lo largo del año pasado dimitieron Ricardo del Castillo, Celestino Hernández, Isabel Genovard, Lola Camprubí y Blanca Carnicero, cinco personas que con los tres anteriores suman un total de ocho individuos.

El 22 de diciembre de 2025, transcurrido tan solo un año y medio desde su elección, la Junta de Gobierno del Círculo de Bellas Artes quedó solo con cuatro personas: José Valladares, presidente, Samuel Cabrera, vicepresidente 1°, María José Peraza, secretaria, y Ana Isabel Lorca, que había pasado de tesorera a vicepresidente 2º. Es decir, que “de las doce personas que formaron parte de la Junta –diez iniciales más dos incorporaciones por sustituciones–, ocho son los que han salido voluntariamente. El 66,66 por ciento en tan solo un año y medio”, informan fuentes cercanas al caso.

Esto ha generado que la Junta de Gobierno se haya quedado sin posibilidad de reconstrucción y por consiguiente abocada a convocar elecciones, como señala el Articulo 23 c) , que especifica que los cargos directivos serán elegidos entre los asociados mediante sufragio libre, directo y secreto y que se procederá a la convocatoria de elecciones en caso del cese de la mayoría de los miembros de la Junta Directiva, que es lo que ha ocurrido.

Esta espantada la explican los dimisionarios al considerar que “el devenir del funcionamiento interno de la Junta se ha alejado progresivamente de los principios” por los que apostaron formar parte de su equipo , lo que deja a la actual en clara minoría, lo que afecta a su capacidad operativa ya que solo puede gestionar asuntos ordinarios y urgentes, pero no asumir decisiones estratégicas. Los estatutos del Círculo son claros al respecto.

Para empeorar la situación de la actual y reducida Junta de Gobierno, las vacantes no pueden cubrirse a dedo porque vulneraría la democracia interna de la institución y la Ley Orgánica 1/2002, por lo que para poner fin a esta situación se tiene que convocar una Asamblea General Extraordinaria ya que es la única vía posible para restablecer “la totalidad de los órganos de gobierno”.

Los afectados explican en una carta dirigida al presidente y a los socios y socias del Círculo de Bellas Artes de Tenerife las razones de su dimisión. Por un lado, lamentan la dificultad en el ejercicio de sus funciones, lo que ha reducido que se desarrolle un trabajo colegiado en condiciones de “respeto mutuo”. Y critican su preocupación “por la total falta de transparencia en la toma de decisiones”. En especial en lo relativo a la planificación y ejecución de las actividades culturales desde el inicio de este mandato.

En este aspecto, y es significativo, denuncian la ausencia de mecanismos participativos destinados a la creación de secciones o comisiones que permitieran evaluar, seleccionar y proponer “proyectos culturales de manera abierta y democrática” y lamentan la imposición de decisiones sin contar con procesos deliberativos suficientes “ni criterios compartidos”. Esta actitud por parte de la dirección ha “debilitado la confianza interna y el espíritu colectivo que entendíamos esencial para el funcionamiento de la entidad”. Y una actitud que terminó por socavar la confianza que tenían depositada en el actual presidente del Círculo de Bellas Artes, José Valladares.

En el escrito, los firmantes manifiestan una especial preocupación por el trato que han recibido los que mantienen posiciones discrepantes con la cúpula, y denuncian que la respuesta en muchas ocasiones ha estado tan alejada del respeto personal e institucional, que ha cristalizado en un clima interno que hizo inviable “la continuidad de nuestra participación”.

Mientras tanto, y en el ecuador de su mandato, José Valladares sigue mirando arriba y no abajo, como si no quisiera ver la realidad. Los dimisionarios esperan que recobre la sensatez y en un ejercicio de responsabilidad que recobre los principios con los que él y otros formaron parte de la candidatura de Nuevo Círculo en unas elecciones donde pocos esperaba que ganasen.

Nadie pone en duda que han sido años difíciles pero bajo el mandato de José Valladares el Círculo de Bellas Artes cuenta con una sede que tiene que ser la casa de todos.

Por lo que hemos podido saber, la Asamblea que se celebró hace unas semanas fue tensa. En ella se abordó, entre otros puntos, la previsión de gastos para 2027 y se habló de posibles actividades para un año que, si es como el 2026, se caracterizará por el número de exposiciones inauguradas pero no por otra cosa. Parece que se ha obviado el hecho de que el Círculo de Bellas Artes de Tenerife fue en su día un importantísimo motor del teatro insular, y que cuenta con otras secciones al margen de la de arte, sección que se ha confiado a Octavio Zaya, que posee un atractivo currículo profesional aunque los socios discrepan y se preguntan si hacia falta contratar sus servicios.

Entre las novedades, se ha creado un espacio expositivo a pie de la calle del Castillo (La Ventana) en el que han intervenido hasta la fecha artistas como Fernando Álamo, Gonzalo González, Luis Palmero, José Herrera, Cristina Maya y Laura Mesa, propuesta que no ha evitado que muchos de los socios exijan la convocatoria de elecciones y otros, unos pocos, que otras instancias resuelvan la situación en que ha quedado su Junta Directiva, muy dañada tras la dimisión de ocho de sus miembros.

El Círculo espera este año ser anfitrión del Primer Encuentro de Círculos de Bellas Artes de España, en el que participarán el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Círculo de Bellas Artes de Palma, pero es de momento una iniciativa que parece que quiere ocultar una cruda realidad: que el equipo directivo de la organización tinerfeña está seriamente dañado.

Una de las fuentes consultadas dice que José Valladares y los que quedan “deberían de tomar nota y convocar elecciones” con el fin de comprobar si los socios revalidan una gestión que ha terminado por convertirse en los últimos tiempos en una jaula de grillos en la que además de conceder a artistas de reconocido prestigio la oportunidad de exponer pero a otros no, según los criterios de valoración de Zaya, no se ha esforzado por hacer más por la Cultura en todas sus vertientes.

Al paso que va, el Círculo de Bellas Artes de Tenerife parece que aspira a convertirse en una especie de sucursal no oficial de TEA Tenerife Espacio de las Artes, pero ha olvidado el espíritu filantrópico por el que abrió sus puertas hace ahora más de cien años, concluyen las fuentes consultadas.

FOTOS:

1.-
La imagen primera muestra a los miembros de la Junta de Gobierno poco tiempo después que su lista ganase la elecciones. Apenas dos años depués, ocho de sus miembros ya no forman parte del órgano directivo, ahora solo con cuatro personas.

2.-
Fachada del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, en la calle del Castillo de Santa Cruz.

Saludos, cambios ya, desde este lado del ordenador